Monthenero 2021

Cita 257.

«En la profundidad del invierno, finalmente aprendí que dentro de mí yace un verano invencible.»

Albert Camus.

Robin Hood.

Todos hemos oído hablar alguna vez de Robin Hood, también conocido como el “príncipe de los ladrones”. La literatura y el cine se han encargado de que la leyenda de este arquero, que se remonta a la Inglaterra Medieval, siga muy presente entre nosotros a día de hoy. Y es que, un hombre que se enfrentaba a los ricos para defender a los pobres y que, sin que se dieran cuenta, le quitaba pertenencias a los primeros para dárselas a quienes más las necesitaban, siempre en compañía de su traje verde, su arco y sus flechas, es cuanto menos intrigante. Pero, ¿cuál es el origen de su leyenda? ¿Se trata de una historia real o solo es una leyenda?

Las investigaciones de Joseph Hunter revelaron que un hombre llamado Hood vivió en Locksley y Wakefield, en el condado de York. Era sobrino de un herrero al servicio de un noble y había nacido en 1290. En 1322, Thomas, conde de Lancaster, alzó en armas a sus súbditos, entre los que se encontraba Bob o Robin Hood, contra el rey Eduardo II de Inglaterra. La rebelión fue aplastada y se supone que Robin se refugió en el campo de Barnsdale, colindante con el campo de Sherwood. Se supone también que Robin atacó constantemente a los comerciantes que atravesaban el campo, hasta que el propio rey y otros nobles, disfrazados de monjes, fueron a por él y lograron que el bandido prometiera fidelidad al soberano.

Hay quien sostiene que el Conde de Hunttington, un noble que en 1160 inició un enfrentamiento, tras ser despojado previamente de su Título, con el rey de Inglaterra, dio origen a tal ficción. El Robin histórico reaparece en registros de 1324, que prueban que recibió salarios en el palacio real. La leyenda dice por su parte que este Robin volvió a los bosques para continuar sus aventuras, hasta que, herido de muerte, se refugia en el convento de Kirklees. Antes de expirar, dispara con su arco a través de una ventana y pide que lo entierren donde caiga esa flecha. Cerca del convento, una antigua lápida señala el lugar en el que supuestamente cayó la flecha y Robin fue sepultado.

En el siglo XVIII, el doctor William Stukeley atribuyó la personalidad de Robin Hood al noble Robert de Kyme, quien vivió entre 1210 y 1286, y debió actuar como bandido después del reinado de Juan. En 1936, fueron publicados documentos en los que consta que en 1226 se vendieron en York muebles y enseres de un fugitivo llamado Robin Hood.

Este marco histórico permite suponer que la leyenda se inspira en la existencia de bandas armadas formadas por campesinos y leñadores que se dedicaban tanto al pillaje como a hostigar a la nobleza, después del triunfo de la invasión normanda, en el siglo XI.

Pese a que muchos investigadores han intentado arrojar algo de luz a la segunda pregunta, lo cierto es que no hay una evidencia clara sobre su existencia. Sin embargo, sí que han hallado varias referencias a cazadores furtivos, salteadores de caminos o criminales en fuga llamados Robin Hood o algo parecido. Entre el reinado de Juan, rey de Inglaterra entre 1199 y 1216, y la aparición de las primeras baladas en el siglo XV, parece haber registros de una decena de bandidos que usaron el apodo Robin Hood, al punto de que los historiadores creen que era la forma en que se denominaba genéricamente a los bandoleros de los bosques.

Existiera o no un Robin Hood histórico, desde principios del siglo XIII surgieron leyendas y canciones en torno a Robin Hood, aunque los primeros textos que se conservan están datados a mediados del siglo XIV. La mayor parte de la cultura medieval era de naturaleza oral, de ahí que lo que nos ha llegado escrito no sea más que la punta de un iceberg. Si bien antes del siglo XV los textos sobre Robin Hood son fragmentarios, limitándose a alusiones sueltas, su número y variedad no dejan lugar a dudas sobre la creciente popularidad de su leyenda.

Cita 256.

«Solo viven aquellos que luchan.»

Víctor Hugo.

Cisnes del Lago Minnewater.

Los cisnes forman parte del lago y los canales de la ciudad de Brujas, en Bélgica. Se ha especulado mucho sobre el origen de sus hermosos cisnes y, aunque hay varias versiones para todos los gustos, hoy os voy a contar una de las muchas leyendas que esconde la ciudad.

La leyenda cuenta que Maximiliano I, archiduque de Austria y futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, tomó el poder tras la muerte de su mujer, María de Borgoña y Brabante, quien gobernaba en la mayor parte de la actual Bélgica y parte de Holanda, que murió al caerse mientras montaba a caballo en Brujas.

Ya gobernando el territorio de Flandes, una de las medidas que tomó Maximiliano I fue la de gravar con impuestos la zona para subió los impuestos, ya que controlaba la ciudad más rica de Europa por aquel entonces y el mayor puerto comercial de la época, y así aumentar su propia riqueza. Al principio, generó descontento entre los habitantes de la ciudad de Brujas pero, años más tarde, Maximiliano I subió de nuevo los impuestos.

Como podréis suponer, esta medida no gustó a los poderosos comerciantes que vivían en Brujas y que controlaban el comercio de allí. Por lo tanto, urdieron un arriesgado plan para que Maximiliano I retirase esta medida y lograr una mayor autonomía.

Durante una de sus visitas a la ciudad de Brujas, las manifestaciones de los habitantes, enfadados por tantas subidas de impuestos, degeneraron en una muchedumbre enfurecida que capturó a Maximiliano I y fue encerrado en la casa Craenenburg, situada en la misma plaza mayor o Grote Markt de Brujas.

Allí, ante los ojos de Maximiliano I que fue obligado a mirar, fue decapitado Pieter Lanchals, su fiel amigo y también administrador de la ciudad de Brujas. Se dice que Maximiliano estuvo preso esos cuatro meses en la última planta de la casa Craenenburg y por esa razón es la única ventana de la casa que permanece siempre sin flores.

Finalmente, llegaron a un acuerdo y Maximiliano I volvió a recuperar el poder, pero incumplió el acuerdo y mandó a ajusticiar a todos los cabecillas de las revueltas. Como castigo, obligó a los habitantes de Brujas a mantener bien alimentados y cuidados a todos los cisnes de la ciudad, que pasaron a ser unos de los protagonistas de los canales de Brujas.

Al parecer, Maximiliano I escogió a este animal ya que en neerlandés, Lanchals significa «cuello largo». Además, el cisne era el animal representado en el escudo de armas de la familia de Pieter Lanchals. Motivo por el que así, los habitantes de Brujas, tendrían que recordar constantemente el cruel asesinato que habían cometido cada vez que viesen un cisne, y de no cumplir la orden de mantenerlos bien cuidados, el propio Maximiliano I se encargaría de tomar represalias.

Cita 255.

«Un hombre sabio puede aprender más de una pregunta tonta que de lo que puede aprender un tonto de una respuesta sabia.»

Bruce Lee.

Minnewater, el Lago del Amor.

 

El lago Minnewater, más conocido como el Lago del Amor, es uno de los lugares más románticos de Brujas, y uno de los de los muchos rincones con encanto de la ciudad. El lago se encuentra en la misma entrada de Brujas, una señal de la belleza que vas a encontrar al adentrarte en la maravillosa ciudad de Brujas, Bélgica.

Según cuenta la leyenda, el Minnewater recibe su nombre en honor a Minna, la mujer que dio origen a una de las leyendas sobre este lago.

Minna era una joven hermosa a la que su padre quería buscarle un marido, pero no uno cualquiera, debía ser un hombre con un buen estatus social. Así que el padre de Minna decidió concertar la boda con un noble, en contra de la voluntad de su hija.

Sin embargo, la joven y hermosa Minna ya estaba enamorado de otro hombre: Stromberg. Pero, desafortunadamente para ella, Stromberg no tenía la posición social que su padre exigía para permitir un matrimonio entre ambos.

Enfadada con su padre y sintiéndose desdichada por el matrimonio que había concertado su padre para ella, Minna huyó de casa desesperada. Estaba enamorada de Stromberg y quería casarse con él, no con el hombre a quien su padre había escogido y a quien ni siquiera conocía.

Se adentró en una zona de robles cercana a su casa, en las afueras de la ciudad. Pasaron horas hasta que se percataron de la desaparición de Minna y, cuando la noticia llegó a los oídos de Stromberg, él no lo dudó y salió a buscarla.

Finalmente, Stromberg encontró a Minna en el bosque bien entrada la noche. Minna estaba muy débil y murió en los brazos de su amado Stromberg.

Cuenta la leyenda que el joven Stromberg enterró a la joven Minna junto al río Leie y después construyó una cabaña y un dique para retener las aguas del río Leie, formándose así lo que hoy conocemos como el lago. Se dice que bajo las aguas del lago yace la joven y hermosa Minna y que su amor por Stromberg perdurará en el tiempo para siempre.

 

 

Cita 254.

«Educar la mente sin educar el corazón, no es educar.»

Aristóteles.

Reyes Magos de Oriente.

La noche del 5 de enero preparamos bebida y comida para que tres Reyes Magos de Oriente y sus camellos puedan beber y comer cuando pasen por casa a dejarnos regalos mientras dormimos. Y la mañana del 6 de enero todos los niños de España, y también los adultos, para qué lo vamos a negar, nos levantamos de la cama emocionados para abrir todos esos regalos que nos han traído.

Imagino que muchos de vosotros os habréis preguntado alguna vez de dónde procede la tradición de Los Reyes Magos de Oriente. ¿Por qué tres Reyes Magos del lejano Oriente vienen a nuestras casas mientras dormimos para dejarnos regalos? Bueno, nos traen regalos si hemos sido buenos. Si hemos sido malos, nos traen carbón.

En el Evangelio de San Mateo se menciona a unos “Magos” llegados de Oriente fueron guiados por una estrella para adorar al rey de los judíos que acababa de nacer. Al enterarse de esta noticia, Herodes el Grande, que por esa época era el rey de Judea, los mandó llamar para interrogarlos, y les hizo prometer que una vez hallaran al niño se lo comunicarían para que pudiera adorarlo él también. Tras abandonar el palacio y ser guiados por la estrella, los magos encontraron al niño en un establo en Belén, junto a María y José. Tras postrarse ante él y ofrecerle oro, el metal de los reyes; incienso, la ofrenda de los dioses; y mirra, como anuncio de sus futuros padecimientos, fueron advertidos por un ángel para que no volvieran al palacio de Herodes ya que este sólo quería acabar con la vida del niño.

A pesar de las respuestas que se puedan encontrar en la Biblia, el origen de los Reyes Magos tal como los conocemos en la actualidad tiene su origen en una larga tradición medieval que los «bautizó» con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.

En España, y gracias a los testimonios escritos y artísticos que se guardan en la Biblioteca Nacional de España, somos testigos del nacimiento de esta leyenda a lo largo de los siglos, en concreto en una de las piezas más excepcionales de la literatura española del siglo XII, el llamado Auto de los Reyes Magos, una obra fundamental en la historia de la literatura española por ser el texto teatral más antiguo que se conserva en lengua castellana. En dicha obra aparecen Melchor, Gaspar y Baltasar, pero no son definidos como «reyes», sino como Steleros, es decir, astrólogos.

Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar aparecieron por primera vez en el famoso mosaico del siglo VI en la basílica de San Apolinar el Nuevo en la ciudad italiana de Ravena. Según un manuscrito del siglo XIII, se creía que los Magos podían proteger contra la epilepsia, y bastaba con rezar una breve oración al oído de un enfermo pronunciando el nombre de los tres Reyes para curarlo. En algunos puntos de Europa, el día 6 de enero se inscribían sus iniciales, GBM, en todas las puertas de las casas y en los establos para salvaguardar a las personas y a los animales contra el ataque de demonios y brujas.

La adoración de los Reyes fue un motivo pictórico que alcanzó su máximo esplendor durante el Renacimiento. Grandes maestros como Masaccio, Fra Angelico, Gozzoli o Botticelli, en Italia; Van der Weyden, Memling, El Bosco y Rubens, en Flandes, y El Greco, Velázquez y otros, en España, recrearon la famosa escena. La imagen era siempre la misma en la tradición cristiana: tres reyes vestidos con áureos trajes y acompañados de exóticos séquitos, arrodillados en un humilde establo de Belén.

En la actualidad, la festividad de los Reyes Magos viene cargada de tradiciones como la de la Cabalgata del día 5 de enero, en la que, como antesala de lo que ocurrirá durante la noche, los tres Reyes Magos desfilan en maravillosas carrozas acompañados de sus séquitos. Los Magos reparten caramelos y los pajes de cada rey recogen las cartas de los niños más rezagados.

Otra costumbre de la Noche de Reyes es dejar los zapatos de cada miembro de la familia en el balcón para que Sus Majestades depositen dulces en su interior. Esto tiene su origen en una curiosa leyenda: dos amigos del niño Jesús, apenados de verle siempre descalzo debido a la pobreza de su familia, quisieron darle sus propios zapatos; pero como eran usados, en un intento de que parecieran nuevos, y para que tuvieran mejor aspecto, los generosos niños se esforzaron en limpiarlos al máximo, así que los lavaron y los dejaron por la noche en el balcón para que se secaran. Al día siguiente, milagrosamente los zapatos aparecieron llenos de regalos y dulces como premio a su buen corazón. Los Reyes Magos habían pasado aquella noche por allí y habían recompensado la bondad de los dos niños.

Tampoco se debe olvidar dejar agua y pan para los camellos, y una copita de licor o un vaso de leche y turrones para que los cansados Reyes recuperen fuerzas. Pero no todos los niños recibirán un regalo por su buen comportamiento. Está establecido que los Reyes dejarán un trozo de carbón a todos los niños que se hayan portado mal durante el año (en la actualidad se deja al niño travieso un trozo de azúcar que imita al carbón).

Para acabar el día más mágico del año no puede faltar el dulce por excelencia: el «Roscón» o «Tortel» de Reyes. Consiste en un bollo en forma de rosca adornado con fruta escarchada, y aunque el original se prepara con mazapán, en la actualidad puede rellenarse de crema, nata e incluso de chocolate. Sobre el roscón, se dispone una corona de rey mago que coronará al afortunado que encuentre la figurita escondida en su interior. Por contra, a quién descubra el haba no le quedará más remedio que pagar el precio del dulce.

A pesar de vivir en la era de la tecnología, hay tradiciones que perduran con el tiempo, de modo que no queda otro remedio que acostarse pronto, dejar los zapatos bien limpios, comida para los camellos y un detalle para Sus Majestades de Oriente. Y, si hemos sido buenos durante el año, los Reyes Magos nos traerán algunos regalos. Por el contrario, si no nos hemos portado demasiado bien, nos traerán carbón.

¡Feliz noche de Reyes!

Cita 253.

«Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es hora de comprender más, para temer menos.»

Marie Curie.

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