Monthseptiembre 2021

Cita 286.

«A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa.»

Edgar Allan Poe.

Origen de La Mercè.

La Mercè, en castellano La Merced, es la fiesta mayor de la ciudad de Barcelona. Se celebra el 24 de septiembre, el día de la Virgen de la Merced. Su celebración dura alrededor de una semana y tiene lugar en diversos espacios públicos de la ciudad. Cada año, miles de personas disfrutan de las diferentes actividades culturales, artísticas y festivas, convirtiéndose en la fiesta más multitudinaria de todas las que se celebran en Barcelona.

Su origen se remonta al año 1902, cuando el ayuntamiento de la ciudad de Barcelona confeccionó por primera vez un programa de actos extraordinarios para celebrar la festividad de la Virgen de la Merced (Mare de Déu de la Mercè, en catalán). En el año 1980 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. La fiesta rinde homenaje a la patrona de Barcelona, a quien se le atribuyen una serie de milagros vinculados a la ciudad. La tradición explica que el 24 de septiembre de 1218 la Virgen de la Merced se apareció simultáneamente al rey Jaime I, al santo Pedro Nolasco y al santo Raimundo de Peñafort y les encomendó que instituyeran una orden religiosa para rescatar a los cristianos rehenes en tierras sarracenas.

Siglos más tarde, el 1687, Barcelona fue atacada por una plaga de langostas y el pueblo invocó la protección a la Virgen de la Merced. Cuando la plaga finalizó, la proclamaron patrona de la diócesis, aunque no lo fue de manera oficial hasta el 1868, con el papa Pío IX.​ En ese año, Barcelona comenzó a celebrar fiestas religiosas y populares en honor de la Virgen de la Merced, el 24 de septiembre.

En el año 1902 se le dio un nuevo impulso a esta fiesta con cabalgatas inéditas, un primer encuentro de gigantes de toda Cataluña, un primer concurso de castellers y la divulgación de una danza ampurdanesa que estaba ganando popularidad por toda Cataluña: la sardana. El objetivo era mostrar la diversidad folclórica del país con varias expresiones de la cultura popular, muchas de las cuales habían desaparecido en la ciudad: bailes de bastones, bailes de diablos, muestras de gigantes y bestiario, castellers, sardanas, etc.​

Los enfrentamientos constantes entre los partidarios de una fiesta religiosa y conservadora y quienes defendían una fiesta laica, con cabalgatas folclóricas, calles engalanadas, bailes y espectáculos pirotécnicos, hicieron que la celebración se debilitara entre los años 1920 y 1930. Y después de la guerra civil, la fiesta adoptó un cariz de exaltación nacional católica y social del franquismo.​ En los años sesenta se empezaron a incluir algunas muestras folclóricas.

Las fiestas de la Merced tal y como las conocemos hoy en día nacen con la transición española, cuando el Ayuntamiento de Barcelona decidió transformar totalmente la fiesta mayor de la ciudad en una celebración en que las muestras de cultura popular y la ciudadanía tomaran la calle de manera lúdica.​

Cita 285.

«Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan,»

Pablo Neruda.

Sirenas.

Según la mitología griega, las sirenas eran criaturas híbridas con cuerpo de ave y rostro de mujer que atraían a los marineros con sus hipnóticos cantos, conduciéndolos a un destino fatal. Nada tienen que ver con la imagen que tenemos actualmente de las sirenas —mitad mujer, mitad pez— muy distinta de su forma clásica alada.

Algunas versiones afirman que la apariencia original de estos seres mitológicos se debe a un castigo que recibieron por no proteger a Perséfone de Hades, el dios del inframundo. Otras, en cambio, indican que fue Zeus quien les ofreció alas para perseguir al dios raptor.

La primera obra escrita en la que aparecen las sirenas es en la Odisea de Homero. El canto XII de este poema épico —compuesto, según se cree, en el siglo VIII a. C.— muestra a Odiseo (Ulises) enfrentándose a las misteriosas sirenas durante su viaje de vuelta a casa tras la famosa guerra de Troya. Advertido por la maga Circe del peligroso canto de las sirenas, Odiseo moldeó un pedazo de cera y tapó los oídos de sus compañeros para que no pudieran escucharlas. El héroe griego, por su parte, fue atado al mástil de su navío y ordenó a sus hombres que no le liberasen si sucumbía al hechizo de las sirenas. Las hermosas mujeres-ave elevaron su canto prometiéndole a Odiseo —a quien le atraía el afán de saber— fama y conocimiento para seducirle. Embelesado con su encantadora voz y música, Odiseo suplicó a su tripulación que le soltasen para ir con ellas, pero estos no le obedecieron. Según cuenta la leyenda, si un hombre es capaz de resistir la voz de una sirena, esta debe morir. Al verse ignoradas y vencidas, las bellas criaturas perdieron su don y se precipitaron al fondo del mar. Así fue cómo, gracias a su ingeniosa estrategia, Odiseo sobrevivió y pudo continuar su ruta marítima junto al resto de la tripulación hacia su amada patria Ítaca.

Otro famoso encuentro con estos seres legendarios lo protagonizó Orfeo, que combatió el canto de las sirenas con su lira. El propio Orfeo narra su aventura en las Argonáuticas órficas, un poema de autor anónimo que desgrana la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro. A través de algunos relatos, sabemos que este personaje de la mitología griega, hijo de Apolo y de su musa Calíope, tocaba la lira de manera prodigiosa. Su virtuosismo era tan excelso que, a través de su instrumento, se decía que lograba amansar a las fieras, así como el reposo de las almas humanas. En las Argonáuticas órficas, Orfeo, guiado por su madre, acalló a las sirenas con el sonido de su lira, protegiendo así a todos los aventureros heroicos que le acompañaban en el viaje. Tras ser vencidas, las bellas aves de la muerte pusieron fin a su existencia transformándose en rocas.

En la mitología griega, Perséfone, hija de Zeus y Démeter, estaba recogiendo flores con algunas ninfas cuando fue raptada por Hades. El dios del inframundo emergió del suelo, llevándose a la inocente doncella en su carro hasta el reino de los muertos. Las compañeras de Perséfone, que eran extremadamente hermosas, recibieron un duro castigo impuesto por Démeter al no haber protegido a su hija, dándoles una apariencia bestial. Otras versiones narran, por el contrario, que fueron las propias sirenas quienes le pidieron a Zeus que les otorgase alas para poder perseguir a Hades y salvar a su amiga.

Afrodita, diosa de la sensualidad, el amor y la belleza, también participa en uno de los numerosos mitos sobre estas criaturas crueles. Se dice que, presa de la envidia, la divinidad griega les arrebató su gran belleza, aunque hay quienes interpretan tal acción como una condena porque las sirenas despreciaban las artes del amor.

Otra leyenda más desconocida desvela que, después de su metamorfosis, las sirenas retaron a las musas, diosas inspiradoras de la música, a una competición de canto que perdieron. Ofendidas, las musas las desplumaron y se coronaron con sus despojos.

 

Según el poeta griego Hesíodo, estas criaturas de aspecto siniestro vivían en una isla rocosa llamada Antemoesa (que significa “rica en flores”) y allí aguardaban a sus presas para devorarlas. Alrededor de su isla se extendían los cadáveres de los navegantes muertos, pero algunos estudiosos consideran la posibilidad de que las sirenas se limitasen a atraer a los viajeros sin ánimo de matarlos. Embargados por el éxtasis de sus cantos y la música de las liras y flautas, los hombres tal vez acabasen muriendo de inanición.

Pero, ¿cómo acabaron las alas de las sirenas convirtiéndose en una cola de pez? Se desconoce qué fue lo que provocó tal transformación, pero todo indica que el cuerpo de estas criaturas pasó a convertirse en pisciforme debido a su asociación con el mar. El primer testimonio que muestra a las sirenas con cola de pez se halla en el Liber Monstrorum, un manuscrito anglo-latino que data de finales del siglo VII o principios del siglo VIII. Desde la cabeza hasta el ombligo, las tenebrosas figuras tenían cuerpo femenino, dando paso a una larga cola escamosa idéntica a la de los peces para poder moverse por las profundidades marinas.

Recogiendo las leyendas de la antigüedad, los cristianos de la Edad Media asociaron las sirenas a la tentación carnal. Desde su moral, el héroe Odiseo —atado a un mástil que simbolizaba la cruz de Jesucristo— encarnaba la virtud al evitar el pecado femenino. Por su parte, el espejo que recurrentemente portaban las sirenas representaba la vanidad humana.

La evolución de estos seres mitológicos ha sido muy amplia y variada a lo largo de los siglos. Sin embargo, lejos de la imagen lujuriosa que recibieron en el medievo, las sirenas de la antigüedad estaban muy probablemente vinculadas con el Más allá. Iconográficamente, eran figuras funerarias que representaban a los espíritus de los muertos, transportando sus almas al frío y oscuro Hades.

En cualquier caso, el origen de las sirenas queda muy alejado de la versión romántica de ellas que tenemos actualmente.

Cita 284.

«No permitas que la opinión de otro sea tu realidad.»

Les Brown.

La Diada de Catalunya.

El 11 de Septiembre se celebra la Diada de Catalunya, la fiesta nacional de Catalunya. En realidad, esta fecha conmemora la fecha de una derrota (la capitulación de Barcelona ante las tropas borbónicas en 1714), la celebración se convirtió en una jornada de defensa de los derechos y las libertades del país, y en un acto de reafirmación del carácter propio de Catalunya y de su identidad como nación.

La celebración de la Diada se remonta al año 1886, cuando diversas entidades del catalanismo cristiano organizaron una misa en recuerdo de los fallecidos en el sitio de 1714, defensores de la ciudad de Barcelona en la guerra de sucesión española. Dos años más tarde se inauguró, con ocasión de la Exposición Universal, la estatua de Rafael Casanova, que se convirtió en el epicentro de las celebraciones hasta el día de hoy.

Los actos, de carácter cultural, prosiguieron en aquellos años no faltos de trabas gubernamentales, y ya en 1894 se inició la tradición de la ofrenda floral a la estatua de Casanova.

El cambio llegaría con la entrada en el siglo XX. La represión por parte de la policía y la imposición de fuertes multas en 1901 y 1905 dotaron de un fuerte carácter político a la Diada. También hubo choques con los lerrouxistas, quienes rehusaron siempre participar en estos actos.

Con la Mancomunitat de Catalunya, en 1914 (primera recuperación de las instituciones catalanas en dos siglos), y la recuperación de la Generalitat, ya en 1931, se institucionalizó la fiesta con un formato similar al actual.

Celebrada durante el periodo republicano, en 1937 contó incluso con la participación de la CNT. Prohibida por la dictadura franquista, se organizaron algunas acciones reivindicativas en los años 40 y 70, protagonizadas por el Front Nacional de Catalunya.

La Diada se convirtió en una fecha señalada para la oposición antifranquista, y sus reivindicaciones culminaron en el Onze de Setembre de 1976, el primero tras la muerte de Franco, convocado por la Assamblea de Catalunya. Al año siguiente, la Diada propició un clamor popular bajo el lema ‘Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia’, con una manifestación en el centro de Barcelona cuya asistencia se cifró voluntariosamente en un millón de personas.

Posteriormente, se institucionalizó de nuevo, siendo recogida legalmente como «fiesta nacional» en 1980. Desde entonces, los homenajes a la estatua de Rafael Casanova han sido la tónica habitual de los actos institucionales hasta nuestros días.

Cita 283.

«Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.»

Rafael Alberti.

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