messeptiembre 2019

Cita 194.

“Hay un encanto sobre el olvido que lo hace inexplicablemente deseable.”

Mark Twain.

La protegida del Capitán.

La historia de Oliver y Scarlett comienza con el relato “Escondidos en la Selva“, cuando a Oliver le asignan una misión extra oficial: proteger a una joven del asesino sin escrúpulos que la busca. Con ella emprende una huida atravesando la selva. Oliver sospecha que Scarlett mantiene una relación con el General Turner y, pese a que se siente muy atraído por ella, decide mantener las distancias y evitar la tentación. Hasta que, finalmente, ambos dejan de resistirse y se entregan a la pasión.

Después de unos días ocultándose de Damian Wilson y de sus hombres, y tras pasar la tormenta, Oliver consigue llevar a Scarlett a la base. Nada más llegar, el General Turner y el Coronel Wilmore les esperan en el puerto y Oliver es testigo del cariñoso recibimiento que el General le dedica a Scarlett. Creyendo que Scarlett es la amante del General, le reprocha su actitud y, dejándola con la palabra en la boca, se marcha dejándola en la consulta del doctor.

Oliver se siente engañado por Scarlett, tan solo hacía unos días que la conocía, pero habían sido unos días muy intensos en los que había sentido mucho más que una atracción sexual por ella. Dolido como estaba, decidió alejarse y tomarse unas más que merecidas vacaciones, necesitaba olvidarse de ella. Scarlett también decidió alejarse de Oliver, la había ofendido al pensar que era la amante del General cuando en realidad era su hija, pero lo que más la había dolido es que siguiera pensando aquello después de haberse entregado a él por completo.

Ambos están decididos a olvidar su corta historia de pasión en la selva, pero el destino es caprichoso y volverá a unir sus caminos. ¿Serán capaces de contener la atracción que sienten el uno por el otro o caerán en las garras de la pasión? ¿Podrán arreglar sus diferencias o el orgullo les jugará una mala pasada? Si quieres averiguar qué pasará entre Oliver y Scarlett, no te pierdas los capítulos de esta historia:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Cita 193.

“Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo, como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria; y sus amigos podían sólo leer el título.”

Virginia Woolf.

Escondidos en la Selva V.

Nada más regresar a la cueva, Oliver cogió la pomada antinflamatoria y le hizo un gesto a Scarlett para que se tumbara y ella no esperó a que se lo repitiera dos veces. Le gustaba sentir las manos calientes de Oliver sobre sus costillas, cuidando de ella con delicadeza y ternura. Cuando terminó, le ordenó que guardara reposo mientras él se encargaba de avivar el fuego de la hoguera y cocinar el pescado para cenar.

En cuanto anocheció, la temperatura se desplomó. Hacía frío, el viento azotaba con fuerza y llovía a cántaros, pero en la cueva estaban resguardados de las inclemencias del tiempo, siempre que el fuego de la hoguera se mantuviera encendido.

Cansada de permanecer tumbada, Scarlett se levantó a los pocos minutos y se acercó a Oliver, que estaba asando los peces en la hoguera. Él la miró con gesto serio y, con tono de advertencia, le dijo:

—Si no guardas reposo, la lesión se puede agravar.

—Si sigo tumbada, mi cuerpo se entumecerá.

—La cena ya casi está —anunció Oliver—. ¿Te apetece pescado?

—Preferiría un buen filete de carne pero, dadas las circunstancias, cenar pescado me parece todo un manjar —bromeó Scarlett.

La lluvia y el viento azotaban con fuerza y, aunque no penetrara en la cueva donde se refugiaban, ambos podían oírlo. Scarlett estaba tensa, le daban miedo las tormentas y estar en una cueva en mitad de la selva no mejoraba la situación. Oliver se percató del nerviosismo de ella y le preguntó:

— ¿Estás bien?

—Sí.

—Mientes.

—Estoy bien, es solo que no me gustan las tormentas.

— ¿Te dan miedo las tormentas? —Le preguntó Oliver sonriendo divertido.

—Simplemente, no me gustan.

—Te prometí que no dejaría que te ocurriera nada y soy un hombre de palabra.

Un rato más tarde, ambos cenaron y Oliver trató de distraerla hablándole de su familia para que se olvidara de la tormenta. Le habló de su feliz infancia en la granja, le contó divertidas anécdotas de sus hermanos y lo mucho que le gustaba pasar el rato con sus sobrinos construyendo cabañas en los árboles. Scarlett le escuchó con interés, Oliver era un hombre divertido, inteligente y muy atractivo, pero se obligó a recordar que también era el Capitán Parker y estaba allí con ella para llevar a cabo una misión.

Hacia la medianoche, Scarlett comenzó a bostezar y Oliver, tras echar más leña a la hoguera para que el fuego se mantuviera encendido, le susurró a Scarlett:

—Es hora de dormir, señorita Sanders.

Scarlett no protestó, estaba cansada y, aunque jamás lo reconocería en voz alta, deseaba acurrucarse junto a Oliver.

La tormenta azotó con fuerza la isla durante los siguientes tres días en los que Oliver y Scarlett permanecieron en la cueva, refugiándose de la lluvia y del viento. Durante ese tiempo, se alimentaron de las frutas que habían recolectado y de las dos latas de conservas que les quedaban. Además de avivar el fuego de la hoguera, poco más podían hacer para entretenerse, así que se limitaron a tumbarse sobre la esterilla para no gastar más energía de la que ingerían y a charlar para distraerse.

Gracias a aquellas charlas, Scarlett averiguó muchas cosas sobre Oliver que la fascinaron a la vez que sorprendieron. Le gustaba escucharle hablar del futuro y que incluyera a su familia en él, pero se inquietó cuando le escuchó decir que le gustaría ser padre. Scarlett sabía que Oliver sentía la misma atracción que ella, pero también era consciente de cómo él guardaba las distancias y se separaba de ella cuando más cerca estaban el uno del otro. Finalmente,  Scarlett aprovechó la ocasión para preguntarle lo que quería saber cuándo Oliver mencionó el tema de ser padre:

— ¿Estás casado?

—No —le respondió Oliver, escrutándola con la mirada.

— ¿Tienes pareja?

—No —respondió de nuevo Oliver sin dejar de mirar a Scarlett, tratando de adivinar a dónde quería ir a parar con aquellas preguntas.

— ¿Cuánto hijos te gustaría tener?

—No lo sé, no es algo en lo que haya pensado —le confesó Oliver y añadió encogiéndose de hombros—: Supongo que los que vengan, bienvenidos serán.  

— ¿Has pensado en cómo compaginarás tu trabajo con formar una familia?

—Me gusta mi trabajo, pero en unos años ya no podré dedicarme a ello como hasta ahora, probablemente me destinen como coordinador de equipo desde la base —le explicó Oliver mientras echaba más leña a la hoguera—. Seguiré teniendo unos horarios de trabajo complicados, pero ya no pasaré semanas lejos de casa.

—Estarás más cerca, pero seguirás sin tener tiempo para dedicarle a tu familia —comentó Scarlett con tristeza. Oliver frunció el ceño y Scarlett se apresuró en aclararle—: No quiero decir que no quieras pasar tiempo con tu familia, pero en un trabajo como el tuyo es complicado conciliar.

—Primero tengo que encontrar a una mujer que esté dispuesta a formar una familia conmigo, después ya pensaré en cómo conciliar el trabajo con la familia —bromeó Oliver, tumbándose de nuevo junto a Scarlett.

—Estoy segura de que no te faltan candidatas.

—Todavía no he encontrado a ninguna candidata que me interese y, la que me interesa, no está disponible.

—Mm… El Capitán Parker tiene un secreto oscuro —bromeó Scarlett—. ¿Tienes una aventura con una mujer casada?

— ¡No! —Le respondió Oliver ofendido—. ¿Por quién me has tomado?

—Oye, has sido tú quién ha dicho que la mujer que te interesa no está disponible —se justificó Scarlett sin poder ocultar la risa.

—Háblame de ti —le pidió Oliver, abrazándola y estrechándola contra su cuerpo para combatir el frío.

— ¿Qué quieres saber? —Le dijo ella mientras jugueteaba con sus dedos sobre el pecho de él.

—Mm… No deberías provocarme, no soy de piedra —le advirtió con la voz ronca.

—Yo tampoco —le contestó Scarlett, acariciándole con sensualidad.

Oliver recorrió la pequeña distancia que le separaba de los labios de Scarlett y, tras mirarla a los ojos para pedirle permiso, la besó. Fue un beso cauto, un leve roce de labios para tantearla y, al ver que ella no se apartaba, intensificó el beso. Scarlett le correspondió y rápidamente se convirtieron en una maraña de besos y caricias que Oliver se vio obligado a detener muy a su pesar:

—Espera, no podemos seguir con esto.

— ¿Por qué no? —Protestó Scarlett.

—Aunque sea una misión extra oficial, estoy de servicio —argumentó Oliver, callándose lo que realmente pensaba.

—Olvídate del Capitán Parker por una noche —casi le rogó Scarlett—. Esta noche solo estamos tú y yo, en mitad de la selva, refugiados de la tormenta en una cueva.

Scarlett ya no se sentía con fuerzas para seguir conteniendo el deseo que sentía de fundir su cuerpo con el de Oliver y estaba dispuesta a terminar lo que habían empezado. Mirando a Oliver a los ojos, le dijo:

—Dime que no lo deseas y no insistiré, pero sé sincero contigo mismo.

—Lo deseo —le confesó Oliver con la voz ronca y, cambiando la postura con Scarlett para que no se hiciera daño, añadió—: Deseo desnudarte lentamente, besar y acariciar cada recoveco de tu piel, hundirme en ti y colmarte de placer hasta que grites mi nombre mientras te corres entre mis brazos.

Y Oliver, que era un hombre de palabra, cumplió con todo lo que le había dicho. Ambos se entregaron al placer de fundirse el uno con el otro sin pensar en nada más que en resolver aquella tensión sexual que habían mantenido durante cinco días con sus cinco noches.

A la mañana siguiente, Scarlett se despertó entre los brazos de Oliver. Ambos estaban desnudos bajo la manta térmica, pero ninguno de los dos se sintió incómodo por ello. Sin embargo, Oliver sí estaba un poco tenso. No podía dejar de pensar en la mujer que descansaba entre sus brazos, la misma mujer de la que sospechaba que mantenía una relación con el General. Había cometido la mayor insensatez de su vida, pero sin ninguna duda Oliver volvería a repetirlo aunque naciera cien veces.

—Buenos días, dormilona —le susurró al oído cuando ella abrió los ojos—. ¿Estás bien?

—Ajá —le respondió ella medio dormida, rozando con su pierna la erección de Oliver.

—No me tientes…

—Mm… —Gimió Scarlett, rozándose de nuevo contra él solo para provocarlo.

Y funcionó. Una milésima de segundo después, Oliver se abalanzaba sobre Scarlett y la besaba con verdadera necesidad hasta que, una vez más, sonó el teléfono móvil de Oliver.

— ¡Maldito teléfono! —Gruñó Oliver con exasperación antes de responder la llamada de mal humor—: ¿Sí?

— ¿Problemas en el paraíso? —Se mofó Dexter desde el otro lado del teléfono.

— ¿Hay novedades? —Preguntó Oliver ignorando el comentario de su amigo.

—La tormenta desaparecerá a última hora de la tarde —anunció Dexter—. Creemos que Damian y sus hombres se marcharán de la isla mañana a primera hora.

—Estaremos listos para salir de aquí, llámame mañana por la mañana e infórmame de las novedades.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Dexter, preocupado por el extraño tono de voz de su amigo.

—Sí, hablamos mañana —le respondió antes de colgar. Se volvió hacia a Scarlett y, con su tono de voz más seductor, le susurró antes de besarla—: Creo que lo habíamos dejado por aquí…

Pasaron el resto del día dejándose llevar por el deseo y la pasión. Cada mirada, cada roce, encendían una chispa que provocaba un incendio entre ellos y ninguno de los dos quiso hacer nada para apagarlo.

A primera hora de la mañana, Dexter llamó de nuevo y anunció que Damian y sus hombres estaban abandonando la isla. Cuando colgó, Oliver puso a Scarlett al corriente de la situación y no pudo evitar sentirse dolido al comprobar la felicidad que ella mostraba al enterarse de que regresaban a la ciudad. Necesitaba descubrir cuál era la relación que Scarlett mantenía con el General pero no se atrevía a preguntárselo directamente porque temía que se tomara la pregunta cómo una acusación.

Oliver y Scarlett se pusieron en camino para salir de la selva y llegar al pequeño puerto del norte, donde un barco del ejército les estaba esperando para llevarles de regreso a la base. Ambos mantuvieron las distancias durante todo el trayecto en barco, ya que estaban rodeados de personal del ejército, pero Oliver se impacientaba cada vez más al ver que estaban a punto de atracar en el puerto de la base y Scarlett no abría la boca.

Desembarcaron a última hora de la tarde, el General Turner y el Coronel Wilmore esperando en el puerto y Oliver palideció cuando el General recibió a Scarlett con un afectuoso abrazo al mismo tiempo que le preguntaba con dulzura:

—Cariño, ¿estás bien? Si te llega a pasar algo yo…

—Estoy bien, aunque necesito una ducha urgente —bromeó Scarlett.

—En seguida te llevo a casa —le aseguró el General a su hija tras darle un tierno beso en la sien. Se volvió hacia Oliver y, estrechándole la mano, le dijo—: Capitán Parker, gracias por traerla de vuelta sana y salva.

—No hay de qué, solo cumplía con mi trabajo, Señor.

—El doctor os está esperando, os hará una revisión para comprobar que estáis bien —les dijo el Coronel y ordenó a Oliver—: Capitán Parker, acompaña a la señorita Sanders, en unos minutos os alcanzamos.

Oliver asintió, tratando de asimilar lo que acababa de ver. Sus sospechas se confirmaban, no le costó adivinar que el General Turner y Scarlett eran amantes después de ver el recibimiento que el General le había dado a Scarlett. Oliver se odiaba por haberse dejado engañar por aquella chica y poner en riesgo su carrera profesional en el ejército al intimar con la amante del General. Estaba furioso, estalló contra Scarlett en cuanto se quedaron a solas en la sala de espera del doctor de la base:

— ¿Es que piensas quedarte en casa del General?

—Sí —le respondió Scarlett sin entender a qué venía ese tono.

—Claro, la aventura de la isla ya ha terminado y ahora tienes que seducir al General, ¿no?

— ¿Qué estás…?

— ¡Sabes muy bien lo que digo! Ayer estabas entre mis brazos y esta noche estarás entre los brazos del General, eres…

— ¿Capitán Parker, señorita Sanders? —Les interrumpió el doctor para llamar la atención de ambos—. Pasen a la consulta, por favor.

—La señorita Sanders pasará primero, tiene un fuerte golpe en las costillas que debe examinar, es posible que haya alguna pequeña lesión.

—Usted también debe hacerse la revisión, Capitán Parker —le advirtió el doctor.

—Lo sé, regresaré más tarde —le aseguró antes de marcharse.

Scarlett se quedó bloqueada, no entendía lo que acaba de pasar, no llegaba a comprender cómo era posible que Oliver pensara que era la amante del General después de haberse entregado a él en la cueva. El doctor la examinó y, tras comprobar que tenía una fisura en una costilla, le ordenó guardar reposo durante unos días.

Scarlett se refugió en casa del General, una casa que hacía años que no visitaba ya que no pisaba la base desde que Damian Wilson descubrió que era la hija del General. Permaneció allí tres días y esperó a que Oliver la visitara, pero no fue así y ella tampoco hizo nada para hablar con él y aclarar la situación.

Si quieres saber cómo continúa esta historia, no te pierdas la novela “La protegida del Capitán”.

Cita 192.

“Canta, pero no te preocupes porque todo va a ir bien.”

Bob Marley.

Escondidos en la Selva IV.

Regresaron al manantial para recoger sus cosas y trasladarse a la nueva cueva, pero antes descansaron un rato y comieron algo. Les quedaban un par de latas de conserva que decidieron guardar para más adelante ya que no sabían cuántos días pasarían ocultándose en la selva, así que optaron por comerse un par de frutas. Después de comer y descansar un poco, a Scarlett se le antojó darse un baño en el manantial para refrescarse, pero esta vez no invitó a Oliver, tan solo cogió una muda de ropa limpia de su mochila y se limitó a informarle de lo que iba a hacer.

— ¿Te importa si te acompaño? —Se oyó preguntar Oliver.

Sorprendida por aquella pregunta, Scarlett se giró para mirarle y comprobar si hablaba en serio o le estaba tomando el pelo, pero no vio ningún atisbo de burla en su expresión.

—En absoluto —le respondió con fingida indiferencia.

Oliver se levantó, cogió una muda de ropa limpia y la siguió hasta el manantial. Scarlett, sin mostrar ningún tipo de pudor, se deshizo de su camiseta y su short y se metió en el agua del manantial en ropa interior. Oliver la imitó y también se zambulló en el manantial vestido tan solo con un ajustado bóxer de color negro.

Scarlett nadaba en el manantial cuando Oliver se unió y se acercó a él despacio, con una sonrisa en los labios y una mirada traviesa que cautivó a Oliver.

—Señorita Sanders, ¿pretende hacerme una ahogadilla? —Bromeó Oliver y añadió con la voz ronca—: No debería pensar en atacar a un Capitán del Ejército, es un delito muy grave y tendría que arrestarla.

—Mm… Teniendo en cuenta que no hay calabozos por aquí, ¿qué podría hacer conmigo, Capitán? —Le siguió el juego Scarlett, acercándose a él con sensualidad, dispuesta a provocarle y, aunque no quisiera admitirlo, también estaba dispuesta a seducirle.

Oliver recorrió los pocos centímetros que le separaban de Scarlett, pegando su pecho al de ella. La agarró suavemente por las muñecas y le colocó los brazos detrás de la espalda, inmovilizándola a la vez que le susurraba al oído:

—Se me ocurren muchas cosas que podría hacer contigo, pero no creo que al General le guste ninguna de ellas.

El teléfono móvil comenzó a sonar y ambos resoplaron con frustración, cansados de que el maldito teléfono sonase cada vez que saltaba la chispa entre ellos. Oliver cogió el teléfono sin salir del manantial y respiró profundamente antes de responder la llamada.

— ¿Hay alguna emergencia?

—Parece que alguien está de mal humor —se mofó Dexter.

—Pues no te llamamos para alegrarte el día, precisamente —intervino Caleb, aventurando que iban a darle una mala noticia.

— ¿Vais a contarme qué pasa o tengo que adivinarlo? —Bufó Oliver.

—Sí, está de mal humor —confirmó Dexter con tono burlón.

Caleb, que conocía a sus dos compañeros y lo mucho que les gustaba provocarse, fue directo al grano e informó a Oliver de la situación:

—Una fuerte tormenta tropical se acerca rápidamente por el oeste y llegará a la isla en unas veinticuatro horas, treinta como mucho.

—Debes buscar un lugar adecuado en el que refugiaros y también hacer acopio de provisiones, se prevé que la tormenta se quede en la isla tres o cuatro días —añadió Dexter.

—Genial —bufó Oliver con sarcasmo.    

— ¿Va todo bien con la protegida del General? —Quiso saber Dexter.

—Lleva dos días en la selva y no se ha quejado ni una sola vez, así que supongo que todo va bien —le respondió Oliver mientras miraba a Scarlett cómo nadaba a pocos metros de ella, ajena a lo que él decía—. Llamadme si hay novedades, probablemente Damian Wilson y sus hombres se retiren de la isla cuando pase la tormenta.

—Estaremos alerta y te mantendremos informado —añadió Caleb antes de despedirse y colgar.

Oliver dejó el teléfono sobre su ropa y se volvió para mirar a Scarlett, que se acercaba a él tras comprobar que ya no hablaba por teléfono.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó al verle tan serio.

—Se acerca una tormenta tropical que llegará mañana por la tarde, debemos trasladarnos ya a la nueva cueva y hacer acopio de suministros. Tenemos mucho trabajo qué hacer.

Una vez más, el momento mágico se veía enturbiado por una llamada de teléfono portadora de malas noticias. Sin perder el tiempo, Oliver y Scarlett se pusieron manos a la obra y se trasladaron a la nueva cueva, más alejada del manantial y del río, pero también mucho más grande y segura. Instalados en la nueva cueva, Oliver se dispuso a recoger leña para poder mantener el fuego encendido durante los días que durara la tormenta mientras que Scarlett optó por recoger algunas frutas para hacer acopio de provisiones hasta que, trepando por un árbol, resbaló, cayó y se golpeó en las costillas. Regresó a la cueva, descargó la mochila repleta de frutas que había portado sobre la espalda y se sentó sobre una piedra plana, agotada y adolorida, para examinar sus costillas.

— ¿Qué te ha pasado? —Preguntó Oliver soltando la leña que cargaba al ver a Scarlett magullada y se acercó a ella para examinar sus heridas.

—Estoy bien, solo son unos rasguños —le quitó importancia Scarlett.

—Deja que yo decida si estás bien, vamos a echarle un vistazo a tus heridas.

Oliver limpió y curó todos los rasguños que Scarlett tenía en el cuerpo y también examinó la fuerte contusión que tenía en las costillas.

—Te has dado un buen golpe, pero creo que no tienes ninguna costilla rota. Te pondré un poco de pomada antinflamatoria y te calmará bastante el dolor —le dijo Oliver mientras buscaba la pomada en su mochila. Cuando encontró la pomada, le dio la espalda a Scarlett y añadió con voz de ordeno y mando—: Levántate la camiseta y túmbate sobre el lado izquierdo.

Scarlett obedeció sin rechistar, sabía que si protestaba al final acabaría discutiendo con Oliver y habían pactado una tregua que no quería romper. Se levantó la camiseta hasta la altura de sus pechos, tapándolos con la camiseta, y se tumbó de lado. Oliver se colocó junto a ella y comenzó a esparcir la pomada sobre el lado derecho de sus costillas, masajeando la zona con suavidad para no hacerle daño.

—Quédate así un rato, hasta que la piel absorba toda la pomada —le ordenó Oliver—. Voy a encender el fuego para que la cueva se vaya caldeando, la temperatura está descendiendo muy rápido y parece que tendremos una noche bastante fría.

—Genial, todo son buenas noticias —ironizó Scarlett.

Oliver encendió la hoguera en uno de los rincones de la cueva, resguardándola del viento pero cerca de la entrada para facilitar la salida del humo y no acabar intoxicándose. Scarlett le observó durante todo el proceso, le vio colocar un círculo de piedras en el suelo y llenarlo de ramas secas para después prenderlas con la ayuda del kit de encender fuego. Después de encender la hoguera, Oliver se acercó a Scarlett y, tras comprobar que la pomada ya había sido absorbida, le dijo a Scarlett:

—Ya puedes bajarte la camiseta, pero quédate tumbada en la esterilla, no debes hacer esfuerzos.

— ¿A dónde vas?

—Voy a asearme al río y, con un poco de suerte, a ver si logro pescar algo para cenar.

—Y, mientras tanto, ¿qué puedo ir haciendo?

—Quiero que te estés quieta y guardes reposo, ¿podrás hacerlo?

—Sí —gruñó Scarlett.

—No tardaré mucho en regresar y no iré lejos, grita si me necesitas y vendré en seguida, ¿de acuerdo? —Scarlett asintió y Oliver añadió con tono burlón—: No quiero que vuelvas a hacerte daño jugando a las amazonas.

Scarlett le sacó la lengua y Oliver salió riéndose de la cueva. Mientras él se dirigió al río, ella aprovechó para cambiarse de ropa y volvió a acostarse sobre la esterilla, donde se quedó dormida un rato después. Un par de horas más tarde, Oliver regresó a la cueva con cuatro peces grandes que había logrado pescar en el río y se encontró a Scarlett durmiendo acurrucada sobre la esterilla. Con cuidado para no despertarla, le echó una manta por encima y se dispuso a preparar la cena. Cocinó los cuatro pescados en la hoguera y, cuando los tuvo listos, despertó a Scarlett para cenar.

—Despierta, es hora de cenar —le dijo susurrando para no asustarla.

— ¿Cuándo has vuelto? —Preguntó Scarlett sentándose en la esterilla, tratando de disimular el dolor que sentía en las costillas.

—Hace un rato —le respondió Oliver sentándose a su lado. Le mostró el pescado cocinado y añadió para hacerla sonreír—: ¿Qué le parece la cena, señorita Sanders?

—Mm… Tiene muy buena pinta —reconoció Scarlett y añadió bromeando—: No puedo creer que vayamos a cenar pescado, solo nos falta una botella de vino.

—Me temo que el vino tendrá que esperar hasta que salgamos de la selva.

Sentados en la esterilla, se comieron los peces que Oliver había pescado y un par de frutas de postre. Después de cenar, Oliver se interesó por la vida de Scarlett y comenzó a realizarle preguntas inocentes que le permitieran conocerla mejor pero sin incomodarla. Cuando Scarlett comenzó a bostezar, Oliver insistió en echarle un vistazo a sus costillas para asegurarse de que todo estaba bien, pero se preocupó al ver el enorme hematoma que cubría todo el lateral derecho de sus costillas. Hizo que Scarlett se tumbara de lado y, tumbado junto a ella, comenzó a impregnar de pomada toda la zona contusionada.

—Nos conocemos desde hace tres días y todavía no me has contado nada sobre ti —comentó Scarlett mientras él continuaba aplicándole la pomada.

—Mi vida no es muy interesante, ¿qué quieres saber?

—No sé, ¿tienes familia?

—Sí.

—Pues háblame de ellos —le pidió Scarlett.

—Mis padres viven a las afueras de la ciudad, en la pequeña granja familiar que construyeron mis bisabuelos con sus propias manos —comenzó a decir Oliver sin dejar de acariciar la suave piel de Scarlett cubierta por la pomada—. Son humildes y trabajadores, les gusta la vida en el campo con sus vacas, sus gallinas y sus caballos.

Scarlett sonrió al imaginarse a Oliver de niño, correteando por la granja detrás de las vacas, asustando a las gallinas y tratando de subirse a los lomos de un caballo.

— ¿Qué te hace tanta gracia?

—Te imaginaba en la granja cuando eras niño, debió ser divertido crecer en un lugar así —le respondió ella con sinceridad.

—No resulta tan divertido cuando tienes que ayudar en la granja —musitó Oliver.

—A mí me hubiera gustado criarme en una granja, rodeada de naturaleza y animales, disfrutando de la libertad del campo.

— ¿Dónde creciste tú?

—No trates de desviar la conversación, estábamos hablando de ti —le regañó Scarlett dedicándole una sonrisa burlona—. ¿Tienes hermanos?

—Sí, tengo un hermano y una hermana más pequeños que yo. Y también tengo un sobrino y una sobrina, ambos hijos de mi hermana y su marido.

—Y, ¿todos viven en la granja?

—Sí, pero en cada uno en su casa. Mis padres viven en la casa principal; mi hermana vive con su marido y sus hijos en otra casa a pocos metros de distancia de la de mis padres; y mi hermano vive en una tercera casa cerca de los establos —le explicó Oliver.

— ¿Dónde vives tú?

—Generalmente, en la base. Pero poseo un pequeño apartamento en el centro de la ciudad y tengo en proceso la construcción de una casa en los terrenos de la granja de mis padres.

—Eso está bien, es bueno tener a la familia cerca.

A Oliver no le pasó por alto la tristeza en los ojos de Scarlett al pronunciar aquellas palabras, pero se abstuvo de preguntar y se limitó a bajarle la camiseta, la piel ya había absorbido toda la pomada. Scarlett se abrazó a él y cerró los ojos, quedándose dormida casi al instante.

Oliver sonrió embelesado, aquella chica tan peculiar no tenía nada qué ver con la imagen que se hizo de ella cuando le enseñaron su foto en la base. Pensó que sería una niña de papá, superficial y esnob, pero se encontró a una chica hermosa, inteligente y humilde. La estrechó entre sus brazos y la besó en la sien al mismo tiempo que le deseaba dulces sueños en un susurro para no despertarla.

A la mañana siguiente, ambos se levantaron temprano y se dirigieron al río. Esperaban que la tormenta llegase a última hora de la tarde y aprovecharon para recolectar frutas e intentar pescar algunos peces con los que alimentarse, ya que solo les quedaban un par de latas de conservas. Regresaron a la cueva a media tarde con varios peces y dos mochilas repletas de frutas, justo cuando comenzaba a llover.

Cita 191.

“Debajo de tu piel vive la luna.”

Pablo Neruda.

Escondidos en la Selva III.

Después de darse un rápido pero refrescante baño en el manantial, Oliver llevó a Scarlett a la pequeña cueva que había encontrado a pocos metros de allí. Scarlett se quedó asombrada cuando vio todo lo que Oliver había hecho mientras ella disfrutaba de un agradable baño. Nada más entrar había una pared rocosa que resguardaba el interior de la cueva del viento tras la que Oliver había preparado un pequeño círculo con piedras y había depositado ramas secas para encender una hoguera. Al fondo de la cueva, Oliver había tendido en el suelo las esterillas, había puesto encima las mantas térmicas y había colocado su mochila a modo de almohada.

Oliver esperó la reacción de Scarlett, pero ella permaneció en silencio, observando hasta el más mínimo detalle que Oliver había tenido en acondicionar aquella cueva en un lugar íntimo y acogedor en el que pasar la noche.

—No es un hotel de cinco estrellas, pero no está mal para estar en medio de la selva —se justificó Oliver ante el silencio de ella.

—Es perfecto, una habitación de hotel rural en mitad de la selva —bromeó Scarlett, agradecida por el detalle y el esfuerzo de Oliver.

— ¿Eso ha sido sarcasmo? —Preguntó Oliver desconcertado.

—No. Eso ha sido un agradecimiento por el enorme detalle que has tenido al preparar todo esto tú solo, sin protestar y además con buena cara —le respondió Scarlett y, con una traviesa sonrisa en los labios, añadió bromeando—: ¿El alojamiento también incluye servicio de habitaciones?

—Por supuesto, servicio de habitaciones y calefactor humano para las noches frías.

Entre bromas se encargaron de preparar la cena, una lata de conservas calentada en la improvisada hoguera. A Oliver le sorprendió lo divertido que le resultaba estar con Scarlett pese a estar en mitad de la selva en una misión extra oficial, porque no podía olvidar el motivo por el que estaba en aquella isla con Scarlett. Scarlett, superado el miedo de ver a Damian Wilson en el hotel y alejada de él en mitad de la selva, estaba disfrutando de aquella aventura en compañía del Capitán Parker, un hombre que le resultaba tan atractivo como misterioso y que estaba resultando ser un tipo encantador.

—Tengo entendido que estabas disfrutando de unas merecidas vacaciones en la isla tras terminar la carrera universitaria, ¿qué has estudiado? —Le preguntó Oliver después de cenar, sentados frente al calor de la hoguera.

—He estudiado psicología criminal —le respondió Scarlett.

—Quizás el General pueda darte trabajo en la base —comentó Oliver con cierto tono de reproche y a la vez de optimismo.

—Estoy segura de ello, pero también quiero explorar otras opciones.

— ¿No quieres trabajar con el General?

—No es que no quiera, es que sé que no acabará bien —le confesó Scarlett—. Puedes querer mucho a una persona, pero vivir y trabajar con ella es otra historia.

— ¿Dónde te gustaría trabajar?

—Todavía no lo tengo decidido, iba a tomarme estas vacaciones para pensar en ello, pero no podré hacerlo si me matan.

—Te prometí que no iba a permitir que te hicieran daño y soy un hombre de palabra —le susurró Oliver, acercando sus labios a los de ella lentamente.

Cuando sus labios estaban a punto de rozarse, el teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar, rompiendo la magia del momento, y ambos se separaron torpemente. Oliver resopló con frustración por la interrupción, pero respondió a la llamada de inmediato al ver en la pantalla del teléfono que se trataba del Coronel.

—Coronel —saludó al descolgar.

—Oliver, estoy con el General y con el equipo —le informó el Coronel Wilmore—. Damian Wilson tiene a sus hombres custodiando todas las salidas por aire y por mar de la isla, debéis permanecer en la selva unos días hasta que den por sentado que han llegado tarde y que ya habéis abandonado la isla. Caleb y Dexter están siguiendo sus movimientos, os mantendremos informados de cómo va la situación, pero debemos restringir las comunicaciones para no alertar de vuestra presencia.

—Capitán, Damian Wilson no desistirá, irá a por Scarlett —intervino el General—. Sé que es el mejor agente y por eso confío en usted para que me traiga de vuelta a Scarlett. Cuide de ella, es todo lo que tengo.

—Lo haré —le aseguró Oliver—. Permaneceremos aquí hasta que Damian Wilson retire a sus hombres de la isla. Restringiremos las comunicaciones salvo para dar información imprescindible, si descubren nuestra posición…

—Estaremos vigilando sus movimientos, os alertaremos de cualquier peligro —le aseguró Caleb.

—Capitán, déjeme hablar con Scarlett —solicitó el General Turner y añadió dirigiéndose a Caleb—: Pásame la llamada a mi despacho.

—El General quiere hablar contigo —le dijo Oliver a Scarlett, entregándole el teléfono móvil.

Scarlett cogió el teléfono y, sabiendo que Oliver iba a estar pendiente de aquella conversación, saludó al General Turner:

—Buenas noches, General.

—Scarlett, ¿cómo estás? —Preguntó el General, preocupado por su única hija.

—Estoy bien, el Capitán Parker se asegura de ello —le respondió guiñándole un ojo con descaro a Oliver.

—Trátale, es el mejor de nuestros agentes y una gran persona —le advirtió, pues conocía el carácter de su hija—. Scarlett, Damian Wilson mantiene a sus hombres vigilando todas las posibles salidas de la isla, por lo que tendrás que ocultarte en la selva con el Capitán Parker unos días más, hasta que crean que ya os habéis ido de allí y abandonen la isla. Sé que no es lo más idóneo, pero prométeme que no harás ninguna locura y seguirás las indicaciones del Capitán Parker.

—Te lo prometo, no tienes nada de lo que preocuparte —le aseguró Scarlett, que no quería preocupar más a su padre.

—Restringiremos las comunicaciones, solo llamaremos en caso de emergencia o cuando Damian Wilson y sus hombres hayan abandonado la isla —la informó el General y añadió para despedirse—: Te quiero, hija.

—Yo también te quiero —se despidió ella antes de colgar.

Scarlett le devolvió el teléfono móvil a Oliver con una sonrisa en los labios, pero se esfumó cuando vio la cara de pocos amigos de Oliver. Sin comprender a qué venía ese cambio brusco de actitud, le preguntó sin rodeos:

— ¿He dicho algo que no debía?

—No, supongo que has dicho lo que tenías que decir —musitó Oliver entre dientes.

Scarlett seguía sin entender nada, no le había dicho nada a su padre que hubiera podido provocar el mal humor de Oliver y no estaba dispuesta a olvidarse del tema.

—Vamos a pasar aquí unos días, puedes seguir de morros o contarme qué es lo que ha pasado para que estés enfadado.

—No estoy enfadado.

—Está bien, no me lo cuentes si no quieres —le provocó Scarlett.

—El General Turner es un gran profesional y una gran persona a la que admiro pero, sinceramente, no entiendo tu interés en él.

— ¿Mi interés por el General es lo que te molesta?

—He escucha que le decías que le querías y, cómo te he dicho, el General Turner es un buen hombre, así que me molesta que juegues con sus sentimientos.

— ¿Qué te hace pensar que juego con sus sentimientos? —Le espetó Scarlett, molesta por las continuas insinuaciones de Oliver.

—No parece que te incomode dormir abrazada a mí, pero le dices que le quieres.

—Duermo abrazada a ti para no pasar frío y le digo al General que le quiero porque le quiero, es bastante simple de entender —bufó Scarlett, visiblemente molesta.

—Me ha quedado muy claro —gruñó Oliver.

Ya no quedaba ni rastro de la paz y la complicidad que había entre ellos antes de recibir la llamada del Coronel. Habían estado a poco menos de un centímetro de rozarse con los labios, pero la magia del momento se desvaneció y ahora ambos estaban molestos. Aunque no le reconociera, Oliver estaba furioso y no podía evitarlo. Scarlett le gustaba pese a que acababa de conocerla, era una chica atractiva, inteligente y habían congeniado desde el primer momento, quizás por eso no podía aceptar que ella mantuviera una relación con el General, porque eso imposibilitaba cualquier posible acercamiento con Scarlett.

Sabiendo que si seguía hablando con Oliver acabarían discutiendo, Scarlett optó por irse a dormir y se tumbó en la improvisada cama que Oliver había preparado al fondo de la cueva. A Oliver le hubiera gustado regresar a casa y meterse en su cama, lejos de la tentación, pero él nunca dejaba una misión a medias y mucho menos una que le hubiera encomendado el General como un favor personal. Resopló con resignación y se tumbó junto a Scarlett, que estaba tumbada de lado, dándole la espalda.

Pese a que por el día el calor sofocante azotaba la isla, durante la noche la temperatura caía empicado llegando incluso a los 0 grados, sobre todo en el corazón de la selva. La madrugada fue especialmente fría y Scarlett se despertó tiritando de frío. Oliver se percató y esperó a que Scarlett se acercara a él, pero aquella testaruda pasar frío antes que acurrucarse junto a él.

—Ven aquí, cabezota —murmuró Oliver agarrándola por la cintura y arrastrándola junto a él, pegando su pecho a la espalda de ella—. Siento lo de anoche, no soy nadie para juzgarte.

—No puedes juzgarme porque no me conoces —le reprochó Scarlett mientras se dejaba abrazar por él.

—Vamos a tener que pasar unos días aquí, tendremos tiempo de conocernos mejor, ¿qué me dices?

— ¿Es una tregua?

—Es una tregua —le confirmó Oliver con una sonrisa en los labios—. Ahora duérmete y descansa, mañana seguiremos con esta conversación.

Scarlett durmió acurrucada junto a Oliver el resto de la noche. A la mañana siguiente, Scarlett se despertó sobre el lado izquierdo de Oliver, que no había dejado de abrazarla desde que la acurrucó junto a él de madrugada.

—Buenos días —la saludó él cuando abrió los ojos, con tono de voz suave y apacible, con cautela de no romper la tregua que habían pactado de madrugada.

—Buenos días —le devolvió el saludo Scarlett separándose de él, avergonzada y ruborizada por la situación.

Oliver suspiró con resignación, Scarlett le tenía tan hechizado como confundido, pero estaba dispuesto a colmarse de paciencia con tal de no romper la tregua. Le entregó a Scarlett un par de barritas energéticas y él se quedó con otras dos, aquel sería su improvisado desayuno. Tenían que pasar en la selva unos días más de lo previsto, por lo que tendrían que suministrarse bien la poca comida que tenían.

—Voy a salir a dar una vuelta, a ver si encuentro algo de comida comestible en esta selva.

— ¿Puedo ir contigo?

— ¿Tienes miedo de quedarte sola?

—Tengo miedo de que encuentres comida y te la comas toda —bromeó Scarlett sacándole la lengua como una niña pequeña.

—Está bien —le concedió Oliver, que tampoco quería separarse de ella—. No nos alejaremos mucho, solo quiero recoger algo de fruta y echar un vistazo por los alrededores. Si vamos a quedarnos por aquí unos días, debemos buscar un lugar más seguro en el que quedarnos, alejado del manantial y del río. En esta época del año, las tormentas torrenciales pueden aparecer en cualquier momento.

Scarlett se estremeció. La cueva donde habían pasado la noche estaba bien, pero en cado de lluvias fuertes toda la zona se inundaría, incluida la cueva en la que se encontraban.

Oliver decidió comenzar a explorar por las zonas más altas, que eran las más seguras en caso de fuertes lluvias. El terreno era escarpado y Oliver estuvo pendiente de Scarlett por si necesitaba ayuda, pero acabó sorprendiéndose con lo bien que ella se desenvolvía por aquella selva. El General había procurado que su única hija se desenvolviera ante todo tipo de escenarios y situaciones, por eso la enviaba todos los veranos a los campamentos de supervivencia que organizaba el ejército para los hijos de sus agentes.

Pasaron la mañana explorando la zona, recogieron algunas frutas con las que aprovisionarse y encontraron una cueva en una pared rocosa lejos del agua para evitar inundaciones y estable en caso de desprendimientos de tierra. Dejaron en la nueva cueva las frutas que habían recolectado y regresaron al manantial para recoger sus cosas y trasladarse.  

Cita 190.

“No he sido capaz de vencer a tus fantasmas, pero tampoco quiero que tú te conviertas en el mío.”

Julia Navarro.

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