Mesnoviembre 2019

La protegida del Capitán 9.

Oliver llamó a su madre a media tarde, mientras regresaba con su padre del valle, para hablar con Scarlett, pero Cynthia le dijo que se había ido con Dexter, Claire y los niños al río. Ansioso por verla, convenció a su padre para dar un pequeño rodeo y pasar por la ribera del río, donde encontraría a Scarlett.

Dexter y Jake buscaban cangrejos mientras que Claire, Scarlett y Noah se bañaban y nadaban en el río cuando Oliver y Joe llegaron hasta ellos.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

Scarlett miró en la misma dirección que miraba Jake y sonrió al ver a Oliver y a Joe. Le había echado de menos, aunque no podía negar que lo había pasado bien con su familia.

—No os esperábamos tan pronto —apuntó Claire.

—Oliver tenía prisa por regresar —comentó Dexter con tono burlón.

Joe sonrió, lo que sea que hubiera entre su hijo y Scarlett era de dominio público, todos estaban al tanto de ello. Oliver saludó a su sobrino Jake y a Dexter y después se acercó a la orilla del río. Claire, consciente de lo que ambos deseaban, cogió a Noah en brazos y salió del río, guiñándole un ojo a su hermano con complicidad.

—Papá, nos vamos a casa contigo —anunció Claire envolviendo a Noah en una toalla para secarla. Se volvió hacia su hijo y le dijo—: Jake, vamos con el abuelo a casa y le llevamos los cangrejos a la abuela.

—Yo también voy con vosotros, tengo una cita esta noche y no quiero llegar tarde —se excusó Dexter.

— ¿Quién es la ingenua a la que has engañado? —Se mofó Oliver.

—Si quieres, me quedo y te lo cuento —le respondió burlonamente.

—Mejor me lo cuentas mañana.

Dexter se marchó riendo, acompañado por Joe, Claire, Jake y Noah, dejando a su amigo Oliver a solas con la hija del General Turner. Scarlett, que seguía disfrutando de su baño en el río, esperó a que todos se marcharan y le preguntó a Oliver:

— ¿Te bañas conmigo?

—No hay nada que me apetezca más en este momento —le respondió Oliver deshaciéndose de su ropa y zambulléndose en el río. Nadó hasta llegar a Scarlett y la estrechó entre sus brazos—. Te he echado de menos, nena.

—Mm… ¿Estás juguetón?

Oliver le respondió dándole un apasionado beso. Llevaba todo el día pensando en ella, anhelando tenerla entre sus brazos y deseando besarla. Scarlett colocó sus brazos alrededor del cuello de Oliver y le rodeó con sus piernas por la cintura.

—Alguien podría vernos —le advirtió Oliver agarrándola de los muslos y presionando la entrepierna de ella con su erección.

—La discreción no es lo nuestro —bromeó Scarlett.

— ¿Qué te parece si regresamos a la cabaña, nos damos una ducha y preparo una deliciosa cena y la acompañamos con un buen vino? —Le propuso Oliver.

—Me parece una idea perfecta.

Oliver no podía ni quería esperar para empezar a disfrutar de aquel plan y, tras darle un dulce beso en los labios, agarró a Scarlett con fuerza y salió del río cargando con ella en brazos. Un par de horas más tarde, ambos disfrutaban de una deliciosa cena preparada.

—Por esta magnífica noche —brindó Scarlett.

—Y por nosotros, nena —añadió Oliver con la voz ronca—. Voy a hacerte el amor durante toda la noche.

—Mm… Suena de lo más tentador —ronroneó Scarlett—, pero ¿no tienes que ir mañana al valle con tu padre?

—No, hemos trabajado mucho hoy para no tener que ir mañana.

—Entonces, ¿mañana te quedarás todo el día conmigo?

—Todo el día —le aseguró Oliver—. ¿Te gustaría que fuéramos de excursión, solos tú y yo?

—Me encantaría.

Tras una romántica velada que culminó en una noche de sexo salvaje y apasionado, Oliver y Scarlett se quedaron dormidos casi al amanecer, totalmente exhaustos. Cuando Scarlett se despertó, el sol ya estaba en lo más alto y la aguja del reloj marcaba las doce del mediodía. Miró a Oliver y sonrió al comprobar que estaba dormido. Se acurrucó junto a él y comenzó a depositar pequeños besos sobre su rostro, descendió con sus labios por su cuello y continuó hasta llegar a su pecho. Scarlett se detuvo cuando Oliver se removió inquieto, pero siguió con lo que estaba haciendo cuando comprobó que seguía dormido. Deslizó una de sus manos bajo la sábana y agarró el miembro erecto de Oliver, acariciándolo con sensualidad. Oliver se removió de nuevo, pero esta vez abrió los ojos.

—Buenos días, ¿te has despertado juguetona? —La saludó Oliver alzando su pelvis para que continuara acariciándole.

Scarlett le sonrió a modo de respuesta y continuó descendiendo con sus labios por el cuerpo de Oliver, hasta que llegó a la altura de su miembro y, sorprendiéndole, se lo metió en la boca.

—Nena, no hagas eso —le dijo Oliver agarrándola de los hombros para detenerla y tiró de ella hasta que quedó a su altura para poder mirarla a los ojos.

— ¿No te gusta? —Susurró Scarlett con un hilo de voz.

— ¿Qué si me gusta? Me encanta —le aseguró él, a punto de correrse—, pero si sigues con eso, me correré.

—Bien, porque eso es lo que pretendía —le sonrió Scarlett con picardía antes de volver a su posición inicial y continuar con lo que estaba haciendo.

Oliver se tensó al sentir su erección penetrando en la boca de Scarlett mientras ella le succionaba y le estimulaba haciendo que entrara y saliera de su boca. Hasta que, a punto de estallar de placer en mil pedazos, la detuvo de nuevo y, tras intercambiar rápidamente la posición con ella, la besó con dulzura y la penetró lentamente, haciéndola gemir. Oliver tuvo que contenerse para no dejarse llevar y derramarse, quería alcanzar el clímax con ella y llevó una de sus manos al centro de su placer. Mientras salía y entraba de su apretada vagina, estimuló su clítoris con movimientos circulares, ejerciendo un poco de presión sobre él con cada embestida y consiguiendo llevarla a las puertas del clímax.

—Oliver… —gimió Scarlett excitada.

—Lo sé, nena. Córrete conmigo.

Y Scarlett no se hizo de rogar, obedeció a Oliver y se dejó llevar por un abrumador orgasmo que la hizo gritar como jamás había gritado, arrastrando a Oliver con ella en aquel viaje de placer al que accedió con un gruñido gutural.

Oliver rodó con Scarlett en la cama hasta dejarla encima de él y se mantuvieron abrazados en silencio durante varios minutos. Unos minutos más tarde, cuando por fin se vio capaz de pronunciar palabra, Oliver le dio un tierno beso en la frente y le susurró al oído:

—Me quedaría en la cama contigo el resto del día.

— ¿Podemos hacerlo?

—Podemos hacer lo que tú quieras, pero no olvides que tengo una familia de cotillas y vendrán a buscarnos si no nos ven aparecer en todo el día.

Pasaron la mañana en la cama, hasta que Cynthia llamó por teléfono a su hijo para invitarle a él y a Scarlett a comer. Era domingo y toda la familia al completo se reunía para comer en casa de Cynthia y Joe, y Scarlett no quiso perdérselo. Llevaba una semana en la granja con Oliver y ya se sentía una más de la familia. Antes de salir de la cabaña, Oliver le dio su teléfono móvil a Scarlett y le dijo:

—Llama a tu padre.

— ¿Tengo que hacerlo por alguna razón en especial? 

—Porque es tu padre, te echará de menos y querrá saber que su única hija está bien —le respondió Oliver y añadió bromeando—: O también puedes decirle lo entretenida que estás conmigo.

—Puede que lo haga —le provocó ella.

A Oliver se le descompuso la cara al escuchar aquellas palabras, pero Scarlett rio divertida y él respiró aliviado al confirmar que solo estaba bromeando. Scarlett marcó el número de su padre y solo tuvo que esperar un par de tonos hasta que el General Turner respondió:

— ¿Cómo va todo por ahí, Capitán Parker?

—Soy yo, papá —le corrigió Scarlett. Oliver le guiñó un ojo y le hizo un gesto indicando que la esperaba fuera y darle intimidad para hablar con su padre. Scarlett esperó a que Oliver saliera de la cabaña y añadió—: Por aquí todo va bien, solo llamaba para saber qué tal estabas.

—Oliver te ha dicho que me llames —adivinó Trevor—. Es evidente que el Capitán siente algo por ti, Scarlett. Y, si no le correspondes, creo que es mejor que se lo digas cuanto antes, es un buen agente y no quiero que las cosas se tuerzan por algo así.  

—Y, ¿si le correspondo? —Le tanteó Scarlett.

— ¿Lo haces?

—Es posible.

—Entonces, ¿debo empezar a hacerme a la idea que Oliver va a ser mi yerno?

—Es demasiado pronto para hablar de eso, incluso para pensarlo —le advirtió—. Es una situación complicada, papá. Pero quédate tranquilo, Oliver y su familia me están tratando muy bien y no tengo ninguna intención de ir a ninguna parte.

—Ayer hablé con Oliver y le dije que quería ir a visitarte.

— ¿Y qué te dijo?

—Me dijo que seré bienvenido cuando quiera ir, pero me pidió que hablara antes contigo.

—Es su casa, no es a mí quien debes pedirle permiso para venir de visita, pero me gustaría verte, ya ha pasado una semana desde que me fui de la base.

—Dile al Capitán Parker que iré a cenar el martes por la noche, tal y cómo habíamos quedado.

—Si ya lo teníais organizado, ¿para qué me has preguntado? —Le replicó Scarlett.

—Cielo, hay algo más que quiero decirte porque sé que Oliver no te lo contará —le dijo de pronto—. Le he ofrecido dinero para cubrir tus gastos, pero se ha negado a aceptarlo alegando que no te protege porque sea su trabajo, sino porque quiere. No seas dura con él y no se lo pongas difícil con la convivencia.

—Nos vemos el martes, papá —se despidió Scarlett y añadió antes de colgar—: Te quiero.

Scarlett salió de la cabaña y se encontró a Oliver sentado en los escalones del porche, escrutándola con la mirada.

— ¿Va todo bien?

—Dímelo tú —le reprochó Scarlett.

— ¿Estás enfadada? —La tanteó.

—No, pero me hubiera gustado que me lo hubieras dicho —reconoció Scarlett.

—Nena, tu padre quería venir a verte, no sabía qué opinarías al respecto y no estaba contigo para preguntártelo, así que le dije que lo hablara contigo —le respondió él poniéndose en pie para poder estrecharla entre sus brazos—. ¿Qué te parece si te lo compenso con una excursión mañana?

— ¿Solos tú y yo?

—Solos tú y yo —le confirmó Oliver—. Pero ahora vamos a comer a casa de mis padres, toda la familia nos está esperando.

Recorrieron el pequeño trayecto que separaba la cabaña de la casa de los Parker y se unieron al resto de la familia que les esperaba sentados a la mesa del jardín mientras Cynthia comenzaba a servir los platos. Pese a que Scarlett ya se sentía como una más de la familia, Oliver se mantuvo pendiente de ella en todo momento y a ninguno de los presentes le pasó por alto aquel detalle. Después de comer, todos se fueron a la piscina y Oliver aprovechó un momento en el que se quedó a solas con su hermana para pedirle un favor:

—Mañana traerán los muebles de casa, ¿puedes encargarte de todo? Quiero llevar a Scarlett de excursión y darle una sorpresa cuando lleguemos.

—No te preocupes, yo me ocupo de todo —decidió Claire y, mirando a Scarlett, le preguntó—: ¿Debo empezar a llamarla cuñada?

—Es un poco pronto y puede que la asustes, pero acabará convirtiéndose en tu cuñada —le aseguró Oliver—. El martes vendrá el General Turner a cenar con nosotros, no me vendría mal algún consejo para que me acepte como posible yerno.

—Te ha confiado la vida de su hija, creo que eres su mejor candidato —le tranquilizó Claire y, tratando de echarle una mano, añadió—: ¿Qué te parece si preparo una deliciosa comida para que cenéis en el jardín en plan romántico?

— ¿No será demasiado?

—Lección número uno: Nada es demasiado cuando intentas conquistar a la futura madre de tus hijos.

—De acuerdo —accedió Oliver.

Claire tenía el don de transmitir seguridad con tan solo unas palabras y sin necesidad de recrearse en aburridos discursos. Solucionada aquella parte de su plan, Oliver fue en busca de Daniel para pedirle que le prestara un caballo para ir de excursión con Scarlett. Aquel favor no le salió barato, a cambio, Daniel quiso saber todo lo que había entre su hermano y Scarlett, y Oliver no tuvo más remedio que contarle todos los detalles.  

Cita 202.

“No puedes salir vivo de la vida.”

Les Brown.

La protegida del Capitán 8.

Oliver y Scarlett pasaron los siguientes dos días en la piscina bañándose con el pequeño Jake y la pequeña Noah, haciendo un pequeño descanso a mediodía para ir a comer a casa de Cynthia y Joe. Por la tarde recibían la visita de Dexter y Caleb, se sentaban a la sombra y se tomaban un par de cervezas hasta que comenzaba a anochecer y se marchaban, dejando a la pareja a solas.

Oliver le daba espacio a Scarlett para que conversara con su familia y sus amigos pero, cuando llegaba la noche, se encargaba de que nadie les molestase. La noche era el único momento del día en el que podía disfrutar de Scarlett a solas y no estaba dispuesto a que dejara de ser así.

Scarlett insistía en que Oliver hiciera lo que normalmente solía hacer y no solo porque se sintiera culpable al ocupar su tiempo y su espacio, sino porque deseaba saber más de él. Pero, al igual que Oliver, ella también ansiaba que llegara la noche para quedarse a solas con él. Esa noche, Oliver estaba nervioso. Al día siguiente se levantaría al amanecer para acompañar a su padre a llevar a las vacas y a los terneros y no regresaría a la cabaña junto a Scarlett hasta bien entrada la tarde.

—Ven aquí, preciosa —le susurró Oliver abrazándola en la cama y, por enésima vez, le preguntó—: ¿Estarás bien mañana?

—Estaré bien —le aseguró Scarlett—. Claire se va a tomar el día libre y pasaremos el día en la piscina con los niños.

—Le he pedido a Dexter que se pase por aquí mañana.

—Oliver…

—Sé que no va a pasar nada, pero me quedo más tranquilo si él está aquí —argumentó Oliver.

Scarlett aceptó las condiciones de Oliver para complacerle, pese a que pensaba que estaba exagerando.

A la mañana siguiente, Oliver se despertó al amanecer y, cuando fue a levantarse, Scarlett le abrazó y le susurró:

—Te voy a echar de menos, Capitán.

—Yo también te voy a echar de menos, nena —le confesó Oliver con la voz ronca. Le dio un leve beso en los labios y añadió antes de levantarse—: Regresaré antes de que anochezca.

Scarlett se quedó durmiendo un par de horas más antes de levantarse. Era temprano, así que desayunó tranquilamente en la cabaña antes de dirigirse a casa de los padres de Oliver. La abuela Sylvia estaba regando las plantas del jardín cuando la vio llegar y la saludó alegremente mientras le daba un cariñoso abrazo:

—Buenos días, Scarlett. ¿Has desayunado ya?

—Sí.

—Cynthia está en el gallinero, tardará un rato en venir —la informó la abuela—. Claire y los niños aún no han salido de casa, pero no creo que tarden en llegar, esos terremotos no perdonan un día de piscina.

— ¿Puedo ayudarte? —Se ofreció Scarlett.

—Ya he terminado aquí, pero Oliver quiere que arregle el jardín delantero de su casa. Si quieres, puedes echarme una mano.

—Me encantaría —le aseguró Scarlett.

La abuela Sylvia miró su reloj de muñeca y, tras comprobar que tenían dos o tres horas antes de que los niños reclamaran su baño en la piscina, cogió a Scarlett del brazo y ambas se dirigieron a la casa de Oliver. La abuela ya había preparado la tierra del jardín, solo tenían que trasplantar las flores de las pequeñas macetas en el suelo del jardín. Scarlett escuchó atentamente todas las indicaciones de la abuela Sylvia y la imitó cuando comenzó a trabajar.

—Se te da muy bien para ser la primera vez —la felicitó la abuela después de algunas flores trasplantadas correctamente.

—He plantado tres flores y tú, en el mismo tiempo, has plantado seis.

—Pero yo llevo toda la vida haciéndolo, cielo. Además, no por ir más rápido las cosas se hacen mejor. ¿Puedo preguntarte algo? No te preocupes, te prometo que todo lo que me digas quedará entre nosotras, no se lo diré a nadie y mucho menos a Oliver.

—Eh… Sí. Supongo que sí —balbuceó Scarlett, temiéndose cuál sería la pregunta.

— ¿Por qué estás aquí? —Scarlett la miró sin comprender la pregunta, Oliver ya le había dicho a toda su familia que estaba allí porque necesitaba protección. La abuela, al percibir la confusión en los ojos de Scarlett, añadió—: Ya sé que un asesino peligroso anda buscándote, pero imagino que esa es la versión oficial.

—No soporto estar encerrada y no estaba pasando por un buen momento. Llevaba una semana en la base y quería marcharme de allí aunque fuese sola y sin protección, no aguantaba más —comenzó a explicarle Scarlett con total sinceridad—. Mi padre sabía que yo no estaba bien y, a mis espaldas, urdió su propio plan y se fue en busca de Oliver. Entre ambos decidieron darme una alternativa a la base: quedarme en la granja con Oliver.

— ¿Ya conocías a Oliver?

—Lo conocí unos días antes, le encomendaron la misión de encontrarme en Isla Maravilla y llevarme a la base, me protegió de los tipos que me buscaban, pasamos cinco días ocultándonos en la selva y finalmente llegamos a la base.

—Y discutisteis nada más llegar —adivinó la abuela Sylvia, que tenía un don especial para entender y captar las relaciones amorosas.

—Muy pocas personas saben que soy la hija del General y Oliver no era una de ellas, sabía que existía algún tipo de relación entre el General y yo y dedujo que era su amante. Sabía que Oliver lo sospechaba, pero no me dijo nada y yo tampoco le corregí. Cuando llegamos a la base, mi padre me ordenó que me instalara en su casa y Oliver lo malinterpretó todo. Se enfadó y se marchó sin dejar que le explicara nada.

—Oliver llegó muy disgustado y de muy mal humor —reconoció la abuela Sylvia—. Pero desde que regresó contigo vuelve a estar feliz y no deja de sonreír.

—Me preocupa que esté haciendo esto porque se sienta culpable —le confesó Scarlett—. No quiero ser una molestia ni impedirle que disfrute de la maravillosa familia que tiene.

—Algo nos ha contado esta mañana, pero me temo que no te va a resultar nada fácil que se separe de ti, al menos mientras estés bajo su protección —bromeó la abuela Sylvia para sacarle una sonrisa y, cuando lo logró, añadió—: Eres mucho más que una misión para él, Scarlett y creo que él también es mucho más que un guardaespaldas para ti.

—Apenas nos conocemos, la situación es, por decirlo de algún modo, bastante peculiar y, sinceramente, no estoy segura de lo que pueda pasar cuando todo esto se resuelva —le dijo Scarlett con un hilo de voz, intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir—. No quiero pensar en qué ocurrirá mañana, quiero disfrutar del día de hoy y ya afrontaré las consecuencias cuando las tenga que afrontar.

—Espero que mi nieto sea listo y no te deje escapar —zanjó el tema la abuela Sylvia, que no quería seguir importunándola.

Continuaron trabajando en el jardín al mismo tiempo que charlaban alegremente. La abuela Sylvia le contó muchísimas anécdotas graciosas de cuando Oliver era pequeño pero, sobre todo, le habló maravillas de él. Scarlett no necesitaba que nadie le dijera lo buen partido que era Oliver, ella misma lo había podido comprobar en los pocos días que había compartido con él. Oliver era todo lo que a ella le gustaba en un hombre, era todo un caballero, inteligente y atractivo, un gran seductor y un hombre apasionado.

Mientras ambas charlaban alegremente, Oliver acompañaba a su padre por el campo para llevar a las vacas al valle y, a medio camino, decidió llamar a su madre para comprobar que Scarlett estuviera bien.

—Hola hijo, ¿qué tal os va con las vacas? —Le saludó Cynthia nada más descolgar.

—Muy bien, mamá. Hemos parado a comer y descansar un poco —le respondió Oliver y, tras responder a su pregunta, añadió—: ¿Dónde está Scarlett?

—No la he visto todavía, imagino que estará durmiendo.

— ¿A estas horas? Ve a la cabaña y búscala, quiero asegurarme de que está bien.

Cynthia miró el reloj de la cocina y se sorprendió al comprobar que eran más de las once de la mañana. Extrañada por no haber visto aún a Scarlett, se dirigió a la cabaña a petición de Oliver y comenzó a preocuparse cuando tampoco la encontró allí.

—Oliver, Scarlett no está en la cabaña.

—Mamá, búscala, por favor. Busca a la abuela y a Claire, a ver si está con ellas —gruñó Oliver, reprochándose mentalmente por haber dejado sola a Scarlett.

—No te preocupes, seguro que está con la abuela o con Claire. Voy a buscarla y ahora te vuelvo a llamar —le dijo Cynthia  antes de colgar.

Cynthia respiró profundamente para calmarse, Scarlett no podía haber desaparecido de la granja, solo tenía que encontrarla. Fue a casa de su hija Claire, pero ella y los niños estaban desayunando y no habían visto a Scarlett. Se dirigió a la nueva casa de Oliver, pensando que probablemente hubiera ido a la piscina mientras esperaba a Claire y a los niños y la encontró en el jardín delantero con la abuela Sylvia, trasplantando las hermosas y coloridas flores que la abuela había escogido.

— ¡Por fin te encuentro, Scarlett! —Exclamó Cynthia al verla—. Ha llamado Oliver y no te encontraba y…

—Será mejor que le devuelvas la llamada, conociéndole, es capaz de enviarnos a todo el ejército para que te busque —bromeó la abuela Sylvia.

Cynthia asintió con un leve gesto de cabeza y le entregó el teléfono móvil a Scarlett para que llamara a Oliver. Scarlett cogió el teléfono móvil y, tras comprobar que ya estaba llamando, se lo puso en la oreja.

—Dime que la has encontrado y que está bien —dijo Oliver nada más descolgar.

—Tranquilo, me ha encontrado y estoy bien —le respondió ella sin poder contener la risa, Oliver podía llegar a ser exageradamente dramático.

—Nena, ¿dónde estabas? ¿Es que quieres matarme?

—Estaba con tu abuela, ayudándola con el jardín de tu casa nueva.

— ¿Estáis plantando las flores en el jardín? —Preguntó Oliver sorprendido.

—Sí, ya casi hemos terminado y está quedando genial.

—Creía que ibas a pasar el día en la piscina, ya sabes que no puedes hacer esfuerzos, tienes dos costillas rotas —le recordó Oliver.

—No te preocupes, pasaré el resto del día en la piscina y guardaré reposo —le aseguró ella para que se quedara tranquilo—. ¿Cómo estás tú? ¿Ya habéis llegado al valle?

—Todavía no, estamos a mitad de camino. Pero vamos bien de tiempo, estaré contigo antes de que anochezca.

—Te estaré esperando —le susurró Scarlett.

—Te llamaré más tarde, sé buena y guarda reposo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, Capitán —se mofó Scarlett y añadió antes de colgar—: Estaré esperándote.

Oliver sonrió al escuchar aquellas palabras. Aunque Scarlett no estuviera dispuesta a reconocerlo, sabía que le estaba echando de menos tanto como él a ella.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Joe cuando lo vio guardar el teléfono móvil.

—Sí, Scarlett estaba con la abuela, plantando las flores en el jardín de casa.

— ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro, papá.

— ¿Hay algo entre tú y Scarlett?

—Te mentiría si te dijera que no —reconoció Oliver—. Estoy tratando de llevar este asunto con discreción, la situación es complicada y temo que, si la presiono, Scarlett pueda salir huyendo.

—No creo que tenga intención de huir a ninguna parte, se ha metido a toda la familia en el bolsillo, incluso a la abuela —bromeó Joe y, al ver la preocupación en el rostro de su hijo, le aconsejó—: Si esa chica te importa de verdad, demuéstraselo.

—Eso intento.

—Pues sigue así, hasta ahora se te está dando muy bien.

La abuela Sylvia y Scarlett terminaron de plantar las flores en el jardín y pasó el resto de la mañana en la piscina junto a Claire, Jake y Noah.

— ¿Cómo te trata mi hermano? —Quiso saber Claire, guiñándole un ojo a Scarlett con complicidad.

—No puedo quejarme, está pendiente de todo lo que pueda necesitar y trata de complacerme en todo —reconoció Scarlett y añadió bromeando—: Si sigue tratándome así, tendréis que echarme para que me vaya.

—También puedes casarte con Oliver y quedarte aquí para siempre —comentó Claire con naturalidad y añadió divertida—: A mí me encantaría tenerte de cuñada.

—No creo que a Oliver le haga tanta ilusión como a ti —bromeó Scarlett.

Pese a los doce años de diferencia, Claire y Scarlett tenían muchas cosas en común y congeniaron muy bien. Tan entretenidas estaban hablando de sus cosas que no se dieron cuenta de la hora que era hasta que Cynthia fue a buscarlas a la piscina para decirles que la comida ya estaba lista. Media hora más tarde, las cuatro mujeres y los dos niños comían mientras charlaban alegremente.

Dexter se presentó en casa de los Parker después de comer y los niños le suplicaron que los llevara al río. A Claire y Scarlett le pareció una gran idea y Dexter no supo decir que no, era demasiado fácil de convencer.

—Hacéis conmigo lo que queréis —fingió hacerse el ofendido mientras se dirigían al río.

Cita 201.

“A través de los siglos, por la nada del mundo, yo, sin sueño, buscándote.”

Rafael Alberti.

La protegida del Capitán 7.

Scarlett y Oliver salieron del gallinero y se dirigieron hacia el jardín trasero de la casa principal, a ciento cincuenta metros de distancia. Durante el escaso trayecto, Oliver aprovechó para darle un rápido beso a Scarlett, asegurándose antes de que nadie les podía ver. Cuando llegaron al jardín, se encontraron con la abuela Sylvia, que plantaba flores en las jardineras que delimitaban el jardín con la zona de piscina.

—Buenas tardes, muchachos. ¿Habéis salido a pasear? —Les saludó la abuela Sylvia con una amplia sonrisa en los labios.

—Le he enseñado la granja a Scarlett y mi madre ha insistido en que nos tomemos un refresco en el jardín —le respondió Oliver, poniendo a su abuela al corriente—. Te están quedando muy bien las jardineras, es una pena que el jardín de mi casa no luzca así de bien.

—No seas gruñón, la semana que viene me pondré con tu jardín —le aseguró la abuela—. Tu padre ha ido al valle, quiere llevar allí a las vacas esta semana, ¿irás con él?

Oliver miró a Scarlett con disimulo antes de responder:

—No lo creo, abuela. Se supone que estoy protegiendo a Scarlett y no puedo ausentarme durante todo el día.

— ¿Por qué no? —Le replicó Scarlett—. Puedes pasar el día ayudando a tu padre y yo puedo quedarme aquí ayudando a tu abuela a plantar las flores en tu jardín.

— ¡Esa es una idea estupenda! —Aplaudió la abuela Sylvia.

— ¿Cuál es la idea estupenda? —Preguntó Cynthia, que llegaba al jardín junto a su hijo Daniel.

—Oliver acompañará a Joe a llevar a las vacas al valle —anunció la abuela Sylvia.

— ¿Vas a dejar a Scarlett solo todo el día? —Le preguntó Daniel incrédulo.

—No estará sola, nosotras le haremos compañía —intervino rápidamente Cynthia.

—Precisamente eso es lo que más me preocupa —gruñó Oliver entre dientes.

—Tranquilo hermano, yo personalmente me encargaré de que Scarlett se sienta cómoda en tu ausencia —le provocó Daniel.

—Olvídalo, no iré a ninguna parte —gruñó Oliver, colocando su brazo alrededor de la cintura de Scarlett por instinto, sin darse cuenta de ello.

— ¿Qué ocurre aquí? —Preguntó divertido Joe al ver a la mitad de la familia bromeando en el jardín.

—Oliver te acompañará a llevar al valle a las vacas mientras nosotros le hacemos compañía a Scarlett —le puso al corriente su esposa antes de ir a la cocina a por unos refrescos para todos.

— ¿Vas a dejar a Scarlett sola? —Preguntó Joe incrédulo, conocía demasiado a su hijo como para saber que aquella chica le importaba de verdad y dejarla a solas con la familia era un riesgo muy alto.

—Este año no iré, pero Daniel puede acompañarte —decidió Oliver pese a que le apetecía mucho pasar el día con su padre.

— ¡De tal palo, tal astilla! —Bufó Cynthia.

—Scarlett no va a estar sola, nosotras le haremos compañía y la trataremos muy bien —le aseguró la abuela Sylvia a Oliver—. Y, cuando regreses del valle, tendrás un hermoso jardín lleno de flores.

—Voy a estar bien —le aseguró Scarlett—. No quiero que dejes de hacer lo que normalmente harías si yo no estuviera aquí.

—De acuerdo, pero le diré a Dexter y a Caleb que os hagan compañía —cedió Oliver poniendo una única condición.

—Eres un exagerado, Capitán Parker —bromeó Scarlett.

—Es posible, pero estaré más tranquilo si ellos están aquí mientras yo estoy en el valle con mi padre —argumentó Oliver.

—De acuerdo —cedió Scarlett.

— ¿Y ya está? ¿No vas a protestar? —Quiso confirmar Oliver, que no se esperaba que Scarlett accediera sin más a su condición.

—Aunque no te lo creas, no estoy aquí para ponerte las cosas más difíciles —le reprochó bromeando Scarlett—. Estaré bien, de verdad.

—Solo serán un par de días y estaré de vuelta antes de que anochezca —le aseguró Oliver.

Cynthia y Joe intercambiaron una mirada y sonrieron, ambos sabían que Oliver y Scarlett estaban hechos el uno para el otro. La abuela Sylvia también sonrió, le gustaba que aquella chica de carácter le plantara cara al mandón de su nieto.

La abuela Sylvia y Cynthia comenzaron a hacer planes con Scarlett para los dos días que Oliver estaría fuera, hasta que Oliver se vio obligado a recordarles que Scarlett tenía dos costillas rotas y optaron por hacerle compañía en la piscina y trabajar un rato en el jardín por la tarde, esto último ante la insistencia de Scarlett. Mientras las tres mujeres hablaban de las flores que plantarían en el jardín y se alejaron para escoger las mejores especies, Daniel miró a su hermano y le advirtió con su habitual tonó burlón para provocarle:

—Si la dejas escapar, te aseguro que yo no cometeré ese error.

—Casi la pierdo una vez, créeme si te digo que no la dejaré escapar —le aseguró Oliver.

—Hijo, ¿qué hay entre tú y Scarlett? —Quiso saber Joe.

—Nos estamos conociendo y todo va bien pero, cuando todo esto acabe, ella se marchará y no sé qué pasará.

—Hijo, si de verdad la quieres, lucha por ella y conquístala como lo haría todo un caballero —le aconsejó Joe.

—Por alguna extraña razón, creo que a ella también le interesas —opinó Daniel, que dejaba pasar una ocasión para meterse con su hermano—. De lo contrario, hubiera salido corriendo nada más conocer a nuestra familia de locos.

—No podemos negar que ese es un punto a tu favor —bromeó Joe.

Los tres hombres se echaron a reír divertidos justo en el mismo momento en el que las tres mujeres regresaban junto a ellos y Cynthia, curiosa por naturaleza, les preguntó:

— ¿De qué os reís?

—Nosotros nos vamos —anunció Oliver poniéndose en pie junto a Scarlett y colocando su mano sobre la espalda de ella.

— ¿No os quedáis a cenar? —Le preguntó Cynthia a su hijo, poniéndole ojitos.

—Esta noche no, mamá —le respondió Oliver besando a su madre en la mejilla—. Hasta mañana, familia.

—Scarlett, ¿mañana vienes a comer? —Insistió Cynthia.

—No, mamá —respondió Oliver por ella y añadió con sarcasmo—: Y muchas gracias por incluirme en la invitación.

—Cynthia, deja a los chicos tranquilos —la regañó Joe.

Scarlett se sintió mal con aquella situación, no entendía por qué Oliver no le daba el gusto a su madre y aceptaba aquella invitación a comer. Scarlett miró a Oliver disgustada, intentando que rebajara el tono y complaciera a su madre.

—No me mires así, no soy ningún ogro —le bufó Oliver.

—No he dicho nada —se defendió Scarlett.

—No hace falta que lo digas, lo veo en tus ojos.

Scarlett no abrió la boca, pero dio su respuesta fulminándole con la mirada. Oliver no cedió y le sostuvo la mirada, retándola para que realmente dijera lo que pensaba. Oliver estaba dolido porque prefiriera pasar el rato con su familia antes que con él y, aunque no era más que una rabieta de adolescente, no estaba dispuesto a ceder, quería aprovechar el tiempo al máximo posible para llevar a cabo su plan de conquistar y enamorar a Scarlett.

—No os enfadéis, habrá tiempo para todo —medió la abuela Sylvia, echándole una mano a su nieto—. Consultadlo con la almohada y ya mañana lo decidiréis.

—Tengo una habitación de invitados en casa, está disponible para ti si te aburres del gruñón de mi hermano —bromeó Daniel, solo para fastidiar a Oliver.

—Hasta mañana —se despidió Scarlett entre risas mientras Oliver tiraba de ella para llevársela de allí.

Cuando estuvieron lo suficiente lejos de la casa de su familia y, tras cerciorarse de que nadie pudiera verles ni oírles, Oliver colocó su brazo alrededor de la cintura de Scarlett y, estrechándola contra su cuerpo, le susurró al oído:

— ¿Ya te has aburrido de mí?

—Todavía no he tenido tiempo de aburrirme, Capitán —bromeó Scarlett y, sabiendo que aquello le preocupaba aunque Oliver se lo dijera con tono de broma, le aclaró—: Me encanta estar contigo, pero no quiero ocupar todo tu tiempo. Además, creo que tu madre me utiliza como excusa para pasar tiempo contigo.

—Lo que en realidad motiva a mi madre es averiguar qué nos traemos entre manos —masculló entre dientes.

— ¿Crees que Daniel le ha contado que nos ha visto en el establo?

—No, Daniel no dirá nada —comentó Oliver—. Pero tampoco creo que sea necesario, dudo de que a alguien le haya pasado por alto la atracción que existe entre nosotros.

—Si esto te va a traer problemas…

—No va a traer ningún problema —la interrumpió y le advirtió—: Deja de buscar excusas para librarte de mí, no lo vas a conseguir.  

Llegaron a la cabaña y, nada más entrar y cerrar la puerta, Scarlett se arrojó a los brazos de Oliver, besándole con voracidad. Oliver la agarró de los muslos con fuerza y la alzó en brazos, estrechándola contra su cuerpo y correspondiéndola con pasión y deseo. En pocos segundos, se deshicieron de sus ropas y Oliver tumbó a Scarlett sobre la cama, contemplándola con los ojos cargados de lujuria.

— ¿Te gusta lo que ves? —Le provocó Scarlett.

—Me encanta lo que veo —le confirmó Oliver tumbándose sobre ella para besarla con dulzura antes de añadir con la voz ronca—: Me encantas toda tú, nena.

Oliver la besó de nuevo y después recorrió con sus labios cada recoveco de la piel de ella, excitándola con cada roce, con cada caricia. Hundió la cabeza entre las piernas de ella y se deleitó con el sabor de su excitación mientras Scarlett gemía de placer.

—Nena, no te contengas —le susurró él para que se dejara llevar.

—No —casi rogó Scarlett, tapándose la vulva con las manos para que no siguiera con lo que estaba haciendo.

— ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Quieres que pare? —Le preguntó preocupado, deteniéndose al instante.

—Te quiero dentro, nene —le respondió Scarlett con una sonrisa traviesa en los labios.

Oliver sonrió y, sin hacerse de rogar, se hundió lentamente en ella, haciéndola gemir una vez más. Entró y salió de Scarlett con un rítmico vaivén hasta que la hizo estallar en mil pedazos al alcanzar el orgasmo. Scarlett gritó, convulsionó y arañó la espalda de Oliver con sus uñas, derritiéndose entre sus brazos. Solo entonces, Oliver se dejó llevar y se derramó dentro de ella. Acto seguido, rodó a un lado de la cama llevándose a Scarlett consigo e intercambiado sus posiciones. La besó en los labios y le preguntó:

— ¿Todo bien?

—Ajá —le confirmó Scarlett acurrucándose junto a él—. Todo perfecto.

Se quedaron abrazados durante un buen rato, Oliver acariciaba la espalda de Scarlett con la yema de los dedos y ella jugueteaba con sus dedos sobre el pecho de él. Juntos se sentían cómodos y relajados, se olvidaban del mundo y solo existían ellos dos.

— ¿Te duchas conmigo? —Le propuso Oliver.

Scarlett asintió y, cinco minutos más tarde, ambos hacían el amor de nuevo, esta vez bajo el agua de la ducha. Tras una ducha de lo más estimulante, Scarlett y Oliver prepararon la cena en la cabaña, dedicándose miradas cargadas de deseo y provocándose constantemente con caricias y besos.

— ¿Quieres que mañana vayamos a comer a casa de mis padres? —Le preguntó Oliver mientras cenaban.

Scarlett se tomó unos segundos antes de contestar. Le miró tratando de adivinar con qué intención le hacía aquella pregunta, pero no logró descifrarlo.

—Me encanta estar contigo —comenzó a decir—, pero soy bastante sociable, me gusta hablar con la gente.

—Así que no soy suficiente para ti, necesitas a alguien más —bromeó Oliver para rebajar la tensión.

—Eres más que suficiente para mí —le respondió ronroneando—, pero no quiero acaparar todo tu tiempo, quiero que disfrutes de tu familia y de tus vacaciones.

—Aunque esté de vacaciones, tengo una misión —le recordó Oliver—. Y mi misión es protegerte.

—No creo que necesite protección para ayudar a tu abuela a plantar flores en el jardín —le replicó Scarlett.

—Soy un profesional, me gusta hacer bien mi trabajo —bromeó de nuevo Oliver.

Después de cenar entre bromas y provocaciones, Oliver le propuso a Scarlett dar un paseo por los alrededores de la cabaña y ella aceptó. Caminaron agarrados de la mano hasta llegar al jardín delantero de la nueva casa de Oliver y se sentaron en las escaleras del porche y se quedaron en silencio mientras se abrazaban, disfrutando de la paz y la serenidad que les brindó aquel momento.

Cita 200.

“Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal.”

Friedrich Nietsche.

La protegida del Capitán 6.

Como la mañana anterior, Scarlett se despertó sola en la cama. Escuchó el agua de la ducha correr y adivinó que se trataba de Oliver. Scarlett deseaba despertar a su lado y que la besara para darle los buenos días, pero él la esquivaba y mantenía las distancias. Oliver estaba haciendo un gran esfuerzo para que Scarlett se sintiera cómoda con él. Ella le gustaba, pero no quería presionarla ni que malinterpretara sus intenciones. Su prioridad era recuperar la confianza de Scarlett y demostrarle que estaba dispuesto a todo por ella.

—Buenos días, dormilona —la saludó Oliver de buen humor cuando salió del cuarto de baño.

—Buenos días, Capitán.

— ¿Te apetece que te enseñe la granja o prefieres que nos relajemos en la piscina?

—Me gustaría ver a los animales, pero lo de la piscina suena muy bien.

— ¿Qué te parece si pasamos la mañana en la piscina y te enseño la granja por la tarde? —Le propuso Oliver.

—Me parece perfecto.

Desayunaron, se pusieron el bañador y Oliver le mostró su nueva casa, casi lista para entrar a vivir, pues tan solo esperaba a que trajeran los muebles del salón, el comedor y las habitaciones. Scarlett quedó impresionada con la amplitud de las estancias y la luminosidad que entraba a través de las grandes ventanas. En el jardín trasero se encontraba la piscina, rodeada de un espeso césped, una zona chill-out donde relajarse al aire libre y una zona de merendero con barbacoa. Sin embargo, el jardín delantero no estaba terminado, pero sí con la tierra preparada para plantar flores.

—Es una casa preciosa —opinó Scarlett cuando Oliver terminó el recorrido en la piscina.

—Faltan los muebles, que los traerán en pocos días, y el jardín delantero, que mi abuela me prometió que se encargaría pero, de momento, sigue igual que cuando me fui —bromeó Oliver mientras se acomodaban en un par de hamacas junto a la piscina y añadió—: Deberías ponerte protector solar si no quieres quemarte la piel.  

— ¿Me echas una mano? —Le preguntó Scarlett con una seductora sonrisa en los labios, provocándole y dándole el protector solar para que se lo aplicara.

—Después tendrás que echarme una mano tú a mí, yo tampoco quiero quemarme —murmuró Oliver con la voz ronca.

Sin perder el tiempo, Scarlett se tumbó en la hamaca boca abajo y dejó que Oliver impregnara toda su piel con protector solar, comenzando por sus hombros, bajando por su espalda y terminando por sus piernas.

—Date la vuelta —le ordenó para que se tumbara boca arriba. Scarlett le obedeció sin rechistar y él, antes de continuar esparciendo el protector solar por la piel de ella, añadió en un susurro—: Vas a acabar conmigo, nena.

—No seas tan dramático, Capitán —le respondió Scarlett dedicándole una sonrisa pícara y traviesa—. No tengo ninguna intención de torturarte.

Oliver la desafió con la mirada y le dio un poco de su propia medicina. Recorrió todo su cuerpo con la yema de sus dedos, acercándose peligrosamente a sus puntos más erógenos pero sin llegar a tocarlos, sometiéndola a la misma tortura que él padecía cada vez que ella rozaba su cuerpo y contenía sus deseos más primitivos.

—Estás jugando sucio, Capitán —le advirtió Scarlett.

—Nena, esto es jugar sucio —la corrigió Oliver, deslizando sus manos por el torso de ella y rozando sus pezones con los dedos pulgares, haciéndola gemir de excitación—. Exactamente, eso es jugar sucio.

Oliver se separó de ella y se tumbó en la hamaca de al lado, mirándola y mostrando la mejor de sus sonrisas, satisfecho con el efecto causado en Scarlett.

—Ha llegado mi turno —anunció Scarlett con una mirada traviesa y le ordenó—: Túmbate boca abajo.

Divertido por aquel excitante juego de Scarlett, Oliver se dejó llevar y le siguió la corriente para descubrir hasta dónde era capaz de llegar. Se tumbó boca abajo y ella comenzó a masajear su espalda, esparciendo el protector solar sobre su piel con sutiles caricias y descendió por sus piernas hasta llegar a sus pies.

—Date la vuelta, Capitán.

Oliver obedeció de nuevo y se tumbó boca arriba sin hacerse de rogar. Con la única intención de provocarle, se colocó a horcajadas sobre él, haciendo que sus genitales se rozaran a través de la fina tela de sus bañadores, y comenzó a masajear su tórax suavemente. Primero acarició sus hombros y sus brazos, continuó por su pecho y descendió hasta su abdomen, cuando Oliver ya no pudo aguantar más y se incorporó con ella en brazos.

— ¿A dónde me llevas? —Le preguntó Scarlett mientras él caminaba cargando con ella en brazos y rodeándole la cintura con sus piernas.

—Ambos necesitamos refrescarnos —le respondió él con una sonrisa burlona antes de lanzarse a la piscina llevando a Scarlett con él.

—No me lo pones fácil, Capitán —le reprochó Scarlett con frustración, nadando hacia la escalerilla para salir de la piscina.

Oliver la alcanzó en un par de brazadas, la envolvió entre sus brazos y, cuando ella abrió la boca para protestar, él la besó apasionadamente. Oliver pilló totalmente desprevenida a Scarlett pero, tras un par de segundos, ella reaccionó y correspondió el beso con pasión y verdadero deseo.

—Esto se nos está yendo de las manos —murmuró Oliver cuando lograron despegar sus labios haciendo un gran esfuerzo.

— ¿Prefieres seguir evitándome? —Le replicó Scarlett.

—Es más complicado de lo que parece, Scarlett. Se supone que mi misión es protegerte, eres la hija del General y nos alojamos en una cabaña a pocos metros de las casas de mi familia.

—No te estoy pidiendo que te cases conmigo, Oliver —bufó Scarlett—. Tú mismo has reconocido que esto puede ser una tortura.

—Entonces, ¿qué me estás proponiendo?

—Ambos somos adultos, creo que podemos llevarlo con discreción y sin que afecte a las personas que nos rodean.

Oliver lo meditó durante unos segundos. Llevarlo con discreción significaba llevarlo en secreto y él no quería esconderse de nadie. Por otra parte, tan solo hacía un par de semanas que conocía a Scarlett y era la hija del General. Scarlett le gustaba y no quería meter la pata, sabía que lo mejor era ir despacio, pero la situación en la que se encontraban resultaba imposible, ninguno de los dos tenía la fuerza de voluntad para no caer en la tentación.

— ¿No vas a decir nada?

—Estoy de acuerdo —decidió Oliver antes de sellar su acuerdo con un beso.

Aquel acuerdo sería su oportunidad para demostrarle que quería conocerla mejor y también para conquistarla y enamorarla.

Pasaron la mañana en la piscina, provocándose el uno al otro, acariciándose y besándose como dos adolescentes viviendo el primer amor. Regresaron a la cabaña a mediodía para preparar algo de comer, pero Scarlett tenía otros planes en mente. En cuanto entraron en la cabaña, Scarlett se llevó a Oliver al dormitorio y comenzó a desnudarle.

—Eres muy impaciente —bromeó Oliver.

Scarlett le sonrió con picardía, terminó de desnudarle y le hizo un gesto para que se tumbara sobre la cama. Oliver le siguió el juego y, cuando se tumbó, ella comenzó a desnudarse lentamente. Se deshizo primero del vestido, después de la parte superior de su bikini y, por último, de la parte inferior. Oliver no apartó la mirada de ella ni un segundo y, cuando la tuvo frente a él totalmente desnuda, le susurró con la voz ronca:

—Ven aquí, nena.

Scarlett se colocó a horcajadas sobre él y Oliver se incorporó hasta quedar sentado, apoyando la espalda en el cabecero de la cama, con Scarlett en su regazo. Justo en ese momento, el teléfono de Oliver comenzó a sonar y Scarlett, mirándole fijamente a los ojos, le rogó:

—Por favor, ignóralo.

—Luego devolveré la llamada —la complació él, que tampoco estaba dispuesto a interrumpir el momento que tanto había deseado por responder a una llamada de teléfono—. Ahora mismo, mi prioridad eres tú, Nena.

Se fundieron en un apasionado beso mientras se abrazaban y acariciaban con verdadera urgencia y necesidad. Scarlett tomó las riendas de la situación cuando, pasados unos minutos, seguían atascados en los besos. Alzó la pelvis, colocó el miembro de Oliver en la entrada de su vagina y descendió lentamente hasta empalarse por completo. Oliver la agarró de los muslos con ambas manos y la ayudó a mecerse en un rítmico vaivén hasta que ella alcanzó el orgasmo entre gemidos y, solo entonces, él se dejó ir. Scarlett se desplomó sobre el pecho de Oliver, que la envolvió con sus brazos con fuerza para evitar que se alejara.

— ¿Estás bien? —Quiso saber Oliver cuando su respiración se normalizó.

—No podría estar mejor —le respondió ella agotada, acurrucándose junto a él.

El teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar de nuevo y, tras resoplar con frustración por tener que separarse de Scarlett, Oliver se levantó de la cama y respondió la llamada:

— ¿Sí?

— ¿Va todo bien por ahí, Capitán Parker? —Exigió saber el General Turner.

—Sí, estábamos a punto de comenzar a preparar la comida —le respondió Oliver echando un vistazo a la escasa comida que había en la nevera—. ¿Hay alguna novedad?

—Damian Wilson y los hermanos Sullivan continúan fuera del país, serás el primero en saber si algo cambia —le aseguró Trevor—. ¿Qué tal está mi hija?

—Está bien, ¿quieres hablar con ella?

—Sí, pero antes quiero pedirte un favor, Oliver —le dijo Trevor, tuteándole—. Conozco a mí hija, sé que en unos días volverá a sentirse encerrada y se querrá marchar. Avísame cuando eso ocurra y, si todavía sigues dispuesto a continuar protegiéndola, organizaré unas pequeñas vacaciones para que podáis cambiar de escenario unos días.

—Te mantendré informado —le confirmó Oliver antes de despedirse del General y entregarle el teléfono a Scarlett.

—Hola papá, ¿va todo bien? —Le preguntó Scarlett a su padre al no poder descifrar la expresión en el rostro de Oliver.

—Todo va bien, solo llamaba para saber qué tal estabas.

—Estoy bien, ayer Oliver organizó una excursión familiar al río y hoy me enseñará la granja y los animales, no deja que me aburra.

—Es una gran persona y parece que te ha cogido cariño, ¿no crees?

—Papá —le advirtió Scarlett.

—Lo sé, es demasiado complicado —bufó el General con frustración.

—Exacto. Te quiero, papá —se despidió antes de colgar.

— ¿Hay algo que deba saber? —La tanteó Oliver en cuanto colgó.

—Todo está bien, deja de preocuparte.

Oliver la complació y dejó a un lado las preocupaciones para continuar disfrutando de aquel día con Scarlett. Entre los dos prepararon la comida en la pequeña cocina de la cabaña, aprovechando cada roce para provocarse mutuamente. Después de comer y tras una larga siesta en la que hicieron mucho más que dormir, Oliver le mostró la granja a Scarlett. Primero la llevó a los corrales donde vieron a las vacas con los pequeños terneros; las cabras; y las ovejas. Después se dirigieron a los establos de la hípica de Daniel, donde se divirtieron dándoles de comer a los caballos.

— ¿No podemos ir a dar un paseo a caballo? —Le preguntó Scarlett poniéndole morritos.

—Cuando estés completamente recuperada —le respondió él dándole un rápido beso en los labios tras asegurarse de que nadie podía verlos.

— ¿Me lo prometes?

—Te lo prometo —le aseguró él y añadió susurrándole al oído—: Iremos a caballo hasta las pozas de aguas termales, donde te haré el amor hasta que ya no nos queden fuerzas.

—Mm… Suena muy apetecible —ronroneó Scarlett.

—Nena, me vuelves loco cuando ronroneas —le confesó él con la voz ronca, agarrándola por la cintura para atraerla hacia a él y poder estrecharla entre sus brazos.

Oliver no lo pensó dos veces y recorrió la escasa distancia que separaba sus labios de los de ella, fundiéndose en un beso lento pero cargado de deseo.

— ¡Qué tendrán los establos que todo el mundo termina en el pajar! —Se guaseó Daniel al pillarlos besándose.

Scarlett se separó bruscamente de Oliver al ser descubiertos, pero él se lo impidió y, sosteniéndola por la cintura para que permaneciera donde estaba, le dijo a su hermano con tono de pocos amigos:

—No has visto nada.

—Tranquilo, sé guardar un secreto —le aseguró con tono burlón y, antes de marcharse, añadió mofándose—: Aunque no servirá de nada si andáis retozando por zonas comunes.  

Scarlett no pudo contener la risa y Oliver terminó contagiándose y riéndose con ella. Decidieron continuar con la visita a las instalaciones de la granja y, al pasar por el gallinero, se encontraron a Cynthia recogiendo los huevos de las gallinas, quien les saludó nada más verles:

—Hola chicos, ¿qué hacéis por aquí?

—Le estoy enseñando la granja a Scarlett —le respondió Oliver—. ¿Dónde está papá? Venimos de los corrales y no le hemos visto.

—Ha ido al valle para echar un vistazo, quiere llevar allí a las vacas y a los terneros esta semana —le respondió Cynthia y, con ganas de conocer un poco más a la chica que tenía prendado a su hijo, añadió—: Id a casa y nos tomamos un refresco en el jardín, en seguida me uno a vosotros.

Oliver estaba a punto de rechazar la invitación de su madre cuando Scarlett se le adelantó y aceptó. Cynthia sonrió feliz y Oliver suspiró con resignación, no tenía sentido comenzar una batalla que no iba a ganar.

Cita 199.

“Hay hombres que se creen sabios cuando su locura dormita.”

Denis Diderot.

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