mesagosto 2019

Escondidos en la Selva II.

En poco más de media hora, Oliver y Scarlett salieron del hotel, llegaron a la oficina de alquiler de vehículos para devolver el coche alquilado por Oliver y aprovecharon para hacer algunas compras necesarias para el viaje que les esperaba.

En cualquier otra situación, Scarlett ya se hubiera deshecho de la compañía de Oliver. Odiaba que le dieran órdenes y no soportaba que su padre enviara a sus hombres para que le hiciesen de niñera, ya era mayorcita y sabía cuidarse sola. Pero esta vez era distinto, se trataba de Damian Wilson y ella sabía de lo que era capaz aquel asesino sin escrúpulos.

Compraron comida en latas de conserva, barritas energéticas, agua embotellada, algunos utensilios de cocina, mantas térmicas y todo lo básico para sobrevivir tres días mientras cruzaban la selva. Cuando salieron del supermercado comenzó a llover y Oliver aprovechó para comprar un paraguas grande en el que pudieran resguardarse de la lluvia y con el que poder ocultarse.

—No has dicho nada desde que salimos del hotel, ¿estás bien? —Le preguntó Oliver, mientras caminaban por las calles de la ciudad.

—Perfectamente —ironizó Scarlett—. Damian Wilson se ha escapado y está en la isla para matarme y, para huir de él, tengo que cruzar la isla a pie, atravesando la selva.

—Tampoco son unas vacaciones para mí —musitó él.

A Oliver le llamó la atención un todoterreno negro que circulaba extremadamente despacio por la carretera y rápidamente reconoció a los ocupantes: Damian Wilson con sus hombres. Scarlett también se percató del problema al seguir la dirección de la mirada de Oliver, quedándose petrificada. Por suerte para ambos, Oliver estaba entrenado para hacer frente a cualquier tipo de situación por peligrosa que fuera, y eso fue lo que hizo. Agarró a Scarlett por la cintura y la estrechó contra su cuerpo, dejando sus labios a escasos milímetros de los de ella, ocultando sus rostros con el paraguas.

—Pégate a mí y disimula —le susurró Oliver con la voz ronca.

Scarlett no pudo evitar sentirse atraída por él, no podía negar que Oliver era un hombre atractivo, con un cuerpo más que cultivado y que sabía lo que hacía. En definitiva, un hombre por el que cualquier mujer caería rendida a sus pies. A Oliver tampoco le fue indiferente aquel contacto con Scarlett, pese a que sospechaba que podía ser una joven amante del General Turner, no pudo evitar sentirse atraído por ella y por aquel misterio que la envolvía.

—Te preguntaría si estás bien, pero imagino que no —le susurró Oliver, rodeando con su brazo la cintura de ella para que caminara a su lado.

Caminaron por las calles de la ciudad durante más de una hora y pararon a comprar un par de chubasqueros para cubrirse y dos pares de botas de agua antes de penetrar en la frondosa y húmeda selva. Pese a que cruzar la isla a pie atravesando la selva no era la vía más rápida para llegar al norte, sí era la más segura para ambos, ya que en la selva no había carreteras ni se cruzarían con nadie que delatase su posición. Jugaban con ventaja, la selva era el último lugar donde Damian Wilson y sus hombres buscarían a Scarlett.

Estaba oscureciendo, pero Oliver quería adentrarse un poco en la selva antes de parar a descansar, tan solo por razones de seguridad. Mientras más lejos estuvieran de la civilización, menos posibilidades de encontrarles tendrían Damian Wilson y sus hombres.

Oliver fue abriendo paso entre la espesa vegetación de la isla y Scarlett le siguió el paso sin retrasar el avance, pese a que el terreno por el que caminaban era resbaladizo y estaba lleno de piedras, hoyos y raíces sobresalidas de la tierra que favorecían los tropiezos y las caídas. Scarlett se torció el tobillo en un par de ocasiones, pero continuó adelante sin quejarse ni lamentarse. Hasta que, dos horas más tarde, Scarlett ya no pudo más:  

—Estoy agotada, necesito parar a descansar —casi rogó, siendo la primera vez que articulaba una palabra desde que salieron de la ciudad.

—Buscaremos alguna cueva donde pasar la noche en aquella pared escarpada de la montaña, ¿crees que podrás llegar hasta allí?

Oliver señaló la pared de la montaña y Scarlett asintió, deseaba poder resguardarse de la lluvia y descansar las piernas. El último tramo hasta encontrar una cueva en la que pasar la noche se le hizo eterno, el terreno era bastante escarpado y ya no tenía fuerzas. Oliver la agarró de la mano y la ayudó a subir a lo alto de una roca desde donde accedieron a una pequeña cueva. Oliver ayudó a Scarlett a quitarse la mochila y después se quitó la suya propia. Sacó un par de esterillas de su mochila y las tendió en el suelo al mismo tiempo que le dijo a Scarlett:

—Siéntate y ponte cómoda, yo me encargo de encender el fuego para cocinar la cena y también nos servirá para calentarnos, la temperatura seguirá bajando esta noche. ¿Tienes hambre?

—Se me ha cerrado el estómago desde que vi a Damian Wilson —le confesó Scarlett.

—Deduzco que ya le conocías —comentó Oliver, cada vez más intrigado por el misterio que envolvía a Scarlett.

—Deduzco que el General Turner te ha ordenado venir en mi busca sin contarte nada de mí.

—En realidad, ha sido el Coronel Wilmore y, cómo te he dicho antes, se trata de una misión extra oficial, estoy aquí voluntariamente.

—Creía que a los tipos como tú no les gustaba hacer de niñera.

— ¿Los tipos como yo? —Repitió Oliver fingiendo estar ofendido.

—Eres un tipo duro, Capitán del Ejército, está claro que tu vocación no es cuidar de personas como yo —explicó Scarlett y añadió con coquetería—: Por cierto Capitán Parker, no me has dicho cuál es tu nombre.

—Me llamo Oliver —le respondió él con una seductora sonrisa en los labios.

Ambos se acomodaron en las esterillas, se deshicieron de los chubasqueros y las botas de agua, se arroparon con las mantas térmicas y cenaron una de las latas de conserva que calentaron en el fuego de la hoguera que Oliver había encendido.

La temperatura comenzó a descender notablemente y la pequeña hoguera no era suficiente para mantenerles calientes. Debido a la intensa lluvia, tampoco podían encontrar ramas ni hojas secas para añadir a la hoguera. Scarlett tiritaba de frío y Oliver la agarró por la cintura y la colocó entre sus piernas, abrazándola desde la espalda.

—Gracias —le agradeció Scarlett, apoyando la cabeza entre su hombro y su cuello—. Me alegro de que hayas aceptado hacer de niñera, si no hubiera sido así…

—No dejaré que te pase nada, te lo prometo —le aseguró Oliver.

—No deberías prometer lo que no sabes si podrás cumplir —le aconsejó Scarlett, acomodándose para acurrucarse contra el pecho de Oliver.

—Y tú no deberías subestimarme —bromeó él, envolviéndola con sus brazos para paliar el frío con el calor corporal—. ¿Puedo preguntarte algo?

—Supongo que sí.

— ¿Por qué te ha escogido Damian Wilson como su objetivo?

—Hace tres años le detuvieron y le encerraron en una prisión de máxima seguridad, ahora se ha escapado y quiere vengarse.

—Pero, ¿por qué tú? ¿Ayudaste en algo para poder llevar a cabo su detención?

—Hace tres años, conocí a Damian Wilson en una fiesta, no sabía quién era y él tampoco sabía quién era yo —comenzó a decir Scarlett—. Esa misma noche presencié su detención y él me vio abrazada al General, así que no le costó atar cabos.

— ¿Qué relación tienes con el General?

— ¿Qué relación crees que tengo con él? —Le preguntó Scarlett sorprendida por la insinuación que implicaba aquella pregunta.

—Una relación por la que quiera matarme si nos viera en este momento.

—Probablemente no le gustaría nada vernos en esta postura, pero tampoco es para que vaya a querer matarte por algo así. Al fin y al cabo, solo tratas de evitar que muera de frío —añadió Scarlett en un susurro. 

—Estaría bien que se lo recordaras si algún día sale la conversación sobre esta situación —le dijo Oliver sin dejar de abrazarla—. Será mejor que te duermas, mañana nos espera un día largo y parece que no dejará de llover.

—Buenas noches, Oliver.

—Buenas noches, Scarlett.

A Scarlett no le costó quedarse dormida, se sentía segura entre los brazos de Oliver y ya no tenía frío. Sin embargo, Oliver apenas logró dormir tres o cuatro horas intercaladas en toda la noche. No quería moverse para no despertar a Scarlett, pero tenerla entre sus brazos durmiendo tan apaciblemente le había hecho sentir algo que hacía mucho que no sentía. No podía negar que aquella chica le atraía, pese a que tenía diez años menos que él. Pero no podía permitirse pensar en ella como algo más que la protegida de una misión, sospechaba que Scarlett podía ser la amante del General.

Scarlett se despertó al amanecer y se encontró con la sonrisa de Oliver nada más abrir los ojos. Había dormido toda la noche de un tirón y se había despertada en la misma posición que se durmió: acurrucada sobre el pecho de Oliver y envuelta entre sus brazos.

—Buenos días, Capitán —le saludó Scarlett con coquetería.

—Buenos días, Bella Durmiente —bromeó Oliver con la voz ronca, la atracción que sentía por ella era difícil de ocultar—. Tenemos que ponernos en marcha y seguir avanzando, a esta hora ya habrán averiguado que has huido conmigo y nos estarán buscando a ambos.

— ¿Crees que nos encontrarán?

—Perderán nuestro rastro en la ciudad y sopesarán nuestras opciones de huida. Tendrán el aeropuerto controlado y también el ferry que conecta las islas.

—Imagino que lo último que pensarán es que hemos decidido cruzar la isla atravesando la selva para dirigirnos a un pequeño puerto del norte. Por cierto, ya me dirás cómo piensas lograr que algún barco nos lleve al continente.

—De momento, empezaremos por desayunar y seguir avanzando, tardaremos un par de días en llegar al puerto.

Scarlett no dijo nada más, confiaba en Oliver y en el criterio del General y del Coronel. Si le habían asignado al Capitán Parker como escolta era porque podía fiarse de él.

Tras un rápido e improvisado desayuno, continuaron caminando hacia el norte, atravesando la selva para llegar a un pequeño puerto de un pequeño pueblo pesquero. Ambos estaban cansados, pero ninguno de los dos se quejó. Pese a que no habían pasado ni veinticuatro horas desde que se conocían, Oliver sentía la necesidad de proteger y cuidar a Scarlett, y esa necesidad no se debía únicamente a que formaba parte de su misión, sino a un sentimiento mucho más profundo que aún no había logrado descifrar. Scarlett también se sentía atraída por Oliver, le gustaba su apariencia de tipo duro y la dulzura con la que la trataba, pese a que sospechaba que era la amante del General.

Dejó de llover a media mañana y por fin salió el sol, aunque sus rayos apenas lograban traspasar la espesura de la vegetación de la selva. Oliver decidió parar a descansar y comer algo cuando pasaron por un pequeño manantial de agua cristalina bañado por los rayos del sol. Hacía calor y Scarlett no dudó ni un segundo en darse un baño en el manantial. Se deshizo de su ropa y, vestida tan solo con un sujetador y un diminuto tanga, se zambulló en el agua. Oliver intentó no mirarla mientras se desnudaba, pero acabó observándola sin ningún disimulo. 

—Voy a echar un vistazo por los alrededores, a ver si encuentro un buen lugar en el que refugiarnos de la intemperie para pasar la noche —se obligó a decir Oliver para distanciarse unos minutos, no podía pensar con lucidez en presencia de ella.

—Relájate un poco, ven y báñate en este precioso manantial de agua cristalina, a mí me está dando la vida —le dijo Scarlett invitándole a bañarse con ella.

—No creo que sea una buena idea —le respondió Oliver con la voz ronca.

— ¿Habla Oliver o el Capitán Oliver?

—Los dos.

— ¿Tan malo te resulta bañarte en el mismo manantial donde me estoy bañando yo? —Protestó Scarlett, visiblemente ofendida.

—No soy de piedra.

—Oh —Balbuceó Scarlett sonrojada.

—Exacto —le dijo Oliver cuando ella comprendió el motivo de su decisión—. No tardaré más de cinco minutos en regresar y no me alejaré.

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y se quedó disfrutando de un agradable baño en el manantial mientras él echaba un vistazo por los alrededores. Oliver rodeó la pared de rocosa por donde se filtraba el agua del manantial y encontró una pequeña cueva lejos del agua en la que pasar la noche resguardándose del frío nocturno y también de una posible inundación en caso de lluvias torrenciales. Mientras Scarlett se bañaba en el manantial, Oliver se encargó de acondicionar la cueva ya que anochecería en un par de horas. Cuando regresó al manantial para darse un ansiado baño, se encontró a Scarlett envuelta en una diminuta toalla y lavando su ropa.

—Deberías darte un baño, te sentirás como nuevo —le dijo Scarlett mostrándole su mejor sonrisa.

—Creía que seguirías en el agua, ¿ya te has cansado de chapotear? —Bromeó.

—En primer lugar, yo no chapoteo —fingió hacerse la ofendida—. Y, si no sigo en el agua, es porque sé que no te ibas a bañar mientras yo estuviera ahí, así que he tenido piedad y aquí estoy.

—Menos mal que has tenido piedad —murmuró Oliver haciendo alusión a la diminuta toalla que cubría lo justo desde sus pechos hasta sus muslos.

— ¿Prefieres que me quite la toalla? —Le provocó ella.

—Señorita Sanders, ¿qué diría el General Turner si la escuchara hablar así?

—Probablemente le explotaría la cabeza —bromeó Scarlett.

Ambos rieron divertidos, les resultaba agradable poder bromear ante una situación tan estresante y se compenetraban muy bien. Oliver se desnudó por completo, dándole una magnífica vista a Scarlett de su firme trasero, y se bañó en el manantial mientras ella aprovechó para vestirse con ropa seca y cepillarse la maraña de pelos que tenía en la cabeza.

Cita 189.

“Cuando las personas tienen libertad para hacer lo que quieren, por lo general comienza a imitarse mutuamente.”

Françoise Sagan.

Escondidos en la Selva I.

El Capitán Oliver Parker terminaba de escribir el informe sobre la misión mientras charlaba con su amigo y compañero el Teniente Dexter Coleman. Ambos estaban satisfechos con el éxito que había tenido su última misión secreta y, pese que había sido una operación complicada y les había llevado más tiempo del que pensaban, después de tres semanas el equipo completo por fin había regresado a casa. Después de una calurosa y animada bienvenida, todos se retiraron a descansar, pero el Capitán y el Teniente se quedaron en el despacho para encargarse del papeleo.

Caleb Baker, el analista del equipo, llamó a la puerta del despacho del Capitán, pese a que la puerta estaba abierta, y anunció:

—Capitán, el Coronel quiere verte ahora en su despacho.

— ¿Qué ocurre?

Oliver Parker llevaba muchos años bajo las órdenes del Coronel Wilmore y el instinto le dijo que aquella repentina reunión era para encomendarle una nueva e importante misión.

—No me ha dicho de qué se trata, pero me ha pedido que espere aquí con Coleman, imagino que tenemos nueva misión secreta —comentó Caleb acomodándose en uno de los sillones.

Intrigado por el misterio de esa nueva misión, el Capitán no se hizo esperar y se dirigió al despacho del Coronel Wilmore.

—Caleb me ha dicho que querías verme, ¿va todo bien? —Le preguntó Oliver al Coronel que, además de ser su jefe, también era un buen amigo.

—Pasa y cierra la puerta —le respondió el Coronel con semblante serio. Oliver le obedeció y, tras esperar a que tomara asiento, el Coronel añadió—: Sé que acabas de regresar, pero necesito que te encargues de una misión extraoficial.

—Alguien de arriba quiere que saquemos de un lío a alguno de sus amigos —bufó Oliver, odiaba aquellas misiones extraoficiales, casi siempre le tocaba hacer de canguro de algún rico estúpido.

—Esta vez, se trata de algo distinto —le dijo el Coronel captando toda su atención—. Damian Wilson se ha escapado de una prisión de máxima seguridad hace treinta minutos y tenemos serios indicios para creer que va a intentar vengarse del General Turner atacando su punto más débil.

—El General Turner no está casado, no tiene hijos ni familia, ¿cuál se supone que es su punto débil?

El Coronel Wilmore abrió uno de los cajones de su escritorio, sacó una carpeta, se la entregó a Oliver y le respondió:

—Se trata de Scarlett Sanders, de veintitrés años. Actualmente se encuentra en Isla Maravilla, disfrutando de unas vacaciones de fin de carrera, ajena a todo lo que está ocurriendo aquí.

— ¿Qué relación tiene esta chica con el General Turner? —Quiso saber Oliver al ver la foto de la chica en el informe que contenía la carpeta.

—Solo debes saber que se trata de alguien muy especial —zanjó el tema el Coronel—. Tienes que encontrarla en Isla Maravilla y asegurar su regreso a la base. No hace falta que te diga que debes hacerlo con la máxima discreción, no queremos llamar la atención y que la encuentren antes que nosotros.

—Si Damian Wilson se ha escapado, lo primero que hará será ir a buscar a los hermanos Sullivan, no es una misión para un solo hombre.

—Es una misión arriesgada, por eso queremos contar con el mejor de nuestros hombres y ese, Oliver, eres tú —le aseguró el Coronel—. El Teniente Coleman y Caleb te ayudarán desde la base. Avísales, nos reuniremos en cinco minutos con el General Turner para diseñar la estrategia de la operación.

Oliver, intrigado por el misterio que rodeaba a aquella chica y a la relación que mantenía con el General, fue a buscar a sus dos amigos y compañeros. Cinco minutos más tarde, los cinco hombres se reunían en el centro de operaciones de la base y, esa misma noche, Oliver tomó un avión comercial para dirigirse a Isla Maravilla, la isla más grande y poblada de todo el archipiélago. Como se trataba de una misión extraoficial, no podía utilizar todos los recursos del Ejército, pero al menos contaba con parte de su equipo en el centro de operaciones para ayudarle a llevar a cabo la misión con éxito.

Oliver voló en un avión comercial que aterrizó en el aeropuerto de Isla Maravilla y llamó por teléfono a Caleb a través de una línea segura.

—Acabo de aterrizar, voy a alquilar un coche y me dirigiré a los lugares más frecuentados por universitarios —anunció Oliver—. Esto va a ser como buscar una aguja en un pajar.

—Lo siento Oliver, pero aparte de su fotografía, no tengo nada que pueda ayudarte a encontrarla —se disculpó—. Ni siquiera me han dado acceso a su expediente que, por cierto, está blindado.

—Entonces, ¿para qué os necesito? —Les espetó Oliver furioso.

—Entendemos que estés frustrado, pero no volverás a casa hasta que traigas de vuelta a esa chica, así que de nada te sirve pagarlo con nosotros —intervino Dexter, su amigo y compañero, al teléfono desde el centro de operaciones—. Mira el lado positivo, la chica es inteligente, acaba de terminar la carrera de psicología criminalista, tendrás temas de conversación para hablar con ella sin aburrirte. Además, no me negarás que es una chica preciosa.

—Dexter, ¿te has parado a pensar en el motivo por el que el General quiere proteger a una chica así? Probablemente sea su amante —gruñó Oliver, enfurruñado por tener que hacerse cargo de esa misión.

— ¿Crees que el General te manda a proteger a su amante de Damian Wilson? —Preguntó Caleb dudando de que aquello fuera verdad.

—Está claro que es alguien especial para él y no tiene familia, si esa chica no es su amante, ¿qué otra cosa puede ser? —Insistió Oliver con su teoría.

—Un testigo valioso, por ejemplo —le respondió Dexter, que tampoco creía posible que la amante del General fuera un objetivo posible de Damian Wilson.

—Sea quien sea, tengo que encontrarla. ¿Tenéis alguna sugerencia de por dónde debo empezar?

—Te mando una lista de lugares dónde han sido utilizadas algunas tarjetas de crédito a nombre de estudiantes matriculados en su misma universidad —le respondió Caleb—. Lo más probable es que esté con alguien de su universidad.

— ¿Ella no utiliza tarjetas o qué? —Protestó Oliver.

—Su expediente está sellado, no puedo acceder y no tengo su información —le repitió Caleb con frustración—. Es lo único que puedo hacer para ayudarte, seguiré investigando y te llamaré si encuentro algo.

Oliver colgó y respiró profundamente, aquella misión estaba sacando lo peor de él. Odiaba hacer de niñera de los niños ricos que se metían en problemas, pero la escasa información que le habían dado le tenía con la mosca detrás de la oreja.

Decidido a acabar con aquello lo antes posible para poder regresar a casa y disfrutar de unas merecidas vacaciones, Oliver se dirigió al primer lugar de la lista que le había enviado Caleb, el lugar donde más jóvenes de la misma universidad a la que iba la chica habían utilizado allí sus tarjetas. Se trataba de un lujoso hotel situado en primera línea de playa en el sur de la isla. Nada más llegar, se dirigió al bar de la piscina y le pidió una cerveza al camarero de la barra. Durante unos minutos, Oliver se dedicó a beber de su copa de cerveza mientras observaba las caras de los jóvenes que por allí se divertían. Tenía pocas esperanzas de encontrarla tan rápido, sin embargo allí estaba. Miró la foto, la comparó con la chica que estaba a dos metros escasos de él y no tuvo ninguna duda: se trataba de Scarlett Sanders.

Despacio y con cautela para no asustarla ni llamar la atención, Oliver se acercó a ella. Scarlett estaba distraída, esperando a que el camarero le sirviera una copa para tumbarse en una de las hamacas de la piscina y tomar el sol.

— ¿Señorita Sanders? —Le preguntó Oliver para confirmar lo evidente.

— ¿Nos conocemos? —Le respondió ella escrutándole con la mirada.

—Soy el Capitán Parker, el General Turner me envía a buscarla para llevarla a la base.

—No me lo digas, está a punto de acabarse el mundo —se mofó Scarlett tras beber un largo trago de su copa recién servida.

—Vayamos a un lugar más tranquilo y…

—No pienso ir a ninguna parte, ni siquiera sé si eres quien dices ser.

Oliver no tenía ganas de perder el tiempo y mucho menos de seguirle el juego a una niñata caprichosa, así que no se anduvo por las ramas:

— ¿Te suena el nombre de Damian Wilson?

Scarlett se estremeció al escuchar ese nombre, había cosas que era mejor enterrar en un cajón al fondo de la mente y no recordar.

—Subamos a mi habitación —le invitó Scarlett.

Oliver la siguió hasta el hall del hotel y subieron en el ascensor privado directamente a su habitación.

— ¿Qué pasa con Damian Wilson?

—Se ha escapado de la cárcel y, según parece, el General Turner cree que tú puedes ser su principal objetivo para llevar a cabo su venganza.

— ¿Y cuál es el plan?

A Oliver le sorprendió que Scarlett no hiciera preguntas y se mostrara tan sumisa en cuanto a seguir sus planes, pero no dejaba de ser una actitud normal si se tenía en cuenta que un peligroso asesino se había fugado de una prisión de máxima seguridad y ella era su principal objetivo.

—Coge solo lo que necesites y puedas guardar en esta mochila —le dijo Oliver—. Es una misión extra oficial, eso significa que en esta isla no soy más que un civil que no va armado, así que evitaremos los problemas y cruzaremos la isla a pie hasta llegar a un pequeño puerto en el norte, allí embarcaremos en un ferry hasta el continente.

— ¿Bromeas? ¿Acaso sabes cuántos kilómetros hay de sur a norte de la isla?

—Lo sé perfectamente, recoge tus cosas.

—Quiero hablar con el General Turner —inquirió Scarlett molesta.

—No hay tiempo, tenemos que irnos —bufó Oliver señalando la mochila vacía.

—En esta isla no eres el Capitán Parker, tan solo eres el señor Parker —le recordó Scarlett solo para fastidiarle—. No tienes ninguna autoridad sobre mí.

—Tienes dos opciones: venir conmigo ahora o esperar a que sea Damian Wilson quien venga a por ti —le espetó Oliver a modo de ultimátum—. Yo no me voy a quedar aquí a esperarle, tú verás lo que haces.

A regañadientes, Scarlett metió un par de camisetas, un par de shorts y un par de conjuntos de ropa interior. Cogió su neceser del cuarto de baño y lo metió en la mochila, junto con una toalla. Se calzó unas zapatillas deportivas y, con cara de pocos amigos, anunció:

—Ya estoy lista para cruzar la isla a pie, señor Parker.

—Ya era hora —musitó él, la paciencia no era una de sus virtudes.

Cargando con sus respectivas mochilas, ambos se montaron en el ascensor y bajaron de nuevo al hall del hotel. Al cruzar por el hall, Scarlett miró por el ventanal que daba a la piscina y reconoció a Damian Wilson hablando con uno de los camareros. Scarlett se quedó petrificada en mitad del hall y Oliver, que advirtió el pánico en su rostro, le preguntó:

— ¿Qué ocurre?

—Está ahí —logró balbucear Scarlett.

Oliver miró en la misma dirección que miraba Scarlett y entonces lo vio. Damian Wilson ya la había localizado y se había presentado allí, tan solo unos minutos después que él.

—Tenemos que irnos —dijo agarrándola del brazo para tirar de ella y salir de allí.

Salieron por la puerta principal del hotel justo en el momento en que Damian Wilson y sus hombres, los hermanos Sullivan, entraban en el hall por la puerta de acceso a la piscina y se dirigían al mostrador de recepción, donde le preguntaron al recepcionista dónde podía encontrar a Scarlett Sanders.

—Habitación 1005, está situada en la décima planta, puerta 5 —le respondió el recepcionista tras realizar la consulta en el mostrador.

Damian le dio las gracias al recepcionista y también una generosa propina antes de subir junto a sus hombres en uno de los ascensores del hall hasta la décima planta.

Oliver y Scarlett se dirigieron al coche de alquiler y se dirigieron hacia una de las oficinas de la empresa de alquiler de vehículos cercana al hotel para devolver el coche y emprender a pie el viaje hacia el norte de la isla. Scarlett no protestó, ni siquiera abrió la boca para pronunciar palabra desde que salieron del hotel y a Oliver le preocupó. Al fin y al cabo, Scarlett solo era una chica de 23 años a la que un asesino buscaba para vengarse del General.

Cita 188.

“Dos rojas lenguas de fuego que a un mismo tronco enlazados se aproximan, y al besarse forman una sola llama.”

Gustavo Adolfo Bécquer.

Cita 187.

“Tu alma gemela no es alguien que entra en tu vida en paz, es alguien que viene a poner en duda las cosas, que cambia tu realidad, alguien que marca un antes y un después en tu vida. No es el ser humano que todo el mundo ha idealizado, sino una persona común y corriente, que se las arregla para revolucionar tu mundo en un segundo.”

Mario Benedetti.

Cita 186.

“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo bien.”

Oscar Wilde.

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