Archivo | agosto 2018

Hasta que el contrato nos separe 10.

Gisele estaba agotada y se sentía tan cómoda con Matt que logró dormir toda la noche de un tirón. Pero Matt no logró pegar ojo en toda la noche. Dormir en la misma cama con Gisele conteniendo las ganas que tenía de besarla ya le resultaba bastante difícil, pero la situación se complicó cuando Gisele, todavía dormida, se acurrucó junto a él y colocó la cabeza sobre su pecho. Matt no pudo evitar echarle el brazo sobre los hombros y pasó la noche vigilando el sueño de Gisele.

Cuando Gisele abrió los ojos a la mañana siguiente y se encontró abrazada a Matt dio un brusco respingo para apartarse de él que hizo reír a Matt.

—Buenos días, Gisele. ¿Has dormido bien?

—Lo siento, suelo moverme mucho mientras duermo y no estoy acostumbrada a compartir la cama —se apresuró en disculparse ella, con el rubor en las mejillas.

—Todavía es pronto, puedes dormir un poco más —le susurró Matt al oído antes de levantarse de la cama—. Voy a darme una ducha y después bajaré al despacho, avísame si me necesitas.

—Ni siquiera ha amanecido, ¿por qué te levantas tan temprano?

—Si me quedo, no creo que sea capaz de controlar mis impulsos más primitivos.

—Oh, lo siento —se disculpó Gisele avergonzada.

—Duérmete, te despertaré a las siete —le susurró Matt antes de hacer un esfuerzo para alejarse de ella.

Gisele cerró los ojos y volvió a quedarse dormida mientras Matt aprovechó para ducharse y encerrarse después en su despacho para llamar a Tyler.

— ¿Hay alguna noticia? —Preguntó Matt tras saludar a Tyler.

—Se quedó esperando frente a la puerta del edificio hasta las dos de la madrugada, después se marchó a un motel a pocos minutos de aquí y allí sigue, imagino que durmiendo —le respondió Tyler—. Es muy probable que regrese a primera hora de la mañana. ¿Todavía quieres que lo llevemos a la agencia?

—No, he cambiado de idea. Quiero que seáis discretos y os mantengáis en un segundo plano hasta que averigüemos quién es ese tío. No quiero que actuéis a menos que sea imprescindible.

—Será mejor que matices qué consideras imprescindible.

—Si está en juego la seguridad y/o la vida de alguna persona, especialmente la de Gisele o la de su compañera de piso, ¿entendido?

—Supongo que eso confirma los rumores.

— ¿Qué rumores? —Exigió saber Matt.

—Se rumorea que esa chica ha derribado la gran muralla que rodea al Capitán Spencer —se mofó Tyler—. Aunque, si te soy sincero, yo me alegro por ti. Espero que esa chica te obligue a desconectar un poco del trabajo, es bueno divertirse un poco de vez en cuando.

— ¿Por qué todos creéis que no me divierto?

—Quizás ahora todo el mundo piense que te diviertes demasiado, tienes buen gusto para las mujeres y es evidente que le sacas diez años por lo menos a esa chica.

—Aburrido y viejo, hablar contigo es realmente reconfortante —opinó Matt con sarcasmo.

—Para eso están los amigos —comentó Tyler burlonamente y añadió antes de colgar—: Te llamaré para mantenerte informado.

Matt suspiró profundamente, aquel asunto cada vez le tenía más preocupado. El ex novio de Gisele no era quien decía ser pero, ¿ella lo sabía? ¿Sería capa Gisele de ocultarle algo así? Podría preguntárselo directamente, pero no quería presionarla y que se cerrara en banda, él quería que ella confiara en él. Decidió que hablaría del asunto con ella por la tarde, esperaba que Gisele estuviera más relajada y receptiva tras terminar los exámenes finales y esa mañana tenía el último.

—Buenos días, Elsa —saludó Matt al entrar en la cocina.

—Buenos días, ¿qué tal has dormido? —Le preguntó la mujer con una sonrisa cómplice en los labios—. Por esas ojeras, diría que no has dormido mucho.

—Gisele se quedó dormida recostada sobre mi pecho y no quise moverme para no despertarla. Ella tampoco ha descansado demasiado últimamente —reconoció Matt—. La he dejado durmiendo, en un rato iré a despertarla.

Elsa sonrió con ternura, nunca había visto a Matt tan interesado en una chica, él no era un hombre de los que se comprometía. Jamás había llevado a ninguna de sus amantes a casa, él prefería que los encuentros fuesen en casa de ellas o en un hotel, así podía marcharse cuando quisiera. Por eso Elsa se alegraba tanto de verle tan prendado de aquella chica, Matt ya tenía edad para sentar la cabeza y Elsa estaba deseando verle casarse y formar una familia.

—Buenos días —saludó Gisele entrando en la cocina.

Gisele había escuchado a hurtadillas parte de la conversación y decidió compensar a Matt de alguna manera por la noche que le había hecho pasar. Caminó hasta llegar a su lado, se sentó sobre su regazo y le dio un beso en los labios que le pilló totalmente desprevenido.

—Mm… ¿Te has levantado de buen humor? —Susurró Matt con la voz ronca, envolviéndola con sus brazos para retenerla junto a él un poco más.

—Estoy de tan buen humor que he pensado en invitarte a comer, así celebramos que he terminado los exámenes —se oyó decir Gisele. Sus palabras también sorprendieron a Matt, que la observó sin decir nada—. ¿Tienes trabajo? No te preocupes, lo entiendo —añadió un poco desilusionada—. Te he estado quitando demasiado tiempo estos días y…

Matt le cerró la boca con un apasionado beso que hizo que ambos se olvidaran de que no estaban solos en aquella cocina.

—Me encanta veros tan cariñosos, pero deberíais dejar algo para después si no queréis llegar tarde —les interrumpió Elsa poniéndose en pie. Cogió la cafetera y, mostrándosela a Gisele, le preguntó—: ¿Quieres café?

—Sí, te ayudo.

Matt maldijo en silencio, le hubiera gustado que Gisele se quedara entre sus brazos unos minutos más.

Elsa y Matt hablaron de las compras relacionadas con la casa y la comida mientras desayunaban y Gisele se limitó a escuchar. Adivinó que mantener una casa como aquella no debía ser fácil y no se refería solamente al coste que conllevaba, sino a la organización. El jardinero tenía que ocuparse del mantenimiento del jardín y la piscina; la chica de la limpieza venía una vez a la semana para hacer limpieza a fondo; una vez al mes le tocaba el turno al limpiador de ventanas, que se tenía que descolgar por la fachada para que los cristales quedaran impolutos; y también había que organizar el tema de las comidas. Matt aparecía poco por casa para comer o cenar, pero cuando lo hacía siempre era por sorpresa.

Después de desayunar, se despidieron de Elsa y se montaron en el coche de Matt para dirigirse a la universidad. Gisele iba distraída mirando la carretera cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Lo cogió y frunció el ceño al ver que se trataba de Sarah. La tarde anterior le había dejado una nota en la nevera avisándola de que pasaría la noche con Matt, así que imaginó que la llamaba para someterla a un interrogatorio.

—Buenos días, Sarah.

—Buenos días, Gis. ¿Qué tal ha ido la noche? —Le preguntó con tono burlón.

—Sarah…

—Bueno, ya hablaremos más tarde de eso, te llamo por otro asunto. ¿Tienes planes para comer?

—Eh… La verdad es que sí.

—Necesito hablar contigo, tengo que tomar una decisión y necesito que me des tu aprobación.

— ¿Desde cuándo necesitas mi aprobación?

—Es en serio, Gis. Se trata de una oferta de trabajo, ¿no puedes cambiar tus planes?

—Sí, supongo que sí —le respondió Gisele mirando a Matt—. Te llamo cuando salga de clase y quedamos.

—De acuerdo. Gracias, Gis —se despidió Sarah antes de colgar.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Matt en cuanto colgó.

—Sarah quiere hablar conmigo, le han ofrecido un puesto de trabajo para el verano y quiere comentarlo conmigo después de clase —le respondió Gisele con cara de niña buena—. Sé que te he invitado a comer, pero esto es importante para Sarah y tengo que estar con ella. Lo entiendes, ¿verdad?

—No te preocupes, no pasa nada —se resignó Matt—. Vendré a buscarte después para llevarte con Sarah.

—Gracias, eres el mejor novio del mundo —bromeó Gisele.

—Al mejor novio del mundo no se le va olvidar que le debes dos celebraciones.

— ¿Dos celebraciones?

—Anoche se suponía que íbamos a celebrar nuestro acuerdo, pero decidiste invitar a Elsa para que se quedara con nosotros, ¿lo has olvidado?

—Insistente, persuasivo, mandón y rencoroso —comentó Gisele divertida—, pero el mejor novio del mundo.

Matt aparcó frente a la puerta del edificio principal de la universidad y se apresuró en salir del coche y rodearlo para ayudar a Gisele.

—No olvides que también soy un caballero —le susurró mientras le rodeaba la cintura con los brazos para atraerla hacia a él y besarla—. Será mejor que te vayas a clase antes de que decida dejar de ser un caballero.

—Te veo luego —se despidió Gisele entre risas.

Tras dejar a Gisele en la universidad, Matt se dirigió a la agencia. Aprovechó para ponerse al día con su agenda y también centrarse en la investigación sobre Erik Muller. Saber quién era ese tipo se había convertido en su prioridad, no le daba buena espina y quería mantener protegida a Gisele.

A la una en punto de la tarde, Matt la esperaba frente al edificio principal de la universidad, apoyado en su coche y con las manos en los bolsillos, esperando que ella saliera por la puerta y deseando verla.

— ¿Qué tal te ha ido el examen?

—Muy bien, creo que voy a sacar una muy buena nota —le contestó Gisele riendo despreocupadamente.

Se subieron al coche y se dirigieron al apartamento de Gisele que, sintiéndose mal por haber cancelado los planes con Matt, le dijo:

—Te debo dos celebraciones, no lo voy a olvidar.

—Espero que sea pronto, no me gusta esperar. Te llamaré más tarde —le advirtió Matt antes de darle un leve beso en los labios que a ambos les supo a poco.

Gisele bajó del coche y entró en el edificio sonriendo. Aquella locura de acuerdo podría traer graves consecuencias, pero ya lo había firmado y se había propuesto disfrutar de todo aquello que pudiera, incluido su futuro marido.

—Aquí me tienes —anunció Gisele cuando entró en el apartamento.

—Siento haberte fastidiado el plan con Matt, pero necesito dar una respuesta esta tarde y antes de tomar una decisión quiero saber tu opinión.

— ¿Pedimos una pizza y me lo cuentas todo?

Sarah llamó por teléfono al restaurante para pedir una pizza a domicilio mientras Gisele se cambiaba de ropa para estar más cómoda. Media hora más tarde, ambas amigas estaban sentadas en el sofá, devorando una pizza y poniéndose al corriente.

—Antes de hablarte de la oferta de trabajo, quiero que me cuentes qué hay exactamente entre Matt y tú —exigió Sarah.

—Es evidente que me gusta, nos estamos conociendo y parece que no nos va mal —le respondió Gisele encogiéndose de hombros—. Anoche dormí con él, pero no hicimos nada, seguimos en la fase de los besos.

—Gis, si ya te has metido en su cama, ¿por qué no has llegado al final?

—Creo que él no quiere presionarme debido al acoso al que Erik me tiene sometida y yo quiero tomármelo con calma, aunque a este paso, dudo que eso sea posible —reconoció Gisele—. Pero no hablemos más de mí. Cuéntame cuál es esa oferta de trabajo tan interesante.

—Me han ofrecido trabajar en las oficinas centrales de News, pero tengo que darles una respuesta esta tarde y, si acepto, mañana por la mañana tengo que subirme a un avión.

— ¿Cuáles son las condiciones?

—Me pagan el alojamiento y un sueldo semanal de tres cuatrocientos euros, me vendría genial y también podría prestarte dinero para pagar las tasas, pero quiero que vengas conmigo. No me gusta la idea de dejarte aquí sola con Erik merodeando a tu alrededor constantemente y montándote numeritos.

— ¿Y qué voy a hacer yo allí? Además, Matt tiene una agencia de seguridad y me ha prometido que no permitirá que Erik me haga daño. También me ha ofrecido trabajar unas horas en su agencia y podré pagar las tasas.

—Entonces, ¿te parece bien si acepto?

— ¡Por supuesto que sí!

— ¡Gracias, Gis! Voy a llamarles ahora mismo —gritó Sarah eufórica—. Y tú deberías llamar a Matt y recompensarle, seguro que se alegra si le invitas a cenar.

—Pero es tu última noche aquí, pasarás todo el verano en la capital.

—Estamos a tres horas en coche de distancia, puedo venir a verte los fines de semana o también puedes venir tú. No te va a dar tiempo a echarme de menos —le aseguró Sarah y, con una tímida sonrisa, añadió—: Además, había quedado con un compañero de clase y, si me voy a ir tres meses, me iré satisfecha porque no sé lo que me encontraré allí.

— ¿Necesitas que te lleve mañana al aeropuerto?

—Necesito que dejes de pensar tanto en los demás y pienses en ti. Llama a Matt y disfruta de una noche salvaje con él —le dio un fuerte abrazo y añadió—: Te llamaré mañana cuando me instale en mi nuevo apartamento de verano.

Cita 135.

“La vida es hermosa, vivirla no es una casualidad.”

Albert Einstein. 

Hasta que el contrato nos separe 9.

El trayecto de regreso a casa de Matt lo pasaron completamente en silencio. Gisele estaba perdida en sus propios pensamientos, cada vez le preocupaba más la actitud de Erik, jamás se había comportado así en cuatro años que hacía que le conocía. El hombre con quien había compartido su vida durante más de tres años se había vuelto loco. Matt la observaba de reojo mientras conducía, imaginó que pesaba en su ex novio y no se equivocaba, pero no la presionó, dejó que fuera ella quien decidiera hablar o no del tema.

Unos minutos más tarde, Matt aparcó el coche en el garaje y entró en la casa agarrado de la mano de Gisele, que caminaba a su lado con la cabeza en otra parte.

— ¡Creía que os habíais marchado y no regresaríais! —Les saludó Elsa gratamente sorprendida de ver a Gisele junto a Matt.

—Hemos ido a la agencia, tenía que encargarme de un asunto importante, y hemos pasado por el apartamento de Gisele para coger un par de cosas, se quedará a dormir en casa esta noche —informó Matt.

—Eso es genial, Gis —celebró Elsa—. Voy a preparar una cena de chuparse los dedos.

—Estoy deseando probarla, Elsa —le respondió Gisele con una amplia sonrisa.

—Vamos, te acompaño a mi despacho —le indicó Matt—. Allí podrás estudiar sin que nadie te moleste hasta la hora de la cena.

Gisele se acomodó en el sofá del despacho de Matt, situado en la plata baja de la casa, mientras él se dirigió a su habitación para llamar a Tyler. El asunto del ex novio molesto de Gisele le tenía harto y, tras ver el temor en los ojos de Gisele al enterarse que estaba frente a la puerta del edificio de su apartamento, a Matt se le había acabado la paciencia.

—Hola Matt —saludó Tyler cuando descolgó.

—Tyler, asegúrate que no pierden de vista a Erik Muller, lo quiero en la agencia mañana a primera hora.

—De acuerdo, así lo haremos —afirmó Tyler—. Estaba a punto de llamarte, seguimos investigando y hemos encontrado un vacío en su expediente. Erik Muller comenzó a existir hace ocho años.

—Genial —bufó Matt con sarcasmo—. Averigua quién es realmente ese tipo, quiero saberlo todo sobre él.

—Lo intentaré, pero no va a ser fácil, ese tipo no ha dejado ningún rastro de su identidad anterior. Quizás la chica pueda darnos más información de la que podamos conseguir investigándolo —propuso Tyler con cautela.

—Quiero mantener a Gisele al margen, no quiero que se agobie más.

— ¿Y de verdad crees que es mejor secuestrar a su ex novio que preguntarle directamente por él? —Se mofó Tyler—. Supongo que así es el amor, os deja a todos gilipollas.

Si le hubiera dicho eso a Matt una semana antes, probablemente le hubiera dado un buen puñetazo, pero después de conocer a Gisele, no pudo más que reír. Al fin y al cabo, aquello significaba que no se les daba tan mal fingir ser una pareja.

—Esta noche Gisele se quedará conmigo, no apareceremos por allí —le informó Matt—. No lo perdáis de vista y llámame si averiguas algo más.

—De acuerdo, seguimos en contacto —afirmó Tyler antes de colgar.

Matt suspiró profundamente y se dejó caer sobre la cama. Estaba agotado, apenas había dormido desde el sábado y se temía que esa noche tampoco dormiría mucho más si tenía que compartir cama con Gisele. Lo que en un principio parecía de lo más tentador, podría convertirse en una auténtica tortura si debía de contener la atracción que sentía por ella.

Tratando de deshacerse de esos pensamientos que solo conseguían excitarle más, Matt decidió darse una ducha de agua fría y bajar a la cocina para echarle una mano a Elsa, así al menos lograría distraerse un poco mientras Gisele estudiaba.

— ¿Qué intenciones tienes con esa chica? —Exigió saber Elsa, que se comportaba más como una madre que como una empleada.

—Tengo las mejores intenciones con Gisele, me gusta de verdad —le respondió Matt, y no fue ninguna mentira.

—Parece una buena chica, un poco joven quizás.

— ¿Me estás llamando viejo? —Bromeó Matt.

—Si tú eres viejo, ¡yo soy una momia! —Replicó Elsa divertida. Se puso seria y añadió—: Gis me gusta para ti, he visto cómo la miras y cómo sonríes cuando estás con ella.

Matt guardó silencio. Elsa era una persona muy intuitiva, difícil de engañar. Si bien era cierto que Matt se sentía atraído por Gisele desde que la vio por primera vez en aquel pub, nunca había profundizado en ese sentimiento. Había estado ocupado tratando de que ella aceptara firmar el contrato y así tener una excusa para seguir viéndola.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Elsa.

—Sí, solo estoy un poco cansado —le confesó Matt.

Matt pelaba y cortaba las patatas mientras Elsa encendía el horno para calentarlo cuando, cansada de estudiar, Gisele cerró los libros y salió del despacho para dirigirse a la cocina. Allí se los encontró charlando tranquilamente mientras preparaban la cena y, tratando de echar una mano, se ofreció:

—Hola, ¿puedo ayudaros a algo?

— ¿Ya has terminado de estudiar? —Le preguntó Matt escrutándola con la mirada.

—Ajá, es lo bueno de estudiar todos los días, no tengo que pasarme la noche anterior en vela estudiando.

—Todavía falta un rato para que la cena esté lista, puedes instalarte en mi habitación y darte una ducha, si te apetece.

—No puedo dejar que vosotros hagáis todo el trabajo —protestó Gisele.

—Eres nuestra invitada, no podemos consentir que eches una mano —sentenció Matt con rotundidad—. Vamos, te acompaño a la habitación. En seguida regreso, Elsa.

Matt agarró a Gisele por la cintura y, pegándola al lado izquierdo de su cuerpo, salieron de la cocina como si fueran una pareja de enamorados. Gisele esperaba que Matt retirara el brazo de su cintura, pero lo dejó allí hasta que llegaron al dormitorio principal de la planta superior. Matt le enseñó el dormitorio, el vestidor y el cuarto de baño y Gisele no pudo evitar pensar que aquella amplia estancia era más grande que el cochambroso apartamento que compartía con Sarah. Al entrar en el cuarto de baño, Gisele ahogó un grito de euforia cuando vio la enorme bañera y se sorprendió excitándose al imaginarse con Matt en ella.

—Hay toallas limpias en el armario o, si lo prefieres, puedes utilizar mi albornoz, yo nunca lo uso —le ofreció Matt—. Estaré con Elsa en la cocina, baja cuando termines. Y, si necesitas algo, llámame.

—Gracias —le dijo Gisele dedicándole una amplia sonrisa.

Matt asintió con un leve gesto de cabeza y regresó rápidamente a la cocina junto a Elsa, imaginarse a Gisele en su bañera no era la mejor forma para contener sus necesidades.

Gisele estuvo tentada de darse un largo baño, pero no quería que la tuvieran que esperar para cenar y decidió darse una rápida ducha. Media hora más tarde, Gisele entraba en la cocina más relajada y con su eterna sonrisa en los labios.

—Llegas justo a tiempo, la cena ya casi está —anunció Matt.

—Huele de maravilla.

—Sentaos a la mesa, yo me encargo de serviros y os dejo solos —dijo Elsa.

— ¿Pero cómo no vas a cenar con nosotros? —Protestó Gisele—. ¡Si has preparado tú la cena!

—Ejem, ejem —tosió Matt para recordarle que él también había ayudado.

—Perdón, tú también —se disculpó ella con una sonrisa divertida.

Matt estrechó a Gisele entre sus brazos y le plantó un beso en los labios de manera espontánea. Agradeció en silencio que Elsa estuviera presente, al menos podía justificarlo diciendo que estaba metido en su papel de novio enamorado. Pero a Gisele no le molestó aquel beso, todo lo contrario.

—Ya has oído a Gisele, tienes que cenar con nosotros —sentenció Matt, dirigiéndose a Elsa.

—Está bien, pero sentaos a la mesa que yo me encargo de servir la cena.

Ambos la obedecieron sin rechistar y se sentaron a la mesa del comedor mientras Elsa se desenvolvía con facilidad en la cocina.

—Elsa no puede saber nada sobre nuestro acuerdo —le recordó Matt una vez a solas en el comedor.

—Pues tendrás que acostumbrarte al lado izquierdo de la cama —bromeó Gisele tratando de parecer despreocupada.

—Dormir en un lado o en otro de la cama no será lo que suponga un problema —murmuró él entre dientes.

Elsa entró en el comedor con la bandeja de pollo y patatas y sirvió los platos. Los tres cenaron charlando tranquilamente, pero Elsa quería saber más de la chica que había conquistado el corazón de Matt y comenzó a hacer preguntas:

— ¿Cómo os conocisteis?

—Jason y yo estábamos tomando algo en un pub, Gisele y su amiga estaban sentadas lo suficientemente cerca para escuchar lo que decían y…

—Y tuvisteis la poca vergüenza de cotillear todo lo que decíamos —le interrumpió Gisele divertida.

—No debí parecerte tan malo, te quedaste charlando conmigo toda la noche.

—Eso es porque eres muy insistente, persuasivo y mandón —le replicó Gisele sacándole la lengua.

—Creo que te ha calado perfectamente —se mofó Elsa.

—Así que un mandón, ¿no?

—Un mandón encantador —le confirmó Gisele sonriendo.

Estuvo a punto de besarle, pero cambió de opinión en el último momento. Matt se percató y frunció el ceño, no entendía por qué se había echado atrás.

Después de cenar, Gisele se empeñó en ayudar a Elsa a recoger la mesa y Matt también echó una mano, quería acabar con aquello cuanto antes para irse a dormir con Gisele.

—Buenas noches, Elsa —se despidió Matt tirando del brazo a Gisele—. Vamos a dormir, mañana tienes un examen.

—Buenas noches, Elsa.

—Buenas noches, pareja —les deseó Elsa.

Gisele siguió a Matt a la habitación y, tras coger su mochila, entró en el cuarto de baño para ponerse el pijama mientras Matt hacía lo mismo en el vestidor. Cuando Gisele salió del cuarto de baño, él ya estaba tumbado en el lado izquierdo de la cama. Tragó saliva cuando la vio con aquella camiseta blanca y ajustada que marcaba sus pechos y aquel short diminuto que dejaba al descubierto sus piernas perfectas. Gisele se metió en el lado derecho de la cama y, antes de apagar la luz, le dijo a Matt entre risas:

—Buenas noches, cariño.

Buenas noches, Gisele —le susurró él con la voz ronca.

Cita 134.

“Cualquiera que ama mucho, hace mucho y puede lograr mucho, porque eso hace el amor.”

Vincent Van Gogh.