mesdiciembre 2018

Cita 155.

“Todo viaje encierra la posibilidad de llevarnos más allá de los límites de la mente hasta el asiento profundo del corazón.”

Deepak Chopra. 

Hasta que el contrato nos separe 29.

Pocos minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a la puerta del hotel y, tras pagar al taxista, se bajaron del vehículo y entraron en el hotel. Con el brazo alrededor de la cintura de Gisele para estrecharla contra su cuerpo, se dirigió hacia la recepción del hotel para pedir una habitación. Gisele ni siquiera prestó atención a aquella conversación, tan solo se mantuvo abrazada a Matt, le había echado muchísimo de menos, mucho más de lo que jamás hubiera podido imaginar. Mientras subían en el ascensor a la habitación, Matt le preguntó con la voz ronca y mirándola a los ojos:

— ¿Me has echado de menos?

—Muchísimo —afirmó Gisele y, solo para provocarle, añadió divertida—: Aunque tengo que reconocer que ha sido más fácil de sobrellevar viendo cómo se desnudaba el stripper policía.

Matt la miró con el ceño fruncido, no le gustaba imaginarse a Gisele entre los brazos de un stripper y no quiso pensar en ello.

—Prefiero que no me cuentes nada de lo del stripper —bufó visiblemente molesto.

—Ni siquiera le toqué —le aseguró Gisele apiadándose de él. El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron en el vestíbulo de la última planta. Recorrieron el pasillo hasta llegar a su habitación y, una vez dentro, Gisele le besó en los labios y le susurró—: Gracias por venir.

Gisele estaba emocionada. Matt no solo había pagado su despedida de soltera, sino que también había cumplido su promesa y había ido a la capital en cuanto ella se lo había pedido. No podía negar que Matt era una buena persona, detallista, cariñoso, tierno… Suspiró pensando en la cantidad de adjetivos buenos que le describían.

—Siempre cumplo mis promesas —le susurró Matt. Se deshizo de su traje y acto seguido hizo lo mismo con el vestido de Gisele, quedándose ambos en ropa interior. Se tumbó en la cama, arrastrándola con él, y la envolvió entre sus brazos—. ¿Te has divertido este fin de semana?

—Me lo he pasado genial, nos hemos reído mucho, hemos disfrutado de la comida del mejor restaurante de la capital, de una tarde en el SPA con masajes incluidos, bebido y también bailado, no me puedo quejar.

—No te olvides del stripper —le reprochó Matt.

—Prefiero recordar este momento.

—Gisele, ¿va todo bien? —Le preguntó Matt, que notaba a Gisele un poco distinta, perdida en sus propios pensamientos—. Si ocurre algo…

—Todo va bien —le aseguró. Y, cambiando de tema, añadió—: He estado pensando en escaparnos un par de días a la montaña, refugiarnos en una pequeña cabaña y acurrucarnos frente al fuego de una chimenea. Me apetece mucho salir de la ciudad un par de días y, aunque sé que tú tienes trabajo y yo tengo que estudiar, había pensado en hacerlo allí, lejos del estrés y la presión.

—Me parece una idea estupenda, yo también había pensado en escaparnos el próximo fin de semana —sonrió satisfecho y le dio un leve beso en los labios—. Han sido un par de meses muy intensos, has estado sometida a mucho estrés y nos vendrá bien despejarnos un poco.

—En un mes nos casaremos, después vendrá Navidad y luego los exámenes de final de semestre, todavía nos esperan un par de meses más de locura.

—Pero después disfrutaremos de una larga luna de miel solos tú y yo, sin interrupciones.

—Eso suena tan bien que no soy capaz de creérmelo —bromeó Gisele—. Por cierto, no me has hablado de tu despedida de soltero, ¿lo has pasado bien?

—Me temo que no ha sido tan divertida como la tuya, tan solo hemos ido a cenar y estábamos a punto de ir a tomar una copa cuando me has enviado el mensaje.

— ¿No te han llevado a un local de striptease?

—No, yo solo quiero ver desnuda a mi futura mujer.

—Entonces, ¿por qué no me terminas de desnudar?

Matt mostró su sonrisa más seductora y comenzó a besarla lentamente en los labios, descendió por su cuello al mismo tiempo que deslizaba los tirantes del sujetador por sus brazos y lo desabrochaba. Besó y acarició cada centímetro de su piel, adorándola y dejándose adorar por ella. Hicieron en amor apasionadamente, pero también con una ternura y una conexión especial entre ellos.

Durmieron abrazados toda la mañana. Matt se despertó a media mañana pero no quiso despertar a Gisele, así que se quedó con ella en la cama, disfrutando de aquel momento. Cuando Gisele abrió los ojos, Matt le dio los buenos días con una amplia sonrisa en los labios y ella le respondió tumbándose sobre él y ronroneándole al oído:

—Quiero sexo soñoliento, Matt.

—Te daré todo lo que me pidas, cariño —le susurró Matt antes de hundirse en ella lentamente y hacerle el amor.

A Gisele no le pasó por alto la ternura con la que Matt la trataba, ni tampoco que había dejado de llamarla Gisele para llamarla cariño cuando estaban a solas. Además, había podido confirmar lo detallista que era, siempre estaba pendiente de ella y dispuesto a hacer cualquier cosa para complacerla.

—Mm… ¿Nos podemos quedar así para siempre? —Ronroneó Gisele estrechándose contra el cuerpo de Matt.

—No creo que sea posible, en un par de horas Jason y Sarah vendrán a buscarnos, tendremos que regresar a casa y, una vez allí, podremos meternos en la cama y continuar donde lo dejemos.

Efectivamente, Jason y Sarah llegaron al hotel un par de horas más tarde, con el equipaje de Gisele. Jason y Matt bajaron al restaurante del hotel a esperar a las chicas mientras Gisele se daba una ducha rápida y se ponía al día con Sarah.

— ¿Qué tal te lo has pasado con Jason?

—Con él siempre me lo paso genial, es el tipo de hombre que siempre me ha parecido perfecto, es divertido, extrovertido, apasionado,…

—Y te tiene completamente enamorada —intervino Gisele.

—Me gusta, pero no hay nada serio entre nosotros. Nos vemos de vez en cuando y lo pasamos bien juntos, pero no hay ningún compromiso.

— ¿Te gustaría que lo hubiera?

—Vivimos en distintas ciudades y todo el mundo sabe que las relaciones a distancia no funcionan. Además, no creo que a él le interese una relación estable.

—Kelly dijo que Jason no era ningún mujeriego —le recordó Gisele.

—No me hagas pensar en ello, Gis —le rogó Sarah haciendo un mohín—. No estoy preparada para asimilar lo que siento por él, estoy demasiado confusa.

—Pues deberías empezar a planteártelo, cada vez que os veis acabáis pasando la noche en la misma cama.

—Créeme si te digo que no puedo evitarlo, pero Jason tiene algo que me hechiza, hace que pierda la capacidad de razonar con coherencia.

—Sé a qué te refieres —le aseguró Gisele—, me ocurre lo mismo con Matt.

—Matt te adora, jamás había visto a un hombre tan enamorado como él lo está de ti —le aseguró Sarah—. Te cuida mucho y a ti se te ve muy feliz con él.

—Lo soy, aunque todo ha sido tan rápido que todavía lo estoy asimilando.

Media hora más tarde y después de varias confesiones, Gisele y Sarah salieron de la habitación y se reunieron en el restaurante con Matt y Jason, que las recibieron con una amplia sonrisa al verlas llegar. Gisele se sentó a la mesa junto a Matt, él no pudo contener las ganas de besarla y le plantó un beso de película sin importarle ser el centro de atención del restaurante del hotel.

—Por favor, ¿es que no habéis tenido suficiente tiempo de daros el lote en la habitación y seguís haciéndolo en el restaurante? —Les reprochó Sarah con tono burlón.

— ¿Tú también quieres un besito, muñeca? —Bromeó Jason agarrando a Sarah por la cintura para acercarla a él y dejar sus labios a escasos milímetros de los de ella.

Sarah recorrió el espacio que los separaba y le dio un leve beso en los labios que acompañó con un susurro para que solo Jason le escuchara:

—Solo un besito, o acabarás enamorándote de mí.

Ya era tarde para eso, Jason ya se había enamorado de ella y le plantó un beso en la boca, esta vez con verdadera pasión.

—Al final nos echarán del hotel por escándalo público —bromeó Gisele.

Entre bromas, besos y acaricias, los cuatro disfrutaron de un gran almuerzo antes de dirigirse al aeropuerto, donde se reunieron con Kelly y Tyler.

—Deberías ir haciéndote a la idea de que Tyler será tu futuro cuñado —le dijo Jason a Matt, mofándose.

Todos se echaron a reír, incluidos Tyler y su hermana Kelly. Pero Matt, que apreciaba a Tyler y estaba encantado de que fuera su cuñado, también le encantaba provocarle para fastidiarle un poco y no pudo quedarse callado:

—No os hará cuando mi madre exija conocer al responsable de las salidas nocturnas de Kelly.

Esta vez, rieron todos excepto la pareja aludida. Kelly se ruborizó, a ella no le importaba decirle a su madre que salía con Tyler, pero temía que él no estuviera preparado y se asustara. Sin embargo, Tyler sí estaba preparado para conocer oficialmente a su suegra, pese a que ya conocía a Leonor, pero la inseguridad de Kelly le hizo dudar y pensó que quizás Kelly necesitaba más tiempo para hacer oficial la relación.

—Gis, te voy a echar muchísimo de menos —reconoció Sarah abrazando con fuerza a su amiga.

—Nos veremos en la boda dentro de un mes y pasaremos juntas la Navidad —le recordó Gisele tratando de animarla.

—Y puedes venir a casa siempre que lo desees, Sarah —añadió Matt, tratando de animar a las dos amigas.

—Y si no quieres quedarte en casa de la parejita feliz, siempre puedes quedarte en la mía —le dijo Jason con una amplia sonrisa en los labios.

Se despidieron de Sarah y, con gran pesar, subieron al avión para regresar a casa. Gisele pasó de la felicidad a la nostalgia en pocos minutos y Matt trató de consolarla estrechándola contra su cuerpo y acunándola en su regazo.

Cita 154.

“Dame ilusión, esperanza, ganas de vivir y no me olvides.”

Frida Kahlo. 

Hasta que el contrato nos separe 28.

Las chicas se quedaron dormidas en el enorme sofá del salón y se despertaron a mediodía. Gisele ni siquiera se había tomado un café cuando su teléfono móvil comenzó a sonar y no tuvo que mirar la pantalla para saber que se trataba de Matt. Sonrió de forma automática, ese era el efecto que causaba en ella, y respondió aún medio dormida:

— ¿Sí?

—Supongo que debo darte los buenos días —bromeó Matt—. ¿Te he despertado?

—No, pero por poco.

— ¿Una noche divertida?

—Una gran noche —le confirmó Gisele—. Nos quedamos en el apartamento de Sarah, bebiendo vino y contándonos confidencias. ¿Y tú? ¿Qué has estado haciendo?

—He aprovechado para adelantar trabajo en la agencia, así podré tomarme el próximo fin de semana libre, te tengo preparada una sorpresa.

—Me estás malcriando —le advirtió Gisele.

—Me encanta malcriarte —le susurró con la voz ronca—. Y esta noche cenaré con los chicos, han insistido en celebrar mi despedida de soltero.

—Te vendrá bien divertirte un poco, trabajas demasiado.

—Hubiese preferido divertirme contigo —reconoció Matt—, pero tendré que conformarme con llamarte esta noche.

—Estaré esperando tu llamada —le respondió Gisele antes de despedirse y colgar.

Gisele se dirigió a la cocina para desayunar con las chicas y se sentó en uno de los taburetes mientras Sarah preparaba tres tazas de café con leche.

— ¿Era Matt? —Le preguntó Kelly. Gisele asintió con un leve gesto de cabeza y Kelly añadió divertida—: Tyler me ha dicho que Matt está insoportable, no le sienta bien separarse de ti.

—La verdad es que yo también le echo de menos —confesó Gisele.

—Déjate de lamentos, tenemos cita en el SPA y no quiero perderme los masajes —le replicó Sarah—. Esta noche iremos a bailar y a tomar unas copas, necesitamos recargar energía.

Pasaron el resto del día en el SPA, recibiendo masajes y tratamientos corporales, disfrutando de la sauna y de los baños turcos. Fueron unas horas de absoluto relax, pero Gisele no consiguió dejar de pensar en Matt en ningún instante.

Por la noche, las chicas llevaron a Gisele a un restaurante que ofrecía espectáculo con la cena y, como no podía ser de otra manera, un stripper vestido de policía se desnudó antes ellas y un grupo pequeño de chicas que también celebraban una despedida de soltera. Gisele era demasiado tímida y trató de esconderse para pasar desapercibida entre el resto de chicas, pero a Sarah no le importaba ser el centro de atención sentada en el regazo de aquel stripper.

—Uff, no sé si serán las copas o la falta de sexo, pero no me importaría pasar la noche con el supuesto policía —comentó Sarah entre risas cuando salieron del restaurante.

—Yo ni siquiera me acuerdo de la última vez que tuve sexo y, por si fuera poco, Tyler parece que tampoco va a ponérmelo fácil—se lamentó Kelly.

—Pues yo sí y estoy deseando repetirlo —les dijo Gisele sonriendo.

—Se acabó. Esta noche es para divertirnos, bailar y olvidarnos de los hombres —sentenció Sarah—. Esta noche no quiero saber nada de ellos.

Se subieron a un taxi y se dirigieron a un pub para seguir con la fiesta. Sarah se ofreció para ir a buscar las copas y Sarah la acompañó para ayudarla mientras Gisele se encargaba de buscar un sitio en el que sentarse en la zona chill-out. Encontró un sofá libre en una esquina y se sentó allí a esperar a las chicas. Sacó su teléfono móvil del bolso y vio que tenía una llamada perdida de Matt. Dudó en llamarle o enviarle un mensaje, pero finalmente decidió devolverle la llamada más tarde y disfrutar de aquella noche con las chicas.

Kelly y Sarah se sentaron junto a ella cinco minutos después y, por enésima vez aquella noche, brindaron de nuevo. Animadas por el ambiente, la música y las copas de más, bailaron entre risas y cachondeo y continuaron bebiendo.

—Creo que me estoy haciendo mayor —bufó Kelly dejándose caer en el sofá del chill-out.

—Pues yo creo que mañana tendré una resaca horrible, no recuerdo la última vez que bebí tanto —comentó Sarah antes de dar otro trago a su copa. Se volvió hacia Gisele y le preguntó sonriendo—: ¿Qué tal te lo estás pasando?

—Genial, gracias por haber organizado un fin de semana perfecto —le agradeció—. Aunque no deberíais haber gastado tanto dinero.

—Esa parte agradécesela a Matt, no quería que te faltara nada en este fin de semana —se le escapó a Sarah sin darse cuenta.

Gisele se sintió fatal. Matt había pagado su despedida de soltera y ella había ignorado su llamada. Bebió un trago de su copa y, tras excusarse para ir al baño, cogió su bolso y se alejó de ellas. Quería llamar a Matt, pero finalmente optó por enviarle un mensaje: “Te echo de menos, me encantaría que estuvieras aquí.” Recibió un mensaje de Matt al instante: “Solo tienes que pedirme que vaya y estaré junto a ti en poco más de una hora.” Gisele no lo dudó ni un segundo y contestó: “Quiero que vengas, no quiero dormir otra noche sola.” Un segundo después, Matt la estaba llamando.

—Matt —ronroneó Gisele nada más descolgar.

— ¿Seguro que quieres que vaya a la capital?

—Completamente.

—Pues ya estoy de camino, preciosa —le respondió Matt—. Aunque, como podrás suponer, no voy solo. Jason y Tyler me acompañan.

—Mientras no se metan en la cama con nosotros… —bromeó Gisele.

—Puede que a ti no te importe, pero a Kelly y a Sarah…

—Lo descubriremos cuando lleguéis —le interrumpió.

— ¿No saben que estás hablando conmigo?

—Si les hubiera dicho que tenía intención de llamarte o escribirte un mensaje, me hubieran quitado el teléfono y no hubiera podido hablar contigo —se excusó Gisele.

—Envíame la ubicación del lugar donde estáis y vuelve con las chicas. Sigue disfrutando de la noche y, antes de que te des cuenta, estaré estrechándote entre mis brazos —le dijo Matt en un susurro para que los chicos no le escucharan—. Hasta dentro de un rato, cariño.

—Hasta dentro de un rato —susurró Gisele antes de colgar y regresar junto a Kelly y Sarah como si nada hubiera pasado.

Matt les dijo a los chicos que la despedida de soltero se había terminado y que se iba a la capital. Les contó que pensaba presentarse en el pub donde estaban las chicas y pasar el resto de la noche con Gisele.

—Si queréis, podéis acompañarme —les invitó.

—Es su despedida de soltera, ¿no crees que se lo tomarán mal? —Le advirtió Tyler, aunque en el fondo se moría de ganas de ver a Kelly.

—Solo hay una manera de saberlo, averigüémoslo —sentenció Jason, que no pensaba dejar escapar la oportunidad de volver a ver a Sarah.

—Id vosotros y divertíos, yo me ocupo de la agencia mañana —se ofreció Ben.

Una hora más tarde, Gisele, Kelly y Sarah seguían bebiendo, riendo y bailando. Gisele estaba ansiosa, no dejaba de mirar disimuladamente hacia a la puerta, esperando que en cualquier momento Matt entrara en el pub y le dedicara una de sus seductoras sonrisas. Justo en el momento que se puso de espaldas a la puerta para coger su copa y beber un trago, Matt entró en el pub acompañado por Jason y Tyler. Aprovechando que estaba de espaldas, Matt se acercó a Gisele y la abrazó desde atrás, pegándola a su cuerpo.

—Mm… No te imaginas cuánto he echado de menos tus abrazos —susurró Gisele, a quien no le hizo falta girarse para saber que era Matt quién la abrazaba.

—No voy a dejar de abrazarte en toda la noche —la complació Matt.

— ¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí? —Les reprochó Sarah—. Se supone que esto es una despedida de soltera y no estabais invitados.

—Demasiado tiempo lejos de mi futura esposa, no he podido resistirme —se justificó Matt sin dejar de abrazar ni besar a Gisele.

— ¿Es que no te alegras de verme, muñeca? —Le preguntó Jason a Sarah.

—Podré contestarte a eso mañana, tienes toda la noche para convencerme —le respondió Sarah con un descaro que volvió loco a Jason.

—Gisele y yo nos vamos a un hotel —anunció Matt.

—Pero tengo todas mis cosas en el apartamento de Sarah —protestó Gisele.

—Sarah y yo te llevaremos todas tus cosas mañana, no te preocupes —le aseguró Jason.

—Nosotros también nos vamos, nos reuniremos con vosotros mañana en el aeropuerto para regresar a casa —decidió Kelly con seguridad, refiriéndose a ella y a Tyler. Se volvió hacia a Sarah y añadió—: Os acompañamos al apartamento a recoger mis cosas y después nos marchamos y os dejamos a solas.

—Hay habitaciones de sobra, podéis quedaros en el apartamento —les invitó Sarah.

—Te lo agradecemos, pero quiero a mi futura esposa solo para mí esta noche y no quiero que nadie nos interrumpa —rechazó Matt la oferta de Sarah.

—No te preocupes, ni siquiera estaremos en el mismo hotel —le dijo Kelly.

Matt lanzó una mirada de advertencia a Tyler, no le hacía ninguna gracia que pasara la noche con su hermana en un hotel. Gisele le dio un codazo a Matt para que se relajara y no interfiriera en la vida de su hermana, sobre todo porque sabía que las intenciones de Tyler eran buenas y Kelly necesitaba dar ese paso más en la relación.

—Nos vemos mañana, disfrutad de lo que queda de noche —se despidió Gisele tirando del brazo de Matt para marcharse de allí.

Salieron del pub y Matt detuvo a un taxi en la calle para que les llevara al mismo hotel donde se habían alojado cuando habían ido de visita a la capital.

Cita 153.

“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra es serlo.”

Sigmund Freud.

Hasta que el contrato nos separe 27.

Gisele estaba emocionada con esa escapada a la capital para celebrar su despedida de soltera. Echaba de menos a Sarah y deseaba pasar el fin de semana con ella y con Kelly, que se había convertido en una muy buena amiga. Además, una salida de chicas le vendría muy para desconectar de la universidad y de los preparativos de la boda que tanto la habían estado agobiando. Sin embargo, la idea de estar separada de Matt durante todo un fin de semana no le apetecía lo más mínimo. Y, cómo la gran romántica empedernida que era, se preguntó si Matt la echaría tanto de menos como ella a él.

—Gisele, ¿lo tienes todo preparado? —Le preguntó Matt sacándola de sus pensamientos.

Gisele miró en su maleta para confirmar que lo había guardado todo y asintió con un leve gesto de cabeza antes de cerrarla. Matt se acercó a ella y le rodeó la cintura con sus brazos, abrazándola desde atrás.

—Estás muy cariñoso —comentó Gisele divertida.

—Voy a estar todo el fin de semana sin ti y te voy a echar de menos —se justificó Matt susurrándole al oído—. Tenemos que salir ya, Sarah ha amenazado con matarme si llegabas tarde a tu despedida de soltera.

Matt le dio un leve beso en los labios, cogió la maleta de Gisele y se dirigió detrás de ella hacia el salón, donde les esperaba Kelly para dirigirse al aeropuerto y viajar a la capital para celebrar la despedida de soltera de Gisele.

—Intentad no meteos en líos pero, si lo hacéis, llamadme y estaré allí en una hora —le dijo Matt a Gisele antes de que subiera al avión. La besó durante un largo rato y, cuando logró separar sus labios de los de ella, añadió—: Diviértete, me gusta verte sonreír y últimamente sonríes poco.

—No estarás para verme sonreír —le recordó.

—Solo tienes que llamarme y estaré allí en una hora —le aseguró Matt.

—Puede que lo haga —le susurró antes de besarle y subir al avión con una sonrisa en los labios.

Matt sonrió satisfecho, con un poco de suerte sería un invitado más en aquella despedida de soltera y podría disfrutar de la compañía de Gisele. Pasar todo un fin de semana sin ella iba a ser complicado de sobrellevar, se había acostumbrado tan rápido a estar con ella que casi le parecía un drama.

Gisele se subió al avión con Kelly y volaron hacia la capital, donde Sarah las estaba esperando para iniciar el fin de semana de chicas.

— ¡Gis, Kelly! —Les gritó Sarah desde su coche cuando las vio salir por la puerta de la terminal del aeropuerto—. Venga, subid al coche.

Las chicas corrieron hacia Sarah al mismo tiempo que un policía se acercó a ella y le dijo:

—Señorita, no puede estacionarse aquí.

—Es un segundo, mis amigas ya están aquí —se excusó Sarah—. Solo será un segundo, por favor.

El policía abrió la boca para rechazar su petición, pero Gis y Kelly llegaron en ese momento y, tras meter el equipaje en el maletero, se subieron al coche con cara de no haber roto un plato en su vida, así que el policía finalmente suspiró y les rogó:

—Por favor, circulen.

Las chicas sonrieron y Sarah pisó el acelerador antes de que el policía decidiera cambiar de opinión y ponerle una multa.

— ¿Estás preparada para un fin de semana inolvidable? —Preguntó Sarah emocionada mientras Kelly bailaba sentada en su asiento.

—Me estáis dando miedo —se guaseó Gis, contagiada del buen humor de sus amigas.

—Vas a tener de todo, ya verás qué bien lo vamos a pasar, ¡va a ser una locura! —Exclamó Sarah riendo a carcajadas y haciendo reír a las otras dos.

—Antes de nada, nos vamos de compras, nos merecemos un capricho. Después iremos a comer al mejor restaurante de la capital —anunció Kelly, ciñéndose al plan.

Gisele frunció el ceño. ¿Compras y comida en un buen restaurante? Aquel no era un plan diseñado por Sarah ni tampoco por Kelly. Aquellas dos estaban demasiado locas para diseñar un plan tan tranquilo.

— ¿Qué pasa? ¿No te gusta el plan? —Le preguntó Sarah sin apartar la vista de la carretera.

—El plan me gusta, pero no es algo que hubiera esperado de vosotras dos —reconoció Gisele escrutándolas con la mirada—. Sé que me estáis ocultando algo.

—Relájate, vamos a pasar el día tranquilamente —le aseguró Kelly y añadió sonriendo a Sarah con complicidad—: Ya tendremos tiempo de desmelenarnos cuando llegue la noche.

Tras dejar las maletas en el apartamento de Sarah, las chicas pasaron la mañana recorriendo las mejores tiendas de la capital, comprando ropa, zapatos y mucha lencería. Gracias a la paga mensual de Matt, Gisele tenía bastante más dinero del que necesitaba, así que decidió tener un detalle con Matt y comprarle un regalo.

— ¿Qué puedo regalarle a Matt que le haga ilusión? —Preguntó Gisele mientras caminaban de una tienda a otra.

—Enciérrate con él en un dormitorio y ponte un lazo en la cabeza —bromeó Sarah.

—Hablo en serio, quiero regalarle algo especial, algo que realmente desee —insistió—. Él siempre tiene detalles conmigo, aunque no quiera reconocerlo, en el fondo es un romántico.

—A Matt le encanta perderse en su cabaña de las montañas —comentó Kelly tratando de ayudarla—, es un lugar bastante básico pero a él le encanta salir a pescar o sentarse frente a la chimenea. Siempre iba con mi padre pero, cuando murió, Matt continuó yendo solo.

—Parece un lugar demasiado especial, a lo mejor se toma mal que le lleve allí —tanteó Gisele.

—No es un lugar sagrado, pero siempre suele ir solo o con los chicos —le respondió Kelly y añadió encogiéndose de hombros—: A Matt le gusta el frío.

Gisele frunció el ceño. Matt siempre la había llevado a sitios cálidos en todas sus escapadas, incluidas las vacaciones.

—Seguiré pensándolo, quiero regalarle algo que le sorprenda.

—Espérale en el dormitorio completamente desnuda y con un lazo en la cabeza —insistió Sarah entre risas.

Gisele rodó los ojos con resignación, no conseguiría ayuda de sus amigas durante aquel fin de semana, pero siguió pensando en ello mientras iban de una tienda a otra. Descartó regalarle una escapada, ya le había robado demasiado tiempo. Pero anotó mentalmente que el destino de su próximo viaje o escapada sería a un lugar frío en el que pudieran acobijarse frente al calor de una chimenea.

Después de una mañana de compras, las chicas se dirigieron a un exclusivo restaurante en el que Sarah había reservado mesa.

— ¿No quieres saber qué tenemos planeado para después? —Le preguntó Sarah mientras comían.

— ¿Debo preocuparme? —Preguntó Gisele tratando de adivinar qué habían tramado aquellas dos.

—No tienes nada de lo que preocuparte, lo tenemos todo bajo control —le aseguró Kelly con una risilla traviesa.

—Hoy solo queremos cuidarte y darte un par de caprichos, puedes relajarte —la tranquilizó Sarah.

— ¿Y mañana?

—Mañana será un día diferente —le respondió con una sonrisa socarrona en los labios.

—Eso me deja mucho más tranquila —murmuró Gisele.

Almorzaron en el restaurante entre bromas y confesiones. Sin planearlo, Matt, Jason y Tyler estuvieron muy presentes en su conversación.

— ¿Qué tal te va con Tyler? —Quiso saber Sarah.

Kelly no tuvo ningún tapujo en contestar y se sinceró con las que ya eran sus mejores amigas.

—Bien, supongo —respondió encogiéndose de hombros. Gisele y Sarah la miraron esperando una explicación a esa respuesta tan poco convincente. Ella suspiró y añadió—: Llevamos un par de meses saliendo, hemos tenido varias citas y todo ha ido bien pero, en el momento de dar un paso más, él siempre se echa atrás.

— ¿Todavía no ha habido sexo entre vosotros? —Preguntó Sarah escandalizada.

—Sarah —le advirtió Gisele regañándola con la mirada. Se volvió hacia Sarah y, aunque nadie se lo había pedido, le dio su opinión—: Creo que Tyler está realmente interesado en ti y quiere ir despacio para que todo salga bien. Pero, si él no da el primer paso, quizá es porque espera que seas tú quién lo dé.

—Aunque sea por una vez, estoy de acuerdo con Gisele —la secundó Sarah.

—Está decidido, la próxima vez que le vea paso la noche con él sí o sí —decidió Kelly alzando su copa para brindar—: Por las mujeres decididas.

— ¡Por ellas! —Brindaron Sarah y Gisele.

Salieron del restaurante bien entrada la tarde y bastante achispadas. Se dirigieron directamente al apartamento de Sarah, dejaron las bolsas con las compras en el hall, abrieron una botella de vino y se acomodaron en el sofá para seguir charlando.

— ¿Qué hay entre tú y Jason? —Le preguntó Kelly a Sarah.

—Básicamente, atracción sexual.

—Mientes —la acusó Gisele—. ¿Hasta qué punto te gusta?

—Hasta el punto de dar gracias de no vivir en la misma ciudad que él —confesó—. Me gusta todo de él, nos compenetramos muy bien en la cama y fuera de ella, pero no es la clase de hombre con el que te casas y es mejor no enamorarse.

— ¿Por qué dices eso? —Le preguntó Kelly.

—Él mismo me confirmó que era un mujeriego.

—Jason no es ningún mujeriego, al igual que mi hermano tiene esa fama y no es para nada justificada —les defendió Kelly—. Todas esas modelos y actrices con las que asisten a fiestas y con las que se les relacionan son en realidad más trabajo para ellos, clientas de la agencia que a veces quieren dejarse ver con el director o el subdirector de la agencia.

Pasaron el resto de la tarde y parte de la noche charlando sobre los chicos y, cómo no, también sobre la inminente boda de Matt y Gisele.

Cita 152.

“No olvidemos que las pequeñas emociones son los capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin siquiera darnos cuenta.”

Vincent Van Gogh.

Hasta que el contrato nos separe 26.

Durante la visita de Sarah a la ciudad, Gisele escogió el vestido de novia, el ramo y los zapatos, pero todavía tenía que decidir muchas cosas más, entre ellas el lugar de celebración. Gisele se comenzó a agobiar, Leonor le había mostrado un sinfín de lugares que le gustaban, pero ninguno le resultaba especial. No encontraba el sitio idóneo para celebrar el enlace y comenzaba a desesperarse ella y desesperar a los demás.

Consciente del estrés y la presión a la que se estaba viendo sometida Gisele, Leonor decidió intervenir. Ella adoraba a su hijo, pero ya era hora de ponerle los puntos sobre las íes. Leonor se presentó por sorpresa en las oficinas de la agencia, dispuesta a hablar con su hijo.

—Mamá, ¿qué estás haciendo aquí?

—Tenemos que hablar.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó Matt preocupado, invitando a su madre a entrar en su despacho y cerrando la puerta después—. ¿Le pasa algo a Gisele?

—Es evidente, ¿acaso no te has dado cuenta?

— ¿A qué te refieres? —Exigió saber Matt a la defensiva.

—Cielo, Gisele es una mujer estupenda, es buena, cariñosa, humilde y generosa. Aunque me temo que le hace falta un poco más de carácter para lidiar contigo.

—Tengo mucho trabajo, ¿te importaría ir al grano?

—Has dejado toda la organización de la boda en manos de Gisele y está desbordada, Matt —le reprochó—. La veo muy agobiada con las clases, los estudios y la boda. En lugar de ser un momento maravilloso se está convirtiendo en una obligación para ella, quizás deberías involucrarte un poco más y apoyarla. Me da la sensación de que se siente bastante sola, no tiene familia y su mejor amiga ni siquiera vive en su misma ciudad.

— ¿Gisele te ha dicho eso?

—No, ella no dice nada. Se limita a esforzarse en sonreír y decir que todo va bien, pero es bastante obvio que no es así.

—Está bien, esta tarde me quedaré en casa con ella y nos distribuiremos las tareas para la boda.

—Eso no es lo que te estoy diciendo, Matt —le regañó Leonor—. Tienes que pasar más tiempo junto a ella e involucrarte en todo lo relacionado con la boda. ¿Sabes que Gisele ya ha comprado el vestido de novia?

—No, no me lo ha dicho.

—A eso me refiero —bufó Leonor—. Será mejor que te esfuerces si no quieres quedarte plantado en el altar.

Leonor, bastante molesta por la actitud de su hijo con su futura esposa, dio media vuelta y se marchó de allí sin darle un beso de despedida. Matt resopló con frustración, pero sabía que su madre tenía razón y decidió tomarse la tarde libre para estar con Gisele. Llamó a la puerta del despacho de Jason y, tras sentarse junto a él, le dijo:

—Voy a tomarme la tarde libre.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amigo? —Exclamó Jason mofándose.

—Mi madre me acaba de hacer una visita, ha venido para reprocharme que no me involucro con la organización de la boda y me ha regañado por dejar a Gisele encargándose de todo ella sola.

—La verdad es que tu madre tiene razón, no olvides que Gis no tiene familia y que su mejor amiga está a 350 kilómetros de distancia —le recordó Jason.

—Lo sé, por eso me voy a casa con ella —zanjó la conversación poniéndose en pie—. Llámame si surge cualquier cosa.

—Deja que yo me encargue de la agencia, tú encárgate de tu futura mujer si no quieres que te deje antes de casarte.

Matt sabía que Jason estaba bromeando pero no pudo evitar sentirse culpable, era la segunda vez en apenas una hora que le reprochaban que estaba dejando a Gisele sola. Todo aquel ajetreo la estaba estresando y él ni siquiera se había dado cuenta, pues apenas pasaba el rato con ella y cuando estaban juntos tan solo quería sentirla entre sus brazos.

—Gisele, ¿dónde estás? —Alzó la voz Matt al entrar en casa.

—Estoy aquí —respondió Gisele desde el salón. Matt entró en la estancia un par de segundos después y ella, preocupada, le preguntó—: ¿Qué ocurre?

—He decidido tomarme la tarde libre, últimamente apenas estamos juntos y a solas —le contestó él besándola en la frente y acomodándose junto a ella en el sofá—. ¿Estabas estudiando?

Gisele asintió, pero se apresuró en cerrar los libros y guardar los apuntes, no quería que darle ninguna excusa para que la dejara sola de nuevo.

—Mi madre ha venido a la agencia para regañarme, cree que estás agobiada por los estudios y los preparativos de la boda —comenzó a decirle Matt en un susurro al mismo tiempo que colocaba a Gisele en su regazo—. Y tiene razón, ni siquiera sabía que ya habías comprado el vestido de novia.

—No importa, sé que tienes mucho trabajo en la agencia —le excusó ella, pues no podía reprocharle nada, al fin y al cabo su relación formaba parte de un contrato.

—Sí que importa. A partir de ahora nos ocuparemos juntos de todo lo que tenga que ver con la boda —. La besó en los labios y añadió juguetón—: ¿No vas a decirme cómo es el vestido de novia que has comprado?

—No, tiene que ser una sorpresa —le respondió Gisele igual de juguetona—. Pero he comprado otra cosa que puedo enseñarte.

—Mm… Lo estoy deseando.

— ¿Te apetece que primero nos demos un largo baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le susurró Matt antes de cogerla en brazos y llevarla al dormitorio.

Matt entró en el baño de la habitación y abrió el grifo de la bañera para que se llenara de agua mientras ambos se desnudaban. Gisele esperaba que Matt iniciara la chispa que les hiciera estallar de deseo, pero él se limitó a meterse en la bañera sentándose detrás de ella y envolviéndola con sus brazos.

—Matt, ¿va todo bien?

—No podría ir mejor, preciosa —le aseguró él.

Gisele se dio media vuelta, se colocó a horcajadas sobre él y le susurró con un tono de voz más que sugerente:

—Sí que puede ir mejor.

Matt pretendía dejar el sexo en un segundo plano, quería demostrarle a Gisele que estaba con ella porque realmente así lo deseaba, no porque se le antojara un poco de sexo. Pero Gisele no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta y él no hubiera podido resistirse aunque hubiese querido.

Después de aquel baño, Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde en el dormitorio, abrazados sobre la cama y poniéndose de acuerdo en la toma de decisiones sobre la organización de la boda. Lo que más agobiaba a Gisele era la elección del lugar de la celebración y Matt se ofreció para encargarse de escogerlo y darle una sorpresa.

—Ya casi lo tenemos todo, solo queda mi traje de novio y el sitio donde celebrar la boda, pero de eso me encargo yo —concluyó Matt—. Aprovecharé para hacerlo el próximo fin de semana, cuando te vayas a la capital para celebrar tu despedida de soltera.

—Solo serán un par de días, ni siquiera te dará tiempo a echarme de menos —bromeó Gisele.

—Te aseguró que te echaré de menos —le confesó con la voz quebrada.

Gisele sospechaba que algo le ocurría a Matt y se abrazó a él para hacerle saber que ella estaba a su lado y le apoyaba. Lo que no sabía Gisele es que Matt todavía trataba de asimilar lo que estaba sintiendo por ella.

Durante el resto de la semana, Matt decidió trabajar desde casa por las tardes y así pasar más tiempo con Gisele. Elsa fue testigo del evidente cambio de humor de ambos, que radiaban felicidad cuando estaban juntos. Leonor también fue testigo del cambio de Gisele, que de nuevo sonreía constantemente y no se la veía tan preocupada.

Matt sabía que el fin de semana sin Gisele sería interminable y quería aprovechar todo el tiempo que podía para estar con ella.

— ¿Se puede saber qué te pasa? —Preguntó Gisele divertida al notar las manos de Matt por su cintura y su espalda mientras charlaba con Leonor.

—Está nervioso porque mañana nos vamos de despedida de soltera, lleva toda la semana amenazándome con matarme si te llevábamos a un local de striptease —se mofó Kelly.

—Tranquilo, yo solo tengo ojos para ti —le aseguró Gisele antes de besarle.

Matt confiaba en Gisele, pero no se fiaba ni un pelo de Sarah ni de su hermana Kelly, aquellas dos tenían la palabra peligro escrita en la frente.

Cita 151.

“Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo, como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria; y sus amigos podían solo leer el título.”

Virginia Woolf.

A %d blogueros les gusta esto: