Archivo | diciembre 2018

Hasta que el contrato nos separe 27.

Gisele estaba emocionada con esa escapada a la capital para celebrar su despedida de soltera. Echaba de menos a Sarah y deseaba pasar el fin de semana con ella y con Kelly, que se había convertido en una muy buena amiga. Además, una salida de chicas le vendría muy para desconectar de la universidad y de los preparativos de la boda que tanto la habían estado agobiando. Sin embargo, la idea de estar separada de Matt durante todo un fin de semana no le apetecía lo más mínimo. Y, cómo la gran romántica empedernida que era, se preguntó si Matt la echaría tanto de menos como ella a él.

—Gisele, ¿lo tienes todo preparado? —Le preguntó Matt sacándola de sus pensamientos.

Gisele miró en su maleta para confirmar que lo había guardado todo y asintió con un leve gesto de cabeza antes de cerrarla. Matt se acercó a ella y le rodeó la cintura con sus brazos, abrazándola desde atrás.

—Estás muy cariñoso —comentó Gisele divertida.

—Voy a estar todo el fin de semana sin ti y te voy a echar de menos —se justificó Matt susurrándole al oído—. Tenemos que salir ya, Sarah ha amenazado con matarme si llegabas tarde a tu despedida de soltera.

Matt le dio un leve beso en los labios, cogió la maleta de Gisele y se dirigió detrás de ella hacia el salón, donde les esperaba Kelly para dirigirse al aeropuerto y viajar a la capital para celebrar la despedida de soltera de Gisele.

—Intentad no meteos en líos pero, si lo hacéis, llamadme y estaré allí en una hora —le dijo Matt a Gisele antes de que subiera al avión. La besó durante un largo rato y, cuando logró separar sus labios de los de ella, añadió—: Diviértete, me gusta verte sonreír y últimamente sonríes poco.

—No estarás para verme sonreír —le recordó.

—Solo tienes que llamarme y estaré allí en una hora —le aseguró Matt.

—Puede que lo haga —le susurró antes de besarle y subir al avión con una sonrisa en los labios.

Matt sonrió satisfecho, con un poco de suerte sería un invitado más en aquella despedida de soltera y podría disfrutar de la compañía de Gisele. Pasar todo un fin de semana sin ella iba a ser complicado de sobrellevar, se había acostumbrado tan rápido a estar con ella que casi le parecía un drama.

Gisele se subió al avión con Kelly y volaron hacia la capital, donde Sarah las estaba esperando para iniciar el fin de semana de chicas.

— ¡Gis, Kelly! —Les gritó Sarah desde su coche cuando las vio salir por la puerta de la terminal del aeropuerto—. Venga, subid al coche.

Las chicas corrieron hacia Sarah al mismo tiempo que un policía se acercó a ella y le dijo:

—Señorita, no puede estacionarse aquí.

—Es un segundo, mis amigas ya están aquí —se excusó Sarah—. Solo será un segundo, por favor.

El policía abrió la boca para rechazar su petición, pero Gis y Kelly llegaron en ese momento y, tras meter el equipaje en el maletero, se subieron al coche con cara de no haber roto un plato en su vida, así que el policía finalmente suspiró y les rogó:

—Por favor, circulen.

Las chicas sonrieron y Sarah pisó el acelerador antes de que el policía decidiera cambiar de opinión y ponerle una multa.

— ¿Estás preparada para un fin de semana inolvidable? —Preguntó Sarah emocionada mientras Kelly bailaba sentada en su asiento.

—Me estáis dando miedo —se guaseó Gis, contagiada del buen humor de sus amigas.

—Vas a tener de todo, ya verás qué bien lo vamos a pasar, ¡va a ser una locura! —Exclamó Sarah riendo a carcajadas y haciendo reír a las otras dos.

—Antes de nada, nos vamos de compras, nos merecemos un capricho. Después iremos a comer al mejor restaurante de la capital —anunció Kelly, ciñéndose al plan.

Gisele frunció el ceño. ¿Compras y comida en un buen restaurante? Aquel no era un plan diseñado por Sarah ni tampoco por Kelly. Aquellas dos estaban demasiado locas para diseñar un plan tan tranquilo.

— ¿Qué pasa? ¿No te gusta el plan? —Le preguntó Sarah sin apartar la vista de la carretera.

—El plan me gusta, pero no es algo que hubiera esperado de vosotras dos —reconoció Gisele escrutándolas con la mirada—. Sé que me estáis ocultando algo.

—Relájate, vamos a pasar el día tranquilamente —le aseguró Kelly y añadió sonriendo a Sarah con complicidad—: Ya tendremos tiempo de desmelenarnos cuando llegue la noche.

Tras dejar las maletas en el apartamento de Sarah, las chicas pasaron la mañana recorriendo las mejores tiendas de la capital, comprando ropa, zapatos y mucha lencería. Gracias a la paga mensual de Matt, Gisele tenía bastante más dinero del que necesitaba, así que decidió tener un detalle con Matt y comprarle un regalo.

— ¿Qué puedo regalarle a Matt que le haga ilusión? —Preguntó Gisele mientras caminaban de una tienda a otra.

—Enciérrate con él en un dormitorio y ponte un lazo en la cabeza —bromeó Sarah.

—Hablo en serio, quiero regalarle algo especial, algo que realmente desee —insistió—. Él siempre tiene detalles conmigo, aunque no quiera reconocerlo, en el fondo es un romántico.

—A Matt le encanta perderse en su cabaña de las montañas —comentó Kelly tratando de ayudarla—, es un lugar bastante básico pero a él le encanta salir a pescar o sentarse frente a la chimenea. Siempre iba con mi padre pero, cuando murió, Matt continuó yendo solo.

—Parece un lugar demasiado especial, a lo mejor se toma mal que le lleve allí —tanteó Gisele.

—No es un lugar sagrado, pero siempre suele ir solo o con los chicos —le respondió Kelly y añadió encogiéndose de hombros—: A Matt le gusta el frío.

Gisele frunció el ceño. Matt siempre la había llevado a sitios cálidos en todas sus escapadas, incluidas las vacaciones.

—Seguiré pensándolo, quiero regalarle algo que le sorprenda.

—Espérale en el dormitorio completamente desnuda y con un lazo en la cabeza —insistió Sarah entre risas.

Gisele rodó los ojos con resignación, no conseguiría ayuda de sus amigas durante aquel fin de semana, pero siguió pensando en ello mientras iban de una tienda a otra. Descartó regalarle una escapada, ya le había robado demasiado tiempo. Pero anotó mentalmente que el destino de su próximo viaje o escapada sería a un lugar frío en el que pudieran acobijarse frente al calor de una chimenea.

Después de una mañana de compras, las chicas se dirigieron a un exclusivo restaurante en el que Sarah había reservado mesa.

— ¿No quieres saber qué tenemos planeado para después? —Le preguntó Sarah mientras comían.

— ¿Debo preocuparme? —Preguntó Gisele tratando de adivinar qué habían tramado aquellas dos.

—No tienes nada de lo que preocuparte, lo tenemos todo bajo control —le aseguró Kelly con una risilla traviesa.

—Hoy solo queremos cuidarte y darte un par de caprichos, puedes relajarte —la tranquilizó Sarah.

— ¿Y mañana?

—Mañana será un día diferente —le respondió con una sonrisa socarrona en los labios.

—Eso me deja mucho más tranquila —murmuró Gisele.

Almorzaron en el restaurante entre bromas y confesiones. Sin planearlo, Matt, Jason y Tyler estuvieron muy presentes en su conversación.

— ¿Qué tal te va con Tyler? —Quiso saber Sarah.

Kelly no tuvo ningún tapujo en contestar y se sinceró con las que ya eran sus mejores amigas.

—Bien, supongo —respondió encogiéndose de hombros. Gisele y Sarah la miraron esperando una explicación a esa respuesta tan poco convincente. Ella suspiró y añadió—: Llevamos un par de meses saliendo, hemos tenido varias citas y todo ha ido bien pero, en el momento de dar un paso más, él siempre se echa atrás.

— ¿Todavía no ha habido sexo entre vosotros? —Preguntó Sarah escandalizada.

—Sarah —le advirtió Gisele regañándola con la mirada. Se volvió hacia Sarah y, aunque nadie se lo había pedido, le dio su opinión—: Creo que Tyler está realmente interesado en ti y quiere ir despacio para que todo salga bien. Pero, si él no da el primer paso, quizá es porque espera que seas tú quién lo dé.

—Aunque sea por una vez, estoy de acuerdo con Gisele —la secundó Sarah.

—Está decidido, la próxima vez que le vea paso la noche con él sí o sí —decidió Kelly alzando su copa para brindar—: Por las mujeres decididas.

— ¡Por ellas! —Brindaron Sarah y Gisele.

Salieron del restaurante bien entrada la tarde y bastante achispadas. Se dirigieron directamente al apartamento de Sarah, dejaron las bolsas con las compras en el hall, abrieron una botella de vino y se acomodaron en el sofá para seguir charlando.

— ¿Qué hay entre tú y Jason? —Le preguntó Kelly a Sarah.

—Básicamente, atracción sexual.

—Mientes —la acusó Gisele—. ¿Hasta qué punto te gusta?

—Hasta el punto de dar gracias de no vivir en la misma ciudad que él —confesó—. Me gusta todo de él, nos compenetramos muy bien en la cama y fuera de ella, pero no es la clase de hombre con el que te casas y es mejor no enamorarse.

— ¿Por qué dices eso? —Le preguntó Kelly.

—Él mismo me confirmó que era un mujeriego.

—Jason no es ningún mujeriego, al igual que mi hermano tiene esa fama y no es para nada justificada —les defendió Kelly—. Todas esas modelos y actrices con las que asisten a fiestas y con las que se les relacionan son en realidad más trabajo para ellos, clientas de la agencia que a veces quieren dejarse ver con el director o el subdirector de la agencia.

Pasaron el resto de la tarde y parte de la noche charlando sobre los chicos y, cómo no, también sobre la inminente boda de Matt y Gisele.

Cita 152.

“No olvidemos que las pequeñas emociones son los capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin siquiera darnos cuenta.”

Vincent Van Gogh.

Hasta que el contrato nos separe 26.

Durante la visita de Sarah a la ciudad, Gisele escogió el vestido de novia, el ramo y los zapatos, pero todavía tenía que decidir muchas cosas más, entre ellas el lugar de celebración. Gisele se comenzó a agobiar, Leonor le había mostrado un sinfín de lugares que le gustaban, pero ninguno le resultaba especial. No encontraba el sitio idóneo para celebrar el enlace y comenzaba a desesperarse ella y desesperar a los demás.

Consciente del estrés y la presión a la que se estaba viendo sometida Gisele, Leonor decidió intervenir. Ella adoraba a su hijo, pero ya era hora de ponerle los puntos sobre las íes. Leonor se presentó por sorpresa en las oficinas de la agencia, dispuesta a hablar con su hijo.

—Mamá, ¿qué estás haciendo aquí?

—Tenemos que hablar.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó Matt preocupado, invitando a su madre a entrar en su despacho y cerrando la puerta después—. ¿Le pasa algo a Gisele?

—Es evidente, ¿acaso no te has dado cuenta?

— ¿A qué te refieres? —Exigió saber Matt a la defensiva.

—Cielo, Gisele es una mujer estupenda, es buena, cariñosa, humilde y generosa. Aunque me temo que le hace falta un poco más de carácter para lidiar contigo.

—Tengo mucho trabajo, ¿te importaría ir al grano?

—Has dejado toda la organización de la boda en manos de Gisele y está desbordada, Matt —le reprochó—. La veo muy agobiada con las clases, los estudios y la boda. En lugar de ser un momento maravilloso se está convirtiendo en una obligación para ella, quizás deberías involucrarte un poco más y apoyarla. Me da la sensación de que se siente bastante sola, no tiene familia y su mejor amiga ni siquiera vive en su misma ciudad.

— ¿Gisele te ha dicho eso?

—No, ella no dice nada. Se limita a esforzarse en sonreír y decir que todo va bien, pero es bastante obvio que no es así.

—Está bien, esta tarde me quedaré en casa con ella y nos distribuiremos las tareas para la boda.

—Eso no es lo que te estoy diciendo, Matt —le regañó Leonor—. Tienes que pasar más tiempo junto a ella e involucrarte en todo lo relacionado con la boda. ¿Sabes que Gisele ya ha comprado el vestido de novia?

—No, no me lo ha dicho.

—A eso me refiero —bufó Leonor—. Será mejor que te esfuerces si no quieres quedarte plantado en el altar.

Leonor, bastante molesta por la actitud de su hijo con su futura esposa, dio media vuelta y se marchó de allí sin darle un beso de despedida. Matt resopló con frustración, pero sabía que su madre tenía razón y decidió tomarse la tarde libre para estar con Gisele. Llamó a la puerta del despacho de Jason y, tras sentarse junto a él, le dijo:

—Voy a tomarme la tarde libre.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amigo? —Exclamó Jason mofándose.

—Mi madre me acaba de hacer una visita, ha venido para reprocharme que no me involucro con la organización de la boda y me ha regañado por dejar a Gisele encargándose de todo ella sola.

—La verdad es que tu madre tiene razón, no olvides que Gis no tiene familia y que su mejor amiga está a 350 kilómetros de distancia —le recordó Jason.

—Lo sé, por eso me voy a casa con ella —zanjó la conversación poniéndose en pie—. Llámame si surge cualquier cosa.

—Deja que yo me encargue de la agencia, tú encárgate de tu futura mujer si no quieres que te deje antes de casarte.

Matt sabía que Jason estaba bromeando pero no pudo evitar sentirse culpable, era la segunda vez en apenas una hora que le reprochaban que estaba dejando a Gisele sola. Todo aquel ajetreo la estaba estresando y él ni siquiera se había dado cuenta, pues apenas pasaba el rato con ella y cuando estaban juntos tan solo quería sentirla entre sus brazos.

—Gisele, ¿dónde estás? —Alzó la voz Matt al entrar en casa.

—Estoy aquí —respondió Gisele desde el salón. Matt entró en la estancia un par de segundos después y ella, preocupada, le preguntó—: ¿Qué ocurre?

—He decidido tomarme la tarde libre, últimamente apenas estamos juntos y a solas —le contestó él besándola en la frente y acomodándose junto a ella en el sofá—. ¿Estabas estudiando?

Gisele asintió, pero se apresuró en cerrar los libros y guardar los apuntes, no quería que darle ninguna excusa para que la dejara sola de nuevo.

—Mi madre ha venido a la agencia para regañarme, cree que estás agobiada por los estudios y los preparativos de la boda —comenzó a decirle Matt en un susurro al mismo tiempo que colocaba a Gisele en su regazo—. Y tiene razón, ni siquiera sabía que ya habías comprado el vestido de novia.

—No importa, sé que tienes mucho trabajo en la agencia —le excusó ella, pues no podía reprocharle nada, al fin y al cabo su relación formaba parte de un contrato.

—Sí que importa. A partir de ahora nos ocuparemos juntos de todo lo que tenga que ver con la boda —. La besó en los labios y añadió juguetón—: ¿No vas a decirme cómo es el vestido de novia que has comprado?

—No, tiene que ser una sorpresa —le respondió Gisele igual de juguetona—. Pero he comprado otra cosa que puedo enseñarte.

—Mm… Lo estoy deseando.

— ¿Te apetece que primero nos demos un largo baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le susurró Matt antes de cogerla en brazos y llevarla al dormitorio.

Matt entró en el baño de la habitación y abrió el grifo de la bañera para que se llenara de agua mientras ambos se desnudaban. Gisele esperaba que Matt iniciara la chispa que les hiciera estallar de deseo, pero él se limitó a meterse en la bañera sentándose detrás de ella y envolviéndola con sus brazos.

—Matt, ¿va todo bien?

—No podría ir mejor, preciosa —le aseguró él.

Gisele se dio media vuelta, se colocó a horcajadas sobre él y le susurró con un tono de voz más que sugerente:

—Sí que puede ir mejor.

Matt pretendía dejar el sexo en un segundo plano, quería demostrarle a Gisele que estaba con ella porque realmente así lo deseaba, no porque se le antojara un poco de sexo. Pero Gisele no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta y él no hubiera podido resistirse aunque hubiese querido.

Después de aquel baño, Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde en el dormitorio, abrazados sobre la cama y poniéndose de acuerdo en la toma de decisiones sobre la organización de la boda. Lo que más agobiaba a Gisele era la elección del lugar de la celebración y Matt se ofreció para encargarse de escogerlo y darle una sorpresa.

—Ya casi lo tenemos todo, solo queda mi traje de novio y el sitio donde celebrar la boda, pero de eso me encargo yo —concluyó Matt—. Aprovecharé para hacerlo el próximo fin de semana, cuando te vayas a la capital para celebrar tu despedida de soltera.

—Solo serán un par de días, ni siquiera te dará tiempo a echarme de menos —bromeó Gisele.

—Te aseguró que te echaré de menos —le confesó con la voz quebrada.

Gisele sospechaba que algo le ocurría a Matt y se abrazó a él para hacerle saber que ella estaba a su lado y le apoyaba. Lo que no sabía Gisele es que Matt todavía trataba de asimilar lo que estaba sintiendo por ella.

Durante el resto de la semana, Matt decidió trabajar desde casa por las tardes y así pasar más tiempo con Gisele. Elsa fue testigo del evidente cambio de humor de ambos, que radiaban felicidad cuando estaban juntos. Leonor también fue testigo del cambio de Gisele, que de nuevo sonreía constantemente y no se la veía tan preocupada.

Matt sabía que el fin de semana sin Gisele sería interminable y quería aprovechar todo el tiempo que podía para estar con ella.

— ¿Se puede saber qué te pasa? —Preguntó Gisele divertida al notar las manos de Matt por su cintura y su espalda mientras charlaba con Leonor.

—Está nervioso porque mañana nos vamos de despedida de soltera, lleva toda la semana amenazándome con matarme si te llevábamos a un local de striptease —se mofó Kelly.

—Tranquilo, yo solo tengo ojos para ti —le aseguró Gisele antes de besarle.

Matt confiaba en Gisele, pero no se fiaba ni un pelo de Sarah ni de su hermana Kelly, aquellas dos tenían la palabra peligro escrita en la frente.

Cita 151.

“Cada uno tenía su pasado encerrado dentro de sí mismo, como las hojas de un libro aprendido por ellos de memoria; y sus amigos podían solo leer el título.”

Virginia Woolf.