mesoctubre 2019

La protegida del Capitán 5.

Scarlett se despertó sola en la cama y suspiró. Un poco de espacio le venía bien para aclarar sus ideas. La noche anterior había estado muy nerviosa y no pudo asimilar todo lo que sucedió durante su visita a casa de la familia de Oliver. Para empezar, se había convertido en la tía Scarlett. Aquello no le molestaba en absoluto, todo lo contrario. Jake y Noah le parecían unos niños adorables y estaba encantada de que la llamaran tía Scarlett, pero lo que le preocupaba era el motivo. ¿La habían llamado tía Scarlett porque les había gustado o por su supuesta relación con su tío Oliver? Y la pregunta del millón: ¿Por qué Oliver no les había corregido y había repetido esas dos palabras delante de todos? Tanto pensar en ello le dio dolor de cabeza, no podía averiguar qué sucedería ni cómo terminaría, pero ahora estaba allí, dispuesta a vivir el presente.

—Buenos días, dormilona —la saludó Oliver de buen humor, cargando con el desayuno en una bandeja.

—Mm… ¿La cabaña incluye servicio de habitaciones? —Bromeó Scarlett, dedicándole la mejor de sus sonrisas.

—Por supuesto, sobre todo si me sigues sonriendo así.

Oliver dejó la bandeja sobre la cama y, tras ayudar a Scarlett para que se incorporara, le colocó la bandeja sobre las piernas y se sentó junto a ella mientras desayunaba. Él también estaba nervioso, la noche anterior había sido un auténtico caos y temía que Scarlett hubiese cambiado de opinión y hubiera decidido regresar a la base.

— ¿Estás bien?

—Sí —le respondió Scarlett, estudiándole con la mirada—. ¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo?

—La cena de anoche fue un desastre, subestimé a mi familia pensando que se comportarían como personas normales y, si me despisto, acabas en el hospital.

—Anoche me lo pasé genial, tienes una familia maravillosa y tú te preocupas demasiado.

—Me prometiste que no ibas a mentirme —le recordó Oliver.

—No te estoy mintiendo, puedes estar muy orgulloso de la familia que tienes —le aseguró Scarlett.

—Entonces, ¿no quieres regresar a la base?

— ¿Es que no quieres que me quede? —Le preguntó Scarlett con u hilo.

—Claro que quiero que te quedes —le respondió Oliver agarrándola por la cintura para atraerla hacia a él y poder estrecharla entre sus brazos—. Tu padre ha llamado hace un par de horas, quería saber qué tal te iba y si todavía estabas dispuesta a quedarte. Le he dicho que estabas durmiendo y que le devolverías la llamada cuando te despertases.

—Y de tu conversación con mi padre has deducido que quiero regresar a la base —adivinó Scarlett—. No te preocupes por él, solo quiere que le asegure que no te estoy haciendo la vida imposible.

—Si en algún momento quieres marcharte, dímelo, por favor —le pidió Oliver—. Te prometo que haré todo lo posible para que desees quedarte pero, si prefieres marcharte, no me lo ocultes.

—Serás el primero en saberlo, pero ya te adelanto que no te resultará tan fácil deshacerte de mí, Capitán —bromeó Scarlett, mostrándole una seductora sonrisa.

—Si sigues mirándome así…

La advertencia de Oliver se vio interrumpida por el sonido del teléfono móvil de Oliver que, al ver que era el General quien llamaba, le pasó el teléfono a Scarlett.

—Hola papá —le saludó Scarlett nada más descolgar.

—Hola cielo, ¿qué tal os va por ahí? ¿Has vuelto ya loco al Capitán?

—Toda va bien y no, todavía no he vuelto loco al Capitán —le respondió a su padre sin apartar la mirada de Oliver—. No te preocupes, estoy siendo buena.

—Eso me ha dicho el Capitán —murmuró el General—. Scarlett, Oliver ha aceptado voluntariamente hacerse cargo de tu custodia y protegerte, te ha abierto las puertas de su casa y también las de su familia. Sé que eres una buena persona, pero también conozco tu carácter y tu impulsividad.

— ¿Qué intentas decirme?

—Sé que hay algo entre vosotros, Scarlett. Lo supe desde que te vi desembarcar de aquel barco después de pasar unos días en la selva con él. Y me parece bien, es un gran chico, un poco mayor que tú, pero supongo que eso no es asunto mío… En fin, solo quiero que sepas que, hagas lo que hagas, yo siempre te voy a apoyar.

—Gracias papá, necesitaba escuchar algo así —le agradeció Scarlett.

—Te quiero, pequeña —se despidió el General Turner antes de colgar.

Oliver prestó atención a aquella conversación entre padre e hija, pero solo escuchaba lo que Scarlett decía y no pudo descifrar nada. Esperó a que ella colgara y le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Sí, mi padre solo quería recordarme lo amable que estás siendo y me ha rogado que no te dé demasiados problemas —le respondió Scarlett con una sonrisa en los labios—. ¿Cuándo nos vamos al río?

—Cuándo tú quieras. Dexter y Caleb acaban de llegar, solo tenemos que pasar a buscar a Daniel y a mis sobrinos.

Media hora más tarde y tras un pequeño paseo, todos llegaban a la ribera del río, dentro de los límites del terreno de la familia Parker. Noah no se separaba de Scarlett y Jake no se separaba de Oliver, mientras que Daniel bromeaba sobre la bonita familia que formaban y Dexter y Caleb reían divertidos. Scarlett estiró su toalla sobre la hierba y ayudó a Noah a hacer lo mismo; Oliver, Caleb y Dexter se alejaron unos metros río arriba para colocar las cañas de pescar y el pequeño Jake se fue con ellos; y Daniel decidió quedarse con Scarlett y Noah.

— ¿Qué tal te encuentras? —Se interesó Daniel.

—Muy bien.

—Me alegra oírlo, temíamos que, después de la peculiar cena de anoche, quisieras salir corriendo de aquí —bromeó Daniel.

—De eso nada, me lo pasé genial y me encantaría repetir —le aseguró Scarlett entre risas.

— ¿Y qué tal llevas convivir con el gruñón de mi hermano?

—De momento no me ha echado, así que supongo que bien —le respondió ella bromeando y después, con tono serio, añadió—: Todavía no me creo que haya accedido a hacer de niñera conmigo.

—Sinceramente, creo que mi hermano está más que encantado de tenerte por aquí, aunque te advierto que negaré haberlo dicho.

—Tía Sarlett, ¿te bañas conmigo? —Preguntó la pequeña Noah.

—Claro que sí, princesa —la complació Scarlett deshaciéndose del vestido que llevaba puesto y quedándose en bikini.

Daniel hinchó a pulmón los manguitos de Noah y se los colocó en los brazos, se deshizo de su camiseta y se unió a ellas. A pocos metros de distancia, Oliver, Dexter y Caleb contemplaban la escena hasta que Dexter le dijo a Oliver con tono de mofa:

—Tu hermano Daniel no pierde el tiempo, deberías espabilar si no quieres que la preciosa hija del General Turner acabe convirtiéndose en tu cuñada.

— ¿Te has acostado con ella desde que esté aquí? —Quiso saber Caleb.

—Jake, ¿me haces un favor? —Le preguntó Oliver a su sobrino. El pequeño asintió y Oliver, que prefería hablar de aquel tema sin que el niño estuviera delante, le pidió—: ¿Puedes ayudar al tío Daniel a vigilar a Noah y a Scarlett y avisarme si me necesitan?

Jake asintió feliz de que le otorgaran aquella responsabilidad tan importante y se marchó a la ribera para cumplir la misión que su tío Oliver le había encomendado.

—La tensión sexual que existe entre vosotros es más que visible —comentó Caleb cuando se aseguró que Jake ya no podía escucharle.

—Ya lo he fastidiado una vez, no quiero fastidiarlo de nuevo —argumentó Oliver—. Scarlett me gusta y no quiero fastidiarlo.

—Es la hija del General, será mejor que no la fastidies —le aconsejó Dexter, dejando las bromas aparte.

—No voy a precipitarme, ahora lo único que me importa es que ella esté a salvo y, por supuesto, que se sienta a gusto aquí —concluyó Oliver y añadió con un ligero tono de advertencia—: Espero que no me lo pongáis más difícil con ella.

Oliver se acercó a la ribera y no pudo evitar sonreír al ver a Scarlett bañándose en el río junto a sus sobrinos y su hermano. Noah no se despegaba de Scarlett en ningún momento, pero reparó en Oliver y le gritó:

— ¡Ven, tío Over!

Scarlett se giró y sonrió al verle, pero apartó la mirada cuando él se quitó la camiseta para unirse a ellos en el río. Oliver y Daniel jugaron con Jake mientras Noah y Scarlett les miraban y reían divertidas. Hasta que, un rato más tarde, Daniel se llevó a los niños a la ribera para darles un poco de intimidad a la pareja.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Oliver, acercándose a ella lentamente.

—Sí, no hace falta que me lo preguntes cada cinco minutos —le respondió Scarlett rodando los ojos—. No te preocupes tanto, estoy perfectamente. 

Scarlett se sumergió en el agua y nadó adentrándose en el río. Estando a escasos metros de Oliver, le salpicó con agua cogiéndole desprevenido y él la alcanzó en un par de brazadas. Tuvo la intención de hacerle una ahogadilla, pero cuando llegó a esta a ella se dejó llevar y acabó envolviéndola con sus brazos. Scarlett no opuso resistencia, se dejó abrazar durante unos segundos, hasta que escucharon la voz de Noah desde la orilla:

— ¡Tía Sarlett, yo quiero bañarme contigo!

—Y yo también —musitó Oliver entre dientes, frustrado por no poder acercarse tanto a Scarlett como le gustaría.

—Voy a por ti, princesa —le dijo Scarlett acercándose a la orilla del río para recoger a la pequeña.

Oliver y Scarlett jugaron con Noah y Jake en el río gran parte de la mañana mientras Caleb y Dexter pescaban y Daniel servía la comida que Cynthia les había preparado para que comieran en el río. Cuando la comida estuvo servida, Daniel llamó a todos para que se sentaran sobre la manta de picnic. Scarlett se encargó de darle de comer a Noah y después la puso a dormir sobre una toalla y bajo la sombra de un árbol.

—Se te dan muy bien los niños, ¿quieres tener hijo? —Le preguntó Dexter a Scarlett, solo para molestar a su amigo Oliver.

—No he pensado en ello —reconoció Scarlett—, supongo que antes debería preocuparme por encontrar un trabajo estable y eso no sucederá si…

—No te va a pasar nada —le aseguró Oliver sin dejar que terminara la frase.

— ¿Tienes novio, Scarlett? —Le preguntó Daniel—. Eres una chica simpática, inteligente y atractiva, seguro que no te faltan pretendientes.

—No, no tengo novio —respondió Scarlett sin titubear.

—Chicos, dejad a Scarlett —les regañó Oliver ante aquel interrogatorio.

Ninguno quería incomodar a Scarlett y, aunque deseaban seguir mofándose de Oliver y de su especial interés en ella, decidieron darle una tregua a la pareja y se marcharon a pescar para dejarles a solas, con la excepción de la pequeña Noah que seguía durmiendo plácidamente.

Scarlett bostezó y Oliver, que estaba pendiente de ella constantemente, le preguntó:

— ¿Estás cansada?

—Un poco, pero estoy bien —le aseguró ella mostrándole una tímida sonrisa.

—Mañana nos quedaremos en la cabaña, necesitas descansar y guardar reposo.

—No es necesario que te quedes conmigo en todo momento, no quiero que dejes de hacer lo que siempre haces por mí.

—Mi misión es protegerte, no pienso separarme de ti.

—Lo sé, pero puedes ir con los chicos a pescar mientras yo me quedo aquí con Noah, no hace falta que te quedes aquí conmigo —insistió Scarlett.

— ¿Me estás echando?

— ¡Claro que no! —Se apresuró a responder.

—Perfecto, porque voy a quedarme aquí contigo.

—Como quieras, pero puede que te aburras.

Pasaron la tarde tomando el sol, disfrutando de un largo baño en el río y jugando con Noah mientras que Daniel, Dexter, Caleb y Jake pescaban río arriba. Regresaron a la cabaña a última hora de la tarde, tras prometerles a los niños que repetirían otro día la excursión al río y despedirse de Dexter y Caleb.

Había sido un día largo, ambos estaban cansados y, después de ducharse y cenar, se metieron en la cama y de nuevo durmieron abrazados, pero nada más.

Cita 198.

“Da a los que amas alas para volar, raíces para volver, y razones para quedarse.”

Dalai Lama.

La protegida del Capitán 4.

Después de cenar, Joe propuso salir al jardín para estar más frescos y, aunque Oliver hubiese preferido regresar a la cabaña junto a Scarlett, no le quedó más remedio que salir al jardín cuando Scarlett aceptó alegremente aquella invitación. Oliver ansiaba quedarse a solas con Scarlett, tumbarse con ella en la cama y abrazarla hasta que se quedara dormida en sus brazos. Había pasado una semana horrible pensando que Scarlett era la amante del General Turner y, ahora que había descubierto que en realidad era su única hija, deseaba recuperar todo el tiempo perdido.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Oliver susurrándole al oído mientras se acomodaban en los sofás del jardín trasero.

—Sí, estoy bien. ¿Y tú? —Le escrutó Scarlett con la mirada tratando de adivinar qué es lo que se le pasaba por la cabeza a Oliver en ese instante.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y le sonrió. Scarlett contuvo las ganas de besarle y  le devolvió la sonrisa.

— ¿Alguien quiere café o una copa? —Preguntó Claire. Uno por uno, comenzaron a hacer sus peticiones y, cuando Claire lo tuvo todo claro, anunció—: Creo que lo tengo todo, en seguida lo traigo.

—Voy contigo y te ayudo —se ofreció Scarlett.

Oliver arrugó la nariz, no quería separarse de ella. Estuvo a punto de levantarse para ir tras ella, pero su abuela lo detuvo y le aconsejó:

—Dale un poco de espacio si no quieres que se agobie.

Oliver aceptó aquel consejo a regañadientes, pero se quedó en el jardín. Su hermano Daniel que, como al resto de la familia, no se le escapaba ni una, le dijo con tono burlón:

—No hace falta que la agarres tanto, no te la vamos a quitar no creo que ella tenga intención de salir corriendo.

—Scarlett te gusta mucho, ¿verdad? —Quiso saber Cynthia.

—Dejad a Oliver tranquilo —les regañó Joe.

Ajena a la conversación que mantenían en el jardín, Scarlett ayudó a Claire a preparar las bebidas y servirlas. Noah no se despegaba de Scarlett y Jake también las siguió a la cocina jugando con la pelota, motivo por el cual Cynthia y Daniel se unieron a ellas. Oliver, tras intercambiar una mirada con su abuela, decidió quedarse en el jardín.

Scarlett se sentía cómoda con la familia de Oliver, pese a que tan solo hacía un par de horas que los conocía. Mientras preparaban las bebidas, Claire y Daniel le hablaron de su trabajo en la granja y de lo gratificante que resultaba poder disfrutar de la vida entre animales y naturaleza. Cynthia contó algunas anécdotas de sus hijos, pero también le hizo una confesión sobre su hijo Oliver:

—Me hubiera gustado que tuviera otro trabajo, pero desde pequeño siempre tuvo claro que se alistaría en el ejército.

—Es un trabajo peligroso pero Oliver ha sido entrenado para ello y sabe cuidar de sí mismo y de los demás muy bien —opinó Scarlett con sinceridad.

—Que conste que estoy encantado de tenerte por aquí, yo y toda la familia —comenzó a decir Daniel antes de preguntar—: Pero, ¿cómo acaba la hija del General viviendo en la granja de la familia del Capitán?

—Estoy bajo protección y mi padre no permitía que saliera de la base a menos que lo hiciera con el mejor de sus hombres —le respondió Scarlett—. Oliver estuvo de acuerdo y entre los dos decidieron que este sería un buen lugar donde mantenerme oculta y a salvo. Por cierto, gracias otra vez por dejar que me quede aquí.

—Cielo, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras —le aseguró Cynthia.

—Y, si te cansas de mi hermano, yo estaré encantado de hacerte compañía —bromeó Daniel.

El pequeño Jake jugaba a la pelota cuando la chutó y, tras rebotar contra la pared, impacto en las costillas de Scarlett, haciendo que se doblara de dolor.

— ¡Maldita sea, Jake! —Espetó Claire para después regañar a su hijo—: ¿Cuántas veces tenemos que decirte que no se puede jugar a la pelota dentro de casa?

— ¿Estás bien? —Le preguntó Daniel.

Cynthia le levantó la camiseta y se horrorizó al ver toda la zona de las costillas llena de hematomas. Todos se asustaron, sobre todo Jake, que comenzó a llorar escandalosamente, llamando la atención de todos los que se encontraban en el jardín. Oliver entró en la cocina y no tuvo que preguntar para averiguar qué había ocurrido. Se abrió paso para llegar a Scarlett y le preguntó:

— ¿Estás bien?

—Estoy bien, no pasa nada —trató de quitarle importancia Scarlett.

Pero no lo consiguió, Oliver estaba furioso, sobre todo consigo mismo. No pudo evitar que Scarlett se lastimara en la selva y tampoco lo había podido evitar en casa de sus padres, ¿qué clase de Capitán del Ejército era?

Jake se asustó al ver la reacción de todos y se marchó de la cocina llorando. Scarlett se sintió fatal por el pequeño Jake, no le había dado con la pelota queriendo, estaba arrepentido y ya se había llevado una buena bronca por parte de su madre y una mirada fulminante de su adorado tío Oliver. Sí, se sentía culpable porque todo aquello no hubiera sido más que una anécdota si no estuviera herida.

—Hemos asustado a Jake —les reprendió Scarlett.

—Todos nos hemos asustado, al menos tienes dos costillas rotas —apuntó Claire.

—Vaya, tienes un ojo clínico —murmuró Scarlett.

— ¿En serio? ¿Dos costillas rotas? —Le reprochó Oliver.

— ¿Y qué querías que te dijera?

—No sé, ¿la verdad? —Le espetó Oliver con sarcasmo.

— ¿Te hubieras sentido mejor sabiendo que tengo dos costillas rotas y un desgarro muscular?

—Pues no —bufó Oliver.

Todos fueron testigos de aquella discusión, pero ninguno se atrevió a abrir la boca para intervenir. En aquel momento, a Scarlett solo le importaba Jake. El niño se había asustado mucho al ver el gran hematoma que cubría la piel de sus costillas y se había marchado llorando. Respiró profundamente y le preguntó a Claire:

— ¿Me acompañas a buscar a Jake?

—Si no te importa, mejor te acompaño yo —se ofreció Joe—. Todos están muy nerviosos y no quiero que Jake acabe traumado.

Scarlett asintió y se dispuso a salir de allí con Joe, pero cuando Oliver le siguió, se volvió hacia a él y le dijo:

—Espera aquí, quiero explicarle que esto no me lo ha hecho él, no quiero que se sienta mal.

Oliver accedió de mala gana, pero se quedó en la cocina mientras su padre se marchaba con Scarlett en busca de Jake. Lo encontraron en el salón, llorando tumbado en el salón. Joe se quedó a un lado y dejó que Scarlett hablara con el pequeño.

—Hola Jake —lo saludó Scarlett, sentándose junto a él en el sofá. Jake se incorporó y ella le sonrió antes de decir—: Perdóname por haberte asustado.

—Pero yo te he hecho daño, no debí jugar a la pelota en casa y ahora el tío Oliver está enfadado conmigo.

Oliver, que no pudo esperar en la cocina, se dirigió al salón y se quedó junto a su padre, escuchando lo que Scarlett le decía a Jake.

—Me temo que el tío Oliver está enfadado con los dos. ¿Sabes cómo me hice esto? —Le preguntó Scarlett. Jake negó con la cabeza y ella le explicó—: El tío Oliver me dijo que me estuviera quieta, pero yo no le hice caso y me subí a un árbol para coger unas frutas. La rama en la que estaba agarrada se partió y me caí al suelo. Y el tío Oliver me regañó, igual que te regaña a ti cuando te dice algo y no le haces caso. ¿Sabes por qué lo hace? —Una vez más, el pequeño negó con la cabeza y Scarlett continuó—: Lo hace porque nos quiere y no quiere que nos pase nada malo.

—Mañana nos iba a llevar al río y ahora no me llevará —sollozó el pequeño.

—Bueno, ¿qué te parece si vamos a hablar con él, le pedimos disculpas y nos portamos bien para que mañana nos lleve al río?

—Eres guay, tía Scarlett —le dijo Jake abrazándola con cuidado para no hacerle daño.

Scarlett no supo qué decir, se quedó allí abrazando al pequeño y sonriendo, le gustaba como sonaba ese tía Scarlett. Joe y Oliver habían escuchado la conversación con atención y ambos estaban fascinados con aquella chica risueña que se había metido en el bolsillo a toda la familia en tan solo unas pocas horas.

—Es una chica muy especial, no seas idiota y no la dejes escapar —le aconsejó Joe a su hijo.

—Ya he sido bastante idiota con ella, ahora estoy intentando compensárselo.

—Imagino que Scarlett no te dijo que tenía dos costillas rotas porque no quería que te sintieras culpable —adivinó Joe.

—Lo sé, es una buena persona.

Scarlett y Jake se levantaron del sofá  y se encontraron a los dos hombres junto a la puerta del salón, mirándoles con una sonrisa en los labios.

—Lo siento, tío Oliver —se disculpó Jake—. Te prometo que seré bueno y te haré caso.

—De acuerdo, ahora ve con el abuelo que te lleve a dormir, que mañana iremos al río.

— ¡Bien! —Gritó Jake eufórico, abrazando a su tío.

Joe se llevó de allí al pequeño Jake y dejó a la joven pareja a solas en el salón para darles un poco de intimidad.

—Yo también te prometo que seré buena y me portaré bien —bromeó Scarlett—. ¿A mí también me llevarás al río mañana?

—Seré tu sombra mientras estés bajo mi protección, no iré a ninguna parte sin ti. Pero tengo que advertirte que a la excursión al río también se unirá mi hermano, Dexter y Caleb —bromeó Oliver y, poniéndose más serio, añadió—: Quiero que me prometas que no volverás a mentirme, ni siquiera una mentira piadosa.

— ¿Estás seguro? Es posible que decisión nos traiga problemas —le advirtió Scarlett con una sonrisa en los labios.

—Una mentira a largo plazo duele más que una verdad en su debido momento —opinó Oliver conteniendo las ganas de abrazarla y de besarla—. Será mejor que regresemos al jardín con los demás antes de que empiecen a sacar sus propias conclusiones.

 Scarlett se sonrojó y apresuró a Oliver para volver al jardín mientras él se reía a carcajadas, hecho que provocó que se llevara un manotazo en el brazo a modo de reprimenda. Entre juegos y risas, los dos salieron al jardín donde todos charlaban tranquilamente, como si no hubiera pasado nada.

—Estábamos a punto de ir a buscaros, pero no queríamos interrumpir —bromeó Daniel al verlos llegar tan sonrientes, ganándose una mirada reprobadora de Oliver.

—Tía Sarlett, ¿vas a venir al río con nosotros?

— ¿Tú quieres que vaya? —Le preguntó Scarlett a Noah, dándole conversación.

— ¡Sí! —Exclamó la pequeña.

—Entonces, tendremos que convencer al tío Oliver.

—Tío Over, ¿puede venir la tía Sarlett al río?

—No sé, ¿tú crees que la tía Scarlett está siendo buena? —Le preguntó Oliver a su pequeña sobrina. Noah asintió con contundencia y Oliver no la hizo sufrir más—: En ese caso, supongo que la tía Scarlett puede venir al río con nosotros.

— ¡Bien! —Gritó la pequeña Noah abrazando a Oliver y después, con mucha más delicadeza, abrazó a Scarlett.

Joe y Cynthia contemplaron la escena e intercambiaron una significativa mirada. Ambos veían a su hijo feliz junto a Scarlett, jamás lo habían visto tan pendiente de una chica y Scarlett les parecía una chica adorable, pero con carácter suficiente para plantarle cara a Oliver. La abuela Sylvia miró a Oliver y le dedicó una amplia sonrisa para hacerle saber que aquella chica le gustaba, gesto que él agradeció. Sin darse cuenta, llevo su brazo alrededor de la cintura de Scarlett y ella le miró, sonrojándose ante aquella pequeña muestra de afecto. Oliver le sonrió y, deseando estar a solas con Scarlett, le dijo:

—Se está haciendo tarde y, si mañana quieres ir al río, tienes que descansar.

— ¿Tan pronto? —Protestó Cynthia.

—Cynthia, los chicos necesitan descansar —le recordó Joe, tratando de echarle una mano a su hijo.

—Nosotros también nos vamos a casa, los peques también tienen que descansar si mañana quieren ir al río —comentó Izan, guiñándole un ojo a su cuñado con complicidad.

—Duerme todo lo que puedas, vas a necesitar todas tus energías para aguantar a estos dos diablillos todo el día —le aconsejó Claire a Scarlett.

—No será para tanto —le respondió Scarlett sonriendo y, antes de marcharse con Oliver a la cabaña, añadió para despedirse de todos—: Muchas gracias a todos por vuestra generosidad y amabilidad, sois una gran familia.

—Es un placer tenerte como invitada, aquí tienes tu casa siempre que quieras —le dijo Joe con sinceridad.

—Buenas noches, familia —se despidió Oliver.

Oliver y Scarlett regresaron a la cabaña dando un paseo. Scarlett estaba nerviosa, pero actuó con normalidad. Fue al baño, se lavó los dientes, se puso su escueto pijama y se metió en la cama junto a Oliver, que la esperaba para ponerle la pomada sobre el hematoma de sus costillas. Sin esperar a que Oliver le dijera nada, Scarlett se levantó un poco la camiseta y se relajó mientras sentía las manos de él recorrer el costado derecho de su torso. Cuando terminó, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Buenas noches, señorita Sanders.

—Buenas noches, Capitán Parker —logró susurrar ella antes de quedarse dormida.   

Cita 197.

“Los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también.”

Milan Kundera.

La protegida del Capitán 3.

Scarlett se durmió entre los brazos de Oliver durante un par de horas, cuando se despertó de la siesta. Oliver aprovechó para darse una ducha mientras ella deshacía sus maletas y guardaba sus cosas en el armario. Scarlett también quiso darse una ducha antes de ir a cenar con la familia de Oliver y, mientras tanto, él cogió una cerveza del frigorífico, salió al porche y se sentó en el sofá-balancín a esperarla.

Oliver no había tenido tiempo de detenerse a pensar lo que estaba sucediendo, el día había sido una montaña rusa desde que recibió la visita del General Turner a media mañana. Con la adrenalina y la emoción de volver a tener a Scarlett bajo su protección, Oliver olvidó que había quedado con Dexter y Caleb para salir a tomar una copa hasta que les vio aparecer. Dexter y Caleb aparcaron la vieja ranchera junto al coche de Oliver y se acercaron a saludarle:

— ¿Has empezado sin nosotros? —Le saludó Dexter señalando el botellín de cerveza que Oliver tenía en la mano.

—Lo siento, había olvidado que habíamos quedado —se disculpó Oliver.

— ¿Qué ha pasado para que te olvides de tu única actividad social desde que estás de vacaciones? —Quiso saber Caleb, sospechando que se trataba de algo importante.

—El General Turner ha venido a verme este mañana, Scarlett es su hija y quiere que la proteja hasta que detengan a Damian Wilson y a sus hombres —les resumió Oliver.

— ¿La hija del General? —Preguntó Dexter incrédulo.

—Creía que el General no tenía hijos, en su expediente no consta que los tenga —comentó Caleb.

—Scarlett es su única hija.

—No sé qué es peor, que te hubieras acostado con su amante o con su hija —se mofó Caleb.

— ¿Dónde está ahora? —Quiso saber Dexter.

—Se está duchando, mi madre quiere que cenemos todos juntos en su casa —le respondió Oliver, visiblemente nervioso.

Scarlett salió del cuarto de baño ya lista para ir a cenar con la familia de Oliver y, al escuchar algunas voces en el porche, abrió la puerta de la cabaña y allí se encontró a Oliver junto a dos hombres más.

—Hola —saludó tímidamente Scarlett.

Los tres hombres se levantaron de sus asientos y Oliver se encargó de presentar a sus amigos a Scarlett:

—Scarlett, ellos son el Teniente Dexter Coleman y Caleb Baker, nuestro analista —se volvió hacia sus amigos y añadió—: Chicos, ya conocéis a Scarlett.

—No hemos podido conocerte mucho, tan solo nos dieron un nombre y una fotografía que, por cierto, no hace justicia a tu belleza —la piropeó Dexter solo para fastidiar a su amigo. Le tendió la mano a Scarlett y la saludó—: Un placer conocerte por fin.

Oliver fulminó con la mirada a Dexter que le dedicó una amplia sonrisa, sin duda, divirtiéndose con aquella situación. Caleb se acercó a Scarlett y, tras estrecharle la mano a modo de saludo, le susurró con complicidad:

—No te preocupes, siempre están igual.

Scarlett agradeció aquel encuentro tan natural y que, tanto Dexter como Caleb, no la trataran de modo especial por ser la hija del General, porque estaba segura de que Oliver se lo había contado, de lo contrario Dexter no tendría esa sonrisa en la cara.

—Dexter y Caleb ya se marchan —anunció Oliver.

— ¿Acabamos de llegar y ya nos quieres echar? —Le preguntó Dexter con tono burlón.

—Nos están esperando para cenar —insistió Oliver a punto de perder la paciencia.

—Está bien, pero mañana regresaremos —sentenció Dexter—. Tienes muchas cosas que contarnos. Hasta mañana, Scarlett —se despidió de ella plantándole un beso en la mejilla, solo para fastidiar a Oliver una vez más.

—Hasta mañana —gruñó Oliver a modo de despedida.

Scarlett escrutó a Oliver con la mirada, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la mente, pero no consiguió descifrar si estaba molesto por la visita de sus amigos o por no poder salir con ellos al tener que quedarse con ella.

— ¿Te he fastidiado los planes para esta noche?

—No has fastidiado nada —le aseguró Oliver dando el tema por zanjado—. ¿Estás lista para ir a cenar?

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y ambos dieron un paseo recorriendo el camino que separaba la cabaña de la casa principal donde vivían los padres de Oliver. Scarlett estaba nerviosa, conocer a la familia de Oliver le inquietaba, sobre todo dadas las circunstancias por las que estaba allí. Oliver se percató de lo nerviosa y tensa que estaba, la agarró de la mano y se la apretó, gesto que ella le agradeció con una tímida sonrisa.

Cynthia Parker, la madre de Oliver, les vio llegar a través de la ventana y salió al porche para recibirles. Cynthia estaba emocionada por conocer a la chica que le había tocado el corazón a su hijo mayor y, aunque su marido le había recordado la advertencia de Oliver, ella no estaba dispuesta a dejar pasar aquella ocasión para averiguar más sobre aquella prometedora historia de amor.

—Esa es mi madre tratando de ser discreta —bromeó Oliver cuando vio a su madre en el porche, con las manos recogidas sobre el pecho y con una sonrisa de oreja a oreja. Scarlett le dio un discreto codazo a modo de reproche y él le susurró al oído con tono burlón—: Te tratarán como a una más de la familia, con todos sus beneficios y consecuencias.

— ¿Qué quieres decir?

—En seguida lo averiguarás —le respondió Oliver mientras subían los cinco escalones que conducían al porche de la casa.

Cynthia estaba emocionada, era la primera vez que su hijo mayor traía a casa a una chica que le gustaba y eso quería decir que aquella chica le importaba de verdad, sobre todo dadas las circunstancias en las que había decidido presentarla a la familia y siendo la hija de su jefe, el General Turner.

—Mamá, ella es Scarlett. Scarlett, ella es mi madre, Cynthia —Oliver hizo las presentaciones oportunas.

—Encantada de conocerla, señora Parker —la saludó Scarlett devolviendo el abrazo que Cynthia le daba.

—Por favor, llámame Cynthia. ¿Te has instalado ya en la cabaña? —Le preguntó invitándoles a entrar—. Le he dicho a Oliver que estarías más cómoda aquí, que tenemos una habitación de invitados con baño propio, pero ha insistido en instalarse en la cabaña hasta que traigan los muebles a su casa. ¿Te la ha enseñado ya?

—Mamá, por favor —la regañó Oliver—. Acaba de cruzar la puerta y ya la estás aturullando con tu verborrea.

Scarlett le dio otro codazo que acompañó con una mirada de reprobación que no pasó desapercibida para Cynthia.

—No le hagas caso, Cynthia —le quitó importancia Scarlett a las palabras de su hijo—. Llevo encerrada en casa de mi padre más de una semana y me apetece mucho poder charlar con alguien.

—Oliver nunca ha sido muy dado a la palabra —intervino Daniel, el hermano menor de Oliver.

—El gracioso es mi hermano Daniel —Oliver informó a Scarlett. Se volvió hacia su hermano y le advirtió—: Scarlett es la hija del General Turner.

—Un placer, Scarlett —la saludó Daniel tendiéndole la mano para después coger la suya y llevársela a los labios solo para fastidiar a su hermano.

Oliver apretó los dientes y fulminó a Daniel con la mirada, pero logró contener sus palabras para no incomodar a Scarlett discutiendo con su hermano, aunque aquella fuera la forma que tenían de comunicarse y mostrar su afecto.

—Oliver, ¿por qué no le enseñas a Scarlett el jardín y la piscina? —Le propuso Cynthia para sacar de aquella incómoda situación a Scarlett y poder reprender a Daniel a gusto.

Oliver no lo dudó ni un instante, agarró a Scarlett de la mano y salió al jardín cruzando el amplio salón. Scarlett se sentía un poco fuera de lugar, pero estaba encantada de estar allí y conocer a la familia de Oliver. Le gustó que se mostraran con tanta naturalidad y se divirtió siendo testigo de la sana rivalidad que existía entre Oliver y su hermano Daniel.

—Si en cualquier momento quieres marcharte, solo tienes que decírmelo —le aseguró Oliver una vez a solas en el jardín—. No puedo culparte por ello.

—Eres demasiado dramático, a mí me ha parecido una familia de lo más entretenida y divertida —opinó Scarlett.

—Espero que continúes pensando lo mismo cuando conozcas al resto de la familia.

—He conocido a tu madre y a tu hermano, ¿a quién más conoceré hoy?

—A toda la familia, todos están aquí y quieren conocerte.

— ¿Qué les has contado sobre mí?

—Les he dicho que somos amigos y también que eres la hija del General Turner, nada que pueda incomodarte —la tranquilizó Oliver—. Mi padre es un hombre de pocas palabras, pero con un gran corazón; mi abuela es muy intuitiva, no trates de mentirla; con mi hermana te llevarás bien y con mi cuñado también; y mis sobrinos, aunque son un par de trastos, son de lo más adorable.

Scarlett sonrió y pensó que él sí que era adorable cuando hablaba de sus sobrinos. Continuaron hablando mientras paseaban cruzando el jardín, rodearon la piscina y siguieron por un camino lateral hasta llegar a unos columpios donde los sobrinos de Oliver se divertían bajo la vigilancia de su madre y de su bisabuelo.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

— ¡Tío Over! —Exclamó Noah, que a sus dos años ya comenzaba a hablar, aunque no siempre se la entendía.

Ambos niños salieron corriendo para arrojarse a los brazos de su tío. El primero en llegar fue Jake que, con seis años, fue más rápido que su hermana Noah, que tan solo tenía dos. Tras saludar a los pequeños, Oliver saludó a su abuela Sylvia y a su hermana Claire. Acto seguido, presentó a Scarlett:

—Ella es Scarlett, pasará una temporada por aquí —. Colocó su mano sobre la espalda de Scarlett y le dijo—: Ellas son mi abuela Sylvia, mi hermana Claire y mis adorables sobrinos, Jake y Noah —. Se volvió hacia sus sobrinos y añadió con un tono más dulce—: Chicos, Scarlett se va a quedar unos días por aquí. Vais a ser buenos con ella, ¿verdad?

—Sí —le aseguró el pequeño Jake, chocándole los cinco.

La pequeña Noah se acercó a Scarlett mirándola tímidamente hasta que, de repente, se abrazó a sus piernas y exclamó:

— ¡Tía Sarlett!

Todos estallaron a reír a carcajadas, incluso Oliver, pero Scarlett se ruborizó al escuchar a Noah y no pudo más que articular una extraña mueca. La abuela Sylvia, percatándose de la incomodidad que sentía Scarlett y, con la mejor de sus sonrisas, le plantó un beso en la mejilla y la saludó amablemente:

—Scarlett, tienes un nombre precioso, ideal para una chica tan hermosa como tú. Oliver y toda la familia haremos que te sientas como en tu propia casa mientras estés aquí.

—No te dejes engañar, Scarlett —le advirtió Claire bromeando—. En esta familia no estamos muy cuerdos, pero somos inofensivos y muy entretenidos.

—Está bien saberlo —comentó Scarlett divertida.

—Venga, todo el mundo a casa a cenar —los apresuró Oliver.

Noah agarró la mano de Scarlett y no se separó de ella durante todo el camino de regreso a la casa principal de los Parker. Oliver tampoco se separó de ella, colocó su brazo alrededor de la cintura de ella y no la soltó hasta que llegaron a la casa.

Cynthia ya tenía lista la cena y había preparado la mesa, que estaba lista para servir los platos. Hizo pasar a toda la familia al comedor mientras esperaban que llegaran los dos hombres que faltaban: Joel, el padre de Oliver, e Izan, el marido de Claire. Ambos estaban en el corral, examinando a las vacas y sus pequeños terneros de pocas semanas de vida. La abuela Sylvia le contó a Scarlett un montón de anécdotas de la granja, haciéndola reír a ella y al resto de la familia. Poco rato después, se unieron a ellos Joe e Izan, ya duchados y listos para cenar en familia.

—Tú debes ser Scarlett —adivinó Joe tendiéndole la mano—. Bienvenida, espero que todos te hagamos sentir como en tu propia casa.

—Muchas gracias, todos están siendo muy amables conmigo —le respondió ella con una tímida sonrisa en los labios.

—Yo soy Izan, el marido de Claire y el padre de los dos monstruitos adorables —se presentó Izan estrechando la mano de Scarlett.

—Encantada de conocerte —le saludó ella.

Cynthia tomó el rol de anfitriona y les hizo pasar al comedor para que se sentaran a la mesa mientras ella servía los platos. Oliver se sentó a un lado de Scarlett y Noah se sentó al otro lado, pues se negaba a separarse de Scarlett. Un rato después, todos cenaban mientras charlaban alegremente. Scarlett se relajó al comprobar que todos la trataban con amabilidad y, tal y cómo le había prometido Oliver, la trataban como a una más de la familia. Oliver estuvo pendiente de ella en todo momento, acariciando suavemente su espalda con la palma de la mano para hacerle saber que todo iba bien y que no tenía ningún motivo para preocuparse, gesto que ella agradecía con una sonrisa. A ninguno de los presentes se les pasó por alto el comportamiento tan protector y delicado de Oliver con Scarlett, él mismo les había reconocido que aquella chica le gustaba, pero todos intuían que se trataba de algo más que eso. Joe, el padre de Oliver, que conocía muy bien a su hijo y compartían el mismo carácter, supo al instante que Scarlett era una chica muy especial para él, una gran chica que Oliver no dejaría escapar. La abuela Sylvia, que tenía un sexto sentido cuando se trataba de todo lo relacionado con el amor, intuyó que aquella sería la primera de muchas cenas familiares a las que Scarlett asistiría como una más de la familia.

Cita 196.

“Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti.”

Jean Cocteau.

La protegida del Capitán 2.

Oliver subió las escaleras antes de que el General Turner cambiara de opinión y lo echara de su casa. Se maldijo por haber empezado con reproches cuando lo primero que tenía que haber hecho era disculparse con ella por cómo la trató la última vez que se vieron. Se dirigió hacia el final del pasillo de la planta superior de la casa, hacia la puerta del fondo, la única que estaba cerrada. Puso la oreja sobre la puerta y escuchó a Scarlett llorar. En ese momento, Oliver sintió una punzada en el corazón. Él era el culpable de esas lágrimas y tenía que hacer algo para arreglarlo.

Respiró profundamente y abrió la puerta. Scarlett estaba tumbada boca abajo sobre la cama, ocultando su cabeza bajo la almohada para amortiguar el sonido de su llanto. Se acercó a ella despacio, se sentó en el borde de la cama y le susurró:

—Perdóname Scarlett, te debo más de una disculpa. Sé que me he comportado como un idiota y te aseguro que no volverá a repetirse pero, por favor, deja de llorar. Estoy aquí porque el General me ha dicho que quieres marcharte de la base, pero no lo va a permitir a menos que sea yo quien te acompañe. Soy tu única baza para salir de aquí y estoy dispuesto a colaborar, pero necesitaré que tú también pongas de tu parte. ¿Qué te parece si empezamos de nuevo?

— ¿Empezar de nuevo? —Preguntó Scarlett con curiosidad, sacando la cabeza de debajo de la almohada.

—Danos una segunda oportunidad para conocernos mejor —insistió Oliver—, te prometo que no te arrepentirás. Ya sabes que soy un hombre de palabra —añadió guiñándole un ojo para rebajar la tensión entre ellos—. ¿Qué me dices?

—No es una buena idea, ya sabemos cómo acabará.

—No haré nada que tú no me pidas, Scarlett—le aseguró.

—Y, ¿a dónde iríamos?

—No lo sé, ¿hablamos con el General y el Coronel para averiguarlo?

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y Oliver le tendió la mano para ayudarla a incorporarse. Salieron de la habitación y bajaron las escaleras para reunirse con el General Turner y el Coronel en el salón.

— ¿Y bien? ¿Habéis tomado ya una decisión? —Les preguntó el General, aunque lo que verdaderamente quería saber era si aquellos dos habían logrado resolver sus diferencias.

—Sí, quiero salir de la base —le confirmó Scarlett—. Pero antes quiero saber a dónde voy a ir si salgo de aquí.

Los tres hombres se miraron entre sí, pero ninguno abrió la boca. Oliver tenía una propuesta y el General estaba de acuerdo con él, pero no sabían cómo planteársela a Scarlett.

— ¿Qué te parece si nos instalamos en la granja? Allí podrás salir a pasear al aire libre y estarás segura —le propuso Oliver.

— ¿Pretendes instalarme en la granja de tu familia para esconderme de un asesino? ¿Te has parado a pensar qué podría ocurrir si me encuentra allí? —Le espetó Scarlett, completamente horrorizada—. ¿Te has parado a pesar qué le parecerá a tu familia que me instale allí?

—Nadie te encontrará en la granja porque nadie te buscará allí —le aseguró Oliver—. En cuanto a mi familia, les encantará tenerte en la granja.

—Entonces, ¿estáis de acuerdo? —Tanteó el General, sorprendido por la habilidad de Oliver al tratar con su hija.

Scarlett y Oliver asintieron ante la atenta y curiosa mirada del General Turner y el Coronel Wilmore, ninguno de los dos esperaba que aquellos dos arreglaran sus diferencias tan rápido y sin dramas de por medio. Oliver miró a Scarlett y fue consciente de lo nerviosa que estaba, así que decidió darle algo de tiempo mientras él se encargaba de informar de la situación a su familia para que no hubiera ningún problema:

—Prepara tus cosas, regresaré a buscarte después de comer.

Oliver se despidió y se marchó de la base para dirigirse a la granja. Scarlett, visiblemente nerviosa, miró a su padre y le confesó:

—Quizás hubiera sido mejor quedarme aquí.

—Puedes volver a la base cuando quieras, aquí tienes tu casa —le recordó su padre con su tono de voz más fraternal—. Oliver es un buen hombre y un gran Capitán, está poniendo todo de su parte para que esto salga bien, no se lo pongas muy difícil.

—Y la familia Parker es encantadora, te sentirán una más de la familia —le aseguró el Coronel Wilmore, que también era su padrino.

Aunque estaba nerviosa, Scarlett también estaba emocionada por volver a convivir con Oliver. Le había echado mucho de menos desde que habían regresado a la base, aquellos pocos días que habían pasado juntos en la selva la habían marcado.

Oliver regresó a la granja familiar feliz por poder estar de nuevo con Scarlett, pero un poco preocupado por cómo se comportaría su familia. A su madre le gustaba hacer de celestina, su hermana contaría anécdotas infantiles que le avergonzarían y su hermano probablemente intentaría seducirla, aquello sería una tragicomedia. Por suerte, sabía que podía contar con la ayuda de su padre y de su cuñado para que le echaran una mano, por eso fue con los primeros que habló antes de contárselo al resto de su familia.

—Y, esa chica, ¿es algo más que la hija del General Turner? —Quiso saber Cynthia, que sospechaba que su hijo tenía un interés mayor en aquella chica mayor de lo que quería reconocer.

—Es la hija del General, pero también es una chica especial y me gusta —les confesó Oliver a su familia—. La situación es complicada, os pido que seáis prudentes y que la tratéis como a una amiga más. Si os va a suponer un problema, buscaré otro lugar en el que instalarnos.

—No te preocupes, somos una familia educada y bien avenida, la trataremos tan bien que no querrá marcharse de aquí —le aseguró su hermana Claire.

—Me conformo con que no la pongáis en mi contra —murmuró Oliver.

— ¿Esa chica ha sido la causante del mal humor que arrastrabas desde que llegaste? —Le preguntó su hermano Daniel solo para fastidiarle.

—Sí, discutimos y ahora estamos más o menos bien, por eso quiero que vayáis con precaución con vuestros comentarios —les advirtió.

Después de responder a las numerosas preguntas a las que su familia le sometió, Oliver se sentó a la mesa para comer con ellos antes de ir en busca de Scarlett.

Cuando Oliver regresó a la base en busca de Scarlett, ella ya tenía las maletas preparadas en la puerta y le esperaba emocionada y nerviosa. El General Turner le recibió con una amplia sonrisa y le ayudó a cargar el equipaje de Scarlett en el maletero, momento que aprovechó para recordarle lo importante que Scarlett era para él:

—Scarlett es una buena chica y mi única hija, cuida de ella, Oliver.

—Lo haré, General Turner —le aseguró Oliver.

—Por favor, tutéame y llámame Trevor —le pidió el General, sospechando que quizás algún día el Capitán se convertiría en su yerno. Scarlett se acercó a ellos y el General, abrazándola con ternura, le dijo—: Te echaré de menos, pero Oliver cuidará muy bien de ti hasta que todo se solucione, no se lo pongas difícil.

—No te preocupes, seré una niña buena y me portaré bien, papá —le replicó Scarlett con tono burlón.

—Ten paciencia con ella, es mi hija y la quiero viva —bromeó el General con Oliver, que no pudo evitar sonreír—. Tened cuidado y mantenedme informado de cualquier incidente por pequeño que sea.

—Así lo haremos —concluyó Oliver antes de estrecharle la mano al General a modo de despedida.

Scarlett y Oliver se montaron en el coche y emprendieron el camino hacia la granja de la familia Parker, situada a las afueras de la ciudad, a unos veinte kilómetros de la base. Scarlett estaba tensa, tenía miedo de no gustarle a la familia de Oliver, al fin y al cabo solo era una completa desconocida que iba a irrumpir en su casa. Oliver, consciente de lo tensa que estaba, colocó su mano sobre la pierna de ella mientras conducía y, sin apartar la vista de la carretera, le habló para distraerla y que se relajara:

—Te va a encantar pasar una temporada en la granja, tenemos piscina y hay un río cerca al que podemos ir a bañarnos. También podrás pasear y montar a caballo, no te aburrirás. No traen los muebles de la casa hasta la semana que viene, así que nos instalaremos en la cabaña unos días hasta que la casa esté acondicionada para entrar a vivir.

— ¿Qué piensa tu familia sobre que me quede en la granja?

—Están encantados, tienen muchas ganas de conocerte.

— ¿Les has hablado de mí?

— ¡Cómo si me hubieran dejado otra opción! —Exclamó Oliver riendo divertido—. No te preocupes por nada, mi familia sabe quién eres y por qué te vas a quedar en la granja, también les he dicho que somos amigos.

—Y, ¿eso qué significa exactamente?

—Significa que no eres solo una misión, eres una amiga a la que quiero proteger mientras estoy de vacaciones.

— ¿Estás de vacaciones?

—Oficialmente sí.

— ¿Vas a pasar tus vacaciones en casa cuidando de mí? —Quiso confirmar Scarlett, que no daba crédito a lo que Oliver decía.

—Si lo dices así, parece una tortura —bromeó él para quitarle importancia.

—No quiero causarte ningún problema y, si es así, prefiero regresar a la base.

—No me estás causando ningún problema, salvo que busques la más mínima excusa para alejarte de mí —le reprendió Oliver—. Sé que estás nerviosa y no te culpo, yo también lo estaría si estuviera en tu lugar, a punto de conocer a una familia de extraños con la que vas a convivir. Pero he prometido protegerte y eso también incluye protegerte de mi propia familia si es necesario. No te preocupes, todo va a ir bien.

Scarlett se obligó a sonreír, no quería ser pesimista cuando ni siquiera había llegado a la granja ni había conocido a la familia de Oliver. No tenía ningún motivo para pensar que algo iba a ir mal, sobre todo ahora que volvía a estar con Oliver.

—Ya hemos llegado —anunció Oliver aparcando el coche frente a una pequeña cabaña dentro de la propiedad de la familia Parker.

Oliver ayudó a Scarlett a bajar del coche y la invitó a entrar en la cabaña para mostrársela. No había mucho que enseñar, la cabaña estaba compuesta por un dormitorio, un cuarto de baño y una única estancia que hacía las funciones de cocina, comedor y salón.

—Solo pasaremos unos días aquí, hasta que traigan los muebles de la casa y podamos instalarnos en ella —le dijo Oliver.

—Esta cabaña es un palacio si la comparamos con la cueva —bromeó Scarlett.

—Voy a por tus maletas para que vayas instalándote, mi madre se ha empeñado en que cenemos todos juntos en su casa esta noche.

Scarlett se puso más nerviosa, conocer a toda la familia de Oliver al mismo tiempo durante una cena en casa de sus padres le resultó más aterrador que saber que Damian Wilson y sus hombres la estaban buscando. Oliver regresó a la cabaña con el equipaje de Scarlett y se la encontró en el mismo sitio donde la había dejado unos minutos antes.

— ¿Te encuentras bien? —Le preguntó preocupado—. Ven, túmbate un rato a descansar en la cama, debes guardar reposo para que tus costillas se curen.

—Estoy cansada de guardar reposo, me aburro —protestó Scarlett.  

—Yo te haré compañía, ven conmigo —sentenció Oliver agarrándola de la mano para llevarla al dormitorio, donde se tumbó con ella sobre la cama y la abrazó igual que cuando estaban en la cueva—. He echado de menos estar así contigo.

—Y yo también —le confesó Scarlett—. Me gusta dormir abrazada a ti.

—No está mal para ser el primer cumplido que me haces —bromeó Oliver, feliz de volver a tenerla entre sus brazos—. Estás bastante tensa, ¿quieres contarme qué te preocupa?

—Todo esto es… No sé ni cómo describirlo, pero no es algo que haga habitualmente, no me instalo en la casa de nadie y mucho menos con su familia. ¿Qué pasa si no les gusto?

—Es imposible que no les gustes, no te preocupes por eso.

—Háblame de ellos.

— ¿Qué quieres saber?

—No sé, lo que quieras —le susurró Scarlett acurrucándose contra él.

—Mi hermana y mi cuñado son veterinarios; mi hermano creó una hípica; y mis padres tienen vacas y gallinas cuya leche y huevos venden a pequeños proveedores. Yo soy el único de la familia que no trabaja en la granja, al menos no profesionalmente.

— ¿Cómo acabaste convirtiéndote en Capitán?

—Desde pequeño he tenido muy claro en qué quería trabajar —le respondió Oliver mientras acariciaba su espalda.

—No me has hablado de ninguna de tus novias —le tanteó Scarlett.

—No he tenido ninguna novia.

—No me lo creo.

—Mi trabajo es complicado, no es fácil mantener una relación cuando tienes que mentir sobre tu trabajo, siempre es más fácil romper con la chica que explicarle a qué me dedico —le contestó Oliver encogiéndose de hombres—. Cierra los ojos y descansa un rato, esta noche me lo agradecerás.

Scarlett le hizo caso sin protestar, lo único que deseaba era estar abrazada a él, se hubiera quedado así el resto de su vida. Cerró los ojos y se quedó dormida mientras Oliver continuaba acariciando su espalda con ternura.  

Cita 195.

“La amistad es un chantaje mutuo elevado al nivel del amor.”

Robin Morgan.

La protegida del Capitán 1.

Había pasado una semana y Scarlett continuaba alojada en casa de su padre, el General Turner. No había visto a Oliver desde que discutieron al llegar a la base y, aunque esperaba verle aparecer en cualquier momento, esa esperanza se hacía más pequeña conforme pasaban los días. Al principio, Scarlett estaba enfadada, no podía creer que Oliver pensara que era la amante del General después de haberse entregado a él. Intentó olvidarse de él, pero le fue imposible no echarle de menos, sobre todo por las noches. Sin embargo, tampoco hizo nada para intentar hablar con él, por mucho que lo deseara.

El General Turner conocía muy bien a su única hija y sospechaba que la tristeza que veía en sus ojos estaba relacionada con el Capitán Parker. Al General Turner no le resultó difícil adivinar que entre ellos había pasado algo mientras estaban en la selva y que, por alguna razón, discutieron al llegar a la base.

—Quiero irme a mi apartamento, necesito salir de aquí —le dijo Scarlett a su padre mientras desayunaban.

—No puedes regresar a tu apartamento, Damian Wilson sabe dónde encontrarte —argumentó el General—. Pero, si te agobias sin poder salir de la base, puedo intentar buscarte un lugar seguro en el que alojarte.

—Lo que sea que me permita salir de aquí —le contestó Scarlett.

Después de desayunar, el General Turner fue en busca de su buen amigo, el Coronel George Wilmore. El Coronel conocía muy bien al Capitán Parker y, antes de poner la vida de su única hija en sus manos, el General quería conocer su opinión.

—Oliver es el mejor de mis hombres, pero llegó tocado después de la última misión —le informó el Coronel—. Está de vacaciones y no se prevé que regrese hasta dentro de seis semanas.

— ¿Soy el único que sospecha que entre el Capitán y mi hija ha pasado algo?

—No, yo también pienso que en aquella selva hubo algo entre ellos pero, sea lo que sea, me temo que no acabó bien —comentó el Coronel que, ante la mirada insistente del General, añadió—: Oliver se ha tomado unas vacaciones porque quiere evitar a Scarlett. No me lo ha dicho directamente, pero le conozco bien.

—Y, ¿qué crees que dirá si le pido que sea el guardaespaldas de Scarlett hasta que detengamos a Damian Wilson y sus hombres?

—Puede que hayan discutido, pero Oliver le ha cogido cariño a tu hija, de lo contrario no estaría tan afectado —opinó el Coronel—. Pero solo hay una manera de averiguarlo.

Y el General Turner sabía cuál era la manera de averiguarlo y no lo dudó ni un segundo, salió de la base en el coche oficial y se plantó en la granja propiedad de la familia Parker, donde adivinó que podría encontrar a Oliver.

Oliver llevaba una semana en la granja familiar, rodeándose de los suyos para intentar quitarse de la cabeza a Scarlett. Había pasado más de una semana desde la última vez que la vio y, desde entonces, no había dejado de pensar en ella. Su frustración fue en aumento conforme pasaban los días, sacando su mal humor con todo aquel que se atreviese a cruzar una palabra con él. Ni sus padres, ni sus hermanos ni su cuñado se atrevieron a preguntarle cuál era el motivo por el que estaba tan irascible, pero sí que lo comentaron entre ellos.

—Quizás ha tenido algún problema en el trabajo —comentó preocupada Cynthia, la madre de Oliver.

—Es demasiado controlador y disciplinado para tener problemas en el trabajo, yo creo que su preocupación tiene nombre de mujer —opinó Claire, la hermana de Oliver.

— ¿El hombre de hielo enamorado de una chica? No me lo creo —se mofó Daniel, el hermano de Oliver.

—Pues yo no lo tengo tan claro, nunca le había visto de tan mal humor —opinó Izan, el marido de Claire y cuñado de Oliver.

—Dejad de hablar del chico, ya es mayorcito para saber lo que se hace y no le hará ninguna gracia que habléis de él a sus espaldas —les regañó Joe, el padre de Oliver.

La familia Parker estaba muy unida, pero Joe y Oliver tenían una relación especial de padre e hijo. Ambos tenían el mismo carácter y, aunque a veces eso provocaba pequeñas discusiones, ambos se entendían a la perfección. Joe no tenía ninguna duda de que su hijo estaba disgustado y, como había dicho su hija Claire, su disgusto tenía nombre de mujer.

Ajeno a la conversación que su familia mantenía en la cocina sobre él, Oliver jugaba con sus sobrinos en la piscina cuando vio el coche oficial del General Turner entrar en la granja y detenerse frente a la puerta de la casa principal, la casa de sus padres. Sacó a sus sobrinos de la piscina, los envolvió en una toalla para secarlos y les dijo mientras les llevaba hacia el interior de la casa por la puerta de la cocina:

—Jake, Noah. Vamos a lavarnos las manos y a prepararnos para comer, ¿de acuerdo? —Los niños asintieron y obedecieron a su tío, al que acompañaron a la cocina. Con gesto de preocupación, Oliver miró a su familia y les dijo—: El General Turner está en la puerta, quedaos con los niños.

Se terminó de secar con una toalla, se puso una camiseta y se dirigió a la puerta principal de la casa justo cuando el timbre sonó.

—General Turner —le saludó Oliver, visiblemente nervioso.

—Capitán Parker, tengo que hablar con usted.

El tono serio del General no tranquilizó en absoluto a Oliver, quién comenzó a sospechar que el General había averiguado lo que había ocurrido en la selva entre él y Scarlett. Oliver le hizo un gesto al General para que le acompañara a dar un paseo por los terrenos de la granja, no quería que su familia se enterara de aquella conversación.

—Usted dirá, General —le animó Oliver, que quería acabar con lo que fuera aquello cuanto antes.

—Sé que entre Scarlett y tú ha pasado algo…

—General…

—Sí, ya sé que estás de vacaciones, pero no confío en nadie más que en ti cuando se trata de la seguridad de mi única hija.

— ¿Scarlett es su hija? —Preguntó Oliver sorprendido.

—Así es, ¿Scarlett no te lo había dicho?

—No y tampoco sabía que usted tuviera una hija, ni siquiera llevan el mismo apellido.

—La madre de Scarlett murió cuando ella era un bebé, tenía que protegerla pero no podía estar siempre con ella debido a mi trabajo, así que decidí ocultar su existencia para impedir que alguien nos relacionase.

— ¿A qué ha venido, General?

—Scarlett quiere marcharse de la base, está agobiada y de mal humor, pero no puedo permitir que se marche sin escolta y solo confío en ti para proteger a mi hija. Sé que estás de vacaciones, pero estoy dispuesto a darte dos días libres por cada día que estés protegiéndola.

— ¿Scarlett está al corriente de su visita?

—No, pero me ha dicho que está dispuesta a lo que sea si así consigue salir de la base —le aseguró el General—. Además, creo que ambos debéis resolver algunas cosas.

—Supongo que no perdemos nada por intentarlo —aceptó Oliver—. ¿Dónde nos instalaremos?

—No lo hemos decidido, pero será en un lugar seguro, discreto y sin relación con el ejército para no levantar sospechas.

—Primero hablaremos con Scarlett, es posible que cambie de opinión cuando sepa cuál es la alternativa.

Media hora más tarde y después de haberse duchado, Oliver se dirigió hacia a la base, concretamente hacia la casa del General Turner. Estaba nervioso, ansiaba ver a Scarlett y esperaba poder hablar con ella para aclarar las cosas. Se bajó del coche y no tuvo que llamar a la puerta, el General le estaba esperando.

—Scarlett está con el Coronel, en seguida regresan —le informó el General—. Todavía no he podido hablar con ella, pero seguro que se alegra de poder salir de aquí.

El General invitó a Oliver a entrar en la casa y, tras ofrecerle algo de beber, ambos se acomodaron en el sofá del salón. No tuvieron que esperar mucho, Scarlett y el Coronel llegaron cinco minutos más tarde.

Scarlett se quedó paralizada cuando entró en casa y se encontró a Oliver sentado en el sofá, charlando tranquilamente con su padre.

— ¿Qué ha pasado? —Preguntó Scarlett preocupada.

—Querías salir de la base y la condición era que llevaras guardaespaldas —le recordó su padre—. Ya conoces al Capitán Parker, él será tu sombra mientras estés fuera de la base.

Scarlett miró a Oliver en busca de una señal que le confirmase que estaba de acuerdo con aquella decisión, pero su gesto era indescifrable. 

—No creo que sea una buena idea —opinó Scarlett con un hilo de voz, incapaz de seguir sosteniéndole la mirada a Oliver.

—Creo que, antes de tomar una decisión de la que puedas arrepentirme, deberíais primero resolver vuestras diferencias y decidir si estáis dispuestos a seguir adelante con esto —les dijo el Coronel, que era un hombre muy sabio.

—No seas testaruda —le advirtió el General a su hija besándola en la mejilla—, esta es tú única posibilidad de salir de la base mientras que Damian Wilson siga huido.

Scarlett resopló con frustración, no quería discutir con Oliver y tampoco pensaba aclararle nada, no se lo merecía. Sin embargo, tampoco podía evitar emocionarse al verlo frente a ella, con semblante despreocupado y mirada indescifrable.

— ¿Damos un paseo? —Le propuso Oliver, necesitaba salir de aquella casa para poder mantener una conversación sincera con ella. Scarlett asintió y salió de la casa seguida de Oliver, que no dudó en colocar su mano sobre la espalda de ella—. ¿Cómo estás?

—He tenido días mejores.

— ¿Y tus costillas?

—Bien, solo era una pequeña fisura que ya está casi curada —mintió para restarle importancia.

—Scarlett, yo… ¿Por qué no me dijiste que eras la hija del General?

—Tú ya habías sacado tus propias conclusiones, ¿qué importaba lo que yo dijese?

—Me dejaste creer que eras su amante —le reprochó.

—Era lo que tú querías creer, quizás era la manera fácil de…

— ¿De qué? ¿De olvidarme de lo que ocurrió entre nosotros en la cueva? —Le espetó Oliver furioso.

—Te fuiste sin dejar que te diera una explicación, no pareció importarte demasiado largarte y dejarme aquí.

— ¿Eso es lo que crees? ¡Qué poco me conoces! —Estalló Oliver con amargura en la voz—. Has estado casi una semana conviviendo conmigo en mitad de una selva y no sabes nada de mí.

—Esto ha sido un error desde el principio, es mejor que me quede en la base hasta que detengan a Damian Wilson —sentenció Scarlett con los ojos brillantes, conteniendo las lágrimas—. Lamento que te hayan hecho venir aquí para nada.

Scarlett dio media vuelta, dispuesta a regresar a la casa del General, pero Oliver la agarró del brazo con firmeza para detenerla y le advirtió:

—Si pasados unos días cambias de opinión, yo no estaré disponible.

— ¿Eso significa que puedo salir de aquí con otro agente que no seas tú?

— ¡Maldita sea, Scarlett! —Vociferó Oliver fuera de sí—. ¿Acaso pretendes volverme loco? ¿No has tenido suficiente con hacerme creer…?

— ¿Va todo bien por aquí? —Preguntó el Coronel, acercándose a ellos.

—Sí, le estaba diciendo al Capitán Parker que agradezco mucho que haya venido hasta aquí, pero me temo que es mejor que me quede en la base —decidió Scarlett. Y con las lágrimas a punto de derramarse de sus ojos, se excusó antes de regresar a la casa—: Lo siento, disculpadme.

Scarlett recorrió el camino a la inversa para regresar a casa y, sin mediar palabra, entró y subió las escaleras para encerrarse en su habitación, donde las lágrimas se desbordaron y rodaron por sus mejillas como cascadas.

El General Turner, alarmado por aquel extraño comportamiento de su hija, se quedó mirando las escaleras que daban acceso a la planta superior sin saber qué hacer. ¿Trataba de consolar a su hija o le dejaba tiempo e intimidad para que fuera ella la que fuese a hablar con él? Con un pie en el primer peldaño de la escalera, el General se detuvo cuando escuchó la voz de Oliver detrás de él:

—Por favor General, deje que sea yo quien suba a hablar con ella.

El General y el Coronel intercambiaron una significativa mirada, ambos conocían el carácter de Scarlett y sabían que aquello no era una rabieta, aquello escondía mucho más de lo que ellos podían confirmar pero que ya sospechaban.

—Está bien —accedió el General.

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