Archivo | octubre 2018

Hasta que el contrato nos separe 21.

A la mañana siguiente, Matt se levantó al amanecer y se marchó a la agencia tras dejarle una nota a Gisele asegurándole que regresaría a mediodía y pidiéndole que preparara su maleta. Gisele se despertó pocos minutos después de que Matt se marchara. Encontró su nota y sonrió al leerla. Trató de volverse a dormir, pero estaba nerviosa y no dejaba de dar vueltas en la cama, así que decidió levantarse. Bajó a la cocina a desayunar y arrugó la nariz al no encontrar allí a Elsa. Era domingo, el día libre de Elsa, y se había marchado a casa de su hermana. A Gisele le hubiera gustado despedirse de Elsa antes de marcharse, pero se dijo que más tarde la llamaría por teléfono.

Después de desayunar, preparó su maleta, se dio una ducha y se puso un vestido ibicenco y unas sandalias con tacón de cuña. La costa más cercana estaba situada a más de 400 km de la ciudad, quería estar preparada para el viaje.

Matt llegó a la agencia poco después de las seis de la mañana y se apresuró en dar las instrucciones precisas para dejar todo bien atado antes de marcharse unos días con Gisele. Por supuesto, seguiría trabajando desde su ordenador portátil todas las mañanas, pero a partir de mediodía dedicaría todo su tiempo a Gisele.

— ¿Todavía sigues aquí? —Preguntó Ben asomando la cabeza por la puerta del despacho de Matt—. Si una chica como Gis me estuviera esperando, te aseguro que no pasaría ni un segundo más aquí.

—Quería dejarlo todo bien atado antes de marcharme, pero ya he acabado —le respondió Matt guardando su ordenador portátil en el maletín y recogiendo sus cosas—. Mantenedme informado, quiero estar al corriente de cualquier cosa que ocurra.

—Te informaremos si ocurre algo que debas saber, pero deberías olvidarte de todo y dedicar tu tiempo a estar con Gis —le aconsejó Ben—. A ambos os vendrá bien desconectar.

— ¿Te ha dicho algo?

— ¿Quién?

— ¿Gisele te ha contado algo?

—Me temo que tendrás que ser más concreto —le dijo Ben sin entender a qué se refería.

—Últimamente tú has pasado más tiempo con ella que yo.

—Gis está preocupada por ti.

— ¿Por mí?

—La verdad es que todos lo estamos, Matt —le confesó Ben—. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste más de seis horas seguidas?

—He estado ocupado intentando proteger a Gisele.

—Nosotros podemos ocuparnos de investigar y protegerla, tú deberías ocuparte de hacer que ella se sienta bien. Puede que sea más fuerte de lo que aparenta, pero algo así afectaría hasta al agente mejor entrenado.

— ¿Y qué se supone que debo hacer?

—Vete con ella unos días como habéis planeado, desconecta de todo y céntrate solo en ella, disfruta de su compañía sin más preocupaciones. Por aquí todo está controlado, Erik Jerks está fuera del país y te avisaremos si ocurre cualquier cosa que debas saber.

—Estaré de vuelta en una semana, os llamaré todas las mañanas para comprobar qué tal va todo y le dedicaré todo mi tiempo a Gisele.

Tras despedirse de Ben, Matt regresó a casa. Faltaban unos minutos para el mediodía cuando entró en el salón y vio a Gisele dormida en el sofá y un par de maletas al pie de la escalera. Se acercó a ella y le besó en la coronilla con dulzura, Gisele despertaba una ternura en él que no podía controlar. Ella se despertó y sonrió al encontrar a Matt frente a ella.

— ¿A qué hora te has levantado?

—No podía dormir, así que me levanté y lo preparé todo, pero me he quedado dormida. ¿Nos vamos ya?

—Nos vamos ya —afirmó Matt de buen humor—. Si estás cansada, puedes seguir durmiendo en el coche, tardaremos unas horas en llegar a la costa.

Sin tiempo que perder, Matt y Gisele metieron el equipaje en el maletero del coche y pusieron rumbo a la costa. Matt había reservado una suite en un lujoso hotel situado en primera línea de mar, con piscina, spa, gimnasio y bar-restaurante. Nunca antes había estado allí, pero uno de sus clientes era el propietario y le había asegurado que allí encontraría todo lo que una pareja necesita para desconectar unos días y divertirse. Por supuesto, Matt había investigado el hotel antes de hacer la reserva. Era un hotel solo para adultos, ideal para parejas que desean dar rienda suelta a su pasión.

—Gisele, despierta. Ya hemos llegado —anunció Matt cuando llegaron.

Gisele abrió los ojos haciendo un gran esfuerzo, pero estaba tan cansada que apenas pudo mantenerlos abiertos durante un par de segundos. Matt sonrió completamente hechizado por ella, solo quería complacerla en todos su deseos, fueran cuales fueran. El aparcacoches se acercó para abrirle la puerta y Matt le hizo un gesto para que no hiciera ruido y despertara a Gisele. Mientras un empleado del hotel cargaba con el equipaje, Matt cogió a Gisele en brazos hasta la recepción del hotel, donde no tuvo más que decir su nombre para que le llevaran directamente a la suite que había reservado. La depositó con sumo cuidado sobre la enorme cama y le dio una generosa propina al botones antes de que se marchara.

— ¿Matt?

—Estoy aquí, preciosa —le susurró tumbándose a su lado en la cama.

—Mm… Quiero sexo soñoliento —ronroneó excitada.

— ¿Sexo soñoliento? —Gisele asintió y Matt añadió—: Ven aquí, preciosa.

Matt no dudó ni un segundo en complacerla, comenzó a desnudarla y después se deshizo también de su propia ropa. Se tumbó de nuevo en la cama y colocó a Gisele sobre él, estrechándola entre sus brazos y besándola apasionadamente.

—Matt —le suplicó Gisele moviendo la pelvis para invitarle a entrar.

—Lo sé preciosa, yo también lo necesito —le confesó antes de penetrarla lentamente—. Oh, me encanta estar dentro de ti, cariño.

A Gisele no le pasó por alto aquel apelativo, pero no dijo nada. Matt también se sorprendió, él jamás había llamado cariño a ninguna mujer, se limitaba a llamarlas nena para no equivocarse al nombrar a una mujer.

—Córrete conmigo —le susurró al oído. Sintió cómo el cuerpo de Gisele se tensaba entre sus brazos y, solo cuando ella estalló en mil pedazos, se dejó llevar gritando su nombre—: ¡Oh, Gisele!

Tras descansar un par de horas y darse un largo baño en la enorme bañera de la suite, Matt y Gisele decidieron dar un paseo por la playa antes de cenar. Caminaron agarrados de la mano por el paseo marítimo, recorrieron las estrechas calles del pequeño pueblo costero y disfrutaron de una hermosa puesta de sol en un chiringuito de playa mientras se tomaban un mojito.

—Gracias —susurró Gisele contemplando cómo el sol se ocultaba en el horizonte.

— ¿Por qué me las das?

—Por traerme aquí. Sé que no es fácil para ti alejarte de tu agencia.

—Ambos nos merecemos unos días de descanso —le restó importancia Matt—. Además, quiero disfrutar de la compañía de mi futura mujer. ¿A dónde te apetece ir a cenar?

—Había pensado en regresar al hotel y pedir al servicio de habitaciones que nos traigan la cena a la suite, esta noche me apetece cenar desnuda —le ronroneó al oído.

—Cariño… Si no dejas de provocarme te haré el amor aquí mismo —le susurró Matt colocando a Gisele entre sus piernas para abrazarla desde la espalda—. ¿Puedo preguntarte algo?

—Mm… Claro que sí.

— ¿Cómo te gustaría que te propusieran matrimonio?

— ¿A qué viene esa pregunta?

—En cuanto anunciemos nuestro compromiso, los abogados de mi abuelo nos entrevistarán para verificar que nuestra relación es válida. Tendremos que hacer una verdadera puesta en escena para que sea creíble y, si me ayudas, no quedaré como un idiota cuando llegue el momento.

—Te lo pondré fácil: no me gusta ser el centro de atención —le informó Gisele.

—Dime cómo te gustaría que fuera ese momento.

—No sé, supongo que un momento como este sería perfecto. Los dos abrazados contemplando la puesta de sol en la playa y bebiendo un mojito, un compromiso íntimo y romántico.

—De acuerdo, un compromiso íntimo y romántico.

— ¿Cuándo será?

—Eso será una sorpresa, si te lo dijera no tendría gracia —le susurró con la voz ronca—, pero será antes de que termine el verano.

Tras la primera noche en la costa, al día siguiente decidieron ir a la playa. Gisele se puso su bikini blanco con un vestido ibicenco y unas sandalias planas, Matt se vistió con un bañador azul y una camisa ibicenca. Caminaron por el paseo marítimo agarrados de la mano hasta que encontraron una pequeña cala no muy concurrida, allí decidieron estirar sus toallas y acomodarse. Gisele se deshizo de su vestido y, mientras Matt se deshacía de su camisa, ella sacó el bote de protector solar y le preguntó con tono juguetón:

— ¿Quieres que te ponga un poco?

—Por supuesto, no quiero quemarme —le respondió él divertido—. Después me toca a mí, tampoco quiero que te quemes.

Gisele se puso manos a la obra y se dedicó a esparcir el protector solar sobre la bronceada piel de Matt. Comenzó por sus hombros y sus brazos, siguió por su torso y terminó con sus piernas, siguiendo el mismo procedimiento cuando Matt se tumbó boca abajo.

—Ha llegado mi turno —le dijo Matt con la voz ronca, arrebatándole el bote de protector solar a Gisele—. Túmbate boca abajo.

Ella obedeció sin rechistar y él se dispuso a esparcir la loción por toda la piel de Gisele, rozando el centro de su placer con premeditación para provocarla. Le dijo que se diera la vuelta prosiguió con aquel masaje sensual, rozando deliberadamente sus pezones y sumergiendo sus dedos bajo la tela del diminuto bikini.

—Te rogaría que dejaras de torturarme, pero lo cierto es que quiero que continúes hasta el final, ni siquiera me importa dónde estamos —gimió Gisele excitada.

Matt miró a su alrededor, tan solo había un par de parejas en aquella playa y parecían estar muy ocupadas dándose placer, al igual que ellos pretendían hacer. Estaban a una distancia prudente de las dos parejas y pensó que podía complacerla si ella así lo deseaba. Abrió la boca para tantearla, pero Gisele se le adelantó incorporándose para deshacerse de la parte superior de su bikini al mismo tiempo que anunciaba:

—En esta playa está permitido hacer top-less y no quiero que me queden marcas del sol.

—Gisele… —Gruñó con tono de advertencia.

Matt tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse, aquella descarada sabía muy bien cómo provocarle, pero él no se iba a quedar atrás. Acarició sus pechos con las manos y se llevó a la boca sus pezones, provocando un nuevo gemido en ella. Acercó sus labios a su oído y le susurró:

—Cariño, abre los ojos y mira a tu izquierda.

Gisele obedeció intrigada, miró a su izquierda y vio a una pareja a pocos metros de ellos. La chica le hacía una felación al chico mientras él la masturbaba con sus dedos. Gisele gimió excitada y Matt deslizó los dedos a su entrepierna para apartar la fina tela del bikini y acariciar su clítoris.

—Matt…

—Dime, Gisele.

—Te necesito dentro —le rogó.

—Será un placer complacerte.

Sin importarles nada más que ellos dos, Matt se hundió en ella lentamente, haciéndola gemir. Cubrió todo su cuerpo con el suyo, entrelazó sus manos con las de ella por encima de la cabeza, entrando y saliendo con un rítmico vaivén que les llevó al clímax en apenas un par de minutos.

— ¿Satisfecha, pequeña caprichosa? —Le preguntó Matt con ternura, rodando a un lado de Gisele para no aplastarla.

—Contigo, siempre —le confirmó ella provocándole.

— ¿Saciada? —Le preguntó Matt alzando una ceja, siguiéndole el juego.

—De ti, nunca.

Matt le devoró la boca, la cogió en brazos y se metió con ella en el agua del mar, donde hicieron el amor de nuevo.

Su anticipo de vacaciones se alargó durante una semana en la que disfrutaron plenamente el uno del otro. Pasearon por las calles del pequeño pueblo costero, fueron a la playa y a la piscina, salieron a cenar a varios restaurantes locales, disfrutaron de las puestas de sol con un mojito e hicieron el amor en cada rincón de la suite antes de regresar a la ciudad.

Cita 146.

“La felicidad hace buenos incluso a los malos.”

Alejandro Dumas. 

Hasta que el contrato nos separe 20.

Matt y Gisele regresaron a la sala donde se celebraba la fiesta y, sin importarle lo que pudieran pensar los invitados, acarició con suavidad la mejilla de Gisele y la besó en los labios. No fue un beso salvaje, pero tampoco fue un beso inocente. Él quería dejar claro que Gisele era su chica y que iba en serio con ella porque, pese a que tenían un acuerdo, a él le gustaba de verdad.

Algunos invitados se acercaron a saludar a Matt y él les presentó a Gisele con orgullo. Ella tenía una gracia y un carisma especial, con un simple gesto o una sonrisa se metía a todo el mundo en el bolsillo, sobre todo a él. Sin ninguna duda, ambos eran el centro de atención de todas las miradas.

—Gisele, ¿estás bien? —Le preguntó Matt preocupado ante el aluvión de invitados que se amontonaba a su alrededor, todos queriendo saber más de aquella recién estrenada pareja.

—Creo que se me va a dar bastante bien ser la señora Spencer —le respondió Gisele sonriendo, sintiéndose cómoda en aquel ambiente.

Poco a poco, todos los invitados se fueron sentando en sus mesas asignadas y los camareros comenzaron a servir la bebida y unos entremeses. Había llegado el momento del discurso, pero Matt estaba tan pendiente de Gisele que Jason tuvo que recordárselo:

—Vamos, todos están esperando oír unas palabras —le animó Tyler.

—No te preocupes por Gis, nosotros la cuidamos para que nadie te la quite —se mofó Ben.

—Deberías echarte una novia —le replicó Jason.

—Yo paso, pero Tyler se lo está pensando en serio —continuó bromeando Ben—. ¿Qué le parece, señora Spencer?

—Llámame Leonor, Ben —le regañó Leonor—. Y a mí me parece bien que Tyler esté pensando en sentar la cabeza. Es un hombre inteligente y apuesto, seguro que encuentra a una mujer encantadora con la que formar una familia.

Todos se echaron a reír, excepto Tyler y Kelly. Matt besó a Gisele una vez más antes de dirigirse a la pequeña tarima y colocarse detrás del atril para dar su improvisado discurso:

—Buenas noches. En primer lugar, quería darles las gracias a todos por asistir a esta gala del quinto aniversario de la agencia. La verdad es que cuando la fundé hace cinco años no esperaba que las cosas me fueran a ir también. No os engañéis, no ha sido fácil llegar hasta aquí, pero ha merecido la pena. En tan solo cinco años nos hemos posicionado como la agencia privada de seguridad de mayor prestigio a nivel mundial y me siento orgulloso de ello, pero sobre todo del equipo que forma la agencia. Sin ellos nada de esto hubiese sido posible, su trabajo, su entrega y su valor son los que han llevado a la agencia a lo más alto. Por eso esta fiesta también es para ellos, para toda la gran familia que formamos en la agencia y para nuestras propias familias, que siempre están apoyándonos y sufriendo por nosotros. Sé lo que es tener que levantarse en mitad de la noche para ir a trabajar y dejar a tu mujer durmiendo sola en la cama o regresar cuando ella ya está durmiendo —Matt miró a Gisele y le dedicó una tierna sonrisa, provocando los murmullos y las risas de complicidad de los invitados—. Espero que disfrutéis de la velada y os divirtáis.

Todos los invitados aplaudieron y Matt, tras agradecerles nuevamente su asistencia, regresó a la mesa junto a Gisele y los demás.

—Has estado muy convincente —le felicitó Gisele.

—Es el primero de muchos eventos a los que asistiremos juntos, nos comprometeremos después del verano —le susurró al oído antes de besarla.

—Cuando lleguemos a casa, recuérdame que te cuente algo que se me ha ocurrido sobre eso y que puede sernos útil.

—Acabas de llenarme de curiosidad, cuéntamelo.

—Aquí no, cuando lleguemos a casa y estemos a solas.

—Ya tenemos planes para cuando lleguemos a casa —le recordó Matt.

—Tortolitos, un poco de respeto —se mofó Ben—. Leonor, esta juventud de hoy en día no sabe comportarse.

—A eso se le llama amor, Ben. Creo que ya es hora de que tú también sientes la cabeza y lo encuentres como ha hecho Tyler —le respondió Leonor haciendo reír a todos excepto a Ben.

— ¿Cómo ha hecho Tyler? —Quiso saber Matt escrutando a su madre con la mirada.

—Es obvio que Tyler está enamorado, no hay más que mirarle a los ojos para darse cuenta —le aclaró a su hijo—. Todos irradiamos una luz especial cuando nos enamoramos y la tuya con Gis es cegadora. Algo me dice que seré abuela muy pronto.

— ¡Mamá! —La regañó Matt.

—Solo es una intuición que tengo —se defendió—. Además, no me negarás que existen muchas posibilidades…

—Mamá, basta —le ordenó Matt con el rostro impasible.

Todos reían divertidos, incluso Leonor. Gisele supo que Matt no quería seguir hablando del tema y cada vez estaba más furioso, así que decidió intervenir:

—No tenemos intención de tener hijos en un futuro próximo, ni siquiera hemos hablado del tema. Pero, si eso pasa, serás una de las primeras en saberlo.

—Imagino que el primero será el padre —dedujo Tyler.

—Ejem… La primera seré yo —le corrigió Sarah.

—Vale, creo que esto se nos ha ido de las manos. ¿Podemos hablar de otra cosa? —Optó por decir Gisele sin andarse por las ramas.

— ¿Qué tal si hablamos de lo pálido que se ha puesto Matt al hablar de ser padre? —Comentó Ben burlonamente, ganándose una fulminante mirada de Gisele.

Como si el resto del mundo no existiera, Matt entrelazó los dedos de la mano con los de Gisele y se llevó su mano a los labios para besarla con ternura. Aquel simple gesto la hizo sonreír, le encantaba que Matt se comportara con ella como un perfecto caballero.

—Tengo una sorpresa para ti —le susurró Matt acariciando la espalda desnuda de ella.

— ¿Una sorpresa? —Matt asintió con la cabeza y ella añadió—: ¿Qué sorpresa?

— ¿De verdad quieres saberlo? —Le preguntó Matt con ese tono juguetón que tanto la excitaba.

Gisele se acercó aún más a él y, bajando el tono de su voz para que solo Matt pudiera escucharla, le susurró al oído:

—Me muero de ganas por saberlo.

—Entonces, bésame y te lo diré.

Gisele no se lo pensó dos veces y le plantó un beso en los labios olvidándose de dónde y con quien estaban, hasta que todos los invitados comenzaron a aplaudir y ella, avergonzada, trató de separarse de Matt, pero él se lo impidió. La agarró por la cintura, la colocó sobre su regazo y le dio un beso de tornillo frente a todos los invitados. Leonor sonrió al ver a su hijo tan feliz y desinhibido con aquella chica, ella conseguía encender el brillo en los ojos de Matt.

—Siento el espectáculo, pero imagino que todos habréis estado enamorados alguna vez y sabéis lo que se siente —se excusó Matt sin dejar de abrazar a Gisele—. Tengo a la mujer más hermosa, inteligente y dulce que jamás he conocido, pero a veces se me olvida que no estamos solos.

— ¿Eso significa que pronto habrá boda? —Preguntó uno de los invitados.

—Tal vez —respondió Matt sin dejar de mirar a Gisele a los ojos.

El resto de la noche fue sobre ruedas. Tras los entremeses, los camareros sirvieron la cena y el postre. Algunos agentes subieron a la tarima a decir unas palabras animados por las copas de más que habían tomado. Gisele disfrutó al escuchar cada anécdota que contaban y descubrió que Matt, además de ser un gran hombre, también era un gran líder. No solo había llevado a la agencia a lo más alto, también había creado una gran familia en la que todos se respetaban y cuidaban los unos de los otros.

— ¿Quieres bailar? —Le propuso Matt cuando la música comenzó a sonar y las luces bajaron de intensidad.

—Me encantaría.

Matt se puso en pie y, sin quitar su brazo de la cintura de Gisele, la guio hacia la improvisada pista de baile. Colocó sus brazos alrededor de la cintura de Gisele, la estrechó contra su cuerpo y ella colocó sus brazos alrededor del cuello de él, pegándose aún más a Matt.

—Quiero saber cuál es la sorpresa —le susurró Gisele recostando la cabeza sobre su hombro.

—Había pensado en tomarnos un pequeño anticipo de las vacaciones.

— ¿Un anticipo de las vacaciones?

—Sí, irnos unos días lejos de la ciudad. Creo que, después de todo lo que ha sucedido durante las últimas semanas, ambos lo necesitamos —argumentó Matt—. Tendré que trabajar desde mi ordenador por las mañanas, pero te prometo que me levantaré temprano y a partir de mediodía seré completamente tuyo.

— ¿Completamente mío?

—Eso es, preciosa —le confirmó antes de besarla con dulzura en los labios.

—Y, ¿a dónde quieres llevarme?

—Dónde tú quieras, solo tienes que decírmelo y yo me encargaré de todo.

—Quiero ir a la playa.

—De acuerdo, mañana nos vamos a pasar unos días a la playa —afirmó Matt divertido ante lo fácil que era complacerla.

La canción terminó y empezó una nueva, pero ellos continuaron bailando pegados el uno al otro hasta que uno de los invitados se acercó y, pronunciando las palabras con cautela, se dirigió a Matt:

— ¿Me permites bailar con tu preciosa chica?

Matt se tensó, lo último que le apetecía era ver a Gisele bailando entre los brazos de Gerard Twin, uno de sus mejores clientes pero también uno de los más mujeriegos. Matt le lanzó una mirada de advertencia que Gerard entendió a la perfección y, tras besar a Gisele en los labios, añadió dirigiéndose a Gerard:

—Solo una canción y, si la haces sentir incómoda…

—No te preocupes Matt, yo soy todo un caballero.

Matt miró a Gisele para hacerle saber que todo iba bien, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Solo será una canción y no me moveré de aquí.

Gisele asintió y acto seguido sintió las manos de Gerard en su cintura. Comenzó a bailar con él, pero en el espacio que existía entre sus cuerpos, bien cabía otra persona. A Gisele no le daba buena espina el hombre con el que bailaba, no tenía ninguna razón para pensar así, pero ella era una persona muy intuitiva y rara vez se equivocaba.

—Debes ser muy especial para Matt, nunca lo había visto tan pendiente ni tan interesado en una mujer como lo está contigo —comentó Gerard con curiosidad—. De hecho, estoy seguro de que solo me ha dejado bailar contigo para no parecer un ogro delante de ti.

—Imagino que debe tener sus motivos.

—Supongo que mi fama me precede igual que a él, pero yo todavía no he conocido a la mujer adecuada con la que sentar la cabeza. Quizás algún día tenga su suerte y encuentre a una mujer tan especial como tú que quiera compartir su vida conmigo —. La canción terminó y Gerard, separándose suavemente de Gisele, añadió con galantería—: Ha sido un placer conocerte y poder bailar contigo, Gisele.

—Pues espero que lo hayas disfrutado, porque no volverá a pasar —sentenció Matt apareciendo junto a ellos y envolviendo a Gisele entre sus brazos, abrazándola desde la espalda y añadió bromeando—: Conociéndote, es mejor mantenerla alejada de ti.

—Haces bien, una mujer tan especial es difícil de encontrar y de locos dejarla escapar —le secundó Gerard—. Os dejo que sigáis disfrutando de la noche, es una gran fiesta.

Matt asintió y se llevó a Gisele al jardín, tenía una conversación pendiente con ella.

— ¿Qué hacemos aquí?

—Quiero hablar contigo.

—Ese tono tan solemne me da miedo —le confesó Gisele con un hilo de voz.

—Me has dicho que querías ir a la playa, pero todavía tenemos muchas cosas por decidir si pretendemos salir mañana por la tarde.

—Cualquier lugar que elijas estará bien, sobre todo si hay una playa cerca.

— ¿Qué te parece si nos vamos a un hotel de la costa?

—Me parece una idea estupenda —afirmó Gisele emocionada—. Estoy deseando que seas completamente mío.

Matt no pudo resistir la tentación de estrecharla entre sus brazos y besarla de nuevo, la necesidad de sentirla aumentaba con cada segundo que pasaba.

Regresaron a la sala y charlaron con los invitados, animados por la música y algunos también por las copas de más. La fiesta era un éxito, todos se divertían. Sarah y Jason bailaban; Kelly y Tyler charlaban animadamente; Ben bromeaba con Leonor; y Matt se mantenía pegado a Gisele.

Cita 145.

“Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal.”

Friedrich Nietzsche.

Hasta que el contrato nos separe 19.

Después de aquella pequeña escapada de fin de semana a la capital para visitar a Sarah, Gisele estuvo más animada. Tras confirmar que Erik Jerks había abandonado el país, Matt se relajó y decidió pasar más tiempo en casa con Gisele. Se levantaba temprano para ir a la agencia mientras la dejaba durmiendo y regresaba a la hora de la cena para pasar la tarde con ella en la piscina o viendo una película en el salón.

La paz y la tranquilidad que respiraron durante la semana se esfumaron el sábado. El día de la celebración del quinto aniversario de la agencia había llegado y todo el mundo estaba nervioso. Matt quería controlarlo todo y se pasó la mañana hablando por teléfono, comprobando que todo fuese según lo planeado.

—Jason y Sarah irán directamente a la agencia, me parece que esos dos se están cogiendo cariño —le comentó Matt a Gisele tras colgar la llamada de Jason.

—Ya son mayorcitos para saber lo que hacen.

— ¿Qué te pasa?

—Nada.

— ¿Nada? —Insistió Matt—. Por tu tono no lo parecía.

—Estoy un poco nerviosa, eso es todo.

—Mientes.

—Matt, no estoy de humor —le advirtió de mal humor.

—Ven aquí —le ordenó agarrándola del brazo antes de que se le escapara. La sentó sobre a horcajadas sobre su regazo y, suavizando el tono de voz, le preguntó—: ¿Quieres contarme qué te pasa?

Gisele resopló. Si le mentía, Matt se daría cuenta; pero si le decía la verdad probablemente se reiría en su cara. Y es que lo cierto era que no tenía ningún derecho a exigirle nada, ella estaba allí para cumplir con un acuerdo y no debía olvidarlo por mucho que deseara que él se pasara el día complaciéndola.

—Ya te lo he dicho, estoy un poco nerviosa por la fiesta de esta noche —le respondió Gisele con una verdad a medias—. Apenas conoceré a nadie y tú eres el anfitrión, tendrás que estar pendiente de todos los invitados.

—Ahora solo quiero estar pendiente de ti.

Gisele correspondió al apasionado beso de Matt y, sin importarle que estuvieran en el salón y que Elsa podía salir de su habitación y pillarles infraganti en cualquier momento, se deshizo de su camiseta y se quedó desnuda de cintura para arriba.

—Mm… Creo que deberíamos pasar la tarde en la cama —susurró Matt con la voz ronca antes de llevarse a la boca uno de los pezones de Gisele—. ¿Te parece bien, Gisele?

—No podría parecerme mejor.

Matt se levantó del sofá con Gisele en brazos y, sosteniéndola con fuerza, la llevó escaleras arriba a la habitación. La tumbó en la cama y se deshizo del short tejano y el tanga que Gisele llevaba deslizándolos por sus piernas, dejándola completamente desnuda. Se quedó observándola durante unos segundos hasta que ella le provocó:

— ¿Te gusta lo que ves?

—Me encanta —afirmó Matt y con una sonrisa traviesa en los labios.

Matt se abalanzó sobre ella como un lobo hambriento y Gisele lo recibió encantada, riendo divertida. Adoraba a Matt cuando se ponía juguetón y travieso, eran pocas las ocasiones en las que tenía oportunidad de disfrutar de su buen humor y no pensaba desaprovecharla. Durante los últimos días se habían visto sometidos a una gran tensión que les iba consumiendo, pero ambos conseguían serenarse cuando estaban juntos, y no necesariamente mediante el sexo. Tan solo les bastaba el contacto físico, abrazarse, acariciarse y besarse se había convertido en una terapia para ellos.

Matt se hundió en ella lentamente, entró y salió con un suave vaivén y la cubrió de besos hasta que alcanzaron el clímax al mismo tiempo. El sexo entre ambos se había vuelto más romántico, algo nuevo para él, pero extremadamente más placentero que el sexo simple. Cada día le gustaba más la idea de casarse con Gisele y pasar un año entero como marido y mujer.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Matt rodando hacia a un lado y llevándose consigo a Gisele para invertir sus posiciones.

—Nunca he estado mejor —le respondió Gisele todavía jadeante.

—Todavía tenemos tiempo antes de que empiece la fiesta, podemos quedarnos en la cama un par de horas, ¿te apetece echarte una siesta conmigo?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella utilizando las palabras de Matt y haciéndole sonreír.

Unas horas más tarde, tras haber descansado y haberse preparado para la celebración del quinto aniversario de la agencia, Matt y Gisele llegaban a la sala de fiestas de la agencia, donde se celebraba la fiesta.

— ¿Te he dicho ya que estás preciosa?

—Creo que esta es la séptima vez que lo haces desde que hemos salido de casa —le respondió Gisele entre risas—. Pero reconozco que no me molesta, puedes seguir repitiéndomelo el resto de la noche.

—Voy a pasarme el resto de la noche deseando llegar a casa y quitarte ese vestido.

—Creía que estaba preciosa con el vestido —le replicó Gisele girando sobre sí misma con coquetería para provocarlo.

—Deja de provocarme o nos perderemos la fiesta.

—Mm…

—Gisele —le advirtió Matt.

—Estoy nerviosa, necesito una sesión rápida de terapia —ronroneó Gisele.

—Los invitados están llegando.

—Solo tardaremos un minuto en subir a tu despacho.

—Gisele…

—Dime que no lo deseas y no insistiré más.

—Lo deseo más que tú —le confesó Matt con la voz ronca.

—Demuéstramelo.

Matt no pudo resistirse más, la agarró de la mano y tiró de ella hasta llegar al ascensor. Subieron a la última planta y recorrieron el pasillo hasta el despacho de Matt, por suerte no había nadie trabajando porque todos estaban en la sala de fiestas, situada en la planta baja.

—Tendrá que ser rápido —le advirtió Matt. Gisele asintió y él le ordenó—: Inclínate sobre la mesa, agárrate a los bordes y abre las piernas.

Gisele obedeció, excitándose con aquella orden. Matt se colocó detrás de ella y acarició su espalda mientras presionaba con su enorme erección contra el trasero de ella. Le subió la falda del vestido y se la enrolló en la cintura. Acarició sus nalgas y deslizó sus braguitas por sus piernas, se las quitó y las guardó en el bolsillo interior de su chaqueta.

—Esta noche no las necesitas —le susurró al oído—. Abre más las piernas, preciosa.

Gisele no se hizo de rogar y abrió las piernas, Matt acarició el pubis de Gisele para comprobar si estaba preparada para recibirle antes de hundirse en ella de una estocada. Ella gimió extasiada y abrió más las piernas en busca del placer de ambos. Él acarició su clítoris mientras entraba y salía de ella hasta que, juntos, alcanzaron el clímax.

—Me hubiera gustado que hubiese sido de otra manera, pero te prometo que te compensaré cuando lleguemos a casa —le aseguró Matt.

—Te tomo la palabra.

Tras asearse y adecuarse la ropa, salieron del despacho y regresaron a la planta baja donde se reunieron con todos los invitados.

— ¿Se puede saber dónde estabas? Todo el mundo me ha preguntado por ti —le reprochó Jason.

—He subido un momento al despacho para revisar algo.

— ¿Para revisar algo? —Se mofó Jason—. Querrás decir que has subido para darle un repaso a Gis, no hay más que ver tu cara de idiota para adivinarlo. Por cierto, es la misma cara de idiota que pones cuando la miras.

Matt sonrió ante el comentario de su amigo, pero no apartó la mirada de Gisele. Ella estaba charlando con Sarah y Kelly a pocos metros de distancia, pero él no podía quitarle los ojos de encima.

— ¡Pamela, cuánto tiempo! —Exclamó Jason para avisar a su amigo de la presencia de Pamela, que llegó hasta ellos en un par de segundos—. Voy a saludar a unos amigos, nos vemos luego.

Matt siguió a Jason con la mirada y vio que se dirigió hacia a las chicas y las alejó de dónde él se encontraba, pero Gisele se volvió en busca de Matt y al verlo hablando con aquella mujer entendió el propósito de Jason. Intercambió una rápida mirada con Matt antes de dar media vuelta y seguir a Jason y a las chicas.

— ¿Qué estás haciendo aquí, Pam?

—Hace semanas que no sé nada de ti y he oído rumores, así que he venido a comprobar con mis propios ojos si eran ciertos. Y lo he comprobado, he visto cómo miras a esa niña, ¿cuántos años tiene? Debes sacarle casi quince años —le dijo con tono burlón.

—Doce —la corrigió Matt.

—Tú no estás hecho para el compromiso, Matt —le recordó Pamela—. Te gusta esa cría porque es una novedad, pero te cansarás de ella y, para entonces, quizás yo también me haya cansado de esperarte.

—No me esperes Pam, lo mío con Gisele va en serio.

—Esa niña no sabrá complacerte, volverás a mí, Matt —gruñó entre dientes Pamela, rabiosa por el rechazo de Matt, antes de dar media vuelta y marcharse.

Matt recorrió la sala con la mirada hasta encontrar a Gisele y se dispuso a ir junto a ella, pero los invitados querían saludarle y felicitarle por el quinto aniversario de la agencia, le paraban a cada paso que daba y tenía que comportarse como el perfecto anfitrión.

Gisele estaba nerviosa, aquella fiesta era su presentación oficial como la novia de Matt y podía sentir los ojos de todos los invitados clavados en ella. Tampoco le había pasado por alto el intento de Jason por alejarlas de Matt cuando hablaba con Pamela, la mujer pelirroja. Intentando convencerse de que debía mantener la compostura y seguir en su papel de novia perfecta, Gisele se excusó y se dirigió al cuarto de baño. Necesitaba refrescarse para centrarse, tenía que controlar el ataque de celos que la había invadido porque no tenía ningún derecho a estar celosa, o al menos de eso intentaba convencerse. Estaba lavándose las manos cuando la voz de una mujer dijo a su espalda:

—Supongo que tú eres la increíble Gisele.

A Gisele no le hizo falta dar media vuelta o mirar a través del espejo para adivinar a quién pertenecía esa voz.

— ¿Y tú eres…? —La encaró Gisele.

—Soy Pamela, una vieja amiga de Matt, tú ya me entiendes —le respondió Pamela con una risa maliciosa.

—Creo que sí —le respondió Gisele sacando a la arpía que llevaba dentro—, eres una de las ex amantes de Matt que ha venido para suplicarle unas migajas de atención porque, desde que está conmigo, ya no quiere saber nada de ti.

Pamela fulminó con la mirada a Gisele y levantó la mano dispuesta a darle una bofetada, pero Gisele la detuvo agarrándola por la muñeca antes de que su mano le impactara en la cara.

—Solo eres una cría, te arrepentirás cuando él se aburra de ti y te deje —siseó antes de marcharse por donde había venido.

Gisele respiró hondo y reunió toda la paciencia que le quedaba para no salir detrás de Pamela y arrancarle los ojos. Era consciente de que Matt tenía un pasado, pero ambos tenían un acuerdo al que ceñirse y no quería quedar como una cría frente a Matt, por eso decidió omitir la pequeña conversación que había mantenido con Pamela en el cuarto de baño.  Se refrescó la nuca y regresó junto a los demás, pero no había ni rastro de Matt. Lo buscó con la mirada pero no lo encontró, así que trató de mantener la calma y se unió a la conversación con Sarah y Kelly. Poco después se les unió Leonor, la madre de Matt y Kelly, que le hizo prometerle que irían a hacerle una visita pronto. Jason, Tyler y Ben se quedaron junto a las chicas, pero no prestaron atención a la conversación ya que continuamente eran interrumpidos por los invitados que querían saludarles.

— ¿Va todo bien?

Gisele suspiró aliviada al escuchar su voz y sentir sus brazos alrededor de la cintura, Matt la abrazaba desde la espalda.

—Supongo que sí —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

Matt la escrutó con la mirada y adivinó qué se le estaba pasando por la cabeza a Gisele. No tenía ninguna intención de mentirle, con ella no era necesario.

— ¿Damos un paseo? —Le propuso. Ella asintió, Matt la agarró de la mano y, tras salir al jardín, añadió—: La mujer con la que me has visto hablando es Pamela Steel, una mujer con la que quedaba de vez en cuando y nos divertíamos sin ningún tipo de compromiso.

— ¿Por qué me cuentas esto, Matt?

—No he quedado con ninguna mujer desde que te conozco, solo quiero que sepas que estoy cumpliendo el contrato y que, aunque mi fama me preceda, la única mujer que hay en mi vida eres tú. No quiero ni necesito a ninguna otra —le susurró al oído las últimas palabras.

—Entonces, ¿sigue en pie nuestro plan para esta noche después de la fiesta? —Le preguntó Gisele con voz seductora, no quería hablar sobre Pamela.

—Por supuesto, preciosa. Pero ahora debemos regresar, los invitados deben estar preguntándose dónde nos hemos metido.

Matt la estrechó con fuerza contra su cuerpo y la besó apasionadamente, necesitaba sentir sus labios en su boca y su cuerpo entre sus brazos antes de regresar a la fiesta. Necesitaba sentirla casi tanto como respirar.