Mesfebrero 2020

Cita 207.

“La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella.”

Salvador Dalí.

La protegida del Capitán 21.

Scarlett durmió toda la noche de un tirón y no se despertó hasta el amanecer, cuando Oliver depositó un leve beso sobre su cabeza y se levantó de la cama. Scarlett gruñó a modo de protesta y él, tras darle un tierno beso en los labios, le susurró:

—Necesito darme una ducha, no tardaré más de diez minutos.

Asintió y sonrió, viendo a Oliver desaparecer tras la puerta del cuarto de baño. Scarlett se desperezó y se levantó de la cama. Mientras Oliver se duchaba, ella cogió una muda de ropa limpia del armario y tomó el relevo en la ducha cuando Oliver salió del cuarto de baño.

—Voy a preparar el desayuno, te espero en la cocina —le dijo Oliver.

A Scarlett no le pasó por alto que Oliver, pese a que estaba muy cariñoso con ella, también se mostraba cauteloso. Tenían una conversación pendiente y Scarlett decidió no hacer conjeturas hasta haber hablado con él, quizás por esa misma razón Oliver se mostraba cauteloso.

Tras ducharse y vestirse, Scarlett bajó a la cocina y allí se encontró a su padre con Oliver. El General abrazó a su hija mientras le daba los buenos días y después, consciente de que la pareja necesitaba estar a solas para hablar, se excusó y les dijo:

—Tengo que ir al centro de operaciones, nos vemos luego.

— ¿Y Scott? —Quiso saber Scarlett.

—Está bien, pero necesita descansar y guardar reposo durante unos días. Podrás ir a verle más tarde, pero antes desayuna y ven a verme para prestar declaración.

— ¿Necesito un abogado? —Bufó Scarlett.

—Es el procedimiento rutinario y debes hacerlo —intervino Oliver—. Si quieres, puedo acompañarte y estar presente cuando lo hagas.

—Haré lo que queráis, solo quiero acabar con todo esto cuanto antes —accedió Scarlett.

—Os veo luego —se despidió el General.

Scarlett se sentó a la mesa y Oliver sirvió un par de tazas de café. Scarlett estuvo a punto de rechazarla, pero finalmente la aceptó prometiéndose en silencio que no tomaría más de un café al día.

—Tenemos que hablar, Scarlett —comentó Oliver en cuanto se quedaron a solas.

— ¿Hay alguna posibilidad de olvidarnos de todo esto y fingir que no ha pasado?

—No, necesito que me digas qué te ocurre. Sé que algo no va bien y que, sea lo que sea, me lo estás ocultando.

—Te escuché hablar por teléfono con Wendy de madrugada, no sabía lo que estaba pasando y no quería discutir contigo justo antes de que te marcharas.

Scarlett le relató toda la historia sin omitir ningún detalle, incluso le confesó que había liado a Scott para acceder al expediente médico de Wendy Allen para descubrir cuál era la relación que les unía a ambos. Oliver la escuchó con atención, sin interrumpirla y sin juzgarla. Cuando Scarlett terminó su relato, Oliver le dijo:

—Cuando prestes declaración, sería conveniente que omitieras tu faceta de investigadora, te recuerdo que leer un expediente confidencial es un delito.

— ¿Eso es lo único que vas a decirme?

— ¿Qué esperas que te diga?

—He matado a una persona, una persona que tú conocías y con la que, aunque extraña, mantenías una relación —le recordó Scarlett.

—Fue en defensa propia, tuviste que hacerlo para protegerte a ti y a Scott. En cuanto a mi relación con Wendy, imagino que ya lo habrás investigado o tu padre te habrá puesto al corriente. La única razón por la que me he hecho cargo de sus gastos en la clínica es porque no tiene familia y hubiera terminado en la calle. Ella era una persona risueña y divertida, pero cuando regresé de la academia militar después de más de un año fuera, Wendy pensaba que teníamos una relación y se había montado su película, así que le aclaré que entre nosotros no había nada y comenzó a acosarme. Me seguía a todas partes, se presentaba como mi prometida a todos mis familiares, amigos y compañeros de trabajo. Hasta que la situación fue insostenible y tuve que tomar medidas legales.

—No necesito que me cuentes nada más —intervino Scarlett—. En realidad, me bastaba con saber que no estabas llevando una doble vida. No te voy a negar que fue bastante impactante escuchar que tenías una prometida escondida en alguna parte.

—Eso es un disparate, he estado pegado a ti las veinticuatro horas del día durante meses, ¿de dónde iba a sacar tiempo para tener una amante? —Bromeó Oliver para rebajar la tensión.

—Espero que la falta de tiempo no sea la única razón por la que no te buscas una amante —le replicó Scarlett.

—Te amo, nena. No lo dudes nunca, ni siquiera por un segundo —le susurró él con la voz ronca.

—Entonces, ¿estamos bien?

—Estamos mejor que nunca, preciosa —le confirmó Oliver—. Termina de desayunar, te acompañaré a declarar con tu padre y después visitaremos a Scott.

A Scarlett le bastó aquella respuesta por el momento, pero le inquietó que, pese a que habían pasado la noche juntos, Oliver se había limitado a abrazarla y a besarla levemente en los labios como mucho. Echaba de menos que la besara apasionadamente, que la mirara con esa sonrisa traviesa y le hiciera el amor salvajemente. Se intentó convencer de que Oliver estaría agotado tras una misión de más de dos semanas y la situación a su regreso no acompañaba, aunque no pudo evitar pensar que quizás Oliver ya no se sentía atraído por ella.

—Scarlett, ¿va todo bien? —Le preguntó Oliver escrutándola con la mirada—. Sé que probablemente estés asimilando todo lo que ha ocurrido y no te quiero presionar, pero la verdad es que no sé cómo actuar. No sé si te molesta mi presencia, si prefieres que te deje sola o si simplemente estás en shock y necesito que me ayudes a entenderte, cariño.

— ¿Ya no te atraigo? —Le preguntó ella con un hilo de voz, incapaz de mirarle a la cara.

— ¿Qué?

—Ya me has oído —masculló molesta.

—Nena, ¿qué se te ha pasado por la cabeza para llegar a hacerme esa pregunta? —Le preguntó Oliver horrorizado—. Scarlett, te amo. Te amo más que a mi propia vida. No quiero que lo dudes nunca.

—Entonces, ¿por qué estás tan distante? Llevas más de dos semanas sin verme, te has metido conmigo en la cama y… Bueno, tú ya me entiendes.

—Nena, me encanta el sexo contigo, pero eso no es lo que más me gusta de ti.

— ¿Qué es lo que más te gusta?

—No sabría decidirme por una sola cosa. Me gusta verte dormir entre mis brazos, que te hagas la remolona por la mañana y me ruegas que te deje dormir cinco minutos más, cuando me sonríes de esa manera tan especial y me dices que quieres jugar. Me gusta todo de ti, excepto que tengas secretos para mí.

—Tú también tienes secretos —le recordó Scarlett con un ligero tono de reproche.

—Ya no tengo ningún secreto, pero esperaré el tiempo que necesites hasta que decidas contármelo.

—No tengo nada que contar, ya lo hemos hablado todo y ahora solo quiero acabar con esto, ir a visitar a Scott y pasar el resto del día en una cama contigo.

—Mañana es Navidad —le recordó Oliver.

—Me da igual, he estado muchos días sin ti y no quiero compartirte con nadie.

—Tenía planeado darte una sorpresa cuando regresara a casa, invitarte a cenar, tomar una copa y hacerte el amor toda la noche —le susurró Oliver con la voz ronca—. No podemos ir a casa porque el servicio de limpieza se pasará el día allí, pero podemos ir a cenar a un buen restaurante y pasar la noche en un hotel.

—O también podemos ir directamente al hotel y pedir que nos suban la cena a la habitación.

—Mm… ¿Me has echado de menos?

—Muchísimo —le confirmó Scarlett abrazándose a él con fuerza.

—Tendremos tiempo de jugar más tarde, pero primero tenemos que reunirnos con tu padre y después iremos a visitar a Scott.

Por primera vez en más de dos semanas, Scarlett sonrió de verdad. Todavía le tenía que dar la noticia a Oliver, pero decidió esperar un poco, acababa de regresar y todavía se estaban recuperando del susto del día anterior.

Oliver acompañó a Scarlett a declarar frente a su padre y después fueron a visitar a Scott que, ya despierto habiendo descansado, quería abandonar la cama y regresar a su casa.

—Guarda reposo hasta mañana, os esperamos en la granja para comer todos juntos y en familia —le dijo Oliver.

Scarlett, que sufría los altibajos de la revolución de hormonas en su cuerpo, comenzó a sollozar. Scott y Oliver se miraron sin entender el motivo que había provocado el llanto, pero ninguno supo la respuesta. Oliver la abrazó y le susurró al oído:

—Nena, no llores.

—Eso intento, pero no puedo controlarlo —sollozó Scarlett aún más fuerte.

—Pequeña, ¿te has fumado algo antes de venir? —Se mofó Scott tratando de hacerla sonreír.

— ¡No! —Gruñó Scarlett.

—Creo que necesitas relajarte un poco, han sido muchas emociones en muy poco tiempo —le aconsejó Scott—. Ambos lo necesitáis.

—Tienes razón y eso es justo lo que vamos a hacer en cuanto salgamos de aquí —anunció Oliver.

—Será mejor que no perdáis el tiempo, mañana nos vemos.

Oliver y Scarlett se despidieron de Scott y se marcharon de la base. Oliver condujo en silencio hasta llegar a casa. El servicio de limpieza ya había finalizado su trabajo y no quedaba ni rastro de lo ocurrido el día anterior. Se prepararon un sándwich para comer y decidieron hacer una pequeña maleta con una muda de ropa para el día siguiente.  

—Cariño, ¿lo tienes todo? —Le preguntó Oliver entrando al dormitorio por enésima vez. Al comprobar que todavía no había preparado su maleta, añadió—: Scarlett, ¿no quieres que pasemos la noche en un hotel?

—La verdad es que prefiero quedarme aquí, en nuestro dormitorio.

—Ven aquí, preciosa —le susurró él con la voz ronca, sentándose en la cama y agarrándola por la cintura para colocarla sobre su regazo. La acunó entre sus brazos y añadió—: No puedo verte así, Scarlett. Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor.

—Dime que me quieres, que te vas a quedar conmigo siempre, pase lo que pase.

—Te amo, cariño. Me voy a quedar contigo siempre, pase lo que pase —le aseguró él. Buscó el anillo de compromiso que llevaba guardado en el bolsillo de la chaqueta y, entregándole la caja aterciopelada a Scarlett, continuó susurrándole al oído—: Había planeado una velada romántica, quería que todo fuera perfecto. Pero creo que no hay un momento más perfecto que este para decirte que te amo con locura y que quiero pasar el resto de mi vida contigo, pase lo que pase. Nena, ¿quieres casarte conmigo?

Scarlett se volvió para mirarle a la cara y, cuando vio que la miraba con extrema dulzura, se echó a llorar. Oliver, que no comprendía la reacción de Scarlett, la abrazó con fuerza y le susurró:

—Nena, no llores, por favor —depositó un leve beso sobre sus labios y añadió tratando de ocultar su decepción—: No tenemos que casarnos si tú no quieres, no pasa nada.

—Pues claro que quiero casarme contigo —sollozó Scarlett.

—Entonces, ¿por qué lloras, cariño?

—Tengo que contarte algo y no sé cómo te lo vas a tomar.

—Me estás asustando, dime qué ocurre.

—Estoy embarazada —le soltó Scarlett sin andarse por las ramas.

Oliver la escrutó con la mirada tratando de adivinar si estaba hablando en serio o si le estaba tomando el pelo para ver cuál era su reacción. Sin embargo, sonrió al pensar que un pedacito de ambos crecía en su vientre.

—Nena, dime que es cierto y no estás bromeando, nada me haría más feliz que tener un bebé contigo.

—No bromeo, serás papá a principios de junio —le respondió Scarlett sonriendo aliviada. Se puso en pie y, tras rebuscar en su bolso, le entregó el sobre con las ecografías que le había realizado el doctor—. Son las primeras fotos de nuestro bebé.

Oliver abrió el sobre y sacó las ecografías. Observó en silencio las fotos de su bebé y entendió las extrañas reacciones de su futura esposa. Él también estaba nervioso, era su primer hijo y temía no estar a la altura de las circunstancias, pero deseaba a ese bebé con todas sus fuerzas.

— ¿No vas a decir nada? —Le preguntó Scarlett con impaciencia, temiéndose que Oliver se enfadara por no habérselo contado antes.

—Te amo, nena. A ti y a nuestro bebé —le dijo abrazándola y acariciando su vientre—. Pero quiero que me prometas que no va a ver ningún secreto más entre nosotros, debiste decírmelo antes para que te acompañara a la visita con el doctor.

—Tú acabas de marcharte, no podía contártelo por teléfono y ayer cuando regresaste…

—Eres mi prioridad, Scarlett —la interrumpió Oliver—. Dejaré todo lo que tenga entre manos para estar contigo, sobre todo en un momento así.

—Lo siento, te prometo que no habrá más secretos entre nosotros. La próxima vez, te lo diré en cuanto tenga la más mínima sospecha —bromeó Scarlett.

—Por supuesto que lo harás. Quiero que formemos una familia numerosa.

—De momento, veamos qué tal se nos da tener un solo hijo.

—Te amo, nena.

—Yo también te amo —le respondió Scarlett antes de besarle apasionadamente.

FIN

Cita 206.

“El conocimiento es poder. La información es poder. La secreción o acaparamiento de conocimiento o de información puede ser un acto de tiranía camuflada como la humildad.”

Robin Morgan.

La protegida del Capitán 20.

El General Turner estaba en el centro de operaciones de la base junto al Coronel Wilmore, esperando que el equipo al completo regresara a casa. Oliver le había pedido que no le dijera a Scarlett que estaba de regreso porque quería darle una sorpresa y el General le complació, pero se sentía inquieto. Sabía que algo le ocurría a su hija y, aunque al principio pensó que se debía a la ausencia de Oliver, con el paso de los días intuyó que, además de la distancia, algo más le afectaba.

El Capitán Parker y su equipo estaban aterrizando en la pista de la base cuando el General Turner recibió la llamada de Scott. El General tenía un sexto sentido para los secretos y, desde la noche anterior, sospechaba que Scott y Scarlett se traían algo entre manos.

—Scott, ¿va todo bien?

—Estoy en casa del Capitán Parker, una chiflada ha entrado en la casa, va armada y estoy herido —le respondió Scott entre jadeos. Se oyó una ráfaga de disparos y añadió—: Scarlett está bien, pero no sé por cuanto tiempo. La familia del Capitán está informada, les he dicho que se encerraran en el sótano de sus casas hasta que fuésemos a buscarlos. Envía refuerzos y al equipo médico.

— ¿Quién es esa chiflada? —Exigió saber el General.

—Wendy Allen, una ex novia de instituto del Capitán Parker que se ha escapado de la clínica en la que está internada.

—Saca a mi hija de ahí, Scott —le ordenó el General—. Envío refuerzos y al equipo médico, en seguida estaremos allí.

El tono de voz del General alertó al Coronel y, en cuanto colgó la llamada, el Coronel le preguntó con preocupación:

—Trevor, ¿qué está ocurriendo?

El General le hizo un gesto con la mano para que esperara un momento y, tras pedir que enviaran refuerzos y al equipo médico a casa del Capitán Parker, se volvió hacia el Coronel y le resumió:

—Era tu hijo, tienen un problema en casa de Oliver. Vamos para allá y te lo cuento por el camino —concluyó el General, visiblemente nervioso.

—Oliver acaba de aterrizar, deberíamos informarle —opinó el Coronel.

El General asintió, lo más sensato era esperarle y dirigirse a la granja todos juntos. En cuanto Oliver puso un pie en el centro de operaciones de la base y vio la cara del General y la del Coronel, supo que algo iba mal.

— ¿Dónde está Scarlett?

—En tu casa, con el Teniente Wilmore y Wendy Allen —le respondió el General que, al igual que el Coronel, conocían la existencia de Wendy Allen desde hacía más de diez años.

— ¿Scarlett está bien? —Preguntó Oliver conteniendo la respiración.

—Lo estaba hace cinco minutos, he enviado refuerzos y al equipo médico. Vamos para allá, ¿nos acompañas? —Le propuso el General.

Oliver asintió y, tras hacerle un gesto a Dexter para que también les acompañara, los cuatro hombres se dirigieron a la granja de los Parker en uno de los vehículos oficiales del General.

Cuando llegaron a la granja, el equipo médico saca a Scott de la casa en una camilla y Scarlett les acompañaba con la ropa cubierta de sangre y visiblemente afectada. Oliver bajó saltó del vehículo antes incluso de que se detuviera y se dirigió hacia a donde estaba Scarlett, pero uno de los soldados le detuvo y requirió su presencia en la cocina de la casa. El soldado prácticamente le arrastró al interior de la casa mientras él cruzaba la mirada con la Scarlett.

Scarlett estaba confusa, no entendía por qué Oliver se dirigía al interior de la casa en lugar de reunirse con ella y preguntarle si estaba bien. La había mirado, se había dado cuenta de que le había visto, pero no le había dicho nada. Scarlett dedujo que Oliver se había enterado de que había matado a Wendy Allen y suspiró con resignación.

—Cielo, ¿estás bien? —Le preguntó el General, sacándola de sus pensamientos—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha ocurrido a Scott?

—Estoy bien, pero Scott tiene una herida de bala en el hombro y otra en el brazo, ha perdido mucha sangre y se lo llevan al quirófano de la base para intervenirle. Quiero ir con Scott, papá.

—Ve con él, pero no te muevas de la base. Hablaremos más tarde.

Scarlett sabía que aquel hablaremos en realidad significaba que la sometería a un interrogatorio hasta descubrir todo lo que había ocurrido, pero al menos tendría un par de horas para asimilarlo antes de responder a sus preguntas. Miró hacia la puerta de la casa una última vez antes de subir al todoterreno que la llevaría a la base, pero no vio a Oliver por ninguna parte. No dejaba de preguntarse si Oliver estaba enfadado, asustado o aturdido por lo que había ocurrido momentos antes de que él llegara a casa y, por más que se esforzaba, tampoco entendía su reacción.

Cuando Scarlett llegó a la base y se dirigió al ala hospitalaria, se encontró al Coronel Wilmore en el pasillo de acceso al área de quirófanos y le preguntó:

— ¿Se sabe algo?

—Acaba de entrar en quirófano, le han tenido que hacer una transfusión de sangre, pero parece que no corre ningún peligro.

Scarlett suspiró aliviada y se dejó caer sobre uno de los asientos que había en el pasillo. Eran demasiadas emociones en muy poco tiempo y apenas podía asimilar todo lo que había pasado durante los últimos días. Que Oliver la hubiera ignorado en lugar de abrazarla tras estar separados tantos días tampoco ayudaba.

Durante más de dos horas, el Coronel Wilmore y Scarlett esperaron en aquel pasillo hasta que el doctor les anunció que la operación había concluido con éxito y que el paciente ahora solo necesitaba descansar y guardar reposo. El doctor les acompañó a la habitación donde habían llevado a Scott y les permitió verlo un minuto para no molestarle, ya que Scott estaba dormido.

—Estás pálida, deberías descansar —le dijo el Coronel a Scarlett cuando salieron de la habitación de Scott.

—Estoy un poco mareada, creo que debería sentarme y…

Scarlett perdió el conocimiento y, gracias a los rápidos reflejos del Coronel Wilmore, evitó darse un batacazo contra el suelo. El Coronel la sostuvo en los brazos y llamó a gritos al doctor, que apareció de inmediato.

Scarlett no recobró el conocimiento hasta unos minutos más tarde, mientras el doctor monitorizaba sus constantes.

— ¿Qué ha pasado? —Preguntó Scarlett desorientada.

—Te has desmayado, probablemente debido al estrés por lo ocurrido, pero quiero hacerte una analítica de sangre para quedarme más tranquilo —le respondió el doctor.

—Estoy bien, no quiero que me hagas ninguna analítica —bufó Scarlett retirando todos los cables que el doctor le había puesto e incorporándose en la camilla.

—Scarlett, necesitas descansar —insistió el doctor con tono severo—. Tu cuerpo está enviando señales de alarma y debes cuidarte, lo primero es la salud.

Aquellas palabras hicieron que Scarlett cambiara el chip por completo. Ya no se trataba de su salud, sino de la salud de su bebé. Tenía que empezar a cuidarse, debía descansar y también dejar de tomar café.

—Tienes razón, necesito descansar y eso es lo que voy a hacer —le aseguró Scarlett—. Gracias por todo, doctor.

—Llámame si necesitas algo —se despidió el doctor.

El General llegó a la base mientras el doctor atendía a Scarlett y el Coronel le puso al corriente de lo sucedido.

—Cielo, ¿estás bien? —Le preguntó el General en cuanto la vio.

—He estado mejor, pero me conformo con una ducha y una cama.

—Vamos a casa, necesitas descansar —sentenció el General.

El General Turner llevó a su hija a casa y, mientras ella se duchaba, él preparó una deliciosa cena. Scarlett no tenía apetito, pero hizo un esfuerzo para complacer a su padre y mantener alimentado a su bebé. Cuando se sentaron a la mesa para cenar, Scarlett se armó de valor y le preguntó a su padre:

— ¿Dónde está Oliver?

—Vendrá más tarde, está coordinando el escenario. ¿Quieres contarme lo que ha pasado?

Scarlett le contó todo desde el principio y sin omitir ningún detalle mientras el General Turner la escuchaba con atención, frunciendo el ceño de vez en cuando y haciendo un esfuerzo por reprimir sus ganas de regañar a su hija al tomar ciertas decisiones. Scarlett se desahogó entre sollozos y le confesó a su padre su mayor temor:

— ¿Crees que Oliver me va a perdonar?

—Cielo, Oliver me ha hecho la misma pregunta —reconoció el General sonriendo—. Estaba asustado, pensábamos que podía haberte pasado cualquier cosa.

—Pero se ha quedado allí y ni siquiera me ha saludado.

—Acaba de aterrizar tras un vuelo de más de veinte horas, el hombre ha reaccionado lo mejor que ha podido en ese momento —le defendió el General—. Debéis hablar, pero no dejes que el fantasma de Wendy Allen rompa vuestra relación.

— ¿La conocías? ¿Sabías quién era?

—Sí, Oliver nos lo contó cuando ocurrió, hace más de diez años. Esa pobre chica perdió la cabeza y Oliver se sintió culpable. La chica no tenía ningún pariente ni nadie que se hiciera cargo de ella, por eso Oliver decidió afrontar todos los gastos cuando la internaron en la clínica.

—Nada de esto hubiera pasado si nos comunicáramos mejor —reflexionó Scarlett.

Terminaron de cenar entre confidencias y después Scarlett se retiró a su habitación para intentar descansar. Sabía que no iba a poder dormir hasta que hablara con Oliver, pero al menos trataría de descansar y pensar qué le iba a decir a Oliver cuando le viera.

Se metió en la cama y, aunque lo intentó, Scarlett estaba demasiado nerviosa para dormir. No podía dejar de pensar en su encuentro con Oliver, en qué le diría él y qué le diría ella, y en cómo sería su vida a partir de ahora. Se llevó las manos al vientre, acariciándolo con un gesto protector, y le susurró a la barriga:

—Me temo que vamos a tener que esperar unos días más para contárselo a papá, cuando todo esté más tranquilo.

Un par de horas más tarde, Scarlett escuchó varios pasos y algunos murmullos procedentes del salón y agudizó el oído. No fue capaz de descifrar qué decían, pero no tuvo ninguna duda de que aquellas voces eran de su padre, de Oliver y de Dexter. Unos minutos después, escuchó unos pasos subiendo la escalera y fingió estar dormida cuando la puerta de su habitación se abrió.

Oliver estaba hecho un manojo de nervios, ni en la peor de las misiones que le habían asignado lo había pasado tan mal como en aquel momento. Se odiaba por haber expuesto a Scarlett en peligro y por no haberle hablado de Wendy. Seguía sin creerse que Wendy se hubiera fugado de la clínica en la que estaba internada para ir a buscarle y que, al no encontrarle y ver allí a Scarlett, la tomó con ella. No quería ni imaginar todo lo que se le habría pasado por la cabeza a Scarlett al ver a Wendy armada y decidida a acaba con su vida, ni tampoco quería imaginar qué hubiera sido de él si a Scarlett le hubiera pasado algo. Y, aunque Scarlett no había resultado herida durante el ataque de Wendy, sí resultó herido el Teniente Wilmore, hijo del Coronel Wilmore y como un hermano para Scarlett, algo que no sería fácil de perdonar. Y después estaba lo del desmayo de Scarlett, el doctor y el General le habían asegurado que probablemente se debía al estrés sufrido al vivir semejante suceso, pero Oliver quedó satisfecho con aquella explicación en cuanto supo que Scarlett se había negado a que le hicieran cualquier prueba diagnóstica. Para colmo, su familia le había confesado que Scarlett había estado extraña desde que él se marchó, todos intuían que algo le ocurría pero Scarlett no había hablado con nadie sobre el tema. La abuela Sylvia fue la única que habló con seguridad en sus palabras y por eso Oliver se aferró a ellas con la esperanza de que la intuición de su abuela no fallara ahora por primera vez.

—Scarlett te ha echado de menos y, aunque lo ha intentado disimular, la verdad es que no se le ha dado demasiado bien —le dijo la abuela esa noche en la granja—. Necesita saber que vas a estar ahí para cuidarla y no creo que sean palabras lo que busca, sino hechos.

Oliver sonrió con amargura ante aquel consejo. Amaba a Scarlett por encima de todas las cosas y había planeado una maravillosa noche junto a ella para celebrar su regreso, con una sorpresa preparada, un discurso aprendido de memoria y un anillo de compromiso en una caja envuelta para regalo que ahora descansaba guardada en el bolsillo de su chaqueta.

Pese a que el General Turner se mostraba bastante optimista y le animó a subir a la habitación de Scarlett, Oliver tenía sus dudas y no se sorprendería si Scarlett le recibía con un portazo en las narices. Respiró profundamente y abrió la puerta de la puerta de la habitación. Tuvo que esperar un par de minutos hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación y entonces distinguió a Scarlett tumbada en la cama. Caminó despacio y sin hacer ruido hasta llegar a ella, se agachó y le susurró al oído muy bajito:

—Te amo, mi vida.

Scarlett lo escuchó y tuvo que hacer un esfuerzo para contener las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Oliver supo que Scarlett estaba despierta, su respiración desacompasada la delataba, así que se tumbó en la cama junto a ella, la abrazó pegando su pecho a la espalda de ella, y continuó susurrándole al oído:

—Sé que estás enfadada y lo entiendo, Scott está herido y si a ti te hubiera llegado a pasar algo yo… —Oliver se interrumpió, no quería pensar en eso—. Debí habértelo contado antes, pero la verdad es que, después de tantos meses sin verla ni saber nada de ella, tampoco pensé en ella hasta que me llamó un día antes de marcharme. Jamás imaginé que podías estar en peligro, no te hubiera dejado sola de haberlo sabido.

— ¿No estás enfadado conmigo? —Le preguntó Scarlett con un hilo de voz.

— ¿Cómo voy a estar enfadado contigo? Casi te matan por mi culpa.  

—Fui yo quien disparó a Wendy —le confesó Scarlett.

—No hubieras tenido que hacerlo tú si yo hubiese estado en casa —insistió Oliver estrechándola entre sus brazos—. Hablaremos mañana, ahora debemos descansar un poco.

Scarlett logró conciliar el sueño entre los brazos de Oliver y él estaba tan agotado y relajado ahora que volvía a estar junto a Scarlett que se durmió unos minutos después que ella.

Cita 205.

“Somos nuestra memoria, somos ese museo quimérico de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos.”

Jorge Luis Borges.

La protegida del Capitán 19.

Cuando llegaron a casa del General, él y el Coronel ya estaban en la cocina con un delantal puesto y poniéndolo todo patas arriba. Scarlett y Scott, tras reírse y mofarse de aquella estampa, decidieron echarles una mano para poder cenar.

Scarlett se olvidó de todas las preocupaciones que invadían su cabeza y disfrutó de aquella velada en familia como en los viejos tiempos. Cenaron entre bromas, contando y escuchando viejas anécdotas que les hicieron reír sin parar. Una hora antes de medianoche, el Coronel y el Teniente Wilmore se despidieron y se marcharon a sus respectivas casas. El General Turner aprovechó que estaba a solas con su hija y le preguntó lo que llevaba toda la noche preguntándose:

—Cielo, ¿qué es lo que te ocurre?

—No me ocurre nada, papá.

—Mientes —la acusó su padre—. Llevas unos días muy extraña y pareces distraída, ensimismada en tus propios pensamientos.

—Echo de menos a Oliver, me siento extraña estando en su casa sin él y deseo que regrese a casa —le respondió Scarlett, y no era ninguna mentira pero tampoco toda la verdad.

— ¿Va todo bien con Oliver?

—Sí, todo va bien.

—He hablado con Oliver esta tarde, me ha dicho que ha estado hablando contigo todas las noches pero anoche no pudo localizarte, estaba preocupado y quería saber si estabas bien.

—Me quedé dormida, tenía el teléfono móvil en silencio y no me desperté —se excusó Scarlett.

—Cielo, siempre te apoyaré hagas lo que hagas, lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé, papá —le dijo Scarlett abrazándole—. Todo está bien, no tienes nada de lo que preocuparte.

—Me alegra oír eso.

—Buenas noches, papá —le susurró Scarlett antes de dirigirse a su habitación.

Era casi medianoche y esperaba que Oliver la llamara. Se aseguró de que su teléfono no estuviera en silencio y lo dejó en la mesilla de noche mientras se ponía el pijama y se metía en la cama. Dos minutos más tarde, el teléfono comenzó a sonar y Scarlett respondió de inmediato:

— ¿Sí?

—Scarlett, ¿estás bien?

La voz de Oliver le resultó fría y distante, además denotaba cansancio y su mal humor había aflorado.

—Sí, estoy en casa de mi padre. He venido a cenar y decidí quedarme a dormir para no regresar tan tarde a la granja.

—Entonces, ¿regresarás a casa?

—Sí, a menos que tú no quieras —le contestó Scarlett confusa.

—Pues claro que quiero que regreses a casa, ¿por qué no iba a querer? —Oliver suspiró y, suavizando su tono de voz, añadió—: No quiero discutir, nena. Estaba preocupado, anoche no te localicé y esta tarde me entero que vas a dormir en la base. Sé que hay algo que no me estás contando, pero hablaremos de ello cuando regrese.

— ¿Cuándo regresas?

—Antes de lo que crees, nena. No puedo seguir hablando, pero no olvides que te quiero y que estoy deseando verte.

—Yo también te quiero —le respondió Scarlett con un hilo de voz antes de que la comunicación se cortara.

Scarlett estaba segura de que Oliver era sincero y la quería, incluso podía entender por qué le había ocultado la existencia de Wendy Allen, pero tampoco podía evitar sentirse decepcionada porque Oliver no había confiado en ella. A todo eso, se sumaba una noticia bomba que Scarlett no sabía cómo anunciársela a Oliver y temía su reacción. Ella estaba decidida a seguir adelante con aquel embarazo, con o sin la ayuda de Oliver.

A la mañana siguiente se despertó de buen humor, pese a todas las preocupaciones que le rondaban la cabeza, se dio una rápida ducha, se vistió con la muda de ropa que había preparado el día anterior y bajó las escaleras para dirigirse a la cocina. Allí se encontró a su padre preparando el desayuno y, tras saludarse y darse los buenos días, ambos se sentaron a desayunar.

Después de desayunar, Scarlett se dirigió a su despacho y se concentró en su trabajo. A media mañana, Scott pasó a visitarla y la invitó a comer en la cafetería de la base. Scarlett esperaba encontrar allí a su padre y, cuando no le vio, intuyó lo que estaba pasando.

— ¿Te ha enviado mi padre?

—Está ocupado en el centro de operaciones y, cuando me ha dicho que no podría comer contigo, le he prometido que yo te haría compañía —le explicó Scott—. Tenemos una conversación pendiente, sobre todo si pretendes regresar a casa del Capitán. Wendy Allen sigue siendo una fugitiva, no han dado con ella.

—Oliver es muy estricto con la seguridad, la casa está protegida por uno de los mejores sistemas.

—Y ese sistema no impidió que Wendy Allen metiera un sobre por debajo de la puerta principal. No quiero pensar qué hubiera pasado si en lugar de una foto el sobre hubiera contenido otra cosa.

—Oliver regresará pronto y quiero estar en casa cuando lo haga.

— ¿Has hablado con él?

—Sí, hablamos anoche, pero no le he contado nada. Está bastante preocupado, sabe que le estoy ocultando algo y en cuanto llegue va a querer una respuesta, aunque antes va a tener que responderme varias preguntas.

—No seas muy dura con él, al fin y al cabo, solo ha pecado de ser demasiado bueno.

—Y de mentirme, debería haberme hablado de Wendy, quizás ahora no estaría acechándome por todas partes —protestó Scarlett.

—Te llevaré a casa cuando termines tu turno de trabajo y ya veremos lo que hacemos esta noche —concluyó Scott.

Después de comer con Scott en la cafetería de la base, Scarlett regresó a su despacho y se concentró de nuevo en su trabajo. Scott sabía que Oliver estaba de regreso y llegaría a la base a última hora de la tarde, pero el General había sido tajante al ordenar que nadie le dijera nada a su hija y Scott acató la orden. Oliver quería darle una sorpresa a Scarlett, por eso se había asegurado de que estuviera en casa cuando él regresara. Aunque empezaba a arrepentirse de no haberle dicho nada a Scarlett. La conocía demasiado bien para saber que algo le ocurría y quizás no era el mejor momento para andarse con sorpresas, pero ya era demasiado tarde para cambiar de opinión.

— ¿Te llevo a casa? —Le preguntó Scott asomando la cabeza por la puerta del despacho de Scarlett.

—Tengo mi coche en la base —le recordó ella.

—Lo sé, pero creo que es mejor que yo te acompañe, al menos hasta que localicen y detengan a esa loca que te anda acechando.

—Está bien, nos vamos a casa —se resignó Scarlett.

Scarlett se despidió de su padre y regresó a la granja con Scott. Le invitó a entrar en casa, se dirigió a la cocina y sirvió un par de copas de vino. Hasta que recordó que no podía beber alcohol y cambió su copa de vino por una cerveza sin alcohol que sirvió en un vaso para que Scott no se diera cuenta.

— ¿No te has servido vino?

—Me apetecía cerveza —mintió Scarlett encogiéndose de hombros.

Ambos se sentaron en los taburetes junto a la barra de la cocina y, como los dos buenos amigos que eran, hablaron con sinceridad.

— ¿Puedo pedirte un favor?

—Tú dirás —le respondió Scarlett con curiosidad.

—Sé que estás dolida porque Oliver no te ha contado lo de Wendy Allen y te entiendo, a mí también me hubiera molestado teniendo en cuenta su peligrosidad, pero realmente creo que lo único que Oliver pretendía era protegerte, aunque se haya equivocado.

—Creía que ibas a pedirme un favor.

—Es un tema complicado y delicado. Si una chica se intentara suicidar a causa de mi rechazo sería inevitable que me sintiera culpable, aunque no tuviera la culpa de nada. Entiendo que Oliver quiera ayudarla, nadie quiere cargar con la muerte de alguien sobre su espalda.

—Sigues sin pedirme el favor —insistió Scarlett, sin hacer un solo comentario sobre la reflexión de Scott.

—Pequeña, lo que quiero pedirte es que lo medites y, aunque estés enfadada con él, no olvides que solo está haciendo lo correcto.

Scott tenía razón y Scarlett lo sabía, pero eso no significaba que ya no estuviera enfadada con Oliver. Aunque ella también le estaba ocultando algunas cosas, algo de lo que tendrían que hablar cuando él regresara a casa.

Seguían charlando tranquilamente en la cocina cuando una piedra impactó contra una de las ventanas, haciendo estallar el cristal en mil pedazos. Dos segundos más tarde, una de las ventanas del comedor y otra ventana del salón también estallaron. Scott cubrió a Scarlett con su cuerpo y la llevó al pasillo, lejos de las ventanas.

— ¿Qué está pasando? —Preguntó Scarlett aterrorizada.

—Me temo que Wendy Allen se ha cansado de mirar y ha decidido pasar a la acción —le respondió Scott empuñando su pistola—. Quiero que te quedes aquí y que te mantengas lejos de las ventanas, ¿de acuerdo?

—No me dejes sola, Scott —le rogó con un hilo de voz.

—Solo será un minuto.

Scarlett abrió la boca para protestar, pero Scott ya había desaparecido. Se pegó a la pared del pasillo, lejos de las ventanas y también de las puertas, preparada para salir corriendo escaleras arriba si aquella chiflada entraba en casa. Scott regresó un minuto más tarde y anunció:

—Tenemos que subir a la planta de arriba, vamos.

Scott agarró a Scarlett del brazo y tiró de ella escaleras arriba hasta llegar al dormitorio principal. Abrió la puerta del vestidor y, tras comprobar que no tenía ventanas, la hizo entrar y le dijo:

—Scarlett, necesito que te escondas aquí hasta que venga a buscarte. En cuanto me vaya, cierra la puerta con el cerrojo y no abras hasta que regrese, ¿de acuerdo?

—Scott…

—Por una vez en tu vida, haz lo que te pido —la interrumpió—. Echa el cerrojo y no abras hasta que regrese, ¿lo has entendido?

Scarlett asintió y Scott dio media vuelta y se marchó. Tal y como él le había pedido, Scarlett echó el cerrojo y se encerró en el vestidor. Pegó la oreja a la puerta, pero no escuchó nada. Scarlett estaba aterrada, aquella loca podía hacerle daño a ella y a su bebé y no tenía nada con lo que defenderse. Rebuscó en los estantes y los armarios del vestidor en busca de cualquier objeto con el que pudiera defenderse. En uno de los estantes, entre las camisetas de Oliver, encontró un arma, pero no estaba cargada. Siguió rebuscando hasta que encontró la munición, cargó el arma y se sentó junto a la puerta del vestidor esperando que Scott regresara.

Diez minutos más tarde, tras un inquietante silencio, se escuchó un disparo en el interior de la casa. Scarlett se sobresaltó, pero obedeció la orden de Scott y no salió del vestidor. Un minuto después, se oyó una ráfaga de tres disparos y el silencio reinó de nuevo. Scarlett pegó la oreja a la puerta, pero no escuchó nada. Esperó unos minutos y, al ver que Scott no regresaba, decidió ir a buscarlo ahora que tenía un arma en sus manos. Quitó el cerrojo y abrió la puerta del vestidor. Cruzó el dormitorio principal y, tras asomar la cabeza por el pasillo y comprobar que no había nadie, decidió salir. Prestó atención pero no se escuchaba ningún ruido, algo que la sorprendió ya que la familia de Oliver vivía a escasos metros de distancia y era imposible que no hubieran escuchado el sonido de los disparos, aunque agradeció en silencio que no aparecieran por allí. Bajó las escaleras despacio, con mucho cuidado de no hacer ruido ni de tropezar, hasta que llegó al hall. No supo hacia a dónde dirigirse hasta que escuchó un gemido de dolor procedente de la cocina y no tuvo ninguna duda de que se trataba de Scott. Se dirigió hacia allí y vio a Scott con el brazo ensangrentado, tratando de vendárselo pero sin conseguirlo.

— ¡Scott! —Exclamó Scarlett horrorizada, corriendo a su lado para ayudarle a colocar el vendaje sobre la herida.

—No deberías estar aquí, esa tarda va armada —masculló Scott—. Tengo que sacarte de aquí antes de que nos encuentre.

Demasiado tarde. Wendy Allen les observaba desde la puerta mientras les apuntaba con su arma. Scarlett contuvo la respiración y se llevó la mano a la espalda para coger su pistola, pero Wendy sonrió y disparó. Scott se abalanzó sobre Scarlett, interponiéndose en la trayectoria de la bala que impactó sobre su hombro. Scarlett cayó al suelo, pero tuvo tiempo de alcanzar la pistola y disparar tres veces. Tres balas salieron del cañón y las tres alcanzaron su objetivo. Wendy Allen cayó de rodillas al suelo y dos segundos después quedó tumbada boca abajo bañada en su propia sangre y con el arma todavía en su mano.

Scarlett se quedó mirando el cuerpo sin vida de Wendy mientras trataba de no vomitar hasta que escuchó la voz de Scott:

—He avisado a tu padre hace veinte minutos, deben estar a punto de llegar.

Cita 204.

“Creo que el tiempo cicatriza todas las heridas.”

John Lennon.

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