mesnoviembre 2019

Cita 200.

“Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal.”

Friedrich Nietsche.

La protegida del Capitán 6.

Como la mañana anterior, Scarlett se despertó sola en la cama. Escuchó el agua de la ducha correr y adivinó que se trataba de Oliver. Scarlett deseaba despertar a su lado y que la besara para darle los buenos días, pero él la esquivaba y mantenía las distancias. Oliver estaba haciendo un gran esfuerzo para que Scarlett se sintiera cómoda con él. Ella le gustaba, pero no quería presionarla ni que malinterpretara sus intenciones. Su prioridad era recuperar la confianza de Scarlett y demostrarle que estaba dispuesto a todo por ella.

—Buenos días, dormilona —la saludó Oliver de buen humor cuando salió del cuarto de baño.

—Buenos días, Capitán.

— ¿Te apetece que te enseñe la granja o prefieres que nos relajemos en la piscina?

—Me gustaría ver a los animales, pero lo de la piscina suena muy bien.

— ¿Qué te parece si pasamos la mañana en la piscina y te enseño la granja por la tarde? —Le propuso Oliver.

—Me parece perfecto.

Desayunaron, se pusieron el bañador y Oliver le mostró su nueva casa, casi lista para entrar a vivir, pues tan solo esperaba a que trajeran los muebles del salón, el comedor y las habitaciones. Scarlett quedó impresionada con la amplitud de las estancias y la luminosidad que entraba a través de las grandes ventanas. En el jardín trasero se encontraba la piscina, rodeada de un espeso césped, una zona chill-out donde relajarse al aire libre y una zona de merendero con barbacoa. Sin embargo, el jardín delantero no estaba terminado, pero sí con la tierra preparada para plantar flores.

—Es una casa preciosa —opinó Scarlett cuando Oliver terminó el recorrido en la piscina.

—Faltan los muebles, que los traerán en pocos días, y el jardín delantero, que mi abuela me prometió que se encargaría pero, de momento, sigue igual que cuando me fui —bromeó Oliver mientras se acomodaban en un par de hamacas junto a la piscina y añadió—: Deberías ponerte protector solar si no quieres quemarte la piel.  

— ¿Me echas una mano? —Le preguntó Scarlett con una seductora sonrisa en los labios, provocándole y dándole el protector solar para que se lo aplicara.

—Después tendrás que echarme una mano tú a mí, yo tampoco quiero quemarme —murmuró Oliver con la voz ronca.

Sin perder el tiempo, Scarlett se tumbó en la hamaca boca abajo y dejó que Oliver impregnara toda su piel con protector solar, comenzando por sus hombros, bajando por su espalda y terminando por sus piernas.

—Date la vuelta —le ordenó para que se tumbara boca arriba. Scarlett le obedeció sin rechistar y él, antes de continuar esparciendo el protector solar por la piel de ella, añadió en un susurro—: Vas a acabar conmigo, nena.

—No seas tan dramático, Capitán —le respondió Scarlett dedicándole una sonrisa pícara y traviesa—. No tengo ninguna intención de torturarte.

Oliver la desafió con la mirada y le dio un poco de su propia medicina. Recorrió todo su cuerpo con la yema de sus dedos, acercándose peligrosamente a sus puntos más erógenos pero sin llegar a tocarlos, sometiéndola a la misma tortura que él padecía cada vez que ella rozaba su cuerpo y contenía sus deseos más primitivos.

—Estás jugando sucio, Capitán —le advirtió Scarlett.

—Nena, esto es jugar sucio —la corrigió Oliver, deslizando sus manos por el torso de ella y rozando sus pezones con los dedos pulgares, haciéndola gemir de excitación—. Exactamente, eso es jugar sucio.

Oliver se separó de ella y se tumbó en la hamaca de al lado, mirándola y mostrando la mejor de sus sonrisas, satisfecho con el efecto causado en Scarlett.

—Ha llegado mi turno —anunció Scarlett con una mirada traviesa y le ordenó—: Túmbate boca abajo.

Divertido por aquel excitante juego de Scarlett, Oliver se dejó llevar y le siguió la corriente para descubrir hasta dónde era capaz de llegar. Se tumbó boca abajo y ella comenzó a masajear su espalda, esparciendo el protector solar sobre su piel con sutiles caricias y descendió por sus piernas hasta llegar a sus pies.

—Date la vuelta, Capitán.

Oliver obedeció de nuevo y se tumbó boca arriba sin hacerse de rogar. Con la única intención de provocarle, se colocó a horcajadas sobre él, haciendo que sus genitales se rozaran a través de la fina tela de sus bañadores, y comenzó a masajear su tórax suavemente. Primero acarició sus hombros y sus brazos, continuó por su pecho y descendió hasta su abdomen, cuando Oliver ya no pudo aguantar más y se incorporó con ella en brazos.

— ¿A dónde me llevas? —Le preguntó Scarlett mientras él caminaba cargando con ella en brazos y rodeándole la cintura con sus piernas.

—Ambos necesitamos refrescarnos —le respondió él con una sonrisa burlona antes de lanzarse a la piscina llevando a Scarlett con él.

—No me lo pones fácil, Capitán —le reprochó Scarlett con frustración, nadando hacia la escalerilla para salir de la piscina.

Oliver la alcanzó en un par de brazadas, la envolvió entre sus brazos y, cuando ella abrió la boca para protestar, él la besó apasionadamente. Oliver pilló totalmente desprevenida a Scarlett pero, tras un par de segundos, ella reaccionó y correspondió el beso con pasión y verdadero deseo.

—Esto se nos está yendo de las manos —murmuró Oliver cuando lograron despegar sus labios haciendo un gran esfuerzo.

— ¿Prefieres seguir evitándome? —Le replicó Scarlett.

—Es más complicado de lo que parece, Scarlett. Se supone que mi misión es protegerte, eres la hija del General y nos alojamos en una cabaña a pocos metros de las casas de mi familia.

—No te estoy pidiendo que te cases conmigo, Oliver —bufó Scarlett—. Tú mismo has reconocido que esto puede ser una tortura.

—Entonces, ¿qué me estás proponiendo?

—Ambos somos adultos, creo que podemos llevarlo con discreción y sin que afecte a las personas que nos rodean.

Oliver lo meditó durante unos segundos. Llevarlo con discreción significaba llevarlo en secreto y él no quería esconderse de nadie. Por otra parte, tan solo hacía un par de semanas que conocía a Scarlett y era la hija del General. Scarlett le gustaba y no quería meter la pata, sabía que lo mejor era ir despacio, pero la situación en la que se encontraban resultaba imposible, ninguno de los dos tenía la fuerza de voluntad para no caer en la tentación.

— ¿No vas a decir nada?

—Estoy de acuerdo —decidió Oliver antes de sellar su acuerdo con un beso.

Aquel acuerdo sería su oportunidad para demostrarle que quería conocerla mejor y también para conquistarla y enamorarla.

Pasaron la mañana en la piscina, provocándose el uno al otro, acariciándose y besándose como dos adolescentes viviendo el primer amor. Regresaron a la cabaña a mediodía para preparar algo de comer, pero Scarlett tenía otros planes en mente. En cuanto entraron en la cabaña, Scarlett se llevó a Oliver al dormitorio y comenzó a desnudarle.

—Eres muy impaciente —bromeó Oliver.

Scarlett le sonrió con picardía, terminó de desnudarle y le hizo un gesto para que se tumbara sobre la cama. Oliver le siguió el juego y, cuando se tumbó, ella comenzó a desnudarse lentamente. Se deshizo primero del vestido, después de la parte superior de su bikini y, por último, de la parte inferior. Oliver no apartó la mirada de ella ni un segundo y, cuando la tuvo frente a él totalmente desnuda, le susurró con la voz ronca:

—Ven aquí, nena.

Scarlett se colocó a horcajadas sobre él y Oliver se incorporó hasta quedar sentado, apoyando la espalda en el cabecero de la cama, con Scarlett en su regazo. Justo en ese momento, el teléfono de Oliver comenzó a sonar y Scarlett, mirándole fijamente a los ojos, le rogó:

—Por favor, ignóralo.

—Luego devolveré la llamada —la complació él, que tampoco estaba dispuesto a interrumpir el momento que tanto había deseado por responder a una llamada de teléfono—. Ahora mismo, mi prioridad eres tú, Nena.

Se fundieron en un apasionado beso mientras se abrazaban y acariciaban con verdadera urgencia y necesidad. Scarlett tomó las riendas de la situación cuando, pasados unos minutos, seguían atascados en los besos. Alzó la pelvis, colocó el miembro de Oliver en la entrada de su vagina y descendió lentamente hasta empalarse por completo. Oliver la agarró de los muslos con ambas manos y la ayudó a mecerse en un rítmico vaivén hasta que ella alcanzó el orgasmo entre gemidos y, solo entonces, él se dejó ir. Scarlett se desplomó sobre el pecho de Oliver, que la envolvió con sus brazos con fuerza para evitar que se alejara.

— ¿Estás bien? —Quiso saber Oliver cuando su respiración se normalizó.

—No podría estar mejor —le respondió ella agotada, acurrucándose junto a él.

El teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar de nuevo y, tras resoplar con frustración por tener que separarse de Scarlett, Oliver se levantó de la cama y respondió la llamada:

— ¿Sí?

— ¿Va todo bien por ahí, Capitán Parker? —Exigió saber el General Turner.

—Sí, estábamos a punto de comenzar a preparar la comida —le respondió Oliver echando un vistazo a la escasa comida que había en la nevera—. ¿Hay alguna novedad?

—Damian Wilson y los hermanos Sullivan continúan fuera del país, serás el primero en saber si algo cambia —le aseguró Trevor—. ¿Qué tal está mi hija?

—Está bien, ¿quieres hablar con ella?

—Sí, pero antes quiero pedirte un favor, Oliver —le dijo Trevor, tuteándole—. Conozco a mí hija, sé que en unos días volverá a sentirse encerrada y se querrá marchar. Avísame cuando eso ocurra y, si todavía sigues dispuesto a continuar protegiéndola, organizaré unas pequeñas vacaciones para que podáis cambiar de escenario unos días.

—Te mantendré informado —le confirmó Oliver antes de despedirse del General y entregarle el teléfono a Scarlett.

—Hola papá, ¿va todo bien? —Le preguntó Scarlett a su padre al no poder descifrar la expresión en el rostro de Oliver.

—Todo va bien, solo llamaba para saber qué tal estabas.

—Estoy bien, ayer Oliver organizó una excursión familiar al río y hoy me enseñará la granja y los animales, no deja que me aburra.

—Es una gran persona y parece que te ha cogido cariño, ¿no crees?

—Papá —le advirtió Scarlett.

—Lo sé, es demasiado complicado —bufó el General con frustración.

—Exacto. Te quiero, papá —se despidió antes de colgar.

— ¿Hay algo que deba saber? —La tanteó Oliver en cuanto colgó.

—Todo está bien, deja de preocuparte.

Oliver la complació y dejó a un lado las preocupaciones para continuar disfrutando de aquel día con Scarlett. Entre los dos prepararon la comida en la pequeña cocina de la cabaña, aprovechando cada roce para provocarse mutuamente. Después de comer y tras una larga siesta en la que hicieron mucho más que dormir, Oliver le mostró la granja a Scarlett. Primero la llevó a los corrales donde vieron a las vacas con los pequeños terneros; las cabras; y las ovejas. Después se dirigieron a los establos de la hípica de Daniel, donde se divirtieron dándoles de comer a los caballos.

— ¿No podemos ir a dar un paseo a caballo? —Le preguntó Scarlett poniéndole morritos.

—Cuando estés completamente recuperada —le respondió él dándole un rápido beso en los labios tras asegurarse de que nadie podía verlos.

— ¿Me lo prometes?

—Te lo prometo —le aseguró él y añadió susurrándole al oído—: Iremos a caballo hasta las pozas de aguas termales, donde te haré el amor hasta que ya no nos queden fuerzas.

—Mm… Suena muy apetecible —ronroneó Scarlett.

—Nena, me vuelves loco cuando ronroneas —le confesó él con la voz ronca, agarrándola por la cintura para atraerla hacia a él y poder estrecharla entre sus brazos.

Oliver no lo pensó dos veces y recorrió la escasa distancia que separaba sus labios de los de ella, fundiéndose en un beso lento pero cargado de deseo.

— ¡Qué tendrán los establos que todo el mundo termina en el pajar! —Se guaseó Daniel al pillarlos besándose.

Scarlett se separó bruscamente de Oliver al ser descubiertos, pero él se lo impidió y, sosteniéndola por la cintura para que permaneciera donde estaba, le dijo a su hermano con tono de pocos amigos:

—No has visto nada.

—Tranquilo, sé guardar un secreto —le aseguró con tono burlón y, antes de marcharse, añadió mofándose—: Aunque no servirá de nada si andáis retozando por zonas comunes.  

Scarlett no pudo contener la risa y Oliver terminó contagiándose y riéndose con ella. Decidieron continuar con la visita a las instalaciones de la granja y, al pasar por el gallinero, se encontraron a Cynthia recogiendo los huevos de las gallinas, quien les saludó nada más verles:

—Hola chicos, ¿qué hacéis por aquí?

—Le estoy enseñando la granja a Scarlett —le respondió Oliver—. ¿Dónde está papá? Venimos de los corrales y no le hemos visto.

—Ha ido al valle para echar un vistazo, quiere llevar allí a las vacas y a los terneros esta semana —le respondió Cynthia y, con ganas de conocer un poco más a la chica que tenía prendado a su hijo, añadió—: Id a casa y nos tomamos un refresco en el jardín, en seguida me uno a vosotros.

Oliver estaba a punto de rechazar la invitación de su madre cuando Scarlett se le adelantó y aceptó. Cynthia sonrió feliz y Oliver suspiró con resignación, no tenía sentido comenzar una batalla que no iba a ganar.

Cita 199.

“Hay hombres que se creen sabios cuando su locura dormita.”

Denis Diderot.

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