Archivo | octubre 2018

Cita 145.

“Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal.”

Friedrich Nietzsche.

Hasta que el contrato nos separe 19.

Después de aquella pequeña escapada de fin de semana a la capital para visitar a Sarah, Gisele estuvo más animada. Tras confirmar que Erik Jerks había abandonado el país, Matt se relajó y decidió pasar más tiempo en casa con Gisele. Se levantaba temprano para ir a la agencia mientras la dejaba durmiendo y regresaba a la hora de la cena para pasar la tarde con ella en la piscina o viendo una película en el salón.

La paz y la tranquilidad que respiraron durante la semana se esfumaron el sábado. El día de la celebración del quinto aniversario de la agencia había llegado y todo el mundo estaba nervioso. Matt quería controlarlo todo y se pasó la mañana hablando por teléfono, comprobando que todo fuese según lo planeado.

—Jason y Sarah irán directamente a la agencia, me parece que esos dos se están cogiendo cariño —le comentó Matt a Gisele tras colgar la llamada de Jason.

—Ya son mayorcitos para saber lo que hacen.

— ¿Qué te pasa?

—Nada.

— ¿Nada? —Insistió Matt—. Por tu tono no lo parecía.

—Estoy un poco nerviosa, eso es todo.

—Mientes.

—Matt, no estoy de humor —le advirtió de mal humor.

—Ven aquí —le ordenó agarrándola del brazo antes de que se le escapara. La sentó sobre a horcajadas sobre su regazo y, suavizando el tono de voz, le preguntó—: ¿Quieres contarme qué te pasa?

Gisele resopló. Si le mentía, Matt se daría cuenta; pero si le decía la verdad probablemente se reiría en su cara. Y es que lo cierto era que no tenía ningún derecho a exigirle nada, ella estaba allí para cumplir con un acuerdo y no debía olvidarlo por mucho que deseara que él se pasara el día complaciéndola.

—Ya te lo he dicho, estoy un poco nerviosa por la fiesta de esta noche —le respondió Gisele con una verdad a medias—. Apenas conoceré a nadie y tú eres el anfitrión, tendrás que estar pendiente de todos los invitados.

—Ahora solo quiero estar pendiente de ti.

Gisele correspondió al apasionado beso de Matt y, sin importarle que estuvieran en el salón y que Elsa podía salir de su habitación y pillarles infraganti en cualquier momento, se deshizo de su camiseta y se quedó desnuda de cintura para arriba.

—Mm… Creo que deberíamos pasar la tarde en la cama —susurró Matt con la voz ronca antes de llevarse a la boca uno de los pezones de Gisele—. ¿Te parece bien, Gisele?

—No podría parecerme mejor.

Matt se levantó del sofá con Gisele en brazos y, sosteniéndola con fuerza, la llevó escaleras arriba a la habitación. La tumbó en la cama y se deshizo del short tejano y el tanga que Gisele llevaba deslizándolos por sus piernas, dejándola completamente desnuda. Se quedó observándola durante unos segundos hasta que ella le provocó:

— ¿Te gusta lo que ves?

—Me encanta —afirmó Matt y con una sonrisa traviesa en los labios.

Matt se abalanzó sobre ella como un lobo hambriento y Gisele lo recibió encantada, riendo divertida. Adoraba a Matt cuando se ponía juguetón y travieso, eran pocas las ocasiones en las que tenía oportunidad de disfrutar de su buen humor y no pensaba desaprovecharla. Durante los últimos días se habían visto sometidos a una gran tensión que les iba consumiendo, pero ambos conseguían serenarse cuando estaban juntos, y no necesariamente mediante el sexo. Tan solo les bastaba el contacto físico, abrazarse, acariciarse y besarse se había convertido en una terapia para ellos.

Matt se hundió en ella lentamente, entró y salió con un suave vaivén y la cubrió de besos hasta que alcanzaron el clímax al mismo tiempo. El sexo entre ambos se había vuelto más romántico, algo nuevo para él, pero extremadamente más placentero que el sexo simple. Cada día le gustaba más la idea de casarse con Gisele y pasar un año entero como marido y mujer.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Matt rodando hacia a un lado y llevándose consigo a Gisele para invertir sus posiciones.

—Nunca he estado mejor —le respondió Gisele todavía jadeante.

—Todavía tenemos tiempo antes de que empiece la fiesta, podemos quedarnos en la cama un par de horas, ¿te apetece echarte una siesta conmigo?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella utilizando las palabras de Matt y haciéndole sonreír.

Unas horas más tarde, tras haber descansado y haberse preparado para la celebración del quinto aniversario de la agencia, Matt y Gisele llegaban a la sala de fiestas de la agencia, donde se celebraba la fiesta.

— ¿Te he dicho ya que estás preciosa?

—Creo que esta es la séptima vez que lo haces desde que hemos salido de casa —le respondió Gisele entre risas—. Pero reconozco que no me molesta, puedes seguir repitiéndomelo el resto de la noche.

—Voy a pasarme el resto de la noche deseando llegar a casa y quitarte ese vestido.

—Creía que estaba preciosa con el vestido —le replicó Gisele girando sobre sí misma con coquetería para provocarlo.

—Deja de provocarme o nos perderemos la fiesta.

—Mm…

—Gisele —le advirtió Matt.

—Estoy nerviosa, necesito una sesión rápida de terapia —ronroneó Gisele.

—Los invitados están llegando.

—Solo tardaremos un minuto en subir a tu despacho.

—Gisele…

—Dime que no lo deseas y no insistiré más.

—Lo deseo más que tú —le confesó Matt con la voz ronca.

—Demuéstramelo.

Matt no pudo resistirse más, la agarró de la mano y tiró de ella hasta llegar al ascensor. Subieron a la última planta y recorrieron el pasillo hasta el despacho de Matt, por suerte no había nadie trabajando porque todos estaban en la sala de fiestas, situada en la planta baja.

—Tendrá que ser rápido —le advirtió Matt. Gisele asintió y él le ordenó—: Inclínate sobre la mesa, agárrate a los bordes y abre las piernas.

Gisele obedeció, excitándose con aquella orden. Matt se colocó detrás de ella y acarició su espalda mientras presionaba con su enorme erección contra el trasero de ella. Le subió la falda del vestido y se la enrolló en la cintura. Acarició sus nalgas y deslizó sus braguitas por sus piernas, se las quitó y las guardó en el bolsillo interior de su chaqueta.

—Esta noche no las necesitas —le susurró al oído—. Abre más las piernas, preciosa.

Gisele no se hizo de rogar y abrió las piernas, Matt acarició el pubis de Gisele para comprobar si estaba preparada para recibirle antes de hundirse en ella de una estocada. Ella gimió extasiada y abrió más las piernas en busca del placer de ambos. Él acarició su clítoris mientras entraba y salía de ella hasta que, juntos, alcanzaron el clímax.

—Me hubiera gustado que hubiese sido de otra manera, pero te prometo que te compensaré cuando lleguemos a casa —le aseguró Matt.

—Te tomo la palabra.

Tras asearse y adecuarse la ropa, salieron del despacho y regresaron a la planta baja donde se reunieron con todos los invitados.

— ¿Se puede saber dónde estabas? Todo el mundo me ha preguntado por ti —le reprochó Jason.

—He subido un momento al despacho para revisar algo.

— ¿Para revisar algo? —Se mofó Jason—. Querrás decir que has subido para darle un repaso a Gis, no hay más que ver tu cara de idiota para adivinarlo. Por cierto, es la misma cara de idiota que pones cuando la miras.

Matt sonrió ante el comentario de su amigo, pero no apartó la mirada de Gisele. Ella estaba charlando con Sarah y Kelly a pocos metros de distancia, pero él no podía quitarle los ojos de encima.

— ¡Pamela, cuánto tiempo! —Exclamó Jason para avisar a su amigo de la presencia de Pamela, que llegó hasta ellos en un par de segundos—. Voy a saludar a unos amigos, nos vemos luego.

Matt siguió a Jason con la mirada y vio que se dirigió hacia a las chicas y las alejó de dónde él se encontraba, pero Gisele se volvió en busca de Matt y al verlo hablando con aquella mujer entendió el propósito de Jason. Intercambió una rápida mirada con Matt antes de dar media vuelta y seguir a Jason y a las chicas.

— ¿Qué estás haciendo aquí, Pam?

—Hace semanas que no sé nada de ti y he oído rumores, así que he venido a comprobar con mis propios ojos si eran ciertos. Y lo he comprobado, he visto cómo miras a esa niña, ¿cuántos años tiene? Debes sacarle casi quince años —le dijo con tono burlón.

—Doce —la corrigió Matt.

—Tú no estás hecho para el compromiso, Matt —le recordó Pamela—. Te gusta esa cría porque es una novedad, pero te cansarás de ella y, para entonces, quizás yo también me haya cansado de esperarte.

—No me esperes Pam, lo mío con Gisele va en serio.

—Esa niña no sabrá complacerte, volverás a mí, Matt —gruñó entre dientes Pamela, rabiosa por el rechazo de Matt, antes de dar media vuelta y marcharse.

Matt recorrió la sala con la mirada hasta encontrar a Gisele y se dispuso a ir junto a ella, pero los invitados querían saludarle y felicitarle por el quinto aniversario de la agencia, le paraban a cada paso que daba y tenía que comportarse como el perfecto anfitrión.

Gisele estaba nerviosa, aquella fiesta era su presentación oficial como la novia de Matt y podía sentir los ojos de todos los invitados clavados en ella. Tampoco le había pasado por alto el intento de Jason por alejarlas de Matt cuando hablaba con Pamela, la mujer pelirroja. Intentando convencerse de que debía mantener la compostura y seguir en su papel de novia perfecta, Gisele se excusó y se dirigió al cuarto de baño. Necesitaba refrescarse para centrarse, tenía que controlar el ataque de celos que la había invadido porque no tenía ningún derecho a estar celosa, o al menos de eso intentaba convencerse. Estaba lavándose las manos cuando la voz de una mujer dijo a su espalda:

—Supongo que tú eres la increíble Gisele.

A Gisele no le hizo falta dar media vuelta o mirar a través del espejo para adivinar a quién pertenecía esa voz.

— ¿Y tú eres…? —La encaró Gisele.

—Soy Pamela, una vieja amiga de Matt, tú ya me entiendes —le respondió Pamela con una risa maliciosa.

—Creo que sí —le respondió Gisele sacando a la arpía que llevaba dentro—, eres una de las ex amantes de Matt que ha venido para suplicarle unas migajas de atención porque, desde que está conmigo, ya no quiere saber nada de ti.

Pamela fulminó con la mirada a Gisele y levantó la mano dispuesta a darle una bofetada, pero Gisele la detuvo agarrándola por la muñeca antes de que su mano le impactara en la cara.

—Solo eres una cría, te arrepentirás cuando él se aburra de ti y te deje —siseó antes de marcharse por donde había venido.

Gisele respiró hondo y reunió toda la paciencia que le quedaba para no salir detrás de Pamela y arrancarle los ojos. Era consciente de que Matt tenía un pasado, pero ambos tenían un acuerdo al que ceñirse y no quería quedar como una cría frente a Matt, por eso decidió omitir la pequeña conversación que había mantenido con Pamela en el cuarto de baño.  Se refrescó la nuca y regresó junto a los demás, pero no había ni rastro de Matt. Lo buscó con la mirada pero no lo encontró, así que trató de mantener la calma y se unió a la conversación con Sarah y Kelly. Poco después se les unió Leonor, la madre de Matt y Kelly, que le hizo prometerle que irían a hacerle una visita pronto. Jason, Tyler y Ben se quedaron junto a las chicas, pero no prestaron atención a la conversación ya que continuamente eran interrumpidos por los invitados que querían saludarles.

— ¿Va todo bien?

Gisele suspiró aliviada al escuchar su voz y sentir sus brazos alrededor de la cintura, Matt la abrazaba desde la espalda.

—Supongo que sí —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

Matt la escrutó con la mirada y adivinó qué se le estaba pasando por la cabeza a Gisele. No tenía ninguna intención de mentirle, con ella no era necesario.

— ¿Damos un paseo? —Le propuso. Ella asintió, Matt la agarró de la mano y, tras salir al jardín, añadió—: La mujer con la que me has visto hablando es Pamela Steel, una mujer con la que quedaba de vez en cuando y nos divertíamos sin ningún tipo de compromiso.

— ¿Por qué me cuentas esto, Matt?

—No he quedado con ninguna mujer desde que te conozco, solo quiero que sepas que estoy cumpliendo el contrato y que, aunque mi fama me preceda, la única mujer que hay en mi vida eres tú. No quiero ni necesito a ninguna otra —le susurró al oído las últimas palabras.

—Entonces, ¿sigue en pie nuestro plan para esta noche después de la fiesta? —Le preguntó Gisele con voz seductora, no quería hablar sobre Pamela.

—Por supuesto, preciosa. Pero ahora debemos regresar, los invitados deben estar preguntándose dónde nos hemos metido.

Matt la estrechó con fuerza contra su cuerpo y la besó apasionadamente, necesitaba sentir sus labios en su boca y su cuerpo entre sus brazos antes de regresar a la fiesta. Necesitaba sentirla casi tanto como respirar.

Cita 144.

“A veces tengo miedo de mi corazón, de su hambre constante de lo que sea que quiere. La forma en que se detiene y comienza otra vez.”

Edgar Allan Poe.

Hasta que el contrato nos separe 18.

Nadie salió de su habitación hasta la hora de la cena, cuando todos se reunieron de nuevo en el vestíbulo del hotel, frente al restaurante. Habían planeado una noche de copas para que las chicas se divirtieran y para que los chicos se distrajeran un poco del trabajo. Tyler y Kelly decidieron salir a cenar a solas, por fin tenían la primera cita que ambos tanto habían soñado pero que ninguno se había atrevido a dar el primer paso para salir juntos, aunque fuera por una absurda apuesta. Sin embargo, gracias a Gisele, aquella apuesta se tornó en una improvisada cita.

—Has arrojado a mi hermana a los brazos de un psicópata —la acusó Matt bromeando mientras tomaban asiento en la mesa.

—Sé que es tu hermana pequeña y que no quieres oír lo que te voy a decir, pero ambos desean lo mismo desde hace mucho tiempo y me temo que el único motivo por el que no se habían atrevido a hacerlo eras tú.

—Tienes razón, no quiero oírlo.

—Tyler es tu amigo, ¿crees que se enrollaría con tu hermana si solo quisiera pasar una noche divertida? Kelly le gusta de verdad, solo tienes que fijarte en la forma en que la mira para confirmarlo.

— ¿Podemos olvidarnos del tema?

Gisele no dijo nada, pero le desafió con la mirada. No podía creer que aquel testarudo se negara a ver lo evidente simplemente porque no quería aceptar que su hermana y uno de sus amigos estaban enamorados.

— ¿Problemas en el paraíso? —Se mofó Ben.

— ¿Quieres pasarte el resto de los festivos de guardia? —Le amenazó Matt.

—Creo que me voy a ir a mi habitación y llamaré al servicio de habitaciones, así dejaré que las parejitas se diviertan —se despidió Ben riendo divertido—. Pasarlo bien, parejas.

—Buenas noches, Ben —le respondió Gisele sonriendo.

A Matt no le pasó desapercibida aquella sonrisa de Gisele y de nuevo volvió a sospechar que le estaban ocultando algo. Gisele le vio fruncir el ceño y, tratando de hacerle sonreír, le susurró al oído:

—Tendremos que seguir con la terapia de relajación esta noche, parece que la sesión de esta tarde no te ha hecho demasiado efecto.

—Terapia intensiva, eso es lo que necesito —le respondió Matt con la voz ronca y una seductora sonrisa en los labios.

Ella le miró y sonrió con complicidad, convivir con Matt le estaba resultando más fácil, agradable y placentero de lo que hubiera podido pensar antes de firmar el acuerdo. Sin embargo, esa misma complicidad la asustaba. ¿Y si se enamoraba de él? Sabía que todo terminaría en cuanto cumpliera con el acuerdo y Matt heredara la fortuna de su abuelo materno. Pero para ello todavía quedaba más de un año, tenía tiempo para pensar qué debería hacer cuando llegase el momento.

Mientras cenaban, Sarah se animó tras beberse un par de copas de vino y, con una maliciosa sonrisa en la cara, comentó:

—Bueno parejita, veo que la tarde ha sido muy fructífera para vosotros, tenéis la palabra sexo escrita en la cara.

Jason se echó a reír a carcajadas, Gisele se atragantó con el vino que estaba tomando y Matt, mientras acariciaba y daba suaves golpecitos en la espalda de Gisele para que dejara de toser, le respondió a Sarah:

—A Jason y a ti también se os ve muy buena cara, imagino que también os ha cundido la tarde.

—En mi defensa diré que la abstinencia no es lo mío y estaba a dos velas desde que me marché del apartamento —alegó Sarah.

—Solo ha pasado una semana —calculó Matt.

—Pues eso, demasiado tiempo en sequía —zanjó la cuestión Sarah.

—Me halaga saber que me deseas tanto —murmuró Jason entre dientes, visiblemente molesto.

—Oh cielo, que la abstinencia no sea lo mío no significa que esté dispuesta a follar con cualquiera —le aclaró Sarah haciendo que Gisele se atragantara de nuevo. Se volvió hacia a su amiga y le dijo burlonamente—: Me parece increíble que a estas alturas sigas escandalizándote al oírme, deberías estar inmunizada.

—Espera, que ahora voy a tener que darle las gracias y todo —protestó Jason.

—Deberías, eso significa que estás en una buena posición en mi lista.

Jason abrió la boca pero Gisele, adivinando cómo acabaría aquella conversación, decidió intervenir y le aconsejó a Jason:

—Es mejor que no preguntes, no lo quieres saber.

Después de cenar, los cuatro se dirigieron al pub del hotel y se acomodaron en unos sofás al fondo, en la zona chill-out.

—Iré a la barra a por unas copas, ¿qué queréis tomar? —Se ofreció Matt.

—Lo de siempre —respondieron Jason y Gisele al unísono.

—Yo todavía no lo tengo decidido, te acompaño a la barra y así veo qué tienen —respondió Sarah con naturalidad, pero Gisele conocía demasiado a su amiga y la miró enarcando las cejas, queriendo adivinar qué se traía entre manos—. No me mires así Gis, no estoy tramando nada.

—Si no te conociera, quizás te creería —murmuró Gisele.

Matt besó a Gisele en los labios y le susurró al oído:

—Estaré de vuelta antes de que te des cuenta —se volvió hacia a Jason y le advirtió con el ceño fruncido—: Compórtate.

—Yo siempre me comporto —replicó Jason con tono burlón.

La mirada amenazadora de Matt fue suficiente para que Jason asintiera con seriedad, conocía bien a su amigo y se había dado cuenta de que Gisele se había convertido en su kryptonita.

Matt se dirigió a la barra con Sarah, se abrieron paso entre la multitud sin decir nada, pero Matt sabía que aquel repentino interés de ella en acompañarlo no era más que una excusa para hablar con él a solas y solo podía ser sobre un tema: Gisele.

—Gis parece estar bastante bien, teniendo en cuenta que Erik ha resultado ser un criminal y que hay un riesgo importante de que su banda quiera matarla —comenzó a decir Sarah mientras esperaban que el camarero les atendiera.

—Intento mantenerla al margen de la investigación para no preocuparla, pero es muy testaruda y a veces resulta imposible evitarlo.

—Gis es una mujer fuerte, pero todos tenemos un límite. La conozco bien y sé que su prioridad en estos momentos es tratar de aparentar estar lo mejor posible para no preocuparnos más de lo que ya estamos.

— ¿Y qué se supone que debo hacer para que se relaje y esté bien?

—Hagas lo que hagas, no se te está dando mal —bromeó Sarah—. Solo quiero asegurarme que cuidarás de ella y que, si decides cambiar de opinión, me avises para que pueda regresar junto a ella y apoyarla.

—Te aseguro que estoy cuidando de Gisele y voy a seguir haciéndolo.

— ¿Sabes? Gis no quería saber nada de los hombres, decía que quería centrarse en terminar sus estudios y conseguir un buen trabajo. Sin embargo, apenas hace unas semanas que os conocéis y he notado a Gis más cómoda y relajada de lo que jamás la había visto en casi cuatro años de relación con Erik.

— ¿Me estás dando tu visto bueno? —Bromeó Matt.

—Yo no soy quien da el visto bueno, pero sí quien puede matarte si resultas salir rana —le advirtió Sarah—. Gis es como una hermana, es mi única familia. No hay nada que no estuviera dispuesta a hacer por ella.

—Te prometo que cuidaré de Gisele.

—Me ha dicho que le has ofrecido trabajar unas horas en la agencia para pagar las tasas de la universidad para el próximo semestre, pero con todo lo que ha pasado no apenas ha trabajado.

—Es correcto, su seguridad es mi prioridad. Pero no te preocupes por las tasas de la universidad, yo me encargo de eso. ¿Hay algo más que quieras saber?

—Solo una cosa más, ¿por qué Gis?

— ¿A qué te refieres?

—Puede que Gis viva en una nube, pero el resto de los humanos sabemos que tienes fama de mujeriego y que tu tipo de chica ideal son las Barbies siliconadas.

—Con las Barbies siliconadas, como tú las llamas, solo quería divertirme, pasar una noche de buen sexo y si te he visto no me acuerdo. Pero con Gisele no fue así. Me gustó desde que la vi. Su naturalidad, su sencillez y su manera de enfocar el mundo me fascinaron. Supongo que el hecho de ser diferente a las chicas con las que salía fue el motivo por el que me hechizó.

—No te voy a engañar, cuando Gis me dijo que había pasado la noche en tu casa y que le habías ofrecido la habitación de invitados, no os vi ningún futuro.

— ¿Por qué conformarme con una sola noche de sexo con Gisele si tengo la oportunidad de enamorarla y disfrutar del sexo con ella todas las noches del resto de nuestras vidas?

—Espero que no le digas eso si no quieres que salga corriendo, Gis tiene un ligero temor al compromiso.

—Tomo nota de tu consejo —asintió Matt sonriendo y añadió cambiando de tema—: ¿Qué me dices de Jason? Tenía entendido que no repetías dos veces con el mismo hombre.

—El cuerpo es débil y a tu amigo se le da muy bien complacerme, supongo que yo tampoco soy de las que deja escapar las oportunidades.

Mientras Matt y Sarah pedían las copas en la barra, Jason y Gisele les esperaban charlando en la zona chill-out. Jason trató de entretenerla con anécdotas divertidas, sin mencionar el acuerdo secreto. No quería incomodarla, sabía lo importante que era para Matt que ella se sintiera cómoda. Si no conociera tan bien a su amigo, hubiera dicho que se había enamorado.

— ¿Qué tal estás llevando lo de tu ex?

—No lo sé, creo que todavía estoy en la fase de asimilación —le confesó Gisele.

—Matt está preocupado, dice que pareces estar llevándolo bien pero que probablemente estés fingiendo para no preocuparle.

—Deberías preocuparte por él, apenas ha descansado en los últimos días.

—No he sido yo quien le ha tenido despierto toda la tarde —bromeó Jason.

—Ahí me has pillado —le respondió ella encogiéndose de hombros.

—No te preocupes, Matt sabe lo que se hace —le aseguró Jason.

Matt y Sarah regresaron con las copas y los cuatro se acomodaron en los sofás para charlas animadamente. A Sarah no le pasaron por alto las manos de Matt, que estaban en contacto permanente con el cuerpo de Gisele. Era evidente que él cuidaba muy bien de ella, se mostraba cariñoso incluso en público y a Gisele se la veía resplandeciente.

—Sea lo que sea lo que haces, a ella le sienta genial —le susurró Sarah a Matt para que solo él la escuchara.

Matt agradeció sus palabras con una sonrisa de complicidad. Por alguna extraña razón, de repente le resultaba importante contar con la aprobación de Sarah y no pensaba en el acuerdo precisamente.

—No quiero que esta noche acabe, te he echado mucho de menos estos días, Gis —le confesó Sarah cuando las luces del pub comenzaron a encenderse para indicar a los clientes que iban a cerrar—. Menos mal que el próximo fin de semana nos vamos a volver a ver.

—A mí también me verás, muñeca —le recordó Jason—. Podemos ir juntos a la celebración del quinto aniversario de la agencia, así te ahorro el tener que buscar a una nueva víctima a la que seducir.

—Eres todo un romántico —se mofó Sarah—. Suena bien, pero corres el riesgo de enamorarte de mí, muñeco.

—Estoy dispuesto a arriesgarme.

—Vale, no quiero seguir escuchando —sentenció Gisele poniéndose en pie. Miró a Matt y, mordiéndose el labio inferior, le preguntó—: ¿Vienes a la cama?

—Estaría loco si te dijera que no —le confirmó Matt sonriendo de oreja a oreja.

—Buenas noches, pareja —se despidió Sarah.

—Gis, recuerda lo que hemos hablado —le dijo Jason entre risas, haciendo referencia a la conversación sobre la falta de descanso de Matt.

—Tú solo procura que no nos interrumpan durante la noche, yo me ocupo del resto —le respondió ella siguiéndole el juego.

— ¿A qué ha venido eso? —Quiso saber Matt cuando subieron al ascensor.

Pero Gisele no le respondió cómo esperaba, se arrojó a sus brazos y le devoró la boca, hambrienta de deseo. Matt no hizo más preguntas, la alzó en brazos haciendo que le rodeara la cintura con las piernas y presionó la pelvis de ella con su abultada entrepierna. Se olvidó de su curiosidad y de todo lo que no fuera besar y acariciar a Gisele. En su mente solo tenía una meta: llevar a Gisele a la habitación y colmarla de placer hasta desfallecer a causa del cansancio.

Cita 143.

“He amado hasta llegar a la locura; y eso a lo que llaman locura, para mí, es la única forma sensata de amar.”

Françoise Sagan.