Archivo | marzo 2019

Cita 168.

“En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan honradamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna.”

Gustavo Adolfo Bécquer.

Hasta que el contrato nos separe 42.

La relación entre Matt y Gisele se reforzó tras pasar casi una semana separados. Ambos habían podido sentir lo mucho que se habían echado de menos y ninguno de los dos estaba dispuesto a volver a sufrir la tortura de estar lejos el uno del otro.

Matt estaba más complaciente de lo habitual y Gisele decidió aprovechar la oportunidad para convencerle de que la dejara ir en su coche a la universidad y él, como no podía ser de otra manera, la complació. Entendía a Gisele y su necesidad de libertad, pero Matt no estaría tranquilo hasta que localizaran a Erik Muller, el ex novio de Gisele. Ella era su prioridad absoluta, pero no solo bastaba con mantenerla segura, también debía asegurarse de que se sentía feliz.

Cuando el lunes Matt llegó a la Agencia más temprano de lo habitual y con el ceño fruncido, Jason sospechó que algo le había ocurrido con Gisele y estaba dispuesto a averiguarlo:

— ¿Va todo bien con Gis?

Justo en ese momento, Ben llamó a la puerta del despacho y Matt le invitó a entrar.

—Gis ya ha llegado a la universidad —le anunció Ben.

— ¿Has dejado que Gis vaya sola a la universidad? —Preguntó Jason visiblemente sorprendido.

—Gisele no quiere depender de mí para todo y se ha empeñado en conducir su coche hasta la universidad —le respondió Matt—. No soy capaz de negarle nada a mi esposa pero tampoco estoy dispuesto a poner en riesgo su seguridad, así que le he pedido a Ben que ponga un localizador en el coche de Gisele.

—Y, por supuesto, ella no sabe nada —adivinó Jason.

—Como ya he dicho, no pienso poner en riesgo la seguridad de Gisele —zanjó el tema Matt.

Conocía a Jason lo suficiente como para saber qué pretendía con sus comentarios, pero no estaba preparado para decir en voz alta lo que todavía no se había atrevido a reconocerse a sí mismo.

Los días fueron pasando y Gisele continuó yendo sola a la universidad en su viejo coche, al terminar las clases se dirigía a la Agencia y allí pasaba la tarde con Ben, al que ayudaba en la investigación de un caso antiguo sin resolver. De vez en cuando, Matt se pasaba por allí con alguna excusa absurda, sola para poder verla y darle un leve beso en los labios, aunque la consecuencia fuera escuchar las mofas de Ben.

Una de esas tardes, Gisele salió de la universidad al terminar las clases y conducía hacia a la Agencia cuando le pareció que un todoterreno de color negro la estaba siguiendo, pero al tomar su salida vio que el todoterreno seguía adelante por la carretera secundaria. Se olvidó del tema hasta que, días más tarde, le pareció ver el mismo todoterreno un par de coches más atrás. Para salir de dudas, Gisele dio un par de giros al azar a izquierda y derecha, pero el todoterreno seguía detrás de ella. Parada en uno de los semáforos de la ciudad, miró por los retrovisores de su coche tratando de ver la matrícula del todoterreno, pero no lo logró. Siguió su camino hasta a la Agencia y el todoterreno dejó de seguirla en la misma salida que la vez anterior.

Matt notó a Gisele un poco nerviosa cuando llegó, pero ella se excusó alegando que los exámenes finales estaban cerca. Decidió no decirle nada a Matt para no preocuparle, al menos hasta haber confirmado que había algo de lo que preocuparse. El único problema era que necesitaba ayuda para para averiguarlo y, pese a que sabía que Matt se enfadaría si se enteraba, decidió contárselo todo a Ben.

—Se lo tienes que contar a Matt —fue la respuesta inmediata de Ben.

—No quiero preocuparle por una tontería, por eso antes quiero averiguar quién me sigue en ese todoterreno.

—Si Matt se entera, me matará, ¿lo entiendes?

—Por favor, Ben —insistió Gisele haciendo un puchero.

—No me extraña que Matt acabe resignándose y dejándote hacer lo que te da la gana, no se puede decir que no a esa cara de pena —bromeó Ben.

—Creo que el hecho de que te guste el riesgo tiene algo que ver —se mofó Gisele.

Durante los siguientes días, Gisele condujo atenta a la carretera y a los vehículos con los que se cruzaba mientras Ben se dedicaba a seguirla a través de las cámaras de seguridad de la ciudad para tratar de localizar al todoterreno negro, pero no hubo éxito. Tampoco consiguió ver la matrícula en las escasas imágenes de seguridad que habían localizado del vehículo, por lo que Ben le pidió a Gisele que, en caso de que volvieran a seguirla, tenía que tomar otro camino de regreso por otras calles con más cámaras de seguridad y mayor visibilidad.

—Si te vuelven a seguir, llámame por teléfono —le ordenó Ben—. Yo te guiaré por dónde has de conducir y trataré de obtener la máxima información posible para lograr saber quién es la persona que te sigue.

—No creo que sea Erik, no es tan estúpido para eso.

—No sé qué decirte, no fue muy listo cuando se quedó horas frente a tu edificio ni cuando te montó el numerito en el pub.

—Erik es inteligente y, si quisiera hacerme daño, ya lo habría hecho.

Ben no opinó más sobre el tema, Gisele era la esposa de su amigo y también su jefe, la situación era delicada, ya que el ex novio de Gisele era en realidad el heredero de su hermano Mike, un magnate del narcotráfico fallecido años atrás.

Sin que Matt sospechara nada, Gisele y Ben crearon un plan para llevar a cabo si el todoterreno la seguía de nuevo, pero pasaron los días y Gisele no volvió a verlo. Entre las clases en la universidad, las prácticas en la Agencia y estudiar para los exámenes finales, Gisele se olvidó del tema, aunque Ben continuaba vigilándola a través de las cámaras de seguridad de la ciudad.

Durante las dos semanas que duraron los exámenes finales, Gisele apenas tuvo tiempo libre para pensar en otra cosa que no fuera estudiar. Echaba de menos pasar el rato con Matt, por eso había organizado un fin de semana en la casa de la playa para sorprenderle y compensarle por su paciencia. Matt había estado pendiente de ella en todo momento, se había ofrecido a ayudarla a estudiar, se ocupaba de que no se saltara ninguna comida por no dejar de estudiar y la obligada a irse a descansar pasada la medianoche. Fueron dos semanas largas en las que Matt cuidó de Gisele sin quejarse ni una sola vez y ella quería agradecérselo con un fin de semana en la playa. No tuvo más que hablar con Jason y Ben y, entre los tres, lo organizaron todo en un momento.

El viernes era el último día de Gisele en la universidad y, tras terminar el último examen, se subió a su viejo coche para dirigirse a la Agencia. Conducía sin prestar mucha atención, repasando mentalmente si había guardado todo el equipaje en el maletero, cuando un coche la golpeó en el lateral trasero, tratando de echarla de la carretera. Mientras trataba de esquivar los golpes que le asestaban dos todoterrenos de color negro, Gisele llamó por teléfono a Ben.

—Ya sé que estás de camino y no te preocupes, Matt no sospecha nada —le dijo Ben nada más descolgar, dando por hecho que Gisele le llamaba para comprobar que la sorpresa para Matt seguía siendo una sorpresa.

—Ben, dos todoterrenos están intentando sacarme de la carretera, están dando volantazos y no puedo esquivarlos —gritó Gisele aterrada—. Estoy en la carretera secundaria, en… ¡Ay!

La llamada se cortó, Ben miró el mapa donde se situaba el coche de Gisele y vio que estaba parado. Accedió a todas las cámaras de seguridad de la zona, pero en ninguna pudo encontrar el coche de Gisele, así que decidió avisar a Matt.

Ben entró en el despacho de Matt sin llamar previamente a la puerta, se trataba de una urgencia y no había tiempo para los buenos modales:

—Le ha pasado algo a Gis, la estaban embistiendo dos todoterrenos y he perdido la comunicación con ella, no he podido localizarla, pero el localizador del coche indica que está parado en…

— ¡Vamos! —Ordenó Matt poniéndose en pie, con una mirada más fría que el hielo.

En la cabeza de Matt no dejó de reproducirse la frase de Ben: le ha pasado algo a Gis. No podía articular palabra, solo apretaba la mandíbula con la esperanza de encontrar a Gisele ilesa.

El coche de Gisele se salió de la calzada, dio un par de vueltas de campana y terminó a pocos metros de la carretera. Gisele no perdió el conocimiento pese al golpe que se había dado en la frente contra el cristal de la ventanilla y, mientras su coche volcaba, pudo reconocer a una de las personas que viajaban en uno de los todoterrenos antes de que se marcharan a toda velocidad.

Mareada y confusa, Gisele respiró profundamente durante unos segundos para tranquilizarse. Buscó su teléfono móvil, pero no lo encontró y, aunque le flaqueaban las piernas, logró salir del coche y caminar hasta la carretera. Maldijo entre dientes pasados cinco minutos sin que apareciera un solo vehículo por la carretera al que pedir ayuda, entonces divisó a lo lejos el coche de Matt.

— ¡Está ahí! —Exclamó Jason aminorando la velocidad y deteniéndose cerca de Gisele.

Matt casi salta del coche en marcha cuando la vio. Gisele estaba ensangrentada, apenas podía sostenerse en pie y tenía la mirada perdida. Matt corrió y llegó hasta Gisele cuando a ella le vencieron las fuerzas, justo a tiempo de sostenerla para que no se diera de bruces contra el suelo. Matt cogió a Gisele en brazos, la montó en el coche con la ayuda de Ben y le dijo a Jason con la voz rota:

—Ben y yo llevaremos a Gisele a la Agencia, quédate aquí hasta que lleguen los equipos de investigación, quiero a todo el mundo trabajando en esto. Te espero en la Agencia.

Jason asintió con un leve gesto de cabeza y Matt se marchó con Ben y Gisele a la Agencia. Mientras esperaba los equipos de investigación, Jason echó un vistazo por el lugar del accidente. Las marcas de los neumáticos en la carretera eran visibles a varios metros de distancia, al igual que las huellas en el barro que había en el lado derecho de la carretera por donde se había salido Gisele. Siguió el rastro y a pocos metros vio el coche de Gisele, abollado y con todas las lunas de cristal rotas, así que no le resultó difícil adivinar que había dado varias vueltas de campana.

Matt y Ben llegaron a la Agencia y los sanitarios se llevaron a Gisele para examinarla y atenderla. Matt quiso entrar en la habitación hospitalizada donde se llevaron a Gisele, pero el doctor se lo impidió argumentando que necesitaban espacio para trabajar.

—No entiendo nada, ¿qué es lo que ha pasado? —Se preguntó Matt en voz alta mientras caminaba por el pasillo de un lado al otro.

—Matt, hay algo que debería haberte dicho hace tiempo y…

—Habla —le ordenó Matt agarrándole de la camisa.

—Hace un par de meses Gis me comentó que creía haber visto un todoterreno negro que la seguía cuando conducía de la universidad a la Agencia —comenzó a decir Ben—. Gis no quería decirte nada para no preocuparte, así que tratamos de averiguar algo sobre…

— ¿Qué averiguasteis?

—No pudimos ver la matrícula del todoterreno en las cámaras de seguridad de la ciudad, no tenemos nada.

—Coordina y supervisa la investigación, ya hablaremos más tarde.

Ben asintió y se marchó para acatar las órdenes de Matt. Veinte minutos más tarde, Jason se reunía con Matt en el pasillo, frente a la habitación donde se encontraba Gisele.

— ¿Cómo está Gis?

—No lo sé, el doctor todavía la está examinando.

—No te preocupes, Gis es una mujer fuerte.

—Sabía que la estaban vigilando y me lo ocultó, pero a Ben sí se lo dijo —se lamentó Matt, decepcionado—. ¿No confía en mí?

—Acabo de cruzarme con Ben y me lo ha contado. Las otras dos veces la seguía un todoterreno negro, pero hoy han sido dos todoterreno y la han echado de la carretera. El coche ha dado varias vueltas de campana, es una suerte que ese viejo trasto sea de hierro y no de fibra de vidrio como los de ahora.

Matt no podía procesar tanta información, descubrir que Gisele le había estado ocultando que la habían seguido en dos ocasiones le tenía totalmente bloqueado. La puerta de la habitación se abrió y el doctor, con una sonrisa tranquilizadora, le dijo a Matt:

—Gisele está bien, le hemos tenido que dar un par de puntos para cerrar la herida que tenía en la frente y tiene varias contusiones, nada que no se cure guardando reposo durante unos días. Todavía no ha recobrado el conocimiento, pero seguro que se alegra de verte cuando despierte.

El doctor se marchó al laboratorio con unas muestras de sangre de Gisele para analizarlas y Matt se quedó allí plantado en el pasillo.

— ¿Es que no vas a entrar en la habitación con Gis? —Le preguntó Jason extrañado.

—No confía en mí —gruñó Matt enfadado con ella y también consigo mismo.

—Gis nos pidió ayuda para darte una sorpresa, quería pasar el fin de semana contigo en la casa de la playa —le soltó Jason para que Matt dejara de pensar lo que no era—. Quería agradecerte la paciencia que tienes con ella y lo mucho que la cuidas sin exigir nada a cambio.

— ¿Por qué me cuentas esto ahora?

—Gis es tu mujer y cuida de ti igual que tú cuidas de ella, por eso no te contó nada, ni siquiera estaba segura de que supusiera un peligro real y no quería preocuparte. Ahora te toca a ti cuidar de ella, tienes a toda la Agencia trabajando en el caso, llévate a Gisele a la casa de la playa y disfrutad del fin de semana como ella había planeado. Y, para que conste, esto te lo estoy diciendo como amigo, no como abogado.

Matt no estaba preparado para afrontar aquella situación, la cabeza no dejaba de darle vueltas y no lograba entender por qué Gisele no confiaba en él. Incluso barajó la posibilidad de que Gisele se sintiera atraída por Ben, al fin y al cabo, pasaban mucho tiempo con Ben y él mismo había sido testigo de la complicidad que existía entre ambos. Matt nunca había sido un hombre celoso, pero empezaba a averiguar qué se sentía al serlo.

—Mantenedme informado —le dijo a Jason antes de entrar en la habitación donde se encontraba Gisele.

Cita 167.

“Cuando los hombres aman a las mujeres solo les dan un poco de su vida; más las mujeres, cuando aman, lo dan todo.”

Oscar Wilde. 

Hasta que el contrato nos separe 41.

Después de entregarse a la pasión y el deseo, Matt y Gisele se instalaron en la que sería su casa durante las siguientes dos semanas. Gisele estaba ansiosa por conocer todas las islas, pero Matt la convenció argumentando que tenían muchos días por delante y debían descansar para reponer energía y combatir el jet-lag. A regañadientes, Gisele optó por no contrariar a Matt, no quería iniciar una guerra por una tontería y tenía que reconocer que estaba agotada de tanto viaje.

Pasaron la tarde en la piscina, refrescándose y relajándose bajo el sol, acariciándose y besándose como los dos recién casados que eran. Matt tan solo deseaba disfrutar con Gisele de aquellas dos semanas de luna de miel sin que nadie les interrumpiese. Había dado órdenes estrictas para que nadie les molestase a menos que hubiera una emergencia, quería dedicar todo su tiempo a Gisele. A esas alturas, Matt ya no se molestaba en intentar engañarse, sabía que lo que sentía por Gisele era especial y estaba decidido a cuidarla para conservarla. Pero con el contrato de por medio, todo resultaba más complicado de lo que parecía. Aquel tema seguía siendo un tabú entre ellos y Matt temía que, llegado el momento, Gisele se marchara de su lado. Llevaban casi nueve meses juntos y Matt ya no podía imaginar su vida sin Gisele.

—No te he visto mirar el teléfono móvil desde que hemos llegado —comentó Gisele sin rastro de reproche en su voz—, ¿va todo bien?

—Estamos de luna de miel, solo estoy disponible para ti.

— ¿Solo para mí?

—Solo para ti, Gisele —le confirmó Matt estrechándola entre sus brazos—. ¿Te apetece salir a dar un paseo por la playa y buscar un restaurante donde cenar o prefieres que nos quedemos aquí y pidamos algo de comida a domicilio?

—Me gustaría salir a pasear, estoy cansada de estar sentada y tumbada.

Una hora más tarde, ambos paseaban por las calles de Kailua, entreteniéndose observando las tiendas y los diversos restaurantes de la zona donde sentarse a cenar.

—Gisele, si no decides dónde cenar, lo haré yo —le advirtió Matt.

—Te vuelves un poco gruñón cuando tienes hambre —le dijo ella divertida y, señalando uno de los restaurantes, añadió—: Quiero cenar allí.

Matt quiso complacerla en todo, pese a que Gisele no demandaba ningún capricho lujoso, ella era una mujer sencilla que disfrutaba de las pequeñas cosas de la vida.

—Estás tan relajado y complaciente que estás empezando a preocuparme —le confesó Gisele mientras cenaban, ya que él no dejaba de mirarla y sonreír—. ¿Vas a contarme qué te ocurre?

—Estoy disfrutando de unas vacaciones en Hawái con mi esposa, lo único que me ocurre es que estoy feliz.

Las palabras de Matt hicieron que Gisele sonriera, le encantaba que se mostrara tan cariñoso con ella.

Durante los siguientes días, la pareja se dedicó a explorar las islas hawaianas. Primero alquilaron un coche para explorar la isla grande, la isla donde se hospedaban. Contrataron un vuelo turístico en helicóptero para observar las islas desde el aire y, por último, alquilaron un yate con tripulación y navegaron recorriendo toda la costa de las islas.

Las dos semanas de vacaciones se les pasaron volando, ninguno de los dos quería regresar a la rutina, ambos deseaban quedarse allí, lejos de las responsabilidades y las preocupaciones del día a día. La última noche en Hawái, Matt estaba tumbado en la cama con Gisele dormida entre sus brazos y, sorprendiéndose a sí mismo, se escuchó susurrarle a Gisele:  

—Te quiero, Gisele.

El viaje en avión de regreso a casa era largo, pero a ambos estaban tan a gusto abrazados el uno al otro que, en su burbuja de amor, perdieron la noción del tiempo.

Después de aquella luna de miel aplazada, ambos tenían muy claro qué era lo que sentían el uno por el otro. A simple vista, todo parecía como siempre entre ellos, pero algo había cambiado. Los dos se dejaban llevar por la buena sintonía y el cariño que se sentían, habían dejado de fingir que eran un matrimonio para comenzar a serlo. Gisele comenzó las clases del último semestre de carrera y lo compaginó con las prácticas en la Agencia de Matt, a la que acudía todas las tardes de lunes a viernes. Matt seguía insistiendo en llevarla a la universidad todas las mañanas y recogerla a mediodía para llevarla a la agencia, donde pasaban la tarde trabajando para después regresar juntos a casa a la hora de cenar.

Ben era el encargado de enseñarle a Gisele el funcionamiento de la Agencia, Matt sabía que ambos se llevaban bien y, pese a que sentía cierta envidia por la complicidad que existía entre ellos, ordenó a Ben ser el supervisor de Gisele durante las prácticas.

Pasados un par de meses, una tarde Matt entró en la sala de operaciones donde Gisele se encontraba con Ben y otros agentes, y le preguntó con tono de voz serio:

—Cariño, ¿podemos hablar un momento?

Gisele asintió y salió de la sala de operaciones seguida de Matt, que la guió hasta su despacho y allí, tras cerrar la puerta, Gisele le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—No —le respondió Matt preocupado—. Ha surgido un pequeño problema en una misión que estamos llevando a cabo y voy a tener que personarme allí.

— ¿Cuánto tiempo estarás allí?

—El menor tiempo posible, lo último que quiero es alejarme de ti —le susurró Matt estrechándola con fuerza entre sus brazos—. Hablaré con Ben para que sea tu chófer y vaya contigo a todas partes mientras yo esté fuera, no quiero que corras el más mínimo riesgo.

—No, no quiero tener pegado a Ben todo el día —protestó Gisele—. Puedo conducir hasta la universidad, ir a la Agencia y regresar a casa yo sola, te prometo que llamaré a Ben cada vez que salga para que sepa dónde estoy en todo momento.

—Está bien, no pienso discutir contigo antes de marcharme —cedió Matt sin dejar de abrazarla—. Te llamaré todas las noches mientras esté fuera y estaré deseando regresar contigo cada minuto.

—Mm… No quiero que te vayas…

Matt resopló, él tampoco quería marcharse y dejar sola a Gisele, pero tampoco tenía alternativa.

—Cariño, te aseguro que yo tampoco quiero irme —le susurró Matt besándola dulcemente en los labios.

Esa misma tarde, Matt partió en el avión de la Agencia junto a Jason y Tyler. Ben, consciente de la preocupación de Gisele, se acercó a ella y le dijo para tratar de calmarla:

—No te preocupes, si alguien sabe lo que se hace es Matt. Ya verás cómo volverá antes de que te des cuenta.

— ¿De qué va la misión? ¿Qué es lo que ha ocurrido? —Le preguntó Gisele a Ben cuando la llevaba de regreso a casa.

—Es confidencial, no puedo hablar de ello. Pero no te preocupes, Matt, Jason y Tyler saben cuidarse muy bien.

—Lo sé, pero eso no evita que me preocupe.

Ben la acompañó hasta la misma puerta de casa y, al despedirse, le recordó:

—Llámame mañana por la mañana cuando vayas a salir de casa y de nuevo cuando llegues a la universidad —Gisele le miró alzando una ceja y Ben añadió—: Lo siento, pero son órdenes directas del jefe.

—Genial —musitó Gisele.

—Él siempre cuida de ti y, ahora que él no está, me ha pedido que me ocupe yo de ello.

—Matt es muy protector —constató Gisele.

—Y también un obseso del control, pero si a todo le sumas lo enamorado que está de ti, imagina lo que pasa por su cabeza solo de pensar que te pueda ocurrir algo.

—Imagino que habrá sido así siempre con sus otras parejas —murmuró Gisele, que estaba de bajón por el repentino viaje de Matt.

—Nunca he visto a Matt enamorado, hasta que te conoció. A todos nos llamó la atención sus repentinas ausencias y su interés por protegerte con lo de tu ex, jamás le habíamos visto así y todavía nos sigue sorprendiendo —apuntó Ben divertido—. Será mejor que entres en casa y acuérdate de llamarme mañana si no quieres que tu marido me despida.

—No te preocupes, te llamaré —le aseguró Gisele—. Buenas noches, Ben.

Durante los días siguientes, Gisele se distraía con las clases en la universidad, las prácticas en la Agencia y estudiando en casa para combatir la ausencia de Matt. Él la llamaba todas las noches para interesarse por ella y Gisele, que no quería preocuparle, siempre le decía que estaba bien. Sin embargo, la quinta noche que Matt la llamó por teléfono y le hizo la misma pregunta, Gisele le respondió con un hilo de voz:

—Te echo de menos.

Matt suspiró profundamente, escuchar aquellas palabras de la boca de Gisele y con aquel tono de voz tan solo le hacían desearla más. Él también la echaba de menos, deseaba regresar a casa para poder besarla y estrecharla entre sus brazos.

—Yo también te echo de menos, Gisele. Tengo que colgar, pero te prometo que estaré contigo antes de que te des cuenta —se despidió Matt.

A Gisele no le pasó por alto la rápida despedida de Matt, ni tampoco las prisas por colgar, incluso le pareció que pretendía deshacerse de ella y no pudo evitar pensar que sus palabras habían sido las causantes. Pero Matt tenía una muy buena razón para comportarse así: estaba subido en el avión para regresar a casa y no podían despegar mientras él hablara por teléfono. No llegaría a casa hasta pasadas las cuatro de la mañana, por eso prefirió no decirle nada a Gisele para que no le esperara despierta.

Matt llegó a casa bien entrada la madrugada, pero casi un par de horas antes de lo previsto. Entró en el dormitorio principal sin hacer ruido y sonrió al ver a Gisele durmiendo con su pijama. Recordó sus palabras e imaginó que Gisele se había puesto su pijama para combatir su ausencia, igual que él miraba su alianza cada vez que se acordaba de ella. Tratando de no despertarla, se tumbó junto a ella en la cama y la observó dormir.

Gisele se despertó cuando los primeros rayos de sol se filtraron por la ventana del dormitorio, pero no abrió los ojos. Era sábado, Matt no estaba y no tenía nada qué hacer, así que pensaba pasar gran parte de la mañana en la cama. Matt adivinó que Gisele estaba despierta pero que todavía no se había percatado de su presencia, así que se acercó y le susurró al oído:

—Buenos días, dormilona.

— ¡Matt! —Gritó Gisele eufórica al abrir los ojos y comprobar que Matt estaba allí de verdad y no era una imaginación suya. Se colocó a horcajadas sobre él y, mirándole a los ojos con deseo, le preguntó—: ¿Cuándo has llegado?

—Hace cuatro horas —le respondió agarrándola por la cintura.

— ¡¿Cuatro horas?! ¿Por qué no me has despertado?

—Me encanta observarte mientras duermes, me relaja —le confesó Matt con toda naturalidad. Se incorporó con ella a horcajadas, la estrechó entre sus brazos y la besó apasionadamente en los labios antes de preguntarle con picardía—: ¿Por qué llevas puesto mi pijama?

—Te echaba de menos y tu pijama huele a ti —le confesó Gisele—. Pero, como ahora estás aquí, ya no necesito este pijama.

Gisele se deshizo del pijama y se quedó completamente desnuda frente a Matt, que estaba haciendo un gran esfuerzo por contener sus ansias de acariciar cada recoveco de su cuerpo.

— ¿Me has echado mucho de menos? —Le preguntó Matt siguiéndole el juego, depositando un reguero de besos por el cuello y la espalda de ella.

—Muchísimo —jadeó Gisele.

Matt la colocó entre sus piernas, haciendo que Gisele apoyara la espalda sobre su pecho, y comenzó a acariciarla hasta llevarla al borde del orgasmo.

—Matt, te necesito dentro —le rogó.

Y no tuvo que repetírselo dos veces para que Matt la obedeciera. Hicieron el amor lentamente, demorándose en cada caricia, en cada beso y en cada placentero roce de sus cuerpos. Una vez más, aquello no era simplemente sexo; aquello era amor en estado puro.

Cita 166.

“Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero.”

Nelson Mandela. 

Hasta que el contrato nos separe 40.

Hasta que el contrato nos separe

Después de cenar, Matt complació a Gisele y ambos se dieron un largo baño. A Gisele le sorprendió la ternura y la delicadeza con la que Matt la trataba, una vez más la hacía sentir como una princesa viviendo un cuento de hadas. Matt cada día era más cariñoso y más detallista con ella, pero no podía olvidar que aquel, precisamente, era su papel.

Por su parte, Matt se encontraba más a gusto con Gisele conforme pasaban los días. Deseaba que Gisele se quedara junto a él el resto de su vida, pero sabía que no sería fácil convencerla de ello con un contrato de por medio. No podía romper el contrato porque necesitaba esa herencia para que no le quitaran la casa familiar a su madre, pero había trazado un plan para demostrarle a Gisele que de verdad le gustaba, de verdad la deseaba, de verdad la quería y, aunque todavía no estaba dispuesto a reconocerlo, de verdad la amaba. Se propuso dejar el sexo en un segundo plano, necesitaba que ella se diera cuenta que por encima de todo él deseaba su compañía, pero Gisele no estaba dispuesta a ponérselo fácil.

Lo cierto es que a Gisele no le pasó por alto que Matt, pese a que estaba muy cariñoso con ella, no dio ningún paso para que los besos y las caricias le llevaran a algo más y, cuando ella lo intentó dar, él se excusó alegando que les esperaba un día muy largo y debían ponerse en marcha. Gisele fue a protestar, pero dada la postura distante que Matt había adaptado, prefirió no insistir y tratar de adivinar qué era lo que se le estaba pasando por la cabeza.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Gisele tras pasar el día visitando los lugares más turísticos y emblemáticos de Seattle.

—No podía ir mejor, cariño —le confesó Matt envolviéndola entre sus brazos—. ¿A dónde te apetece ir a cenar?

— ¿Podemos pedir la cena al servicio de habitaciones y quedarnos en la suite?

Matt la escrutó con la mirada, aquella petición le pilló por sorpresa, pero lo que más le llamó la atención fue el ceño fruncido de Gisele y la ausencia de su sonrisa.

—Podemos hacer lo que tú quieras —le respondió dispuesto a complacerla.

— ¿Todo lo que yo quiera?

—Gisele, ¿quieres contarme qué es lo que quieres en lugar de andar con tantos rodeos?

—No quieres que me ande con rodeos, está bien —aceptó Gisele para después preguntarle directa al grano—: ¿Qué está pasando? ¿Por qué me evitas desde anoche?

—No te estoy evitando, hemos pasado juntos todo el día.

—Sabes perfectamente a lo que me refiero.

—Sé a qué te refieres, pero no estoy evitando —le aclaró Matt mirándola a los ojos para después confesarle la verdad—: No quiero que pienses que el contrato y el sexo es lo único que nos une, quiero que te des cuenta que me gusta estar contigo, disfruto de tu compañía, de nuestras charlas y…

— ¿Disfrutas del sexo conmigo? —Se oyó preguntar de repente Gisele.

—Jamás he disfrutado tanto del sexo como lo hago contigo, Gisele. ¿A qué viene todo esto?

—No lo sé, me ha dado la impresión de que quizás ya no te gustaba…

—Regresemos al hotel, pediremos la cena al servicio de habitaciones y te demostraré lo mucho que me gusta el sexo contigo.

Por el momento, Gisele se quedó conforme con la explicación que le dio Matt, pero se propuso no bajar la guardia y estar más pendiente de él. Temía que, pasados ya más de seis meses juntos, Matt comenzara a aburrirse de ella. Gisele se consoló pensando que, por contrato, aún le quedaban diez meses para seguir siendo la señora Spencer y, durante esos meses que le quedaban, se había propuesto enamorar a Matt.

Tras pasar un par de días en Seattle disfrutando como dos auténticos turistas, Matt y Gisele se dirigieron de nuevo al aeropuerto para volar en el avión de la agencia hacia su destino final: una pequeña villa de Hawái, con playa privada y rodeada de naturaleza, ideal para una pareja de enamorados con ganas de disfrutar de la intimidad sin renunciar al mayor atractivo de las islas.

Para que Gisele no descubriera su sorpresa, antes de aterrizar Matt le vendó los ojos y la convenció para que escuchara música con sus auriculares con la única intención de que no escuchara nada que le hiciera adivinar dónde se encontraban. Gisele se dejó hacer, lo mínimo que podía hacer era confiar en Matt, sobre todo cuando lo único que pretendía era sorprenderla con su luna de miel.

—Ten cuidado, vamos a subir a un coche —anunció Matt retirando uno de los auriculares de la oreja de Gisele y colocando una mano sobre la cabeza de ella para que se agachara y no se golpeara la cabeza. La ayudó a sentarse en el coche y después se sentó a su lado, agarrándola por la cintura y estrechándola contra su cuerpo—. Tardaremos un rato en llegar, pero ya podemos deshacernos de esto.

Matt le quitó los auriculares, Gisele ya no podía escuchar nada que le revelara el lugar donde se encontraban. Gisele sonrió mientras se acurrucaba en el pecho de Matt, deseando llegar a donde fuese que él la quisiera llevar. Pero, pasada casi una hora, comenzó a impacientarse y le preguntó a Matt:

— ¿Cuánto falta para llegar?

—Todavía falta un poco, preciosa. Te daré una pista que te sirva para adivinar dónde estamos y te ayude a distraerte hasta que lleguemos.

—Dame la primera pista.

—Imagino que ya habrás notado el clima cálido, concretamente un clima tropical.

—Mm… ¿Me has traído a un pequeño paraíso tropical?

— ¿Te gustaría que así fuera?

— ¿Dónde estamos, Matt?

—Así no es el juego, yo te doy una pista y tú tratas de adivinarlo —le respondió Matt con tono burlón—. Si te lo digo, no tendría ninguna gracia.

Gisele resopló frustrada, pero era testaruda y no iba a desistir hasta adivinarlo.

—Está bien, dame otra pista.

—Ahí va otra pista: sus playas son muy famosas.

— ¡Brasil!

—No.

— ¡California!

—No.

— ¡Australia!

—No. Te daré otra pista antes de que menciones todos los lugares del planeta —se mofó Matt plantándole un beso en los labios—. Además de playas para disfrutar de las altas temperaturas, pero también hay zonas de montaña en los que la temperatura desciende a bajo cero.

—En resumen, estamos en un lugar con clima tropical, con playas famosas y zonas de montaña en las que hace mucho frío, ¿es correcto?

—Es correcto.

— ¿Perú?

—No.

— ¿Chile?

—No.

—Por favor Matt, ¡dímelo ya! —Exclamó Gisele exasperada.

—Ya casi hemos llegado, ¿puedes esperar un poco más para averiguarlo? —Le dio un leve beso en el cuello y le susurró al oído—: Te aseguro que la espera valdrá la pena.

Gisele ronroneó al mismo tiempo que se dejaba abrazar por Matt. Deseaba quitarse la venda de los ojos y acabar con la enfermiza curiosidad que sentía por averiguar dónde la había llevado Matt, pero fue incapaz de estropear la sorpresa que Matt se había esforzado tanto en organizar.  Acurrucada entre sus brazos, esperó hasta que el vehículo se detuvo y Matt anunció que habían llegado a su destino.

—Espera, te ayudo a bajar del coche —le susurró Matt mientras hacía lo propio. Agarrándola por la cintura, la hizo caminar junto a él unos pocos metros antes de añadir—: ¿Estás preparada para que te quite la venda de los ojos?

—Sí, estoy deseándolo —le respondió Gisele emocionada y también nerviosa.

Matt deshizo el nudo de la venda y la dejó caer al mismo tiempo que le susurraba a Gisele:

—Abre los ojos poco a poco para no deslumbrarte.

Gisele abrió los ojos poco a poco, siguiendo las recomendaciones de Matt, y tuvo que parpadear varias veces hasta que sus ojos se acostumbraron a la luz natural del lugar y, cuando lo hizo, se quedó maravillada. Estaban en lo alto de una pequeña colina con vistas al mar, a la playa y a una ciudad no muy lejana, todo rodeado de hermosas colinas verdes y con un cielo azul despejado de nubes. Sin lugar a dudas, aquello era el paraíso para Gisele. Con Matt abrazándola desde la espalda, Gisele continuó observando el maravillo paisaje y descubrió algunas islas pequeñas cercanas a la costa.

— ¿Eso de allí son islas? —Le preguntó a Matt para asegurarse.

—Así es, estamos en un archipiélago en mitad del Océano Pacífico.

— ¿Estamos en Hawái?

La expresión en la cara de Gisele, de completa emoción e incredulidad, hizo que Matt riera divertido a carcajadas. Le encantaba aquella naturalidad e inocencia de ella, sobre todo cuando se trataba de sorprenderla.

—Estamos en Hawái —le confirmó Matt sin poder dejar de reír—. ¿He acertado con el destino de nuestra luna de miel?

— ¡Estaría loca si te dijera que no! —Exclamó eufórica.

—Ven, quiero enseñarte la casa donde nos hospedaremos mientras dure nuestra estancia en el paraíso.

Matt la agarró de la mano y ambos se dirigieron a una enorme casa con paredes de cristal y madera, con partes de la misma abiertas para combatir el caluroso clima de la zona, muy acorde con el resto de casas que Gisele había divisado desde el mirador. Además, la casa también contaba con piscina y una pequeña cala privada a la que se accedía desde un pequeño sendero que comenzaba en el jardín trasero de la casa.

— ¿Qué quieres que hagamos primero?

—De momento, vamos a celebrar el inicio de nuestra luna de miel —le respondió Gisele saltando a los brazos de Matt y comiéndoselo a besos.

Como una verdadera pareja de recién casados en plena luna de miel, Matt y Gisele se dejaron llevar por el deseo, la pasión y la emoción del momento e hicieron el amor para inaugurar su luna de miel en el paraíso.

Cita 165.

“Nadie nos advirtió que extrañar, es el costo que tiene los buenos momentos.” 

Mario Benedetti. 

Hasta que el contrato nos separe 39.

Tras pasar la Nochebuena y el día de Navidad todos juntos en casa de Leonor, Matt y Gisele regresaron a su casa. Durante los días siguientes, Gisele y Sarah aprovecharon cada minuto del día para estar juntas, pero por la noche Sarah se quedaba en casa de Jason y Gisele regresaba a casa con Matt.

Animada por Matt, Gisele organizó la fiesta de fin de año en casa con la ayuda de Sarah. Invitaron a todos los amigos y a la familia, Elsa incluida, pero finalmente la fiesta de fin de año se convirtió en una noche de parejitas: Matt y Gisele; Jason y Sarah; y Tyler y Kelly.

—Cariño, estás preciosa —le susurró Matt a Gisele abrazándola desde atrás mientras ella se miraba en el espejo—. Los invitados están aparcando, deberíamos bajar a recibirlos.

Una hora más tarde, todos estaban sentados a la mesa y disfrutando de una deliciosa cena de fin de año en la mejor compañía. Bromearon, rieron y se divirtieron hasta que llegó la medianoche y con ella el año nuevo, al que le dieron la bienvenida con un brindis.

Un par de días más tarde, Sarah regresó a la capital y Gisele retomó las clases para afrontar los exámenes de final de semestre. Entre las clases y estudiar, a Gisele apenas le quedaba tiempo libre. Matt le dio espacio para no agobiarla, pero siempre se las apañaban para cenar juntos y charlar un rato antes de irse a dormir.

El último día de exámenes antes de las vacaciones del semestre, Matt fue a recoger a Gisele a la universidad como todos los días, pero con un plan entre manos. Se había pasado casi toda la noche trabajando desde casa y por la mañana, tras llevar a Gisele a la universidad, había regresado a casa para preparar el equipaje de ambos. Cuando lo tuvo todo listo, se dirigió a la agencia para confirmar que el plan iba según lo previsto y dejó allí el equipaje para que lo cargaran en el avión privado de la agencia. Se aseguró de dar las instrucciones necesarias a Jason y a Tyler para que se encargaran de la agencia en su ausencia, pues no quería que les molestasen a menos que se tratara de una urgencia. Había pospuesto la luna de miel, pero había llegado el momento de disfrutarla y quería sorprender a Gisele.

Matt aparcó frente a la universidad y esperó a que saliera. Pocos minutos más tarde, la vio despedirse de un par de compañeras y mirar a su alrededor. Matt levantó el brazo para llamar su atención y ella, con una amplia sonrisa en los labios, corrió hasta llegar a él y saltó a sus brazos mientras Matt la cogía al vuelo y le daba vueltas sobre sí mismo, contagiado de su alegría y su buen humor.

—Imagino que los exámenes te han ido genial.

—No podía haberme ido mejor, aunque tendremos que esperar a que publiquen las notas para confirmar los resultados. ¿Tienes trabajo esta tarde? Me gustaría invitarte a comer para celebrarlo —le propuso Gisele.

—Lo vamos a celebrar, pero antes tenemos que pasar por la agencia un momento —le respondió Matt dedicándole una sonrisa traviesa que no pasó desapercibida para Gisele.

— ¿Qué estás tramando?

— ¿Confías en mí?

— ¿Cómo no voy a confiar en mi marido? —Bromeó Gisele.

—Entonces, confía en mí. Te prometo que vamos a celebrar el final de tus exámenes semestrales y todo lo que tú quieras.

— ¿Todo lo que yo quiera?

El tono sugerente de Gisele hizo sonreír a Matt, que se sentía completamente hechizado por ella. Sin borrar la sonrisa de su rostro, Matt condujo hasta llegar a la agencia, concretamente al hangar donde les esperaba el avión.

— ¿Qué estamos haciendo aquí, Matt? —Le preguntó alzando las cejas, pues sabía que Matt estaba tramando algo.

—Si confías en mí, subirás al avión sin hacer preguntas.

—Confío en ti, pero solo subiré a ese avión si tú vienes conmigo.

—Por supuesto que yo también subiré a ese avión contigo, estaría loco si no lo hiciera —le aseguró él antes de estrecharla entre sus brazos y besarla con ternura—. ¿Estás preparada?

Gisele asintió emocionada por aquella nueva aventura, completamente enamorada de Matt y de su forma de cuidarla y sorprenderla. Sin hacer más preguntas, subió al avión seguida de Matt, tratando de adivinar a dónde se dirigían.

Se acomodaron en los sillones y se abrocharon el cinturón de seguridad para despegar y, en cuanto el avión alcanzó el modo crucero, les sirvieron la comida. Gisele dedujo que se trataba de un vuelo largo cuando, después de comer, Matt la instó para que descansaran unas horas en el pequeño camarote del avión.

— ¿Todavía no vas a decirme a dónde vamos? —Le preguntó Gisele cuando se despertó de la siesta.

—No, es una sorpresa —le contestó Matt, sonriendo divertido.

—Y, al menos, ¿puedes decirme cuánto tardaremos en llegar?

—Aterrizaremos en un par de horas y pasaremos un par de días en la ciudad, pero no es nuestro destino final, tan solo es una escalada para que no te aburras de tanto viaje.

El tono guasón de Matt obtuvo un almohadazo a modo de respuesta por parte de Gisele. Ambos se enzarzaron en una dulce guerra de almohadas que terminó con los dos desnudos y exhaustos sobre la cama del camarote del avión, hasta que el pilotó anunció por megafonía que aterrizarían en veinte minutos.

Una vez aseados, vestidos y adecentados, Matt y Gisele se acomodaron en los sillones del avión y se abrocharon los cinturones de seguridad para aterrizar. Gisele miró por una de las ventanillas del avión y vio lo que le pareció una gran ciudad soleada en mitad de mucha naturaleza, pero no logró adivinar dónde estaban.

— ¿Dónde estamos? —Preguntó Gisele mientras bajaban las escaleras del avión, buscando con la mirada cualquier cartel que indicara el nombre de la ciudad donde se encontraban.

—Estamos en Seattle, en el Estado de Washington, Estado Unidos.

— ¿Estamos aquí por algún motivo en concreto?

—No te gusta demasiado el frío, ¿eh? —Bromeó Matt.

—No es eso, es que no sé a qué hemos venido —le aclaró Gisele—. ¿Hemos venido de vacaciones?

—Más o menos, ya te he dicho que solo nos quedaremos aquí un par de días.

— ¿Y después?

—Después nos dirigiremos a nuestro destino final, donde disfrutaremos de nuestra luna de miel.

— ¿Dónde? —Quiso saber Gisele emocionada.

—Cariño, creía que habías dicho que confías en mí —le respondió Matt con tono burlón.

— ¡Matt!

La protesta de Gisele, con los brazos en jarras, el ceño fruncido y poniendo morritos, hizo que Matt soltara una sonora carcajada. La estrechó entre sus brazos, la abrazó con fuerza, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Vamos a instalarnos en el mejor hotel de Seattle, descansaremos en nuestra suite y haremos turismo por la ciudad durante los siguientes dos días. Después, subiremos al avión y volaremos hasta un lugar cálido y con playa donde permaneceremos durante dos largas semanas, solos tú y yo.

—Parece un buen plan —reconoció Gisele con tono sugerente.

—Gisele…

Ella sonrió ante la advertencia de Matt, pero él la agarró por la cintura al mismo tiempo que le hacía cosquillas y, cuando Gisele le rogó entre risas que parara, él le susurró:

— ¿Vas a portarte bien hasta que lleguemos al hotel?

—Solo hasta que lleguemos al hotel —le aseguró Gisele sonriendo pícaramente.

Matt aceptó aquella tregua y le plantó un beso en los morros, dejándose llevar por la espontaneidad y la positividad de ella que tanto le gustaba.

Media hora más tarde, ambos se instalaban en la suite presidencial del mejor hotel de Seattle. Estaban agotados después del largo viaje en avión y también hambrientos, pues ya era la hora de cenar. Gisele entró en el cuarto de baño para dejar sus cosas se aseo y, cuando vio la enorme bañera, no puedo evitar resistirlo:

—Matt, ¿te apetece que nos demos un baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió abrazándola desde la espalda—, pero antes tenemos que cenar. ¿Quieres bajar al restaurante o pedimos que nos suban la cena?

—Pedimos que nos suban la cena.

Dicho y hecho. Matt llamó por teléfono al servicio de habitaciones y, mientras esperaban que les subieran la cena, terminaron de instalarse en la suite.

Más tarde, cenaron en el amplio salón de la suite, junto al calor de la chimenea y mientras observaban por la ventana cómo nevaba.

— ¿Te gustaría vivir aquí?

— ¿Aquí dónde?

—En Seattle —le aclaró Matt.

—Parece una ciudad interesante, incluso romántica, pero me resultaría bastante deprimente vivir en un lugar en el que el cielo siempre es gris y llueve casi todos los días.

—Prefieres los lugares cálidos —afirmó Matt.

— ¿A qué viene todo esto? ¿Es que vas a mudarte?

—No, solo era una pregunta.

Gisele no se quedó satisfecha con aquella respuesta, era evidente que Matt le estaba ocultando algo, pero decidió dejarlo estar ya que tomar aquel camino significaba acabar discutiendo con Matt y no quería estropear el viaje. Su luna de miel.

Cita 164.

“El arte es para consolar a aquellos que están rotos por la vida.”

Vincent Van Gogh.