Archivo | mayo 2019

Hasta que el contrato nos separe 51.

Un mes y medio después de haber recibido un disparo en el hombro, Gisele se incorporó de nuevo al trabajo en la agencia. Estaban a mediados de noviembre y a ninguno de los dos se les olvidaba que el contrato vencería en un mes, pero aquel tema seguía siendo tabú entre ambos.

Matt y Gisele iban juntos a la agencia todas las mañanas para trabajar, comían juntos y a media tarde regresaban a casa. Cenaban y poco después disfrutaban de un relajante baño en la bañera antes de irse a dormir. Ya no hacían en el amor todos los días, Matt quería mostrar a Gisele su faceta cariñosa, quería demostrarle que el sexo no era lo único ni lo más importante de su relación. Gisele se percató del cambio en el comportamiento de Matt, pero había decidido disfrutar del tiempo que le quedara con Matt sin más preocupaciones, por lo que evitó cualquier posible discusión con él.

Gisele llevaba varios días con el estómago revuelto y al principio no le dio importancia, hasta que trató de acordarse de la última vez que estuvo con el período y se dio cuenta que no lo tenía desde antes del encuentro con Erik. Habían pasado dos meses y medio desde entonces y en todo ese tiempo tampoco había tomado la píldora anticonceptiva. Matt se había encargado de darle todos los días las pastillas que le había recetado el doctor, pero ninguno de los dos se había acordado de la pastilla más importante. Con la excusa de comprar los regalos de navidad, Gisele salió antes del trabajo y se dirigió al centro. Compró regalos para Leonor, Elsa, Kelly y Sarah y, cuando logró armarse de valor, entró en una farmacia y compró un test de embarazo. A la mañana siguiente, mientras Matt la esperaba en la cocina para desayunar, Gisele se encerró en el baño y utilizó el test de embarazo para salir de dudas. Efectivamente, confirmó lo que ya sospechaba: estaba embarazada. Escondió el test en la bolsa de la farmacia y la tiró a la papelera sabiendo que Matt jamás miraría allí. Respiró profundamente, se miró en el espejo fingiendo una sonrisa y bajó a la cocina a desayunar con Matt. Tenía claro que debía hablar con Matt, pero antes debía asimilarlo ella y pensar qué quería hacer al respecto. En un par de días se cumpliría su primer aniversario de matrimonio y ambos estaban inquietos.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Matt con el ceño fruncido, pues notaba extraña a Gisele desde la noche anterior.

—Por supuesto —mintió Gisele antes de besarle en los labios—. Todavía me falta por comprar varios regalos, entre ellos el tuyo.

—Las compras tendrán que esperar, este fin de semana es nuestro primer aniversario y había pensado en pasarlo en algún lugar, solos tú y yo.

—El contrato finaliza este fin de semana —susurró Gisele temerosa de pronunciar aquellas palabras.

—Tenemos que hablar de eso, pero lo haremos después de las fiestas de Navidad —sentenció Matt. Sentó a Gisele sobre su regazo y le susurró al oído—: ¿A dónde te gustaría ir el fin de semana?

—Podemos decirles a todos que nos vamos fuera el fin de semana y quedarnos encerrados en el dormitorio —le propuso Gisele bromeando.

—Podemos ir a tu casa de la playa, así ves cómo ha quedado la reforma.

— ¿Ya está terminada?

—Acabaron hace unos día y envié a una empresa de limpieza a que la preparara para nuestra llegada, si es que te apetece que vayamos allí.

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió Gisele feliz de saber que pasaría el fin de semana con Matt y también las navidades.

Gisele sabía que tendría que hablar con Matt sobre su embarazo, pero decidió posponer aquella conversación hasta después de Navidad.

Pasaron el fin de semana en la casa de la playa y Gisele trató de memorizar todos y cada uno de los momentos que compartía con Matt, consciente de que aquellos serían sus últimos días como marido y mujer.  

El domingo por la noche, Matt quiso celebrar su aniversario de boda con Gisele sorprendiéndola con una improvisada y romántica cena en el salón. Gisele aceptó la copa de vino que Matt le sirvió y ambos brindaron, pero Gisele solo se mojó los labios de vino y dejó la copa sobre la mesa, donde permaneció sin tocarla el resto de la velada.

— ¿No te ha gustado el vino?

—El vino está bien.

— ¿Estás enferma?

—No estoy enferma, es solo que no me apetece beber alcohol —le restó importancia Gisele.

—Y, ¿qué te apetece hacer?

—Sabes muy bien qué me apetece hacer —le respondió juguetona Gisele.

Matt no necesitó que se lo repitiera dos veces, sabía exactamente lo que quería Gisele y no se hizo de rogar para dárselo. Pese a que Gisele ya estaba completamente recuperada, Matt continuaba haciéndole el amor con ternura, ya no existía entre ellos aquel sexo salvaje de pasión descontrolada, pero el sexo tierno era igual o más placentero y Gisele estaba encantada con ese cambio, a pesar de que al principio no se lo tomó muy bien.

Después de aquel fin de semana, regresaron a la ciudad para continuar con su rutina. Gisele, consciente de tenía una vida creciendo en su interior, llamó a la consulta de su ginecólogo y pidió cita para el día siguiente. Con la excusa de comprar su regalo de Navidad, Gisele se excusó con Matt y se tomó la mañana libre. Él también tenía cosas que hacer aquella mañana, como reunirse con el abogado de su difunto abuelo, y tampoco le había dicho nada a Gisele.

Gisele llegó a la consulta del ginecólogo a las diez de la mañana y, tras hacerle las preguntas rutinarias, el doctor la hizo estirarse en la camilla para examinarla mediante una ecografía. En cuanto el doctor colocó el aparato sobre el abdomen de Gisele, los latidos del bebé se escuchó como si fuera el trote de un caballo y ella se asustó.

—No te asustes, es el latido de tu bebé —la informó el doctor.

— ¿Es normal que sea tan rápido?

—Sí, es un bebé fuerte —le confirmó. Continuó examinándola y, pasados un par de minutos, concluyó—: Estás embarazada de unas once semanas, el latido del bebé es fuerte y todo parece estar bien. No obstante, te realizaremos una analítica de sangre para asegurarnos y te nos veremos a finales de la semana que viene.

Gisele aprovechó para resolver algunas dudas sobre la dieta y el ejercicio que el doctor se encargó de aclararle.

Gisele estaba feliz, se sentía pletórica al saber que una vida crecía dentro de ella, una vida que ella y Matt habían creado. Sin embargo, la felicidad se convirtió en miedo aterrador cuando se preguntó cómo reaccionaría Matt cuando se lo dijera. Se dirigió a la agencia nada más salir de la consulta del doctor, dispuesta a hablar con Matt, decirle que estaba embarazada y que pensaba tener al bebé con o sin su ayuda. Ni siquiera se paró a charlar con la secretaría de Matt cuando pasó al lado de su mesa, se limitó a saludarla con un leve gesto con la mano antes de llamar a la puerta del despacho de Matt.

—Gis, Matt está en el despacho de Jason —la informó la secretaria.

Gisele respiró profundamente y se dirigió al despacho de Jason. Estaba a punto de llamar a la puerta cuando escuchó a Matt pronunciar su nombre, así que decidió quedarse callada y escuchar detrás de la puerta.

—Se acabó, ya has oído a Kevin Norris —escuchó decir a Matt con frustración—. Tengo que hablar con Gisele, nada de esto ya tiene sentido.

— ¿Estás seguro? Yo ya te imaginaba formando una familia con Gisele —se mofó Jason.

— ¿Te has vuelto loco? ¿Crees que haría algo así? —Le espetó Matt.

Gisele no daba crédito a lo que acababa de escuchar. Intuía que la reacción de Matt al saber que iba a ser padre no sería de plena felicidad, pero tenía la esperanza de que, tras procesar la noticia, saliera su lado tierno y romántico. Dolida y humillada, Gisele se secó las lágrimas que salían de sus ojos, dio media vuelta y se marchó de la agencia sin despedirse de nadie.

Gisele regresó a casa de Matt en uno de los todoterrenos de la agencia y agradeció que Elsa no estuviera en casa para no tener que dar explicaciones. Subió al dormitorio principal y comenzó a recoger sus cosas, aquellas con las que llegó a casa de Matt un año y medio antes. Lo metió todo en una maleta y, cuando bajaba las escaleras cargando con la maleta, Matt entró en casa por la puerta principal. Se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Matt, señalando la maleta, le preguntó:

— ¿Vas a alguna parte?

—Me marcho.

— ¿Te marchas? —Repitió Matt incrédulo.

—He cumplido con mi parte del contrato, quiero el divorcio.

La frialdad de Gisele dejó descolocado a Matt, que no entendía aquel repentino cambio de actitud ni cuál era el motivo de aquella espantada.

—Creía que habíamos acordado esperar a después de Navidad para hablar del tema —la tanteó Matt.

Gisele estaba haciendo un gran esfuerzo para mostrar su endereza y no derrumbarse delante de Matt, pero no estaba dispuesta a dejarse humillar, ahora tenía otra vida en la que pensar.

—Dile a Jason que me llame cuando tenga los papeles del divorcio.

—Por supuesto, se encargará de todo para que no tengamos que volver a vernos —gruñó Matt furioso—. Y no te preocupes, tendrás el dinero en tu cuenta bancaria mañana mismo.

Gisele no le respondió, ni siquiera le miró a la cara cuando pasó por su lado para llegar hasta la puerta y salir de la casa. Se subió al taxi sin mirar hacia atrás mientras las lágrimas rodaban como cascadas por sus mejillas.

— ¿A dónde la llevo, señorita? —Le preguntó el taxista.

—A la capital, por favor —logró decir Gisele entre sollozos.

El taxista asintió con un leve gesto de cabeza y emprendió el camino hacia la capital mientras ella sacaba las copias de las ecografías que le había dado el doctor para mirarlas y seguir llorando.

Tenía el corazón roto y estaba atemorizada por afrontar sola la maternidad, pero también estaba ilusionada con traer al mundo una nueva vida fruto del amor que sentía por Matt. Y es que, aunque Gisele nunca se lo había dicho, amaba a Matt como nunca había amado a nadie, le amaba pese a saber que él ya no quería volver a verla, pese a que ni siquiera había intentado convencerla para que se quedara junto a él.

Gisele necesitaba hablar con alguien con quien poder desahogarse, necesitaba sentir el abrazo de alguien que la quería de verdad y esa era Sarah. Ella la escucharía, la regañaría, la consolaría y después la animaría y la apoyaría en todo lo que decidiese. El único problema era que Gisele no tenía nada decidido, ni siquiera tenía un sitio en el que vivir.

Cita 176.

“En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre.”

Friedrich Nietsche.

Hasta que el contrato nos separe 50.

Gisele pasó el día en aquella habitación mientras sus amigos la hacían compañía para distraerla y hacerle más amena su estancia allí. Matt no se separó de ella en ningún momento, pese a que todos habían insistido en que descansara, incluida Gisele. Ben se estaba encargando de dirigir la investigación sobre lo ocurrido, con Erik fuera de combate Matt quiso dedicar todo su tiempo a estar con Gisele. Kelly todavía sentía el miedo en su cuerpo, pero Tyler le transmitía la seguridad que necesitaba y no la dejaba a solas ni un momento. Jason estaba feliz de que todo hubiera salido bien y también de tener allí a Sarah, aunque hubiera preferido encontrarse con ella en otras circunstancias.

Hacía varios meses que Jason y Sarah se veían a escondidas, ambos disfrutaban de la compañía del otro y lo que había empezado como una relación basada en un juego divertido se había convertido en una relación romántica, pese a que ninguno de los dos estuviera dispuesto a reconocerlo. Además de la distancia entre ambos, Jason no podía evitar pensar que en unos meses Matt y Gisele se divorciarían y probablemente ya no volverían a verse.

El doctor pasó por la habitación de Gisele a media tarde y, tras examinarla y comprobar que todo estaba bien, decidió darle el alta con la condición de que guardara reposo y no hiciera ningún tipo de esfuerzo.

—Me muero por llegar a casa y darme un largo baño de agua caliente y espuma en la bañera, ¿querrás acompañarme? —Le preguntó Gisele a Matt mientras se dirigían a casa.

—Gisele…

—Te prometo que me portaré bien —insistió Gisele.

—Le pediremos a Elsa que te ayude a bañarte.

— ¿No puedes ayudarme tú?

—Si te ayudo yo, acabarás saliéndote con la tuya —argumentó Matt.

—Creía que ibas a cuidar, mimar y complacer a tu esposa —le provocó Gisele.

—Y yo creía que me lo ibas a poner fácil —replicó Matt.

Había sido un día largo, ambos estaban agotados, Gisele sabía que no conseguiría que Matt cambiase de opinión y no quería acabar discutiendo con él. Llegaron a casa y Elsa la ayudó a darse un baño mientras Matt hablaba por teléfono con Ben para ponerse al día sobre la investigación. Habían realizado una reconstrucción de los hechos en base a la declaración de Gisele y la escena de los hechos, habían confirmado las identidades de los cuatro hombres que acompañaban a Erik y les habían relacionado con su banda de crimen organizado. Después de tantos meses, Gisele por fin podía vivir sin sentirse amenazada por la inestabilidad mental y la peligrosidad de Erik.

—Cielo, ¿qué te apetece que te prepare para cenar? —Le preguntó Elsa a Gisele, con la ternura y la dulzura que la caracterizaban.

—Cualquier cosa que prepares estará bien —le respondió Gisele.

Matt regresó al dormitorio cuando Gisele ya se había bañado y descansaba tumbada sobre la cama con un conjunto de seda de camiseta de tirantes y un pantalón de short. Sexy pero recatado para lo que Matt se había preparado para encontrarse.

—Le estaba preguntando a Gisele qué le apetece cenar —Elsa le puso al corriente de la conversación.

— ¿Qué le apetece cenar a mi esposa consentida? —Preguntó Matt divertido.

—Depende de lo que haya en el menú —le provocó Gisele.

—Me temo que no estáis hablando de comida —comentó Elsa divertida.

—Me apetece cenar pizza —decidió Gisele.

—Elsa, ¿te encargas de llamar al restaurante para que nos sirvan a domicilio?

—Por supuesto, ahora mismo —le respondió antes de salir del dormitorio y dejar a solas a la pareja.

—Has conseguido sonrojar a Elsa —bromeó Matt tras besarla en los labios. Se sentó a los pies de la cama y añadió—: Han sido dos días muy largos, debes estar agotada.

—Tú también estás agotado —apuntó Gisele.

Matt se tumbó en la cama junto a ella y la abrazó. Deseaba protegerla de todo lo malo que hubiera en el planeta, deseaba mimarla y, por encima de todas las cosas, deseaba amarla el resto de su vida.

Esa noche, después de cenar la pizza que a Gisele se le había antojado, ambos se quedaron dormidos abrazos el uno al otro.

Al día siguiente continuaron recibiendo visitas, Leonor, Sarah y Kelly no querían separarse de ella. Matt aprovechaba las visitas para mantenerse al corriente de los asuntos de la agencia hablando por teléfono con Ben, pero no se alejaba de Gisele más de diez minutos y así fue su rutina durante los siete días siguientes. Una semana más tarde, Gisele ya estaba mucho mejor y, aunque no podía realizar esfuerzos, podía moverse sin que le dolieran hasta las pestañas.

Pese a la mejoría de Gisele y sus intentos por seducir a Matt, él se mantenía firme en su decisión de no practicar sexo. A Gisele se le habían acabado los argumentos para convencerle, así que no le quedó más remedio que jugar sucio. La séptima noche, Gisele se metió en la cama completamente desnuda mientras Matt se duchaba. Cuando salió del baño y se metió en la cama con ella, Matt la abrazó y fue consciente de sus intenciones.

—Gisele, no me lo pones nada fácil.

—Si no te has dado cuenta, no es lo que pretendo —le replicó Gisele.

— ¿Crees que yo no lo deseo? Mira cómo me tienes —le susurró Matt rozando su enorme erección contra el trasero de Gisele.

—Nos estás torturando a los dos —gimió Gisele al sentir las manos de Matt acariciando sus pechos.

Gisele deslizó su mano hasta encontrar el miembro erecto de Matt, lo recorrió en su totalidad con la yema de sus dedos y comenzó a masturbarle, pero Matt la detuvo.

—Si vamos a hacerlo, lo haremos a mi manera —le advirtió—. No puedes hacer esfuerzos y no quiero que te muevas. Si no te portas bien, te dejaré a medias. ¿Lo has entendido?

—Alto y claro —le respondió Gisele expectante.

Con sumo cuidado y delicadeza, Matt acarició, besó y adoró cada centímetro de piel del cuerpo de Gisele. Mordisqueó, pellizcó y lamió sus pezones antes de hundir la cara entre sus piernas, donde se demoró estimulando el centro de placer de Gisele.

—Matt —le rogó Gisele con un hilo de voz.

Matt introdujo uno de sus dedos en la vagina de Gisele, pero aquello no fue suficiente y ella le demandaba. Probó con dos y tres dedos, pero eso no era lo que Gisele ansiaba:

—Te necesito dentro, Matt —suplicó Gisele.

Matt ya no fue capaz de resistirse más, aquello era una tortura para ambos. Sosteniendo su cuerpo con los brazos y las rodillas, se colocó encima de Gisele, la besó apasionadamente en los labios y se hundió en ella despacio, llenándola por completo.

— ¿Mejor ahora? —Le preguntó Matt con una sonrisa burlona en los labios.

—Mucho mejor —confesó Gisele.

Con un suave vaivén, Matt llevó a Gisele al orgasmo y solo entonces se permitió derramarse en su interior.

— ¿Estás bien, cariño? —Le preguntó Matt rodando hacia un lado de la cama para no aplastarla pero abrazándola de nuevo y estrechándola contra su cuerpo.

—No podría estar mejor —reconoció Gisele exhausta.

—Duérmete, seguiré estando aquí cuando despiertes —Le susurró Matt justo antes de que se quedara dormida. Y, cuando estaba seguro de que ya no podía escucharle, le susurró de nuevo—: Te quiero, Gisele.

Desde que dispararon a Gisele, Matt había permanecido a su lado las veinticuatro horas del día y, justo cuando llegaba la noche y Gisele se dormía, él le susurraba al oído que la quería. Todavía no estaba preparado para decírselo estando Gisele despierta, pues temía que ella tampoco estuviera preparada para escucharlo.

Durante las siguientes tres semanas, Gisele permaneció en casa y Matt no se separó de su lado salvo cuando Gisele recibía alguna visita y aprovechaba para hacer unas llamadas a la agencia. Trabajaba desde casa, haciendo compañía a Gisele mientras ella leía un libro, veía la televisión o charlaba por teléfono con su amiga Sarah. El doctor la visitaba un par de veces por semana, la examinaba, le sacaba sangre para hacer una analítica y confirmaba que todo estaba en orden. La herida de bala que Gisele tenía en el hombro ya casi estaba curada y en su lugar ya comenzaba a aparecer una pequeña cicatriz apenas perceptible gracias a las pomadas que Matt le había comprado y que insistía en ponerle sobre la herida.

Matt continuaba cuidando, mimando y complaciendo a Gisele, pero ella ya se encontraba mucho mejor y estaba cansada del sexo suave, quería hacer el amor con Matt apasionadamente y él seguía tratándola como a una muñequita de porcelana que se podía romper.

Gisele se había levantado de mal humor, estaba aburrida de pasar tanto tiempo en casa y había discutido con Matt, pero trató de hacer un esfuerzo por sonreír y fingir que todo iba genial cuando recibieron la visita de Leonor.

—Gis, ¿qué te ocurre? —Le preguntó Leonor preocupada en cuanto la miró a la cara, a ella, al igual que a Elsa, no se le escapaba nada—. No me lo digas, has discutido con Matt. Matt, ¿qué le has hecho?

— ¿Por qué das por hecho que la culpa es mía? —Protestó Matt.

— ¿Me equivoco? —Leonor desafió a su hijo con la mirada.

Ninguno de los dos respondió y Leonor decidió no preguntar más sobre el tema, pues intuía que solo empeoraría las cosas. Enfurruñado, Matt se encerró en su despacho para trabajar desde su ordenador y Gisele se quedó en el salón charlando con Leonor.

—Es tan testarudo como lo era su padre —comentó Leonor cuando se quedó a solas con su nuera.

—No te lo voy a discutir, no hay manera de hacerle cambiar de opinión —murmuró Gisele.

— ¿Qué se le ha metido entre ceja y ceja?

—Se empeña en tratarme como si fuera de cristal y estoy bien —le respondió Gisele.

—Ha estado a punto de perderte, es normal que quiera protegerte.

—Lo sé.

—Ten paciencia con él y llévatelo a tu terreno —le aconsejó Leonor—. Si le retas, se empeñará en llevarte la contraria.

Un rato más tarde, Gisele decidió ir en busca de Matt al despacho, donde seguía trabajando enfurruñado. Llamó a la puerta y esperó a que Matt la invitara a entrar.

—Hola, ¿tienes mucho trabajo? —Le preguntó acercándose a él despacio para después comenzar a masajearle el cuello.

— ¿Qué estás tramando?

—No tramo nada, solo quiero hacer las paces con mi marido —ronroneó Gisele—. No me gusta verte enfadado.

—Ven aquí, caprichosa —Matt la cogió por la cintura y la sentó sobre su regazo al mismo tiempo que aprovechaba la cercanía para plantarle un beso en los labios—. ¿Hasta cuándo va a durar la tregua?

—Sé que esto tampoco está siendo fácil para ti y no quiero presionarte, no pretendo causarte más problemas de los que ya te he dado. Seré una niña buena y no te insistiré más, pero tienes que sonreírme. ¿Aceptas el trato?

—Estaría loco si te dijera que no, preciosa.

Después de aquella charla, Gisele cumplió su parte de la tregua, pero las semanas pasaban y Matt continuaba haciéndole el amor con suavidad y dulzura. No es que a Gisele no le gustara, le encantaba la faceta tierna de Matt, pero comenzaba a sospechar que Matt le estaba tramando algo y que aquella excesiva ternura era parte de su plan, aunque tampoco le importó demasiado, tan solo quería seguir disfrutando de ser su esposa hasta que el contrato se cumpliera.

Cita 175.

“Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro.”

Isabel Allende. 

Hasta que el contrato nos separe 49.

Matt apenas durmió esa noche. La tensión acumulada durante el día todavía recorría su cuerpo y Gisele tampoco se lo puso fácil. Medio dormida y todavía bajo los efectos secundarios de la anestesia, Gisele aprovechaba cada roce entre ambos para insinuarse y provocarle, pero no se permitió caer en esa tentación debido al estado de Gisele y las claras indicaciones del doctor para que guardara reposo.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, Matt se permitió el lujo de bromear sobre el tema:

—Buenos días, pequeña provocadora —la besó en los labios y añadió—: ¿Qué tal estás?

—Te mentiría si no te dijera que he estado mejor —le confesó Gisele.

— ¿Puedo hacer algo para que te sientas mejor?

—Mm… —ronroneó Gisele—. Ya sabes qué puedes hacer.

—Gisele…

—Sí, lo sé. Tengo que guardar reposo —protestó Gisele—. Te has encargado de recordármelo durante toda la noche.

—Te aseguro que para mí tampoco ha sido divertido —masculló Matt—. No vas a hacer que cambie de opinión, mi prioridad es tu salud y tu seguridad.

Gisele no insistió más, sabía que Matt no cambiaría de opinión. El doctor pasó a examinarla a primera hora de la mañana y Gisele aprovechó para aclarar algunas dudas:

—Doctor, ¿hasta cuándo se supone que debo guardar reposo absoluto?

—Te veo muy bien, así que había pensado en que te levantaras y caminaras un poco para ver cómo te sienta. Es posible que te marees un poco, así que es importante que no intentes hacerlo sola —le advirtió el doctor.

— ¿Eso significa que esta noche podré dormir en casa?

—Si pasas bien el día y Matt se asegura de que no hagas ningún esfuerzo, es posible que puedas pasar la noche en casa.

—Y, siempre que no haga esfuerzos, ¿puedo hacer vida normal?

—Gisele… —le advirtió Matt.

— ¿Qué es lo que quieres saber exactamente? —Le preguntó el doctor sin andarse por las ramas.

—Adelante Gisele, pregúntale al doctor lo que quieres saber —la animó Matt sonriendo maliciosamente, poniéndola en un aprieto.

Gisele se ruborizó, el doctor adivinó lo que quería saber y decidió no hacerla pasar por el mal trago de preguntárselo directamente:

—Siempre y cuando no haga ningún tipo de esfuerzo, puede hacer lo que quiera. Le conviene estar relajada y estoy seguro que Matt sabrá cómo ayudarla a conseguirlo.

—Gracias doctor, ha sido muy amable —le agradeció Gisele.

—Regresaré a verla más tarde —se despidió el doctor antes de marcharse.

Una vez a solas, Matt y Gisele se desafiaron con la mirada durante unos segundos, ambos defendiendo su postura. Matt no estaba dispuesto a poner en riesgo a Gisele y ella no iba a desistir hasta conseguir lo que deseaba.

—Hagamos un trato —le propuso Matt tratando de llegar a un acuerdo—. Tú sigues al pie de la letra las indicaciones del doctor y yo haré todo lo posible para complacerte, sea cual sea tu capricho.

—Mm… El doctor me ha dicho que debo guardar reposo, pero también que puedo hacer mi vida normal sin realizar esfuerzos…

—Gisele, hace apenas doce horas estabas inconsciente y a punto de morir desangrada, no pienso poner en riesgo tu vida otra vez —argumentó suavizando el tono de voz. La besó levemente en los labios y le rogó en un susurro—: No me lo pongas más difícil, acabarás matándome.

Gisele se resignó a conformarse con lo que tenía, que no era poco. Después de lo que había ocurrido con Erik y sus hombres, Gisele entendía que Matt fuera precavido, pues imaginaba que él tampoco lo había pasado bien.

—De acuerdo —aceptó Gisele.

— ¿Así sin más? ¿No vas a replicar ni a protestar? ¿Vas a obedecer sin rechistar?

—Por supuesto, adoro a mi marido y hago cualquier cosa por él —le respondió Gisele divertida mientras le lanzaba un beso al aire.

Matt le dedicó una amplia sonrisa y a punto estuvo de apoderarse de su boca como si fuera un lobo hambriento, pero alguien llamó a la puerta de la habitación y le interrumpió antes de que hiciera algo de lo que acabaría arrepintiéndose. Matt reconoció a la doctora que acompañaba a Ben, una eminencia en psicología especializada en situaciones como la que Gisele acababa de vivir y a la que Ben había convencido para que la visitara. Ben hizo las presentaciones oportunas y, acto seguido, la doctora pidió a los chicos que la dejaran a solas con Gisele.

—Estaré ahí fuera si me necesitas, Gisele —le dijo Matt tras darle un beso en los labios.

Gisele asintió y le dedicó una sonrisa para hacerle saber que estaba bien y no tenía nada de lo que preocuparse. Matt y Ben salieron de la habitación y Gisele se quedó a solas con la doctora.

—Solo quiero hacerte unas preguntas para evaluar cómo te encuentras, no es más que una práctica rutinaria y no tienes nada de lo que preocuparte —comenzó a decir la doctora con un tono de voz que transmitía bondad y ternura—. Todo lo que hablemos aquí es absolutamente confidencial y quedará entre nosotras, ¿quieres contarme qué ha pasado?

—Recibí un vídeo en el que mi cuñada estaba atada en una silla, encerrada en una habitación a oscuras, y una voz distorsionada me amenazó con matarla si no aparecía sola en el edificio de mi antiguo apartamento en una hora.

—Y decidiste ir sola porque no querías que le hicieran daño a tu cuñada.

—Sé que es estúpido, pero Erik es mi problema y no quiero que mi marido ni su familia sufran por mi culpa.

—Gisele, nada de lo que ha pasado ha sido culpa tuya —la corrigió la doctora.

Esperó unos segundos y Gisele continuó contándole su relato sobre lo ocurrido:

—Tuve que esperar varios minutos hasta que Erik apareció, me apuntó con una pistola y me guió hacia la esquina de la calle donde dos de sus hombres nos esperaban en una furgoneta para llevarnos a la fábrica abandonada donde tenían a Kelly. Estuvimos poco tiempo y huimos en otra furgoneta, pero le di a Kelly mi reloj para que Matt la encontrara.

—Te fuiste con Erik para que dejaran libre a Kelly —apuntó la doctora.

—Paramos a descansar en un refugio de cazadores, Erik y dos de sus guardaespaldas fueron al pueblo a comprar algo para comer y entonces aproveché para intentar escapar.

— ¿Habías disparado un arma alguna vez?

—Sí, pero nunca le había disparado a una persona.

— ¿Crees que has hecho algo mal?

—He matado a cinco personas, una de ellas fue mi novio durante más de tres años —comentó Gisele—. Hice lo que debía, pero hubiera preferido que todo hubiera acabado de otro modo.

—Sé que no es agradable, pero debo preguntártelo. ¿Cómo te sientes respecto a la muerte de tu ex novio?

—Estoy confusa, tengo sentimientos contradictorios —le confesó Gisele—. Tenía miedo de Erik, sobre todo después de enterarme de quién era realmente. No me siento feliz de haberle matado, pero le mentiría si le dijera que no me siento aliviada.

— ¿Has pensado en cómo afecta todo esto a la relación con tu marido?

—Matt dirige una agencia de seguridad, él insistió en encargarse de todo desde el principio para tratar de protegerme, sabía que estaba asustada. Siempre evitó hablar del tema, llevaba la investigación con discreción para no preocuparme. Ni siquiera me dijo que Erik era en realidad el hermano de un criminal, pero sé que no me lo dijo para no hacerme daño.

—Es una reacción normal en un hombre como tu marido —le explicó la doctora—. Es un hombre disciplinado, controlador y testarudo, imagino que debió movilizar a toda la agencia para que trabajaran en el caso.

—Matt es el mejor hombre que he conocido.

La doctora le sonrió con complicidad, era evidente que aquella pareja se amaba y permanecían unidos ante las peores adversidades.

Matt, cansado de esperar en el pasillo, llamó a la puerta de la habitación y la abrió, no quería pasar ni un minuto más lejos de Gisele:

— ¿Qué tal va todo por aquí?

—Muy bien, Gisele y yo hemos estado charlando y todo parece estar bien —le informó la doctora—. Sin embargo, a veces estos traumas surgen pasados unos días, semanas o inclusos meses. Gisele, te dejo mi tarjeta por si te apetece charlar.

—Gracias, doctora —dijeron Matt y Gisele al unísono.

La doctora se despidió y Ben, tras saludar a Gisele, acompañó a la doctora a la salida, dejando al matrimonio a solas en aquella habitación.

—Parece que de momento no estoy loca —murmuró Gisele ligeramente molesta por aquella encerrona.

—Solo me preocupo por mi esposa —se defendió Matt besándola en la frente.

—Lo sé, pero estoy bien y quiero que dejes de preocuparte por mí.

—Lo haría si no te gustara tanto ir de aventura —bromeó Matt para hacerla sonreír.

—Ahora solo quiero ir a casa y meterme en la cama contigo.

—El doctor ha dicho que pasaría a examinarte por la tarde, si todo está bien te dará el alta con la condición de que guardes reposo —le recordó Matt—. Tienes muchas visitas esperando para verte, el día se te pasará volando.

— ¿Te vas a quedar conmigo todo el día?

—No pienso ir a ninguna parte sin ti, preciosa —le aseguró Matt.

Matt le dio un largo beso a Gisele en los labios, fue un beso lento y delicado, un beso cargado de amor.

—Ejem, ejem —fingió toser Jason al entrar en la habitación y ver a la pareja besándose—. No pretendíamos molestar pero la puerta estaba abierta.

— ¡Gisele! ¿Cómo estás? ¿Te duele algo? Cómo no te va a doler, ¡te han disparado! —Exclamó Sarah aterrada solo de pensar por lo que había pasado su amiga.

—Estoy bien, Sarah —le aseguró Gisele.

—Ya he visto que Matt te cuida muy bien —bromeó Sarah haciendo referencia al beso que se estaban dando hacía escasos segundos—. Conociendo a Matt, seguro que te mima y te complace en todos tus caprichos.

—En casi todos —la corrigió Gisele con la mirada clavada en Matt.

— ¿Problemas en el paraíso? —Se mofó Jason.

—A pesar de que ayer le dispararon, Gisele no comprende que debe guardar reposo y seguir las indicaciones del doctor —respondió Matt enfurruñado.

— ¿Qué es lo que se te ha antojado para tenerle así? —Le preguntó Sarah a su amiga. Gisele se ruborizó y Sarah adivinó qué era lo que quería—. Quizás debas esperar unos días antes de practicar sexo salvaje, pero no creo que un poco de sexo suave te vaya a hacer daños. De hecho, creo que os vendría muy bien a los dos.

— ¿Podemos cambiar de conversación? —Gruñó Matt.

— ¿De qué habláis para que Matt esté gruñendo? —Preguntó Kelly bromeando al entrar en la habitación, seguida de Leonor, Elsa, Tyler y Ben—. ¿Cómo estás, cuñada?

—Estoy bien, pero te mentiría si te dijera que no podría estar mejor —le respondió Gisele con una amplia sonrisa.

—Qué mal lo hemos pasado, no nos vuelvas a hacer esto, hija —le rogó Leonor emocionada, con las lágrimas en los ojos.

—Cielo, nos has tenido muy preocupados a todos —sollozó Elsa.

—Por favor, no lloréis que estoy bien —les rogó Gisele, también emocionada.

—Gisele está bien y Matt se asegurará de que esté aún mejor, ¿verdad, Matt? —Se mofó Jason.

—Por supuesto que sí, Matt complacerá a Gisele en todo lo que ella pida —sentenció Leonor lanzando una clara mirada de advertencia a su hijo.

—Ya has oído a tu madre, será mejor que le hagas caso —le dijo Sarah a Matt, mofándose.

—Matt siempre cuida de mí, me mima y me complace. Lo hace desde el primer día que nos conocimos —dijo Gisele con absoluta sinceridad, mirando a Matt a los ojos.

Aquellas palabras fueron directas al corazón de Matt que, pese a que no era una declaración de amor, sí era una clara demostración de lealtad. Gisele valoraba todo lo que Matt había hecho por ella, él era un hombre ejemplar y no estaba dispuesta a que su familia y amigos pensaran lo contrario por una broma a costa de un estúpido capricho. Matt se acercó a ella, le dio un leve beso en los labios y le susurró al oído:

—Seguiré cuidando de ti, mimándote y complaciéndote.

Cita 174.

“Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.”

Mark Twain. 

Hasta que el contrato nos separe 48.

Ben consiguió localizar la furgoneta abandonada y también la otra furgoneta con la que habían huido, ya que se trataba de una furgoneta de alquiler que tenía GPS. Tardarían más de una hora hasta llegar al punto donde se encontraban, pero se dirigieron hacia allí lo más rápido que pudieron para rescatar a Gisele.

Matt estaba al borde de un ataque de nervios, ninguno de sus agentes le había visto así antes, pero le entendían perfectamente ya que era su esposa la que había sido secuestrada por aquel tipo. Todos trataron de tranquilizarle diciéndole que todo saldría bien, que encontrarían a Gisele sana y salva.

Jason conocía muy bien a su amigo y sabía que, aunque su matrimonio con Gisele había empezado como una farsa para conseguir la herencia de su abuelo, Matt había terminado enamorándose de ella, tanto o más que ella de él.

Gisele aprovechó la salida de Erik con dos de sus hombres al pueblo para idear un plan de huida, ya que tendría más posibilidades de escapar estando custodiada por solo dos hombres y no por los cinco. Esperó a que Erik se marchara con sus dos guardaespaldas y, cuando se quedó a solas con los otros dos tipos, barajó sus posibilidades. Estaban a las afueras de un pequeño pueblo de montaña, en un refugio de cazadores al pie de una carretera secundaria por la que apenas circulaban vehículos, de hecho, Gisele todavía no había visto pasar a ningún coche por allí. No tenía medios para huir, ya que la única furgoneta que tenían se la había llevado Erik para ir al pueblo. Tenía poco tiempo para intentar escapar y decidió improvisar, cualquier cosa que le pasara sería mejor que vivir el resto de su vida junto a Erik.

Los dos hombres que la custodiaban iban armados, pero uno de ellos dejó su pistola sobre la mesa mientras se entretenía jugando con su teléfono móvil. Con mucha cautela para no llamar la atención, Gisele se fue acercando a la mesa hasta que uno de ellos se percató de sus intenciones y gritó:

— ¡Eh, tú! ¿Qué haces?

Gisele no se lo pensó dos veces, alargó el brazo y cogió la pistola. Ven la había enseñado a disparar, pero nunca lo había le había disparado a nadie y le temblaba todo el cuerpo. Apretó el gatillo al mismo tiempo que cerraba los ojos, pero sintió un fuerte dolor en el hombro y disparó tres veces más. El tipo que estaba hablando por teléfono trató de coger la pistola de su compañero abatido, pero Gisele apretó el gatillo de nuevo y acertó en el blanco.

Sin ser capaz de seguir sosteniéndose en pie, Gisele apoyó la espalda en la pared y se deslizó hacia abajo hasta quedar sentada en el suelo. El dolor que sentía sumado al olor de la sangre y a la adrenalina del momento, la mareó. Sentía la sangre caliente salir de su hombro y descender por su brazo y su tórax, pero sacó fuerza para ponerse en pie, cogió la pistola y el teléfono móvil de aquel tipo, pues Erik y los otros dos hombres que le acompañaban regresarían en cualquier momento, y llamó a Matt.

— ¿Sí? —Gruñó Matt al otro lado del teléfono.

— ¿Matt?

—Gisele, ¿eres tú?

— ¡Matt! —Sollozó Gisele.

— ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está ese cabrón? —Le preguntó Matt alterado. Jason, consciente del estado alterado de su amigo, le hizo un gesto con la mano para que suavizara el tono de voz y Matt respiró profundamente antes de continuar—: Estamos yendo a buscarte, cariño. Llegaremos en unos minutos.

—Erik regresará de un momento a otro con dos de sus hombres, no tengo tiempo, me matará en cuanto me vea —le dijo Gisele con un hilo de voz—. Lo siento, Matt.

—Escúchame, Gisele —le ordenó—. Todo va a salir bien, en unos minutos estarás entre mis brazos y no me separaré de ti nunca más.

Gisele escuchó el motor de la furgoneta pararse frente al refugio e imaginó que ese era su final.

—Erik acaba de llegar, tengo que colgar.

— ¡No, Gisele! —gritó Matt, pero ya era demasiado tarde.

Gisele se resguardó detrás de la barra de la cocina, haciendo un gran esfuerzo para no desvanecerse y con una pistola en cada mano, dispuesta a morir matando. Erik entró en el refugio seguido de sus guardaespaldas y Gisele no dudó en recibirlos con una ráfaga de disparos. Consiguió abatir a los guardaespaldas, pero Erik todavía estaba vivo y le apuntaba con su pistola, dispuesto a disparar. Gisele le miró a los ojos durante una milésima de segundo y, tras coger aire, apretó el gatillo por última vez, cuando la bala penetró en la frente de Erik.

La puerta de la cabaña se abrió de par en par tras un gran estruendo, pero Gisele estaba en shock y no podía dejar de mirar el cuerpo de Erik que yacía en el suelo.

— ¡Gisele! —Exclamó Matt al verla y corrió hacia a ella. La fue a abrazar, pero entonces vio que estaba herida y cubierta de sangre. Gisele temblaba y tenía la mirada perdida, pero se agarró a Matt como si fuera una niña pequeña—. Estoy aquí, cariño. Estoy aquí.

Gisele se desmayó entre los brazos de Matt y el pánico se apoderó de él. Gritó, maldijo y gruñó sin separarse de Gisele hasta que los servicios de emergencias médicas llegaron. Ben y Jason trataron de calmarlo, pero Matt no escuchaba nada, tan solo se aferraba a la mano de Gisele mientras le rogaba que fuera fuerte y que se quedara con él. Un helicóptero con un equipo médico les trasladó hasta las instalaciones de la agencia para que la atendieran los mejores médicos del país, los médicos de la agencia.

En cuanto el helicóptero aterrizó, el equipo médico ya estaba preparado para llevar a Gisele a quirófano. Matt la acompañó hasta la puerta, donde le impidieron el paso. Esperó frente a la puerta del quirófano, caminando nervioso de un extremo al otro del pasillo, en compañía de Tyler, Kelly, su madre Leonor y Elsa. Un rato después, se les unieron Jason y Ben, que regresaron a la agencia en coche y tardaron un poco más en llegar.

— ¿Cómo está Gis? —Preguntó Jason.

—Todavía no sabemos nada, está en quirófano —le respondió Tyler ya que Matt no parecía escuchar lo que decían a su alrededor.

—Abatió a cinco hombres ella sola, es una chica fuerte y saldrá de esta —opinó Ben con orgullo fraternal.

—No entiendo por qué no me lo dijo —se lamentó Matt.

—Fue por mí, le dijo que si iba acompañada me matarían, por eso no quedó con ella donde me tenían a mí —le explicó Kelly con un hilo de voz.

—Y no sabes cuánto me alegra que estés bien —le dijo Matt abrazando a su hermana, lo último que quería es que se sintiera culpable por lo ocurrido.

—Y yo me alegro de que te casaras con Gis, no podías haber escogido a una mujer mejor que ella —opinó Kelly.

—Es una chica estupenda y seguro que se va a recuperar muy pronto —auguró Leonor emocionada, ya que consideraba a Gisele una hija más.

Durante más de dos horas, se distrajeron contando divertidas anécdotas en las que Gisele era la protagonista mientras esperaban que el doctor saliera del quirófano con buenas noticias. La puerta se abrió y el doctor apareció con una tímida sonrisa en los labios.

— ¿Cómo está? —Exigió saber Matt.

—Está estable y fuera de peligro —anunció el doctor—. Ha tenido suerte, la bala no ha dañado la carótida ni tampoco el hueso. Ha perdido mucha sangre y le hemos tenido que hacer una transfusión, pero se pondrá bien —. Dirigiéndose solo a Matt, añadió—: Ahora mismo la estamos trasladando a una habitación equipada para tenerla vigilada y en un momento podrás reunirte con ella.

— ¿Está despierta?

—Ahora está sedada, se despertará confusa dentro de un rato y no le conviene estresarse, por lo que las visitas quedan prohibidas hasta mañana —les advirtió el doctor.

—Id a casa a descansar, yo me quedaré con Gisele —sentenció Matt—. Ben, mañana a primera hora te quiero aquí, quiero que te encargues de dirigir la investigación. Tyler, tómate el día libre y quédate con Kelly, pero deja el teléfono móvil encendido, quiero que todo el mundo esté localizable hasta que todo esto se aclare.

—Tú también deberías descansar, deja que yo me quede con Gis —se ofreció Leonor.

—No, no pienso separarme de ella —zanjó el tema Matt.

—Está bien, regresaremos mañana por la mañana —le dijo Leonor abrazando a su hijo a modo de despedida.

Jason esperó a que todos se marcharan para quedarse un momento a solas con Matt, tenía algo que comentar con él.

—Lo sé, tenemos que contárselo a Sarah —adivinó Matt lo que su amigo quería decirle—. ¿Te encargas tú? Probablemente querrá venir a ver a Gisele y no quiero que conduzca.

—Yo me encargo. ¿Necesitas algo?

—No, márchate.

—Cuida de Gis, te veo mañana —se despidió Jason con un afectuoso abrazo.

Matt se dirigió a la habitación donde se encontraba Gisele y el corazón se le encogió al verla inconsciente en aquella cama y conectada a tantas máquinas y aparatos. Se sentó en el sillón que había junto a la cama, agarró a Gisele de la mano y le comenzó a hablar pese a que no estaba despierta para escucharle:

—Mi pequeña guerrera, casi consigues matarme. Si te hubiera perdido… Ni siquiera puedo pensar en ello, no imagino mi vida sin ti. Me hechizaste en el primer instante en que te vi, pero cada día has ido conquistándome un poco más hasta acabar enamorado de ti como un loco. Es la primera vez que lo digo en voz alta, pero hace mucho tiempo que lo sé. Sé que tenemos un acuerdo y que te preocupa qué será de ti en el futuro cuando el acuerdo finalice. Si te soy sincero, a mí también me preocupa, por eso evito hablar del tema. No quiero que nada cambie, quiero que sigas siendo mi esposa, quiero despertarme y verte dormir a mi lado. No estoy preparado para un divorcio y tampoco estoy dispuesto a renunciar a ti. Voy a conquistarte, preciosa. Me quedan unos meses antes de que se cumpla nuestro acuerdo y voy a dedicar todo este tiempo en enamorarte, Gisele.

Matt le dio un leve beso en los labios y se quedó allí en silencio, observándola dormir mientras acariciaba su mano.

Un par de horas más tarde, Gisele recobró la consciencia. Parpadeó varias veces hasta que finalmente pudo abrir los ojos y vio a Matt.

—Hola, preciosa —la saludó Matt besándola en la mejilla con ternura.

—Debo estar horrible —murmuró Gisele avergonzada.

—Estás preciosa, siempre lo estás —le aseguró Matt—. ¿Cómo te encuentras?

— ¿Estás enfadado conmigo? —Le preguntó Gisele con un hilo de voz, ignorando su pregunta.

—No estoy enfadado, pero tampoco estoy contento.

Matt apretó el botón para llamar al doctor y se presentó de inmediato. El doctor se acercó a Gisele y, tras saludarla y presentarse, comenzó a hacerle preguntas al mismo tiempo que examinaba sus pupilas y tomaba nota de sus constantes vitales:

— ¿Cómo te sientes?

—Estoy un poco mareada, me pesan los párpados y la cabeza.

—Es normal que te sientas un poco aturdida, tu cuerpo todavía está terminando de procesar la anestesia que te hemos puesto —le respondió el doctor—. No tienes nada de lo que preocuparte, solo tienes que guardar reposo durante unos días y dejar que tu marido te mime.

—Estoy deseando que lo haga —murmuró Gisele con tono sugerente.

Matt alzó las cejas sorprendido por el descaro de Gisele, pero todavía le sorprendió más la carcajada que soltó el doctor.

—Es un efecto de la anestesia al despertar, se le pasará en un par de horas —le informó el doctor para tranquilizarle y añadió antes de marcharse—: Os dejo a solas, pero no estaré muy lejos por si me necesitáis.

Matt acompañó al doctor a la puerta y le dio las gracias por salvar a su esposa. En cuanto el doctor se marchó, Gisele le preguntó a Matt:

— ¿No podemos ir a casa?

—No, preciosa. Tienes que recuperarte y aquí lo harás más rápido.

— ¿Vamos a dormir aquí?

—Sí.

— ¿Y por qué no te metes en la cama conmigo?

La cama era lo suficiente grande para los dos y Matt no pudo ni quiso resistirse a estar tumbado junto a Gisele, necesitaba sentirla cerca y saber que seguía a su lado. Había estado a punto de perderla y no estaba dispuesto a alejarse de ella. La abrazó con cuidado de no dañarla y suspiró aliviado cuando sus cuerpos se tocaron.

—Duérmete preciosa, seguiré aquí cuando despiertes —le susurró Matt.

—Prométemelo —ronroneó Gisele.

—Te lo prometo, eso y todo lo que quieras.

—Mm… —ronroneó Gisele con claras intenciones.

—Ya has oído al doctor, tienes que guardar reposo. Ahora descansa, no me moveré de aquí.

Cita 173.

“Hace tiempo que perdí el control de mi vida, y lo único que hago es dejarme llevar por los acontecimientos.”

Julia Navarro.