Monthmayo 2021

Cita 274.

«Confía en el tiempo, suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.»

Miguel de Cervantes.

Juana de Arco.

Imagino que alguna vez habrás oído hablar de Juana de Arco, esa heroína francesa sobre la que han escrito libros y han hecho muchas películas. Pero, ¿quién fue Juana de Arco? ¿Por qué su historia es recordada a día de hoy? Para responder a estas preguntas, primero necesitamos conocer su historia.

Juana de Arco nació en Domrémy, una pequeña vida al noreste de Francia. Su nombre era Jehanne, y en su pueblo la llamaban Jeannette, “Juanita”, y era hija de Jacques Darc. Sin embargo, el apellido con el que se conoció a Juana fue D’arc, probablemente una referencia a su origen en Arc-en-Barrois o Art-sur-Meurthe, pueblos muy cercanos. Su madre fue Isabelle Romée, y era la menor de tres hermanos mayores. No procedía de una familia noble o acaudalada, pero tampoco era una familia pobre, ya que poseían tierras cultivables y su padre detentaba cargos públicos en el pueblo.

Juana era una muchacha analfabeta, pertenecía a un sector de la sociedad que generalmente no llegaba a la fama ni tenía la incidencia en la política francesa que tuvo ella. Juana sintió una llamada divina para liberar el Reino de Francia de los ingleses y coronar al delfín, Carlos VII. Al mando de un ejército de más de cinco mil hombres, Juana cumplió su cometido, inclinando la balanza a favor de los franceses y de la facción de Orleans. Gracias a la intervención de Juana, Carlos VII alcanzó la corona de Francia.

Pero, a partir de ese momento, todo se complicó para Juana. Las intrigas políticas detrás del trono la excedían y sus enemigos terminaron por entregarla a los borgoñones, que a su vez la entregaron a Inglaterra. La llevaron ante la Inquisición para ser juzgada por herejía y el tribunal la condenó a la hoguera y así murió en 1431.

La llamada guerra de los Cien Años (aunque en realidad duró 116 años), se inició debido a la rivalidad entre Francia e Inglaterra, cuando Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, conquistó el trono inglés en la batalla de Hastings. En 1337 los ingleses reclamaron las propiedades que erigieron en tierras francesas. Durante ese período, se produjo una guerra civil en el Reino de Francia, debido a un conflicto interno que dividía a la familia real francesa en dos facciones respecto a quién debía heredar legítimamente el trono e Inglaterra intervino apoyando a sus aliados borgoñones. El conflicto se cobró la vida de más de cien mil personas y dejó devastada buena parte del territorio de Francia. Finalmente, concluyó con la retirada de las tropas inglesas en 1453. Juana intervino en este conflicto en 1929, cuando los enfrentamientos se desarrollaban desde hacía casi un siglo.

Según contó la propia Juana, se le manifestó la voz de Dios desde los trece años, cuando se hallaba en el jardín de su padre. La voz provenía del costado de la iglesia y emanaba una enorme claridad, razón por la que Juana comprendió que era de inspiración divina. La voz le hablaba dos o tres veces a la semana, aunque ella no siempre lograba comprender su mensaje. Finalmente, la voz le instruyó sobre su cometido en la vida, que era levantar el asedio de Orleans y restablecer el trono de Francia. Posteriormente, esas voces fueron identificadas por Juana como las de Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita de Antioquía, dos de las santas más veneradas por el catolicismo de aquella época. Sin embargo, la primera voz en hablarle, fue la de San Miguel Arcángel.

Las voces de Juana la llevaron a romper el asedio que aquejaba la ciudad desde 1428. Para ello acudió a Robert de Baudricourt, comandante de una guarnición francesa, para solicitar una pequeña escolta que la llevara a hablar con el Delfín, a quien debía dar un mensaje secreto dictado por las voces. En esa época existían rumores que vaticinaban la salvación del reino por parte de la Virgen de Lorena mediante una mujer y gracias a esas creencias populares y a la insistencia de Juana, pudo lograr su cometido. Vestida con ropas de hombre, fue llevada a través de territorio hostil a ver al príncipe. Después de que distintos sacerdotes y teólogos la examinaran, el príncipe terminó por confiar en la divinidad de las voces de Juana. Le entregó un ejército de cinco mil hombres con el objetivo de levantar el asedio de Orleans, una de las principales ciudades del momento. Hay distintas versiones respecto al rol de Juana en el asedio. Algunos historiadores dicen que sostuvo el estandarte y alentó la moral de las tropas; otros dicen que combatió ferozmente junto a sus hombres.

Habiendo consolidado su vocación, Juana fue puesta a la cabeza del ejército francés, que inició entonces su primera campaña ofensiva en más de una generación: la Campaña del Loira. Después del levantamiento del sitio de Orleans, esta campaña conquistó los principales puentes sobre el río Loira. La importancia de controlar los puentes permitía al ejército impedir que el enemigo comunicara sus dos frentes.

Entre las misiones divinas de Juana estaba acompañar al Delfín a Reims, donde debía coronarse como rey legítimo de Francia. La misión era peligrosa, ya que todo el camino estaba sitiado por tropas borgoñonas. Sin embargo, la fama de la Doncella de Orleans era ya tan grande que las poblaciones a su paso se mostraron afectas al Delfín, temerosas de las proezas militares de Juana. El camino implicó sitiar a Troyes, y siguiendo los consejos de Juana, se hizo del 5 al 10 de julio, cuando los borgoñones se rindieron. El 17 de julio el Delfín estuvo en Reims y las proezas de Juana alcanzaban su punto máximo.

Tras la coronación, se firmó una paz temporal con los borgoñones y las tropas del nuevo monarca marcharon sobre París. El control de la capital era necesario para legitimar el poder del rey. Sin embargo, el asedio fue un completo desastre y las tropas reales se retiraron el 10 de septiembre, con Juana herida por una flecha en un muslo.

Desoyendo las voces de Juana, el Rey cambió de estrategia. Buscó la paz con los borgoñones para hacer frente conjunta a los ingleses. Esta estrategia debilitó enormemente al ejército francés. La tregua se rompió en 1430 y Juana retomó el mando de las tropas. Su última victoria fue en abril de ese año.

Finalmente, el 23 de mayo en Compiègne, las tropas francesas fueron sitiadas por un ejército tanto inglés como borgoñón. Allí Juana fue capturada, encarcelada y acusada de herejía. Se la sometió a rigurosos interrogatorios frente a casi ciento veinte acusadores. Fue hallada culpable de más de setenta cargos, incluido el de “invento de falsas revelaciones y apariciones divinas” y el de vestir como un hombre. Fue sentenciada a morir en la hoguera, ejecución que tuvo lugar en la plaza del Viejo Mercado de Ruan el 30 de mayo de 1431.

Un final horrible para Juana de Arco, pero que acabaría convirtiéndose en una leyenda y, a día de hoy, también en un símbolo de empoderamiento de la mujer.

Cita 273.

«El mar dará a cada hombre una nueva esperanza, como el dormir le da a los sueños.»

Cristóbal Colón.

La Atlántida.

La Atlántida es uno de los mayores misterios de la historia antigua. El filósofo griego Platón escribió sobre ella en sus textos, donde era mencionada en los diálogos Timeo y Critias. En esos diálogos, la isla era descrita como una gran potencia militar que existió nueve mil años antes de la época del legislador ateniense Solón y dice de ella que es más grande que Libia y Asia Menor juntas.​ La Atlántida fue una civilización poderosa que llegó a dominar el oeste de Europa y el norte de África, hasta que fue detenida por la ciudad de Atenas. En ese momento, una catástrofe que no se describe, hizo desaparecer la isla y también los ejércitos rivales, “en un solo día y una noche terrible”.​ El mar donde estaba la Atlántida se volvió innavegable a causa de los bajíos, y Atenas y los pueblos de Grecia olvidaron el suceso, pues solo unos pocos sobrevivieron. En Sin embargo, en Egipto se preservó el recuerdo y, miles de años más tarde, llegó a conocimiento de Solón y, a partir de sus relatos y un manuscrito, a Critias, el narrador.

La descripción detallada de la isla y la mención de que se trataba de una historia verdadera, llevó a muchos investigadores a proponer diversas conjeturas sobre su ubicación y existencia. Del mismo modo, el hecho de que la fuente sea una tradición no comprobada y la evidencia de que en los diálogos se hace uso de la ironía, hizo que otros estudios considerasen la historia como una invención literaria destinada a expresar ciertas ideas políticas de Platón.

Durante la Antigüedad y la Edad Media prevaleció la interpretación del relato como una alegoría, pero a partir de la Edad Moderna y, especialmente desde la segunda mitad del siglo xix, durante el Romanticismo, se multiplicaron las hipótesis sobre la Atlántida, identificándola con diversas culturas del pasado o con la cuna de la civilización.

Sin embargo, la investigación moderna, ha comprobado que no existen las supuestas fuentes egipcias del relato y que la narración presenta anacronismos y datos imposibles, lo cual lleva a descartarla como histórica. Por el contrario, algunos investigadores, admiten la posibilidad de que el mito haya sido inspirado en un fondo de realidad histórica vinculado a algún desastre natural.

Los textos de Platón señalan la geografía de la Atlántida como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios, poco menos de 2000 kilómetros cuadrados, rodeada de montañas hasta el mar.​ A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios, unos 9 kilómetros del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo. Según el Critias, Evenor tuvo una hija llamada Clito. Cuenta este escrito que Poseidón era el amo y señor de las tierras atlantes, ya que cuando los dioses se habían repartido el mundo, la suerte había querido que a Poseidón le correspondiera, entre otros lugares, la Atlántida. Esta sería la razón de su gran influencia en esta isla. Poseidón se enamoró de Clito y, para protegerla o mantenerla cautiva, creó tres anillos de agua en torno de la montaña que habitaba su amada. La pareja tuvo diez hijos, para los cuales el dios dividió la isla en diez reinos respectivos. Al hijo mayor, Atlas o Atlante, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole además autoridad sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el mar que la circundaba, Atlántico.​ Su hermano gemelo se llamaba Gadiro (Eumelo en griego) y gobernaba el extremo de la isla que se extendía desde las Columnas de Hércules hasta la región que por derivación de su nombre se denominaba Gadírica. Tal prosperidad dio a los atlantes el impulso para construir grandes obras. Edificaron sobre la montaña rodeada de círculos de agua una espléndida acrópolis​ plena de notables edificios, entre los que destacaban el Palacio Real y el templo de Poseidón.​ Construyeron un gran canal de 50 estadios de longitud para comunicar la costa con el anillo de agua exterior que rodeaba la metrópolis; y otro menor y cubierto, para conectar el anillo exterior con la ciudadela.​ Cada viaje hacia la ciudad era vigilado desde puertas y torres, y cada anillo estaba rodeado por un muro. Los muros estaban hechos de roca roja, blanca y negra sacada de los fosos, y recubiertos de latón, estaño y oricalco. Finalmente, cavaron alrededor de la llanura oblonga una gigantesca fosa a partir de la cual crearon una red de canales rectos que irrigaban todo el territorio de la planicie.

Los reinos de la Atlántida formaban una confederación gobernada a través de leyes, las cuales se encontraban escritas en una columna de oricalco, en el Templo de Poseidón.​ Las principales leyes eran aquellas que disponían que los distintos reyes debían ayudarse mutuamente, no atacarse unos a otros y tomar las decisiones concernientes a la guerra y otras actividades comunes, por consenso y bajo la dirección de la estirpe de Atlas.​ Alternadamente, cada cinco y seis años, los reyes se reunían para tomar acuerdos y para juzgar y sancionar a quienes de entre ellos había incumplido las normas que los vinculaban.​

La justicia y la virtud eran propios del gobierno de la Atlántida, pero cuando la naturaleza divina de los reyes descendientes de Poseidón se vio disminuida, la soberbia y las ansias de dominación se volvieron características de los atlantes. Según el Timeo, comenzaron una política de expansión que los llevó a controlar los pueblos de Libia hasta Egipto y de Europa, hasta Tirrenia. Cuando trataron de someter a Grecia y Egipto, fueron derrotados por los atenienses. Critias señala que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, pero el relato se interrumpe en el momento en que Zeus y los demás dioses se reúnen para determinar la sanción.​ Sin embargo, se suele asumir que el castigo fue un gran terremoto y la subsiguiente inundación, que hizo desaparecer la isla en el mar, «en un día y una noche terribles», según señala el diálogo en Timeo.

A día de hoy, muchos investigadores siguen buscando la Atlántida. Unos creen que podría estar oculta en el Mediterráneo, cerca de Grecia; otros dicen que podría estar en el Océano Atlántico, cerca de las Islas Canarias. Sea como sea, lo cierto es que todavía no se ha podido demostrar la existencia de esta misteriosa isla, aunque estoy segura de que seguirán investigando para arrojar un poco de luz a esta interesante leyenda.

 

Cita 272.

«Los hombres tienden a creer aquello que les conviene.»

Julio César.

La Chica de la Curva.

Si hay una leyenda urbana que todos conocemos, esa es la de La chica de la curva, también conocida como la autoestopista fantasma. De hecho, creo que cada pueblo de España tiene su propia versión sobre esta leyenda urbana. Sin embargo, todas esas versiones coinciden en algo: en todas ellas aparece una chica en una curva de una carretera oscura y peligrosa donde, supuestamente, ella se mató. Aunque hay muchas versiones del relato, todas se pueden resumir en gente viajando en su vehículo que se encuentra con una chica que hace autostop y que, tras advertir del peligro del que ella misma fue víctima, la chica desaparece sin dejar rastro.

Al parecer, esta leyenda circula desde hace siglos y ha ido adaptándose a nuestros tiempos, modernizando un poco la historia. En las versiones más antiguas, la joven paraba a los jinetes para que la subieran al carruaje.

Una de las versiones más extendida de esta leyenda, cuenta que una hermosa joven vestida de novia se aparecía a los viajeros en mitad de la noche en los arcenes de las carreteras, generalmente cerca de una curva muy peligrosa. La chica les pide a los viajeros que la lleven y se monta en silencio en el vehículo hasta que, cuando se aproximan a la peligrosa curva, la chica rompe el silencio para decir que ella se mató en esa curva y acto seguido desaparece sin dejar rastro. Al final, los viajeros descubren que la misma chica que se les había aparecido había muerto en aquel mismo lugar tras sufrir un accidente cuando viajaba con su marido tras la celebración de su boda.

En las distintas versiones, el propósito de la aparición de la chica varía: a veces, alerta al conductor sobre una curva peligrosa, precisamente aquella en la que murió; otras veces, causa la muerte del conductor, al no alertarle del peligro de la curva.

¿Conoces alguna versión de esta leyenda urbana? ¿Hay alguna curva singular cerca de donde vives de la que se cuente alguna versión de esta leyenda? No seas tímido/a y cuéntanos qué versión conoces de La Chica de la Curva.

Cita 271.

«La vida no es justa, acostúmbrate a ello.»

Bill Gates.

El Pirata Barbanegra.

Probablemente, si os menciono el nombre de Edward Teach, muchos de vosotros no sabréis de quién os hablo, pero estoy segura de que todos sabéis quién era este hombre, aunque tal vez solo lo conozcáis por otro nombre: el Pirata Barbanegra. Este pirata del Mar Caribe, ha pasado a formar parte de la historia como uno de los seres más malvados.

Su apodo, Barbanegra, se debe a su abundante y enredada barba, de un intenso color negro y que, según cuenta la leyenda, estaba decorada con mechas de cañón que él mismo encendía durante los abordajes para infundir aún más terror entre sus enemigos. Con sus imponentes dos metros de altura y aspecto y mirada demoníacos, Barbanegra lucía un tricornio tocado de plumas y exhibía ante los horrorizados ojos de sus víctimas sus espadas, cuchillos y juegos de tres pistolas de distintos calibres.

Se desconoce el lugar exacto de su nacimiento, algunos apuntan a Bristol, otros a Carolina del Sur, e incluso a Jamaica. Los padres de Teach regentaban una taberna y las malas lenguas dicen que drogaban a los marineros para luego embarcarlos en naves en las que de estar sobrios nunca hubieran subido. Otros apuntan a que Barbanegra procedía de una familia con una posición acomodada, ya que sabía leer y escribir. Sea como fuere, sus inicios como marino tuvieron lugar durante la guerra entre Francia e Inglaterra por el control de Estados Unidos, actuando como corsario inglés y atacando barcos franceses. Al finalizar la contienda y quedarse sin trabajo, Barbanegra dejó de ser corsario para convertirse en pirata. Comenzó a navegar en compañía de un conocido pirata llamado Benjamin Hornigold, y fue entonces cuando empezó a vestir de la particular manera con la que ahora es recordado. La isla de Nueva Providencia fue el escenario de sus primeras fechorías. Allí capturó un carguero español procedente de La Habana, otro de las Bermudas y un tercero de Madeira. En 1717 apresó al mercante francés Concorde, que se convertiría en su buque insignia y que rebautizaría como Queen Anne’s Revenge, La venganza de la Reina Ana. Lo transformó en una formidable máquina de guerra a la que armó con más de cincuenta cañones.

Sin embargo, la hazaña que hizo célebre a Barbanegra tuvo lugar en la base naval de San Vicente, en las islas de Barlovento, allí apresó a la nave Great Allen, que transportaba un valioso cargamento. Tras la escaramuza asesinó a la tripulación y mandó quemar el barco. Al conocerse la noticia, el buque de guerra inglés Scarborough zarpó para dar caza a Barbanegra y castigar su osadía, pero el navío sufrió una sonada derrota y tuvo que retirase. La noticia corrió como la pólvora y Barbanegra se convirtió en el enemigo público número uno del Imperio.

Para acabar con la piratería de la zona, el rey Jorge I decretó una amnistía para todos aquellos piratas que abandonasen sus actividades. En el caso de que no quisieran aceptar las condiciones del edicto, las penas que se contemplaban en caso de ser capturados iban de la horca a las amputaciones de miembros. Barbanegra rehusó las condiciones estipuladas por el monarca y siguió con sus actividades delictivas. Entregado a un auténtico frenesí de ataques, Barbanegra asaltó posesiones francesas, británicas y españolas. Sus incursiones en la península del Yucatán, en México, le valieron el mote de «El gran diablo».

La situación económica en Carolina del Norte no pasaba entonces por su mejor momento y el gobernador de la colonia, Charles Eden, llegó a un acuerdo con Barbanegra por el cual el pirata y su tripulación serían perdonados acogiéndose al Acta de Gracia. El gobernador acordó dejarle actuar con total impunidad y a cambio recibir una parte del botín que Barbanegra obtuviera de sus fechorías. En esa época, el pirata se casó con una jovencita de dieciséis años y se estableció como si fuera una persona honrada en la isla de Ocracoke.

Pero la farsa duró muy poco. En mayo de 1718, Barbanegra atacó la ciudad de Charleston y mantuvo secuestrada a toda la población. Tan sólo levantó el bloqueo cuando le entregaron un rescate de mil quinientas libras. La leyenda cuenta que Barbanegra llevó a cabo esta acción para hacerse con un lote de medicamentos para curar a su tripulación, que sufría de sífilis. Para el pirata la salud de sus hombres era fundamental, hasta el punto de que cuando capturó la nave francesa Concorde, Barbanegra se deshizo de toda la tripulación excepto de los cirujanos del barco.

Ante el avance imparable de la piratería, y conocedor de que Barbanegra tenía su base en la isla de Ocracoke, el gobernador de Virginia, Alexander Spotswood, ante la posibilidad de que la economía de la colonia pudiera verse afectada, se puso en contacto con el teniente de la Marina Real Robert Maynard para que se hiciera cargo de la situación y acabara con el pirata. El 21 de noviembre, al mando de las balandras Ranger y Jane, el militar inglés llegó al extremo sur de la isla de Ocracoke. Una noche, mientras Barbanegra estuvo bebiendo ron con el patrón de una balandra con la que mantenía algunos «negocios», Maynard aprovechó para preparar el ataque del día siguiente.

El 22 de noviembre de 1718, Barbanegra, que ya estaba avisado de la llegada del teniente inglés, puso rumbo hacia el interior de los canales de la isla a bordo del Adventure. Maynard ordenó que una chalupa se hiciera a la mar para observar los movimientos de la nave de Barbanegra que, al darse cuenta, la cañoneó sin piedad. Tras izar la enseña real, Maynard ordenó a sus naves que se dirigieran tan rápido como pudieran para interceptar a Barbanegra. Al ver a las naves inglesas dirigirse hacia su posición, Barbanegra ordenó la retirada mientras sus cañones disparaban una y otra vez contra los ingleses. Según algunas versiones, todas las naves quedaron varadas por falta de viento, por lo que Maynard se vio obligado a perseguir al pirata a golpe de remo. Pero las naves inglesas no iban armadas con cañones y el teniente ordenó a sus hombres que disparasen sin cesar con sus armas cortas.

Mientras Maynard se iba deshaciendo del lastre, Barbanegra empezó a increparle: «¡Malditos villanos! ¿Quiénes sois? ¿Y de dónde venís?», a lo que Maynard le respondió que no era pirata y que él mismo subiría a su barco en cuanto pudiera. En respuesta a su desafío, Barbanegra, con un vaso de ron en la mano, le contestó: «Así se condene mi alma si os doy cuartel u os pido alguno».

Las dos naves inglesas embarrancaron y, para evitar más muertes, Maynard ordenó a sus hombres que se escondieran en las bodegas con sus armas preparadas. Los únicos que se mantuvieron en el puente fueron él mismo y el timonel, al cual también ordenó que se tumbara. Cuando Barbanegra vio que no había nadie en cubierta, ordenó a sus hombres que abordaran las naves inglesas: «¡Saltemos y hagámoslos pedazos!», ordenó. Sediento de sangre, Barbanegra abordó la balandra inglesa con la mitad de su tripulación, dispuesto a pasar a cuchillo a todo el que quedase, pero nada más subir a bordo se percató de que había caído en una trampa cuando escuchó a Maynard ordenar a sus hombres que subieran rápidamente a cubierta. Durante varias horas, ambas tripulaciones se enzarzaron en una lucha a muerte en la que Maynard y Barbanegra acabaron enfrentándose cara a cara.

Muerto el 22 de noviembre de 1718, la leyenda de Barbanegra estaba a punto de nacer. El pirata finalmente fue abatido tras recibir veinticinco heridas, cinco de ellas de bala. Cuando la otra balandra de Maynard pudo desembarrancar, atacó por un costado disparando hasta que la tripulación pirata finalmente se rindió. Maynard no mostró compasión alguna con el cadáver de Barbanegra: ordenó que le cortaran la cabeza y que ésta fuera expuesta durante varias semanas en el bauprés, el mástil que sale casi horizontalmente de la proa. A su regreso a Virginia, trece de los quince prisioneros fueron ahorcados.

Sobre Barbanegra circulan varias leyendas, como la que cuenta que una vez decapitado su cuerpo flotó alrededor de la nave varias veces o que su fantasma vaga por la zona de Teach’s Hole, un lugar en la isla de Ocracoke llamado así en su honor, buscando su cabeza perdida. Lo que sí está claro es que, dejando a un lado el folclore, la espada de Robert Maynard acabó con la vida de Edward Teach, el temible pirata Barbanegra, del cual la sola mención de su nombre provocaba auténtico pavor entre los habitantes del Nuevo Mundo.

 

Cita 270.

«Nunca te arrepientas de nada que te haga sonreír.»

Mark Twain.

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