Archivo | abril 2019

Hasta que el contrato nos separe 47.

Gisele comenzó a trabajar en la agencia bajo la supervisión de Ben. A pesar del incidente con Pamela, Matt seguía confiando en Ben. Por su parte, Ben sabía que no podía volver a ocultarle información importante a Matt, sobre todo cuando se trataba de la seguridad de su esposa. Ahora la seguridad de Gisele pasaba a formar parte de su responsabilidad y estaba dispuesto a lo que hiciera falta para protegerla. Esa misma razón fue el argumento principal de Ben para convencer a Gisele de instalar un localizador diminuto en su reloj de pulsera.

—Haz lo que quieras, Ben —desistió Gisele para acabar con aquella discusión—. Pon el maldito localizador en mi reloj si con eso te quedas más tranquilo.

—Gracias, lo haré —le respondió Ben con tono burlón.

A Gisele le gustaba trabajar con Ben, ella veía en él a un hermano mayor, alguien que la protegía y en quien podía confiar.

Un mes más tarde, Gisele ya se manejaba lo suficiente en la agencia como para formar parte del equipo de analistas y ya no estaba bajo la supervisión de Ben, aunque eso no impedía que de vez en cuando se pasara a saludarla y continuara velando por su seguridad.

Una mañana, mientras elaboraba el perfil de un sospechoso de un caso de la agencia, recibió un mensaje en su teléfono móvil con un vídeo. Descargó el vídeo y lo abrió. En él aparecía Kelly sentada en una silla a la que estaba atada de pies y manos, con los ojos vendados y amordazada, en una habitación oscura. Acto seguido, una voz distorsionada le entregaba el mensaje: “Si quieres que siga con vida, te espero junto a la entrada del edificio de tu antiguo apartamento en una hora. Ven sola. Si tengo la mínima duda de que me la has jugado, la mataré.”

Gisele reprodujo el vídeo tres veces antes de tomar una decisión. Ben le había contado una historia sobre un caso que le dio la idea para hacer un botón del hombre muerto. No podía arriesgarse a contárselo a Ben, mucho menos a Matt, ninguno de los dos permitiría que fuera al encuentro de Erik. Gisele sabía que no podía hacer nada para detener a Erik, pero sí podía salvar a Kelly y ganar tiempo hasta que Matt la encontrara. Grabó un vídeo en el que explicaba lo que había sucedido y lo adjuntó con el vídeo que había recibido en un correo electrónico que programó para media hora después de la hora prevista para el encuentro con Erik. De ese modo, Ben y Matt sabrían qué había ocurrido y hacia a dónde se dirigía si no lograba escapar de Erik. Con el botón del hombre muerto programado, Gisele solo tenía que buscar una excusa con la que poder salir de la agencia sin levantar sospechas. Podía pedirle a Ben que la cubriera, pero no quería causarle más problemas con Matt por ocultarle información y tampoco creía probable que Ben aceptara cubrirla. Tampoco podía contar con los demás empleados de la agencia, nadie la cubriría frente a Matt, que era el jefe. Por supuesto, ni se le pasó por la cabeza tratar de engañar a Matt, él sabría que le estaba mintiendo en cuanto la mirara a la cara. Sin más opciones, a Gisele no le quedó más remedio que intentar escapar de la agencia sin que nadie la viera y robar un coche en el que poder dirigirse hacia su antiguo apartamento.

Lo primero no le resultó difícil, a media mañana muchos empleados entraban y salían de la agencia para ir a almorzar o para asistir a reuniones con clientes, así que pasó desapercibida hasta llegar al aparcamiento. Allí buscó algún vehículo de la agencia que tuviera las llaves puestas y tuvo suerte. Dos minutos más tarde, salía de las instalaciones de la agencia conduciendo un todoterreno de color negro y nadie la reconoció al salir. Era consciente de que aquella decisión le acarrearía serios problemas con Matt, pero en ese momento lo único que le importaba era salvar a Kelly aunque tuviera que cambiar su vida por la de ella.

Una hora después de recibir el mensaje con el vídeo, Gisele aparcaba el todoterreno frente al portal del edificio de su antiguo apartamento. Prestó mucha atención a todos los coches que había aparcados en la calle, pero no vio nada sospechoso. Las pocas personas que pasaban a esas horas por la calle tampoco le parecían una amenaza, ya que la mayoría eran ancianos que paseaban y amas de casa que iban al supermercado para hacer la compra. Esperó unos minutos pero, como no había ni rastro de Erik, decidió salir del coche y colocarse a la vista por si la estaban observando. Miró su reloj, en menos de veinte minutos el correo electrónico que había dejado programado se enviaría a Ben y Matt.

—Debo reconocer que esperaba que no vinieras sola —escuchó la voz de Erik detrás de ella. La agarró por la cintura y, apuntándola con su pistola, añadió—: Deja el teléfono móvil aquí, vamos a dar un paseo y no quiero que tu marido nos interrumpa.

— ¿Dónde está Kelly?

—No te preocupes, la vas a ver en seguida.

—Cómo le hayas hecho…

—Cálmate —le ordenó Erik—. Tu amiga está perfectamente, no tiene ni un solo rasguño y en unos minutos podrás comprobarlo con tus propios ojos.

Gisele, consciente de lo peligroso que podía resultar Erik, obedeció sin rechistar, esperando que dijera la verdad y Kelly no hubiera sufrido ningún daño. Erik caminó junto a ella unos metros sin soltarla de su agarre hasta que llegaron a una pequeña furgoneta aparcada en la esquina de la calle, donde dos hombres de Erik armados les esperaban. Tras hacerla subir a la furgoneta, encendieron el motor y se incorporaron a la circulación de la ciudad hasta tomar la autopista.

Media hora más tarde, llegaron a una fábrica abandonada situada en un polígono industrial a las afueras de la ciudad vecina e hicieron bajar del coche a Gisele. Ella miró su reloj de muñeca y, por la hora que era, supo que su mensaje ya se había enviado y que en ese momento probablemente ya estarían buscándola. Llevaba el localizador que Ben le había puesto en el reloj, así que confiaba en que la localizaran rápido mientras ella trataba de ganar tiempo hasta que Matt apareciera.

Gisele entró en la fábrica abandonada seguida de Erik y los dos hombres que le custodiaban, bajaron al sótano. En una esquina de la estancia había un calabozo de tres paredes y una puerta de reja en la que tenían encerrada a Kelly y custodiada por otros dos hombres.

— ¡Kelly! —Exclamó Gisele al verla y corrió hacia a donde estaba ella—. ¿Estás bien? ¿Estás herida?

—Estoy bien, solo un poco asustada —le respondió Kelly con un hilo de voz.

Gisele intentó abrir la puerta de rejas, pero uno de los hombres de Erik se lo impidió agarrándola del brazo y zarandeándola.

—Suéltala ahora mismo —le ordenó Erik. Lanzó una mirada de advertencia a Gisele y, dirigiéndose a aquel tipo, añadió—: Abre la puerta y deja que la chica salga para que se despidan.

— ¿Qué es lo que pretendes con todo esto? —Le espetó Gisele.

—Tranquila, a la chica no le pasará nada, soy un hombre de palabra —le aseguró Erik con semblante serio—. Ya has visto a tu amiga, es hora de marcharnos.

—No iré contigo a ninguna parte hasta que Kelly esté en su casa, con su familia.

—Sigo sin entender cómo ese tipo ha conseguido convencerte para que te cases con él, imagino que el dinero ha tenido mucho que ver —le reprochó Erik.

—Lo entenderías si alguna vez hubieras estado enamorado —le replicó Gisele.

Kelly salió de aquel calabozo y lo primero que hizo fue abrazar a Gisele. Kelly estaba temblando, tenía los ojos rojos y la cara empapada en lágrimas. Estaba aterrada y Gisele trató de calmarla y consolarla.

—Tranquila, no pasa nada. Todo va ir bien —le susurró Gisele.

—Tenemos que irnos —sentenció Erik, la paciencia no era lo suyo, y le hizo una señal para que se despidiera de Kelly—. No te preocupes por ella, tu marido es listo y sabrá encontrarla.

Gisele se abrazó a Kelly, se quitó el reloj y se lo metió en el bolsillo al mismo tiempo que le susurraba para que solo Kelly la escuchara:

—He avisado a Matt, sabe lo que está pasando y vendrá a buscarte.

—Y, ¿qué pasa contigo?

Gisele la miró a los ojos, pero no supo qué contestar. No sabía lo que ocurriría a partir de ese momento, solo le quedaba una opción: hacer todo lo que Erik le dijese para mantenerse con vida hasta que Matt la encontrara.

—Dile a Matt que lo siento —le pidió Gisele antes de salir de allí custodiada por Erik y sus cuatro hombres.

Matt estaba en el centro de operaciones siguiendo una operación especial en conjunto con el ejército cuando el correo electrónico de Gisele apareció en su bandeja de entrada. Ben también lo recibió y lo abrió al instante. En cuanto vio los dos vídeos adjuntos, corrió hacia el centro de operaciones e irrumpió en el lugar, llamando la atención de todos los que estaban allí. Matt supo que algo no iba bien en cuanto vio la cara de Ben y lo confirmó en cuanto Ben se hizo con el control de uno de los ordenadores para reproducir los vídeos que Gisele les había enviado. En el primero, pudieron ver a Kelly y escuchar la voz distorsionada de Erik citando a Gisele; en el segundo, pudieron ver el vídeo de Gisele explicando lo que había ocurrido y lo que iba a hacer. Al final del vídeo, Gisele dejó un mensaje para Matt:

Lo siento Matt, sé que cuando veas esto estarás furioso conmigo por no haberte contado nada, pero si te lo hubiera dicho no habrías dejado que fuese sola a encontrarme con Erik y no podía arriesgarme, no quiero que le pase nada a Kelly por mi culpa.

— ¡Maldita sea! ¿Cómo se ha largado de aquí sin que nadie la viera? —Gruñó Matt fuera de sí.

Ben, que seguía el rastro de Gisele en las cámaras de seguridad de la agencia, la vio salir del parking en uno de los todoterrenos de la agencia y activo el GPS del vehículo al mismo tiempo que accedía a las cámaras de tráfico de la ciudad para ver las imágenes. Sabían hacia a dónde se dirigían y quién la estaría esperando, pero el golpe fue igual de duro.

— ¡Maldito cabrón! —Exclamó Matt furioso—. ¿A dónde la ha llevado? ¿Dónde tiene a Kelly?

—Los teléfonos móviles de ambas están fuera de servicio y Erik se ha llevado a Gis a pie, debe tener un vehículo cerca para huir —le dijo Jason.

—Tengo algo mejor —anunció Ben mientras tecleaba en el ordenador—. Después de lo que ocurrió con Pamela, imaginé que Gis no volvería a contar conmigo para no meterme en líos, así que me las ingenié para convencerla de instalar un localizador en su reloj de pulsera. Gisele está aquí.

Ben señaló un punto rojo en el mapa y Jason, más centrado que Matt y Tyler, se ocupó de tomar las riendas de la situación:

—Está en unos edificios abandonados en un polígono industrial cercano, quiero a dos equipos cubriendo la zona y a otros dos equipos para la ofensiva, vamos a buscar a Gis y a Kelly y vamos a traerlas de vuelta a casa.

Veinte minutos más tarde, llegaron a la zona que les indicaba el localizador de Gisele, pero todo estaba demasiado calmado. De repente, la puerta principal de la fábrica se abrió y tras ella apareció Kelly.

— ¡Kelly! —Gritó Tyler corriendo a su encuentro y Matt corrió detrás de él.

— ¡Tyler! —Kelly se abrazó a Tyler y, acto seguido, también a su hermano Matt.

—Kelly, ¿estás bien? —Le preguntó Matt. Kelly asintió y Matt añadió—: ¿Dónde está Gisele?

—Se la ha llevado, me ha utilizado para que Gis se encontrara con él y se la ha llevado. Gis me ha dicho que tú sabías lo que estaba pasando y que no tardarías en venir a por mí —le dijo entregándole el reloj que Gisele le había metido en el bolsillo—. Me pidió que te dijera que lo siente.

—Erik no estaba solo, hay huellas de ruedas en la tierra de dos vehículos distintos y aquí no hay ninguno —observó Ben.

—Erik estaba con cuatro hombres más, obedecían sus órdenes —apuntó Kelly—. Uno de ellos agarró a Gis por el brazo cuando ella se le encaró y Erik le ordenó que la soltara. inmediatamente.

—Ben, dime que puedes encontrar a Gisele —casi rogó Matt.

—Buscaré la furgoneta en las cámaras de tráfico, la encontraremos —le aseguró Ben antes de concentrarse en la tablet que tenía en las manos.

Erik, sus cuatro hombres y Gisele, se dirigieron al sur tras abandonar la furgoneta en la que habían trasladado a Gisele. Ahora viajaban en una furgoneta más grande y sin ventanas traseras para tratar de cubrir su rastro. Gisele sabía que Matt no podría encontrarla si Erik no dejaba ningún rastro, así que tendría que apañárselas para escapar.

Tras más de una hora de trayecto, la furgoneta se detuvo a las afueras de un pequeño pueblo de montaña, junto a un refugio de cazadores. Gisele miró a su alrededor para saber dónde estaba, pero se decepcionó al descubrir que estaban en mitad de la nada, junto a una pequeña carretera secundaria por la que no se veía circular vehículos.

—Descansaremos aquí y continuaremos el viaje cuando oscurezca —decidió Erik al llegar a la cabaña—. Iremos a comprar algo de comida al pueblo, vosotros dos, quedaos aquí con ella. No quiero ningún altercado, debemos pasar inadvertidos.

Los dos hombres asintieron con poca convicción, sospechaban que Gisele estaba dispuesta a dar problemas y ambos consideraban que lo mejor era deshacerse de ella y Gisele era consciente de ello.

Cita 172.

“Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.”

Françoise Sagan. 

Hasta que el contrato nos separe 46.

Durante los dos meses siguientes, Matt y Gisele disfrutaron del verano en la casa de la playa. Sarah y Jason pasaron un par de semanas con ellos, Matt quería ver feliz a Gisele y no dudó ni un instante en invitarla. Jason y Sarah se veían continuamente y pasaban juntos todo el tiempo que podían, pero su relación no era oficial. Ambos se excusaban en la distancia que les separaba para no plantearse una relación formal, pero solo era cuestión de tiempo que terminaran por hacer oficial su relación.

Gisele sonreía alegremente mientras tomaba el sol en la tumbona y miraba a Matt salir del agua como si fuera el mismísimo dios del océano. Gisele irradiaba felicidad, jamás se había sentido tan bien como se sentía durante aquellos días en la playa.

— ¿Se divierte, señora Spencer?

—Siempre que le veo semi desnudo, señor Spencer —le siguió la broma con un tono de voz de lo más sugerente—. Pero, si le soy sincera, debo decirle que podría divertirme aún más.

Matt la miró sorprendido, aquella descarada conseguía provocarle incluso con una broma de lo más inocente, al menos en su inicio.

—Dígame, señora Spencer, ¿qué puedo hacer para que se divierta aún más?

Gisele sonrió a modo de respuesta y Matt no pudo contener sus ganas de besarla y estrecharla entre sus brazos.

—Creo que ya es hora de irnos de vacaciones, en un par de semanas tendremos que regresar al trabajo —le susurró Matt—. Me he tomado la libertad de organizarlo todo, espero que no te moleste.

— ¿Unas vacaciones sorpresa? ¡Estaría loca si te dijera que no! —Exclamó Gisele colocándose a horcajadas sobre Matt—. ¿Cuándo salimos?

—En unas cinco horas, viajaremos de noche y llegaremos por la mañana, pero podremos dormir en el avión.

—Entonces, tenemos tiempo de ocuparnos de algunos asuntos antes de subir a ese avión.

—Tenemos tiempo, pero no aquí —le dijo Matt poniéndose en pie cargando con ella en brazos hasta entrar en la casa—. ¿Qué te parece si llenamos la bañera?

—Mm… Me parece una gran idea —ronroneó Gisele.

Unas horas más tarde, Matt y Gisele volaban en avión hacia su destino de vacaciones, un lugar espectacular que estaba seguro que le encantaría a Gisele. Viajaron de noche y Gisele, pese a que quería dormir para estar descansada cuando llegaran por la mañana, no lo consiguió a causa de los nervios por la incertidumbre y la emoción que aquellas vacaciones le causaban. Y es que no podía evitar sentirse cada vez más enamorada de Matt, era un hombre cariñoso, detallista, protector y mil adjetivos positivos más. Solo tenía un defecto: no era un hombre que quisiera una relación estable y, aunque Gisele fuera su esposa, sabía que ese título tenía fecha de caducidad. Como cada vez que pensaba en el tema, a Gisele se le escapó un pequeño suspiro que a Matt no le pasó por alto.

—Daría todo lo que tengo por saber qué estás pensando en este momento.

—Pues lamento decirte que perderías mucho para obtener muy poco.

— ¿No vas a decirme qué te preocupa?

—No me preocupa nada —mintió Gisele y, para decir alguna verdad, añadió—: Estoy un poco nerviosa y no puedo dormir, pero si no duermo estaré agotada cuando lleguemos.

—Ven aquí, cariño —le susurró Matt estrechándola entre sus brazos—. Tal vez las sorpresas no sean lo tuyo, ¿quieres saber dónde vamos?

— ¿Me lo dirás?

La emoción en los ojos de Gisele le hizo sonreír, ella seguía sorprendiéndole día tras día con su sencillez y su inocencia y él ya no sabía vivir sin ella. Gisele se había convertido en el centro de su vida, una vida que había empezado a tener sentido desde que la conoció.

—Por supuesto, preciosa —le aseguró mirándola hechizado—. Vamos a pasar dos semanas en una cabaña de madera situada en una pequeña playa privada en la que solo estaremos tú y yo.

—Mm… ¿Solo tú y yo?

—No necesito a nadie más —le susurró Matt antes de que Gisele se quedara dormida.

Cuando Gisele despertó y abrió los ojos supo al instante que ya no estaban en el avión, aunque sí estaba en una cama, la cama de una pequeña cabaña de madera.

—Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien? —La saludó Matt con una sonrisa burlona en los labios.

— ¿Ya hemos llegado? —Matt asintió y Gisele, sonrojada, se disculpó—: Lo siento, debo ser la peor esposa del mundo.

Matt la escrutó con la mirada tratando de adivinar por qué se estaba disculpando, pero decidió tomar el camino fácil y preguntarle directamente:

— ¿Qué es lo que sientes?

—Ser una marmota, ni siquiera me he despertado al aterrizar —le contestó ella visiblemente avergonzada.

—Te dormiste casi al amanecer, estabas agotada y no he querido despertarte para que descansaras.

Gisele se levantó de la cama y le plantó un beso en los labios a Matt, que no dudó en aprovechar la ocasión para abrazarla y estrecharla contra su cuerpo. Necesitaba sentirla cerca casi tanto como respirar.

Tras enseñarle la cabaña y el precioso paisaje de una playa virgen de aguas cristalinas, Matt sirvió el desayuno en el porche de la cabaña mientras Gisele se esforzaba en memorizar cada detalle de aquella escena para retenerla para siempre en sus recuerdos.

Durante las siguientes dos semanas, Matt y Gisele disfrutaron el uno del otro en aquella cabaña de madera donde crearon su propio paraíso. Pero la gran felicidad que Gisele sentía junto a Matt a veces se veía empañada al recordar que, en unos meses, probablemente antes de que acabara el año, Gisele dejaría de ser la señora Spencer y perdería a Matt. Pese que se había propuesto no pensar en el tema, cada vez le resultaba más difícil al acercarse la fecha de su primer aniversario como matrimonio.

Matt sabía que Gisele estaba preocupada por algo, a pesar de que ella se lo negara y tratara de disimular. Pero, aunque ansiaba saber qué era lo que le ocurría, decidió no insistir más en el tema y dedicarse a complacerla, siguiendo su plan para enamorarla y que se quedara con él resto de su vida.

Después de sus vacaciones privadas de dos semanas, Matt y Gisele regresaron a casa, donde a Gisele le esperaba otra sorpresa. Matt le entregó un sobre con un contrato en el interior y Gisele, sin molestarse en leerlo para saber de qué se trataba, le preguntó:

— ¿Qué es esto, Matt?

—Es un contrato de trabajo, sé que tienes intención de buscar trabajo y quiero que lo hagas en la agencia —le explicó Matt antes de argumentar su petición—: Te prometo que serás tratada como una empleada más, continuarás bajo la supervisión de Ben y, si hay algo que no te gusta, lo podemos cambiar. Solo quiero que te sientas cómoda y a gusto en la agencia.

—Te lo agradezco enormemente, Matt. Pero creo que es mejor que busque trabajo fuera de tu círculo, no quiero quedarme sin empleo en unos meses.

— ¿Por qué ibas a quedarte sin empleo?

—Matt, ¿de verdad crees que, después del divorcio, es buena idea que trabajemos juntos?

Matt frunció el ceño, no le gustó que Gisele ya estuviera pensando en el divorcio cuando él trataba de hacer todo lo posible para evitarlo.

—Señora Spencer, ni siquiera hemos pasado el primer aniversario de boda, ¿y ya estás pensando en el divorcio? —Trató de bromear para restarle importancia al asunto, no quería tener aquella conversación en ese momento, no estaba preparado.

—Estoy hablando en serio, Matt.

—El trabajo en la agencia te vendrá muy bien para adquirir experiencia y, si más adelante quieres cambiar de empleo, tendrás más y mejores opciones de las que puedas tener ahora, que no tienes más experiencia que las prácticas universitarias —argumentó Matt.

Gisele se agobió. Deseaba aceptar aquel trabajo en la agencia, pero no podía evitar pensar que, cuando su contrato con Matt finalizara, su vida cambiaría y desaparecería de la vida de Matt. Trabajar en su agencia solo complicaba aún más las cosas.

—No entiendo por qué lo piensas tanto —bufó Matt molesto por el silencio de Gisele.

—Para ti es muy fácil opinar, cuando todo esto acabe tu vida seguirá exactamente igual —le espetó Gisele—. Seguirás viviendo en la misma casa, conservando el mismo trabajo y los mismos amigos, pero yo tendré que marcharme y dejarlo todo atrás.

—Al menos, piénsalo —le respondió Matt antes de salir de la habitación y encerrarse en el despacho de casa.

Gisele resopló con frustración, había conseguido justo todo lo contrario de lo que pretendía y Matt se había enfadado, aunque no comprendía el por qué. Se metió en la cama y esperó a que Matt regresara al dormitorio, pero no lo hizo.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó tampoco encontró a Matt en la cama, pero vio una nota sobre la almohada: “He ido a trabajar a la agencia, regresaré a la hora de comer. M.”

—Es evidente que sigue enfadado —murmuró Gisele, pensando en voz alta.

Mientras Matt se desahogaba con Jason en la agencia, Gisele pasó la mañana relajándose en la piscina, tratando de no pensar en nada. Matt llegó a casa a mediodía y encontró a Gisele dormida en la hamaca del jardín. Se acercó a ella despacio y se sentó en la hamaca de al lado mientras acariciaba su espalda con la yema de sus dedos.

—Mm… ¿Matt? —Preguntó Gisele al despertar, reconociendo las caricias de Matt.

—Hola, preciosa.

Gisele le miró cautelosa, no esperaba que Matt regresara a casa de buen humor, pero acto seguido sintió las manos de él en su cintura y un segundo más tarde estaba sentada a horcajadas sobre él.

—Tenemos que hablar, Gisele —le dijo Matt manteniendo un tono de voz suave.

— ¿Sigues enfadado?

—No, no estoy enfadado. Tan solo quiero hablar contigo.

—Adelante, te escucho —le animó Gisele sin moverse ni un milímetro pese a que seguía a horcajadas sobre Matt, aunque a él tampoco pareció importarle.

—No quiero que dejes de hacer lo que te gusta solo porque estemos casados, no quiero que eso te impida tomar tus propias decisiones y te apoyaré decidas lo que decidas —comenzó a decir Matt—. Sigo pensando que deberías aceptar mi oferta de empleo ya que es lo más beneficioso para ti pero, como te he dicho, te apoyaré sea cual sea tu decisión.

—Mm… ¿Me apoyarás en todo lo que decida?

—Sí, aunque eso no evitará que te diga lo que opine al respecto ni que trate de hacer que cambies de opinión —le advirtió Matt.

—Por ahora puedo conformarme con eso —se conformó Gisele. Le dedicó una sonrisa traviesa a Matt y, mientras deshacía el nudo de su corbata, le susurró—: Creo que deberíamos celebrar esta tregua, ¿te apetece relajarte conmigo en la bañera?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió Matt sonriendo, levantándose de la hamaca cargando con Gisele en brazos para llevarla hasta la habitación.

Esa misma noche, después de hacer el amor, Gisele se dejó abrazar por Matt y le susurró al oído antes de dormirse:

—Acepto tu oferta de empleo, mañana iré a trabajar contigo.

Matt se lo agradeció con un tierno beso en la frente a la vez que contenía un gran suspiro de alivio al saber que Gisele trabajaría en la agencia.     

Cita 171.

“Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlo.”

Jacinto Benavente. 

Hasta que el contrato nos separe 45.

La mañana siguiente Gisele se despertó entré los brazos de Matt y sonrió feliz de que siguiera en la cama con ella. Gisele se acurrucó junto a él y comenzó a depositar pequeños besos sobre su cuello, tratando de excitarle, pero Matt la detuvo dándole un casto beso en los labios y levantándose de la cama para darse una ducha de agua fría. Matt deseaba hacer el amor con Gisele, pero no pensaba hacerlo hasta que se recuperara. Mientras él se duchaba, Gisele se vistió y un rato más tarde bajaron a la cocina a desayunar, donde se unieron a Jason, Sarah y Elsa. Poco después, llegaron Leonor, Kelly y Tyler, preocupados por Gisele y queriendo comprobar con sus propios ojos que ella estaba bien.

Matt apenas se separó de Gisele en todo el día, necesitaba sentir su contacto, la abrazaba y la besaba constantemente, consciente de lo que podría haber perdido el día anterior, consciente de lo mucho que le importaba Gisele.

Un par de días más tarde, Sarah regresó a la Capital y Matt decidió que era el momento de retomar sus planes y pasar unos días en la casa de la playa. Gisele estaba ansiosa por pasar unos días a solas con Matt, habían estado rodeados de familia y amigos y apenas habían tenido tiempo de estar los dos a solas. Además, Gisele tenía sus propios planes, ya que tenía pensado cómo acabar con la abstinencia sexual que Matt la tenía sometida.

—Apenas has abierto la boca en todo el trayecto, ¿te encuentras bien? —Le preguntó Matt cuando llegaron a la casa de la playa.

—Estoy bien —le aseguró Gisele dedicándole una amplia sonrisa.

Y era verdad, Gisele se encontraba bien, no se sentía enferma ni estaba mareada, tan solo un poco adolorida por las magulladuras, pero ya casi apenas sentía dolor. Matt cargó con el equipaje hasta el dormitorio principal y Gisele le siguió.

—Ponte cómoda mientras yo me encargo de preparar la comida —le dijo Matt tras darle un leve beso en los labios.

—Después prepararemos la comida juntos, todavía es temprano —le replicó Gisele colocando los brazos alrededor de su cintura para abrazarle—: ¿Qué te parece si antes nos damos un chapuzón en la playa?

—Solo han pasado tres días, debes seguir guardando reposo —le quitó la idea Matt.

—Y, ¿qué me dices de un baño relajante en la bañera?

—Gisele, debes guardar reposo y ambos sabemos lo que ocurrirá si entro contigo en esa bañera. No me lo pongas más difícil —le rogó Matt—. Estaré preparando la comida, no tardes demasiado en bajar a la cocina.

Tras darle un leve beso en los labios, Matt bajó a la cocina y comenzó a preparar la comida mientras trataba de no sucumbir a sus instintos más primitivos, la salud y la seguridad de Gisele era su prioridad más absoluta. Sin embargo, ella no se dio por vencida. Sabía que Matt no se lo iba a poner fácil, pero ella tampoco lo haría. Se dio una ducha rápida, se puso un diminuto bikini que había comprado la semana anterior para aquella escapada y terminó el conjunto con un vestido blanco de tirantes y unas sandalias del mismo color.

— ¿Qué tal ha ido el baño?

—Podría haber ido mejor —le respondió Gisele con un ligero tono de reproche en su voz.

—Deja de provocarme, te aseguro que tengo más ganas que tú —le susurró Matt estrechándola contra su cuerpo.

Gisele notó la abultada erección que Matt tenía bajo los pantalones y no quiso desaprovechar la oportunidad. Comenzó a depositar pequeños besos por su cuello mientras le acariciaba la espalda y Matt, haciendo un gran esfuerzo, se separó de ella y le dijo:

—La comida ya casi está, ¿te importa preparar la mesa?

Gisele no dijo nada, se limitó a hacer lo que Matt le había pedido. Durante los dos días siguientes, trató de provocar a Matt con todo lo que se le ocurrió, pero él huía de ella antes de dejarse caer en la tentación, aunque cada vez le resultase más difícil. Gisele se paseaba por la casa casi desnuda, se insinuaba constantemente y, con cualquier roce o caricia, hacía todo lo posible para excitarle y lo conseguía, pero Matt estaba entrenado para soportar cualquier tipo de situación y de nuevo se alejaba de ella.

—Si sigues haciendo ejercicio, te vas a deshidratar —se mofó Jason desde el otro lado del teléfono cuando Matt le contó la situación—. Aunque supongo que lo equilibras con las duchas de agua fría.

—No tiene gracia —gruñó con frustración.

—Tú eres el único culpable de esta situación, ¿cómo no quieres que me ría?

—El doctor dijo que Gisele debe guardar reposo y tampoco quiero que piense que solo me intereso por ella por el sexo…

—Y, en lugar de andarte con tantas sutilezas, ¿por qué no se lo dices a ella directamente?

—Supongo que por la misma razón por la que tú no se lo dices a Sarah.

—Eso ha sido un golpe bajo —protestó Jason—. Y te recuerdo que tú estás casado con Gis, hace más de un año que vivís juntos. Te aconsejo que hables con ella cuanto antes, el tiempo pasa volando y antes de que te des cuenta habrá pasado tu primer año como hombre casado.

—Tengo que colgar, no quiero que Gisele se despierte —se despidió Matt y añadió antes de colgar—: Mantenedme informado.

Matt dejó el teléfono móvil sobre la mesita de noche y se metió de nuevo en la cama junto a Gisele. La conversación con Jason le hicieron pensar en algo que había estado evitando pensar, no estaba preparado para hablar de futuro con Gisele. Su plan era demostrarle a Gisele día tras día que ella era lo más importante para él, al margen del contrato.

— ¿Va todo bien? —Preguntó Gisele medio dormida, acurrucándose contra el cuerpo de Matt.

—Todo va bien —le confirmó Matt envolviéndola con sus brazos—. Duérmete otra vez, solo son las cinco de la mañana.

—Mm… No quiero dormir, Matt —ronroneó Gisele.

—Gisele…

—Te necesito Matt, eres mi marido y…

Matt no la dejó terminar la frase, la besó apasionadamente, cediendo ante su petición que casi fue una súplica. La desnudó lentamente, con mucho cuidado para no hacerle daño ya que todavía tenía hematomas por todo el cuerpo debido al accidente, besando cada centímetro de su piel y adorándola como si fuera una diosa. Quería colmarla de placer sin penetrarla, pero Gisele fue muy clara a la hora de expresar lo que necesitaba:

—Te necesito dentro, Matt.

—Gisele…

Pero Matt ya no se sentía con fuerzas para detenerla. La colocó sobre él, la envolvió con sus brazos y le hizo el amor despacio, con mucha ternura y delicadeza, hasta que ambos estallaron en mil pedazos.

—Cariño, ¿estás bien? —Quiso asegurarse Matt.

—No podría estar mejor —le confirmó Gisele casi en un susurro.

Abrazados el uno al otro, ambos se durmieron de nuevo. Habían sido unos días complicados, pero por fin todo regresaba a la normalidad y volvían a disfrutar de su peculiar vida de matrimonio.

Matt dedicaba todo su tiempo a hacer feliz y complacer a Gisele en todas sus demandas, tan solo llamaba por teléfono a la Agencia un par de veces al día para informarse de cómo iban las cosas por allí. Pamela había sido detenida y confesó que había contratado a una banda para que acabara con Gisele pero, como quería estar segura de que cumplían con el trato, decidió acompañarles mientras llevaban a cabo su plan. Habían localizado y detenido a tres de los miembros de la banda, pero todavía buscaban a dos de ellos.

— ¿Hasta cuándo nos quedaremos aquí? —Le preguntó Gisele tras pasar una semana en la casa de la playa.

— ¿Ya te has aburrido de mí? —Bromeó Matt.

—Me sorprende que estés alejado tantos días de la Agencia y tampoco te he visto trabajar desde tu ordenador portátil.

—Han intentado matar a mi esposa, tú eres lo único que me importa en este momento.

—Entonces, ¿podemos quedarnos unos días más?

— ¿Te gustaría pasar el verano aquí? Podríamos decorar la casa a tu gusto, ir a la playa y salir a navegar —la tanteó Matt.

— ¿Cómo vamos a quedarnos aquí todo el verano? —Le respondió Gisele pensando que Matt estaba bromeando.

—Ya has acabado la carrera, no tienes que ir a la universidad.

— ¿Y tú?

—Lo único bueno de ser el jefe es que puedes faltar al trabajo cuando quieras sin que nadie te diga nada —le respondió Matt.

—No puedes estar dos meses sin trabajar, ¿qué pensarán tus empleados?

—Me da igual lo que piensen los demás, solo me importa lo que pienses tú —le dejó claro Matt, no quería que ella tuviera ninguna duda—. Estaremos a un par de horas de distancia de casa y de la Agencia. Si quieres, puedes invitar a Sarah y a Kelly, o a quién tú quieras para que pase unos días con nosotros. Pero reserva las dos últimas semanas para unas vacaciones de verdad, solo tú y yo.

—Tengo que buscar trabajo y…

—De eso también quería hablar contigo —la interrumpió Matt—. Lo he estado pensando mucho estos días y, tras entender que no voy a poder mantenerte al margen de las investigaciones que llevamos en la Agencia sobre tu ex novio, creo que lo mejor es que formes parte del equipo. Solo como agente de oficina —le advirtió Matt.

— ¿Estás seguro? No tienes que hacerlo si no quieres y…

—Estoy seguro, conoces al sujeto mejor que nadie y estás académicamente preparada para hacerlo. Ben seguirá siendo tu supervisor pero si volvéis a ocultarme información importante, le despediré a él y a quien os haya ayudado —le advirtió tajante. Gisele abrió la boca para protestar, pero Matt continuó hablando—: Me da igual lo que digas, no voy a consentir que nadie permita que estés ante más mínimo riesgo.

—No volveré a ocultarte nada —le aseguró Gisele arrepentida.

—Si te hubiera pasado, no me lo hubiera perdonado jamás —le confesó Matt en un susurro, estrechándola con fuerza contra su cuerpo.

—Entonces, ¿cuándo empiezo a formar parte de los empleados de la Agencia?

—En septiembre, cuando regresemos de vacaciones.

Gisele sonrió feliz y se abrazó a Matt aún más fuerte. Había pasado más de un año desde que conoció a Matt y había sido el mejor año de su vida pese a que había descubierto que Erik era un criminal y de que Pamela casi la mata. Pero la alegría se convirtió en temor al recordar que ya llevaba seis meses casada con Matt y solo le quedaban otros seis meses más para estar a su lado.

— ¿Ocurre algo? —Le preguntó Matt al ver la expresión agridulce de Gisele.

—No pasa nada.

—Mientes fatal, Gisele.

—Estoy bien.

—De acuerdo, ya me hablarás de ello cuando quieras —se rindió Matt antes de besarla—. Me quedaría en la cama todo el día contigo.

—No hay nada que nos lo impida —le tentó.

— ¿Quieres pasar el resto del día en la cama conmigo?

—Estaría loca si te dijera que no.

Cita 170.

“La poesía es solo amor, transgrede las prohibiciones y se atreve a mirar de frente a lo invisible.”

Alejandro Jodorowsky. 

Hasta que el contrato nos separe 44.

Antes de marcharse de la Agencia, uno de los enfermeros le dio a Matt un informe con todas las indicaciones para realizar las curas de las heridas a Gisele y también con la medicación y los complementos vitamínicos que debía tomar. Agarró a Gisele por la cintura para sostenerla mientras caminaban hacia el coche para regresar a casa. Matt había pedido que recuperaran el equipaje que Gisele llevaba cuando sufrió el accidente y lo guardó en el maletero de su coche. Tenía la intención de escaparse con Gisele unos días a la playa, tal y como ella había planeado, pero la sensatez le hizo aplazar aquel viaje. Había llamado a Sarah y le había pedido que pasara el fin de semana con Gisele, ya que supuso que, dada la tensión que había entre ellos, no quería que se sintiera sola. Además, Gisele necesitaba descansar y guardar reposo, no podía someterla a un viaje en coche de dos horas en su estado.

— ¿Estás bien así? —Le preguntó Matt tras ayudarla a sentarse en el coche y abrocharle el cinturón de seguridad. Ella asintió con un leve gesto de cabeza y Matt añadió—: Conduciré despacio, avísame si te mareas.

Gisele asintió de nuevo, pero no dijo nada. Ella no necesitaba descansar, tan solo necesitaba que la abrazase y le dijera que toda iba a ir bien.

Llegaron a casa y Matt le pidió a Elsa que ayudara a Gisele a darse un baño mientras él hacía un par de llamadas. Leonor y Kelly se habían enterado de lo ocurrido y querían visitar a Gisele, pero Matt las convenció para que les visitaran al día siguiente. Llamó a Jason para decirle que se dirigieran a su casa en cuanto llegaran y también llamó a Ben, quien le confirmó que Pamela ya había sido detenida. Era cuestión de horas que averiguaran quién la había ayudado a llevar a cabo su maléfico plan. Cuando terminó de hablar por teléfono con Ben, subió a la habitación justo en el momento en el que Gisele salía del baño con la ayuda de Elsa.

—Estaba a punto de ir a buscarte, tenemos que curarle las heridas de nuevo —le dijo Elsa visiblemente preocupada.

—Yo me encargo, Elsa. Por favor, prepara la habitación de invitados para Sarah.

A Elsa no le pasó por alto la tensión que había en el ambiente y les dejó a solas, aquellos dos tenían mucho de lo que hablar. Matt se acercó a Gisele despacio mientras ella se deshacía del albornoz, quedándose completamente desnuda frente a él. En otro situación, Matt no hubiera resistido la tentación de abrazarla y besarla, pero las magulladuras y moratones en el cuerpo de Gisele le hicieron estremecerse. Se concentró en leer las instrucciones que el doctor había redactado para curar las heridas de Gisele y preparó la medicación que le habían pautado mientras ella se vestía. Cuando se acercó a ella dispuesto a curar y secar la herida de su frente y otras raspaduras que tenía por todo el cuerpo, Gisele le dijo tajante:

—Puedo hacerlo yo.

—Como quieras —gruñó Matt de mal humor.

Matt no estaba acostumbrado a que le ocultaran información, ni a que le replicaran, mucho menos a que le desobedecieran, pero estaba haciendo un gran esfuerzo por controlar la frustración que sentía. Estaba enfadado con Gisele, pero también aliviado de que ella estuviera bien, o todo lo bien que se podía estar después de sufrir semejante accidente. Había tenido mucha suerte y el simple hecho de pensar que le podía haber sucedido algo mucho peor hacía que la ira invadiera su cuerpo. Quería gritarle casi tanto como abrazarla y besarla, pero Gisele se mostraba distante y desafiante, no se lo pondría fácil y no la culpaba, se había comportado con ella como un idiota. La observó en silencio mientras ella curaba sus heridas y, cuando terminó, le tendió las pastillas para que se las tomara al mismo tiempo que le decía:

—Es un antibiótico, un antinflamatorio, un analgésico y el complemento vitamínico, tómate todas las pastillas.

—Sí, Capitán —bufó Gisele, frustrada por la frialdad de Matt.

Una vez más, Matt se mordió la lengua para no caer en las provocaciones de Gisele y evitar una nueva discusión. Tenía una conversación pendiente con ella y le debía una disculpa, pero estaba demasiado molesto para hacerlo en aquel momento. Gisele se tomó las pastillas, se puso una fina bata de seda para tapar su diminuto pijama por si recibía alguna visita y se tumbó sobre la cama.

—Intenta dormir un poco, te avisaré cuando llegue Sarah.

Gisele pensó que Matt se marcharía a su despacho, pero se quedó en la habitación con ella. Se sentó en el sofá y se dedicó a observarla mientras jugueteaba con su teléfono móvil en las manos. Gisele cerró los ojos, le dolía demasiado ver a Matt tan frío y distante con ella.

Media horas más tarde, Elsa anunció la llegada de Sarah y Jason. Ambos subieron a la habitación y Gisele sonrió por primera vez desde el accidente al ver a Sarah. Las dos amigas se abrazaron, se echaban de menos y, después de lo sucedido, Sarah estaba muy preocupada por Gisele. Matt le había contado por teléfono lo que había ocurrido con Gisele y, mientras volaban de regreso a la ciudad, Jason le contó que la pareja estaba enfadada. Consciente de que ambas necesitaban intimidad, Matt y Jason las dejaron a solas y se retiraron al despacho.

—Un pajarito me ha dicho que Matt y tú estáis enfadados, ¿quieres hablar de ello? —Le preguntó Sarah con dulzura.

Gisele le contó todo lo que había pasado, incluida la reacción de Matt después del accidente, aunque omitió la parte en la que le reprochó que había incumplido el contrato. Sarah entendía que Matt estuviera molesto porque su esposa le hubiera ocultado semejante información que la había puesto en peligro, pero ver a su amiga llorar y sentirse tan sola le rompió el corazón en mil pedazos. Los chicos regresaron junto a las chicas después de comprobar cómo iba la investigación y Sarah, con fingida inocencia, le dijo a Matt:

—Gis está un poco agobiada, creo que le vendría bien cambiar de aires y yo tengo unos días libres, puede quedarse conmigo en la Capital.

Matt clavó la mirada en Gisele y no le costó adivinar que tenía los ojos rojos e hinchados de haber estado llorando. Se odiaba por ello, sabía que él era el único causante de sus lágrimas, pero descubrir que Gisele pretendía marcharse con Sarah a la Capital sin siquiera hablar antes con él le decepcionó.

—No puedo ir, el doctor me ha dicho que he de guardar reposo unos días —se oyó decir Gisele al darse cuenta de lo que pretendía su amiga.

Matt respiró aliviado, tenía argumentos de sobra para que Gisele se quedara en casa con él, pero dudaba que ella quisiera escucharlos.

—En un par de días ya estará mucho mejor y el viaje a la capital es corto, sobre todo si vamos en avión —insistió Sarah y, al ver que nadie decía nada, añadió—: Gis necesita que la mimen en este momento y no hay nadie mejor que yo para hacerlo.

—Matt ya tiene planes con Gisele —intervino Jason.

— ¿Podéis dejarme un momento a solas con Gisele? —Musitó Matt con cara de pocos amigos.

Sarah miró a Gisele esperando su aprobación y, solo cuando Gisele asintió, Sarah decidió dejarles a solas y salió de la habitación seguida de Jason. Matt se acercó a Gisele y se sentó en la cama junto a ella. Le sostuvo la mirada durante unos segundos pero sin desafiarla, tan solo tratando de hacer tiempo para encontrar las palabras adecuadas que ella no pudiera malinterpretar.

— ¿Cómo te encuentras? —Le preguntó finalmente, suavizando su tono de voz y enterrando el hacha de guerra.

—Estoy bien.

—No, no estás bien —la corrigió—. Sé que has estado llorando y quieres marcharte con Sarah a la Capital.

—Sarah me conoce mejor que nadie, sabe que no estoy bien y tampoco le ha costado adivinar que estás enfadado conmigo.

—Estoy enfadado contigo porque tenías sospechas de que podías estar en peligro y no me dijiste nada, sin embargo no te faltó tiempo para decírselo a Ben. Pero eso no justifica mi actitud contigo, te debo una disculpa.

—Si no te dije nada no fue porque no confíe en ti, sino porque no quería preocuparte. Pensé que quizás era una paranoia mía y me sentía ridícula haciéndote perder el tiempo —se justificó Gisele.

—Soy tu marido, es a mí a quién tienes que hacer perder el tiempo contándole tus cosas, no pedírselo a uno de mis agentes —le espetó Matt dolido—. Solo de pensar en lo que te podría haber pasado yo…

—Estoy bien, Matt. Pero no te mentiré y te diré que podría estar mejor.

—Quiero que te quedes conmigo, Gisele. Tenías planes para este fin de semana y, aunque no haya salido tal y cómo habías previsto, me encantaría pasar unos días contigo en la casa de la playa. Aunque, si prefieres irte unos días con Sarah a la Capital, lo comprenderé.

— ¿Quieres que me quede contigo para seguir frío y distante conmigo?

—Quiero que te quedes conmigo para cuidarte y mimarte como debí haberlo hecho en cuanto recobraste la conciencia —la corrigió Matt—. Si lo prefieres, podemos pedirles a Sarah y Jason que vengan con nosotros a la casa de la playa. Pero prométeme que si vuelves a tener la más mínima sospecha de que sucede algo poco habitual a tu alrededor me lo dirás, aunque pienses que sea una tontería.

—Te lo prometo —le dijo ella con un hilo de voz.

—Y yo te prometo que vas a estar a salvo, no permitiré que nada malo te ocurra —le susurró Matt al oído. Le dio un leve y casto beso en los labios y, con una amplia sonrisa en los labios, añadió—: Entonces, ¿te apetece pasar unos días conmigo en la playa?

—Estaría loca si te dijera que no.

Matt la estrechó entre sus brazos y Gisele rio divertida, soltando toda la tensión que había acumulado durante las últimas horas.

—Necesitaba sentirte entre mis brazos, cariño —le confesó mientras la acunaba.

—Yo también lo he echado de menos.

Permanecieron abrazados sobre la cama durante varios minutos, hasta que Gisele recordó que tenían visita y que probablemente les estuvieran esperando:

—Creo que deberíamos ocuparnos de los invitados.

—Elsa se ocupará de ellos, necesitas descansar y no pienso separarme de ti.

Casi una hora más tarde, Jason y Sarah llamaron a la puerta del dormitorio, preocupados porque ninguno de los dos hubiera salido todavía.

— ¿Va todo bien ahí dentro? —Les preguntó Jason pegando la oreja en la puerta para escuchar mejor—. Será mejor que os adecentéis, voy a abrir la puerta en cinco segundos.

—No pienso despegarme de tu lado —le advirtió Matt a Gisele en un susurro antes de que Sarah y Jason entraran en el dormitorio.

—La parejita de enamorados ya se ha reconciliado —constató Sarah al verlos tan acaramelados.

—Estupendo porque Elsa ya ha preparado la cena y estoy hambriento.

—Cariño, ¿quieres bajar a cenar o prefieres que te suba la cena al dormitorio? —Le preguntó Matt a Gisele.

—Me alegra saber que seguís tan empalagosos como siempre, pero la cena se enfría.

—Bajo a cenar con vosotros —decidió Gisele.

—Como quieras, pero después de cenar regresas a la cama. El doctor ha sido muy claro al decir que debes guardar reposo —le recordó Matt.

Gisele rodó los ojos, pero Matt frunció el ceño y ella le plantó un beso en los morros para hacerle sonreír. Los cuatro bajaron a cenar al comedor y Gisele insistió en que Elsa se uniera a ellos. Charlaron animadamente durante la cena y Matt estuvo pendiente de Gisele en todo momento, mostrándose mucho más cariñoso de lo habitual. Terminaron de cenar y se quedaron charlando un rato más hasta que Sarah vio a Gisele bostezar y le dijo a Matt:

—Lleva a Gis a la cama, está agotada y necesita descansar.

—Odio que habléis de mí como si yo no estuviera delante —protestó Gisele.

—Cariño, ¿nos vamos a la cama? —Le preguntó Matt en un susurro.

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió Gisele al oído con tono sugerente.

Con una amplia sonrisa en los labios, Matt cogió en brazos a Gisele, se despidió de sus amigos, la llevó al dormitorio y se metió con ella en la cama, donde durmieron abrazados toda la noche.

Cita 169.

“Cuando el amor desenfrenado entra en el corazón, va royendo todos los demás sentimientos; vive a expensas del honor, de la fe y de la palabra dada.”

Alejandro Dumas. 

Hasta que el contrato nos separe 43.

Matt entró en la habitación y sintió una punzada en el pecho al ver a Gisele tan vulnerable en aquella cama. Se acercó a ella despacio y se sentó en el sillón de al lado, sin poder dejar de observarla. Pese a que estaba furioso con ella y consigo mismo, no pudo evitar sentir ternura al mirar a Gisele y, por primera vez, reconoció que estaba enamorado de ella.

Debido a los calmantes que el doctor le había dado, Gisele no recobró el conocimiento hasta un par de horas más tarde. En cuanto ella abrió los ojos, Matt se acercó y le dijo tratando de que su tono de voz sonara apacible:

—No te preocupes, estás en la Agencia. El doctor ha tenido que darte un par de puntos en la frente y tienes algunas contusiones, pero dice que te pondrás bien guardando reposo durante unos días.

Pese al esfuerzo de Matt por simular que todo iba bien, Gisele se dio cuenta de que Matt utilizaba un tono distante con ella y adivinó lo que ocurría:

—Estás enfadado.

— ¿Por qué debería de estarlo? —Le replicó él con ironía—. Sabías que te estaban siguiendo y me lo ocultaste, no confiaste en mí pero sí en Ben.

—Matt…

—Te recuerdo que has firmado un contrato en el que se especifica que yo personalmente me ocuparé de tu seguridad —le reprochó Matt sin poder controlarse—. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

—Significa que existe un incumplimiento de contrato y puedes rescindirlo sin pagarme un céntimo, además de recibir una generosa indemnización por ello.

— ¿Te parece divertido? —Le espetó Matt.

—Han intentado matarme, ¿de verdad crees que me parece divertido?

Gisele desafió a Matt con la mirada y él sintió el dolor y la decepción en sus ojos. Gisele se incorporó en la cama para ponerse en pie pero Matt se lo impidió:

—No puedes levantarte, Gisele. Estás herida.

— ¿Ahora vas a preocuparte por mi estado?

Aquellas palabras fueron como cuchillos para Matt, más de lo que podía soportar. Dio media vuelta y, antes de salir de la habitación, le dijo casi en un susurro:

—Voy a buscar al doctor para decirle que ya te has despertado.

Gisele entendía que a Matt le molestase que le hubiera ocultado algo como aquello, pero no podía comprender que ni siquiera le hubiera preguntado cómo se encontraba. En ese momento lo que Gisele necesitaba era que Matt la abrazase, la mimase y le asegurara que aquello no volvería a pasar, pero solo se encontró con su rechazo y su enfado por haber incumplido el contrato.

Dos minutos después, Matt regresó a la habitación acompañado por el doctor y Gisele se apresuró en limpiarse las lágrimas para disimular su dolor emocional, pero Matt la conocía demasiado bien como para poder ocultárselo.

— ¿Cómo te encuentras, Gis? —Le preguntó el doctor mientras comprobaba sus constantes vitales.

—He tenido días mejores —musitó ella.

—Hemos tenido que darte unos puntos en la frente y tienes varias contusiones en el cuerpo debido a los golpes, pero estarás como nueva guardando reposo durante unos días —le aseguró el doctor. Gisele se esforzó en devolverle la sonrisa al doctor, pero tan solo le salió una extraña mueca—. Volveré en un par de horas para ver cómo sigues. Hasta entonces, tendrás que quedarte aquí.

Gisele asintió, importaba poco lo que ella pudiera decir al respecto porque sabía que nadie la dejaría salir de allí hasta que el doctor así lo indicara. El doctor se excusó para seguir con su trabajo y Jason aprovechó la ocasión para entrar en la habitación.

— ¿Qué tal estás, Gis? —Le preguntó preocupado.

—Estoy bien —respondió ella con un hilo de voz, aguantando las lágrimas.

Jason fulminó con la mirada a Matt, no podía creerse que estuviera siendo tan fría y distante con Gisele por una estupidez y en un momento como aquel.

—Ya que estás aquí, quédate haciéndole compañía a Gisele mientras yo me ocupo de algunos asuntos —bufó Matt antes de marcharse.

Con Matt fuera de la habitación, la tensión desapareció y Gisele quiso saber qué estaba ocurriendo:

— ¿Habéis localizado los todoterreno?

—Todavía no, pero Ben les está siguiendo la pista. ¿Hay algo que vieras que pueda servirnos de algo?

—Pude reconocer a uno de los ocupantes de los asientos traseros de uno de los todoterrenos que me embistió.

— ¿A quién viste?

—A Pamela —le respondió Gisele aliviada de haberlo soltado por fin.

— ¿Se lo has dicho a Matt? —Gisele negó con la cabeza y Jason, exasperado, le espetó—: ¿Por qué no se lo has dicho?

—Tenía miedo de su reacción, no sé si te has dado cuenta, pero está furioso conmigo.

—Está furioso con todo el mundo aunque solo tú y Ben tengáis la culpa —le reprochó Jason y añadió para rebajar la tensión—: ¿Cómo se os ocurre ocultarle algo así sabiendo que es un obseso de la seguridad? Además, has firmado un contrato en el que delegas la responsabilidad de tu seguridad a Matt.

—Matt ya se ha encargado de decirme que he incumplido el contrato, no necesito que tú también me lo repitas.

— ¿Eso te ha dicho? —Preguntó Jason sorprendido. Gisele asintió y Jason, consciente de cómo se sentía ella, le confesó—: Matt no habla conmigo del contrato, es como si fuera un tema tabú, como si no existiera.

—Conmigo tampoco habla de ello pero, si te soy sincera, lo prefiero así.

—Tienes que decirle a Matt lo que sabes, Gis.

— ¿No puedes decírselo tú?

—Gis, tienes que hablar con él —sentenció Jason sin opción a réplica.

Gisele resopló, no le apetecía enfrentarse de nuevo a Matt, no soportaba sentirle tan frío y distante con ella. Pero Jason tenía razón, tarde o temprano tendría que hablar con él y cuanto antes lo hiciera, antes terminaría con aquella agonía emocional.

Justo en ese momento, Matt entró en la habitación. Cruzó su mirada con la de Gisele durante una milésima de segundo y acto seguido le dijo a Jason:

—Ve a buscar a Sarah a la capital, te estará esperando en el aeropuerto. No os entretengáis por el camino, os estaremos esperando.

—Gis, ya sabes lo que tienes que hacer —le dijo Jason con tono de advertencia. Se volvió hacia Matt y añadió antes de marcharse—: Cuida de Gis.

Jason salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí y dejando a Matt y Gisele a solas. Ambos se sostuvieron la mirada durante unos segundos hasta que Gisele, con un hilo de voz, le soltó de pronto:

—Pamela iba en uno de los todoterrenos.

— ¿Estás segura?

— ¡Por supuesto que estoy segura!

—Diste varias vueltas de campana, es posible que…

—Por favor, dile a Ben a que venga —bufó Gisele enfurruñada.

— ¿Prefieres hablar con él que conmigo?

—Coloqué un par de vuestras cámaras de espía en mi coche, dile a Ben que venga y podré enseñarte las pruebas que confirman lo que acabo de decirte.

A Gisele no le sentó nada bien que Matt dudara de su palabra, la acusaba de no confiar en él y ahora era Matt quién desconfiaba de ella. A regañadientes, Matt llamó por teléfono a Ben y le pidió que fuera a la habitación de hospitalización con un ordenador portátil. Ben obedeció sin hacer preguntas y, unos minutos después, llamaba a la puerta de la habitación.

—Gis, ¿cómo estás? —Fue lo primero que preguntó Ben. Se acercó a ella y, dedicándole una tierna sonrisa, añadió—: Nos has dado un buen susto.

—Estoy bien, cómo tú has dicho, solo ha sido un susto.

—Gisele dice que colocó un par de cámaras en su coche, accede a ellas para ver las grabaciones —ordenó Matt interrumpiendo aquella amistosa conversación sin molestarse en ocultar su mal humor.

Gisele desafió a Matt con la mirada mientras Ben se concentraba en localizar la grabación del momento exacto del accidente.

— ¡Aquí está! —Anunció emocionado.

Matt se acercó para ver bien la pantalla del ordenador portátil y Ben reprodujo el vídeo. Gisele prefirió no verlo, ya había tenido bastante con haberlo vivido en primera persona. En el video se podía ver a los dos todoterrenos siguiendo el coche de Gisele y embistiéndolo hasta provocar que saliera de la carretera y diera varias vueltas de campana. A Matt se le pusieron los pelos de punta al darse cuenta que Gisele podría haber muerto en aquel accidente.

—Si me decís qué estoy buscando, quizás tarde menos en encontrarlo —les dijo Ben.

—Vi a Pamela en uno de los todoterrenos —le respondió Gisele—. Pasa el vídeo a cámara lenta mientras el coche está dando vueltas de campana, uno de los todoterrenos pasó justo por delante y fue cuando la vi. La cámara tenía el mismo ángulo de visión que yo.

Ben miró a Gisele durante una milésima de segundo, sorprendido por aquella nueva información, pero se abstuvo de hacer comentarios. Siguió las indicaciones de Gisele, buscó el momento exacto en el que el todoterreno pasaba por delante del vehículo de Gisele y capturó la imagen precisa, la amplió y confirmaron lo dicho por Gisele.

—Habla con el jefe de policía, tramita la denuncia y dile que nosotros nos encargamos de la investigación —le ordenó Matt—. Una cosa más, Ben. Ya que has estado involucrado en la investigación desde el principio, quiero que te encargues tú de supervisarla.

— ¿No vas a encargarte tú? —Le preguntó Ben descolocado.

—No, pero quiero estar informado de cualquier avance, por mínimo que sea.

Ben se despidió del matrimonio y se machó para continuar con su trabajo. Una vez que se quedaron a solas, Matt se sentó a los pies de la cama de Gisele y, guardando las distancias, la observó sin decir nada hasta que el doctor regresó para examinar a Gisele.

—Todo parece estar bien, la analítica de sangre ha revelado que tienes un poco de anemia de hierro, pero puedes equilibrarlo tomando un complemento vitamínico durante seis semanas y después repetiremos la analítica —comenzó a decir el doctor—. No obstante, debido al golpe en la cabeza, es imprescindible que alguien esté contigo durante las siguientes cuarenta y ocho horas por si sufres algún mareo o si tiene alguna hemorragia por la nariz o los oídos —. La cara de Matt se contrajo de preocupación y el doctor añadió para tranquilizarlo—: Solo es el procedimiento habitual, no hay por qué alarmarse. Ahora solo necesita que guardar reposo durante unos días y evitar situaciones de estrés, lo mejor que puedes hacer por ella es mimarla y hacerle compañía.

Sin saberlo, el doctor había metido el dedo en la llaga y Matt se sintió aún más culpable, pese a que seguía molesto con Gisele.

—Entonces, ¿puedo irme ya a casa?   

—Gracias, doctor —le despidió Matt para quedarse a solas con Gisele. Esperó a que el doctor saliera de la habitación y, suavizando el tono de voz, la miró a los ojos y anunció—: Nos vamos a casa, ya has oído al doctor, necesitas guardar reposo.

Gisele no se lo discutió, le dolían todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, Matt seguía enfadado con ella y lo único que le apetecía en ese momento era meterse en la cama y taparse con la manta hasta la cabeza.