mesenero 2020

La protegida del Capitán 17.

El lunes por la mañana, Scarlett llamó a su ginecólogo y pidió cita para el viernes por la tarde, necesitaba confirmar de forma definitiva que estaba embarazada y necesitaba hacerlo antes de que Oliver regresara de su misión. Ese mismo día, cuando comió con su padre en la cafetería de la base y tras escuchar el escueto informe diario que le daba sobre la cómo iba la misión de Oliver, Scarlett le dijo a su padre:

—Papá, ¿te importa si me tomo libre el viernes por la tarde? Necesito hacer un par de recados y terminar de comprar algunos regalos de navidad.

—Puedes hacer lo que quieras siempre y cuando tengas terminado el informe del perfil sobre el líder de la banda de los barrios bajos.

—Lo tendrás el viernes a mediodía como muy tarde —le aseguró Scarlett.

Continuó con su rutina toda la semana, trabajando durante el día tratando de no pensar en Oliver y esperando su llamada a medianoche. El viernes a mediodía, Scarlett le entregó a su padre el informe con el perfil y, después de comer con él en la cafetería de la base como hacía todos los días desde que Oliver estaba fuera, se despidió y se marchó a casa. Tan solo quería pasar por casa para ducharse antes de ir al ginecólogo y se apresuró en hacerlo para que nadie la viera ni se diera cuenta que había vuelto del trabajo. No pudo evitar sentirse ridícula por andar escondiéndose, pero no tenía opción. Si estaba embarazada, quería que Oliver fuera el primero en saberlo.

Condujo hasta el centro de la ciudad, aparcó en el parking de la clínica y se dirigió a la recepción de la primera planta para anunciar su llegada. La recepcionista, con su eterna sonrisa y su habitual amabilidad, la hizo pasar a la sala de espera y, diez minutos más tarde, la hizo pasar a la consulta del doctor Robson.

—Buenas tardes, señorita Sanders —la saludó el doctor, que siempre la trataba de usted pese a que se conocían desde hacía más de diez años, señalándole uno de los sillones para que tomara asiento.

—Buenas tardes, doctor Robson —le devolvió el saludo Scarlett mientras se sentaba en el sillón.

—Cuéntame, ¿qué te trae por aquí? —Le preguntó mientras echaba un vistazo a su expediente en el ordenador—. No tienes que realizarte la siguiente revisión hasta dentro de seis meses, así que no vienes por eso. ¿Qué ocurre?

—Estoy embarazada —le soltó Scarlett sin andarse por las ramas—. O eso creo.

— ¿Eso crees? Pues será mejor que primero nos aseguremos. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste con la menstruación?

—El día uno de noviembre.

— ¿Te has hecho un test de embarazo de la farmacia?

—Sí, ha dado positivo.

—Bueno, eso confirma que estás embarazada —opinó el doctor—. Te haremos una analítica de sangre y una ecografía para corroborarlo.

El doctor le tomó una muestra de sangre y después la exploró con el ecógrafo. Tras pasar la sonda de un lado a otro de su abdomen, finalmente se detuvo en el centro y anunció capturando la imagen:

—Aquí tenemos a tu bebé.

El doctor señaló una pequeña bolita blanca en la pantalla y Scarlett se la quedó mirando casi hipnotizada. Era la primera vez que veía a su bebé, como había dicho el doctor. De repente, un estrepitoso ruido como de caballos galopando le hizo dar un respingo y preguntó asustada:

— ¿Qué es eso?

—Son los latidos del corazón de tu bebé —le respondió el doctor con ternura—. Todo parece estar bien, te llamaré cuando tenga los resultados de la analítica y te daré cita para dentro de un par de semanas. Repetiremos la analítica y le haremos una nueva foto a tu bebé. 

El doctor le entregó tres ecografías con las primeras fotos de su bebé, Scarlett se emocionó y no pudo evitar soltar un par de lágrimas.

—Lo siento, últimamente estoy un poco susceptible —se disculpó, avergonzada.

—Es normal, tu cuerpo está revolucionado por las hormonas y estás más sensible de lo normal, cuando las hormonas se estabilicen estarás mejor.

Scarlett no pudo más que resignarse a sufrir los altibajos que le causaban las hormonas, que la habían vuelto extremadamente sensible. Tras guardar en su bolso el informe y las ecografías que el doctor Robson le había entregado, Scarlett se despidió del doctor y salió de la consulta. Iba distraída pensando en todo lo que el doctor le había dicho mientras recorría los pocos metros que la separaban de su coche cuando una mujer joven se dirigió a ella:

—Perdona, ¿tienes hora?

Scarlett miró su reloj de pulsera y le respondió:

—Son las cinco y cuarto de la tarde.

—Tengo cita en la consulta de la doctora y estoy un poco nerviosa, ¿tú también estás embarazada?

Tuvo que pensar su respuesta. Era la primera vez que le hacían esa pregunta y, pese a que ya estaba asimilando la noticia, prefirió mentir porque, además de ser una absoluta desconocida, hubo algo en ella que no le gustaba.

—No, solo he venido por una visita rutinaria. Disculpa, pero tengo prisa —añadió antes de dar media vuelta y seguir por su camino.

Se montó en su coche y regresó a casa. Se dirigió directamente a la cocina y, tras servirse un vaso de agua, sacó las tres ecografías del bolso y se sentó en uno de los taburetes, sonriendo al observar las primeras fotos de su bebé. Seguía estando nerviosa por la reacción de Oliver cuando le diera la noticia, pero la emoción que sentía al saber que un pedacito de Oliver y de ella crecía en su vientre le daba la fuerza necesaria para afrontar cualquier cosa. Amaba a ese bebé más que a su propia vida y estaba dispuesta a todo por él, aunque tuviera que hacerlo sin la ayuda de Oliver.

Como todas las noches desde que Oliver no estaba, Scarlett cenó en casa de la familia Parker. La abuela Sylvia estuvo pendiente de ella en todo momento y de vez en cuando la miraba y le sonreía con complicidad. Scarlett incluso llegó a sospechar que la abuela Sylvia había adivinado que estaba embarazada y, si así era, agradeció que no se lo mencionara.

Después de cenar, Scarlett regresó a casa y esperó la llamada de Oliver, que llegó pocos minutos antes de la medianoche.

—Hola nena, ¿qué tal estás hoy?

—Estoy feliz de escuchar tu voz, aunque reconozco que estaría mejor si tú estuvieras aquí. La espera se me está haciendo eterna.

—Te noto impaciente, ¿tienes ganas de jugar? —Le preguntó Oliver con tono burlón.

—Sabes que sí.

—Cariño, si todo sale bien, estaré ahí contigo en tres o cuatro días y te prometo que no me voy a separar de ti ni un solo segundo hasta después de navidad.

—Recuerda lo que acabas de prometer —le dijo Scarlett pensando que le venía muy bien aquella promesa teniendo en cuenta la noticia que le daría a su regreso.

—Y tú no olvides que te quiero.

—Yo te quiero más.

—Mm… ¿A qué se debe ese tan buen humor? —Quiso saber Oliver, sintiendo curiosidad por su repentino cambio en comparación a los últimos días.

—Acabas de decirme que estarás conmigo en tres o cuatro días, ¿te parece motivo suficiente para estar contenta?

—Estoy deseando estrecharte entre mis brazos, estar lejos de ti es una tortura —le susurró Oliver antes de añadir—: Cariño, tengo que colgar, pero mañana te llamaré de nuevo. Sueña conmigo, en nada estaré contigo.

—Buenas noches, cariño —se despidió Scarlett antes de colgar.

Apenas logró dormir un par de horas en toda la noche, estaba demasiado emocionada por los acontecimientos del día, no podía dejar de mirar las ecografías y ansiaba poder enseñárselas a Oliver.

Se despertó pasado el mediodía, cuando la abuela Sylvia, preocupada por no haberla visto desde la noche anterior, llamó al timbre. Scarlett bajó las escaleras con el pijama puesto y abrió la puerta.

—Cielo, ¿estás bien? Me he preocupado al no verte en toda la mañana, ¿estás enferma? —Le preguntó la abuela Sylvia.

—Anoche me costó dormirme y esta mañana me ha pasado factura —le respondió Scarlett echándose a un lado para invitarla a entrar y le ofreció—: ¿Te apetece un café?

— ¿Qué te parece si yo preparo el café mientras tú te vistes?

—Me parece perfecto, gracias abuela Sylvia.

Scarlett subió las escaleras, se dio una rápida ducha y se vistió antes de regresar a la cocina donde la abuela Sylvia la esperaba sirviendo el café.

—Siéntate y desayuna, aunque no sé si tanto café es saludable para ti —le dijo abuela Sylvia.

A Scarlett le sorprendieron las palabras de la abuela Sylvia, la había visto tomar café varias veces al día y jamás le había dicho nada, hasta ese día.

—Es mi primer café de la mañana, aunque me lo vaya a tomar a mediodía —se excusó Scarlett.

—Haz feliz a esta vieja y no te tomes más de un café al día.

—Haré lo que me pidas si te hace feliz —le respondió Scarlett con naturalidad.

Después de tomarse el café, Scarlett y la abuela se dirigieron a la casa de los padres de Oliver. Cynthia y Claire estaban con los niños, decorando el árbol de navidad. Joe estaba en el establo con Daniel e Izan, pero Cynthia les informó que regresarían en un par de horas para comer todos juntos. Scarlett no pudo resistirse a unirse a ellos cuando se lo pidieron, disfrutando como una niña más de los preparativos de los días previos al día navidad.

—Espero que Oliver regrese antes de navidad —comentó Cynthia con tristeza.

—Espero que así sea, ya han pasado dos semanas —apuntó Scarlett.

—No es fácil ser la esposa de un hombre que sirve a su país, pero el amor hace que todo pueda ser posible —opinó la abuela Sylvia.

—Mira el lado positivo —le aconsejó Claire con una sonrisa traviesa en los labios—, después de más de dos semanas separados el uno del otro, le daréis un buen homenaje al cuerpo.

— ¡Claire! —La regañó Cynthia.

—Probablemente se pasen un par de días sin salir de casa —añadió la abuela Sylvia siguiendo la broma de su hija.

—Abuela Sylvia, ¿tú también? —La reprendió Cynthia—. ¿Qué va a pensar Scarlett de nosotras?

—Pensará que nos gusta el sexo, como al resto de los seres vivos del planeta —le respondió Claire quitándole dramatismo al asunto.

Scarlett no pudo más que reírse con aquella conversación y lejos de sentirse incómoda o avergonzada, estaba relajada y a gusto con la familia de Oliver.

—Scarlett, tengo que ir a hacer unos recados a la ciudad esta tarde, ¿te apetece acompañarme? —Le propuso Claire.

—Sí, yo también tengo que hacer algunos recados —le respondió pensando en los regalos que aún le faltaban por comprar.

Después de comer, Claire y Scarlett fueron a la ciudad y pasaron la tarde recorriendo las tiendas del centro para comprar los regalos que les faltaban para navidad. Scarlett le compró a Oliver un reloj de pulsera como el que a él le gustaba. Se las ingenió para comprar a escondidas el regalo de Claire: un precioso vestido de noche para fin de año que Claire no se había dado el gusto de comprar porque era demasiado dinero para gastarse en un vestido solo para ella. Y también se compró un vestido negro con escote de palabra de honor sobre el cual se ceñía una tela de encaje que se extendía hasta sus manos en forma de manga francesa. El vestido se ceñía a su cuerpo hasta llegar a la altura de las rodillas, donde se expandía con una cola de sirena también cubierta de la misma tela de encaje.

Mientras se disponía a pagar los vestidos que había comprado, Scarlett miró hacia a la calle a través de los cristales del escaparate y le pareció ver a la misma mujer con la que se había cruzado la tarde anterior al salir de la clínica del doctor Robson.

—Aquí tiene, señorita —le dijo la dependienta entregándole las bolsas con los vestidos que había comprado.

—Gracias y feliz navidad —se despidió Scarlett de la amable dependienta antes de salir de la tienda con Claire.

En cuanto puso un pie en la calle, Scarlett miró a un lado y a otro en busca de aquella extraña mujer de aspecto enfermizo, pero no había ni rastro de ella. Claire le propuso parar en una cafetería a tomar un café y Scarlett se olvidó de aquella extraña mujer. Claire le confesó su intención de volver a ser madre y Scarlett sonrió al pensar que su bebé tendría un primito o una primita de la misma edad con quien podría jugar.

—Compaginar el trabajo, los niños, la casa y un marido no es fácil, pero merece la pena —le aseguró Claire—. Mi familia es mi prioridad y no la cambiaría por nada, salvo para ampliarla con un nuevo miembro —añadió guiñándole un ojo con complicidad—. Oliver va a ser un buen padre, los niños le adoran, tiene una paciencia inhumana y un don especial para que le obedezcan.

—No es lo mismo cuidar un rato de tus sobrinos que cuidar a tus propios hijos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana —comentó Scarlett.

—Oliver siempre se queda con los niños cuando Izan y yo nos tomamos un par de días para nosotros, hay que mantener viva la llama de la pasión.

Claire le contó docenas de anécdotas de Oliver y sus hijos mientras Scarlett la escuchaba prestándole toda su atención y sonriendo al imaginar las escenas que Claire le iba narrando. Cuando ambas regresaron a la granja, ya había oscurecido y todos las esperaban para sentarse a cenar.

La protegida del Capitán 16.

El domingo Scarlett se levantó temprano y salió a correr por los alrededores de la granja, el deporte siempre le había ido bien cuando estaba nerviosa o estresada. Al pasar junto a los establos, se encontró a Daniel que también salía a correr.

—Cuñada, ¿te parece bien si te acompaño? —Le preguntó Daniel con su eterno buen humor.

Scarlett aceptó encantada, cuanto más tiempo estuviera acompañada, menos tiempo tendría para darle vueltas a la cabeza. Scarlett se llevaba muy bien con Daniel, tan bien que a veces Oliver incluso se molestaba por la complicidad que existía entre su hermano y ella. Sin embargo, aquella complicidad no era más que una muestra de lo parecidos que eran, un sano cariño que sentía el uno por el otro como el de dos hermanos o dos buenos amigos.

Corrieron bordeando la orilla del río durante poco más de una hora y, cuando regresaban y pasaron delante de la casa de Daniel, él le dijo:

—Te invito a desayunar.

Scarlett adivinó que aquella invitación era obra de Oliver, que se había asegurado de que su familia no dejara que se sintiera sola ni un minuto, pero agradeció que Oliver hubiera tenido ese detalle y que Daniel se hubiera dejado convencer por su hermano. Daniel se encargó de preparar un rico y saludable desayuno con la ayuda de Scarlett, que se empeñó en echarle una mano pese a sus nefastas dotes culinarias. Desayunaron entre bromas y risas, visitaron el establo y le dieron de comer a los caballos. Daniel le ofreció dar un paseo a caballo y enseñarla a montar, pero ella rechazó la oferta con amabilidad alegando que era muy parte, aunque la única razón era que sospechaba que podía estar embarazada.

—Oliver me ha pedido que te mantenga distraída y a salvo, te aseguro que no tengo ninguna intención de llevarle la contraria —se justificó Daniel—. Dime, ¿qué te gustaría hacer?

—Me gustaría poder ir al centro de operaciones y saber cómo va la misión de Oliver, pero mi padre me ha prohibido aparecer por la base hasta el lunes.

—Me temo que en eso no te puedo ayudar, pero estoy seguro que pasar el domingo con tu familia política te distraerá.

Y Daniel tenía razón. Comió en casa de los Parker con toda la familia, excepto con Oliver, y pasaron la tarde charlando en el salón. Jake y Noah estaban encantados con su nueva tía y ya la consideraban una más de la familia. La abuela Sylvia aprovechaba cada ocasión para comentar que Scarlett y Oliver hacían una pareja perfecta. Los padres de Oliver también se mostraban encantados de tener a su nuera tan cerca y de que se llevara tan bien con toda la familia. Cynthia y su marido Izan tenían más tiempo para ellos desde que Scarlett había aparecido en sus vidas, pues los niños la adoraban y se los llevaba de vez en cuando para darles el espacio y la intimidad que tanto necesitaban. En resumen, todo iba como la seda con su familia, pero Scarlett necesitaba averiguar quién era esa tal Wendy. Y esa no era su única preocupación, la ausencia de su menstruación y la sospecha de un posible embarazo la tenían atemorizada. No solo le preocupaba la reacción de Oliver, también la suya propia. No estaba segura de ser capaz de cuidar de un bebé las veinticuatro horas del día, ni siquiera había cambiado un pañal en su vida. Trató de convencerse de que la ausencia de su menstruación no era más que unos días de retraso causados probablemente por la tensión acumulada y decidió esperar unos días más. Si el viernes seguía igual, iría a una farmacia al salir del trabajo y compraría un test de embarazo para salir de dudas.

Cynthia insistió en que todos se quedaran a cenar, le encantaba tener la casa llena de gente, sobre todo si se trataba de su familia. Scarlett cenó con ellos, pero después regresó a casa y esperó la llamada de Oliver. No tuvo que esperar mucho, Oliver la llamó por teléfono justo cuando salía del cuarto de baño y se disponía a meterse en la cama.

—Hola cariño, ¿qué tal ha ido el día? —Le saludó Oliver en cuanto ella descolgó.

—Por aquí todo está igual, he pasado el día con tu familia. Y tú, ¿cómo estás? ¿Cómo va la misión?

—No hemos avanzado mucho desde que llegamos, pero no perdemos el ánimo, todos queremos regresar a casa cuanto antes.

— ¿Me echas de menos?

—Te echo muchísimo de menos, nena —le aseguró Oliver—. Quiero acabar con esta misión cuanto antes para regresar a tu lado, no lo dudes ni un segundo.

—Yo también te echo de menos, me cuesta dormir sin sentir tus brazos rodeándome.

—No sigas por ahí, por favor —le rogó Oliver con la voz ronca.

—Te advertí de que me estabas malacostumbrando, ahora estoy sola en una cama enorme y sin nadie con quien compartirla…

—Nena… —la interrumpió Oliver y añadió casi suplicando—: Se me ha puesto dura solo de escuchar tu voz, no me tortures de esa manera.

— ¿Desde dónde me llamas? ¿Es una línea segura?

—Sí, pero sé lo que estás pensando y no. Puede que nadie esté escuchando en este momento, pero también es posible que alguien decida ponerse a escuchar si la llamada es larga.

—Seré buena, pero solo porque torturarte a ti es torturarme a mí misma —refunfuñó Scarlett.

—Te lo compensaré cuando regrese a casa, nena —le prometió Oliver y añadió para despedirse—: Tengo que colgar, pero te llamaré de nuevo mañana por la noche. No olvides que te quiero, cariño.

—Tú tampoco olvides que yo también te quiero —se despidió Scarlett antes de colgar.

Al día siguiente, Scarlett fue a trabajar como todos los lunes, salvo que esta vez el trayecto en coche hacia la base lo hacía sola, sin la compañía de Oliver. Lo primero que hizo nada más llegar fue dirigirse al centro de operaciones para averiguar cualquier cosa sobre Oliver y su equipo, pero su padre la detuvo justo cuando cruzaba la puerta.

—Cielo, no deberías estar aquí —le recordó el General Turner.

—Solo quiero saber que todo va bien y que Oliver y su equipo están bien.

—Todos están bien, jamás te mentiría y te prometo que serás la primera en enterarte cuando haya novedades.

Scarlett sabía que era mejor mantenerse al margen para no desconcentrar a Oliver ni al resto del equipo, pero todo se veía distinto desde su posición. Ante la firme negativa de su padre, decidió dirigirse a su puesto y se entretuvo con su trabajo. A la hora de comer, el General pasó a buscarla por su despacho y la invitó a comer en la cafetería de la base. El General calmó a su hija contándole pequeñas pinceladas sobre la misión de Oliver y le aseguró que estaría de vuelta antes de navidad.

Durante los días siguientes, Scarlett mantuvo la misma rutina. Se levantaba temprano para ir a trabajar, comía con su padre en la cafetería de la base, cenaba en casa de los padres de Oliver con toda su familia y esperaba su llamada a medianoche para escuchar cómo le decía que la quería y la echaba de menos.

El viernes por la tarde, Scarlett no se dirigió a casa nada más salir del trabajo. Seguía sin tener la menstruación, así que decidió pasar por una farmacia y parar a comprar un test de embarazo. Era la primera vez que se veía en aquella situación, pero no tuvo ningún pudor a la hora de pedirle a la farmacéutica lo que deseaba cuando se lo preguntó:

—Tengo un retraso de una semana y quiero hacerme un test de embarazo.

— ¿Quiere uno sencillo o uno digital?

— ¿Qué diferencia hay?

La farmacéutica cogió un par de cajas con dos modelos distintos de test de embarazo y le respondió:

—Este es más básico y sencillo. Haces pipí sobre el colector absorbente, esperas un par de minutos y en la línea de control aparecerá una raya si no estás embarazada y dos rayas si lo estás —le explicó mostrándole la foto del dispositivo que aparecía en la caja antes de proseguir con su explicación—. Y este otro es digital, funciona exactamente igual que el otro, pero el resultado lo puedes leer en esta pequeña pantalla.

— ¿Cuál es más fiable?

—Ambos son fiables, el margen de error es del 0,01%. Pero es recomendable hacer el test con la primera orina de la mañana, es la más fiable.

—Y, con una semana de retraso, ¿puedo hacer el test?

—Puede hacerse el test desde el primer día de retraso. En su caso, el resultado será más que fiable —le respondió la farmacéutica con una amable sonrisa.

—De acuerdo, pues deme un test de embarazo digital y saldré de dudas.

—Ya verá que es muy fácil de usar y de leer el resultado —le aseguró mientras le cobraba.

Scarlett guardó la compra en el bolso y se dirigió a la granja para cenar con la familia de Oliver como todas las noches. Después de cenar, regresó a casa y esperó la llamada de Oliver.

No pegó ojo en toda la noche, jamás había estado tan nerviosa, ni siquiera cuando sabía que Damian Wilson y sus hombres la buscaban para acabar con ella. Ser madre era una gran responsabilidad y Scarlett no estaba segura de estar preparada para ello. Se levantó al amanecer, buscó el test de embarazo en su bolso y, armándose de valor, entró en el cuarto de baño.

La farmacéutica tenía razón, el test de embarazo era fácil de usar y ahora solo tenía que esperar un par de minutos hasta que apareciera el resultado. Fueron los dos minutos más largos de su vida, pero al fin pudo leer el resultado: Embarazada +3.

Scarlett descubrió que estaba embarazada de más de tres semanas. Tenía que pedir cita con el ginecólogo, necesitaba escuchar el diagnóstico de la boca de un doctor para confirmar lo que ya sabía pero no podía asimilar. El cúmulo de emociones y los nervios ante aquella situación la desbordaron y acabó vomitando. Cuando logró calmarse, se lavó los dientes, se dio un largo y relajante baño de sales aromáticas y más tarde bajó a la cocina a desayunar.

Estaba terminándose de tomar el café cuando sonó el timbre y se levantó para recibir a cualquier miembro de la familia Parker. Abrió la puerta y se encontró con la amplia sonrisa de Claire, la hermana de Oliver.

—Buenos días —la saludó Scarlett, la invitó a entrar y le ofreció un café que Claire aceptó de buena gana—. ¿Puedo ayudarte en algo o solo has venido para comprobar que estoy bien, siguiendo las órdenes de Oliver?

—Ambas cosas —reconoció Claire con una sonrisa traviesa—. Tengo que ir a la ciudad a comprar algunas cosas y he pensado que quizás querrías acompañarme. Ya sabes, un día de chicas. Comprar ropa, comer en un buen restaurante y, si mis hijos nos lo permiten, tomarnos una copa de vino cuando regresemos.

—Suena genial —se apuntó Scarlett.

Claire y Scarlett se terminaron su café y pusieron rumbo a la ciudad. Ambas se habían hecho grandes amigas desde que se conocieron meses atrás. Compraron lencería para sorprender a sus respectivas parejas con una noche romántica, compraron también algunos regalos de navidad para la familia y disfrutaron de un buen menú en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Llegaron a la granja a media tarde y se dirigieron a casa de Oliver para envolver y guardar los regalos de navidad de los niños. Claire no quiso desaprovechar aquella calma que reinaba en la casa, lejos del ruidoso caos de la suya, y le dijo a Scarlett:

—Voy a abrir una botella de vino, ¿te sirvo una copa?

—Eh… Solo una, el vino no me sienta bien —mintió Scarlett.

Claire la escudriñó con la mirada, la había visto beber vino muchas veces y jamás la había escuchado decir que le sentaba mal, pero tampoco le dio importancia. Abrió la botella y sirvió un par de copas de vino. Cuando un par de horas más tarde Izan fue en busca de su esposa, Scarlett apenas había bebido de su copa y Claire se había bebido unas cuantas, hasta que casi acabó con la botella ella sola.   

—Parece que os lo estáis pasando muy bien por aquí —bromeó Izan señalando la botella de vino casi vacía—. Lamento interrumpir vuestro estupendo día de chicas, pero la cena ya está lista, Cynthia me ha enviado a buscaros.

Alegre por las copas de más, Claire se dirigió a cenar a casa de sus padres con su marido y con Scarlett. Cynthia se percató de lo cariñosa que estaba su hija con su marido, invitó a sus nietos a pasar la noche allí y ambos niños aceptaron sin pensárselo.

—Mami, ¿tú también te quedas a dormir con la abuela? —Le preguntó Noah.

—No, cariño. La mami se queda en casa con el papi, a ver si lo convenzo para traer un hermanito o una hermanita a casa —le respondió Claire a su hija, haciendo reír a todos los presentes.

Aquellas palabras también hicieron sonreír a Scarlett, asimilando por primera vez que llevaba un pequeño ser en su vientre y sintiéndose feliz por ello. Después de cenar en casa de los Parker, Scarlett se excusó alegando que estaba cansada para marcharse a casa.

Deseaba escuchar la voz de Oliver, había pasado una semana desde que Oliver fue requerido para una misión y le echaba de menos. No habían pasado ni una sola noche separados desde que Scarlett llegó a la granja y, aunque seguía temerosa de su reacción cuando le dijera que estaba embarazada, deseaba que Oliver regresara a casa, que la abrazara y le susurrara que todo iría bien.

No tuvo que esperar mucho, Oliver la llamó antes de la medianoche y la saludó nada más descolgar:

—Hola cariño, ¿cómo estás?

—Ahora bien —le respondió Scarlett—. Estaba esperando tu llamada, necesitaba escuchar tu voz.

— ¿Va todo bien?

—Sí, todo está como siempre. Mi padre no deja que me acerque por el centro de operaciones de la base y tu familia sigue distrayéndome y haciéndome compañía para que no me acuerde tanto de ti y me sienta sola.

—Scarlett, no hay nada que desee más que estar contigo, ¿lo sabes, verdad?

— ¿Por qué me dices eso?

—Hace días que te noto distante, desde antes de marcharme —insistió Oliver, pues no era la primera vez que se lo mencionaba—. No sé qué es lo que ocurre, pero no quiero que dudes ni un segundo de lo que siento por ti y, cuando regrese, hablaremos de lo que sea que te mantiene tan lejos de mí.

—Lo único que me mantiene lejos de ti es la distancia —le respondió Scarlett con una verdad a medias—. ¿Habéis avanzado algo en la misión?

—No mucho, pero calculo que en una semana podremos estar de vuelta.

—Una semana más —murmuró Scarlett con resignación.

—Si todo va bien, estaré contigo un par de días antes de navidad —trató de animarla—. Ahora ve a la cama, cierra los ojos y sueña conmigo. Buenas noches, cariño.

—Buenas noches —se despidió Scarlett antes de colgar. 

La protegida del Capitán 15.

Después de aquella cena con el General plagada de noticias y revelaciones, Oliver y Scarlett aprovecharon los pocos días libres que les quedaban para ir al apartamento de ella y empaquetar todas las pertenencias de Scarlett para llevarlas a casa de Oliver, su nuevo hogar.

Tras unos días organizándose y asentándose en su nueva vida, Oliver retomó su trabajo en la base el mismo día que Scarlett comenzaba allí su trabajo como analista. Él estaba encantado, así podía pasar más tiempo con Scarlett; y ella, aunque estaba un poco nerviosa, se sentía feliz de vivir aquella nueva etapa junto a Oliver.

—Nena, te voy a echar de menos —le susurró Oliver antes de bajar del coche para entrar en la base.

—Va a ser raro, estoy acostumbrada a estar las veinticuatro horas del día contigo y me va a resultar extraño mirar alrededor y no verte.

—Iré a verte a media mañana para ver cómo te va y regresaré a mediodía para comer contigo, pero no será suficiente para no echarte de menos —le dijo Oliver depositando varios besos sobre su cuello.

—Esta noche recuperaremos el tiempo perdido —le susurró Scarlett.

Y así fue cómo sucedió el primer día y todos los que le siguieron. A Scarlett le gustaba su trabajo, se llevaba bien con sus compañeros y podía estar con Oliver durante el almuerzo. Oliver estaba feliz de poder compartir su rutina con Scarlett y, pese a que tenía que soportar las mofas de sus compañeros por cada gesto cariñoso que le hacía a Scarlett, estaba encantado con su nuevo papel de hombre enamorado. Al General Turner se le veía dichoso y satisfecho de que todo siguiera yendo tan bien entre su hija y el Capitán y, sobre todo, de que ella hubiera decidido trabajar en la base.

A pocos días de navidad, Scarlett se despertó y Oliver no estaba en la cama. Se levantó y bajó a la cocina, preocupada por si le pasaba algo, pero se detuvo a mitad de las escaleras al escuchar su voz procedente del salón:

—He estado liado con el trabajo, pero mañana iré a verte.

Scarlett no escuchó a nadie más, así que dedujo que Oliver estaba hablando por teléfono. Siguió escuchando a hurtadillas y hubo algo que dijo Oliver que le llamó la atención:

—Te prometo que mañana nos veremos. Buenas noches, Wendy.

Unos pasos alertaron a Scarlett, que estaba en shock al escuchar aquellas palabras de Oliver, y subió rápida y sigilosamente las escaleras. Regresó al dormitorio, se metió de nuevo en la cama y esperó a que Oliver se uniera a ella. Un minuto más tarde, Oliver se metió en la cama junto a Scarlett y ella le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Sí, solo he bajado a por un vaso de agua —le respondió Oliver dándole un beso en la frente y envolviéndola con sus brazos—. Vuelve a dormirte, cariño.

Scarlett no hizo más preguntas, pero no se quedó satisfecha con aquella respuesta. Todas las alarmas de su cuerpo habían saltado al escuchar el nombre de Wendy. Quería saber quién era, por qué hablaba por teléfono con Oliver a altas horas de la madrugada y por qué Oliver le había prometido que mañana se verían. Se estaba empezando a imaginar el peor de los escenarios cuando decidió parar y olvidarse del tema, por el momento. Confiaba en Oliver y quería darle el beneficio de la duda.

A la mañana siguiente, cuando Scarlett se despertó, Oliver no estaba en la cama. Sintió pánico al pensar que se hubiera ido con esa tal Wendy y bajó las escaleras para confirmar si Oliver seguía en casa.

— ¿A dónde vas con tanta prisa? —Le preguntó Oliver cuando se tropezó con ella en mitad del pasillo.

—Estás aquí —murmuró Scarlett confusa.

— ¿Y dónde quieres que esté? —Oliver la escrutó con la mirada y añadió—: Cariño, ¿estás bien?

—Sí.

—Vamos a la cocina, he preparado el desayuno —le dijo Oliver tras darle un leve beso en los labios.

Era sábado y no tenían que ir a la base a trabajar. Oliver notaba a Scarlett un poco extraña y quiso intentar animarla invitándola a comer un buen restaurante. Sin embargo, no causó el efecto esperado. En lugar de animarse, a Scarlett volvieron a invadirle pensamientos negativos y no podía quitarse el nombre de Wendy de la cabeza.

—Nena, ¿va todo bien?

— ¿Hay alguna razón para que no vaya bien? —Le replicó Scarlett sin poder ocultar su tono hostil.

—Estás distraída, distante y gruñona —señaló Oliver.

—Lo siento, no he dormido mucho esta noche —se disculpó Scarlett, convenciéndose a sí misma de que no había motivos para preocuparse.

A Oliver no le convenció aquella respuesta, pero decidió darle tiempo y espacio para que Scarlett le contara lo que se le pasaba por la cabeza cuando estuviera preparada.

Oliver y Scarlett estaban terminando de comerse el postre cuando el teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar, haciendo saltar todas las alarmas de Scarlett.

—Es tu padre —la informó Oliver antes de descolgar y decirle a su interlocutor—: Imagino que no es una llamada de cortesía.

—Imaginas bien —le confirmó el General—. Tenemos una misión urgente y te necesito aquí, ¿estás en casa?

—Estoy en la ciudad con Scarlett, hemos salido a comer fuera.

—Deja a Scarlett en casa y ven a la base —le ordenó el General y añadió antes de colgar—, el resto del equipo ya está en camino.  

Oliver le dio la noticia a Scarlett, quien no se lo tomó nada bien pero se esforzó en ocultarlo. Tras pagar la cuenta del restaurante, regresaron a casa. Oliver entró en casa para coger su mochila de viaje y, al ver la angustia en los ojos de Scarlett, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Te llamaré todas las noches y regresaré antes de que te des cuenta.

—Te voy a echar de menos —confesó Scarlett.

—Y yo a ti, cariño. No olvides que te quiero —le dijo sin dejar de abrazarla—. Tengo que marcharme ya para la base, pero te llamaré todas las noches para decirte que te quiero.

Scarlett se quedó en el porche viendo cómo Oliver se marchaba en su coche a la base para llevar a cabo una misión y, cuando ya no lo tuvo a la vista, entró en casa. Su ánimo estaba por los suelos. Averiguar que Oliver hablaba por teléfono con una tal Wendy a altas horas de la madrugada la habían dejado en shock y que Oliver tuviera una misión que le mantendría lejos de casa durante varios días tampoco ayudaba a que se sintiera mejor. Ya no solo se preocupaba de que Oliver pudiera tener una amante, sino que también se temía que resultara herido durante la misión.

Se pasó toda la tarde dándole vueltas a la cabeza, hasta que el sonido del timbre interrumpió sus pensamientos y se levantó a abrir la puerta. Sonrió al encontrarse a la abuela Sylvia con un par de tuppers en las manos.

—Me he enterado que Oliver se ha tenido que marchar a una misión y he pensado que quizás te apetecería cenar con la compañía de esta vieja —le dijo la abuela Sylvia con su habitual tono dulce de voz.

—Por supuesto que me apetece tu compañía, abuela Sylvia —le aseguró Scarlett invitándola a entrar en casa.

Scarlett y la abuela Sylvia se dirigieron a la cocina y, tras servir los platos en la mesa, ambas se sentaron para disfrutar de la cena con una agradable charla.

—El trabajo de Oliver es peligroso y también le obliga a pasar más tiempo del que nos gustaría fuera de casa —comentó la abuela Sylvia—. Aunque imagino que, siendo tu padre un General, sabrás muy bien de lo que te hablo.

Scarlett supo perfectamente que la abuela Sylvia la estaba tanteando, probablemente para averiguar si sería capaz de aguantar el ritmo de trabajo de Oliver.

—Es la primera noche que paso sin él y, aunque soy consciente de que debería acostumbrarme, me temo que nunca lo haré.

—Oliver debería pensar en tomar un puesto de instructor en la base, se lo ofrecieron hace tiempo y lo rechazó porque dice que necesita acción.

—No sería feliz si dejara su trabajo —opinó Scarlett y le advirtió con tono amable—: Y presionarle para que cambie de puesto de trabajo solo causará el efecto contrario.

—Lo sé, tenemos que dejar que sea él quien tome sus propias decisiones, pero resulta difícil sentarse y no hacer nada cuando ves a tus seres queridos como echan su felicidad por la borda.

—No se debe presionar, pero se pueden dar sabios consejos a un ser querido —le respondió Scarlett guiñándole un ojo con complicidad.

—Eres una muchacha adorable y muy inteligente, me alegra saber que Oliver te ha escogido como compañera de vida y espero que pronto forméis una gran familia. Estoy segura de que vais a ser muy felices.

—Me temo que es un poco pronto para hablar de formar una familia y será mejor que no se lo menciones a Oliver, no vaya a ser que le dé por salir corriendo —bromeó Scarlett.

La abuela Sylvia arrugó el ceño un instante, sorprendida por las palabras de Scarlett. Hubiera puesto la mano en el fuego asegurando que Oliver deseaba tener hijos con Scarlett cuanto antes, pero aquellas palabras la confundieron.

—Sinceramente, creo que a Oliver le haría muy feliz ser padre.

Scarlett se tensó. Ella era un reloj cuando se trataba de la menstruación y llevaba un par de días de retraso, aunque no le había dado importancia hasta aquel momento.

— ¿Crees que a Oliver le gustaría ser padre tan pronto?

—Bueno, él ya va teniendo una edad…

—Pero hace pocos meses que nos conocemos.

—Cielo, habéis pasado los últimos seis meses las veinticuatro horas del día juntos, eso es más tiempo del que pasan muchos matrimonios con hijos.

—Todo ha pasado tan rápido y es tan perfecto que me da miedo que desaparezca igual de rápido que apareció —le confesó Scarlett.

Después de cenar y tras empeñarse en ayudarla a limpiar y recoger la cocina, la abuela Sylvia se marchó y Scarlett se quedó sola en casa. Se dirigió al dormitorio, se duchó y se metió en la cama a leer un libro mientras esperaba la llamada de Oliver.

Estaba a punto de dormirse cuando el teléfono comenzó a sonar y, tras mirar la pantalla y confirmar que era Oliver, descolgó y le saludó:

—Hola.

—Hola cariño, ¿te he despertado?

—No, estaba leyendo. ¿Qué tal ha ido el viaje?

—Ha sido largo, acabamos de llegar al campamento base —le respondió Oliver—. La misión es más complicada de lo que esperábamos y nos llevará más tiempo del que habíamos calculado.

— ¿Cuánto tiempo?

—No lo sé. Una semana, tal vez un mes —contestó desanimado.

—Prométeme que tendrás cuidado, quiero que regreses de una sola pieza, Capitán Parker.

—Cariño, no pienso en otra cosa que en estar contigo. ¿Me esperarás?

— ¿Acaso lo dudas?

—Scarlett, ¿qué es lo que ocurre? Llevas un par de días rara y me mata haberme ido dejando las cosas así.

—No ocurre nada de lo que debas preocuparte. Te quiero y estaré aquí esperando que regreses, ya sea una semana o un año —le aseguró Scarlett para no inquietarle ni desconcentrarle durante su misión por una tontería.

—No sabes cuánto desearía poder estar ahí contigo, abrazarte y acunarte hasta que te quedaras dormida.

—Mm… Hace unas horas que te fuiste y ya te echo de menos —se lamentó Scarlett al no poder tenerle allí con ella.

—Te lo compensaré, nena —susurró Oliver con la voz ronca—. Piensa qué quieres que hagamos cuando regrese, podríamos irnos de viaje unos días.

—La navidad está cerca, no creo que a tu familia y a mi padre les guste la idea de que nos marchemos de viaje en navidad.

—Podemos marcharnos después de navidad —insistió Oliver.

—Ya lo decidiremos cuando regreses —zanjó el asunto Scarlett.

—Tengo que colgar, nena —anunció Oliver, que no podía seguir manteniendo la línea ocupada—. Te llamaré mañana por la noche. Te quiero.

—Yo también te quiero —le susurró Scarlett antes de colgar.

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