Archivo | noviembre 2018

Hasta que el contrato nos separe 23.

Una hora más tarde, Gisele avistó tierra en el horizonte e, imaginando que aquél era el destino de sus idílicas vacaciones, comenzó a dar saltitos, completamente emocionada. Matt disfrutó viéndola tan feliz y no pudo evitar estrecharla entre sus brazos y besarla apasionadamente, aquella chica le tenía hechizado.

Desembarcaron en un pequeño muelle de la isla privada que Matt había alquilado y recorrieron el camino adoquinado que unía el embarcadero con la piscina y la preciosa casa que ocupaba la mayor parte de la pequeña isla.

—Bienvenida a nuestro hogar durante las vacaciones —le susurró Matt al oído—. ¿Te gusta?

—Me encanta —le aseguró Gisele.

Mientras Matt le mostraba la pequeña isla y la casa a Gisele, la tripulación del yate se encargó de llevar el equipaje a la casa antes de despedirse y dejar a la pareja a solas en la isla.

—Aquí tenemos todo lo que necesitamos durante nuestra estancia, pero también disponemos de una pequeña embarcación por si te apetece salir de excursión —la informó Matt mientras recorrían la isla—. Podemos bañarnos en la piscina, en el mar y, por supuesto, en el jacuzzi.

Gisele se arrojó a sus brazos, totalmente eufórica, y Matt la cogió en brazos y la llevó al dormitorio principal de la casa, donde se instalaron entre bromas, caricias y besos. Tras instalarse y vestirse con ropa cómoda y el traje de baño, Matt se dispuso a preparar la comida con la ayuda de Gisele, que se le insinuó descaradamente, pero Matt priorizó la comida a sucumbir al deseo y la pasión, y Gisele se puso de morros aunque intentó disimularlo.

Gisele preparó la mesa del jardín y comieron allí, disfrutando de la suave brisa del mar. Después de comer, Matt propuso dar un paseo por la playa, bordeando la isla, y Gisele aceptó, pese a que seguía de morros porque Matt continuaba manteniendo las distancias. Por supuesto, Gisele no pensaba rebajarse a suplicarle sexo, eso sería lo último que haría, pero tampoco iba a ponérselo fácil a Matt.

—Me apetece nadar un poco, ¿te importa si me doy un chapuzón en la piscina? —Le preguntó Gisele con fingida inocencia.

—Puedes hacer lo que quieras —le respondió Matt—. Voy a por un par de toallas y en seguida te alcanzo en la piscina.

Gisele asintió, se sentó en una de las hamacas y, cuando se aseguró de que Matt había entrado en la casa, sacó su teléfono móvil y llamó a Ben al comprobar que allí ya habría amanecido. Era una llamada arriesgada, pero necesitaba saber si todo iba bien por allí.

— ¿Sabe Matt que me estás llamando? —Se mofó Ben nada más descolgar.

—No, no lo sabe y espero que siga siendo así. ¿Sabéis algo de Erik?

—Le hemos perdido la pista, no tenemos constancia de que haya regresado al país pero creemos que puede estar preparando algo.

—Vigilad el laboratorio en el que trabajaba, no será tan estúpido de ir allí de día, pero puede que vaya de noche si necesita algo —le sugirió Gisele—. Conoce el lugar como la palma de su mano, es posible que entre y salga de allí sin que nadie se dé cuenta.

—Lo tendremos en cuenta, pero vosotros olvidaos del tema y disfrutad de las vacaciones, nosotros nos encargamos del resto.

—Avísame si averiguáis algo y no le digas a nadie que te he llamado —le pidió Gisele. Vio a Matt salir de la casa y se apresuró en despedirse—: Tengo que colgar, ya hablaremos.

Gisele colgó al mismo tiempo que Matt doblaba la esquina y la vio con el teléfono móvil en la mano. La escrutó con la mirada y, aunque ella le dedicó una sonrisa para distraerle, a él no le pasó por alto que le ocultaba algo.

— ¿Con quién hablabas?

—Con nadie, estaba a punto de llamar a Sarah, pero me he dado cuenta que allí aún no habrá amanecido y probablemente esté durmiendo.

—Si quieres, puedes intentar hacer una videoconferencia con mi ordenador más tarde —le propuso Matt al notarla tan extraña—. ¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor y sonrías un poco?

—Me temo que ya has hecho más que suficiente —le respondió haciendo referencia a las vacaciones en la isla—. Voy a darme un chapuzón, ¿te apetece acompañarme?

Matt no lo dudó ni un instante, se deshizo de su camiseta y se zambulló en la piscina detrás de Gisele. Nadaron, se salpicaron, se abrazaron y terminaron besándose apasionadamente. En cuanto sus labios se separaron, se miraron a los ojos y ambos supieron que deseaban lo mismo.

—Gisele, si seguimos así…

—Quiero seguir así —le aseguró Gisele.

—Cómo quieras —le susurró Matt antes de seguir devorándola.

Gisele ya había esperado demasiado y no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta. Matt no quiso resistirse, la atracción que sentía por Gisele era tan arrolladora que tampoco hubiera sido capaz de contenerse.

Los días fueron pasando y ellos disfrutaron de sus vacaciones en aquella preciosa isla privada, pese a que Matt trabajara desde su ordenador portátil algunas mañanas, antes de que Gisele se despertara. Tras pasar dos semanas a solas en la isla, Matt organizó una velada romántica en el jardín la última noche de sus vacaciones. Había preparado la escena perfecta para pedirle matrimonio a Gisele y, aunque se suponía que formaba parte del contrato que habían firmado, lo cierto era que Matt estaba muy emocionado y quería sorprenderla, se lo tomó muy en serio. Incluso le había comprado un precioso anillo de compromiso de oro blanco con un enorme diamante rosa rodeado de pequeños diamantes.

— ¿Qué es todo esto? —Preguntó Gisele sorprendida ante tal despliegue de romanticismo.

Matt había preparado una pequeña mesa para dos personas en el jardín que había decorado con un mantel blanco, un par de velas para crear un ambiente íntimo y romántico, y un estrecho jarrón con una rosa roja.

— ¿Te gusta? —Le susurró Matt.

—Me encanta —le confesó Gisele emocionada. Besó a Matt con dulzura y le preguntó con verdadera curiosidad—: ¿Cómo has organizado todo esto sin que me diera cuenta?

—Aproveché mientras te duchabas y le pedí a Sarah que te llamara por teléfono y te entretuviera bastante tiempo hablando —le respondió Matt divertido.

—Gracias, todo esto es…

—Ven, vamos a cenar —la interrumpió Matt ayudándola a sentarse en la silla—. Un pajarito me ha dicho cuál es tu plato favorito y me he esforzado en seguir la receta al pie de la letra, pero ahora veremos qué tal ha salido.

Gisele sintió el delicioso aroma de las berenjenas gratinadas rellenas de carne y se relamió los labios.

—Huele genial, eres un excelente cocinero.

—Espero que sepan igual que huelen —bromeó Matt.

Se sentaron a la mesa y Matt sirvió la cena en los platos. Ambos degustaron la exquisita cena que Matt había preparado acompañándola con un par de botellas de vino que se bebieron sin darse apenas cuenta. A Gisele no le pasó por alto el comportamiento de Matt que, aunque durante los últimos días se había mostrado bastante más cariñoso que al principio, aquella noche lo fue muchísimo más. No solo no dejaba de abrazarla, acariciarla y besarla, sino que la miraba con una luz especial en los ojos que le hizo soñar que aquellos sentimientos podían ser reales, igual que le estaba pasando a ella.

Cuando terminaron de cenar, Matt se llevó los platos vacíos, abrió una botella de champagne y sirvió un par de copas y le entregó una de ellas a Gisele.

— ¿Qué celebramos? —Preguntó ella sin sospechar nada de lo que pretendía Matt.

Matt dejó su copa sobre la mesa, miró a Gisele a los ojos y clavó la rodilla derecha en el suelo frente a ella. Le dedicó una pícara sonrisa y le dijo:

—Jamás pensé verme en esta situación y, sin embargo, jamás en mi vida he estado tan seguro de algo. Eres lo primero que pienso al despertar y lo último antes de dormirme y, si te soy sincero, no me imagino compartiendo el resto de mi vida con alguien que no seas tú —. Hizo una pausa para sacar del bolsillo interior de su chaqueta la pequeña caja de terciopelo que contenía el anillo de compromiso. La abrió, se la mostró y, con los nervios a flor de piel y sin dejar de mirarla a los ojos, le preguntó—: Gisele Moore, ¿me harías el honor de convertirte en mi esposa?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella antes de arrojarse a sus abrazos para besarlo apasionadamente.

Ante el excitante beso de Gisele que le pilló por sorpresa, Matt perdió el equilibrio y ambos terminaron en el suelo, riendo como dos adolescentes.

— ¿Te ha parecido un buen motivo para celebrar con una copa de champagne?

—No podía ser mejor —le confirmó Gisele cogiendo las copas para brindar—: Por nuestro compromiso.

Matt entrechocó su copa con la de Gisele y ambos bebieron de sus respectivas copas antes de dejarse llevar y, una vez más, dieran rienda suelta a su pasión.

Cita 148.

“Es mejor perseguir un sueño que rendirse a no tenerlos. Prefiero perseguir utopías.”

Julia Navarro. 

Hasta que el contrato nos separe 22.

Regresaron a casa tras aquella semana de anticipo de vacaciones y continuaron con su rutina. Matt se marchaba todas las mañanas a la agencia y dejaba a Gisele durmiendo, que se levantaba un par de horas más tarde. Bajaba a la cocina a desayunar en compañía de Elsa, hacía ejercicio en el gimnasio de la casa y se duchaba para estar lista justo cuando Matt regresaba a casa a la hora de comer. Comían juntos, después Matt se marchaba de nuevo a la agencia y Gisele pasaba la tarde en la piscina con Kelly, se iban de compras o a tomar un café al centro de la ciudad. Matt regresaba a la hora de cenar y disfrutaban juntos de un par de horas de intimidad antes de irse a dormir. El sábado aprovechaban para pasear, salir a comer a algún buen restaurante e ir a cualquier parte los dos solos y el domingo iban de visita a casa de Leonor, que estaba encantada con la relación entre su hijo y Gisele.

Sarah seguía trabajando en la capital, pero ella y Gisele hablaban todos los días y se mantenían al corriente de todo lo que les ocurría.

—Gis, me han ofrecido seguir con las prácticas durante los dos últimos semestres, me pagarán la universidad, el alojamiento y las dietas, convalidaré todas las prácticas de la carrera y además me pagarán muy bien. No sabía qué decirles y me han dado una semana para que les dé una respuesta.

— ¿Por qué no les has dicho que sí?

—Porque te echo de menos, Gis —le respondió Sarah—. Si acepto, tendré que quedarme en la capital durante todo un año.

—Sarah, es una oportunidad que no puedes desaprovechar —le recordó Gisele—. Seguiremos hablando todos los días y solo estamos a tres horas en coche de distancia.

—Entonces, ¿te parece bien que acepte?

—Por supuesto que me parece bien, es una oportunidad que no puedes rechazar.

—Prométeme que seguiremos hablando todos los días y que al menos nos veremos una vez al mes.

—Te lo prometo.

Tras aquella conversación, Sarah se interesó en la relación de Gisele y Matt, quería saber cómo le iba a su amiga con su nuevo novio pero, sobre todo, quería asegurarse de que la trataba bien.

—Matt me tiene entre algodones, me siento como una niña mimada cuando estoy con él —le confesó Gisele.

Continuaron charlando un rato más antes de despedirse y colgar. Gisele sintió cierto alivio, no estaba segura de poder seguir ocultándole el acuerdo que tenía con Matt y, aunque echaría de menos a Sarah, si estaban distanciadas le resultaría más fácil cumplir con el acuerdo.

Una tarde de mediados de agosto, Matt llamó a Gisele por teléfono para avisarla que llegaría tarde y decirle que no le esperara para cenar. Gisele se fue a dormir pasada la medianoche y Matt todavía no había regresado a casa.

Matt quiso dejarlo todo bien atado en la agencia antes de regresar a casa porque tenía planeada una sorpresa para Gisele: dos semanas de vacaciones en una pequeña isla privada paradisíaca. Cuando por fin llegó a casa eran más de las dos de la madrugada y Gisele ya estaba dormida. Sin hacer ruido, preparó un par de maletas con ropa de ambos, con sus bolsas de aseo, un par de toallas y un par de pares de zapatos. Cuando lo tuvo todo listo, guardó el equipaje en el maletero de su coche y se fue a dormir con Gisele.

Gisele se despertó a las ocho de la mañana y se acurrucó junto a Matt, que la estrechó con fuerza entre sus brazos y la besó en los labios con ternura.

—Buenos días, preciosa. ¿Has dormido bien?

—Perfectamente —mintió Gisele, que se había acostumbrado a dormir con Matt y le costó conciliar el sueño sin él.

—Y yo que pensaba que me habrías echado de menos —bromeó Matt.

Gisele le sonrió y le besó en la punta de la nariz. La alarma de su teléfono móvil comenzó a sonar y estiró el brazo para alcanzar el teléfono y apagar la alarma.

—Son las ocho y media, ¿te has tomado la mañana libre? —Le preguntó Gisele juguetona.

—No exactamente, quiero que hoy vengas conmigo a la agencia.

— ¿Quieres que mire cómo trabajas?

—Quiero darte una sorpresa —le aclaró Matt—, pero antes tenemos que ducharnos y desayunar.

Gisele no hizo más preguntas, pasar el día con Matt era motivo suficiente para aceptar aquella invitación. Tras ducharse y desayunar, se montaron en el coche de Matt y se dirigieron a la agencia. Gisele empezó a sospechar cuando pasaron por delante del edificio principal de la agencia, donde se encontraba el despacho de Matt, y no paró al coche.

— ¿A dónde vamos?

—Nos vamos de viaje, preciosa.

— ¿De viaje? ¿A dónde?

—Es una sorpresa, solo puedo decirte que nuestras vacaciones acaban de empezar —le respondió Matt de buen humor mientras paraba el coche junto al hangar.

—Pero, ¡si no he preparado mi maleta!

—No te preocupes, lo tengo todo controlado —la tranquilizó sonriendo divertido.

Matt bajó del coche, le ordenó a uno de sus hombres que se encargara del equipaje y, con Gisele agarrada de su brazo, subieron al avión privado de la agencia.

— ¿No vas a decirme dónde vamos de vacaciones?

—Si te lo dijera, ya no sería una sorpresa —le respondió Matt abrochándole el cinturón de seguridad.

Cuando el avión despegó, Matt llevó a Gisele al pequeño camarote del avión y, tras besarla en la frente, le susurró al oído:

—Nos espera un viaje largo, tenemos por delante ocho horas de avión y, con el cambio horario, cuando lleguemos serán las diez o las once de la mañana, así que será mejor que duermas todo lo que puedas.

— ¿Ocho horas de vuelo?

—Ocho horas de vuelo y dos en barco —le confirmó Matt—. Pero te aseguro que merecerá la pena.

— ¿Y cuándo vas a descansar tú?

—Ahora mismo, a menos que no quieras compartir la cama del camarote del avión conmigo.

—Mm… Creo que tenemos un asunto pendiente antes de descansar —ronroneó Gisele comenzando a desabrochar los botones de la camisa de Matt.

—Ven aquí preciosa, voy a hacerte el amor —le respondió Matt con la voz ronca, deshaciéndose del vestido de ella.

Durante las ocho horas de vuelo que duró el viaje, Matt y Gisele estuvieron encerrados en el camarote del avión dando rienda suelta a su pasión hasta que cayeron dormidos de agotamiento. Quince minutos antes de aterrizar, el capitán informó de la maniobra para que pudieran regresar a sus asientos y abrocharse el cinturón de seguridad. En cuanto el avión tomó tierra, Matt y Gisele se dirigieron al puerto, donde embarcaron en un precioso y lujoso yate que les llevaría a su destino.

— ¿No vas a decirme a dónde me llevas?

—No seas impaciente, lo sabrás cuando lleguemos.

— ¿Cuándo llegaremos? —Insistió Gisele.

Matt miró su reloj, sonrió divertido y le respondió:

—Llegaremos en poco más de una hora. Vamos a la cubierta, te gustarán las vistas.

Gisele aceptó la invitación de Matt y se dirigieron a la cubierta, pero allí no había más que agua a su alrededor. No se veía tierra en ninguna parte y no podía adivinar a dónde se dirigían. Sin embargo, Gisele no protestó ni insistió pese a la curiosidad que sentía. Matt había tenido el detalle de organizar unas vacaciones sorpresa y no quería fastidiarlo. Se abrazó a él para protegerse de la brisa marina y se quedaron en silencio contemplando el mar que les rodeaba mientras navegaban hacia el horizonte.

Cita 147.

“Todos tenemos dentro una reserva de fuerza insospechada, que emerge cuando la vida nos pone a prueba.”

Isabel Allende.