Archivo | agosto 2018

Hasta que el contrato nos separe 12.

Aquella noche Matt no esperó a que Gisele le abrazara mientras dormía, decidió abrazarla en cuanto se metió en la cama con ella. Gisele no pareció molestarse, así que la sostuvo entre sus brazos acariciándole la espalda hasta que se quedó dormida. El domingo por la mañana Gisele se despertó entre los brazos de Matt, que le dedicó una amplia sonrisa antes de desearle buenos días. Gisele ronroneó y se acurrucó contra su pecho, estaba demasiado cómoda junto a él y no quería moverse.

—Puedes dormir un par de horas más, todavía es temprano —le susurró Matt sin dejar de acariciar su espalda.

—Mm… —Ronroneó ella.

Matt tuvo que contener todos sus impulsos más primitivos para evitar echarse encima de Gisele. Tenerla entre sus brazos era el mayor placer que había sentido y al mismo tiempo la peor tortura que había sufrido.

Pocos minutos después, Gisele se quedó dormida de nuevo y Matt aprovechó para darse una larga ducha de agua fría. Aquella situación cada vez le resultaba más difícil de sobrellevar y sabía que si se precipitaba perdería la confianza y la complicidad con Gisele.

Matt desayunó en la cocina con Elsa mientras Gisele seguía durmiendo y Elsa aprovechó para tantear a Matt:

—Imagino que la relación con Gis va en serio si vas a presentársela a tu madre, pese a que hace poco que os conocéis.

—Hace poco que nos conocemos, pero es como si la conociera de toda la vida —le explicó Matt, expresando con palabras lo que sentía—. Ella hace que todo resulte fácil y sencillo, es capaz de hacerme sonreír aunque haya tenido un día pésimo.

—Nunca te había escuchado hablar así de ninguna chica.

—Porque nunca había conocido a alguien como ella —reconoció Matt.

Un par de horas más tarde, Matt aparcaba el coche frente a la puerta principal de la majestuosa casa familiar. Gisele estaba más callada de lo habitual, visiblemente nerviosa y ensimismada en sus pensamientos.

—Todo va a salir bien, relájate —trató de tranquilizarla Matt mientras la ayudaba a salir del coche.

—Para ti es fácil decirlo, no vas a ser escaneado en profundidad por dos mujeres que velan por la seguridad del hombrecito de la casa —protestó Gisele poniéndose de morros.

Matt rio divertido y no pudo evitar estrecharla entre sus brazos antes de besarla en los labios, completamente hechizado por ella.

—Será mejor que entremos o mi madre saldrá a buscarnos —bromeó Matt agarrándola por la cintura.

Llamaron a la puerta y, dos segundos después, Leonor Spencer apareció con una amplia sonrisa en los labios. Saludó a su hijo con un efusivo abrazo y después Matt hizo las presentaciones oportunas:

—Mamá, te presento a Gisele.

—Es un placer conocerte por fin, Gisele —la saludó Leonor dándole un abrazo cariñoso.

—El placer es mío, señora Spencer.

— ¡Uix, señora Spencer! —Rio Leonor—. Trátame de tú, por favor. No quiero recordar lo vieja que soy.

—Estás estupenda, mamá —aseguró Matt. Entraron en la casa y, mientras se acomodaban en uno de los sofás del salón, preguntó—: ¿Dónde está Kelly?

—En la piscina, tomando el sol. Iré a avisarla mientras os ponéis cómodos y traeré algo frío para beber, el calor empieza a apretar.

Leonor se marchó dejándolos a solas en el salón y regresó cinco minutos después, acompañada de Kelly, la hermana pequeña de Matt.

—Tú debes ser Gisele, un placer conocerte —la saludó Kelly alegremente—. Tienes un nombre precioso.

—Gracias, aunque el único que me llama Gisele es Matt, todo el mundo me llama Gis.

—Matt nos ha dicho que estás en la universidad, ¿qué estudias? —Quiso saber Leonor por sacar un tema de conversación.

—Psicología criminal, quiero especializarme en perfiles.

— ¿Para trabajar como los investigadores de las series de televisión que encuentran y detienen a asesinos en serie? —Preguntó Kelly interesada.

—Más o menos —bromeó Gisele.

Charlaron durante un buen rato y Matt no dejó de acariciar la espalda de Gisele, haciéndole saber que estaba allí para apoyarla. Mientras comían, Leonor y Kelly les sometieron a cientos de preguntas, querían saberlo todo sobre la repentina relación de Matt con aquella chica. Por supuesto, Leonor se había informado bien antes de que llegaran, pues mantenía el contacto con Elsa y aquella misma mañana la llamó para preguntarle por Gisele. Por ella sabía que Gisele era una buena chica, sencilla y que tenía completamente hechizado a Matt, razones suficientes para que Leonor se ilusionara todavía más con esa relación.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Matt en un susurro cuando pasaron de nuevo al salón para tomar un café después de comer.

—Estoy perfectamente, tienes una familia encantadora.

Se acomodaron de nuevo en los sofás y Matt se interesó por los estudios de Kelly, que había decidido retomar los estudios universitarios de periodismo.

—Lo dejé en el último año, estudiar y trabajar al mismo tiempo no era compatible con salir de copas con los amigos y todos sabemos qué quieren los jóvenes.

—Gisele estudia y trabaja —le replicó Leonor a su hija.

—Es difícil y te lo digo yo que además cuento con la ayuda económica de una beca de la universidad —le aseguró Gisele.

—Sea como sea, me parece admirable lo que haces, Gis —reconoció Kelly y añadió bromeando para picar a Matt—: Sobre todo si además tienes que soportar al mandón de mi hermano.

—Vaya, parece que no soy la única que cree que eres un mandón —le susurró Gisele a Matt.

—No soy ningún mandón, solo cuido de ti —se defendió Matt.

Gisele sonrió divertida y él la atrajo contra su cuerpo para estrecharla entre sus brazos y plantarle un beso en los labios que sorprendió a todos, incluido a él mismo.

—Matt, ¿por qué no le enseñas la casa a Gisele? —Le instó Leonor.

—Sí, será mejor que les demos un poco de intimidad que parece que la necesitan —se mofó Kelly entre risas.

Matt no se lo pensó dos veces y salió de allí con Gisele. Ya había visto el salón y el comedor, así que le mostró rápidamente la cocina y la llevó escaleras arriba para mostrarle su habitación. Leonor conservaba la habitación de su hijo tal y como la había dejado a los dieciocho años, cuando se alistó en el ejército. Gisele sonrió al descubrir la habitación de un adolescente y se detuvo a examinar las fotos que colgaban de la pared, todas de amigos y familia. Vio una foto en la que aparecía un hombre mayor que Matt, pero muy parecido a él, vestido de militar y dedujo que se trataba de su padre.

—Eras muy guapo de niño —comentó Gisele señalando una de las fotos de Matt.

— ¿Significa eso que ya no lo soy? —La provocó Matt abrazándola desde la espalda.

—Si sigues así, tendremos un problema —le advirtió Gisele excitada.

—Créeme si te digo que intento contenerme, pero vas a terminar matándome.

—Mm… Yo podría decir lo mismo —ronroneó ella.

—Será mejor que regresemos al salón —decidió Matt, haciendo acopio de todas sus fuerzas para apartarse de ella.

Gisele suspiró con resignación. Una vez más, Matt se alejaba de ella sin dar el siguiente paso. No era el mejor momento ni tampoco el mejor lugar, pero Gisele se había propuesto pensar un plan para acabar con aquella tortura.

Regresaron al salón y pasaron la tarde con charlando con Leonor y Kelly. Gisele y Kelly se llevaban un par de años y tenían muchas cosas en común, así que congeniaron rápidamente. Cuando Matt quiso darse cuenta, su hermana estaba haciendo planes con Gisele:

—Podemos ir juntas a comprar el vestido para la fiesta del aniversario de la agencia, yo tampoco he comprado el vestido todavía.

—Eso sería genial —opinó Gisele encantada de tener algo que hacer cuando Matt estuviera trabajando.

Gisele llegó a sentirse una más de la familia. Leonor y Kelly quedaron encantadas con ella y así se lo hicieron saber cuándo se despidieron:

—Ha sido un placer conocerte, Gis —le dijo Leonor—. Espero que Matt te traiga más veces por aquí, se le ve feliz contigo.

— ¿Qué estáis cuchicheando? —Intervino Matt, divertido por la complicidad que había surgido entre su madre y Gisele.

—Tranquilo, si tú no la has asustado, no creo que nosotras seamos capaces de hacerlo —le respondió Kelly sacándole la lengua.

—Tengo una familia encantadora, ¿te das cuenta? —Le comentó Matt a Gisele con sarcasmo.

Nada más subirse al coche y quedarse a solas, Gisele le preguntó:

— ¿Qué tal ido?

—No podía haber ido mejor —le aseguró Matt.

Cuando llegaron a casa, ya casi era la hora de cenar y Gisele le propuso pedir algo de comida a domicilio y cenar en el jardín.

— ¿No quieres invitar a Elsa a cenar con nosotros? —Le medio reprochó Matt.

—Esta noche no.

— ¿Qué estás planeando? —Le preguntó él alzando las cejas, adivinando que Gisele tramaba algo.

—Solo quiero cenar con mi futuro marido en el jardín, ¿hay algo de malo en eso?

—Ve a ponerte cómoda, mientras tanto yo pediré una pizza.

Gisele le dio un beso en los labios y subió las escaleras para dirigirse al dormitorio principal. Matt le había dicho que se pusiera cómoda y pensaba hacerlo. Sacó uno de sus pijamas sin estrenar: una ajustada camiseta de tirantes con un pequeño encaje en el escote y un diminutos short de algodón de color blanco, a juego con la camiseta. Se miró en el espejo y se dio el visto bueno antes de bajar las escaleras en busca de Matt. Él la esperaba en la cocina, sirviendo un par de copas de vino que dejó junto a la botella. Matt se había quitado la chaqueta y la corbata, había desabrochado algunos botones de su camisa y se había arremangado las mangas hasta los codos.

—Mm… Apenas llevas ropa, ¿no tendrás frío cuando salgamos al jardín? —Le preguntó Matt recolocándose el pantalón.

—Me pondré tu chaqueta si me da frío —le replicó Gisele un tanto molesta porque él se preocupara de si iba a pasar frío o no así vestida y pensó para sus adentros—: ¿Es que no se da cuenta que me he vestido así precisamente para provocarlo? —Pensó para sus adentros.

Llamaron al timbre de la puerta y Matt fue a abrir para recibir al repartidor de pizzas. Tras pagar la cuenta y darle al repartidor una más que generosa propina, regresó a la cocina cargando con la pizza, cogió las dos copas y la botella de vino que había dejado sobre la encimera y le dijo a Gisele:

—Salgamos al jardín antes de que se enfríe la pizza.

Salieron al jardín y se acomodaron en uno de los sofás de la terraza. Matt dejó la pizza, la botella y las copas sobre la mesa de café y, sorprendiendo a Gisele, sacó un par de velas del bolsillo y las encendió antes de dejarlas sobre la mesa, iluminando tenuemente el lugar donde se encontraban.

A Gisele le encantó aquel detalle tan romántico y se lo agradeció con una seductora sonrisa. Se conocían desde hacía dos semanas, pero en ese tiempo Gisele había pasado más horas con Matt de las que había pasado con Erik en el último año de relación.

— ¿Dónde está Elsa? —Preguntó Gisele al percatarse de que no la había visto en casa.

—Los domingos tiene el día libre y va a visitar a su hermana, regresará mañana por la mañana.

—Oh.

— ¿Decepcionada?

—Sorprendida —le corrigió Gisele.

Matt la escrutó con la mirada, sospechaba que Gisele tramaba algo y no tenía ni idea de cuál era su plan. Sin darle mayor importancia, comenzaron a cenar antes de que la pizza se enfriara. Gisele no se precipitó, comió y bebió mientras conversaba tranquilamente con él sobre su familia.

— ¿Te parece bien que vaya con Kelly de compras?

—Claro, te daré dinero para que compres lo que necesites.

—Ya tengo dinero, no necesito que me des más.

—El vestido es para el aniversario de la agencia, se trata de un gasto derivado de nuestro acuerdo y, por lo tanto, yo me hago cargo.

—Matt…

—No es discutible —sentenció.

Gisele asintió con resignación, no conseguiría hacerle cambiar de opinión y lo último que quería era que se distanciara más. Se armó de paciencia y decidió esperar que se diera el momento oportuno.

Después de cenar, Gisele recogió la mesa pero Matt insistió en ser él quien llevara las sobras a la cocina y ella se acomodó en el sofá-balancín mientras esperaba que regresara.

Cita 137.

“Sabemos lo que somos, pero aún no sabemos lo que podemos llegar a ser.”

William Shakespeare. 

Hasta que el contrato nos separe 11.

Gisele no llamó a Matt porque no quería molestarlo, pero decidió enviarle un mensaje. Esa misma mañana había recibido un correo electrónico informándola de la transferencia recibida en su cuenta bancaria con un importe de tres mil euros. Quería gastar parte de ese dinero con Matt y lo mejor que se le ocurrió fue invitarlo a cenar. Tras meditarlo durante unos minutos, finalmente se decidió por un mensaje directo y sencillo: “¿Tienes planes para esta noche?” La respuesta no tardó en llegar: “Siempre estoy disponible para ti.” Gisele sonrió, aquel juego de mensajes le excitaba y le gustaba pese al peligro que suponía. Respiró profundamente y tecleó: “¿Te apetece salir a cenar?” Un segundo después de pulsar el botón de enviar, Matt la llamó y, bromeando, le preguntó en cuanto descolgó:

— ¿Me estás pidiendo una cita?

— ¿Es que te ha quedado alguna duda?

— ¿Cuándo paso a recogerte?

—Mm… Dame tiempo para darme una ducha y arreglarme un poco, quiero ir a un restaurante elegante, tenemos un par de cosas que celebrar.

—Estaré allí en una hora —sentenció Matt—. Coge algo de ropa para dejar en mi casa, así no tendremos que estar yendo y viniendo de un lado a otro cada vez que te quedes a dormir en casa. Te quedas a dormir, ¿verdad?

—Solo si tú quieres.

—Desde luego que quiero. Una hora, no me hagas esperar —le recordó Matt.

—Estaré lista, seré puntual.

Una hora más tarde, Gisele estaba lista para salir a cenar. Se había puesto un vestido de estilo romano que le llegaba por encima de la rodilla, con un pronunciado escote en V por delante y que dejaba su espalda al descubierto por detrás. Se calzó sus sandalias romanas de tacón de aguja y se recogió el pelo en un moño, dejando algunos tirabuzones sueltos. También había preparado una pequeña maleta con ropa variada para dejar en casa de Matt, tal y como él le había pedido.

Matt la llamó por teléfono para hacerle saber que la estaba esperando en la calle y Gisele cruzó el portal del edificio tres minutos después, dejando a Matt con la boca abierta. Se apresuró a llegar hasta a ella para cargar con la maleta y guardarla en el maletero del coche, pero no quiso dejar pasar la ocasión de piropearla y, de paso, besarla:

—Estás preciosa.

—Gracias, tú también estás muy guapo —le respondió ella, ruborizada por el beso.

Se subieron al coche y, cuando Matt le preguntó a dónde se dirigía, Gisele le pidió que se encargara de escoger restaurante. Lo pensó un minuto antes de decidir llevarla al Luxury, el restaurante más de moda de la ciudad y puede que del país. Conocía al dueño y no le pondría ningún problema en asignarles una mesa.

Veinte minutos más tarde, Matt aparcaba frente a la puerta del Luxury. Bajó del coche y ayudó a Gisele a bajar antes de entregarle las llaves al aparcacoches. En cuanto el maître le vio llegar, se apresuró en ir a recibirle y, tal y como Matt había planeado, les llevó rápidamente hasta una de las mejores mesas del restaurante desde donde se podía contemplar la vista nocturna de la ciudad.

—Uno de los camareros les traerá la carta en seguida —les informó el maître.

Matt asintió y le pidió que trajera una botella de vino tino para beber. El maître asintió y les dejó a solas, momento en que Matt le preguntó a Gisele:

— ¿Qué ha pasado con Sarah?

A Gisele no le dio tiempo a contestar, uno de los camareros les entregó la carta mientras otro les servía las copas de vino y la pregunta se quedó en el aire.

Matt fue paciente y escuchó las sugerencias del camarero, ya que Gisele parecía estar realmente interesada en cada uno de los platos. Finalmente, aconsejados por el camarero, decidieron pedir un menú degustación y así podrían probar un poco de todo. El camarero anotó el pedido y, por fin, se quedaron a solas de nuevo.

—Quieres contarme lo de Sarah? —Insistió Matt.

Gisele se lo contó todo. Le explicó que le habían propuesto un empleo importante en la capital y que había aceptado.

— ¿Por qué quería tu aprobación para aceptar un empleo?

—Sarah está preocupada por el comportamiento de Erik, no quería dejarme aquí sola y me ha propuesto que me vaya con ella.

—Imagino que le habrás dicho que no —quiso confirmar Matt.

—Le he dicho que me has ofrecido un empleo en la agencia y que me vas a proteger de Erik, de lo contrario no hubiera aceptado un no por respuesta —se sinceró Gisele.

—Has hecho bien —le aseguró Matt. Miró a Gisele a los ojos y añadió—: Quiero que te quedes en mi casa mientras Sarah esté fuera.

—Matt, apenas hace cinco días que me conoces, no podemos vivir juntos si quieres que esta relación parezca real.

—Te equivocas, es una manera de acelerar las cosas. Mientras más tiempo pasemos juntos, mejor nos irá en las entrevistas. Además, los abogados de mi abuelo estarán siguiendo todos mis movimientos. Nos interesa que nos vean juntos a todas horas, así el anuncio de nuestro compromiso no parecerá tan repentino.

—La verdad es que la idea de quedarme sola en el apartamento no me atrae en absoluto.

—Está decidido, entonces —sentenció Matt. Le entregó una copa de vino a Gisele y él cogió la otra antes de brindar—: Por nosotros.

—Por nosotros —brindó Gisele antes de beber un sorbo de su copa.

Matt se acercó a ella y le susurró al oído:

—Voy a besarte, mucha gente nos está mirando y sería un buen momento para dejarles claro que somos una pareja.

Gisele recorrió los pocos centímetros que separaban sus labios de los de él y le besó. Fue un beso cálido y tierno, pero también apasionado y provocador. Pero también más largo e intenso de lo que ambos se esperaban.

—Joder, esto va a ser más difícil de lo previsto —masculló Matt entre dientes cuando separó sus labios de los de Gisele.

Matt recordó que tenía una conversación pendiente con Gisele, tenía que preguntarle por la verdadera identidad de su ex novio. Pero Gisele estaba tan alegre y despreocupada que decidió dejar esa conversación para otro momento, no quería arruinar la noche hablando de aquel tipo o, peor aún, discutiendo con Gisele.

Se tomaron un par de copas de vino mientras esperaban que les sirvieran la comida y otra par más mientras cenaban y charlaban animadamente, intercambiando alguna que otra caricia y algún que otro beso. Cuando les trajeron la cuenta, Gisele se apresuró en sacar su tarjeta de crédito para pagar, pero Matt la interceptó y le entregó su tarjeta al camarero.

—Me da igual lo que digas, no voy a dejar que pagues la cuenta —le advirtió Matt cuando ella abrió la boca para protestar.

El camarero les sonrió con complicidad tras aceptar la tarjeta de Matt y Gisele lo fulminó con la mirada mientras Matt sonreía satisfecho. Cuando salieron del restaurante, ambos estaban un poco achispados. Matt le ofreció ir a tomar una copa, pero Gisele prefirió ir a casa, la sola idea de pensar en la posibilidad de encontrarse de nuevo con Erik la ponía enferma.

—Entonces, nos vamos a casa —aceptó Matt, él tampoco tenía ganas de entrar en un pub repleto de gente.

Por segunda vez, durmieron juntos en la misma cama, pero no hubo sexo entre ellos y no fue porque ninguno de los dos no lo deseara. Matt se sentía cada vez más atraído por ella, pero no quería presionarla y que terminara rompiendo el acuerdo. A Gisele le hubiera gustado qué hubiera dejado clara alguna intención, pero como no fue así, ella no se atrevió a dar el paso.

—Solo han pasado cinco días y ya estoy a punto de volverme loca —pensó en voz alta Gisele cuando se encerró en el cuarto de baño para ponerse el pijama.

Aquella noche, Gisele volvió a recostarse sobre su pecho mientras dormía y él, con una ternura que solo ella era capaz de despertarle, la envolvió con sus brazos y la estrechó contra su cuerpo hasta que él también logró quedarse dormido.

Durante los días siguientes Gisele trató de acostumbrarse a su nueva rutina, pero se aburría muchísimo sin nada qué hacer. Matt se pasaba el día en la agencia y parte de la noche trabajando en el despacho de casa, estaba muy ocupado poniéndose al día con los nuevos casos de la agencia que había estado desatendiendo para estar con Gisele y se le había juntado con la organización del quinto aniversario de la agencia. Aquello le supuso trabajar de lunes a domingo más de quince horas diarias y apenas podía dedicar tiempo a estar con Gisele. Elsa tampoco se lo ponía fácil. La mujer le daba conversación y se esforzaba para que se sintiera en su propia casa, pero no le dejaba realizar ninguna de las tareas de la casa. Tampoco podía salir de casa sola, al menos no mientras Erik siguiera por ahí acechándola. Matt había sido muy claro con ese asunto y ella no estaba dispuesta a llevarle la contraria. Tan solo lograba distraerse un poco cuando Matt regresaba por la noche y cenaba con ella o cuando Sarah la llamaba por teléfono para contarle qué tal le iba en la capital.

Habían pasado ya diez días desde que se había mudado con Matt, pero Gisele seguía sintiéndose extraña. Echaba de menos a Sarah, poder hablar y desahogarse con ella, pero eso era imposible y no porque estuviera a más de trescientos kilómetros de distancia. También echaba de menos a Matt, tan solo lo veía un rato durante la cena. Ella se iba a dormir antes de que él se acostara y cuando se despertaba él ya se había ido a trabajar.

Era sábado por la tarde y Gisele estaba en el jardín trasero de la casa, meciéndose en el sofá-balancín mientras bebía de su refresco, viendo pasar las horas. Matt salió antes de la agencia, quería cenar con Gisele y pasar un rato con ella. Él también la echaba de menos. Le gustaba oírla hablar, verla sonreír y que se acurrucara sobre su pecho cuando dormía.

—Buenas tardes, señorita —la saludó Matt, pillándola desprevenida.

— ¡Matt, qué sorpresa! —Exclamó Gisele.

— ¿Te alegras de verme? —Le preguntó Matt sentándose junto a ella en el balancín antes de agarrarla por la cintura y colocarla sobre su regazo—. Elsa me ha regañado, dice que estás triste y aburrida. ¿Es eso cierto?

—Un poco, no tengo nada qué hacer —respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Aún faltan dos semanas para la celebración del quinto aniversario de la agencia y he pensado que el próximo fin de semana podríamos hacer una escapada a la capital, así podrías visitar a Sarah.

— ¿En serio?

—Yo siempre hablo en serio —le susurró él acariciando la punta de su nariz—. El sábado por la mañana tengo una reunión en la capital, puedes acompañarme y, mientras yo trabajo, tú podrás estar con Sarah. Por cierto, ¿a dónde te gustaría que fuésemos de vacaciones?

— ¿De vacaciones?

—Ajá, de vacaciones. Ninguna pareja se casa sin haberse ido juntos de vacaciones antes.

—Pues no sé, cualquier sitio me parecerá bien.

—Tienes que elegir tú y escoge un lugar caro, tengo que pedirte algo a cambio y no te va a gustar —le advirtió Matt divertido.

—Está bien, deja que lo piense un momento… —Gisele le siguió el juego tratando de impacientarlo, pero Matt se sentía en calma estando con ella y no lo consiguió—. Quiero ir de vacaciones a un lugar exótico y soleado, rodeado de naturaliza y en el que haya playa. Pero que sea un lugar tranquilo, no me gustan las aglomeraciones.

— ¿Tranquilo en plan familiar o en plan íntimo?

—Tranquilo en el sentido de que pueda bañarme desnuda en el mar si me apetece y sin que haya nadie mirando —le provocó Gisele.

—Debería recordarte que yo también estaré allí —le susurró Matt con la voz ronca.

—Eres mi futuro marido, tendré que acostumbrarme —bromeó Gisele.

Estaban a solas en el jardín de casa de Matt, no tenían que fingir porque no había nadie que les observara, pero Matt la besó de todas formas y Gisele se entregó a aquel beso sin más. Se quedaron abrazados sin decir nada, ninguno de los dos se atrevió a decir nada para no romper la magia del momento.

— ¿Qué querías pedirme? —Le preguntó Gisele pasados unos minutos.

—Me ha llamado mi madre, quiere que vaya mañana a comer a su casa y le he dicho que iré acompañado —le soltó sin andarse por las ramas—. Sé que es un poco precipitado, pero quiero que conozcas a mi madre y a mi hermana antes de la fiesta de aniversario de la agencia.

—Y, ¿si no les gusto?

—Eso es imposible, eres adorable —le aseguró Matt, besándola de nuevo.

Se puso en pie sosteniendo a Gisele entre sus brazos y entró en casa cargando con ella hasta llegar a la cocina, donde Elsa sonrió al verles. Gisele se ruborizó, no estaba acostumbrada a tantas muestras de afecto en público, aunque no fueran del todo reales.

—Mañana llevaré a Gisele a casa de mi madre —anunció Matt con orgullo.

— ¡Oh, es una gran noticia! —Exclamó Elsa emocionada, abrazando a Matt.

—Gisele está un poco nerviosa, pero ya le he dicho que no tiene nada de lo que preocuparse, la van a adorar.

—Leonor y Kelly se mueren de ganas por conocerte, estoy segura de que os vais a llevar a las mil maravillas —opinó Elsa.

—Mañana lo averiguaremos —concluyó Gisele.

Cita 136.

“Nada de lo que se haga en la cama es inmoral si contribuye a perpetuar el amor.”

Gabriel García Márquez.

Hasta que el contrato nos separe 10.

Gisele estaba agotada y se sentía tan cómoda con Matt que logró dormir toda la noche de un tirón. Pero Matt no logró pegar ojo en toda la noche. Dormir en la misma cama con Gisele conteniendo las ganas que tenía de besarla ya le resultaba bastante difícil, pero la situación se complicó cuando Gisele, todavía dormida, se acurrucó junto a él y colocó la cabeza sobre su pecho. Matt no pudo evitar echarle el brazo sobre los hombros y pasó la noche vigilando el sueño de Gisele.

Cuando Gisele abrió los ojos a la mañana siguiente y se encontró abrazada a Matt dio un brusco respingo para apartarse de él que hizo reír a Matt.

—Buenos días, Gisele. ¿Has dormido bien?

—Lo siento, suelo moverme mucho mientras duermo y no estoy acostumbrada a compartir la cama —se apresuró en disculparse ella, con el rubor en las mejillas.

—Todavía es pronto, puedes dormir un poco más —le susurró Matt al oído antes de levantarse de la cama—. Voy a darme una ducha y después bajaré al despacho, avísame si me necesitas.

—Ni siquiera ha amanecido, ¿por qué te levantas tan temprano?

—Si me quedo, no creo que sea capaz de controlar mis impulsos más primitivos.

—Oh, lo siento —se disculpó Gisele avergonzada.

—Duérmete, te despertaré a las siete —le susurró Matt antes de hacer un esfuerzo para alejarse de ella.

Gisele cerró los ojos y volvió a quedarse dormida mientras Matt aprovechó para ducharse y encerrarse después en su despacho para llamar a Tyler.

— ¿Hay alguna noticia? —Preguntó Matt tras saludar a Tyler.

—Se quedó esperando frente a la puerta del edificio hasta las dos de la madrugada, después se marchó a un motel a pocos minutos de aquí y allí sigue, imagino que durmiendo —le respondió Tyler—. Es muy probable que regrese a primera hora de la mañana. ¿Todavía quieres que lo llevemos a la agencia?

—No, he cambiado de idea. Quiero que seáis discretos y os mantengáis en un segundo plano hasta que averigüemos quién es ese tío. No quiero que actuéis a menos que sea imprescindible.

—Será mejor que matices qué consideras imprescindible.

—Si está en juego la seguridad y/o la vida de alguna persona, especialmente la de Gisele o la de su compañera de piso, ¿entendido?

—Supongo que eso confirma los rumores.

— ¿Qué rumores? —Exigió saber Matt.

—Se rumorea que esa chica ha derribado la gran muralla que rodea al Capitán Spencer —se mofó Tyler—. Aunque, si te soy sincero, yo me alegro por ti. Espero que esa chica te obligue a desconectar un poco del trabajo, es bueno divertirse un poco de vez en cuando.

— ¿Por qué todos creéis que no me divierto?

—Quizás ahora todo el mundo piense que te diviertes demasiado, tienes buen gusto para las mujeres y es evidente que le sacas diez años por lo menos a esa chica.

—Aburrido y viejo, hablar contigo es realmente reconfortante —opinó Matt con sarcasmo.

—Para eso están los amigos —comentó Tyler burlonamente y añadió antes de colgar—: Te llamaré para mantenerte informado.

Matt suspiró profundamente, aquel asunto cada vez le tenía más preocupado. El ex novio de Gisele no era quien decía ser pero, ¿ella lo sabía? ¿Sería capa Gisele de ocultarle algo así? Podría preguntárselo directamente, pero no quería presionarla y que se cerrara en banda, él quería que ella confiara en él. Decidió que hablaría del asunto con ella por la tarde, esperaba que Gisele estuviera más relajada y receptiva tras terminar los exámenes finales y esa mañana tenía el último.

—Buenos días, Elsa —saludó Matt al entrar en la cocina.

—Buenos días, ¿qué tal has dormido? —Le preguntó la mujer con una sonrisa cómplice en los labios—. Por esas ojeras, diría que no has dormido mucho.

—Gisele se quedó dormida recostada sobre mi pecho y no quise moverme para no despertarla. Ella tampoco ha descansado demasiado últimamente —reconoció Matt—. La he dejado durmiendo, en un rato iré a despertarla.

Elsa sonrió con ternura, nunca había visto a Matt tan interesado en una chica, él no era un hombre de los que se comprometía. Jamás había llevado a ninguna de sus amantes a casa, él prefería que los encuentros fuesen en casa de ellas o en un hotel, así podía marcharse cuando quisiera. Por eso Elsa se alegraba tanto de verle tan prendado de aquella chica, Matt ya tenía edad para sentar la cabeza y Elsa estaba deseando verle casarse y formar una familia.

—Buenos días —saludó Gisele entrando en la cocina.

Gisele había escuchado a hurtadillas parte de la conversación y decidió compensar a Matt de alguna manera por la noche que le había hecho pasar. Caminó hasta llegar a su lado, se sentó sobre su regazo y le dio un beso en los labios que le pilló totalmente desprevenido.

—Mm… ¿Te has levantado de buen humor? —Susurró Matt con la voz ronca, envolviéndola con sus brazos para retenerla junto a él un poco más.

—Estoy de tan buen humor que he pensado en invitarte a comer, así celebramos que he terminado los exámenes —se oyó decir Gisele. Sus palabras también sorprendieron a Matt, que la observó sin decir nada—. ¿Tienes trabajo? No te preocupes, lo entiendo —añadió un poco desilusionada—. Te he estado quitando demasiado tiempo estos días y…

Matt le cerró la boca con un apasionado beso que hizo que ambos se olvidaran de que no estaban solos en aquella cocina.

—Me encanta veros tan cariñosos, pero deberíais dejar algo para después si no queréis llegar tarde —les interrumpió Elsa poniéndose en pie. Cogió la cafetera y, mostrándosela a Gisele, le preguntó—: ¿Quieres café?

—Sí, te ayudo.

Matt maldijo en silencio, le hubiera gustado que Gisele se quedara entre sus brazos unos minutos más.

Elsa y Matt hablaron de las compras relacionadas con la casa y la comida mientras desayunaban y Gisele se limitó a escuchar. Adivinó que mantener una casa como aquella no debía ser fácil y no se refería solamente al coste que conllevaba, sino a la organización. El jardinero tenía que ocuparse del mantenimiento del jardín y la piscina; la chica de la limpieza venía una vez a la semana para hacer limpieza a fondo; una vez al mes le tocaba el turno al limpiador de ventanas, que se tenía que descolgar por la fachada para que los cristales quedaran impolutos; y también había que organizar el tema de las comidas. Matt aparecía poco por casa para comer o cenar, pero cuando lo hacía siempre era por sorpresa.

Después de desayunar, se despidieron de Elsa y se montaron en el coche de Matt para dirigirse a la universidad. Gisele iba distraída mirando la carretera cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Lo cogió y frunció el ceño al ver que se trataba de Sarah. La tarde anterior le había dejado una nota en la nevera avisándola de que pasaría la noche con Matt, así que imaginó que la llamaba para someterla a un interrogatorio.

—Buenos días, Sarah.

—Buenos días, Gis. ¿Qué tal ha ido la noche? —Le preguntó con tono burlón.

—Sarah…

—Bueno, ya hablaremos más tarde de eso, te llamo por otro asunto. ¿Tienes planes para comer?

—Eh… La verdad es que sí.

—Necesito hablar contigo, tengo que tomar una decisión y necesito que me des tu aprobación.

— ¿Desde cuándo necesitas mi aprobación?

—Es en serio, Gis. Se trata de una oferta de trabajo, ¿no puedes cambiar tus planes?

—Sí, supongo que sí —le respondió Gisele mirando a Matt—. Te llamo cuando salga de clase y quedamos.

—De acuerdo. Gracias, Gis —se despidió Sarah antes de colgar.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Matt en cuanto colgó.

—Sarah quiere hablar conmigo, le han ofrecido un puesto de trabajo para el verano y quiere comentarlo conmigo después de clase —le respondió Gisele con cara de niña buena—. Sé que te he invitado a comer, pero esto es importante para Sarah y tengo que estar con ella. Lo entiendes, ¿verdad?

—No te preocupes, no pasa nada —se resignó Matt—. Vendré a buscarte después para llevarte con Sarah.

—Gracias, eres el mejor novio del mundo —bromeó Gisele.

—Al mejor novio del mundo no se le va olvidar que le debes dos celebraciones.

— ¿Dos celebraciones?

—Anoche se suponía que íbamos a celebrar nuestro acuerdo, pero decidiste invitar a Elsa para que se quedara con nosotros, ¿lo has olvidado?

—Insistente, persuasivo, mandón y rencoroso —comentó Gisele divertida—, pero el mejor novio del mundo.

Matt aparcó frente a la puerta del edificio principal de la universidad y se apresuró en salir del coche y rodearlo para ayudar a Gisele.

—No olvides que también soy un caballero —le susurró mientras le rodeaba la cintura con los brazos para atraerla hacia a él y besarla—. Será mejor que te vayas a clase antes de que decida dejar de ser un caballero.

—Te veo luego —se despidió Gisele entre risas.

Tras dejar a Gisele en la universidad, Matt se dirigió a la agencia. Aprovechó para ponerse al día con su agenda y también centrarse en la investigación sobre Erik Muller. Saber quién era ese tipo se había convertido en su prioridad, no le daba buena espina y quería mantener protegida a Gisele.

A la una en punto de la tarde, Matt la esperaba frente al edificio principal de la universidad, apoyado en su coche y con las manos en los bolsillos, esperando que ella saliera por la puerta y deseando verla.

— ¿Qué tal te ha ido el examen?

—Muy bien, creo que voy a sacar una muy buena nota —le contestó Gisele riendo despreocupadamente.

Se subieron al coche y se dirigieron al apartamento de Gisele que, sintiéndose mal por haber cancelado los planes con Matt, le dijo:

—Te debo dos celebraciones, no lo voy a olvidar.

—Espero que sea pronto, no me gusta esperar. Te llamaré más tarde —le advirtió Matt antes de darle un leve beso en los labios que a ambos les supo a poco.

Gisele bajó del coche y entró en el edificio sonriendo. Aquella locura de acuerdo podría traer graves consecuencias, pero ya lo había firmado y se había propuesto disfrutar de todo aquello que pudiera, incluido su futuro marido.

—Aquí me tienes —anunció Gisele cuando entró en el apartamento.

—Siento haberte fastidiado el plan con Matt, pero necesito dar una respuesta esta tarde y antes de tomar una decisión quiero saber tu opinión.

— ¿Pedimos una pizza y me lo cuentas todo?

Sarah llamó por teléfono al restaurante para pedir una pizza a domicilio mientras Gisele se cambiaba de ropa para estar más cómoda. Media hora más tarde, ambas amigas estaban sentadas en el sofá, devorando una pizza y poniéndose al corriente.

—Antes de hablarte de la oferta de trabajo, quiero que me cuentes qué hay exactamente entre Matt y tú —exigió Sarah.

—Es evidente que me gusta, nos estamos conociendo y parece que no nos va mal —le respondió Gisele encogiéndose de hombros—. Anoche dormí con él, pero no hicimos nada, seguimos en la fase de los besos.

—Gis, si ya te has metido en su cama, ¿por qué no has llegado al final?

—Creo que él no quiere presionarme debido al acoso al que Erik me tiene sometida y yo quiero tomármelo con calma, aunque a este paso, dudo que eso sea posible —reconoció Gisele—. Pero no hablemos más de mí. Cuéntame cuál es esa oferta de trabajo tan interesante.

—Me han ofrecido trabajar en las oficinas centrales de News, pero tengo que darles una respuesta esta tarde y, si acepto, mañana por la mañana tengo que subirme a un avión.

— ¿Cuáles son las condiciones?

—Me pagan el alojamiento y un sueldo semanal de tres cuatrocientos euros, me vendría genial y también podría prestarte dinero para pagar las tasas, pero quiero que vengas conmigo. No me gusta la idea de dejarte aquí sola con Erik merodeando a tu alrededor constantemente y montándote numeritos.

— ¿Y qué voy a hacer yo allí? Además, Matt tiene una agencia de seguridad y me ha prometido que no permitirá que Erik me haga daño. También me ha ofrecido trabajar unas horas en su agencia y podré pagar las tasas.

—Entonces, ¿te parece bien si acepto?

— ¡Por supuesto que sí!

— ¡Gracias, Gis! Voy a llamarles ahora mismo —gritó Sarah eufórica—. Y tú deberías llamar a Matt y recompensarle, seguro que se alegra si le invitas a cenar.

—Pero es tu última noche aquí, pasarás todo el verano en la capital.

—Estamos a tres horas en coche de distancia, puedo venir a verte los fines de semana o también puedes venir tú. No te va a dar tiempo a echarme de menos —le aseguró Sarah y, con una tímida sonrisa, añadió—: Además, había quedado con un compañero de clase y, si me voy a ir tres meses, me iré satisfecha porque no sé lo que me encontraré allí.

— ¿Necesitas que te lleve mañana al aeropuerto?

—Necesito que dejes de pensar tanto en los demás y pienses en ti. Llama a Matt y disfruta de una noche salvaje con él —le dio un fuerte abrazo y añadió—: Te llamaré mañana cuando me instale en mi nuevo apartamento de verano.