Monthjunio 2021

El Dorado.

El oro es uno de los metales más codiciados del mundo y también una fuente de inspiración de aventuras y leyendas desde hace siglos. El Dorado es una de esas famosas leyendas, una mítica ciudad donde el oro era tan abundante que hasta el menaje de cocina estaba hecho de oro.

Según cuenta la leyenda, cuando Cristóbal Colón regresó a España tras descubrir América, él y sus hombres aseguraron que en las tierras donde sus embarcaciones encallaron había piedras y metales preciosos. Durante las décadas siguientes, los conquistadores españoles se sorprendieron con los notables objetos de orfebrería hechos por las culturas indígenas, y fue esa riqueza la que explicó sus agresivas empresas militares. En 1530 Francisco Pizarro secuestró al emperador inca Atahualpa y exigió́ como rescate una habitación llena de oro y otra de plata, demanda que fue cumplida por los indígenas.

Los conquistadores presenciaron una ceremonia a orillas del lago Guatavita, al oeste de la ciudad de Bogotá, donde los indígenas chibchas rendían homenaje a su nuevo rey repitiendo una antigua tradición. El rito comenzaba al amanecer, para saludar la salida del sol. El rey, un indígena de sorprendente musculatura, era desnudado y todo su cuerpo se cubría con polvo de oro para transformarlo en ‘el Dorado’. Se le colocaba en una balsa de junco, donde sus súbditos depositaban grandes piezas de oro y las características esmeraldas que han dado fama a la zona. En la balsa se subían otros cuatro guerreros que llevaban joyas, pulseras y coronas de oro. Una vez que la embarcación se hallaba en medio del lago, los pasajeros arrojaban todas sus ofrendas al agua. Esto despertó la codicia de los españoles, quienes en las etapas venideras hicieron grandes esfuerzos por dragar el agua del lago, trabajos que cobraron muchas víctimas y produjeron pobres resultados. Sin embargo, todo aquello fue dando forma a la leyenda y El Dorado no fue ya un personaje, sino un lugar creado por la imaginación colectiva. Llegó a decirse que se hallaba en la región inferior del río Orinoco, y después, que estaba cerca del Amazonas.

Una de las expediciones más famosas para encontrarlo la realizó Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro, en 1541. Sin embargo, no encontraron nada y muchos de los hombres que los acompañaban fueron víctimas de enfermedades desconocidas para ellos.

En los siglos XVII y XVIII aventureros como el inglés Walter Raleigh y el español Sebastián de Belalcázar buscaron infructuosamente El Dorado. En el siglo XIX la búsqueda cobró un nuevo impulso, pues el ilustre barón Alexander von Humboldt, quien había pasado meses siguiendo el curso del Orinoco, aseguró que en el fondo del lago Guatavita podría haber más de medio millón de piezas de oro, afirmación que carecía de fundamento porque todas ya habían sido retiradas.

Incluso a inicios del siglo XX el coronel inglés Perry Fawcett, que trabajaba en la traza de la frontera entre Brasil y Bolivia, escuchó la historia del lugar y decidió́ partir en su busca. No lo encontró́. En 1925 regresó al mismo sitio intentando hallar una ciudad hecha de cuarzo. Nunca se volvieron a tener noticias suyas.

En 1969 se encontró una elaborada figura de oro macizo, en una caverna próxima a Bogotá, que representa la ceremonia real que dio origen a la leyenda. Los historiadores la explican en términos de la ambición de los invasores y la corona a la que representaban. También podría ser la nueva recreación de un mito muy viejo, el de las Siete Ciudades de Cibola, supuestos asentamientos fundados por los obispos católicos al huir tras la invasión mora a Mérida, en el siglo XII. En ellos estaban todos los tesoros que los religiosos habían llevado consigo. Al no encontrarlos en Europa, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo se dijo que estaban allí. Junto con esa historia, cobró fuerza y notoriedad la leyenda de El Dorado.

Cita 278.

«Quién no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen; y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.»

Eduardo Galeano.

Noche de San Juan.

La Fiesta de San Juan, también conocida como víspera de San Juan o noche de San Juan, se celebra el día 24 de junio y es la festividad del nacimiento de San Juan Bautista por parte del cristianismo.

El origen de esta costumbre se asocia con las celebraciones en las que se festejaba la llegada del solsticio de verano, el 21 de junio en el hemisferio norte, cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era «dar más fuerza al sol», que a partir de esos días iba haciéndose más «débil», ya que los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno. Simbólicamente, el fuego también tiene una función «purificadora» en las personas que lo contemplaban. Se celebra en muchos puntos de Europa, aunque está especialmente arraigada en Inglaterra, Irlanda, España, Portugal, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Estonia.

La fiesta cristiana de San Juan es el 24 de junio, seis meses antes de la víspera del nacimiento de Jesús, que es el 24 de diciembre. Estos seis meses son la diferencia que los evangelios indican entre uno y otro nacimiento. No obstante, tres días de diferencia de ambas fechas con ambos solsticios hace que no sea razonable asignar esta fiesta al solsticio, y los estudiosos se inclinan por el hecho de que el 25 de diciembre, nacimiento de Jesús, se asocia más razonablemente a la celebración judía de la Hanukkah o dedicación del Templo (Jesús era el nuevo Templo para los cristianos). Según este razonamiento, la fiesta de San Juan no tendría nada que ver con las celebraciones paganas del solsticio de verano. Una diferencia de 3 días es demasiado margen para el conocimiento astronómico de cualquier época que consideremos.

No hay duda de que las celebraciones actuales tienen una conexión directa con las celebraciones de la antigüedad ligadas al solsticio de verano, influidas por ritos precristianos o simplemente vinculados a los ciclos de la naturaleza. Sin embargo, en otros lugares (por ejemplo, España y Portugal) la existencia de una vinculación entre las celebraciones del solsticio de verano (en el hemisferio norte) que tiene lugar el 20-21 de junio y las celebraciones del día de San Juan (el 24 de junio) varían en función de las fechas, la discontinuidad en la celebración, las tradiciones y costumbres o la ruptura con el pasado pre-cristiano que supuso el largo periodo de dominación musulmana en la península ibérica, que haría imposible cualquier vinculación con cultos paganos de una festividad vinculada al cristianismo. Pese a ello, se observan elementos comunes, como la realización de hogueras en las calles y plazas de las poblaciones donde se reúnen familiares y amigos.

Cita 277.

«Si buscas la perfección, jamás estarás satisfecho.»

Leon Tolstoi.

Triángulo de las Bermudas.

 

Uno de los misterios más extendido por todo el mundo es el del triángulo de las Bermudas, pero ¿qué sabemos sobre este misterio? El Triángulo de las Bermudas está formado por 1,1 millón y medio de kilómetros cuadrados en alta mar dentro de un triángulo equilátero (de ahí su nombre) que forman las puntas de las islas Bermudas, Puerto Rico y Miami. Este triángulo imaginario encierra un secreto dentro: cientos de barcos han desaparecido desde que se tiene noticia de este lugar, casi cien aviones y miles de personas. ¿Están todos ellos en el fondo del mar? ¿Han ido a otra dimensión? ¿Están hundidos con la ciudad perdida de la Atlántida? Hay un sinfín de teorías que no se han podido demostrar y que forman parte de su leyenda.

Todo empezó en el año 1945, cuando una cuadrilla de 5 aviones de la marina de Estados Unidos que sobrevolaban la zona desaparecieron. Incluso desapareció un sexto aparato, un avión de emergencia Martin Mariner, que acudió al rescate de los cinco primeros. Desaparecieron 27 personas sin dejar rastro. En la última comunicación que se tuvo con ellos, uno de sus miembros aseguró que estaban completamente perdidos y que no sabían qué rumbo tomar. Después… nada.

La primera noticia escrita de la que se tiene constancia es en 1950 de la pluma del periodista sensacionalista Edward Van Winkle Jones, que escribió en el diario Miami Herald sobre la extraña desaparición de un gran número de barcos en las costas de las Bahamas. Dos años después se sumó a este misterio el escritor George X. Sand, que aseguró que en la zona había unas misteriosas desapariciones marinas. Más adelante, en el año 1964, la revista de artículos de ficción Argosy Magazine publicó un completo artículo titulado «El mortal Triángulo de las Bermudas» en el que hablaba de extrañas desapariciones, fenómenos paranormales y misterios que hacían que quién navegaba esas aguas automáticamente desaparecía.

Pero ¿qué tiene de especial ese lugar? Es un lugar de paso muy frecuentado por barcos y aviones que viajan desde el continente americano a Europa. Sus fuertes vientos y las corrientes del Golfo hacen que tanto la navegación como los vuelos sean más rápidos. Es una especie de «atajo» o «ruta rápida» para viajar hacia Europa. Y, cuanto mayor es el número de embarcaciones o aviones que pasan por allí, mayor es la probabilidad de que les pase algo.

 

Aunque no se ha podido demostrar, existen diversas teorías que pretenden explicar el fenómeno que ocurre en esta zona. Estas son algunas de las más sorprendentes e interesantes:

 

Un agujero negro

Si bien es cierto que los agujeros negros existen y hay toda una teoría desarrollada por numerosos científicos, entre ellos el famoso Stephen Hawking, es improbable que en esa zona haya uno. ¿Por qué? Porque un agujero negro es una región finita del espacio en el que la masa concentrada es tan potente que nada se escapa a su control. Es decir, si existiera un agujero negro en las aguas o el cielo de esa zona, todo lo que pasara por allí desaparecería sin excepción. Si hacemos caso a esta teoría, un barco que se haya quedado varado en las aguas del Triángulo de las Bermudas traspasaría esa puerta al resto del Universo y le podrían suceder tres cosas: se congelaría irremediablemente, se haría cenizas en un instante o traspasaría las leyes de la física conocidas y se teletransportaría a otro punto del universo en el que no pasaría absolutamente nada. Esta teoría es muy improbable puesto que nada escapa al campo gravitatorio de un agujero negro, por lo que tampoco habría ni agua, ni tierra, ni nada en esa zona.

 

La Atlántida

Ni siquiera se ha demostrado que la Atlántida exista, pero esta teoría la siguió el psíquico Edgar Cayce (1877-1945) asegurando que los atlantes tenían una tecnología súper desarrollada consistente en «cristales de fuego» que literalmente lanzaban rayos y obtenían energía. El experimento les salió tan mal a los atlantes que su maravillosa isla terminó hundida y el poder de estos cristales, que seguiría activo hoy en día, interfiere con los aparatos tecnológicos de barcos y aviones.

 

OVNIS

Otra teoría muy poco probable es que la zona es una estación extraterrestre en la que los OVNIS se apropian de personas para llevárselas a sus planetas para estudiarlos. Las teorías más alarmistas aseguran que los extraterrestres nos estudian con el fin de saber cuál es nuestra tecnología y nuestras habilidades para después usarlas en nuestra contra e invadirnos. Las más amables dicen que los extraterrestres se apropian de personas en esta zona estacional con el fin de salvar a la humanidad del gran Holocausto final.

 

¿Y qué opina la ciencia sobre El Triángulo de las Bermudas?

Igual que ocurre con las leyendas, las posibles teorías científicas también son muchas. Por norma general, tendemos a dotar de un significado sobrenatural aquello que no podemos explicar, pero la realidad también puede acabar con una buena historia de ficción. Estas son algunas de las teorías más probables:

 

Errores humanos

Por desgracia, los errores humanos ocurren. Muchos de los accidentes que han tenido lugar en estas zonas tienen que ver con errores de cálculo, con fallos tecnológicos propios de grandes aparatos o con malas decisiones. Es algo que nunca se podrá demostrar, simplemente, porque ocurren en zonas que al ser tan extensas y alejadas de las costas, recuperar restos se hace prácticamente imposible.

 

Meteorología

Otra de las posibles teorías es la climatología. Tifones, huracanes y grandes tormentas que provocan olas de cientos de metros pueden ser las causantes de los accidentes de grandes embarcaciones en el mar y aeronaves en el cielo.

 

Variaciones magnéticas y niebla electrónica

Hay una teoría, mitad ciencia y mitad ficción, que habla de una niebla electrónica. Este concepto lo acuñaron Rob MacGregor y Bruce Gernon en su libro The Fog. Ambos, supervivientes de un accidentado viaje por la zona, aseguraron que un vórtice electrónico en medio de una niebla espesa chocó contra las alas de su avión. Debido a esta niebla electrónica todos los aparatos tecnológicos del aparato, que eran de los años setenta, se estropearon dejando a la pareja sin rumbo y sin visión. Según su propio relato, 75 minutos después aparecieron en una zona de Miami en la que era imposible estar en tan poco tiempo. ¿Realidad o ficción? Puede que ambas, ya que el Triángulo de las Bermudas es uno de los dos lugares de la Tierra en los que las brújulas señalan el norte verdadero y no el norte magnético, de ahí que se diga que en el Triángulo de las Bermudas las brújulas se estropean. Se tienen datos de que al propio Cristóbal Colón le sucedió esto en su viaje hacia el nuevo continente. A su paso por la zona, el 8 de octubre de 1492, las brújulas «se estropearon» y dejaron de marcar el rumbo. Colón no dijo nada a su tripulación y probablemente eso evitó que le tiraran por la borda en un punto en el que ya estaban desesperados por alcanzar tierra firme.

 

Agujeros azules

El subsuelo marítimo de Las Bahamas tiene agujeros azules. ¿Y qué son los agujeros azules? Pues grutas de miles de años que existen en la zona y que crean corrientes muy fuertes que son capaces de lanzar a la deriva barcos de gran tonelaje. Son cuevas verticales muy profundas y se tiene constancia de que la más profunda del mundo, situada en esta zona, se llama agujero azul de Sansha Yongle y tiene 300 metros de profundidad. Pero estos agujeros no sólo existen aquí. También los hay en la península de Yucatán y en el arrecife Lighthouse de Belice, en Centroamérica.

 

Explosiones de metano

Un reciente descubrimiento en las aguas de Noruega puede aportar una nueva teoría respecto al Triángulo de las Bermudas. En esta zona, en unos cráteres muy profundos, similares a los agujeros azules, habría grandes concentraciones de gas metano. En la zona de las Bahamas, el calor de las aguas tropicales y el de los propios barcos haría que este metano explotase formando no sólo virulentas corrientes marinas sino destrozando buques y barcos como si fueran de papel.

 

Son muchas las teorías pero, hasta el momento, ninguna se ha podido demostrar. Y tú, ¿qué crees que ocurre en el Triángulo de las Bermudas?

Cita 276.

«Entiéndeme. No soy como tu mundo ordinario. Tengo mi locura, vivo en otra dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma.»

Charles Bukowski.

Cleopatra.

Si tuviésemos que mencionar a una reina de Egipto, estoy segura de que todos pronunciaríamos el mismo nombre: Cleopatra Filopator Nea Thea, más conocida como Cleopatra VII. Cleopatra fue la última reina de Egipto, con ella también terminó la dinastía Ptolemaica y la era Helenística de Egipto, que comenzó con Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno, casi dos siglos antes.

Desde pequeña, Cleopatra vivió en sus propias carnes la crueldad y la desconfianza, algo que la marcó para siempre. Con tan solo once años, tuvo que huir a Roma con su padre para escapar de su hermanastra, que había matado a su madre y a su marido, para después arrebatarle el trono al padre de ambas. Cleopatra, que estaba completamente decidida a ocupar el poder y devolverle a Egipto su antiguo esplendor, no dudó en utilizar su inteligencia y sus armas de mujer para buscar los mejores aliados para la causa.

Regresó a Egipto con su padre y un numeroso ejército con el que recuperaron el trono, pero Cleopatra no podía arriesgarse de nuevo a ser apartada de su gran sueño de convertirse en Reina de Egipto y, tras la muerte de su padre, accedió al trono tras casarse con su hermano, Ptolomeo XIII. Sin embargo, nada salió como Cleopatra esperaba y, tras enterarse de que su marido quería deshacerse de ella para reinar en solitario, huyó a Siria para salvar la vida.

Cuando se enteró de que Julio César estaba en Egipto persiguiendo a su enemigo Pompeyo, viajó a escondidas desde Siria para poner en marcha un maquiavélico plan que ella creía que le devolvería el poder. Cleopatra se presentó ante Julio César enrollada en una alfombra para entrar en palacio sin ser reconocida, con el único fin de ganar sus simpatías y salvar su vida recuperando a la vez el trono de Egipto. Julio César cayó rendido ante los encantos de Cleopatra, que no sólo era una mujer bella y sensual sino que, además, era una mujer muy culta, conocedora de nueve idiomas, interesada por la astronomía y amante de los libros que llenaban la Biblioteca de Alejandría.

Cleopatra consiguió su objetivo y, tras pasar la noche juntos, Julio César lo arriesgó todo para embarcarse en una Guerra Civil en Egipto y subir a Cleopatra al trono como una reina independiente. Eso sí, no pudo compartir con ella el esplendor del reino, ya que su acción fue desaprobada en Roma y allí acabó con su vida el propio Senado que juró protegerle.

Fue Marco Antonio quién realmente conquistó el corazón de la mujer más poderosa de la época. Este apuesto militar y político romano de la época final de la República vivió una juventud disoluta, debido a la falta de autoridad paterna, hasta que entró al servicio de su tío Julio César. Tras el asesinato de Julio César en el 44 a. C., Cleopatra, que había tenido un hijo suyo durante su estancia con él en Roma, vio peligrar su vida y no tuvo más remedio que regresar a Egipto para maquinar un nuevo plan que la ayudara a mantener su poder.

La oportunidad de utilizar de nuevo sus armas de mujer le llegó antes de lo esperado. Marco Antonio, que por aquel entonces luchaba con Octavio Augusto por el poder en la región, había vencido en la batalla de Filipos, pero no estaba muy conforme con el comportamiento de la Reina de Egipto. Con la idea de reprocharle que no hubiera actuado como un aliado fiel, Marco Antonio hizo llamar a Cleopatra para que acudiera a verle y se humillara ante él pidiéndole disculpas por su mal hacer. Cleopatra, astuta e inteligente como la que más, decide acudir a la cita pero con otra intención diferente: la de repetir su maniobra de seducción con Marco Antonio. Le consideraba como el sucesor natural de Julio César y, sin importarle que estuviera casado en Roma con la que fue su primera mujer, Fluvia, se presentó en Tarso, aunque no humillada y débil como esperaba el romano, sino decidida a conquistarle.

Le ofreció a Marco Antonio la revelación de un mundo divino en la que ella era el centro, como una nueva Isis que se presenta ante el conquistador, un nuevo Osiris. Juntos formarían una pareja real capaz de resucitar la edad de oro y hacer renacer un Egipto digno de su grandeza y esplendor pasados. Su presencia y sus palabras lograron lo que Cleopatra pretendía, ya que Marco Antonio ni pudo ni quiso resistirse al esplendor de aquella hermosa y culta reina, que estaba dispuesta a todo para conservar el poder y la corona. Pasados cuatro días, las negociaciones llegaron a su fin y Marco Antonio, completamente enamorado, acompañó a Cleopatra de regreso a Egipto para instalarse en el Palacio de la Reina de Alejandría a vivir una pasión que duraría 14 años.

Por amor, Marco Antonio abandonó sus obligaciones familiares, pero también las políticas y militares, para vivir una fastuosa vida en Egipto llena de lujos con su amada Cleopatra. Esto le llevó a ser declarado enemigo de Roma y de Octavio Augusto, que por entonces regía los destinos del Imperio y que no descansó hasta destruirlos. El amor de Marco Antonio por Cleopatra se impuso de tal manera a sus deberes como militar y a las necesidades de su patria que los historiadores de la época, incluido el propio Plutarco, cuentan que Marco Antonio «no estaba en posesión de sus facultades, parecía estar bajo los efectos de una droga o brujería. Estaba siempre pensando en ella, en vez de pensar en vencer a sus enemigos». Cleopatra tampoco fue inmune a los encantos de Marco Antonio y ella también se enamoró de ese hombre fuerte y valiente que, aunque no tan inteligente como Julio César, le ofrecía todo su poder para mantenerla al frente de un reinado que, al menos en sus deseos, sería cada vez más próspero.

Pero el amor de la pareja estuvo plagado de rupturas, reconciliaciones y luchas por el poder y el control. De hecho, en la plenitud de su amor, Marco Antonio tuvo que regresar a Roma para casarse con Octavia, como parte del acuerdo político que intentaba lograr Octavio para que no se destruyera del todo el triunvirato. Con ella tuvo dos hijas, Julia Antonia la Mayor y Julia Antonia la Menor, pero ni siquiera ellas consiguieron hacerle olvidar a Cleopatra y, cuatro años después, repudió a su esposa y regresó a Egipto para reencontrarse con “su reina” y casarse con ella. El amor de la pareja se materializó en los tres hijos que nacieron fruto de su unión. Los primeros en llegar fueron los gemelos, Alejandro Helios y Cleopatra Selene, y luego nació Tolomeo Filadelfo, el pequeño. Los tres también fueron trágicas víctimas de las conspiraciones políticas de sus padres.

Como no podía ser menos en una historia de amor de estas características, el final de estos amantes fue tan dramático y trágico como era de esperar y llegó de la mano de una terrible derrota en el campo de batalla, unida a un malentendido que resultó ser mortal. El enfrentamiento final de la llamada ‘Guerra Ptolemaica’ (32-30 a. C.), por la que Octavio Augusto llevó hasta Egipto su lucha contra Marco Antonio, se produjo en la batalla naval de Actium. En ella cayó derrotada la flota de Marco Antonio al ser abandonado por las tropas egipcias, aunque consiguió huir y refugiarse con Cleopatra en Alejandría.

Un año más tarde, el ejército de Octavio tomó la ciudad decidido a terminar con la pareja. A Marco Antonio le dieron la falsa noticia de que Cleopatra había muerto y, como le había prometido a su amada que a la muerte de uno le seguiría la muerte del otro, el uno de agosto del 30 a.C., decidió quitarse la vida clavándose su propia espada.

Cuando Cleopatra, a la que Octavio Augusto pretendía llevar a Roma como botín de guerra, se enteró de la muerte de su amor, quiso dejarse morir rota de dolor por el amor perdido. El sentimiento de supervivencia de la Reina de Egipto era superior a sus fuerzas y a la desesperada intentó una última jugada encaminada a seducir a Octavio, como ya había hecho previamente con Julio César y Marco Antonio. Pero la bella reina no contaba con un detalle, que sea cierto o no ha quedado ligado a ese momento. Según se cuenta, a Octavio no le gustaba su nariz y por ese motivo no cayó en sus redes dejando para la posteridad una frase que rezaba: “Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”. Cleopatra se negó a la humillación de compartir el triunfo de Octavio, se vistió con sus mejores galas, pidió que su cuerpo fuese sepultado junto al de Marco Antonio y se quitó la vida cumpliendo con el procedimiento ritual egipcio de hacerse morder por un áspid (una cobra egipcia). Sucedió a mediados del mes de agosto del año 30.a.C. y Cleopatra aún no había cumplido los cuarenta años de edad.

En venganza por no poder llevar prisionero a ninguno de los dos en su regreso triunfal, Octavio se llevó a los tres hijos de Marco Antonio y Cleopatra a Roma como trofeos de guerra. Allí se los entregó a la viuda legal de Marco Antonio, Octavia, que además era su hermana, para que fuera ella la que los tutelara. Aunque de los varones no se ha sabido nada más, sí se conoce que Cleopatra Selene se casó con el rey africano Juba II de Numidia y estableció su residencia en Mauritania hasta su muerte.

Con el fallecimiento de la pareja no sólo finalizó una de las más bellas y pasionales historias de amor de todos los tiempos, sino que también fue el fin de un sueño que había durado 22 años, los que Cleopatra consiguió mantenerse en el poder e incluso expandir su reino, que durante unos años fue casi tan extenso como en tiempos de sus más gloriosos antepasados. Con su suicidio también finalizó una era. El año 30 a.C. fue el que marcó el final del esplendor del Antiguo Egipto al ser incorporado como una provincia más al Imperio Romano concluyendo así con 3.000 años de historia ininterrumpida en la tierra de los Faraones.

Cita 275.

«Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla.»

Isabel Allende.

Hombres Lobo.

La leyenda de los Hombres Lobo o licántropos ha ido traspasando generaciones desde hace siglos, aunque con distintas versiones y siempre haciendo referencia a las peligrosas noches de luna llena.

En el siglo II se detectaron los primeros casos de licantropía, que Marcellus de Sidón describió como “una especie de melancolía”. Era considerada una enfermedad mental que causaba a los que la padecían la sensación de transmutarse en algún animal. Pero, una vez que comprobaron los efectos que la luna llena tenía en el comportamiento de las personas, la leyenda de los Hombres Lobo comenzó a propagarse.

Los casos más notables de licántropos se detectaron durante el siglo XVI. En 1521, Pierre Burgot y Michel Verdun, una famosa pareja de asesinos en serie, fueron acusados de licántropos y ejecutados. El caso más sonado fue el de Peter Stumpp en la Alemania de 1598, cuyos vecinos afirmaron haberle visto en su forma animal y más tarde volver a su forma humana. Peter fue acusado de hasta sesenta asesinatos en un mismo día. Fue ejecutado tras confesarse como asesino, violador y caníbal.

Pero la leyenda del Hombre Lobo se remonta a mucho más atrás de los mitos narrados. En el año 1 a.C., el poeta romano Ovidio escribió Las Metamorfosis, un poema compuesto por quince libros. En el primer libro, Ovidio nos contaba la historia del rey Licaón, un hombre religioso y culto, que llevó su devoción al extremo y acabó tomando parte en sacrificios que derivaron en antropofagia. Licaón ofendió a los dioses sirviéndoles carne humana para cenar y fue castigado por ello. Los dioses le convirtieron en Hombre Lobo, de esta manera siguió con sus crueles asesinatos ya sin su forma humana.

Cuenta la leyenda que cada 10 años, si no había comido carne humana en ese tiempo, podía volver a su forma original, pero cada vez que llegaba ese momento, aprovechaba para retomar sus ritos y sacrificios. Se dice que, en cada noche de luna llena, Licaón salía al claro del bosque y aullaba a Zeus para que éste le perdonase.

Existen teorías muy diversas, pero ésta parece ser una de las que mejor explica el origen de la leyenda de los licántropos.

 

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