Mesdiciembre 2019

La protegida del Capitán 14.

Un día después de llegar a la granja, Oliver le dijo a Scarlett que el General cenaría con ellos esa noche. Pese a que Scarlett no sabía nada, uno de los motivos por los que Oliver la había llevado a la casa franco era porque habían localizado a Damian Wilson y a sus hombres e iban a detenerlos. Oliver no quería que Scarlett se preocupara y, con la aprobación del General, decidió ocultárselo a Scarlett hasta tener la certeza de que la detención se había llevado a cabo con éxito.

Oliver quería contárselo todo a Scarlett antes de que llegara el General, sabía que a ella no le sentaría bien que le hubiera ocultado semejante información y que se avecinaba una discusión.

—Scarlett, tengo que decirte algo —anunció con cautela, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado en el sofá.

—Nunca me llamas por mi nombre, ¿ha pasado algo? —Preguntó ella preocupada.

—Han detenido a Damian Wilson y a sus hombres.

— ¿Cuándo?

—Hace unos días.

— ¡Hace unos días! ¡¿Y me lo dices ahora?!

—Nena…

— ¿Por qué no me lo has dicho antes, Oliver?

—No quería preocuparte. Además, me apetecía mucho pasar unos días contigo en la casa franco y si te lo hubiera dicho no hubieras querido ir —le respondió suavizando su tono de voz y añadiendo una nota de humor para rebajar la tensión.

—Me prometiste que no habrían más secretos.

—Lo sé, pero también he prometido que cuidaré de ti.

—Entonces, ¿ya no soy la protegida del Capitán?

—Nena, siempre serás mi protegida —le aseguró él estrechándola entre sus brazos. Le dio un leve beso en los labios y añadió—: Por cierto, creo que esta noche sería un buen momento para decirle a tu padre que vas a vivir aquí. A menos que te hayas arrepentido.

—No pienses que no me he dado cuenta de lo que has hecho —le acusó Scarlett, deduciendo que le había ofrecido vivir con él porque sabía que su misión había terminado y ya no había motivo para seguir viviendo juntos—. Y no, no me he arrepentido.

—Entonces, ¿se lo vamos a decir a tu padre?

—Algo le tendré que decir cuando vea que me quedo en tu casa en lugar de regresar a la base o a mi apartamento.

—En nuestra casa —la corrigió Oliver—. Esta es nuestra casa, cariño. Quiero que te sientas cómoda aquí, hay varias habitaciones de invitados y podemos convertir una de ellas en un despacho para ti.

—Y hablaremos de eso más adelante, ahora solo quiero disfrutar del verano contigo.

—Nena, llevo dos meses sin ir a trabajar, no me van a dar más vacaciones —le dijo Oliver depositando un dulce beso en su frente—. El verano está a punto de terminar, pero puedo intentar conseguir dos o tres días libres para escaparnos a donde tú quieras.

—Llevas dos meses sin ir a la base, pero has estado trabajando y te deben vacaciones —le corrigió Scarlett, ya se encargaría ella de que así fuera—. Y también vas a aceptar el dinero por los gastos que te he causado mientras hacías de niñera.

—No voy a aceptar ningún dinero, no he cuidado de ti por trabajo, lo he hecho por una cuestión personal —sentenció Oliver—. No quiero discutir sobre esto, Scarlett.

—Hay una alternativa a la discusión —le dijo Scarlett con tono juguetón—. Deja que te lo agradezca con unas vacaciones, solos tú y yo. Yo me encargo de todo.

—Nena, hablaré con el Coronel, pero es difícil que pueda irme de vacaciones.

Esa noche, cuando el General Turner llegó a casa de Oliver, se sorprendió de lo calmada y tranquila que estaba su hija y se temió que Oliver no le hubiera contado nada.

— ¿Se lo has dicho? —Le preguntó a Oliver.

—Sí, ya lo sabe.

— ¿Y no está enfadada?

—Se lo ha tomado bastante bien —le confirmó Oliver.

— ¿Os importaría dejar de hablar como si yo no estuviera delante? —Protestó Scarlett.

Los dos hombres sonrieron y pasaron al comedor. Oliver se empeñó en ser el anfitrión perfecto y no permitió que nadie le ayudara, así también les daba algo de tiempo a padre e hija para que hablaran de sus cosas. El General quería hacerle muchas preguntas a su hija y no desaprovechó la ocasión:

— ¿Qué vas a hacer ahora?

—Ahora voy a cenar contigo y con Oliver.

—Scarlett, ya sabes a qué me refiero.

—Oliver me ha pedido que me quede aquí con él y le he dicho que sí —le respondió sin andarse por las ramas.

— ¿Vas a vivir aquí con él? —Preguntó el General sorprendido.

—Ya sé que hace poco que nos conocemos, pero ambos nos llevamos bien, nos gusta estar juntos y queremos intentarlo.

—Oliver es un buen hombre y me consta que te quiere, pero no se lo pongas muy difícil.

—No va a aceptar el dinero que le ofreciste y quiero compensarle llevándole de vacaciones, pero me ha dicho que lleva dos meses sin ir a trabajar y no puede permitírselo.

—Le dije que le daría dos días de vacaciones por cada día que cuidara de ti, han pasado dos meses desde entonces, así que le debo cuatro meses de vacaciones.

— ¿Eso significa que podemos irnos de vacaciones un par de semanas?

—Sí, si eso es lo que queréis —le confirmó el General—. Además de vivir con Oliver e irte de vacaciones con él, ¿has pensado hacer algo más?

—También he pensado en aceptar el puesto de trabajo que me ofreciste, si todavía sigue estando disponible.

—Por supuesto que sigue estando disponible.

— ¿Podría empezar en septiembre?

—Tómate el tiempo que quieras, vete de vacaciones con Oliver, instálate tranquilamente en su casa y, cuando estés al 100%, empieza tu nuevo trabajo en la base.

Oliver regresó al comedor para servir la cena y se percató del silencio que se había creado a su llegada.

— ¿Interrumpo algo? —Preguntó Oliver.

—Scarlett me estaba contando que va a vivir aquí contigo, que os vais de vacaciones un par de semanas y que acepta el puesto de trabajo como analista en la base —le respondió el General, visiblemente contento.

Oliver miró a Scarlett sin dar crédito a lo que acababa de oír. Habían acordado decirle a su padre que vivirían juntos, pero sospechaba que Scarlett buscaría alguna excusa en el último momento o que le dejaría a él que le diese la noticia. Sin embargo, Scarlett se lo había contado todo a su padre de inmediato y, además, había decidido aceptar la oferta de trabajo en la base.

— ¿Has aceptado? —Quiso confirmar Oliver.

—Sí, pero no olvides las vacaciones.

—Scarlett…

—Me da igual lo que digas, no voy a aceptar un no por respuesta —le advirtió Scarlett.

—Deberías hacerle caso, puede llegar a ser muy testaruda —le aconsejó el General—. Además, te dije que, aunque aceptaras cuidar de Scarlett por un motivo personal, te lo compensaría con días de vacaciones.

—En ese caso, supongo que nos vamos de vacaciones —anunció Oliver dedicándole una tierna sonrisa a Scarlett.

Los tres cenaron mientras charlaban tranquilamente. Una vez más, el General Turner fue testigo de la complicidad que existía entre su hija y el Capitán y se alegró de que Scarlett hubiera encontrado a alguien como Oliver, ambos se compenetraban a la perfección.

Un par de días más tarde, Scarlett se despertó al amanecer y, tras darle un leve beso en los labios a Oliver, le susurró:

— ¿Estás preparado para empezar unas vacaciones apasionadas?

—Nena, ¿no vas a decirme a dónde me llevas?

—No, es una sorpresa.

Scarlett se había empeñado en mantenerle al margen para poder planear las vacaciones y darle una sorpresa, pero aquella situación le inquietaba. Oliver estaba acostumbrado a tenerlo todo bajo control y, conforme pasaban los minutos dejándose llevar por Scarlett en su coche, su mal humor comenzaba a aflorar. Scarlett se percató de ello y, queriendo rebajar un poco la tensión, decidió parar un rato en un área de servicio.

—No quiero obligarte a nada, si no quieres seguir con esto podemos regresar a casa —le dijo un tanto decepcionada.  

—Lo siento, nena —se disculpó él—. Estoy nervioso, no estoy acostumbrado a que otros decidan por mí y mucho menos a desconocer a dónde voy.

—He alquilado una cabaña en la costa, en un lugar con playa privada y rodeado de naturaleza, solo estaremos tú y yo —le susurró Scarlett depositando un reguero de besos por su cuello.

—Mm… Solos tú y yo —le susurró Oliver agarrándola de la cintura para colocarla sobre su regazo—. ¿Nos falta mucho para llegar a la cabaña?

Scarlett calculó que aún les quedaba un par de horas más en coche, miró su reloj de pulsera y, tras meditarlo durante un segundo, le respondió:

—Nos quedan un par de horas, ¿te apetece comer algo y después seguimos con el viaje por carretera?

—Quiero comerte a ti, nena.

—Tendrás que esperar un poco más, pero te prometo que seré tuya en cuanto lleguemos.

Llegaron a la cabaña a media tarde y, después de instalarse, Scarlett se acercó a Oliver, le rodeó el cuello con sus brazos y le dijo con tono sugerente:

—Quiero jugar, cariño.

—Nena, vivo para complacerte —le aseguró Oliver antes de besarla apasionadamente.

En pocos segundos, la ropa de ambos aterrizó sobre el suelo de la cabaña mientras ellos se fundían en una maraña de besos y caricias. Él sabía dónde y cómo tocarla para excitarla sin necesidad de que ella se lo dijera y ella conseguía excitarlo con cada uno de sus gemidos, con su naturalidad y su sensualidad.

—Oliver… —le rogó Scarlett alzando las caderas, pidiéndole que se hundiera en ella.

Él no se hizo de rogar y la complació al instante. Se hundió en ella de una sola estocada al mismo tiempo que acariciaba su hinchado clítoris, haciéndola alcanzar el orgasmo en pocos segundos. Ahogó los gemidos que salían de su garganta besándola apasionadamente y, tras un par de estocadas más, se derramó dentro de ella.

—Te quiero, nena —le susurró al oído con la respiración entrecortada y sin dejar de abrazarla.

—Y yo también —logró balbucear Scarlett.

Durante las dos siguientes semanas, Oliver y Scarlett disfrutaron del sol, de la playa y de la intimidad del lugar sin preocuparse por nada. Dado que la playa era privada, no había nadie más que ellos y se pasaban el día desnudos, provocándose continuamente con cada roce de sus cuerpos y dejándose llevar por el deseo y la pasión sin importarles la hora ni el lugar.

El último día de vacaciones, mientras hacían las maletas, Oliver le preguntó lo que deseaba saber y había evitado preguntar para no presionarla:

— ¿Cuándo traerás tus cosas a casa?

— ¿Mis cosas?

—Entiendo que no quieras deshacerte de tu apartamento por el momento, pero imagino que querrás traer más cosas además de tu ropa.

—Iremos a mi apartamento y decidiremos qué me llevo —propuso Scarlett.

—Me encantará acompañarte y ver tu apartamento, pero eres tú quién debe decidir qué quieres llevarte —opinó Oliver—. En casa hay espacio suficiente y no quiero que eches de menos nada que tengas en el apartamento, no quiero arriesgarme a que cambies de opinión.

— ¿No confías en mí?

—Claro que confío en ti, ¿por qué me lo preguntas?

—Dudas de mi palabra, no me crees cuando te digo que quiero quedarme contigo, vivir en tu casa y, en un futuro, formar una familia.

—No dudo de ti, pero te mentiría si te dijera que no me preocupa que lo nuestro no termine bien —le confesó Oliver—. No quiero perderte.

—Yo tampoco quiero perderte —reconoció Scarlett—. Además, ahora vivimos juntos y no te va a resultar tan fácil deshacerte de mí.

—Jamás se me ocurriría dejarte escapar, nena —le susurró antes de besarla.

Pese al amor que sentía el uno por el otro, les resultaba inevitable pensar en lo rápido que había ido todo entre ellos, aunque ninguno de los dos estuviera dispuesto a tomárselo con calma. Ambos se habían acostumbrado a estar juntos las veinticuatro horas del día y no pensaban renunciar a ello.

La protegida del Capitán 13.

A la mañana siguiente, Oliver y Scarlett desayunaron en casa de Cynthia y Joe para anunciarles que se marchaban unos días de la granja. Oliver, que conocía a su madre y lo teatral que podía llegar a ser, le pidió a Scarlett que le dejara a él darles la noticia. La abuela Sylvia, que conocía muy a su nieto, intuía que Oliver se traía algo entre manos, pero guardó silencio y esperó pacientemente a que Oliver decidiera pronunciarse. Joe también intuía un ambiente extraño y, en un momento dado, se quedó a solas con Scarlett en la cocina y le preguntó:

— ¿Va todo bien con Oliver?

—Todo va fenomenal —le confirmó ella mostrándole una alegre sonrisa.

A Joe le bastó la palabra de Scarlett para despreocuparse, parecía sincera y feliz y su hijo seguía besándola y abrazándola cada vez que la miraba.

Todos terminaron de desayunar y Oliver ya no pudo alargarlo más. Miró a su madre, que sonreía feliz de tenerle en casa; después a su padre, pidiéndole con la mirada que le echara una mano; y, por último, miró a Scarlett para armarse de paciencia con lo que se le venía encima.

—Scarlett y yo nos vamos a marchar de la granja unos días —dejó caer sin allanar el terreno.

— ¿Por qué? ¿Es que no estáis a gusto aquí? ¿Le hemos hecho algo a Scarlett para que os vayáis?

Oliver suspiró, ya se temía la reacción de su madre. Joe acarició la espalda de su esposa para calmarla y le susurró al oído que se calmara y que les dejara hablar.

—Cynthia, créeme si te digo que estoy tan a gusto con vosotros que me mudaría aquí para siempre, pero a Oliver y a mí nos vendrá bien salir de aquí durante unos días —intervino Scarlett con mano izquierda.

—Entonces, ¿solo serán unos días? —Quiso asegurarse Cynthia.

—Sí mamá, solo serán unos días —le confirmó Oliver haciendo un esfuerzo para armarse de paciencia.

Scarlett sonrió divertida ante aquella escena, ganándose una mirada de reproche por parte de Oliver y ella le sacó la lengua a modo de respuesta, provocando las risas de todos los presentes.

—Y, ¿a dónde vais a ir? —Preguntó la abuela Sylvia.

—Iremos a una de las casas seguras del ejército, tendremos de todo y estaremos bien —les informó Oliver—. Regresaremos en unos días y os llamaré de vez en cuando.

Un par de horas más tarde, ambos llegaban a su nuevo destino. La casa era discreta, de una sola planta y oculta en el bosque. Disponía de un potente sistema de seguridad que, además de proteger la casa, también protegía los alrededores. Y contaba con más comodidades de las que necesitaban: una pequeña piscina y un jacuzzi.

— ¿Estarás bien aquí?

—Estaré bien siempre que esté contigo —le respondió Scarlett. Le dio un beso de lo más sensual y añadió—: Quiero darme un baño en la piscina contigo.

—Primero vamos a instalarnos, nos ponemos el bañador y nos damos un chapuzón en la piscina —negoció Oliver.

—Está bien, nos instalaremos primero —le concedió—. Pero después nos bañaremos desnudos en la piscina.

—Nena, tus deseos son órdenes para mí —le susurró Oliver antes de besarla apasionadamente.

Después de instalarse en el dormitorio, Scarlett se desnudó por completo y se puso un vestido playero sin bikini ni ropa interior. Oliver también se deshizo de su ropa, se puso un bañador y, tras coger un par de toallas, se dirigió a la piscina junto a Scarlett.

Nada más llegar a la piscina, Oliver colocó las toallas sobre las hamacas, se deshizo de su bañador y se zambulló en el agua, desde donde invitó a Scarlett a unirse a él. Con lentitud exagerada, Scarlett se deshizo de su vestido, excitando a Oliver que la observaba junto a las escaleras de la piscina.

—Siéntate aquí, nena —le ordenó señalándole el bordillo, que quedaba justo a la altura de su cuello. Scarlett le obedeció sin rechistar y él, tras abrirle las piernas para tener una visión plena de su entrepierna, añadió con la voz ronca—: Disfruta, preciosa.

Oliver hundió su boca en la entrepierna de ella y la deleitó dándole placer, mordisqueando su clítoris y embistiéndola con su lengua.

—Oliver…

Scarlett estaba a punto de correrse y él lo sabía. No quiso alargarlo más e intensificó sus movimientos al mismo tiempo que la penetraba con los dedos, haciéndola gritar de placer al alcanzar el orgasmo.

Sin esperar a que se recuperara, Oliver la agarró del trasero y tiró de ella hasta llevarla consigo al interior de la piscina. Scarlett colocó sus piernas alrededor de la cintura de Oliver y se abrazó a él, hundiendo la cara entre su cuello y su hombro, todavía recibiendo pequeñas sacudidas a causa del orgasmo que la había poseído.

—Cariño, ¿estás bien?

—Quiero sentirte dentro —le respondió Scarlett empalándose, pillando totalmente desprevenido a Oliver.

Sin dejar de agarrarla por el trasero, Oliver la embistió una y otra vez, con estocadas rápidas y concisas. Ella contrajo la vagina atrapándole en su interior y provocando el estallido de Oliver, que soltó un gruñido gutural que arrastró a Scarlett con él en aquella espiral de placer.

La intimidad de la casa franco les vino muy bien para dar rienda suelta a su pasión y disfrutar del sexo a todas horas, sin importar dónde se encontraban ni si alguien podía verles.

— ¿Estás satisfecha, pequeña insaciable? —Bromeó Oliver cuando recobró el aliento.  

—Completamente satisfecha, por el momento —bromeó siguiéndole el juego.

Excepto por las llamadas telefónicas que mantenían con la base y con la familia Parker para decirles que todo iba bien en la casa franco e informarse de que todo seguía bien en la base y en la granja, Oliver y Scarlett no tenían contacto alguno con el exterior.

Los días fueron pasando y la pareja no dejó ninguna estancia en la que no hubieran hecho el amor. Después de dos semanas en la casa franco, Scarlett quiso aprovechar la última noche que pasaban allí para celebrar una fiesta privada en el jacuzzi. Como era de esperar, a Oliver le pareció una idea estupenda que mejoró al añadir una copa de champagne.

—Mm… Me quedaría aquí para siempre —susurró Scarlett entre los brazos de Oliver.

— ¿Sola o conmigo?

—Contigo —le respondió ella plantándole un beso en los labios.

— ¿Y tiene que ser aquí? —Insistió Oliver. Scarlett le escudriñó con la mirada, tratando de adivinar a dónde quería ir a parar, y él añadió—: En la granja estarás conmigo y puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

—Hasta que atrapen a Damian Wilson y a sus hombres.

—No —respondió Oliver con rotundidad—. Hasta que tú quieras quedarte.

—Deberías tener cuidado con lo que dices, puede que te arrepientas de ofrecerme tu casa para siempre.

—Me gusta vivir contigo, dormir a tu lado y despertarme a causa de tus ronquidos —bromeó ganándose un manotazo de Scarlett—. Nena, estoy hablando en serio. Me encantaría que te quedaras en casa, conmigo. ¿El para siempre ahora te parece demasiado tiempo para pasarlo conmigo y te estás echando atrás?

— ¿Qué te parece si dejamos esta conversación para cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres? Quizás para entonces hayas cambiado de opinión.

—No voy a cambiar de opinión, será mejor que lo asimiles —le susurró con la voz ronca—. No voy a dejarte escapar, cariño. Además, creo que tu padre ya se ha hecho la idea de tenerme como yerno —añadió bromeando.

—Mi padre te aprecia mucho.

—Y yo a él, pero quiero que su hija viva conmigo para siempre.

— ¿No vas a desistir?

—Dime que sí y no insistiré más.

— ¿A qué tengo que decirte que sí?

—A compartir tu vida conmigo, a despertarnos abrazos después de una noche de pasión, a casarnos y formar una familia —le susurró Oliver hablando completamente en serio.  

—Oliver, hace un par de meses que nos conocemos y…

—Te quiero y no quiero pasar ni un minuto sin ti —la interrumpió Oliver—. ¿No es lo mismo que deseabas tú hace un momento?

—Sí, pero no quiero que salga mal.

—Cariño, no voy a permitir que salga mal —le aseguró Oliver mirándola a los ojos—. Será mejor que vayas acostumbrándote a despertar entre mis brazos todas las mañanas.

—Mm… Suena de lo más tentador.

— ¿Eso es un sí?

—Eso es un sí —le confirmó Scarlett antes de plantarle un beso en los morros.

—Entonces, ¿te casarás conmigo?

—Vas demasiado rápido, Capitán.

—Tienes razón, primero tengo que comprar el anillo.

—Deja lo del anillo para dentro de un año y, si sigues queriendo casarte conmigo, te diré que sí.

—Te quiero, preciosa —le susurró Oliver con la voz ronca.

—Hazme el amor —le pidió ella excitada al sentir la enorme erección de Oliver presionando contra su vulva.

Oliver no se hizo de rogar, entró en ella lentamente, mientras la besaba apasionadamente y acariciaba cada recoveco de su piel. Scarlett le rodeó la cintura con sus piernas y se abrazó a él, dejándose llevar por aquel rítmico vaivén hasta que alcanzó el clímax y arrastró a Oliver con ella. Ambos se quedaron abrazados en silencio durante unos minutos, hasta que recobraron el aliento y Scarlett le susurró al oído:

—Te quiero.

—Mm… Ya pensaba que jamás te lo escucharía decir —bromeó antes de besarla. La miró a los ojos y añadió—: Yo también te quiero, para siempre.

Tras un baño apasionado y cargado de lujuria en el jacuzzi, Scarlett y Oliver estiraron una toalla sobre el césped y se tumbaron bajo las estrellas. Abrazados el uno al otro, no necesitaban nada más en aquel momento.

—Tu padre me ha dicho que te ha ofrecido un trabajo en la base como analista de perfiles y que lo has rechazado —comentó Oliver.

—Así es.

— ¿Por qué?

—Trabajar con mi padre no es buena idea, pero trabajar para él es una idea pésima.

—Eso no es cierto, el General es un buen jefe. Y, de momento, también está siendo un buen suegro.

—Tengo miedo de aceptar ese puesto y terminar discutiendo con mi padre, aunque tengo que reconocer que es un buen trabajo.

—Y podría llevarte todas las mañanas al trabajo y traerte a casa por la tarde.

—Lo pensaré, pero después del verano —zanjó el tema Scarlett y añadió bromeando—: Quiero seguir disfrutando de mis vacaciones en la granja.

—Nena, vivimos en la granja, podemos disfrutar de ella cuando queramos.

A Scarlett le gustó que Oliver utilizara el plural. Por muy precipitado que fuera todo, a Scarlett le encantaba la idea de vivir con Oliver y formar una familia con él. En eso mismo pensaba mientras Oliver conducía de regreso a la granja, después de pasar una semana a solas en la casa franco.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Oliver, colocando su mano con ternura sobre la rodilla de ella.

—Sí —le respondió sonriendo.

—Estás muy callada, ¿qué estás tramando?

—Solo pensaba en cómo sería pasar el resto de mi vida contigo —le confesó Scarlett con naturalidad.

—Te cuidaré como a una princesa —le aseguró él.

—Mm… Quiero jugar contigo —ronroneó Scarlett deslizando la mano hacia la entrepierna de Oliver.

— ¿Ahora?

—Ajá, ahora.

—Nena… —Le advirtió Oliver con la voz ronca al sentir la mano de ella agarrando su miembro.

— ¿No quieres jugar?

—Nena, voy conduciendo y en cinco minutos llegaremos a casa. ¿Crees que puedes esperar cinco minutos más?

—Será una tortura —protestó Scarlett sin retirar su mano.

—Te lo compensaré en cinco minutos, preciosa.

Y Oliver cumplió su promesa. Cinco minutos más tarde, llegaron a la granja, Oliver aparcó el coche en el garaje de la casa y, tras agarrar en brazos a Scarlett, cargó con ella escaleras arriba hasta llegar al dormitorio principal y, sin hacerla esperar, se hundió en ella lentamente, arrancándole un gemido tras otro hasta que ambos alcanzaron el clímax simultáneamente.  

La protegida del Capitán 12.

Tras una breve charla, Oliver y Trevor se dirigieron al jardín, cargando con las bebidas para todos y dispuestos a pasar un buen rato. Oliver seguía un poco molesto con Scarlett por no querer darle el lugar que le correspondía y por su acercamiento a Scott, pero también estaba agradecido de que le hubiera confesado a su padre que mantenía una relación una relación con él. Ver a Scarlett de nuevo sentada junto a Scott no le agradó, pero Izan se había llevado a los niños a dormir y ya no tenía que ceder su sitio. Depositó la bandeja con las bebidas sobre la mesa de café para que todos se sirvieran y se sentó junto a Scarlett. Para su sorpresa, ella le dedicó una sonrisa de lo más seductora y colocó la mano sobre su rodilla con coquetería, como si nadie más estuviera a su alrededor.

—No deberías provocarme de esa manera —le advirtió Oliver en un susurro cuando le provocó por enésima vez.

—Scarlett, ¿qué tal te está tratando Oliver? —Quiso saber el Coronel, provocando las risas de lo demás sin pretenderlo—. ¿Qué tiene de gracioso?

—Oliver me está tratando muy bien, es amable, siempre está pendiente de que no me falte nada y me consiente demasiado, más de lo que merezco —le respondió Scarlett dedicándole una significante mirada a Oliver.

—Oliver siempre ha sido un caballero —opinó la abuela Sylvia con orgullo.

Oliver acarició la espalda de Scarlett, agradeciendo sus palabras, y ella se pegó a él, acurrucándose sobre su pecho. Oliver se tensó, sorprendido y confuso por la actitud de Scarlett, pero no se separó de ella ni un solo milímetro.

—Sí que es un caballero, soporta mis locuras con paciencia y jamás me ha invitado a marcharme, ni siquiera lo ha insinuado —argumentó Scarlett.

Oliver depositó un suave beso sobre la coronilla de Scarlett al mismo tiempo que la estrechaba entre sus brazos, sin importarle que todos les estuvieran mirando.

—Entonces, ¿estáis juntos? —Quiso confirmar Cynthia.

—Mamá…

—Nos llevamos bien y nos estamos conociendo —intervino Scarlett interrumpiendo a Oliver.

— ¿Eso significa que todavía tengo posibilidades con Scarlett? —Bromeó Daniel.

Oliver le lanzó una servilleta de tela a modo de respuesta y Scarlett, queriendo dejar claro a todo el mundo en quién estaba interesada, le plantó un beso en los labios a Oliver.

—Me temo que vas a tener que buscarte a otra candidata —se mofó Claire.

Entre bromas y risas, se tomaron un par de copas en el jardín antes de que todo el mundo regresara sus respectivas casas. Scarlett se despidió de Scott con un largo y cariñoso abrazo y Trevor aprovechó el momento para acercarse a Oliver y decirle:

—Gracias por cuidar de ella sin perder la paciencia.

—Lo hago encantado.

—Si os apetece salir de la granja unos días, podemos buscar una de las casas franco —le ofreció el General—. A ambos os vendrá bien cambiar de aires durante unos días.

—De momento estamos bien, pero lo tendré en cuenta y te lo haré saber si Scarlett empieza a agobiarse de estar aquí.

Oliver se despidió del General y del Coronel con un afectuoso abrazo pero, cuando llegó el turno de despedirse de Scott, lo hizo tendiéndole la mano.

—Cuida de mi pequeña, es como una hermana para mí y quiero seguir viéndola así de feliz —le dijo Scott con una sonrisa conciliadora.

—Cuidaré de ella —le aseguró Oliver.

Los Parker también se despidieron del General, el Coronel y el Teniente, invitándoles a regresar cuando quisieran y asegurándoles que todos cuidarían de Scarlett.

En cuanto se quedaron a solas, Oliver cogió en brazos a Scarlett y cargó con ella escaleras arriba hasta el dormitorio principal.

—Nena, has sido mala —le reprochó Oliver con la voz ronca al mismo tiempo que se deshacía del vestido de ella.

—Mm… ¿Y qué vas a hacer? ¿Azotarme? —Ronroneó Scarlett, completamente excitada sin que él la hubiera tocado todavía.

—Mala y descarada, creo que tengo el castigo perfecto para ti —le siguió el juego—. Voy a excitarte hasta el extremo, hasta que me ruegues que haga que te corras.

—Estoy a punto de correrme y ni siquiera me has tocado —le confesó Scarlett.

Oliver sonrió, embelesado por la espontaneidad de ella, por su naturalidad a la hora de dejarse llevar por la pasión y el deseo que ambos sentían. La terminó de desnudar y la tumbó sobre la cama. Abrió sus piernas para colocarse entre ellas y hundió su rostro en la entrepierna de Scarlett, haciéndola gemir al sentir su lengua lamiendo y presionando sobre el clítoris. Scarlett cerró los ojos y disfrutó del placer que Oliver le hacía sentir con su boca. Lamió y mordisqueó su centro de placer, hundió uno, dos y tres dedos en su vagina y la hizo alcanzar el orgasmo mientras gritaba su nombre. Oliver bebió cada gota de su placer y continuó lamiéndola mientras el cuerpo de ella convulsionaba recibiendo los últimos coletazos del orgasmo.

Scarlett quedó totalmente exhausta y desmadejada, pero Oliver no se detuvo ahí. Estaba dispuesto a regalarle un orgasmo tras otro y Scarlett no tenía ninguna intención de impedírselo. Oliver se desnudó, se tumbó junto a ella y comenzó a depositar un reguero de pequeños besos sobre su rostro, fue descendiendo por su cuello, por sus pechos, donde se recreó jugando con sus pezones, lamiéndolos, mordisqueándolos y succionándolos, por ese orden. Continuó descendiendo por su vientre, bajando por una pierna y subiendo por la otra, acercándose al punto de unión entre ambas pero sin llegar a tocarlo.

Excitada, Scarlett deslizó una de sus manos hasta agarrar la enorme erección de Oliver. Acarició el glande con una yema del dedo pulgar, limpiando una gota de semen que brillaba en la hendidura de su pene, acelerando los latidos y la respiración de Oliver. Scarlett gateó hasta colocarse entre las piernas de Oliver y, tras sonreírle con descaro, comenzó a pasear la lengua sobre su miembro duro y erecto. Oliver alzó la pelvis pidiendo más y ella no se hizo de rogar, se metió el pene en la boca y comenzó a succionar al mismo tiempo que se la sacaba y se la volvía a meter, deteniéndose de vez en cuando para juguetear con su glande y acariciar sus testículos en tensión.

—Oh, nena —gimió Oliver tratando de retrasar lo inevitable.

Scarlett aceleró sus caricias y el ritmo de la felación, haciendo que Oliver soltara un gruñido gutural de su garganta, completamente excitado y fuera de control. Estaba a punto de correrse y trató de apartarla, pero Scarlett se lo impidió, haciendo que se derramara en su boca. Bebió cada gota de su semen y limpio el pene de Oliver, todavía erecto, con su lengua mientras él gozaba de las últimas sacudidas del orgasmo.

—Ven aquí, mi pequeña traviesa —le dijo Oliver sin recobrar el aliento, arrastrándola sobre su regazo y penetrándola con excesiva lentitud. Ella gimió de placer y él, excitándose todavía más de lo que estaba al escucharla gemir, le susurró con la voz ronca—: Nena, me vuelves loco.

Scarlett sonrió y empezó a cabalgar sobre él, aumentando el ritmo con cada embestida, sosteniéndole la mirada a Oliver mientras trataba de cerrar la boca para ahogar los gemidos que brotaban de su garganta. A las puertas del clímax, Oliver la agarró del trasero y la ayudó a aumentar el ritmo hasta que ambos fueron arrastrados por un segundo orgasmo arrollador. Completamente agotada, Scarlett se recostó sobre el pecho de Oliver, que la estrechó entre sus brazos con el pene todavía dentro de ella.

Un par de minutos más tardes, con la respiración acompasada, Oliver se movió y su pene despertó de inmediato.

—Mm… ¿Sigues teniendo ganas de jugar? —Le provocó Scarlett.

—Yo siempre tengo ganas de jugar contigo, preciosa.

Un segundo después, Scarlett estaba de rodillas sobre la cama y Oliver detrás de ella, en la misma postura pero con sus piernas entre las de ella. La besó por el cuello al mismo tiempo que acariciaba sus pechos con una mano y deslizaba la otra hacia su entrepierna para acariciar el centro de su placer con el dedo pulgar y metiendo el dedo índice y el dedo corazón en su estrecha vagina. Scarlett levantó los brazos hacia atrás, rodeándole el cuello y dándole mejor acceso a sus pechos y abrió aún más las piernas, incitándole a hundirse en ella mientras la continuaba acariciando. Oliver no tardo ni una décima de segundo en complacerla y la penetró de una sola estocada, provocando que diera un respingo ante la sorpresa de la repentina invasión. Colocó la mano sobre su espalda e hizo que se inclinara hacia adelante con las piernas dobladas por las rodillas y abiertas pegando el pecho sobre el colchón.

—Coloca los brazos a ambos lado de la cabeza para no deslizarte hacia adelante —le indicó con la voz ronca, sin dejar de mirar las maravillosas vistas que Scarlett le ofrecía en esa postura.

Con un suave vaivén, Oliver entró y salió de ella con la fricción suficiente para mantenerla excitada pero sin dejarla alcanzar el orgasmo. Scarlett gruñó a modo de protesta y Oliver retiró el pene de su interior el tiempo necesario para recoger todo el flujo de la excitación de ella y esparcirlo desde la vagina hasta el ano. Scarlett se tensó, pero Oliver depositó un beso sensual sobre una de sus nalgas y volvió a penetrarla, haciendo que se relajara. Tras un par de lentas embestidas, Oliver comenzó a tantear el agujero prohibido y ella se volvió a tensar. Sin dejar de penetrarla con el rítmico vaivén, Oliver llevó una de las manos a su entrepierna para estimular su clítoris con movimientos circulares y ejerciendo presión, al mismo tiempo que hundía el dedo pulgar en su ano. Lejos de retirarse, Scarlett gimió excitada y se movió pidiéndole más. Oliver cambió el pulgar por el índice y más tarde le unió en dedo corazón, pero ella seguía pidiendo más. Sin dejar de acariciar su clítoris, Oliver salió de su vagina para colocarse a las puertas de su ano, donde se hundió abriéndose paso poco a poco. Scarlett estaba sumergida en una explosión de sentidos en el que se mezclaba el placer, la excitación y una pequeña punzada de dolor y presión que desapareció cuando Oliver se hundió por completo en ella.

—Córrete, nena. Córrete gritando mi nombre, Scarlett —le susurró Oliver al oído, conteniendo su orgasmo para dejarse arrastrar al mismo tiempo que ella.

Scarlett no tuvo más que oír la excitada voz de Oliver para estallar en mil pedazos y gritar su nombre mientras su cuerpo convulsionaba  y arrastraba a Oliver en aquel abismo. Oliver salió del interior de ella casi de inmediato, se incorporó sentándose en la cama apoyando la espalda en el cabecero y colocó a Scarlett sobre su regazo para abrazarla y acunarla como si fuera su mayor tesoro.

—Cariño, ¿estás bien?

—Nunca he estado mejor —le respondió Scarlett antes de quedarse dormida entre sus brazos.  

Conforme fueron pasando los días, la pareja cada vez se contenía menos a la hora de besarse y abrazarse en público. Su relación se volvía más sólida cada día que pasaba y tanto la familia de Oliver como el padre de Scarlett estaban encantados con aquella incipiente relación.

Ambos mantenían una rutina diaria con la que se encontraban cómodos, pese a que la situación respecto a Damian Wilson seguía siendo la misma. Pasaban la mañana en la piscina, preparaban juntos la comida, se echaban una siesta después de comer, y pasaban el resto de la tarde en la piscina con los sobrinos de Oliver, con Cynthia, Dexter y Caleb. Algunos días cenaban en casa de Cynthia con Izan y los niños, otros iban a cenar a casa de los padres de Oliver o eran ellos quienes invitaban a Dexter y a Caleb a cenar en casa. A Oliver no es que le entusiasmara la idea de compartir con los demás su tiempo con Scarlett, pero tampoco podía oponerse a ello cuando la veía tan feliz relacionándose con más personas. El General Turner les llamaba por teléfono todos los días y hablaba con ambos, la mejor forma para confirmar que todo iba bien era contrastar las dos versiones.

Una tarde, Scarlett observaba a Oliver jugar con sus sobrinos en la piscina y no pudo evitar pensar en él como el padre de sus hijos. Aquella faceta le resultaba de lo más atractiva y la idea de ser madre se le antojaba de lo más apetecible junto a Oliver.

—Oliver adora a sus sobrinos y sus sobrinos le adoran a él —comentó Joe, advirtiendo a Scarlett de su presencia—. Oliver será un buen padre.

—No me cabe la menor duda de ello —opinó Scarlett y, ante la sonrisa divertida de Joe, se apresuró a añadir—: Aunque eso no significa que estemos pensando en ello.

—Lo sé, pero deberás tener más cuidado con lo que dices delante de mi esposa si no quieres que se haga ilusiones —bromeó Joe.

Scarlett se había metido en el bolsillo a toda la familia Parker. Oliver estaba pendiente de ella en todo momento, no se despegaba de su lado ni un solo minuto y aprovechaba cada ocasión para besarla y estrecharla entre sus brazos. A Daniel le encantaba bromear diciendo que Oliver temía que alguien le quitara a Scarlett y todos reían, incluso Oliver.

—Nena, hace más de un mes que estamos en la granja y he pensado que quizás te gustaría que nos fuéramos de aquí unos días —le preguntó Oliver una noche después de hacer el amor.

—Me encantaría, pero dudo que mi padre me deje salir de aquí a menos que sea para regresar a la base.

—Tu padre me ofreció una casa franco donde poder desconectar unos días y creo que ahora sería un momento perfecto para disfrutar de unos días a solas.

— ¿Estaremos los dos solos?

—Ese es el plan, a menos que quieras invitar a alguien más.

—Mm… Unos días solos tú y yo, suena de lo más tentador —opinó Scarlett—. ¿A dónde iríamos?

—He echado un vistazo a las casas franco que la base tiene a su cargo y creo que esta nos gustará —le respondió entregándole el informe sobre la casa que sacó del cajón de la mesilla de noche.

Scarlett leyó el informe con todos los datos de la casa, ubicación, planos e incluso varias fotografías de todas las estancias. Sonrió al adivinar que Oliver había escogido esa casa porque tenía piscina, un jacuzzi en la terraza y no estaba lejos de la granja.

— ¿Te gusta?

—Me encanta —le aseguró Scarlett—. ¿Cuándo nos vamos?

—Mañana por la mañana, ya he hablado con tu padre y me ha asegurado que la casa estará preparada para instalarnos mañana mismo.

— ¿Lo has organizado todo con mi padre antes de hablar conmigo?

—Tenía que asegurarme que su oferta seguía en pie antes de decírtelo. ¿Qué es lo que te asusta, nena?

—Todo esto va muy rápido, ahora estamos bien pero, cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres, todo será distinto y a lo mejor no piensas de la misma manera.

— ¿Por qué no iba a pensar de la misma manera? ¿Acaso crees que estoy contigo solo porque me han encomendado una misión?

—Aquí no tienes mucho donde elegir.

—Hice mi elección cuando te vi por primera vez, soy un hombre muy testarudo y persistente, sé lo que quiero y te aseguro que hago todo lo posible para lograrlo y conservarlo.

Scarlett no insistió, decidió creer en las palabras de Oliver y dejarse abrazar por él. Solo quería disfrutar de todo lo que estaba sintiendo junto a él sin preocuparse de cómo terminaría.

La protegida del Capitán 11.

A la mañana siguiente, Scarlett se despertó entre los brazos de Oliver, como ya venía siendo una costumbre. Tras darle los buenos días con un leve beso en los labios, Oliver se levantó, se dio una ducha y bajó a la cocina para preparar el desayuno. Scarlett se quedó durmiendo un rato más debido a la insistencia de Oliver, pues tan solo eran las siete de la mañana.

Mientras preparaba el desayuno, Oliver recibió una llamada de teléfono del General Turner, que quería confirmar la cita de esa noche para cenar.

—Por supuesto, la cena sigue en pie —le confirmó Oliver—. A Scarlett le vendrá bien pasar un rato con su familia.

—Quería pedirte algo, Oliver —le dijo el General suavizando el tono de voz—. El Coronel Wilmore y su hijo también quieren ver a Scarlett y quiero darle una sorpresa a mi hija, así que me preguntaba si habría algún inconveniente si se apuntaban a la cena de esta noche.

—Eh… No, no hay ningún problema.

—Y, ya que vamos a cenar en familia, también me gustaría que la tuya cenara con nosotros.

— ¿Mi familia?

—Sí, a menos que tengan otros planes.

—Estoy seguro de que no se lo querrán perder —murmuró Oliver, sabiendo que ninguno de ellos rechazaría aquella invitación.

—Genial, nos vemos esta noche —concluyó el General y añadió antes de colgar—: Estoy deseando que nos juntemos todos.

Oliver colgó y suspiró con resignación, aquella noche iba a ser de lo más peculiar. No estaba seguro de cómo se lo iba a tomar Scarlett, pero confiaba en que el General tuviera razón y se llevara una sorpresa al ver al Coronel. Sin embargo, la visita del hijo del Coronel no le hacía demasiada gracia. ¿Por qué se iba a alegrar Scarlett de verle? ¿Había algo entre ellos? Sabía que el General y el Coronel eran grandes amigos desde hacía más de tres décadas, por lo que era lógico que mantuviera una buena relación con su hijo, al igual que Scarlett.

Antes de informar a su familia que estaban invitados a la cena de esa noche, Oliver decidió llevarle el desayuno a la cama a Scarlett y ponerla al corriente, sin mencionarle la asistencia del Coronel ni la de su hijo para que el General pudiera darle la sorpresa.

—Entonces, ¿vamos a cenar con tu familia y con mi padre? —Quiso confirmar Scarlett, un tanto escéptica.

—Eso parece, ¿hay algún problema?

— ¿Lo sabe mi padre?

—La idea ha sido suya.

— ¿Y a tu familia le parece bien?

—Todavía no se lo he dicho, pero estoy seguro de que no se perderían la cena por nada en el mundo —le respondió Oliver.

—Y a ti, ¿te parece bien?

—Sí, siempre que a ti no te incomode la situación.

—Te mentiría si te dijese que la situación no es un tanto peculiar: tú y yo, tu familia y mi padre, no sé si saldrá algo bueno de ahí…

— ¿Temes que descubran lo que ocurre entre nosotros? —La tanteó.

—Me temo que lo nuestro es un secreto a voces, no hemos sido muy discretos y, tanto tu familia como mi padre, tienen muy buena intuición.

—Entonces, ¿estamos bien?

— ¿No lo estamos? —Preguntó ella confusa.

—Eres tú quien se ha empeñado en ser discretos, aunque no se nos haya dado demasiado bien.

—Y creo recordar que tú estabas de acuerdo —le reprochó Scarlett.

—Lo sé, pero me molesta tener que esconderme para poder besarte, no estamos haciendo nada malo y creo que es una estupidez teniendo en cuenta que todo el mundo lo intuye.

—No hace ni un mes que nos conocemos, ¿no te parece un poco precipitado?

—No, tengo muy claro lo que quiero.

—Estoy confusa, Oliver. ¿Qué me estás queriendo decir?

—Me gustas, Scarlett —le confesó Oliver mirándola a los ojos—. Sé que hace poco que nos conocemos, entiendo que quieras ir despacio para ver a dónde nos lleva todo esto, pero te advierto que no voy a estar ocultándome siempre para poder besarte y estrecharte entre mis brazos.

— ¿Qué te parece si seguimos con esta conversación cuando hayan detenido a Damian Wilson y a sus hombres? —Le propuso Scarlett—. Quizás para entonces no pienses de la misma manera.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y lo dejó estar, no quería que aquella conversación derivara en una discusión pocas horas antes de que se celebrara la cena. Ya tendría tiempo de volver a debatir sobre el tema, porque no estaba dispuesto a olvidarlo.

Tal y cómo Oliver esperaba, su familia aceptó encantada la invitación para cenar en casa junto al General, el Coronel y su hijo, el Teniente Scott Wilmore. Pese a que no estaban destinados en la misma base, Oliver conocía a Scott, ya que era el hijo de su jefe, y se llevaban bastante bien. Sabía que era un gran hombre, leal y noble, pero también muy deseado entre las mujeres y eso le ponía nervioso.

El mal humor de Oliver fue aumentando conforme se acercaba la hora de la cena, pero Scarlett le ignoró sospechando que aquel comportamiento era fruto de los nervios del momento. Ella también estaba nerviosa, aquella cena de los Parker y los Turner parecía una cena de compromiso en la que las dos familias se conocían y festejaban el amor de sus hijos. A pesar de que esa misma mañana Oliver le había confesado lo mucho que le molestaba tener que ocultarse para besarla, Scarlett temía que todo aquello le sobrepasara y decidiera enviarla de nuevo a la base.

— ¿Estás lista? Tu padre no tardará en llegar —la apresuró Oliver entrando en el dormitorio.

—Relájate, solo es una cena.

—Con un invitado especial —gruñó entre dientes.

—Deja de gruñir y sonríe un poco —le rogó Scarlett, dándole un dulce y breve beso en los labios—, te prometo que esta noche te lo compensaré.

Oliver la abrazó y la estrechó contra su cuerpo. Deseaba desnudarla y hacerle el amor en ese mismo momento, pero la idea se le fue de la cabeza al escuchar el timbre de la puerta.

—Ve a recibir a tu invitados, en seguida estoy contigo —le dijo Scarlett tras besarle con verdadero deseo.

—Nena… Haces conmigo lo que quieres —suspiró con resignación y se marchó a abrir la puerta a los invitados.

Los primeros en llegar fueron los padres y la abuela de Oliver, seguidos de Claire, Izan, Jake y Noah. Oliver les hizo pasar al jardín trasero y les ofreció una copa de vino al mismo tiempo que les recordaba que los invitados, además de ser la familia de Scarlett, también eran sus jefes. Scarlett bajó las escaleras justo cuando el General Turner llamó al timbre y se encontró con Oliver en el hall. Oliver abrió la puerta y, tras saludar al General con un apretón de manos, se hizo a un lado para dejarle entrar.

—Hola, cielo —saludó a su hija con un cariñoso abrazo—. Espero que no te importe, pero he traído compañía.

— ¿Compañía? ¿Te refieres a George?

—A George y a alguien más —le confirmó Trevor, haciendo una señal con la mano para que George y Scott entraran.

— ¡Scott! —Exclamó Scarlett al ver al hijo del Coronel.

— ¡Mi pequeña, estás preciosa! —La saludó Scott alzándola en brazos y dando vueltas con ella, un saludo más cariñoso de lo que Oliver hubiera deseado.

Scarlett y Scott se conocían desde que tenían uso de razón, ambos habían crecido juntos en la base militar y eran prácticamente como hermanos. La confianza, la complicidad y el cariño que existía entre ellos era difícil de negar, pero no iba más allá de una sana relación fraternal.

— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo has llegado? ¿Por qué no me has llamado? —Le atosigó a preguntas Scarlett en cuanto sus pies tocaron el suelo de nuevo.

—Es obvio que he venido a verte, he llegado a la ciudad esta tarde y no te he llamado porque quería darte una sorpresa —le respondió Scott riendo divertido—. ¿Me has echado de menos, pequeña?

— ¿Es que no vas a saludar a tu padrino? —Intervino George.

— ¡George! —Exclamó Scarlett, abrazando a su padrino.

Oliver, tratando de mantener la compostura, les hizo pasar al jardín e hizo las presentaciones oportunas mientras les invitó a tomar asiento y les sirvió una copa de vino. El último en llegar fue Daniel, que sonrió de oreja a oreja al ver el brazo del hijo del Coronel sobre los hombros de Scarlett.

—Tienes competencia, hermanito —se mofó Daniel en un susurro, para que solo Oliver le escuchara.

El humor de Oliver, en lugar de mejorar, fue empeorando. Scarlett estaba tan distraída con la sorpresa de Scott que ni siquiera se percató de lo molesto que estaba Oliver, algo que no pasó desapercibido para el General Turner. Daniel, que conocía bien a su hermano, soltó alguna pulla para fastidiarle, ganándose la mirada reprochadora de Joe y Cynthia.

Durante la cena, la situación no fue a mejor. Scott se las ingenió para sentarse a un lado de Scarlett y Noah quiso sentarse a su otro lado, así que Oliver no tuvo más remedio que cederle el sitio a su sobrina. Scarlett se sintió mal al ver el gesto de enfado de Oliver que, pese a que intentaba ocultarlo, a ella no la engañaba. Consciente del mal rato que estaba pasando Oliver, Scarlett ignoró las pullas de Daniel y de Scott, que parecían divertirse a costa de la pareja.

Tras la cena, Scarlett propuso salir de nuevo al jardín y tomar una copa, una idea que todos aplaudieron y secundaron. El General aprovechó la ocasión para quedarse atrás con su hija y hacerle la pregunta de la cual ya sabía la respuesta:

— ¿Estás saliendo con el Capitán?

—No he salido de los terrenos de la granja.

—Ya sabes a qué me refiero, Scarlett.

—Ya sabes la respuesta.

—Entonces, ¿por qué no le das el lugar que se merece y cortas las bromas? Es evidente que no le están haciendo ninguna gracias.

—Es muy pronto para hacerlo oficial, nos estamos conociendo y no sé lo que va a durar.

—Cielo, no estamos hablando de casarte con él —le hizo entender Trevor—. Se trata de hacer lo que es justo después de todo lo que Oliver está haciendo por ti. ¿Te ha contado que ha devuelto el dinero?

— ¿Qué dinero?

—Le transferimos un importe de seis cifras a modo de recompensa por ocuparse de tu seguridad, pero lo ha devuelto alegando que no hace esto por dinero ni tampoco porque yo se lo haya pedido —le explicó Trevor y añadió, por si le había quedado alguna duda—: Lo hace por ti.

Tras aquella conversación con su padre, Scarlett se dispuso a ir a la cocina para echar una mano a Oliver, pero el General le pidió que le dejaré a él y ella salió al jardín con los demás. Se sentó junto a Scott, que charlaba animadamente con Daniel, y aprovechó que estaban juntos para lanzarles una clara advertencia:

—Si no dejáis de fastidiar a Oliver, me voy a convertir en vuestra peor pesadilla.

—Interesante —rumió Scott—. ¿Desde cuándo te lo tiras?

—No es asunto tuyo —bufó Scarlett.

—Eso confirma que te lo tiras —afirmó Scott.

—Todo el mundo lo sabe, pero nadie entiende por qué os empeñáis en hacernos creer lo contrario —opinó Daniel.

—No es asunto vuestro —les regañó Scarlett.

— ¿De verdad crees que el Capitán Parker se ha hecho cargo de tu seguridad porque eres la hija del General? —Se mofó Scott—. Solo por ser quién eres se hubiera negado en rotundo y mucho menos te habría traído a su casa. Su misión era sacarte de Isla Maravilla y llevarte a la base, el resto lo está haciendo porque le importas, Scarlett.

—Negaré haberlo dicho delante de él, pero ni yo ni mi familia le habíamos visto jamás así de interesado por una mujer, está pendiente de ti en todo momento e incluso organiza excursiones y veladas románticas para sorprenderte —comentó Daniel—. Supimos que estaba enamorado de ti incluso antes de conocerte.

— ¿Se puede saber qué cuchicheáis todo el rato? —Les regaño la abuela Sylvia, que no le hacía falta escuchar para saber qué decían.

—Scarlett nos está regañando, abuela —le respondió Daniel riendo y provocando las risas en todos los presentes.

Mientras tanto, Oliver estaba en la cocina sirviendo las copas para todos con la ayuda del General. Trevor sabía que entre el Capitán y su hija existía una relación más allá de la profesionalidad y la amistad. No quería ser un obstáculo en aquella relación por ser el superior del Capitán y estaba dispuesto a dejárselo claro:

—Estoy muy contento de ver a mi hija feliz, pese a que no tenga su ansiada libertad, y es obvio que es gracias a ti. Sé que a veces Scarlett puede ser muy testaruda y que no te lo pondrá fácil, pero también he visto cómo te mira, igual que tú la miras a ella.

—General Turner, yo…

—Por favor, llámame Trevor —le interrumpió y, sin dejarle mediar palabra, añadió—: Mi hija me ha confirmado que existe una relación entre vosotros y me parece bien si es lo que ambos queréis.

—Gracias —logró decir Oliver, sorprendido y emocionado por aquellas palabras del General.

La protegida del Capitán 10.

Oliver contó con la ayuda de su familia para organizar la excursión a la que pensaba llevar a Scarlett y también para que su casa estuviera lista para disfrutar de una velada romántica. Su interés sentimental en Scarlett se había convertido en un secreto a voces, a nadie le había pasado desapercibido y Oliver tampoco tenía intención de ocultarlo. Habían pasado tres semanas desde que la conoció en Isla Maravilla; había pasado cinco días en la selva con ella, escondiéndose de Damian Wilson y sus hombres; habían discutido y había estado separado de ella toda una semana, sin mantener ningún tipo de contacto; se habían reconciliado y ahora estaba empezando a asimilar que se había enamorado de ella.

Oliver suspiró extasiado mientras contemplaba a Scarlett, que dormía plácidamente entre sus brazos. Le acarició la espalda con suavidad y, cuando ella se despertó, le susurró:

—Buenos días, preciosa. Es hora de levantarse.

—Un ratito más —le rogó Scarlett, acurrucándose contra él.

—Hoy no, nos vamos de excursión —le recordó. La besó en los labios y, cogiéndola en brazos, la llevó al cuarto de baño y añadió—: Dúchate mientras preparo el desayuno.

— ¿No te duchas conmigo?

—Si me ducho contigo, no saldremos de la cabaña en todo el día —bromeó Oliver, pese a que sus palabras no eran ninguna mentira.

Scarlett no discutió, sabía que Oliver estaba muy ilusionado con aquella excursión y ella también lo estaba. No quería pensar en lo que estaba sintiendo por él, tan solo deseaba disfrutar de todo aquello antes de que se acabara.

Mientras ella se duchaba, Oliver metió todo lo que necesitaba en una mochila y preparó el desayuno. Una hora más tarde, Oliver la llevó al establo donde Daniel les esperaba con un precioso caballo listo para montar.

— ¿Vamos a montar a caballo? —Preguntó Scarlett nerviosa. Oliver asintió, mostrando la mejor de sus sonrisas, y ella le confesó—: No creo que sea buena idea, nunca he montado a caballo.

—No te preocupes, yo iré contigo. ¿Confías en mí? —Scarlett sonrió, por supuesto que confiaba en él. Oliver la cogió en brazos y, sin ningún esfuerzo, la subió a lomos del caballo y después se subió él detrás de ella—. ¿Estás bien?

—Sí.

— ¿A qué hora regresaréis? —Les preguntó Daniel.

—Al atardecer, pero ya me encargo yo de guardar el caballo en el establo cuando lleguemos, así puedes echarle una mano a Claire.

—De acuerdo, ya veo que lo tienes todo bajo control —bromeó Daniel y añadió antes de que se marcharan a lomos del caballo—: Disfrutad de la excursión.

A Scarlett no le pasó por alto aquel sospechoso intercambio de miradas, ya sospechaba desde la tarde anterior que Oliver tramaba algo y que había hecho partícipe de ello a su familia. Sin embargo, se olvidó de todo cuando Oliver agarró las riendas del caballo con una mano y con la otra la sujetó a ella por la cintura y la besó sin previo aviso.

— ¿Vas a decirme a dónde me llevas? —Le preguntó Scarlett un rato después.

—Ya te he dicho que es una sorpresa, no seas impaciente —le respondió Oliver con tono juguetón, estaba de muy buen humor y se le notaba.

El paseo a caballo duró aproximadamente una hora, hasta que llegaron a un pequeño claro en el bosque por donde pasaba el río. Oliver bajó del caballo de un salto y, acto seguido, cogió a Scarlett en brazos para ayudarla a bajar. Scarlett estaba fascinada, aquel hermoso lugar parecía sacado de un cuento de hadas. Mientras ella miraba el paisaje embelesada, Oliver amarró el caballo a un poste a orillas del río para que pudiera beber agua bajo la sombra de otro sauce, tendió la manta de picnic sobre la hierba, bajo la sombra de un sauce llorón, y preparó un pequeño aperitivo.

—Gracias —le dijo Scarlett abrazándole.

— ¿Por qué?

—Por todo. Por dejar que me quede en la granja, por cuidar de mí, por lidiar con mi padre y, sobre todo, por hacer que todo resulte mucho más fácil de lo que es.

—Tú haces que todo resulte sencillo, preciosa —le respondió él besándola en los labios con dulzura—. Entonces, ¿te ha gustado la sorpresa?

— ¡Me ha encantado! —Exclamó Scarlett acurrucándose junto a él y añadió bromeando divertida—: Podemos buscar una cueva en la que instalarnos y quedarnos aquí.

—En verano sería divertido, pero en invierno nos congelaríamos.

—Este lugar es precioso y transmite mucha paz.

—Pues todavía no te he enseñado lo mejor.

— ¿Hay más sorpresas?

—Una más, pero antes tienes que comer un poco.

— ¿Hay una cabaña por aquí? Porque, si es así, me quedaré hasta en invierno.

— ¿Eso significa que te quedarías aquí conmigo para siempre? —Le preguntó Oliver con tono juguetón.

—Acabarías aburriéndote de mí.

—Quizás tengamos que poner a prueba tu teoría y ver qué pasa.

—Mm… Ten cuidado, me estás malacostumbrando —ronroneó en su cuello.

Entre provocaciones, besos y caricias, Oliver y Scarlett se alimentaron con un pequeño aperitivo. Con la excusa de dar un paseo y enseñarle a Scarlett los alrededores de la zona, Oliver la guió hasta llegar al lugar preciso: las pozas termales. Scarlett se quedó estupefacta al ver aquellas pequeñas lagunas de agua humeante entre las rocas, casi ocultas por la frondosa vegetación de la zona.

— ¿Dónde estamos? —Le preguntó Scarlett acercándose a las pozas pero sin llegar a tocar el agua.

—Seguimos en los terrenos de la granja, al pie de la sierra. Estas pozas se encuentran sobre una línea de fallas por donde se filtran las aguas subterráneas que se calientan al llegar a cierta profundidad y suben después en forma de vapor o de agua caliente.

— ¿Podemos bañarnos en las pozas?

—Por supuesto, a eso hemos venido —le respondió Oliver al mismo tiempo que se deshacía de su ropa—. ¿Te bañas conmigo?

Scarlett se desnudó a modo de respuesta, él la abrazó, le dio un leve beso en los labios y entró en la poza junto a ella. Oliver se sentó en una piedra plana dentro de la poza y Scarlett se sentó a horcajadas sobre él, mostrando su sonrisa traviesa y juguetona.

—Mm… ¿Estás de buen humor? —Le preguntó con la voz ronca.

—Estoy feliz y tengo ganas de jugar —ronroneó Scarlett.

— ¿Quieres jugar? —La provocó alzando la pelvis para presionar con su erección sobre su entrepierna.

A Scarlett se le escapó un gemido de la garganta al presagiar lo que estaba a punto de ocurrir y Oliver no se hizo de rogar para complacerla. La estrechó con fuerza entre sus brazos, la besó apasionadamente y se hundió en ella con una lentitud tan desesperante como placentera. Con la misma lentitud, entró y salió de ella al mismo tiempo que la besaba, deslizando una de sus manos hacia el punto donde sus cuerpos se unían para estimularla acariciando y presionando sobre su clítoris, haciéndola estallar en mil pedazos y dejándose arrastrar con ella en un orgasmo demoledor.

— ¿Estás bien, preciosa? —Le preguntó Oliver cuando sus respiraciones se acompasaron.

—No podría estar mejor —le confirmó ella extasiada.

Pasaron el resto de la mañana bañándose en las pozas de aguas termales, profiriéndose besos y caricias. Más tarde regresaron a orillas del río, donde se acomodaron bajo la sombra de un sauce para disfrutar de un picnic al aire libre, ante las hermosas vistas de un paisaje de belleza natural y fascinante.

A media tarde decidieron ponerse en camino para regresar a la cabaña, recogieron el picnic, se subieron a los lomos del caballo y llegaron al establo al anochecer. Daniel les saludó al verlos llegar y, consciente de los planes de su hermano con Scarlett, les instó a que se marchasen mientras él se ocupaba del caballo.

Como dos adolescentes viviendo su primer amor, Scarlett y Oliver caminaron agarrados de la mano, profiriéndose besos y caricias hasta que llegaron a la cabaña.

— ¿Te duchas conmigo? —Le preguntó Scarlett.

—Si alguna vez te respondo que no a esa pregunta, mátame —bromeó él, entrando en el cuarto de baño detrás de ella.

Tras compartir una placentera ducha más larga de lo que Oliver pretendía, la instó a vestirse y a preparar una mochila con una muda de ropa para el día siguiente y sus cosas de aseo.

— ¿Vamos a alguna parte? —Preguntó Scarlett preocupada.

—Esta noche no dormiremos en la cabaña.

— ¿Y dónde vamos a dormir?

—En seguida lo verás —le respondió él divertido.

— ¿Necesito un pijama para dormir? —Le preguntó Scarlett con una sonrisa traviesa en los labios.

—Puedes llevarte un pijama, pero no creo que lo vayas a utilizar.

Aunque tenía intención de dormir desnuda como cada noche, Scarlett metió un pijama en la mochila por si acaso lo necesitaba, también añadió una muda de ropa y su neceser con todo lo que necesitaba para asearse. Intrigada e impaciente por descubrir a dónde la llevaría Oliver a pasar la noche, anunció emocionada:

—Ya estoy lista, ¿nos vamos?

— ¿Te ha entrado prisa, nena? —Le preguntó él, provocándola.

— ¡Oliver! —Protestó Scarlett poniendo morritos.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó riendo a carcajadas.

—Dime a dónde me llevas o no voy a ninguna parte.

—En seguida lo sabrás, nena —le susurró con la voz ronca y, tras darle un leve beso en los labios, añadió—: Espero que la última sorpresa del día te guste tanto como las otras dos.

Agarrados de la mano, Oliver y Scarlett salieron de la cabaña cargando con la mochila que habían preparado y se dirigieron a la casa de Oliver. Scarlett se detuvo junto a la entrada del jardín delantero y no le costó deducir dónde pasarían la noche:

—Vamos a dormir aquí.

—No pareces muy ilusionada —comentó divertido.

—No me importa dormir en el suelo cuando estoy en mitad de la selva ocultándome de un peligroso asesino que me busca para matarme, pero cuando prefiero dormir en una cama si dispongo de una.

Oliver la abrazó desde atrás y atravesaron el jardín delantero hasta llegar a la entrada principal de la casa. Abrió la puerta e invitó a entrar a Scarlett. Ella dio un par de pasos y se detuvo en el hall, desde donde se podía ver el salón y el comedor completamente amueblados.

— ¿Cuándo han traído los muebles?

—Hoy, Claire se ha encargado de que estuviera todo preparado para cuando llegáramos y me ha dicho que tenemos una sorpresa en el jardín trasero, pero antes quiero enseñarte la casa.

Scarlett accedió encantada, curiosa por averiguar cómo había decorado el resto de las habitaciones de la casa. Tras un breve recorrido por la el salón, el comedor, la cocina y un pequeño aseo, subieron a la planta superior. Oliver le mostró el despacho, un par de habitaciones de invitados con un baño compartido, el dormitorio principal  con baño propio y, por último, una tercera habitación de invitados que también contaba con baño propio.

—Nos vamos a instalar en la casa y esta será tu nueva habitación.

— ¿No vas a dormir conmigo?

—Por supuesto, nena. Dormiré contigo siempre que quieras, pero quiero que te sientas cómoda aquí y que tengas un lugar en la casa que solo sea tuyo —le respondió Oliver sin dejar de abrazarla.

Sin dejar de abrazarse, bajaron las escaleras hacia la planta baja y salieron al jardín trasero de la casa, donde Claire se había encargado de preparar un romántica mesa para dos, ambientada con la luz de un par de velas de color rojo y un pequeño camino de pétalos de rosa sobre el césped que llevaba del porche trasero a la mesa.

— ¿Qué es todo esto?

—Claire quería darnos una sorpresa y nos ha preparado una velada romántica, pero creo que se le ha ido un poco de las manos…

—No, es perfecto —opinó ella.

— ¿Te gusta?

—Me encanta, Capitán —le confirmó besándole en los labios.

Ambos se sentaron a la mesa del jardín y se dispusieron a disfrutar de una deliciosa cena en un ambiente íntimo y romántico. Después de cenar, Oliver agarró en brazos a Scarlett y subió a la planta superior de la casa cargando con ella hasta el dormitorio principal, donde la depositó con delicadeza sobre la cama.

—Quiero jugar, Capitán —ronroneó Scarlett deshaciéndose primero de su camiseta y después de su pantalón.

—Me tienes a tus pies, nena —le susurró Oliver con la voz ronca—. Solo tienes que decirme qué es lo que deseas.

—Te deseo a ti besando y acariciando mi cuerpo, hundiéndote en mí y haciéndome gritar de placer.

Los ojos de Oliver se impregnaron de lujuria y no se hizo de rogar, se abalanzó sobre Scarlett y le dio todo lo que ella deseaba.

Cita 203.

“Cree solo en la mitad de lo que veas y en nada de lo que escuches.”

Edgar Allan Poe.

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