Archivo | junio 2019

Hasta que el contrato nos separe 54.

Un año más tarde…

Gisele estaba en la habitación del bebé, cambiando de ropa al pequeño Matt para bajar a recibir a los invitados que estaban a punto de llegar para celebrar la cena de Nochebuena. Estaba nerviosa, necesitaba hablar con Matt pero, con Leonor todo el día en casa para organizar los preparativos de la cena, no había podido tener ni un minuto a solas con él. Además, aquella conversación sería larga. Gisele miró el test de embarazo y suspiró, había dado a luz hacía apenas seis meses y estaba embarazada de nuevo. Y, aunque su relación con Matt iba bien, desde que el pequeño Matt nació apenas tenían tiempo solo para ambos y Matt se quejaba de ello, pero Gisele se negaba a separarse de su bebé, y tenía miedo de la reacción de Matt cuando se lo dijera.

Matt estaba en la cocina con Leonor, preparando la cena, cuando decidió ir a buscar a las dos personas que más amaba en el mundo.

—Mamá, voy a ver si Gisele necesita ayuda, ¿puedes encargarte tú?

—Ayuda a Gis, yo aquí me apaño perfectamente —le aseguró Leonor.

Matt subió las escaleras y se dirigió al dormitorio del pequeño Matt. Estaba preocupado por Gisele, la había notado extraña desde que se había levantado y sabía que le ocultaba algo. Fuera lo que fuese, Matt estaba dispuesto a averiguarlo.

—Hola mi amor —la saludó abrazándola desde atrás y depositando un suave beso sobre su cuello—, ¿necesitas ayuda?

—Necesito hablar contigo —se armó de valor Gisele.

—Hablemos —le dijo quitándole al pequeño Matt de los brazos para meterlo en la cuna.

—De acuerdo, hablemos.

—Gisele, estás empezando a preocuparme. ¿Quieres decirme qué ocurre?

—Estoy embarazada, Matt —le confesó con un hilo de voz.

Matt y Gisele se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Matt le preguntó:  

— ¿Estás segura? —Gisele le señaló el test de embarazo con el resultado positivo y Matt, con una sonrisa en los labios, añadió—: Quiero a una pequeña Gisele correteando por casa.

—No sabemos si será niño o niña —le recordó Gisele divertida.

—Mi amor, ¿desde cuándo lo sabes?

—Desde esta mañana, he intentado hablar contigo desde entonces, pero no he podido estar ni un minuto a solas contigo en todo el día.

—Técnicamente, seguimos sin estar a solas —bromeó Matt cogiendo en brazos al pequeño que demandaba atención desde la cuna—. ¿Qué dices, campeón? ¿Quieres tener un hermanito o una hermanita?

El pequeño Matt comenzó a pronunciar sílabas sin sentido, provocando las risas de ambos, y Matt le susurró:

—Creo que quiere varios hermanitos.

—Matt, no quiero decírselo a nadie hasta que me examine el doctor, todavía es muy pronto y prefiero esperar a confirmar que todo está bien antes de anunciarlo.

—Todo irá bien, pero tienes razón, es mejor esperar un par de semanas a que pasen las fiestas antes de darles la noticia —concluyó Matt y añadió bromeando—: Además, no queremos que se acostumbren a que anunciemos la llegada de un nuevo bebé cada Navidad.

—No prometo nada, señor Spencer, eres una tentación muy resistible.

—Lo mismo digo, señora Spencer, es imposible resistirse a una mamá tan sexy.

Una hora más tarde, todos los invitados ya habían llegado y estaban sentados a la mesa disfrutando de una agradable y familiar cena navideña. Gisele sonrió complacida al recordar cómo habían cambiado las cosas desde la primera Navidad que pasó con Matt, hacía ya dos años. Tyler y Kelly estaban prometidos y planeaban casarse en primavera; Jason y Sarah llevaban un año viviendo juntos en casa de Jason, ella pidió el traslado a la ciudad cuando él se le declaró; Gisele y Matt seguían casados pese a que el contrato por el que contrajeron matrimonio se cumplió hacía más de un año, estaban más enamorados que nunca, tenían un precioso niño de seis meses y esperaban la llegada de un nuevo bebé con ilusión. Leonor estaba feliz de estar rodeada de amigos y familia, pero sobre todo estaba feliz porque sabía que pronto estaría rodeada de nietos.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Matt al verla distraída.

—Estaba pensando en cómo han cambiado las cosas desde la primera Navidad que pasamos juntos.

—Han pasado dos años, seguimos casados, tenemos un bebé precioso, viene otro en camino y te amo más que nunca, preciosa —apuntó Matt acariciando el vientre de Gisele—. Estoy deseando ver cómo crece tu barriguita.

—Estaré enorme para la boda de Kelly y Tyler —se lamentó Gisele.

—Estarás preciosa, mi amor.

Matt la besó con ternura, adoraba a aquella mujer que había conseguido derribar todas sus murallas, le había retado y le había ganado todas las batallas hasta caer rendido a sus pies.

— ¿Es que no podéis esperar a llegar al dormitorio? —Les regañó Ben bromeando—. ¿O es que le habéis pedido a Papá Noel un hermanito para el pequeño Matt?

—Quizás lo hagamos —dejó caer Matt sin despegarse de Gisele, mientras miraba a su pequeño en brazos de la abuela.

—Me parece que la familia va a aumentar muy pronto —auguró Sarah.

—Nena, ¿quieres darle un primito al pequeño Matt? —La tanteó Jason.

—Antes tendrás que ponerme un anillo en el dedo, nene.

—Pídeselo a Papá Noel, si has sido buena te lo traerá —la animó Jason.

Sarah le sacó la lengua pensando que tan solo bromeaba, pero lo cierto era que Jason le tenía una sorpresa preparada para cuando llegaran a casa, una sorpresa que incluía un anillo de compromiso.

Ya de madrugada, cuando todos los invitados se marcharon y consiguieron que el pequeño Matt se durmiera en su cuna, Matt y Gisele por fin se quedaron a solas en la intimidad de su dormitorio.

—Cariño, ¿quieres acompañarme en la bañera antes de irnos a dormir?

—Estaría loca si te dijera que no —le susurró Gisele antes de arrojarse a sus brazos y besarle apasionadamente.

FIN

Cita 179.

“La tristeza es causada por la inteligencia. Cuanto más comprendas ciertas cosas, más desearían no comprenderlas.”

Charles Bukowski.

Hasta que el contrato nos separe 53.

Mientras volaban en el avión de la agencia hacia a la capital, Jason le contó a Matt todo lo que había hablado con Sarah la noche anterior y también le explicó el motivo de la repentina huida de Gisele. Matt estaba nervioso, ansiaba ver a Gisele y estrecharla entre sus brazos. Había pasado por situaciones de lo más complicadas y peligrosas, pero jamás se había sentido tan hundido como se había sentido al ver a Gisele salir por la puerta de su casa. Se había enamorado de aquella chica alegre a la que los problemas la perseguían pero que jamás dejaba de mostrar su brillante sonrisa.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Jason tras aterrizar en el aeropuerto de la capital.

—Lo estaré cuando Gisele regrese a casa conmigo.

Quince minutos más tarde, un taxi les dejó frente a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Sarah. Jason respiró profundamente antes de entrar en el edificio y subir en el ascensor hasta detenerse frente a la puerta del apartamento de Sarah.

Gisele se estaba tomando la tercera tila desde que se había levantado cuando el timbre de la puerta sonó. Miró a su amiga abrir la puerta mientras contenía la respiración y entonces le vio. Apenas habían pasado unas horas desde que lo vio por última vez y lo había echado de menos desde que puso un pie fuera de su casa.

Sarah saludó a Matt y a Jason con reproche, sin esforzarse en ocultar lo enfadada que se sentía con ambos por haberla engañado. Se volvió hacia Gisele y le dijo:

—Gis, tienes visita. Estaré en la cafetería de la esquina, llámame y vendré en seguida, ¿de acuerdo?

Gisele asintió y Sarah se marchó con Jason, dejándola a solas con Matt. Ambos se miraron con cautela, tratando de adivinar lo que pensaba el otro. Matt se acercó a ella despacio y, suavizando el tono de voz, le dijo:

—Gisele, tenemos que hablar. Jason me ha contado que nos escuchaste hablar en su despacho, pero te aseguro que se trata de un malentendido.

—Escuché muy bien cómo le decías a Jason que estaba loco si pensaba que ibas a formar una familia conmigo y que tenías que ponerle fin a todo eso.

—Ayer nos reunimos con el abogado de mi abuelo, pensábamos que, cumplido el año de matrimonio, recibiría la herencia, pero hay una nueva cláusula que debo cumplir antes de poder heredar —le explicó Matt sentándose a su lado en el sofá, pero sin llegar a rozarla—. Si quiero heredar, tengo que tener un hijo con mi esposa antes de que se cumplan tres años de matrimonio. Me desahogué con Jason en su despacho y le dije que se acabó porque jamás podría pedirte algo así ni tampoco lo consentiría. Tenía pensado contártelo todo al llegar a casa y también confesarte que te amo y que quiero seguir casado contigo.

Gisele pudo sentir la tristeza, los nervios y también la sinceridad de las palabras de Matt. Y, sin pronunciar palabra, se echó a llorar.

—Cariño por favor, no llores —le susurró Matt abrazándola con fuerza, estrechándola contra su cuerpo—. Haré lo que me pidas, pero no llores.

— ¿Y qué pasa con la casa de tu madre? —Logró balbucear Gisele entre sollozos.

—La heredará el hijastro de mi tío cuando la fecha de la última cláusula del testamento se cumpla, dentro de dos años —le respondió Matt con resignación—. Intentaré llegar a un acuerdo con él para comprarla, pero no quiero que te preocupes por eso.

—Le he contado a Sarah lo de nuestro contrato —le soltó Gisele de pronto.

—Lo sé, ¿está muy enfadada?

—No tanto como ayer cuando llegué —bromeó Gisele.

—Te amo, Gisele. Siempre te amaré.

Matt acercó su boca a la de ella y la besó en los labios, fue un beso lento, pero cargado de amor y cariño, con el que ambos sintieron la paz que les faltaba.

— ¿Regresarás a casa y seguirás siendo la señora Spencer?

—Estaría loca si te dijera que no, pero…

— ¿Pero?

—Antes quiero saber algunas cosas.

—Pregunta lo que quieras, cariño.

— ¿Te gustaría que tuviésemos hijos?

—Me encantaría tener hijos contigo, pero los tendremos cuando estés preparada y así lo decidamos, no tendremos un hijo solo por una herencia.

—Y, ¿si yo quisiera tener un hijo ahora?

—No habría nada que me hiciera más feliz que saber que un pedacito de nosotros crecerá en tu vientre —Gisele comenzó a llorar de nuevo y Matt, sin saber por qué lloraba, le preguntó preocupado—: Cariño, ¿por qué lloras?

—Estoy embaraza —le confesó Gisele con un hilo de voz, mirándole a los ojos para anticipar su reacción.

Matt le sostuvo la mirada durante un par de segundos para confirmar que no se trataba de una broma y le miró el vientre, pero todavía era muy pronto para que se le notara la barriga. Tras pedirle permiso con la mirada, acarició su plano vientre y sonrió al imaginar cómo iría creciendo en los próximos meses.

—Os amo, a ti y a nuestro pequeño bebé —le susurró Matt antes de besarla—. Y, precisamente por eso, no te preguntaré si pensabas ocultarme su existencia.

—No te voy a negar que lo pensé, pero tenía que intentarlo por nuestro bebé.

—En cuanto lleguemos a casa llamaremos al doctor, quiero que te examine y que confirme que todo está bien. Además, tendremos que informarnos de todo lo que no puedes hacer ni comer. Te voy a cuidar como a una reina el resto de mi vida, mi amor.

— ¿Mi amor? —Repitió Gisele sorprendida.

—Sí, mi amor y mi vida eres tú. ¿No te gusta?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella colocándose a horcajadas sobre él con una clara intención de seducirle.

—Por cierto, tengo que decirte algo, pero me tienes que prometer que no te enfadarás.

—Me das miedo —bromeó él ante la mirada de fingida inocencia de ella.

—Ayer por la mañana fui a visitarme a la consulta de mi ginecólogo. Me confirmó que todo está bien, pude escuchar los latidos del bebé y me dijo que estaba embarazada de once semanas. Me hizo una ecografía y me dio una copia, ¿quieres verla?

—Me encantaría.

Como una niña con juguete nuevo, Gisele se levantó del sofá, buscó en el interior de su bolso hasta encontrar las copias de las fotos que el doctor le había dado y se las entregó a Matt, que examinó las fotos con una amplia sonrisa en los labios.

—Prométeme que nunca volverás a salir huyendo sin antes hablar conmigo, yo te prometo que te querré y te mimaré tanto que jamás querrás huir. Te amo, Gisele. No lo dudes nunca.

—Yo también te amo —le confesó Gisele antes de plantarle un beso en los morros.

Preocupados por lo que pudiera estar ocurriendo, Sarah y Jason decidieron regresar al apartamento y comprobar que la sangre no hubiera llegado al río. Por suerte, respiraron tranquilos cuando abrieron la puerta y se encontraron a Gisele y Matt abrazados en el sofá mientras observaban las fotografías de la ecografía:

— ¿Se puede saber qué estáis mirando con esa sonrisa que se os cae la baba? —Preguntó Jason sin saber realmente lo que miraban.

Matt miró a Gisele para pedirle permiso para darle la noticia a su amigo, ella asintió con una sonrisa cómplice en los labios y Matt le respondió:

—Estamos viendo la primera ecografía de nuestro bebé, vuestro sobrino.

— ¡¿Qué?! ¿Voy a ser tío? Va a ser el niño más consentido de todo el planeta.

—O la niña —le corrigió Sarah.

—Me da igual si es niño o niña, solo quiero esté sano —opinó Matt sin dejar de abrazar a Gisele ni de mirar la ecografía—. Mi madre se pondrá como loca cuando se entere.

—Si estos dos nos guardan el secreto, podrás darle la sorpresa el día de Navidad.

—Mi amor, ¿te he dicho ya que te amo?

—Sí, pero jamás me cansaré de escucharlo —le aseguró Gisele.

Más tranquilos y animados habiendo arreglado el malentendido y habiéndose reconciliado, las dos parejas decidieron ir a comer a un restaurante para celebrar la vida, la de ellos y la del bebé que venía en camino.

Esa misma tarde, Matt y Gisele regresaron a casa. Jason se quedó en la capital un par de días más hasta que Sarah cogiera las vacaciones de Navidad para regresar con ella a casa. Ellos también habían tomado una decisión importante respecto a su relación, pero habían decidido aguardar en dar la noticia hasta que Sarah lo dejara todo atado en la capital.

Cuando Gisele entró en casa de Matt y vio el destrozo que había montado, pensó que unos ladrones les habían entrado a robar y Matt tuvo que confesarle lo que realmente había ocurrido.

—Casi me vuelvo loco y solo estado unas horas sin ti —le dijo tras darle la explicación oportuna—. No te preocupes, mañana vendrán a arreglarlo todo.

En el último momento, Matt consiguió convencer a su madre para celebrar la Nochebuena y la Navidad en casa, quería que esa Navidad fuera especial. Leonor insistió en ayudarles a preparar la cena y, como no podía ser de otra manera, Matt se las ingenió para que Gisele no tuviera que hacer nada.

—Entiendo que no me dejes cocinar, pero al menos deja que prepare la mesa y haga algo para que me sienta útil —protestó Gisele al borde de las lágrimas, las hormonas la sumían en una inestabilidad emocional constante.

—Mi amor, solo quiero cuidarte —le dijo Matt armándose de paciencia—. A ti y a nuestro bebé.

Y era cierto, Matt estaba pendiente de Gisele en todo momento, incluso trabajaba desde casa para no tener que ir a la agencia durante aquellos días de fiesta. Gisele reía, lloraba, se enfadaba y volvía a reír, las hormonas la tenían revolucionada y Matt estaba aprendiendo a entenderla y a sobrellevarlo, y no se le estaba dando nada mal. Sarah y Jason, además de guardarles el secreto, también les hicieron compañía, pese a que Matt continuó negándose a separarse de Gisele más de cinco minutos.

En Nochebuena, familia y amigos se reunieron en casa de Matt y Gisele para cenar juntos e intercambiar regalos como cada año. Era la segunda Navidad que Matt y Gisele pasaban juntos, pero ambos la disfrutaron como si fuera la primera.

Tras cenar e intercambiar los regalos, Matt y Gisele decidieron dar la buena noticia a la familia y a los amigos. Matt, llamando la atención de todos los invitados, alzó su copa y pronunció un discurso improvisado:

—Quiero brindar por la familia y por la amistad, por todos vosotros. Pero quiero hacer un brindis especial por mi esposa, la mujer que me tiene completamente hechizado y con la que deseo pasar el resto de mi vida. Además, ahora tengo que cuidarla el doble porque hay un pedacito de nosotros creciendo en su vientre —añadió Matt abrazando desde la espalda a Gisele colocando las manos sobre su vientre.

— ¿Voy a ser abuela? —Preguntó Leonor emocionada.

—Sí, serás abuela en pocos meses —le confirmó Matt.

— ¡Va a ser el niño o la niña más mimado del planeta, su tía se encargará de eso! —Exclamó Kelly feliz por la noticia.

Todos comenzaron a bromear sobre lo consentido que estaría el bebé nada más nacer, de lo poco que iban a poder descansar los padres, etc. Mientras tanto, Gisele los escuchaba y les observaba sin decir nada, tan solo disfrutando de aquella hermosa familia, en la que se incluían a los amigos más íntimos de la pareja, que había formado con Matt.

—Estás muy callada, ¿va todo bien? —Le preguntó Matt en un susurro.

—No podría estar mejor ni tampoco más feliz y todo es gracias a ti —le confesó Gisele con las lágrimas a punto de derramarse de los ojos—. Te amo, Matt.

—Gracias a ti por hacerme el hombre más feliz del planeta, por permanecer a mi lado, por regalarme tu amor y tu cariño, y por convertir nuestro amor en un pedacito de nosotros al que voy a querer con la misma locura que te quiero a ti, preciosa.

La pareja se sumió en un tierno beso hasta que todos los allí presentes comenzaron a aplaudir y vitorearles, consiguiendo que Gisele se ruborizara y tratara de apartarse de Matt, pero él se lo impidió y le plantó otro beso en los labios, provocando las risas de los amigos y familia.

Cita 178.

“En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser.”

William Shakespeare.

Hasta que el contrato nos separe 52.

Gisele lloró silenciosamente durante las tres horas que duró el viaje en taxi hasta el apartamento de Sarah en la capital. Por suerte para Gisele, el taxista era poco hablador y no le dijo nada salvo para preguntarle si necesitaba algo o si quería parar y estirar las piernas.

Llamó a Sarah cuando le quedaban pocos minutos para llegar a la capital, estaba anocheciendo y cruzó los dedos para que estuviera en su apartamento.

— ¡Hola Gis! Estaba a punto de llamarte —la saludó Sarah nada más descolgar—. Estoy deseando que llegue el viernes para poder abrazarte, te echo mucho de menos.

—Entonces, tengo una gran noticia para ti, me verás en veinte minutos —le dijo Gisele sonriendo con tristeza.

—Gisele, ¿estás con Matt?

—Estoy en un taxi, de camino a tu apartamento —respondió Gisele con un hilo de voz.

—Pediré una pizza y abriré una botella de vino —trató de animarla Sarah—. Te espero aquí para que me lo cuentes todo.

—Nos vemos en un rato.

Gisele colgó la llamada y se secó las lágrimas de la cara. Resopló abatida, pero se dijo que solo se permitiría ese día para lamentarse, a la mañana siguiente solo vería el lado bueno de las cosas.

Veinte minutos más tarde, Gisele llegó al apartamento de Sarah y su amiga adivinó que aquello era algo más que una pequeña discusión de pareja cuando vio su maleta. Gisele la abrazó y se echó a llorar sin poder pronunciar palabra, así que Sarah tuvo que esperar a que se tranquilizar para escuchar lo que había ocurrido.

—Venga Gis, seguro que es una tontería —le restó importancia Sarah para calmarla.

—No, no lo es —la corrigió Gisele y, entre sollozos, le contó toda la verdad.

Sarah no daba crédito a lo que decía su amiga, se negaba a creer que su matrimonio con Matt no era más que una artimaña para que él se hiciera con la herencia de su abuelo y mucho menos podía creer que Gisele se hubiera prestado a ello. Sin embargo, no le costó adivinar que las lágrimas de su amiga se debían a que realmente estaba enamorada de Matt.

—Y, como ya ha pasado un año desde vuestra boda, os divorciáis y todos tan felices —le reprochó Sarah—. ¿En qué estabas pensando, Gis?

—Eso no es todo —le confesó Gisele.

Sarah miró a los ojos de su amiga y supo que algo gordo estaba ocultando, algo por lo que incluso temblaba.

—Gis, ¿qué has hecho? —Le preguntó Sarah preocupada.

—Estoy embarazada.

Sarah se bebió su copa de vino de un solo trago y acto seguido se bebió la copa de Gisele, necesitaba calmarse un poco antes de hablar.

—Vale, voy a ser tía. ¿O no? —La tanteó.

—Sí, vas a ser tía —le confirmó Gisele sonriendo por primera vez desde que había llegado.

—Y deduzco que Matt no lo sabe.

—No, no lo sabe.

—Pues creo que deberías empezar por ahí, independientemente de lo que pase entre vosotros, ese bebé también es su hijo y tiene derecho a saberlo.

—Escuché a Jason decirle a Matt que nos imaginaba formando una familia y Matt le respondió que era una locura y que cómo podía pensar algo así —le respondió Gisele entre lágrimas.

—Vale, no pasa nada. Ha sido un día largo y tienes que descansar, ahora debes pensar también en ese bebé que no quiere una mamá cansada —le dijo Sarah acompañándola a la habitación de invitados para que descansara—. Mañana, con la mente más despejada, pensaremos qué vamos a hacer.

Sarah se tumbó en la cama junto a Gisele y esperó hasta que se quedó dormida para regresar al salón y terminar de beberse la botella de vino. Había visto a Matt y Gisele felices, cómplices y apasionados, quizás todo comenzó con un contrato de por medio, pero la relación entre ellos era real.

Jason pasó por casa de Matt a última hora de la tarde, quería hablar con Gisele y pedirle ayuda para hacerle un regalo a Sarah por Navidad. Le extrañó ver el coche de Matt aparcado frente a la puerta principal de la casa porque él siempre lo aparcaba en el garaje, pero tampoco le dio importancia. Llamó al timbre de la puerta y, casi una eternidad después, Matt le abrió la puerta completamente borracho. Jason entró en la casa y vio el destrozo que había montado: estanterías caídas, libros y demás objetos tirados por el suelo, un agujero en la pared del salón que sin ninguna duda había sido provocado por un puñetazo y una foto enmarcada de Matt y Gisele el día de su boda.

— ¿Has montado una fiesta y no me has invitado? —Bromeó Jason.

—Estoy celebrando mi maldita soltería —gruñó Matt bebiendo a morro de una botella.

— ¿Dónde está Gis?

—Se ha ido y no quiero volver a escuchar su nombre —vociferó Matt.

— ¿Qué ha pasado?

—No ha pasado nada, he llegado a casa y me la he encontrado a punto de marcharse, con la maleta ya preparada. Me ha dicho que ya ha cumplido su parte del contrato y que espera tu llamada cuando tengas los papeles del divorcio. Quiere divorciarse. Ni siquiera ha sido capaz de mirarme a la cara cuando se ha ido.

Consciente del estado de embriaguez de su amigo, Jason optó por quitarle la botella a Matt y obligarle a meterse en la cama para dormir la mano. Después llamó a Ben y le pidió que localizara a Gisele, lo cual no le resultó difícil debido a que el localizador seguía instalado en el reloj de pulsera de Gisele. Tras averiguar que Gisele se encontraba en la capital, en el apartamento de su amigo, decidió llamar a Sarah.

—Sarah, ¿está Gis contigo? —Le preguntó nada más descolgar.

—Sí, está conmigo —le confirmó Sarah con tono de pocos amigos—, y me lo ha contado todo.

— ¿Se puede saber por qué se ha ido?

—Tú y tu amigo deberíais saberlo.

—Mira, no sé lo que ha pasado, lo único que puedo decirte es que Gis se ha largado sin dar explicaciones y ha dejado a Matt hecho polvo.

— ¿Quieres saber en qué estado ha llegado Gisele a mi apartamento? —Le reprochó Sarah furiosa—. ¡Sois un par de idiotas!

— ¿Puedes pasarme con Gis?

—No, se ha quedado dormida y no pienso despertarla para que hable contigo ni con Matt.

—Sarah, puede que al principio todo fuera parte de una estrategia, pero no puedes negar que entre ellos existe una relación real, tú lo has podido comprobar. Matt quería esperar a después de Navidad para declararse, no quería que Gis pensara que lo hacía por el contrato.

—Gis os escuchó hablar ayer, escuchó como Matt te decía que estabas loco si pensabas que iba a tener hijos con Gisele y que todo se había acabado —le reprochó Sarah.

—No fue eso exactamente lo que dijo, estábamos hablando de la herencia, el abogado del abuelo de Matt ha añadido una nueva cláusula antes de hacer efectiva la herencia: Matt debe tener un hijo antes de que se cumpla el tercer año de matrimonio —le explicó Jason—. Él no estaba dispuesto ni siquiera a comentárselo a Gis, temía que pensara que solo quería estar con ella para conseguir la herencia. Yo bromeé diciendo que ya me los imaginaba con niños y él me dijo que estaba loco si pensaba que sería capaz de tener un hijo con Gis para conseguir la herencia de su abuelo.

—Entonces, ¿todo ha sido un malentendido?

—Me temo que sí, nena —le confirmó Jason—. Tenemos que hacer algo para que se reconcilien, ninguno de los dos está bien.

— ¿Qué pretendes?

—Mañana por la mañana, cuando Matt se despierte, iremos a buscaros —sentenció.

—Matt no lo va a tener fácil.

—Nena, Matt no aceptará un no por respuesta sabiendo que Gis le ama. En cuanto a ti y a mí, tenemos una conversación pendiente —le recordó Jason.

—Desde luego que sí, no te pienses que todo este engaño no va a tener consecuencias.

—Nena, estoy deseando verte aunque estés enfurruñada —bromeó Jason entre risas y añadió antes de colgar—: Nos vemos en unas horas.

A la mañana siguiente, Matt se despertó con una resaca terrible, consecuencia de la cantidad de alcohol ingerida el día anterior. Ni siquiera se molestó en levantarse de la cama, no tenía ningún motivo para hacerlo ahora que Gisele no estaba.

—Levántate y date una ducha, tenemos cosas que hacer —le dijo Jason entrando en el dormitorio.

—Lárgate, no voy a ir a ninguna parte —gruñó Matt.

—Mientras tú estabas durmiendo la mona, yo hice mis averiguaciones —comenzó a decir Jason, llamando la atención de su amigo—. Sé por qué Gis se marchó ayer y, si te soy sincero, no la culpo.

— ¿Qué quieres decir?

—Ayer, después de la reunión con el abogado de tu abuelo, Gis nos escuchó hablar y sacó sus propias conclusiones con lo que oyó.

— ¿Sabe la nueva condición para conseguir la herencia? —Preguntó Matt.

—No, lo que escuchó es que te parecía una locura formar una familia con ella y que tenía que acabar.

—Yo nunca he dicho eso.

—Lo sé, pero ella solo escuchó parte de la conversación. Así que, si quieres hablar con ella y aclararlo, será mejor que te duches.

— ¿Dónde está Gisele?

—Está con Sarah en la capital —le respondió Jason y añadió para apremiarle—: Te lo contaré todo por el camino, te espero en el coche.

A pesar de la horrible resaca que tenía y lo poco que había dormido, Matt se levantó de la cama de un salto y entró en el cuarto de baño para ducharse, no quería perder un minuto más sin Gisele.

Gisele se levantó pasadas las nueve de la mañana y se encontró a Sarah en la cocina, preparando el desayuno.

—Buenos días, Gis. Te he preparado un zumo de naranja natural con unas tostadas, ¿tienes hambre?

Gisele arrugó la nariz, el olor a naranja le dio náuseas y salió corriendo hacia el baño para vomitar. Sarah la esperó en la puerta del baño y, cuando Gisele salió, le preguntó:

— ¿De qué debo deshacerme?

—Del zumo de naranja y de todo lo que huela a naranja —sollozó Gisele.

—No, no llores, por favor. Me deshago de todo ahora mismo, pero no llores.

Sarah se apresuró en retirar el zumo y las naranjas para después servir un vaso de leche que su amiga saboreó junto a unas galletas.

—Me he pasado una hora preparándote un desayuno saludable y terminas comiendo leche con galletas —bromeó Sarah.

— ¿Qué voy a hacer con mi vida, Sarah? —Se lamentó Gisele, ignorando los intentos de su amiga por animarla.

—Tengo que decirte algo, Gis.

— ¿Qué has hecho?

—Te quiero y quiero lo mejor para ti y para el bebé que viene en camino —comenzó a decirle Sarah—. Sé que estás enamorada de Matt y él de ti, ese bebé que esperas necesita un padre y creo que debéis daros al menos la oportunidad de hablar.

— ¿Se lo has contado a Matt? —Exigió saber Gisele, con el miedo en los ojos.

—No le he dicho nada, ni siquiera he hablado con él, pero he hablado con Jason y, dado que estar separados no se os da nada bien, creemos que debéis hablar y solucionarlo.

— ¿Para qué? ¿Para dejar que me humille?

—Gis, no puedo obligarte a hacer algo que no quieres, pero sí puedo aconsejarte que al menos hables con él y dejes que se explique, todo esto es un malentendido y no quiero que te arrepientas el resto de tu vida por tomar la decisión incorrecta.

Gisele no quería volver a ver a Matt, sabía que un encuentro con él le causaría aún más dolor y no quería sentir su rechazo de nuevo, pero decidió seguir el consejo de Sarah y afrontar la situación por el bebé que llevaba en su vientre.

Cita 177.

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.”

Gabriel García Márquez.