Archivo | septiembre 2018

Hasta que el contrato nos separe 14.

Matt aparcó el coche en el garaje y entró en casa detrás de Gisele. Le hubiera gustado continuar donde lo dejaron antes de marcharse un par de horas antes, pero Gisele estaba totalmente evadida en sus propios pensamientos y no parecía tener la menor intención de acercarse a él. Gisele estaba enfadada, no podía evitar sentirse ofendida por los comentarios que había escuchado en la agencia. ¿Acaso creían que les mentiría en algo así? Erik estaba como una cabra y era peligroso, no tenía ninguna intención de encubrirle y poner a todos en riesgo. Pero lo que más le molestó fue el cambio de actitud de Matt, que había pasado de devorarla con pasión y deseo a mostrarse distante y mirarla con cautela.

— ¿Vas a seguir sin hablarme? —Le reprochó Matt cuando entraron en el dormitorio.

Gisele se volvió para encararlo y abrió la boca para replicarle, pero la cerró antes de decir ni una sola palabra, sabiendo que no tenía ningún derecho a exigirle nada.

—Gisele, por favor…

— ¿Qué quieres de mí, Matt?

—Quiero a la Gisele de siempre, la Gisele que me sonríe, me abraza y, sobre todo, a la Gisele que me besa.

—Esa Gisele es la misma que tiene un ex novio tarado y te ha metido en todo esto. Quizás deberías replantearte nuestro acuerdo.

—Debería hacerlo, pero para añadir una cláusula en la que no se te permita enfadarte conmigo —le susurró él agarrándola por la cintura para estrecharla contra su cuerpo—. No me gusta verte triste, dime qué puedo hacer para arreglarlo.

— ¿Te das cuenta de que te doy más problemas de los que te quito?

—Así la vida resulta más emocionante —bromeó Matt.

Gisele sonrió, se dejó abrazar por Matt y, decidida a dar el siguiente paso para retomarlo donde lo dejaron, lo besó en los labios. Matt le correspondió, la estrechó entre sus brazos con fuerza y se dejó llevar por el deseo que se apoderó de ambos.

La tumbó sobre la cama y, tras darle un leve beso en la punta de la nariz, comenzó a desnudarla lentamente. Se deshizo de cada prenda de su ropa observándola con intensidad, atento a sus gestos y a sus reacciones, no quería perderse nada de ella.

El teléfono de Matt comenzó a sonar y ambos se sostuvieron la mirada durante unos segundos hasta que Gisele le advirtió:

—Ni se te ocurra contestar.

—No pienso cogerlo, no voy a permitir que vuelvan a interrumpirnos —le aseguró.

Gisele sonrió complacida y, tras incorporarse, se arrojó a sus brazos invirtiendo sus posturas, haciendo que fuese él quien quedara debajo de ella.

—Llevas puesta demasiada ropa —opinó ella dispuesta a ponerle remedio.

Se deshizo de la camisa, de los pantalones y de los calzoncillos de Matt mientras él se entretenía tratando de atrapar con los dientes los duros y rosados pezones de Gisele para después mimarlos con su suave lengua.

Sentada a horcajadas sobre él, Gisele podía sentir la dura erección de Matt presionando contra su entrepierna y gruñó con impaciencia, invitando a Matt a entrar en ella.

—Solo tienes que pedirme lo que quieres, Gisele —le susurró con la voz ronca, queriendo oírla decir lo que tanto necesitaba.

—Sabes perfectamente lo que quiero.

—Quiero oírtelo decir.

Gisele le desafió con la mirada, no entendía a qué venía ese jueguecito, pero finalmente le complació y le susurró excitada:

—Te quiero dentro de mí.

—Será todo un placer —le dijo Matt con una sonrisa maliciosa en los labios antes de ponerse un preservativo y penetrarla lentamente.

Gisele cerró los ojos y gimió excitada mientras disfrutaba del mágico vaivén al que Matt la sometía mientras la besaba y acariciaba todo su cuerpo. Matt estaba al borde del orgasmo y decidió invertir las posiciones. Entrelazó sus manos con las de ella por encima de su cabeza, la cubrió con su cuerpo y le besó mientras entraba y salía de ella. Ya no podía contenerse más, así que deslizó una de sus manos hacia donde se unían sus cuerpos y acarició el abultado clítoris de Gisele al mismo tiempo que le susurró con la voz ronca:

—Déjate llevar, Gisele.

Gisele no se hizo de rogar, su cuerpo respondió a la orden de Matt y recibió una oleada de placer con los primeros espasmos del orgasmo. Gimió, se arqueó y estalló en mil pedazos justo en el momento que Matt se dejó ir.

Matt se dejó caer sobre ella y acto seguido rodó hacia un lado para invertir las posiciones para no aplastarla, pero la sostuvo entre sus brazos para que no se apartara, necesitaba sentirla cerca.

— ¿Estás bien?

—No podría estar mejor —ronroneó Gisele medio dormida.

Matt le dio un beso y le deseó buenas noches antes de que ambos se quedaran completamente dormidos.

A la mañana siguiente, Gisele se despertó sola en la cama. Suspiró con resignación, le hubiera acurrucarse junto a él y volver a dormirse. Se sentó en la cama y vio una nota sobre la mesilla de noche, era una nota de Matt: “Buenos días, preciosa. Baja a desayunar conmigo cuando quieras, te estaré esperando. M.” Gisele sonrió de oreja a oreja, se puso en pie y se dio una rápida ducha. Salió del cuarto de baño envuelta en una toalla y rebuscó entre su ropa, que ya ocupaba más de la mitad del vestidor, hasta que al final se decidió por un short tejano y una camiseta azul de tirantes. Bajó las escaleras y escuchó varias voces procedentes de la cocina, agudizó el oído y reconoció la voz de Matt, la de Jason, la de Tyler, la de Ben y también la de Elsa. Por el tono que empleaban, Gisele dedujo que le esperaba un día muy largo.

—Buenos días —saludó tímidamente al entrar en la cocina.

El silencio inundó la estancia durante un par de segundos, hasta que Matt se levantó de la silla y se acercó a ella dedicándole una media sonrisa.

—Buenos días, Gisele. ¿Has dormido bien? —La saludó tras darle un leve beso en los labios.

—No me puedo quejar —le contestó en un susurro para que solo él la escuchara. Se volvió hacia todos los demás y añadió bromeando—: Estoy hambrienta, ¿me habéis dejado algo para desayunar?

—Por supuesto que sí, cielo. Siéntate que en seguida te sirvo el desayuno —le dijo Elsa.

Matt se sentó de nuevo en su silla y arrastró a Gisele con él para que se sentara en su regazo. Le hubiera gustado quedarse con ella en la cama y esperar a verla despertar, pero tenía asuntos de los que ocuparse que no podían esperar.

Jason, Tyler y Ben les miraron como si estuvieran viendo a dos fantasmas. No estaban acostumbrados a ver a Matt tan cariñoso con una mujer, de hecho era la primera vez que le veían así con una mujer.

— ¿Qué estáis mirando? —Les reprochó Matt.

—Entiéndelo, esto es nuevo para nosotros —se mofó Jason.

—No puedes culparnos, te conocemos desde hace más de quince años y nunca has tenido novia —bromeó Tyler.

—Supongo que hasta ahora no había conocido a la mujer perfecta —respondió Matt con naturalidad. Gisele le miró con las cejas y él añadió divertido—: ¿Ha sido demasiado?

—Demasiado para antes de un café —le confirmó Gisele entre risas.

Matt la besó de nuevo, era un gesto que le salía natural con ella y le gustaba. Además, a Gisele no parecía molestarle, más bien todo lo contrario.

—Será mejor que vayamos al grano, tenemos mucho por hacer —les recordó Ben, que seguía pendiente de su ordenador portátil sin prestar demasiada atención a lo que decían.

—Gisele, hasta que solucionemos todo esto, un par de agentes te acompañarán a donde quiera que vayas —la informó Matt, poniéndose serio—. Debemos evitar cualquier riesgo, así que lo mejor es que solo estés en sitios seguros.

— ¿Qué consideras un sitio seguro?

—Esta casa y la agencia.

—He quedado con Kelly para ir de compras y este fin de semana íbamos a ir a ver a Sarah a la capital —protestó Gisele.

—Lo siento, pero no puedes ir de compras con Kelly. Puedes llamarla e invitarla a pasar el día en la piscina si quieres —trató de animarla Matt—. Nuestra visita a la capital sigue en pie, pero Tyler y Ben te escoltaran mientras yo esté con Jason en la reunión.

—En la capital hay un montón de tiendas, ¿por qué no compráis allí los vestidos para el aniversario de la agencia? —Propuso Elsa dejando la bandeja de desayuno frente a Gisele.

—Le prometí a Kelly que iríamos juntas a comprarlos —rechazó la idea Gisele.

—Le pediremos a Kelly que nos acompañe a la capital —accedió Matt.

—Bien, ya tenemos resuelto el primer punto —comentó Jason mirando divertido a su amigo Matt—. Estoy deseando oír el segundo punto.

Gisele ya empezaba a conocer a Jason y, gracias a su sonrisa burlona, supo que el segundo punto del día le iba a divertir e iba a ser su costa. Matt fulminó a Jason con la mirada antes de volverse a Gisele para, suavizando el tono de voz, decirle:

—Necesitamos que veas algunas fotos por si puedes reconocer a alguien en ellas.

—Veré las fotos si es lo que quieres, pero ya te he dicho que no he conocido a nadie del pasado de Erik —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Puede que no reconozcas a nadie en ellas ahora, pero es bueno que conozcas sus caras si los ves por la calle —opinó Ben.

—De acuerdo, ¿cuándo empezamos? —Aceptó Gisele.

—Ben se quedará contigo enseñándote las fotos mientras Tyler va a buscar a Kelly para que te haga compañía. Yo tengo que ir a la agencia con Jason, pero estaré de vuelta a la hora de comer —le aseguró Matt—. Si lo prefieres, también puedes venir conmigo.

—No te preocupes, estaré bien —le tranquilizó ella con una dulce sonrisa.

Matt la besó en los labios con ternura a modo de despedida y, antes de salir de la casa con Jason y Tyler, le susurró al oído:

—Me hubiera gustado quedarme contigo en la cama todo el día.

Ella sonrió y se ruborizó, provocando una carcajada en Matt, que la estrechó entre sus brazos y volvió a besarla antes de marcharse seguido de Jason y Tyler.  Gisele le observó marcharse y se sentó en la silla de nuevo al mismo tiempo que suspiraba. Empezaba a ser consciente de lo que sentía por Matt y supo que acabaría totalmente enamorada de él antes incluso de que se celebrara la boda.

— ¿Te parece bien si empezamos a revisar las fotografías? —Le preguntó Ben tratando de utilizar un tono suave y amable.

—Claro, cuando tú quieras.

Elsa se encargó de retirar los platos del desayuno de la mesa para dejarlos trabajar y desapareció para ocuparse de las tareas de la casa. Ben ladeó la pantalla de su ordenador portátil para que Gisele pudiera ver bien y comenzó a pasar fotografías, una detrás de otra, mientras Gisele las observaba sin reconocer a nadie.

Casi una hora después y sin ningún resultado positivo, Ben resopló con frustración y Gisele, sintiéndose mal por no ser de ayuda, se disculpó:

—Lo siento, ojalá pudiera ser más útil.

—No lo sientas, esto supone un menor riesgo. Si tú no los conoces a ellos es posible que ellos tampoco te conozcan a ti.

— ¿Te importa si echo un vistazo a lo que habéis averiguado? —Le tanteó Gisele.

—Matt no quiere involucrarte en esto, es mejor que te mantengas al margen para no agobiarte.

—Todo esto es por mi culpa, no puedo mantenerme al margen —argumentó ella tratando de convencerle.

—Supongo que tienes razón, pero a Matt no le gustará.

—Entonces, será mejor que no se lo digas —le aconsejó Gisele con una sonrisa cómplice en los labios.

Ben sonrió y le cedió el ordenador para que pudiera leer todo el informe. Gisele comprobó que la información que le había dado Matt tan solo era un escueto resumen de todo lo que habían averiguado sobre Erik Jerks. Gisele no tuvo ninguna duda, Erik Muller era en realidad Erik Jerks. Leyó su amplio historial delictivo siendo menor de edad y el historial criminal de su hermano Mike. La organización criminal de los Jerks se financiaba con el tráfico de drogas y de armas, con la extorsión, el robo y también con los asesinatos a sueldo. Gisele necesitó unos minutos para asimilar toda aquella información, conocía a Erik desde hacía cuatro años, había compartido su vida con él y acababa de descubrir que no le conocía en absoluto. Ben le dio el tiempo y el espacio que Gisele necesitaba, sabía que no era fácil encajar una situación así.

Cita 139.

“¿Cómo puede una mujer esperar ser feliz con un hombre que insiste en tratarla como si fuera un ser humano normal?”

Oscar Wilde. 

Hasta que el contrato nos separe 13.

Matt se dirigió a la cocina haciendo un gran esfuerzo por alejarse de Gisele. Si ya le resultaba bastante difícil contener sus ganas de devorarla, conseguirlo mientras fuera así vestida le iba a resultar imposible. Las duchas de agua fría tampoco le hacían ningún efecto, en cuanto pensaba en ella se le ponía dura. Suspiró con resignación y cogió una botella de agua de la nevera y un par de vasos del armario antes de regresar al jardín con Gisele. La encontró en el sofá-balancín y se sentó junto a ella, que le recibió con una amplia sonrisa en los labios. Sabía por Elsa que Gisele había estado aburrida sin nada qué hacer y se sentía culpable de no haber podido dedicarle todo el tiempo que le hubiera gustado, así que le propuso:

—Podemos ver una película si te apetece.

—Si no te importa, prefiero quedarme aquí.

—Y, ¿qué quieres que hagamos?

—Háblame de tu padre.

—Preferiría no hacerlo.

—Lo siento, no quería incomodarte —se disculpó Gisele con un hilo de voz—. A mí tampoco me gusta hablar demasiado de mis padres.

Matt respiró profundamente y, por alguna extraña razón, sintió la necesidad de hablarle de su padre a Gisele:

—Mi padre era militar, se alistó a los dieciocho años y le encantaba su trabajo. Pero su sueño era estar con su familia, con nosotros. Recuerdo perfectamente la forma en la que trataba a mi madre, siempre estaba pendiente de ella, le regalaba flores y la besaba y abrazaba a todas horas, sin importarle quién estuviera delante. Se pasaba horas jugando con Kelly y conmigo, siempre nos ayudaba con los deberes y en verano acampábamos en el jardín.

—Me hubiera gustado conocerle, estoy segura que te pareces mucho a él —comentó Gisele en un susurro.

—Le habrías encantado, eras la clase de chica con la que a él le hubiera gustado verme formar una familia.

Matt colocó su brazo sobre los hombros de Gisele y la estrechó contra el lado derecho de su cuerpo. Ella recostó la cabeza entre el hombro y su cuello y apoyó una de sus manos sobre el pecho de él, acariciándole formando pequeños círculos con sus dedos. Harto de contener la necesidad de sentirla cerca, la agarró por la cintura y la colocó sobre su regazo antes de estrazarla con fuerza entre sus brazos. Se sostuvieron la mirada durante unos segundos antes de fundirse en un apasionado beso.

—Gisele, si sigo así…

—Sht. No digas nada —le interrumpió Gisele—. Ambos somos conscientes de que esto pasará tarde o temprano y, si te soy sincera, creo que esperar es alargar la tortura que estamos sufriendo. No puedo más.

— ¿Estás segura?

—Completamente —afirmó Gisele antes de besarle de nuevo.

Gisele se subió a horcajadas sobre Matt mientras se besaban salvajemente. Él acarició el contorno de su figura, deseando arrancarle la poca ropa que llevaba. Ambos estaban entregados al deseo cuando el teléfono móvil de Matt comenzó a sonar.

—No puede ser verdad —bufó Gisele despegando sus labios de los de Matt.

—No pienso contestar, esta noche solo estoy disponible para ti —. Gisele intentó quitarse la camiseta que llevaba puesta pero Matt la detuvo—: Aquí no, hay cámaras de seguridad que graban todo lo que ocurre en el exterior de la casa.

En su estado, a Gisele le importaba bien poco que hubieran cámaras de seguridad, pero supo que cuando la lujuria se le hubiera pasado lo agradecería. Matt se levantó del sofá-balancín cargando con ella en brazos y la llevó hasta el dormitorio principal sin apenas hacer ningún esfuerzo. En los escasos cuatro minutos que duró el trayecto hasta que dejó a Gisele sobre la cama de su dormitorio, el teléfono de Matt recibió dos llamadas más.

—Deberías cogerlo, puede que sea importante.

—No hay nada más importante que satisfacer las necesidades de mi futura esposa.

—Mm… Eso suena de lo más tent…

Matt la calló devorando su boca, él tampoco podía contenerse más. La besó mientras ella le desabrochaba los botones de la camisa, deshaciéndose de ella segundos después para acariciar con verdadero deseo su duro y musculado torso. Matt la tumbó sobre la cama, con una de sus manos agarró a Gisele por las muñecas y se las sostuvo por encima de la cabeza al mismo tiempo que posaba su otra mano sobre el cuello de ella y la deslizaba entre sus pechos hasta llegar a su pubis.

—Matt —gimió Gisele excitada, arqueando su cuerpo en busca de más caricias.

—Mm… Me encanta oírte gemir mientras dices mi nombre —le confesó Matt con la voz ronca, tratando de memorizar cada gesto y cada gemido de Gisele. El teléfono de Matt volvió a sonar y exclamó irritado—: ¡Maldita sea! ¿Es que no nos van a dejar en paz?

—Será mejor que contestes —opinó Gisele.

Matt bufó con frustración. Le daba igual lo que ocurriera fuera de aquellas cuatro paredes, él solo quería cubrir a Gisele de besos y caricias, quería hacerle el amor por primera vez. Sacó el teléfono del bolsillo del pantalón y, al ver que se trataba de Jason, gruñó nada más descolgar:

—Por tu bien, espero que sea importante.

—Uix, ¿interrumpo algo? —se mofó Jason. Se puso serio y añadió—: Tyler me ha llamado porque no te localizaba, ya tenemos la verdadera identidad de Erik Muller y no te va a gustar.

— ¿Quién es?

— ¿Recuerdas a Mike Jerks? Pues Erik Muller es su hermano pequeño, toda una pieza. Creó su nueva identidad tras la muerte de su hermano para continuar con el legado que le había dejado Mike, pero conoció a Gis y se enamoró de ella. Priorizó el amor a los negocios y ahora se ha quedado sin una cosa y sin la otra. Sus hombres creen que les ha traicionado y Gisele le ha dejado, será mejor que vengas con Gis a la agencia cuanto antes, me temo que no solo tendremos que protegerla de un ex novio acosador.

—Estaremos allí en veinte minutos —le confirmó Matt antes de colgar.

Gisele sospechó que algo no iba bien al escuchar el tono de Matt y lo confirmó con las últimas palabras de Matt a su interlocutor.

— ¿Qué ocurre?

—Ve a vestirte, tenemos que ir a la agencia —le respondió Matt. Ella le miró esperando una explicación y añadió—: Te lo contaré en el coche.

Matt necesitaba un poco de tiempo para asimilar lo que todo aquello suponía y no se refería al acuerdo que tenían. En aquellos momentos, el acuerdo le importaba bien poco. Su prioridad era la seguridad de Gisele, no podía permitir que nada le pasara.

Gisele no hizo preguntas, entró en la casa y se dirigió al dormitorio para vestirse de nuevo. No sabía qué había pasado, pero imaginaba que no era nada bueno. Resopló con frustración, su plan de seducir a Matt se había ido al garete cuando estaba a punto de conseguirlo.

Matt aprovechó para darse una rápida ducha de agua fría en el cuarto de baño de la planta baja, no se veía capaz de estar en la misma estancia que Gisele sin abalanzarse sobre ella como un lobo hambriento. Ambos se encontraron en el hall diez minutos después y a Gisele no le pasó por alto que Matt se había duchado, aquello le molestó todavía más. Aunque no le gustara, entendía que, si había surgido algo importante, pospusiera lo que estaba a punto de hacer, pero si no había tiempo para saciar necesidades, tampoco lo debería haber para darse una ducha rápida.

— ¿Vas a contarme qué está pasando? —Le preguntó Gisele mientras Matt conducía en silencio, prestando toda su atención a la carretera.

— ¿Qué sabes del pasado de Erik Muller?

—No mucho. Me dijo que creció en casas de acogida, trabajó en una fábrica a media jornada para pagar sus estudios universitarios y cuando se graduó le ofrecieron un buen puesto de trabajo en un importante laboratorio. Seguía trabajando allí un par de semanas después de que cortáramos, pero dudo que conserve el empleo.

— ¿Te dijo si tenía hermanos?

—Solo me dijo que sus padres murieron cuando tenía diez años y que no tenía más familia, no le gustaba hablar del tema —le respondió Gisele—. ¿Vas a contarme ya qué pasa?

—Erik Muller es en realidad Erik Jerks, el hermano pequeño de un capo del crimen organizado al que mataron hace seis años —le dijo Matt mirándola de reojo para analizar su reacción.

— ¿Estás seguro? —Pero Matt la miró alzando las cejas y adivinó que no le diría algo así de no estar seguro. Resopló sonoramente y añadió murmurando con sarcasmo—: Genial, la noche mejora por momentos.

El silencio reinó durante el resto del trayecto. Matt entró en la agencia agarrando a Gisele de la mano y ella se dejó guiar hasta el despacho de Matt, situado en la última planta. Le sorprendió la cantidad de gente trabajando que había allí teniendo en cuenta que era un domingo por la noche.

—Os estamos esperando en la sala de reuniones —anunció Jason más serio que nunca.

—Vamos en un minuto —le respondió Matt clavando la mirada en los ojos de Gisele. Jason asintió y, cuando les dejó a solas en el despacho, Matt le dijo a Gisele—: Probablemente no te gustará lo que vas a descubrir, pero necesitas saberlo.

—De acuerdo.

—Esto es importante Gisele, no estamos hablando de un simple ex novio celoso —insistió—. Si recuerdas alguna cosa, por pequeña que creas que sea, debes contármela.

— ¿Podemos empezar ya?

Gisele estaba de mal humor y a Matt no le costó adivinar el motivo. A él también le hubiera gustado quedarse con ella en casa y continuar con lo que estaban haciendo antes de que les interrumpieran, pero no podía ignorar semejante amenaza.

—Vamos —sentenció Matt agarrándola por la cintura mientras recorrían el pasillo hasta llegar a la sala de reuniones.

Allí les esperaban Jason Owen, Tyler Cooper y Ben Ferris, todos con caras serias y todos fijaron la mirada en Gisele. Sabían que Matt estaba con ella, pero igualmente les sorprendió verlo con una chica en la agencia.

—Gisele, ya conoces a Jason y a Tyler, él es Ben. Chicos, ya conocéis a Gisele —Matt hizo las presentaciones oportunas antes de ir al grano—. ¿Qué habéis averiguado? —Todos miraron a Gisele y ninguno se atrevió a hablar. Matt insistió malhumorado—: Es tarde, quiero acabar con esto cuanto antes.

—Erik Muller es en realidad Erik Jerks, el hermano menor de Mike Jerks, un capo del crimen organizado que fue abatido hace seis años en una operación del servicio secreto —comenzó a decir Tyler midiendo sus palabras debido a la presencia de Gisele—. Fue entonces cuando se creó la identidad de Erik Muller, al parecer con la intención de retomar el negocio que dejó su hermano —continuó informando Tyler y, dirigiéndose a Gisele, añadió—: Es importante que, si sabes algo que nosotros no sepamos, nos lo hagas saber.

Matt la miró esperando una respuesta y aquello le pareció a Gisele la gota que colmó el vaso. Ella ya le había dicho a Matt todo lo que sabía sobre el pasado de Erik, no tenía ni idea que estuviera utilizando una identidad falsa, no entendía por qué le insistían tanto.

—Vosotros sabéis más sobre él que yo —bufó enfadada.

—Gisele…

—Si no confías en mí, no sé qué estamos haciendo —le interrumpió ella cada vez más furiosa.

—Si insistimos tanto no es porque creamos que nos estás engañando, sino porque, dada la gravedad de la situación, es importante que sepamos hasta el más pequeño detalle —intervino Jason, tratando de mediar entre ambos—. Creemos que los hombres de Erik Jerks, o Erik Muller si lo prefieres, se han vuelto en su contra debido al cambio de sus prioridades.

— ¿A qué te refieres? —Quiso saber Gisele.

—Sus hombres se sienten traicionados ya que él te ha preferido estar contigo antes de continuar con la venganza por la muerte de su hermano, lo que te convierte en su punto débil y, a su vez, en el blanco de todos sus enemigos —le soltó Tyler sin andarse por las ramas, era importante que ella tomara una decisión sabiendo todo lo que estaba ocurriendo.

—Genial, mi ex novio no es quien dice ser, dirige una organización criminal y, al parecer, sus enemigos y puede que sus propios hombres quieren matarme —resumió con un tono irónico que le sorprendió incluso a ella.

—Seguid investigando y mantenedle vigilado —ordenó Matt con una voz tan fría que Gisele sintió un escalofrío por todo su cuerpo. Se volvió hacia Tyler y añadió—: Envía a un par de agentes a vigilar mi casa y otro par que nos escolté hasta allí. Informadme de cualquier cosa que descubráis, quiero estar al corriente de todo.

—Estaremos en contacto —afirmó Tyler.

Los cuatro hombres se levantaron y Gisele les imitó. Se despidieron de Jason y de los dos agentes y salieron de la agencia escoltados por otros dos agentes que Gisele no había visto antes. El camino de regreso a casa de Matt se les hizo eterno a ambos y el silencio que reinaba durante el trayecto tampoco lo ayudó a hacerlo más llevadero.

Cita 138.

“El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que la gente ignorante está llena de certezas.”

Charles Bukowski.