Archivo | septiembre 2018

Hasta que el contrato nos separe 16.

Después de una intensa y placentera noche de sexo, ambos se quedaron dormidos, uno en brazos del otro. A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, se apretujó contra el cuerpo de Matt, que seguía junto a ella en la cama. Él le sonrió con dulzura y la besó en la coronilla de la cabeza antes de susurrarle que volviera a dormirse. Matt le aseguró que seguiría allí cuando ella despertara y así lo hizo.

Durante los días siguientes, Gisele no salió de casa. Matt se marchaba todas las mañanas a la agencia y regresaba dos o tres horas más tarde, no quería dejar sola a Gisele tanto tiempo y mucho menos si Ben se encargaba de vigilarla. La repentina complicidad que había surgido entre ambos no había pasado desapercibida para Matt, sospechaba que se traían algo entre manos y, aunque se moría de ganas por averiguarlo, se abstuvo de preguntarle a Gisele. Con Ben ya lo había intentado, pero lo único que había conseguido era ponerse de un humor de perros. Pese a que Ben le gustaba tocar las narices en exceso y tenía un carácter peculiar, pero era uno de los hombres más leales y Matt confiaba plenamente en él.

El sábado por la mañana Matt y Gisele se levantaron temprano, se dieron una larga ducha y desayunaron tranquilamente antes de salir de casa para dirigirse a la agencia. Por motivos de seguridad, Matt había decidido viajar a la capital en avión en lugar de hacerlo en coche como tenía previsto. Dos agentes les escoltaron durante el corto trayecto entre la casa y la agencia, pero Matt parecía relajado y eso tranquilizó a Gisele. Cuando llegaron al hangar de la agencia, Jason, Ben, Tyler y Kelly ya les estaban esperando. Matt besó a Gisele y le susurró antes de separarse de ella para acercarse junto a sus hombres:

—Estaremos en la capital antes de que te des cuenta.

Ella sonrió, Matt estaba pendiente de ella a todas horas y eso le encantaba.

—No sé qué le haces a mi hermano, pero le sienta muy bien —comentó Kelly mirando a los cuatro hombres que hablaban a escasos metros de ellas—. Ya me gustaría a mí que alguien mostrara el mínimo interés en mí.

— ¿Tyler? —Imaginó Gisele. Kelly asintió y ella añadió—: Ya tienes su interés, el problema es que os expresáis de forma equivocada.

— ¿Qué quieres decir?

—Es evidente que hay una atracción sexual no resuelta entre vosotros dos, hasta un ciego lo podría ver —le respondió Gisele con total sinceridad—. Quizás deberíais enfocaros en eso en lugar de haceros la vida imposible.

—No puedo evitarlo, es que a veces me entran unas ganas de matarlo que…

— ¿Se puede saber qué estáis cuchicheando? —Les preguntó Tyler, interrumpiendo la conversación de las chicas, siendo el único valiente de decir en voz alta lo que el resto de sus amigos querían saber.

—Comentábamos lo fácil que es querer matar a un hombre —le respondió Kelly con fingido desdén.

Matt miró a Gisele enarcando las cejas, dándose por aludido por el comentario de su hermana, y ella, tras plantarle un beso en los labios, le dijo metida en su papel:

—Tranquilo cariño, te quiero demasiado para matarte.

—Es bueno saberlo —murmuró Matt divertido.

Subieron a uno de los aviones privados de la agencia y se acomodaron en los amplios y cómodos sillones. Matt y Jason se sentaron en una zona más apartada para preparar la reunión a la que iban a asistir y Gisele aprovechó la oportunidad para preguntarle a Ben y a Tyler:

— ¿Tenéis noticias?

—Erik Jerks ha abandonado el país esta madrugada, ¿Matt no te lo ha dicho? —Le preguntó Ben sorprendido.

—No, pero le he notado más relajado.

—Sí, nos hemos dado cuenta —comentó Tyler tratando de ocultar la risa.

— ¿Qué te hace tanta gracia? —Le espetó Kelly.

—Todos conocemos a Matt y sabemos cuál es su carácter, pero Gis consigue mantenerle en calma y apaciguar su mal humor cuando está con él —les explicó Tyler—. Nos hace gracia ver el efecto que produces en él, es algo inaudito.

—Es un hombre enamorado que se preocupa por su chica y la protege —saltó Kelly en defensa de su hermano y aprovechó para lanzar un ataque—: Si hubiera más hombres como él, las mujeres seríamos más felices. Solo queremos a un caballero a nuestro lado.

—Princesa, yo soy todo un caballero y puedo demostrártelo cuando quieras —la retó Tyler.

Kelly se ruborizó y se miró los zapatos. Gisele rodó los ojos, no podía creer que se viniera abajo cuando le estaba poniendo una oportunidad en bandeja y, antes de que su futura cuñada lo echara todo a perder, decidió intervenir:

—Demuéstraselo esta noche, invítala a cenar y demuestra que puedes ser todo un caballero.

— ¿Qué dices, princesa? ¿Cenas conmigo esta noche?

—Eh…

—Pues claro que acepta —zanjó el tema Gisele.

Ben se echó a reír y le preguntó a Gisele bromeando:

— ¿Tienes planeada una noche salvaje con el jefe?

— ¡Eh, que estás hablando de mi hermano! —Le regañó Kelly tapándose los oídos.

Los cuatro estallaron a reír a carcajadas, llamando la atención de Jason y Matt que les miraron con curiosidad. Matt sonrió hasta que interceptó un cruce de miradas entre Gisele y Ben, no podía evitar sentir celos de la complicidad que existía entre los dos. Apagó el ordenador dando por finalizada la preparación de la reunión y se puso en pie para dirigirse hacia donde estaba Gisele. Ella le recibió con una amplia sonrisa y le invitó a sentarse en el asiento de al lado. Matt se sentó donde Gisele le indicó, pero acto seguido la agarró por la cintura y la colocó sobre su regazo. Se miraron a los ojos con intensidad durante unos segundos hasta que Matt le preguntó en un susurro:

— ¿De qué os reís tanto?

—Bromeaban insinuando que quería deshacerme de ellos para pasar una noche salvaje contigo —le confesó Gisele sonriendo tímidamente.

—Y, ¿es cierto? ¿Quieres pasar una noche salvaje conmigo? —Le susurró Matt para que solo ella le escuchara.

—Mm… Estaría loca si te dijera que no —ronroneó acariciando su cuello con la punta de la nariz.

— ¡Oye, esperad al menos a llegar al hotel! —Les reprochó Jason—. ¿Es que no os han dicho que es de mala educación comer delante de los hambrientos?

—Habla por ti, yo me he ido saciado de casa —se mofó Ben.

Aterrizaron en la capital pocos minutos después y tuvieron que separarse. Matt y Jason tenían que asistir a una reunión importante con un nuevo cliente y las chicas querían reunirse cuanto antes con Sarah para ir a comprar los vestidos para la fiesta de aniversario de la agencia. Tyler y Ben habían sido asignados para escoltarlas y Matt les recordó su misión antes de despedirse de Gisele con un prolongado beso en los labios.

Las chicas, acompañadas por Ben y Tyler, pasaron a recoger a Sarah por su apartamento y se dirigieron al centro de la capital. Gisele y Sarah hablaban por teléfono todos los días y se mantenían al corriente de todos los acontecimientos, pero el principal tema de conversación solía ser Matt. Sarah veía a su amiga feliz y eso la tranquilizaba, pero aquella repentina relación no terminaba de encajar y quería ver cómo se comportaba la pareja.

— ¿Cuándo vendrá Matt? —Preguntó Sarah mientras tomaban un café en la terraza de una cafetería.

—Más tarde, él y Jason están reunidos con un cliente. Venga, tenemos que comprar los vestidos antes de que cierren las tiendas.

Entraron en todas las tiendas que encontraron y se probaron todos los vestidos que les gustaron, que no fueron pocos. Ben y Tyler pensaban que se iban a aburrir, pero ver a tres preciosas chicas enseñándoles un modelito tras otro les pareció interesante y muy entretenido.

—Matt y Jason están de camino —anunció Tyler cuando Gisele salió del probador—, no tardarán en llegar.

—Todavía no me he decidido —se lamentó Gisele. Se volvió hacia las chicas y les preguntó mostrándoles el vestido rojo que se había probado—: ¿Os gusta más este vestido o el negro de encaje que me he probado antes?

—Llévate los dos —dijeron Kelly y Sarah al unísono.

—Hazte una foto con los vestidos y envíasela a Matt, seguro que estará encantado de echarte una mano con la decisión —le propuso Ben.

—Así solo conseguirá ponerlo cachondo, pero me parece bien —opinó Sarah.

— ¡Sarah! —La regañó Gisele.

—Es la verdad, Gis —se defendió ella encogiéndose de hombros—. Estaba un poco preocupada, pero te veo feliz y he podido comprobar con mis propios ojos que Matt cuida de ti incluso cuando las cosas se ponen feas. Sinceramente, creo que no estaría mal que le dieras una pequeña alegría enviándole una inofensiva foto.

— ¿Por qué no compras los dos y le pides a Matt que ayude a elegir el que llevarás a la fiesta cuando estéis a solas en vuestra habitación? —Le propuso Ben.

—Es una idea excelente, pero no quiero gastar tanto dinero.

—Espera, te hago una foto con el vestido rojo y después vuelves a probarte el vestido negro, así podremos compararlos antes de decidir —decidió Sarah.

— ¿Todavía seguís así? —Exclamó Jason al entrar en la tienda con Matt y ver a las chicas con los vestidos de noche puestos.

—Gisele tiene un dilema, no sabe qué vestido escoger —les explicó Ben a los recién llegados.

Matt escrutó con la mirada a Gisele, la observó de la cabeza a los pies detenidamente y le pareció que estaba de lo más sexy con ese vestido. Se acercó a ella sonriendo y le plantó un beso en los morros antes de susurrarle:

—Estás preciosa, Gisele.

—Por favor Matt, ayúdala a que se decida y podamos salir ya de aquí —protestó Tyler.

Gisele le señaló a Matt el vestido negro y esperó que él tomara la decisión.

—Nos llevamos los dos —sentenció Matt. La besó en la mejilla y le dijo—: Ve a cambiarte mientras yo pago, los chicos están hambrientos.

—Pero no…

—Compláceme, solo quiero comprarte dos vestidos —la interrumpió Matt.

Gisele accedió ante la insistencia de Matt y, tras ponerse sus ropas y pagar los vestidos que habían comprado, todos se dirigieron al restaurante del hotel donde se alojarían aquella noche en la capital. Matt había reservado todas las habitaciones de la última planta del hotel por motivos de seguridad. La elección del hotel tampoco había sido una casualidad, contaba con todas las comodidades y disponía de todos los servicios que pudieran necesitar como el restaurante, el pub y la piscina.

—Sarah, deberías quedarte esta noche, si nos quedamos todos en el hotel estaremos más seguros y tú también tendrás tu propia habitación —argumentó Matt.

—Eso suena genial, pero tendré que pasar por el apartamento para coger algunas cosas.

—No te preocupes, yo te llevo al apartamento después de comer —se ofreció Jason—. Así dejaremos que la parejita se eche la siesta y se sacien para que no tengan que meterse mano delante de nosotros.

Matt, que en ese momento estaba acariciando sensualmente la espalda de Gisele, agarró una servilleta con la mano que le quedaba libre y se la lanzó a Jason.

— ¡Qué susceptible! —Se mofó Tyler.

—Gis, deja descansar a Matt que nos lo tienes agotado —bromeó Jason—. ¿Se puede saber qué haces con él por las noches?

—Hacemos lo que no nos dejáis hacer durante el día, que siempre estáis interrumpiéndonos en el momento más inoportuno —protestó Gisele entre risas y añadió—: El próximo que se atreva a llamar en mitad de la noche no vivirá para contarlo.

—El mensaje ha sido claro así que, a menos que sea un asunto de vida o muerte, no aceptaremos más interrupciones nocturnas —sentenció Matt. Besó a Gisele en los labios y añadió susurrándole al oído para que solo ella le escuchara—: Estoy deseando que llegue esta noche.

—La idea es que os contengáis un poquito hasta después de comer —les recordó Sarah provocando las risas de todos.

Se sentaron en una de las mesas del restaurante y comieron todos juntos mientras charlaban animadamente.

Cita 141.

“Es tan corto el amor y tan largo el olvido.”

Pablo Neruda. 

Hasta que el contrato nos separe 15.

Gisele seguía procesando toda aquella información que había obtenido gracias a Ben. Matt había tenido el detalle de no decirle a qué clase de actividades se dedicaba Ben y su banda y Gisele no le culpaba por ello, pero Ben tenía razón y ella debía estar al corriente de todo. Por eso aprovechó que estaba a solas con Ben para preguntarle lo que no tenía valor de preguntarle a Matt:

— ¿Dónde está Erik?

—Sigue en su habitación del motel, no ha vuelto a tu apartamento.

—No creo que regrese.

— ¿Por qué crees eso?

—Erik es un hombre inteligente, puede que se haya vuelto loco, pero hasta los más locos conservan su esencia y él siempre ha sido un obseso del control —le explicó Gisele.

—Matt también es un obseso del control, todos los agentes lo somos.

—Él quería saber qué íbamos a hacer y dónde íbamos a estar en cada momento, jamás improvisaba —comentó Gisele—. Las personas cambian, pero mantienen su esencia. Sabe que no estoy en mi apartamento y que estoy protegida, tampoco ha podido encontrar a Sarah, así que debe pensar que estoy fuera de la ciudad. Está buscándome, pero sus recursos en ese motel deben ser limitados y no tardará en salir de allí. Tenemos que averiguar dónde puede tener acceso a todos esos recursos y pasar desapercibido.

— ¿En el laboratorio donde trabaja?

—No, es demasiado inteligente para hacerlo desde el laboratorio, necesita mantener limpia la identidad de Erik Muller, es su única baza.

—Buscará un lugar en el que ya haya estado antes y se sienta cómodo, si triangulamos la señal de su teléfono móvil durante los últimos meses tendremos una lista de los lugares que ha estado frecuentando —le dijo Ben tecleando en su ordenador portátil—. Nos llevará un poco de tiempo, pero es lo único que tenemos.

— ¿Puedo preguntarte algo?

—Adelante —la animó Ben, sospechando que la pregunta de Gisele probablemente le pondría contra la espada y la pared, pero él adoraba los retos.

— ¿Cómo lo está llevando Matt?

—Tendrás que ser más precisa.

—Vale, lo intentaré. ¿Qué tal lleva Matt que mi ex novio sea un criminal y que tenga que protegerme de él?

—Supongo que eso deberías preguntárselo a él pero, si quieres mi opinión, creo que está más preocupado por cómo lo estás llevando tú —le respondió Ben con sinceridad—. Imagino que no debe hacerle ninguna gracia que tu ex novio ande detrás de ti, sobre todo teniendo semejante historial delictivo —le dijo encogiéndose de hombros y, al verla tan seria y preocupada, añadió bromeando—: Está un poco más gruñón que de costumbre, pero nos lo turnamos para soportarlo.

Pocos minutos después, Tyler regresó a casa de Matt con Kelly y se encontró a Ben y a Gisele trabajando juntos en el caso. Tyler fulminó con la mirada a Ben, sabía que aquello les traería problemas con Matt, que había dejado muy claro que no quería involucrar a Gisele para no preocuparla.

—A Matt le va a encantar —gruñó Tyler con ironía.

—A Gis se le ha ocurrido una muy buena idea y estamos trabajando en ello, no estamos haciendo nada malo —se defendió Ben sonriendo divertido, le encantaba el riesgo.

—Ya me lo repetirás si nos quedamos sin trabajo —murmuró Tyler entre dientes.

Kelly rodó los ojos con exasperación y se abrió paso por delante de Tyler, contoneándose con sensualidad hasta llegar a Gisele. La saludó con un beso en la mejilla y un cariñoso abrazo antes de decir:

—No le hagas ni caso Gis, Tyler es un gruñón.

—Princesa, si te han fastidiado el día de compras, no lo pagues conmigo —la provocó Tyler.

A Gisele no le pasó desapercibida la tensión sexual no resuelta que existía entre aquellos dos y se preguntó si ellos también se habían dado cuenta o si se pasaban la vida persiguiéndose como el perro y el gato.

—Nadie se va a quedar sin trabajo porque Matt no se va a enterar si ninguno de vosotros se lo dice —intervino Gisele poniéndose seria—. Sé que él quiere mantenerme al margen para no preocuparme y él está más tranquilo si piensa que estoy al margen, así que no le vamos a dar razones para agobiarlo. Pero tenéis que entender que me siento culpable, al fin y al cabo ninguno de vosotros estaría aquí si no fuera porque Erik es mi ex novio, así que me gustaría ayudaros en lo que pueda.

—A espaldas de Matt —repitió Tyler enarcando las cejas.

—No puedo deciros qué debéis hacer, solo quiero que conozcáis mis intenciones —argumentó Gisele con paciencia—. Matt no va a dejar que me involucre por las buenas, así que tengo dos opciones: hacerlo a escondidas y echaros una mano, lo cual no os vendría nada mal; o bien puedo hacerlo por las malas y discutir con él hasta que consiga mi propósito, pero los dos acabaremos enfadados y de mal humor.

—Lo siento Tyler, pero Matt de mal humor no es una opción para mí —opinó Ben.

—Estoy con Ben —le secundó Kelly.

— ¿Qué dices tú, Tyler? —Le animó Gisele.

—Espero que intervengas a mi favor cuando Matt quiera despedirme.

Todos se echaron a reír y se pusieron manos a la obra. Ben y Gisele hicieron un listado de todos los lugares que frecuentaba Erik; Tyler investigó los historiales de los empleados y a los clientes habituales de los lugares de la lista; y Kelly colaboró buscando noticias y reportajes relacionados, haciendo práctica de su habilidad periodística.

Cuando Matt y Jason regresaron de la agencia y se encontraron a los cuatro sentados a la mesa, con una fingida sonrisa en la cara, ambos adivinaron que les estaban ocultando algo. Era imposible que reinara la paz en la misma estancia donde se encontraban Tyler y Kelly, pero lo que realmente molestó a Matt fue un rápido intercambio de miradas cómplices entre Gisele y Ben.

— ¿Qué está pasando aquí? —Exigió saber Matt, escrutándolos a todos con la mirada.

—Estamos hablando del viaje a la capital el fin de semana, Kelly y yo queremos ir a un montón de tiendas y Ben y Tyler no paran de quejarse —le respondió Gisele saludándole con un efusivo y apasionado beso que hizo que Matt se olvidara de sus sospechas.

—Chicas queriendo ir de tiendas y chicos protestando por tener que acompañarlas, a mí no me importa ir de compras si me dejan entrar en los probadores con ellas —bromeó Jason ganándose una furiosa mirada de Matt y Tyler mientras Ben reía a carcajadas.

Sin importarle lo que pensaran sus amigos y su propia hermana, Matt mantuvo a Gisele pegada a su cuerpo, necesitaba sentirla cerca, ella había convertido en una droga para él. Nunca había actuado así con ninguna mujer, pero es que nunca antes había sentido la urgencia y la necesidad que sentía de tenerla entre sus brazos.

Comieron todos juntos en el jardín trasero y después, mientras Gisele y Kelly se distraían tomando el sol y charlando en la piscina, los chicos se encerraron en el despacho de Matt.

—Tienes buen gusto, jefe —comentó Ben con una sonrisa burlona en los labios, quería provocar a Matt—. Gis es una chica fantástica, es inteligente y es muy atractiva.

—Ben… —Le advirtió Jason.

— ¡Ojalá la hubiera conocido yo antes! —Siguió provocándole Ben.

—Te ha salido competencia —se mofó Tyler.

—Deberíamos haber pasado la tarde en la piscina con las chicas, a todos nos hubiera venido bien relajarnos un poco —continuó Ben tratando de llevar a Matt al límite.

Y lo consiguió. Matt golpeó la mesa con fuerza y se abalanzó sobre Ben, totalmente fuera de sí, mientras Tyler y Jason trataban de sostenerle y Ben reía divertido.

—Relájate, solo quiere provocarte —le aconsejó Jason tratando de aguantar la risa.

—Es evidente que Gis te gusta, solo queríamos saber hasta qué punto —le respondió Tyler tratando de rebajar la tensión.

—Será mejor que os marchéis a casa, ya hemos tenido suficiente por hoy —sentenció Matt, solo quería estar con Gisele—. Tyler, ¿puedes llevar a Kelly a casa?

—Claro, me encanta discutir antes de cenar —musitó Tyler, aunque en realidad se moría de ganas de pasar un rato a solas con Kelly.

Los tres hombres le obedecieron de inmediato, ninguno quería discutir con Matt y Ben ya le había provocado suficiente. Cuando se despidieron, Gisele fue consciente de la tensión que se respiraba en el ambiente y le lanzó una fugaz mirada de reproche a Ben, sospechaba que él era el culpable. Matt esperó hasta que se quedaron a solas para reprocharle a Gisele:

— ¿Te lo has pasado bien con Ben?

— ¿A qué viene esa pregunta?

—Me ha parecido intuir que os lleváis muy bien, supongo que te diviertes más con él, que es más joven.

—Me cae bien, es un tipo divertido, pero prefiero tu compañía —le confesó Gisele plantándole un beso en los morros—. Voy a darme un baño, ¿me acompañas?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió Matt cogiéndola en brazos para llevarla escaleras arriba hasta el cuarto de baño de su dormitorio.

Abrió el grifo de agua caliente de la bañera y puso el tapón en el desagüe. Mientras la bañera se llenaba de agua, Matt se deshizo de la ropa de Gisele, incluido su bikini.

—Eres tan tentadora… —le susurró con la voz ronca mientras le besaba el cuello y acariciaba la curva de su cintura.

Ella le dedicó una sonrisa y comenzó a desnudarlo. Llevaba todo el día deseando quedarse a solas con él y repetir lo que habían estado haciendo la noche anterior. Cuando ambos estuvieron completamente desnudos, entraron en la bañera y Matt acomodó a Gisele entre sus piernas, con la espalda de ella pegada a su pecho. Gisele se dio la vuelta y se colocó a horcajadas sobre él, rozando su entrepierna contra la erección de Matt.

—No puedo usar un preservativo en la bañera, ¿tomas la píldora? —Gisele negó con la cabeza y Matt volvió a acomodarla en la postura anterior, abriendo sus piernas para llegar al centro de su placer—. Puedo darte un anticipo de lo que te espera después.

Gisele levantó los brazos rodeando el cuello de Matt y dándole un mejor acceso a sus pechos y al punto donde se unían sus piernas. Matt comenzó a masturbarla acariciando su clítoris y penetrándola con sus dedos con una mano mientras con la otra pellizcaba y acariciaba sus pezones, estimulándolos y endureciéndolos.

— ¡Oh, Matt! —Gimió excitada.

—Córrete gritando mi nombre, Gisele —le susurró acelerando sus caricias—. Sé que estás a punto, déjate llevar, Gisele.

— ¡Matt! —Explotó Gisele casi en el acto.

Se dejó llevar y estalló en mil pedazos mientras Matt recorría su cuello dejando un reguero de besos hasta que ella recuperó el aliento. Esperó a que ella se recompusiera para quitar el tapón del desagüe de la bañera, cogió el grifo extensible para aclarar los cuerpos de ambos y después envolvió a Gisele en una toalla antes de salir de la bañera y ayudar a Gisele a hacer lo mismo. Después la cogió en brazos y la llevó al dormitorio, donde la depositó con sumo cuidado sobre la cama para seguir colmándola de placer.

Cita 140.

“Esperar duele. Olvidar duele. Pero el peor de los sufrimientos es no saber qué decisión tomar.”

Paulo Coelho. 

Hasta que el contrato nos separe 14.

Matt aparcó el coche en el garaje y entró en casa detrás de Gisele. Le hubiera gustado continuar donde lo dejaron antes de marcharse un par de horas antes, pero Gisele estaba totalmente evadida en sus propios pensamientos y no parecía tener la menor intención de acercarse a él. Gisele estaba enfadada, no podía evitar sentirse ofendida por los comentarios que había escuchado en la agencia. ¿Acaso creían que les mentiría en algo así? Erik estaba como una cabra y era peligroso, no tenía ninguna intención de encubrirle y poner a todos en riesgo. Pero lo que más le molestó fue el cambio de actitud de Matt, que había pasado de devorarla con pasión y deseo a mostrarse distante y mirarla con cautela.

— ¿Vas a seguir sin hablarme? —Le reprochó Matt cuando entraron en el dormitorio.

Gisele se volvió para encararlo y abrió la boca para replicarle, pero la cerró antes de decir ni una sola palabra, sabiendo que no tenía ningún derecho a exigirle nada.

—Gisele, por favor…

— ¿Qué quieres de mí, Matt?

—Quiero a la Gisele de siempre, la Gisele que me sonríe, me abraza y, sobre todo, a la Gisele que me besa.

—Esa Gisele es la misma que tiene un ex novio tarado y te ha metido en todo esto. Quizás deberías replantearte nuestro acuerdo.

—Debería hacerlo, pero para añadir una cláusula en la que no se te permita enfadarte conmigo —le susurró él agarrándola por la cintura para estrecharla contra su cuerpo—. No me gusta verte triste, dime qué puedo hacer para arreglarlo.

— ¿Te das cuenta de que te doy más problemas de los que te quito?

—Así la vida resulta más emocionante —bromeó Matt.

Gisele sonrió, se dejó abrazar por Matt y, decidida a dar el siguiente paso para retomarlo donde lo dejaron, lo besó en los labios. Matt le correspondió, la estrechó entre sus brazos con fuerza y se dejó llevar por el deseo que se apoderó de ambos.

La tumbó sobre la cama y, tras darle un leve beso en la punta de la nariz, comenzó a desnudarla lentamente. Se deshizo de cada prenda de su ropa observándola con intensidad, atento a sus gestos y a sus reacciones, no quería perderse nada de ella.

El teléfono de Matt comenzó a sonar y ambos se sostuvieron la mirada durante unos segundos hasta que Gisele le advirtió:

—Ni se te ocurra contestar.

—No pienso cogerlo, no voy a permitir que vuelvan a interrumpirnos —le aseguró.

Gisele sonrió complacida y, tras incorporarse, se arrojó a sus brazos invirtiendo sus posturas, haciendo que fuese él quien quedara debajo de ella.

—Llevas puesta demasiada ropa —opinó ella dispuesta a ponerle remedio.

Se deshizo de la camisa, de los pantalones y de los calzoncillos de Matt mientras él se entretenía tratando de atrapar con los dientes los duros y rosados pezones de Gisele para después mimarlos con su suave lengua.

Sentada a horcajadas sobre él, Gisele podía sentir la dura erección de Matt presionando contra su entrepierna y gruñó con impaciencia, invitando a Matt a entrar en ella.

—Solo tienes que pedirme lo que quieres, Gisele —le susurró con la voz ronca, queriendo oírla decir lo que tanto necesitaba.

—Sabes perfectamente lo que quiero.

—Quiero oírtelo decir.

Gisele le desafió con la mirada, no entendía a qué venía ese jueguecito, pero finalmente le complació y le susurró excitada:

—Te quiero dentro de mí.

—Será todo un placer —le dijo Matt con una sonrisa maliciosa en los labios antes de ponerse un preservativo y penetrarla lentamente.

Gisele cerró los ojos y gimió excitada mientras disfrutaba del mágico vaivén al que Matt la sometía mientras la besaba y acariciaba todo su cuerpo. Matt estaba al borde del orgasmo y decidió invertir las posiciones. Entrelazó sus manos con las de ella por encima de su cabeza, la cubrió con su cuerpo y le besó mientras entraba y salía de ella. Ya no podía contenerse más, así que deslizó una de sus manos hacia donde se unían sus cuerpos y acarició el abultado clítoris de Gisele al mismo tiempo que le susurró con la voz ronca:

—Déjate llevar, Gisele.

Gisele no se hizo de rogar, su cuerpo respondió a la orden de Matt y recibió una oleada de placer con los primeros espasmos del orgasmo. Gimió, se arqueó y estalló en mil pedazos justo en el momento que Matt se dejó ir.

Matt se dejó caer sobre ella y acto seguido rodó hacia un lado para invertir las posiciones para no aplastarla, pero la sostuvo entre sus brazos para que no se apartara, necesitaba sentirla cerca.

— ¿Estás bien?

—No podría estar mejor —ronroneó Gisele medio dormida.

Matt le dio un beso y le deseó buenas noches antes de que ambos se quedaran completamente dormidos.

A la mañana siguiente, Gisele se despertó sola en la cama. Suspiró con resignación, le hubiera acurrucarse junto a él y volver a dormirse. Se sentó en la cama y vio una nota sobre la mesilla de noche, era una nota de Matt: “Buenos días, preciosa. Baja a desayunar conmigo cuando quieras, te estaré esperando. M.” Gisele sonrió de oreja a oreja, se puso en pie y se dio una rápida ducha. Salió del cuarto de baño envuelta en una toalla y rebuscó entre su ropa, que ya ocupaba más de la mitad del vestidor, hasta que al final se decidió por un short tejano y una camiseta azul de tirantes. Bajó las escaleras y escuchó varias voces procedentes de la cocina, agudizó el oído y reconoció la voz de Matt, la de Jason, la de Tyler, la de Ben y también la de Elsa. Por el tono que empleaban, Gisele dedujo que le esperaba un día muy largo.

—Buenos días —saludó tímidamente al entrar en la cocina.

El silencio inundó la estancia durante un par de segundos, hasta que Matt se levantó de la silla y se acercó a ella dedicándole una media sonrisa.

—Buenos días, Gisele. ¿Has dormido bien? —La saludó tras darle un leve beso en los labios.

—No me puedo quejar —le contestó en un susurro para que solo él la escuchara. Se volvió hacia todos los demás y añadió bromeando—: Estoy hambrienta, ¿me habéis dejado algo para desayunar?

—Por supuesto que sí, cielo. Siéntate que en seguida te sirvo el desayuno —le dijo Elsa.

Matt se sentó de nuevo en su silla y arrastró a Gisele con él para que se sentara en su regazo. Le hubiera gustado quedarse con ella en la cama y esperar a verla despertar, pero tenía asuntos de los que ocuparse que no podían esperar.

Jason, Tyler y Ben les miraron como si estuvieran viendo a dos fantasmas. No estaban acostumbrados a ver a Matt tan cariñoso con una mujer, de hecho era la primera vez que le veían así con una mujer.

— ¿Qué estáis mirando? —Les reprochó Matt.

—Entiéndelo, esto es nuevo para nosotros —se mofó Jason.

—No puedes culparnos, te conocemos desde hace más de quince años y nunca has tenido novia —bromeó Tyler.

—Supongo que hasta ahora no había conocido a la mujer perfecta —respondió Matt con naturalidad. Gisele le miró con las cejas y él añadió divertido—: ¿Ha sido demasiado?

—Demasiado para antes de un café —le confirmó Gisele entre risas.

Matt la besó de nuevo, era un gesto que le salía natural con ella y le gustaba. Además, a Gisele no parecía molestarle, más bien todo lo contrario.

—Será mejor que vayamos al grano, tenemos mucho por hacer —les recordó Ben, que seguía pendiente de su ordenador portátil sin prestar demasiada atención a lo que decían.

—Gisele, hasta que solucionemos todo esto, un par de agentes te acompañarán a donde quiera que vayas —la informó Matt, poniéndose serio—. Debemos evitar cualquier riesgo, así que lo mejor es que solo estés en sitios seguros.

— ¿Qué consideras un sitio seguro?

—Esta casa y la agencia.

—He quedado con Kelly para ir de compras y este fin de semana íbamos a ir a ver a Sarah a la capital —protestó Gisele.

—Lo siento, pero no puedes ir de compras con Kelly. Puedes llamarla e invitarla a pasar el día en la piscina si quieres —trató de animarla Matt—. Nuestra visita a la capital sigue en pie, pero Tyler y Ben te escoltaran mientras yo esté con Jason en la reunión.

—En la capital hay un montón de tiendas, ¿por qué no compráis allí los vestidos para el aniversario de la agencia? —Propuso Elsa dejando la bandeja de desayuno frente a Gisele.

—Le prometí a Kelly que iríamos juntas a comprarlos —rechazó la idea Gisele.

—Le pediremos a Kelly que nos acompañe a la capital —accedió Matt.

—Bien, ya tenemos resuelto el primer punto —comentó Jason mirando divertido a su amigo Matt—. Estoy deseando oír el segundo punto.

Gisele ya empezaba a conocer a Jason y, gracias a su sonrisa burlona, supo que el segundo punto del día le iba a divertir e iba a ser su costa. Matt fulminó a Jason con la mirada antes de volverse a Gisele para, suavizando el tono de voz, decirle:

—Necesitamos que veas algunas fotos por si puedes reconocer a alguien en ellas.

—Veré las fotos si es lo que quieres, pero ya te he dicho que no he conocido a nadie del pasado de Erik —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Puede que no reconozcas a nadie en ellas ahora, pero es bueno que conozcas sus caras si los ves por la calle —opinó Ben.

—De acuerdo, ¿cuándo empezamos? —Aceptó Gisele.

—Ben se quedará contigo enseñándote las fotos mientras Tyler va a buscar a Kelly para que te haga compañía. Yo tengo que ir a la agencia con Jason, pero estaré de vuelta a la hora de comer —le aseguró Matt—. Si lo prefieres, también puedes venir conmigo.

—No te preocupes, estaré bien —le tranquilizó ella con una dulce sonrisa.

Matt la besó en los labios con ternura a modo de despedida y, antes de salir de la casa con Jason y Tyler, le susurró al oído:

—Me hubiera gustado quedarme contigo en la cama todo el día.

Ella sonrió y se ruborizó, provocando una carcajada en Matt, que la estrechó entre sus brazos y volvió a besarla antes de marcharse seguido de Jason y Tyler.  Gisele le observó marcharse y se sentó en la silla de nuevo al mismo tiempo que suspiraba. Empezaba a ser consciente de lo que sentía por Matt y supo que acabaría totalmente enamorada de él antes incluso de que se celebrara la boda.

— ¿Te parece bien si empezamos a revisar las fotografías? —Le preguntó Ben tratando de utilizar un tono suave y amable.

—Claro, cuando tú quieras.

Elsa se encargó de retirar los platos del desayuno de la mesa para dejarlos trabajar y desapareció para ocuparse de las tareas de la casa. Ben ladeó la pantalla de su ordenador portátil para que Gisele pudiera ver bien y comenzó a pasar fotografías, una detrás de otra, mientras Gisele las observaba sin reconocer a nadie.

Casi una hora después y sin ningún resultado positivo, Ben resopló con frustración y Gisele, sintiéndose mal por no ser de ayuda, se disculpó:

—Lo siento, ojalá pudiera ser más útil.

—No lo sientas, esto supone un menor riesgo. Si tú no los conoces a ellos es posible que ellos tampoco te conozcan a ti.

— ¿Te importa si echo un vistazo a lo que habéis averiguado? —Le tanteó Gisele.

—Matt no quiere involucrarte en esto, es mejor que te mantengas al margen para no agobiarte.

—Todo esto es por mi culpa, no puedo mantenerme al margen —argumentó ella tratando de convencerle.

—Supongo que tienes razón, pero a Matt no le gustará.

—Entonces, será mejor que no se lo digas —le aconsejó Gisele con una sonrisa cómplice en los labios.

Ben sonrió y le cedió el ordenador para que pudiera leer todo el informe. Gisele comprobó que la información que le había dado Matt tan solo era un escueto resumen de todo lo que habían averiguado sobre Erik Jerks. Gisele no tuvo ninguna duda, Erik Muller era en realidad Erik Jerks. Leyó su amplio historial delictivo siendo menor de edad y el historial criminal de su hermano Mike. La organización criminal de los Jerks se financiaba con el tráfico de drogas y de armas, con la extorsión, el robo y también con los asesinatos a sueldo. Gisele necesitó unos minutos para asimilar toda aquella información, conocía a Erik desde hacía cuatro años, había compartido su vida con él y acababa de descubrir que no le conocía en absoluto. Ben le dio el tiempo y el espacio que Gisele necesitaba, sabía que no era fácil encajar una situación así.