mesfebrero 2019

Hasta que el contrato nos separe 38.

A última hora de la tarde, Matt, Gisele, Sarah, Jason, Kelly y Tyler llegaron a casa de Leonor para celebrar la nochebuena. Leonor recibió a todos sus invitados con los brazos abiertos, le encantaba tener la casa llena de familia y amigos y esperaba llenarla de nietos muy pronto.

Leonor les hizo pasar al salón, donde dejaron todos los regalos bajo el árbol de navidad y se acomodaron en los sofás junto a la chimenea mientras charlaban y hacían tiempo para cenar.

Matt se sentó junto a Gisele en uno de los sofás y la mantuvo abrazaba todo el tiempo, provocando las mofas de los presentes, pero le dio igual, lo único que le importaba era mantener el contacto con Gisele. Ella le agradeció con una sonrisa que no retirara el brazo de alrededor de su cintura y Matt no pudo evitar besarla.

A Gisele no le pasó por alto la ternura con la que Matt la trataba y no es que antes no lo hiciera, pero la relación entre ellos había avanzado durante las últimas semanas y aquello la perturbaba en cierta manera. Intentaba no pensar en lo que suponía enamorarse de un hombre con el que estaría casada por un tiempo determinado. Un año comenzaba a parecerle muy poco tiempo, un tiempo del que estaba dispuesta a disfrutar pese a que temía hacer frente a las consecuencias que le acarrearía su decisión.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Matt en un susurro—. Últimamente estás muy pensativa, si hay algo de lo que quieras hablar…

—Estoy bien —le interrumpió Gisele dedicándole su mejor sonrisa.

—Pero hay algo que te inquieta —insistió Matt.

—Es mi primera navidad como mujer casada, estoy tratando de asimilarlo —bromeó para que no se preocupara.

—Mamá, creo que deberíamos instalarnos en las habitaciones antes de empezar a cenar —le dijo Matt a su madre, era la excusa perfecta para quedarse a solas con Gisele.

—Tienes razón, hijo —opinó Leonor y acto seguido hizo el reparto de habitaciones—: Matt, tú dormirás con Gis en tu habitación; Kelly con Tyler en la suya; Sarah puede dormir en la habitación de invitados; y Jason, lo siento, pero a ti te toca el sofá.

—Es navidad, Leonor. Estoy seguro que Sarah se contagiará del espíritu generoso de la navidad y me acogerá en su alcoba —le respondió Jason mirando a Sarah con descaro.

—Eso ya tendrás que discutirlo con ella —le advirtió Leonor—. En cualquier caso, el sofá seguirá estando a tu disposición.

Matt no quiso perder el tiempo, agarró a Gisele de la mano y, tras coger el par de maletas de mano que habían traído, subieron las escaleras para dirigirse a la habitación de Matt. Gisele ya había estado en aquella habitación de adolescente que Leonor conservaba tal y como su hijo la dejó con dieciocho años.

— ¿No vas a contarme qué te pasa por esa cabecita? —Insistió Matt cuando estuvieron a solas en la habitación.

—No vas a desistir, ¿verdad?

—Me conoce muy bien, señora Spencer.

Gisele sonrió, le gustaba cómo sonaba eso de señora Spencer.

—Estoy bien, todo va bien —le aseguró Gisele—. No hay motivos para que te preocupes, relájate y disfruta de la navidad.

—No me habrás comprado nada, ¿verdad?

—Jamás osaría hacer algo así —fingió hacerse la ofendida.

—Gisele, hablo en serio —le advirtió—. No quiero que te gastes dinero en comprar algo que puedo comprarme yo.

—Sí, lo sé —se mofó Gisele—. Pero, como conozco a mi marido y lo poco que le gusta que le compre regalos, he decidido no comprarte nada y hacerte algo especial.

Aquellas palabras captaron toda la atención de Matt. Sentía una curiosidad enfermiza por averiguar cuál sería el sorprendente regalo de Gisele. Si algo tenía claro, era que el regalo de Gisele le iba a sorprender, ella siempre lo hacía.

— ¿No vas a decirme de qué se trata?

—Tendrás que esperar hasta medianoche, cuando todos abramos los regalos.

—Dame una pista —insistió Matt.

—Es algo que puedes desear.

— ¿Algo que quizás pueda desear o algo que ya deseo?

—Mm… No puedo darte una respuesta clara a esa pregunta sin confundirte más.

—Yo también tengo un regalo para ti.

—Tú sí puedes comprarme un regalo…

—Por supuesto que puedo comprarte un regalo, eres mi esposa —la interrumpió Matt riendo divertido. Gisele frunció el ceño y Matt le susurró con dulzura—: No te enfades, es nuestra primera navidad juntos y no quiero discutir.

Sí, era la primera navidad que pasarían juntos, pero también la única según el contrato que habían firmado. Dentro de un año, probablemente ya se habrían divorciado.

—Sea lo que sea, deja de preocuparte por ello —le susurró Matt, que la conocía demasiado bien como para saber que le estaba dando vueltas a la cabeza.

—Necesito una terapia intensa de relajación —le dijo Gisele con tono sugerente.

—Estaría loco si te dijera que no, pero eso no significa que no me dé cuenta de que intentas utilizar el sexo para desviar mi atención.

—Os estamos esperando para cenar, ya tendréis tiempo de seguir con lo que sea que estéis haciendo —les gritó Jason desde el otro lado de la puerta.

Matt abrió la puerta bruscamente, miró a Jason y le espetó:

— ¡Con vosotros es imposible tener ni cinco minutos de intimidad!

—Uix, me parece que a Matt no le ha sentado nada bien tener que dejar su luna de miel —se mofó Sarah.

—Será mejor que bajemos antes de que Leonor suba a buscarnos —intervino Gisele lanzándole una fulminante mirada a Jason y Sarah, que no desperdiciaban ninguna ocasión para provocar a Matt.

Pocos minutos después, todos estaban sentados alrededor de la mesa y disfrutando de una deliciosa cena en una inmejorable compañía. Leonor estaba encantada de celebrar la navidad rodeada de sus hijos y sus amigos, se la veía radiante de felicidad.

Kelly y Tyler habían hecho oficial su relación poco antes de la boda de Gisele y Matt, y se les veía muy enamorados. Sarah y Jason se llevaban más que bien, se habían visto en pocas ocasiones, pero en todas ellas habían acabado pasando la noche juntos y Sarah se había quedado en casa de Jason mientras Gisele y Matt estaban en su mini luna de miel.

—Chicos, ya es casi medianoche —anunció Leonor después de cenar—. ¿Abrimos los regalos?

— ¡Sí! —Gritaron todos al unísono.

Como era de esperar, Leonor instó a todos para que abrieran sus regalos y nadie tuvo el valor de llevarle la contraria. Entre risas, comenzaron a abrir los regalos sentados en el suelo frente al árbol de navidad. Gisele abrió el regalo de Leonor y se quedó paralizada. Matt, que estaba sentado detrás de ella, la abrazó desde la espalda al notar la tensión en el cuerpo de Gisele y le preguntó en un susurro:

— ¿Va todo bien, cariño? —Matt reparó en el regalo que su madre le había hecho a Gisele: su primera manta de cuando era bebé, con su nombre bordado.

Matt también se tensó, pero no porque su madre le hubiera hecho ese regalo a Gisele con una clara intención de que la hicieran abuela pronto, sino porque acababa de darse cuenta que deseaba tener un hijo con Gisele. No es que lo deseara en ese mismo momento, pero sí en un futuro próximo.

—Es la primera mantita de Matt, lo envolvía en ella cuando era bebé y le encantaba, se quedaba dormidito en seguida —le explicó Leonor mientras Gisele trataba de sonreír para salir del paso.

—Acabamos de casarnos, mamá —intervino Matt cuando fue capaz de reaccionar—. Gisele y yo queremos disfrutar de nuestra relación de dos antes de pensar en aumentarla.

Pese a que Matt tan solo trataba de rebajar la tensión, Gisele se tomó al pie de la letra sus palabras e hizo un esfuerzo por centrarse en su papel de esposa feliz:

—Muchas gracias, Leonor. Es un regalo muy especial que cuidaremos para cuando sea el momento.

Continuaron abriendo regalos y Matt aprovechó que todos estaban distraídos para susurrarle al oído a Gisele:

—Lo siento, no tenía ni idea del regalo de mi madre.

—Me siento la persona más horrible del mundo —le confesó Gisele con un hilo de voz.

Matt la besó en los labios y, mirándola a los ojos, le aseguró:

—Eres la persona más adorable que conozco.

—Leonor, me parece que esta noche van a empezar a fabricar nietos —se mofó Jason al ver a la pareja tan acaramelada.

—Espero ser la primera en saberlo —comentó Sarah con un claro tono de advertencia a Gisele.

—Creo que el primero en saberlo debería ser yo —le replicó Matt divertido.

—No si no eres el padre —bromeó Jason.

— ¡Jason! —Le regañaron todos al unísono y acabaron riendo a carcajadas.

—Abre mi regalo —le susurró Matt a Gisele.

Gisele le miró con curiosidad, pero también con recelo. Sospechaba que Matt le habría hecho un regalo impresionante y comenzaba a sentirse ridícula por el regalo que ella le iba a hacer. Matt le entregó un pequeño paquete cuadrado y plano y ella sonrió, imaginando que se trataría de un bonito marco con una foto de ambos, probablemente de la boda. Desgarró el envoltorio y descubrió una caja aterciopelada, muy lejos de parecer un marco de fotos.

—Matt…

—Por favor, Gisele. Compláceme, abre la caja y acepta el regalo —le rogó Matt.

Con manos temblorosas, Gisele abrió la suave caja de terciopelo azul y se encontró una hermosa gargantilla con un enorme rubí rojo en forma de corazón.

— ¡Oh, es precioso, Matt! —Exclamó Leonor al verlo.

Gisele no dijo nada, no sabía qué decir. Dejó que Matt le colocara la gargantilla alrededor del cuello y se lo agradeció con una dulce sonrisa que a Matt le supo a poco.

—No te ha gustado.

— ¿Cómo no me va a gustar? —Le replicó Gisele—. Pero ahora me siento ridícula por el regalo que te he hecho.

— ¿Dónde está mi regalo? —Le exigió Matt divertido.

Avergonzada, Gisele le entregó el sobre que contenía su vale por un deseo y se lo entregó. Matt la escrutó con la mirada, tratando de adivinar de qué se trataba hasta que se le ocurrió algo que no le hizo ninguna gracia:

—Si lo abro, espero no encontrarme un cheque ni nada parecido.

—No es dinero y no tiene ningún valor económico —le aseguró Gisele.

Matt no esperó más, abrió el sobre y sacó su contenido. Frunció el ceño al comprobar que el papel tenía el mismo tamaño que un talón, pero sonrió embelesado cuando leyó: Vale por un deseo.

—Mm… Esto puede resultar de lo más interesante, es el mejor regalo que podías hacerme —le aseguró Matt agarrando a Gisele por la cintura y colocándola en su regazo—. ¿Puedo utilizarlo cuando quiera o tiene condiciones?

—Puedes utilizarlo cuando quieras y sin condiciones, pero solo tienes uno, así que te recomiendo que lo guardes para cuando de verdad lo necesites —le explicó Gisele, más relajada entre los brazos de Matt.

—Entonces, si quiero gastar mi deseo en pasar un fin de semana a solas contigo, ¿puedo utilizarlo aunque tú hayas hecho otros planes?

—Sí, no sería muy ético, pero sí —bromeó Gisele.

Continuaron abriendo regalos hasta que, bien entrada la madrugado, todos se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones, las que Leonor les había asignado.

Cita 163.

“Supongo que el único momento en que la mayoría de la gente piensa en la injusticia es cuando les sucede a ellos.”

Charles Bukowski.

Hasta que el contrato nos separe 37.

A la mañana siguiente, tras hacerse la remolona durante más de una hora, Gisele se levantó de la cama para darse lo que pretendía ser una ducha rápida con Matt, pero se demoraron más de lo previsto y pidieron al servicio de habitaciones que les subieran el desayuno a la suite mientras terminaban de arreglarse.

Después de desayunar, dejaron el hotel y se subieron a un taxi para hacer una rápida parada en casa. Cogieron el equipaje para su pequeño anticipo de luna de miel, se subieron al coche de Matt y se dirigieron hacia el sur por la autopista.

Tras conducir durante más de dos horas, Matt por fin paró el motor del coche al llegar a su destino. Gisele sonrió en cuanto vio el mar y bajó del vehículo emocionada, queriendo salir corriendo hacia a la playa y conteniéndose para no parecer una niña pequeña. Echó un vistazo a su alrededor y entonces reparó en la pequeña casa victoriana de dos plantas con jardín y garaje que tenía al lado y ató cabos.

— ¿Vamos a quedarnos aquí? —Preguntó entusiasmada.

—Sí, pero solo por unos días —le recordó Matt estrechándola entre sus brazos—. Les hemos prometido a todos que regresaremos a tiempo para celebrar la nochebuena. Entremos en la casa, quiero enseñártela.

Gisele agarró a Matt del brazo y prácticamente le arrastró hacia el interior de la casa. Sentía curiosidad por conocer el lugar que Matt había elegido para disfrutar de su anticipo de luna de miel y no tenía la menor sospecha de lo que él se proponía.

Con toda la parsimonia del mundo, Matt le mostró la casa a Gisele. Recorrieron la planta baja, formada por una estancia abierta en la que se encontraba la cocina, el comedor y el salón, y un pequeño aseo para las visitas. En la planta superior se encontraba el dormitorio principal con baño propio, dos dormitorios más y un cuarto de baño completo. Gisele reparó en los dos dormitorios con decoración infantil, pero no dijo nada al respecto.

— ¿Te gusta la casa? —Quiso saber Matt mientras salían al jardín trasero que tenía acceso directo a la playa.

—Me encanta, gracias por todo lo que haces —le respondió ella mirándole a los ojos totalmente embelesada por todo lo que Matt le hacía sentir.

—Me alegra oír eso, porque es tu regalo de boda.

—Tú me devolviste el dinero que me gasté en tu regalo de boda —le acusó Gisele con tono de reproche, pero lo meditó durante un instante y añadió—: Aunque tengo que reconocer que tu regalo de boda es mucho mejor, al menos lo disfrutaremos los dos.

—Bueno, en realidad es solo tuyo, tú eres la única propietaria de la casa.

— ¿La única propietaria de la casa? ¿De qué estás hablando? —Le preguntó Gisele al no entender lo que Matt le decía, pero ató cabos antes de que Matt pudiera abrir la boca y le espetó—: ¿Es que te has vuelto loco?

—Vaya, y yo que pensaba que no podía haber respuesta que tu regalo es mucho mejor, con tono rencoroso —bromeó Matt, quitándole importancia al hecho de haberle regalado una casa en la playa.

—Matt, te lo agradezco de verdad, pero esto es demasiado —le dijo Gisele poniéndose seria, sintiéndose mal por aceptar esa clase de regalos, por llamarlos de alguna manera—. Me halaga que seas tan detallista, generoso y bueno conmigo, pero no puedo aceptar un regalo así y no voy a hacerlo.

—Claro que vas a aceptarlo —le contradijo Matt visiblemente molesto—. No sé qué habrás pensado, pero no pretendo pedir nada a cambio por lo que doy.

—Yo no he dicho nada de eso ni lo he insinuado, mucho menos lo he pensado —le corrigió Gisele a la defensiva.

—Me hace feliz hacerte feliz y sé que esta casa es el regalo perfecto, no pretendía ofenderte ni mucho menos que te enfadaras.

—No me he ofendido ni me he enfadado —le aseguró Gisele sintiéndose la peor persona del mundo.

—Entonces, hazme feliz y dime que aceptas mi regalo de boda —insistió Matt sin darse por vencido.

—Me lo pensaré —le respondió Gisele juguetona—. Quizás tengas que darme algunos buenos motivos y razones para convencerme.

—Mm… Adoro los retos, cariño —le susurró Matt con la voz ronca.

Gisele ya no sabía qué pensar. Recibir como regalo de boda una casa en la playa era demasiado, sobre todo si tenía en cuenta que se trataba de un matrimonio de conveniencia pero, una vez más, decidió no pensar en ello. No quería desgastarse pensando en qué ocurriría en el futuro, era el momento de disfrutar del presente.

Durante los días siguientes, Matt y Gisele disfrutaron de su mutua compañía, dejándose llevar por la pasión y el deseo que sentían el uno por el otro y olvidándose del resto del mundo. Se dedicaron a complacerse, a disfrutar juntos de los pequeños placeres de la vida, como disfrutar de una íntima y romántica cena casera, ver una película acomodados en el sofá o pasar el día en la cama.

La última noche antes de regresar a la ciudad para celebrar la Navidad con la familia, Matt llevó a Gisele al borde el orgasmo para después detenerse de repente, provocando las protestas de Gisele.

— ¿Qué ocurre? ¿Quieres que continúe? —Le preguntó mofándose.

— ¡Claro que quiero que continúes! —Le espetó Gisele con frustración.

—Entonces, solo tienes que aceptar mi regalo de boda.

—Eso es chantaje —protestó ella de morros.

—Llámalo como quieras, la cuestión es si quieres quedarte así o continuar con lo que estábamos haciendo —la provocó Matt maliciosamente. Ella alzó las caderas en busca de placer y Matt añadió con la voz roca—: Dime que aceptas mi regalo y acabaré con esta tortura, cariño.

—Acepto tu regalo, pero te advierto que yo también sé jugar sucio —accedió Gisele finalmente.

—No ha sido tan difícil, ¿verdad? —Se burló Matt antes de seguir donde lo habían dejado un par de minutos antes.

Tras una última noche de pasión en la casa de la playa, Matt y Gisele emprendieron el camino de regreso a casa para celebrar la Navidad con la familia y los amigos.

Llegaron a casa a mediodía, deshicieron las maletas, pidieron comida a domicilio y almorzaron en la cocina. Gisele había quedado con Sarah y Kelly para comprar los regalos de navidad y, aunque Matt hubiera preferido pasar la tarde con ella, tuvo que conformarse con pasar la tarde con Jason.

— ¿Qué tal ha ido la luna de miel? —Le preguntó Jason nada más verle, dispuesto a divertirse un poco a costa de su amigo.

—No podría haber ido mejor, con Gisele todo es fácil, cómodo y apasionante —le confesó Matt—. Nos llevamos bien, nos entendemos y a ambos nos gusta estar juntos, así que todo va genial.

—Pareces sorprendido de que sea así.

—Es la primera vez que me siento tan cómodo compartiendo mi vida —le respondió Matt encogiéndose de hombros—. Siempre he pensado que sería incapaz de convivir con alguien, pero con Gisele no solo resulta fácil, sino que además es divertido. Tú me conoces, mi vida es la agencia. Pero, desde que la conozco, busco cualquier excusa que me permita dejarlo todo para estar con ella.

—Te has enamorado de ella —le acusó Jason con tono divertido.

—No estoy enamorado, Gisele solo es una socia con la que debo convivir hasta que finalice nuestro contrato —argumentó Matt tratando de convencerse a sí mismo—. Aunque eso no significa que no podamos divertirnos mientras tanto.

Jason no dijo nada, sabía que aquel sentimiento era nuevo para Matt y necesitaría tiempo para asimilarlo y aceptarlo. Hasta entonces, cualquier cosa que le dijera resultaría inútil.

—Sarah y yo también nos divertimos mucho —comentó cambiando de tema.

—Pasáis juntos mucho tiempo, pese a que vivís en ciudades distintas —apuntó Matt tratando de descubrir qué se traía entre manos su amigo con la mejor amiga de Gisele.

—Nos divertimos mucho, no te lo voy a negar —le respondió con una amplia sonrisa en los labios—. Pero no hay mucho más qué contar. Cómo has dicho, vivimos en ciudades distintas y ninguno de los dos quiere una relación estable.

—Da igual lo que quieras, a veces las cosas pasan sin más —pensó en voz alta Matt, ya que él era un claro ejemplo de ello.

Gisele pasó la tarde con Sarah y Kelly, recorriendo las tiendas del centro de la ciudad para realizar las compras de última hora. Gisele ya había comprado todos los regalos, salvo el regalo de Matt. Sabía que, comprara lo que comprara, Matt averiguaría el precio de su regalo y le haría la transferencia correspondiente, algo que Gisele no estaba dispuesta a permitir. Por eso había decidido regalarle otra cosa, algo que no fuera material, que no pudiera comprarse con dinero, pero no se le ocurría otra cosa que no fuera desnudarse y ponerse un lazo enorme en la cabeza.

—Pues eso seguro que le gusta —bromeó Sarah entre risas.

—Quiero regalarle algo que tenga valor para él, pero no un valor material ni tampoco sexual.

—Sin duda alguna es el mejor regalo que le puedo hacer a Jason, el único problema es qué le diré a Leonor cuando me pregunte qué le he regalado —continuó bromeando Sarah.

—Lo siento, pero no se me ocurre nada para ayudarte —le dijo Kelly—. Todo lo que se me ocurre incluye un valor material.

Finalmente, Gisele optó por comprar una tarjeta negra en la que escribió con un rotulador dorado: “Vale por un deseo” y la metió en un sobre dorado. Era el regalo perfecto para Matt, un regalo que le gustaría y que no podría devolverle.

Tras realizar las últimas compras, las chicas regresaron a casa de Gisele, donde se prepararon para la cena de nochebuena en casa de Leonor.

Cita 162.

“Una chica excelente. Bastante loca a ratos. A veces tan triste. A veces muerta de risa. A veces mala.”

Julio Cortázar. 

Hasta que el contrato nos separe 36.

Los recién casados pudieron relajarse un poco durante la comida, pero aquellos discursos de sus amigos les habían hecho pensar a ambos en el futuro, algo para lo que todavía no estaban preparados para afrontar.

Después de comer, de cortar el pastel y de brindar por enésima vez, llegó el momento del primer baile de los recién casados. Matt se había encargado de escoger la canción del primer baile y había mantenido en secreto su elección a todo el mundo, incluida Gisele. Matt agarró a Gisele de la mano y la llevó al centro del salón principal de la masía cuando empezaron a sonar los primeros acordes de la canción. Colocó los brazos alrededor de su cintura y la estrechó contra su cuerpo al mismo tiempo se balanceaba con un suave vaivén al ritmo de la música.

— ¿Qué canción es esta? —Le preguntó Gisele recostando la cabeza en el hombro de Matt y añadió—: Nunca la había escuchado, pero me encanta.

—La canción se titula I want to know what love is y es de Foreigner —le susurró Matt.

Obviamente, Matt había elegido esa canción por un motivo: el significado de la misma. La letra de aquella canción describía a la perfección lo que él sentía por Gisele pero no se atrevía a confesar en voz alta.

A Gisele no le pasó por alto el significado de la letra de la canción y se devanó los sesos pensando si aquello era una señal que Matt le enviaba o si simplemente era una bonita canción que había escogido al azar. Cerró los ojos y se dejó llevar por el suave balanceo, en paz entre los brazos de Matt. Cuando la canción terminó, Matt la besó en los labios con amor, ternura y pasión, uno de esos besos que sacudían todo su cuerpo.

—Ejem, ejem —fingió toser Jason para llamar la atención de los novios y, cuando lo logró, le preguntó a su amigo Matt sonriendo divertido—: ¿Es que no vas a dejar que tu esposa baile conmigo?

—Solo si ella quiere, no quiero dormir en el sofá la primera noche de matrimonio —le respondió Matt bromeando.

Jason bailó con Gisele y Matt bailó con Sarah. Durante la siguiente hora y media, las parejas de baile fueron rotando hasta que, ansioso por sentir el contacto con Gisele, Matt recuperó a su pareja de baile y, envolviéndola con sus brazos, le confesó en un susurro:

—Quiero que esto se acabe para poder estar a solas contigo, no creo que pueda aguantarlo mucho más.

— ¿Nos podemos ir ya?

— ¿Te quieres ir ya? —Preguntó Matt sorprendido.

—Me muero de ganas por estar contigo a solas —le confesó ella.

Matt no necesitó escuchar nada más. Abrazó a Gisele y, llamando la atención de todos los invitados, se dispuso a excusarse con ellos:

—Queremos daros las gracias a todos por acompañarnos en un día tan especial como el de hoy, nos habéis regalado un maravilloso recuerdo que permanecerá con nosotros para siempre. Os pedimos que sigáis disfrutando de la fiesta y que nos disculpéis, pero debemos descansar un poco antes de poner rumbo a nuestra pequeña luna de miel antes de Navidad, esperamos que lo comprendáis.

—Tranquilos, todos sabemos lo que se hace en la noche de bodas —bromeó Sarah haciendo reír a todos los invitados y ruborizando a Gisele.

—Sarah, ¿te quedarás en la ciudad hasta que regrese? —Quiso saber Gisele.

—No te preocupes, se quedará en mi casa y la trataré como a una princesa —respondió rápidamente Jason.

—Llamadnos mañana cuando lleguéis a vuestro destino —les pidió Leonor sin desvelar el lugar al que Matt llevaba a Gisele.

—Llamaré cuando lleguemos, pero os recuerdo que estamos de luna de miel y no queremos recibir llamadas a menos que se trate de un asunto urgente y/o importante —les advirtió Matt con tono amenazante.

—Déjales Leonor, que van a practicar para darte nietos —se mofó Sarah, bastante achispada.

—Por favor, sácame de aquí —le rogó Gisele a Matt en un susurro.

Matt no esperó a que se lo dijera dos veces, se despidieron de todos y salió de la masía agarrando a Gisele por la cintura y pegándola a su costado. La ayudó a subir a la limusina y, poco después, se dirigían por la autopista hacia un hotel a las afueras de la ciudad donde Matt había reservado una suite para pasar su primera noche con Gisele como marido y mujer.

— ¿A dónde vamos? —Le preguntó ella al percatarse de que iban en dirección opuesta a casa de Matt.

—En seguida lo verás.

Matt no le dijo nada más, la abrazó y la besó en los labios de nuevo, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo al tener una esposa como Gisele.

Diez minutos más tarde, el chófer de la limusina aparcó frente a un lujoso y discreto hotel situado a las afueras de la ciudad. Matt ayudó a Gisele a salir del vehículo mientras el chófer sacaba un par de pequeñas maletas del maletero y se las entregaba a uno de los empleados del hotel para que se las llevaran.

—Buenas noches —saludó Matt al recepcionista—. Soy Matt Spencer, tenemos una suite nupcial reservada.

—Buenas noches, señores Spencer y mi más sincera enhorabuena por el enlace —les felicitó el recepcionista dándoles la bienvenida y añadió señalando al empleado que cargaba con sus maletas—: Jerry les acompañará a su habitación.

Cogidos de la mano, Matt y Gisele subieron al ascensor junto al botones hasta la última planta del edificio, donde se encontraba la suite nupcial. Nada más salir del ascensor, el botones se apresuró en abrir la puerta de la suite y dejar las maletas dentro para salir antes de que la pareja entrara. Matt sacó un billete de la cartera y se lo entregó al botones, que desapareció de allí al instante. Gisele fue a entrar a la suite, pero Matt la detuvo y la cogió en brazos para entrar con ella como marcaba la tradición.

—Bienvenida a nuestra primera noche de matrimonio, señora Spencer —le susurró Matt con la voz ronca.

—Mm… Señor Spencer, estoy deseando comenzar a disfrutar de nuestra primera noche.

Matt dejó que los pies de Gisele tocaran el suelo y ambos recorrieron la suite, deteniéndose en el enorme baño.

— ¿Te apetece que nos demos un baño?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella sonriendo.

Abrieron el grifo de la bañera y se desnudaron mutuamente, recreándose en tiernos besos y delicadas caricias con las que se excitaban sin pretenderlo. Se metieron en la bañera y Gisele se sentó entre las piernas de Matt, recostando su espalda en el pecho de él.

—Llevo veinticuatro horas deseando que llegara este momento —le confesó Matt en un susurro—. Me olvido del mundo cuando estamos solos tú y yo, me gusta tenerte entre mis brazos, verte sonreír a cada momento y escuchar cómo tratas de convencerme para que te deje dormir un ratito más cada mañana. Me gusta besarte, acariciarte y darte placer hasta hacerte estallar en mil pedazos mientras gritas mi nombre.

Las palabras de Matt fueron acompañadas por una demostración física de las mismas, la besó, la acarició y hundió su mano en la entrepierna de ella en busca del centro de su placer.

—Matt…

—Déjate llevar, cariño —le susurró él estimulándola con más presión y velocidad—. Quiero oírte gemir, quiero que te deshagas entre mis brazos.

Matt no tuvo que insistir mucho más, Gisele se dejó llevar y alcanzó el orgasmo gritando el nombre de Matt, un grito que él ahogó con un apasionado beso. Se quedaron en silencio hasta que Gisele recobró la respiración y se colocó a horcajadas sobre Matt.

—Necesito sentirte dentro —le susurró con un hilo de voz al mismo tiempo que se empalaba lentamente.

Gisele quiso llevar el control de la situación y aceleró el ritmo de las embestidas, pero Matt se lo impidió y la agarró por la cintura para suavizar el ritmo. No quería un polvo rápido, quería hacerle el amor. Gisele se percató de su intención y lo complació, pues ella también anhelaba hacer el amor de aquella manera tan tierna y delicada. Ambos se dejaron llevar y juntos alcanzaron el clímax. Matt la abrazó con fuerza, estrechándola contra su cuerpo, cerró los ojos y le confesó en un susurró:

—Me encantaría quedarme así para siempre.

—Y a mí también —se oyó decir Gisele.

—El agua se está enfriando, deberíamos salir, secarnos y seguir con esto en la cama.

Dicho y hecho. Pocos minutos después, ambos estaban abrazados en la cama, profiriéndose besos y caricias, haciendo el amor apasionadamente y dejándose llevar por el deseo que les hacía arder de pasión.

—Duérmete cariño, mañana nos espera un pequeño viaje para disfrutar de nuestro anticipo de luna de miel y quiero que estés descansada.

—Unos días a solas y sin nada qué hacer, te vas a aburrir conmigo —bromeó Gisele.

—Te aseguro que no me voy a aburrir contigo, preciosa —le susurró Matt estrechándola contra su cuerpo para pegarla aún más a él—. Ahora duérmete, ya tendremos tiempo de continuar por donde lo hemos dejado cuando lleguemos a nuestro destino.

—Un destino que no me vas a revelar —adivinó Gisele.

—Es una sorpresa, mañana lo descubrirás —sentenció Matt. La besó en los labios con dulzura y añadió—: Buenas noches, señora Spencer.

—Buenas noches, amado esposo —le respondió Gisele siguiéndole el juego antes de dormirse.

Cita 161.

“Se te hizo fácil olvidarme, reemplazar las horas y los recuerdos, reinventar caricias en otros labios. Pero ya me acostumbré a esto de no hablarte, a no insistir. Te olvido de a poco, pero a veces suelo ser tan frágil como el llanto y te extraño.”

Gabriel García Márquez. 

Hasta que el contrato nos separe 35.

Tras firmar los documentos que acreditaban el recién matrimonio, Matt y Gisele salieron de la iglesia agarrados de la mano, seguidos por las damas de honor, el padrino y la madrina. Leonor, al igual que Elsa, estaba muy emocionada, no había dejado de llorar de felicidad al ver a su hijo contraer matrimonio con una persona tan buena y sencilla como era Gisele, a quien ya consideraba como a su propia hija. Kelly, Sarah, Jason, Tyler y Ben también estaban eufóricos y encantados con el enlace entre Matt y Gisele.

— ¿Preparada para salir ahí fuera como la señora Spencer? —Le preguntó Matt a Gisele.

Ella asintió con la cabeza, agarrando con fuerza la mano de Matt. Él la besó en los labios y la estrechó brevemente entre sus brazos antes de salir de la iglesia. En cuanto traspasaron el umbral de la puerta, les cayó una lluvia de pétalos acompañada por un ¡viva los novios! de todos los invitados que esperaban a las puertas de la iglesia para felicitar a los novios.

Durante más de veinte minutos, la pareja se sumergió en un sinfín de felicitaciones y abrazos por parte de familiares y amigos, pero Matt no soltó a Gisele en ningún momento. Ella estaba nerviosa, le apretaba la mano con fuerza para que no la soltara y él no pudo ni quiso despegarse de su lado.

Cuando se subieron a la limusina para dirigirse al banquete, Matt envolvió a Gisele entre sus brazos, la besó con ternura en los labios y le preguntó en un susurro:

— ¿Estás bien, Gisele?

—Mejor y más tranquila desde que te he visto —le confesó—. Por cierto, tienes que contarme por qué nadie te llama Mathew.

—No me gusta.

—A mí tampoco me gusta que me llames Gisele, ¿por qué no me llamas Gis? —Le replicó.

—Porque tienes un nombre precioso y me encanta llamarte así —sentenció Matt sin opción a réplica. La besó en los labios y le susurró al oído—: También te llamo preciosa y cariño.

Gisele se dejó abrazar por Matt, con él se sentía cómoda, segura y en paz. Él era su templo, su lugar sagrado, con él podía refugiarse del mundo entero. Y una vez más, supo que se había enamorado perdidamente de Matt pero decidió seguir disfrutando del momento sin preocuparse del futuro. Ya lloraría después, pero ahora quería reír y ser feliz.

—Estás muy callada, espero que no te estés arrepintiendo tan pronto de haberte casado conmigo —bromeó Matt.

—Estoy en paz cuando estoy contigo, me transmites serenidad —confesó Gisele.

—Podemos saltarnos el banquete e irnos a nuestra mini luna de miel un día antes.

—No podemos hacer eso, ¡nos matarían! —Exclamó ella riendo ante la ocurrencia de su marido—. Me temo que un día más de mini luna de miel no nos recompensará una vida de reproches por parte de la familia y amigos.

Gisele se arrepintió de utilizar aquellas palabras en el mismo momento en que salieron de su boca. No pasaría una vida con Matt, tan solo pasaría con él un año.

—El resto de nuestra vida… —repitió Matt pensativo y añadió dejando completamente descolocada a Gisele—: Al sacerdote le ha faltado decir eso de hasta que la muerte nos separe, ¿no crees?

—O, en nuestro caso, hasta que el contrato nos separe —le corrigió Gisele sin darse cuenta y, una vez más, se arrepintió de utilizar esas palabras.

—Falta mucho para eso —le susurró Matt pensando en que, transcurrido ese tiempo, habría logrado enamorarla y que quisiera pasar el resto de su vida con él—. De momento, vamos a disfrutar del día de nuestra boda.

Gisele estuvo completamente de acuerdo con Matt, lo mejor era no pensar en el futuro, vivir el presente y afrontar el problema cuando llegara el momento. En un año podían pasar muchas cosas, podían enamorarse, odiarse o simplemente sentir indiferencia el uno por el otro. Torturarse pensando en lo que podía ocurrir no tenía ningún sentido y tampoco solucionaba nada.

—Ya hemos llegado —anunció Matt cuando la limusina se detuvo.

Gisele miró a través de la ventanilla y sonrió al ver dónde se encontraban. Matt había decidido celebrar el banquete de boda en la masía y ella sabía que era un detalle muy especial, pues la masía era su lugar sagrado.

—Pensé que te gustaría que lo celebráramos aquí.

—Has acertado —le confirmó Gisele emocionada y le plantó un beso en los labios.

Todos los invitados ya habían llegado, la limusina había dado un buen rodeo para que así fuera y pudieran recibir a los novios.

Matt ayudó a Gisele a bajar del vehículo, la miró de arriba abajo con una amplia sonrisa en los labios y le susurró al oído antes de besarla en los labios:

—Siempre estás preciosa, pero hoy estás impresionante.

—Es por el vestido, me siento princesa por un día —bromeó Gisele, notablemente nerviosa.

—Siempre vas a ser mi princesa —susurró Matt con la voz ronca mientras la estrechaba entre sus brazos. La agarró de la mano y, tirando de ella para entrar en la masía, añadió—: Es hora de disfrutar del banquete.

—Estoy deseando disfrutar de la noche de bodas —le susurró Gisele para provocarle.

—Cariño, si vuelves a provocarme te secuestro y te quedas sin banquete de boda —le advirtió Matt siguiéndole el juego.

—Si me secuestras, ¿sería para adelantar la noche de bodas?

— ¡Menudo peligro tienes! —Se rio divertido—. Será mejor que entremos o toda la agencia vendrá a buscarnos.

Una vez más, la pareja de recién casados fue recibida entre aplausos, vítores y felicitaciones en cuanto pusieron un pie en la masía. Todo el mundo quería hablar con el novio y la novia, pero Jason y Sarah les echaron una mano y llevaron a los invitados al salón principal, donde se celebraría el banquete. Los invitados se sentaron en el lugar donde se encontraba la tarjeta con su respectivo nombre y los recién casados se sentaron en el centro de la mesa presidencial acompañados por Leonor, Sarah, Jason, Kelly, Tyler y Ben.

Los camareros comenzaron a servir la bebida y a llenar las copas de los invitados. Jason esperó a que todo el mundo tuviera su copa llena para ponerse en pie y, tras llamar la atención de todos los allí presentes, se dispuso a hacer el primer brindis:

—Creo que, como padrino de los novios, me corresponde hacer un brindis y, teniendo en cuenta lo que se bebe en las bodas, prefiero hacerlo cuanto antes —bromeó haciendo reír a todos los invitados—. Lo primero que quiero hacer es felicitar a Matt y a Gis por su matrimonio. Sinceramente, cuando Matt me dijo que le iba a proponer a Gis que se casara con él, pensé que estaba loco. Apenas hacía unos meses desde que se conocían, pero lo cierto es que se compenetran y se complementan a la perfección, es evidente que están hechos el uno para el otro. De hecho, si os fijáis, ni siquiera pueden estar un par de minutos sin tocarse —dijo Jason haciendo reír a carcajadas a los invitados—. El caso es que, desde que Matt conoció a Gis, está menos gruñón y eso, los que trabajamos con él y le soportamos, lo agradecemos. Así que no puedo decir más que ¡viva los novios!

Jason recibió un aluvión de aplausos y también una mirada más que significativa por parte de Matt, que terminó sonriendo al comprobar que sus manos agarraban a Gisele por la cintura con verdadera necesidad. Gisele sonrió divertida ante el discurso y el brindis de Jason, pese a que todo formaba parte de una patraña, en realidad Jason no había dicho ni una sola mentira.

—No te preocupes, no le dejaremos hablar más —le susurró Matt a Gisele, refiriéndose a Jason, para hacerla sonreír.

Tras el brindis de Jason, los familiares y los amigos más cercanos también quisieron dedicar unas palabras a los recién casados.

—Gis es como la hermana que nunca tuve, la quiero más que a mi propia vida y así se lo hice saber a Matt cuando le conocí —dijo Sarah arrancando más de una carcajada a todos los invitados—. Pero lo cierto es que jamás he visto a Gis tan feliz como lo es con Matt así que solo puedo darles mis bendiciones y pedirles que me den sobrinitos pronto.

Matt se rio de la broma de Sarah como todo el mundo, pero a Gisele le cambió la cara. Siempre había deseado ser madre, pero nunca se lo había planteado en su relación con Matt, al fin y al cabo, su matrimonio solo era una parodia. Se reprendió mentalmente por pensar en aquello en ese preciso momento. Se había propuesto disfrutar durante un año de Matt y preocuparse de lo que ocurriría después cuando llegara el momento.

—Por la cara que ha puesto Gis, me parece que no vamos a tener sobrinitos pronto —se mofó Kelly.

—Acaban de casarse, ya tendrán tiempo de pensar en niños más adelante —Elsa se apiadó de Gisele y salió en su ayuda.

Los discursos continuaron con Kelly, Leonor, Elsa, Tyler y Ben que, con tono guasón, advirtió públicamente a Matt que si dejaba escapar a Gisele, él estaría allí para enamorarla.

Esta vez, fue la cara de Matt la que se convirtió en un poema. Él mismo había sido testigo de la complicidad que existía entre Ben y Gisele y, aunque sabía que entre ellos no había más que una buena amistad, no podía evitar sentir un poco de envidia de aquella relación.

—Estoy deseando que llegue esta noche, cuando estemos solos tú y yo y pueda estrecharte entre mis brazos —le susurró Matt a Gisele cuando acabaron con los brindis y los camareros comenzaron a servir la comida—. No te imaginas cuánto lo he echado de menos.

—Has estado sin mí poco más de doce horas, ¿qué harás cuando tengas que marcharte de la ciudad unos días? —Bromeó Gisele.

— ¿Por qué voy a marcharme unos días de la ciudad? —Le preguntó Matt visiblemente molesto.

—Me dijiste que viajabas mucho por trabajo y hasta ahora no has viajado, pensé que sería por todo lo que ha pasado últimamente, la boda,… —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Desde que te conocí he evitado viajar —reconoció Matt—, no me gusta dejarte sola y sólo lo haré cuando no me quede elección.

—No quiero condicionar tu vida ni tu trabajo, Matt…

—Y no lo haces, pero ahora tú te has convertido en mi prioridad absoluta —le aseguró—. Casi me vuelvo loco sin ti en doce horas, no quiero pensar qué pasaría si tengo que pasar un día entero sin ti. Otra vez no —añadió recordando los dos días que estuvieron separados cuando celebraron la despedida de soltera.

La intensa mirada de Matt aturdió a Gisele, que agradecía en silencio el estar sentada en ese momento mientras trataba de asimilar las palabras de Matt.

— ¿Qué le has dicho a Gis? ¡Mira qué cara tiene, pobre! —Le recriminó Leonor a su hijo al ver el gesto de contrariedad de Gisele—. Cielo, ¿estás bien?

Gisele estaba emocionada y la intervención de Leonor no la ayudaba a serenarse. Estaba viviendo una vida que no era real y le horrorizaba pensar que estaba engañando a todas aquellas personas que brindaban por su felicidad, que la habían acogido con los brazos abiertos y que se habían convertido en parte de su familia.

—Matt me ha dicho que si tenemos un hijo quiere llamarle Quasimodo —le respondió Gisele a Leonor, tratando de arreglarlo metiéndose en su papel—. ¿Te lo puedes creer?

Matt estalló a reír a carcajadas, abrazó a Gisele colocándola sobre su regazo y la besó apasionadamente sin importarle que todos les miraran y les vitorearan.

—Vas a volverme loco —le susurró Matt con la voz ronca.

— ¡Dejad algo para la noche de bodas! —Gritó uno de los invitados provocando las risas de todo el mundo, incluida la de los recién casados.

Cita 160.

“Conservar algo que me ayude a recordarte, sería admitir que te puedo olvidar.”

William Shakespeare. 

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