Archivo | julio 2018

Cita 131.

“Me gustan las personas que tienen que luchar por obtener algo, los que teniéndolo todo en contra salen adelante. Esta es la gente que me fascina. La gente fuerte.”

Isabel Allende.

Hasta que el contrato nos separe 5.

El lunes por la mañana Matt se levantó a las cinco, saludó a Doris, su asistenta, que ya estaba levantada, y salió a correr como todas las mañanas. Regresó una hora más tarde, se dio una ducha y desayunó mientras comprobaba el horario de las clases de Gisele. Su primera clase no empezaba hasta las nueve, todavía tenía tiempo de echar un vistazo a su correo electrónico y llamar a la agencia.

Gisele se levantó más cansada de lo que se había acostado, se dio una ducha y se tomó una taza de café para espabilarse. Estuvo más de veinte minutos parada frente al armario pensando qué ponerse. Quería que Matt la viera guapa, pero no lo suficiente como para que pensara que se había arreglado para él.

—Gis, me marcho ya —anunció Sarah—. Suerte con los exámenes, nos vemos esta noche.

— ¡Suerte, Sarah! —Respondió Gisele alzando la voz para que Sarah, que ya se estaba marchando, la escuchara.

A las ocho y cuarto, Gisele salía por el portal del edificio de apartamentos y se dirigía a cruzar la calle donde estaba aparcado su viejo coche cuando vio a Matt delante de ella, apoyado en su elegante coche, con las manos en los bolsillos y con una seductora sonrisa en los labios.

— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Hoy tienes un chófer particular —bromeó Matt—. Sube al coche, te llevo a la universidad.

—Matt, te agradezco lo que estás haciendo, pero…

—Solo déjame llevarte a la universidad, después iré a recogerte y no tendrás que dejar el coche —insistió Matt.

— ¿Siempre te sales con la tuya?

—Lo intento —le confirmó Matt orgulloso.

—Es inútil discutir contigo —sentenció Gisele dándose por vencida y subiendo al coche de Matt.

—Bien, nos vamos entendiendo.

Gisele rodó los ojos, no iba a consentir que Matt se saliera con la suya siempre, pero ese día no estaba de humor para discutir.

Matt condujo en silencio hasta llegar al edificio principal del campus universitario, el lugar donde Gisele tenía su primera clase.

—Vendré a buscarte a la una en punto, no lo olvides —le recordó Matt.

—No lo olvidaré.

—Suerte con los exámenes, Gisele —le dijo Matt mientras ella bajaba del coche.

—Gracias, te veo luego —le susurró.

Con una sonrisa en los labios, Gisele entró en el edificio principal de la universidad y Matt encendió de nuevo el coche para dirigirse a la agencia. Quería hablar con Jason y que tuviera preparado el contrato de confidencialidad. Si todo iba bien, esa misma tarde firmaría el contrato que le permitiría heredar el patrimonio de su abuelo y mantener la casa familiar.

Matt pasó la mañana en su despacho con Jason, que no daba crédito a la insistencia de su amigo por casarse con aquella muchacha.

—Si sigues acechándola, acabará denunciándote por acoso —le advirtió Jason.

—No la estoy acechando —se defendió Matt—. Encárgate de tener listo el contrato de confidencialidad para después de comer, es posible que lo necesitemos esta tarde.

—Estás como una cabra.

—Tengo que ir a recogerla a la universidad, deséame suerte.

—Rezaré por ti, vas a necesitar una ayuda sobrenatural para que esto salga bien —le dijo Jason ladeando la cabeza con desaprobación.

Matt ignoró la advertencia de Jason, le dedicó una amplia sonrisa y se marchó en busca de Gisele. Tenía ganas de verla, le gustaba charlar con ella y pasar el rato con Gisele se le antojaba de lo más interesante y apetecible. Aparcó el coche en el mismo lugar donde lo había hecho unas horas antes y esperó a que Gisele saliera. La puerta del edificio se abrió y los estudiantes comenzaron a salir. Matt buscó a Gisele con la mirada y sonrió cuando la encontró caminando hacia el coche.

—Puntual como un reloj suizo —mientras ella se sentaba y se abrochaba el cinturón de seguridad—. ¿Qué tal han ido los exámenes?

—Mejor de lo que esperaba, creo sacaré una muy buena nota en los dos.

—Eso es genial, ¿tienes más exámenes esta semana?

—Tengo dos más el miércoles y otro el jueves, estoy deseando acabar el semestre, ya solo me quedará el último año de carrera.

— ¿Qué carrera estás estudiando?

—Estudio psicología y quiero especializarme en el análisis de la personalidad, tiene una gran variedad de salidas, pero aún no tengo decidido por cual me decantaré —le respondió Gisele encogiéndose de hombros—. Por cierto, ¿a dónde me llevas?

—A mi restaurante favorito, te va a gustar.

Matt tomó la autopista para salir de la ciudad y Gisele se acomodó en el asiento con despreocupación. Pese a que Matt era casi un desconocido, se sentía segura y a salvo cuando estaba con él.

Veinte minutos más tarde, Matt aparcaba el coche frente a una antigua masía situada a las afueras de la ciudad. A Gisele le encantó el lugar, parecía sacado de un cuento de hadas.

Entraron en la masía y el maître, que reconoció a Matt en seguida, les acompañó al reservado, una zona íntima situada en el jardín trasero de la masía. Se sentaron en una de las mesas más apartadas, bajo la sombra de un sauce y con un par de biombos de madera a su alrededor para estar ocultos de las miradas de otros comensales. El camarero tomó nota de la bebida y la comida antes de dejarles de nuevo a solas.

—Parece un sitio estupendo, tranquilo y rodeado de naturaleza —comentó Gisele por hablar de algo, ya que Matt parecía más callado de lo habitual—. Aunque supongo que no me has traído aquí para enseñarme las vistas.

—Quería enseñarte mi restaurante favorito y este es un buen lugar para que podamos hablar tranquilamente. ¿Has pensado en mi propuesta?

—Sí, y tengo algunas dudas —le respondió Gisele—. Para empezar, ¿cuáles serían mis obligaciones si decido aceptar?

—Cuando estemos en público o haya gente con nosotros, tendrás que comportarte como si realmente fueras mi novia o mi esposa. Por supuesto, no podrás mantener relaciones sexuales ni sentimentales mientras dure nuestro contrato. Necesito que nuestro matrimonio sea creíble, nos investigarán y nos entrevistarán, así que tendrás que vivir conmigo cuando nos casemos.

—El contrato durará más de un año, ¿qué pasa si uno de los dos cambia de opinión durante ese tiempo?

—En ese caso, sería incumplimiento de contrato y tendrá que pagar una indemnización, a menos que sea de mutuo acuerdo.

— ¿Por qué necesitas casarte? —Preguntó Gisele sin poder reprimir la curiosidad que sentía.

—No puedo hablarte de ello hasta que firmes un contrato de confidencialidad —le contestó Matt con naturalidad—. ¿Qué te parece si disfrutamos de la comida, del aire puro del campo y de la compañía y dejamos esta conversación para después?

A Gisele le pareció una idea excelente y ambos disfrutaron de aquella comida como dos buenos amigos. Cuando terminaron de comer, Matt pagó la cuenta y se dirigieron a la agencia, situada a las afueras de la ciudad, muy cerca de dónde estaban. A Matt le urgía que Gisele firmara el contrato de confidencialidad cuanto antes para poder explicárselo todo. Si por él fuera, ya se lo hubiera contado, pero Jason le había hecho prometer que no le daría más información hasta que lo hubiese firmado.

Gisele tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la compostura cuando llegaron a las instalaciones de la agencia. Suponía que a Matt le iba muy bien con la agencia debido a su nivel de vida, pero no esperaba que aquel complejo de edificios tan elegante y moderno fuera en realidad la base de operaciones de una agencia de seguridad.

Matt aparcó frente a la puerta del edificio principal, salió rápidamente del coche para ayudar a bajar a Gisele y entraron en el majestuoso edificio. Ella se quedó un par de pasos por detrás y él la agarró de la mano y la guio hacia el ascensor para subir a la última planta, donde se encontraba su despacho. Recorrieron el largo pasillo de la oficina y, antes de encerrarse con Gisele en su despacho, le dijo a su secretaria:

—Dile a Jason que le espero en mi despacho.

La secretaria asintió y descolgó el teléfono para hacerse cargo de lo que su jefe le había pedido mientras Matt y Gisele entraban en el despacho y se sentaban en uno de los dos sofás de la zona de reuniones.

—Jason, además de un buen amigo, es mi abogado —la informó Matt.

— ¿Él estará al tanto de nuestro acuerdo?

—Sí, él se encargará de redactar nuestro contrato y estará al tanto de todo.

Alguien llamó a la puerta y, tras recibir permiso para entrar por parte de Matt, la puerta se abrió y tras ella apareció Jason con una sonrisa burlona en los labios. Saludó a Gisele con un beso en la mejilla y, entre risas, le preguntó si estaba segura de lo que iba a hacer.

—Jason, céntrate —le reprochó Matt fulminando a su amigo con la mirada.

—Aquí está el acuerdo de confidencialidad, en él se especifica que todo lo relacionado con lo comentado en esta reunión no se puede comentar ni difamar. En cuanto la señorita Moore lo firme, podremos continuar —anunció Jason en modo profesional, entregándole el documento a Gisele. Esperó a que lo leyera y lo firmara y añadió—: Ahora ya podemos continuar. Matt, ¿quieres seguir tú?

—El padre de mi madre falleció hace dos semanas y me nombró único heredero en su testamento, con la condición de que me casara antes de cumplir treinta y cinco años y que el matrimonio durase más de un año, solo entonces podré heredar su patrimonio —resumió Matt.

—Tienes dinero suficiente, ¿por qué quieres casarte si no necesitas esa herencia?

—La casa donde viven mi madre y mi hermana sigue siendo propiedad de mi abuelo. Fue un regalo que mi abuelo le hizo a mi madre cuando cumplió dieciocho años, pero después mi madre conoció a mi padre y mi abuelo no llegó a hacer el cambio de nombre de la propiedad, así que si no consigo la herencia, mi madre perderá la casa.

—Bien, aclarada la situación, si ambas partes estáis de acuerdo, podemos proseguir con los puntos del acuerdo para poder redactar el contrato prenupcial —intervino Jason—. El primer punto, será especificar los roles de cada uno. Para que el matrimonio sea considerado válido, deberéis aparentar ser una pareja, tendréis que fingir un noviazgo, la pedida de mano, la boda, la luna de miel y ser un matrimonio durante un año. Para ello, deberéis salir a cenar, al cine y a cualquier otro lugar público donde todas puedan ver que vuestro amor es auténtico. La boda debe celebrarse antes del veinte de enero, así que fingiréis el noviazgo hasta después de verano, que será cuando os comprometeréis. Una vez que os caséis, deberéis vivir juntos y asistir juntos a los actos sociales y profesionales que lo requieran. Obviamente, no podéis mantener ninguna relación sentimental ni sexual con terceras personas, así que tenéis dos opciones: podéis vivir en la abstinencia durante ese tiempo o bien podéis decidir satisfaceros mutuamente, al fin y al cabo, seréis marido y mujer.

A Gisele le sorprendió que Jason expresara su opinión tan abiertamente, pero en el fondo se alegró porque ella también quería saber qué iba a pasar con ese tema.

—Podemos añadir una cláusula prohibiendo cualquier acercamiento sexual entre nosotros, no quiero que te sientas incómoda —se apresuró a decir Matt.

—Si vamos a enfocar esto como un trato de negocios, el sexo entre nosotros debería quedar descartado —opinó Gisele—. Sin embargo, se trata de un período muy largo de tiempo y quizás cambiemos de opinión.

—Entonces, no hay cláusula de prohibición —concluyó Jason sonriendo divertido.

—Además, tendremos que añadir el pago de los estudios de Gisele, una asignación mensual para sus gastos y una indemnización final cuando nos divorciemos —añadió  Matt ignorando la sonrisa de su amigo.

— ¿De qué cantidades estamos hablando? —Preguntó Jason.

—Gisele, ¿qué cantidad quieres?

— ¿Mil euros? —Dudó ella.

—Tres mil euros al mes y cincuenta mil después del divorcio —decidió Matt.

—Queda por decidir la cantidad a indemnizar en caso de incumplimiento de contrato —les recordó Jason.

—Cincuenta mil euros —decidió Matt pensando que con una cifra elevada evitaría que Gisele se echara atrás.

—Pues con esto, ya lo tengo todo —anunció Jason—. Mañana a primera hora tendréis el contrato listo para firmar —. Se puso en pie y, tras besar a Gisele en la mejilla, se despidió sin ocultar su sonrisa—: Un placer volver a verte, Gisele.

—Lo mismo digo —le despidió ella.

Jason se marchó y les dejó a solas en el despacho. Matt escrutó con la mirada a Gisele, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la cabeza, pero no lo logró.

— ¿Estás bien?

—Sí.

—Si no lo tienes claro, puedes tomarte unos días más para pensarlo —le dijo Matt.

—Lo tengo claro.

Y Gisele no mentía. Puede que firmar aquel contrato con Matt fuera una locura, pero las ganas que tenía de pasar más tiempo con él y de asegurar el pago de sus estudios tuvieron más peso que su propia cordura.

Cita 130.

“El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro.”

Friedrich Nietzsche.

Hasta que el contrato nos separe 4.

Gisele pasó el resto de la mañana del domingo en su apartamento, pensando en la propuesta de Matt y tratando de estudiar para los exámenes finales. Sarah apareció a primera hora de la tarde, con cara no haber dormido en toda la noche pero de haberse divertido como nadie. Las dos amigas se acomodaron en el sofá y se pusieron al día. Sarah le contó lo bien que lo había pasado con Jason, pero dejó claro que no quería seguir viéndolo.

— ¿Por qué no quieres seguir viéndole? Es la primera vez que te veo tan ilusionada con un hombre —preguntó Gisele.

—Precisamente por eso, Jason es el tipo de hombre del que me resultaría fácil enamorarme y, cómo ya sabes, el amor no entra en mis planes —aseveró Sarah—. ¿Qué tal te fue con Matt?

—Bien, es un tipo encantador, estuvimos charlando en el pub hasta que Erik se presentó y me montó un numerito. Matt se encaró con él, le dio un puñetazo y me llevó a su casa, donde me invitó a quedarme para no pasar la noche sola y arriesgarme a que el idiota de Erik siguiera teniendo ganas de montarme otro numerito.

— ¿Te acostaste con Matt?

—No, me ofreció la habitación de invitados y se comportó como todo un caballero, incluso me ha traído a casa esta mañana.

—Por favor, dime que al menos os habéis intercambiado los números de teléfono.

—Sí, me ha dado su número y él tiene el mío —le respondió Gisele que, hasta el momento, no había dicho nada que fuera mentira.

—Te lo preguntaré de otra manera, ¿piensas quedar con él?

—No sé, puede ser —contestó encogiéndose de hombros—. Ahora mismo no quiero preocuparme por eso, mi prioridad es terminar los exámenes con la mejor nota posible para mantener la beca o tendrás que buscar una nueva compañera de piso.

—No seas tan melodramática, tenemos el dinero del fondo de emergencia.

—Con ese dinero no tendremos ni para cubrir los gastos de un mes de alquiler.

—Llama a Matt y queda con él, quizás él pueda hacer que seas un poco más optimista —le replicó Sarah poniéndose en pie y añadió antes de dirigirse a su habitación—. Me voy a dormir antes de que consigas deprimirme.

Gisele le sacó la lengua a modo de respuesta y volvió a centrarse en los libros, debía estudiar para los dos exámenes que tenía el día siguiente.

Tras dejar a Gisele en su apartamento, Matt se dirigió a la casa familiar para comer con su madre y su hermana como todos los domingos que el trabajo le permitía. Su madre seguía muy preocupada por la posibilidad de perder la casa y Matt, tratando de animarla, le dijo:

—He conocido a una chica.

— ¿Qué significa eso exactamente? —Quiso saber Leonor, pues conocía la fama de mujeriego de su hijo—. Imagino que conocerás chicas constantemente.

—Me refiero a una chica especial, mamá. Una chica con la que podría casarme.

— ¿Tienes novia? —Preguntó su hermana Kelly sorprendida.

—Nos estamos conociendo, pero me gusta mucho —confesó Matt.

Y era cierto, Gisele le gustaba y mucho. Era una chica especial, luchadora, responsable y muy atractiva, no podía negarlo. Gisele tenía una belleza natural que le había hechizado, ella no tenía nada que ver con las mujeres artificiales con las que él solía salir en busca de sexo.

—Podrías pasar unos días con ella aquí este verano, así la conocemos —comentó Leonor ilusionada.

—Si para entonces le sigue interesando la chica —murmuró Kelly entre dientes.

— ¡Kelly! —La regañó Leonor. Sin embargo, miró a su hijo a los ojos y le aconsejó—: Matt, si esa chica te gusta de verdad, no lo estropees.

— ¿Qué te hace pensar que lo voy a estropear?

—El hecho que jamás has estado con una chica más de dos meses, quizás —intervino Kelly para mofarse de su hermano mayor.

—Me encanta venir de visita, me voy de aquí mucho más animado —ironizó Matt.

A media tarde, cansado de escuchar los consejos de su madre y su hermana para conquistar a una chica, decidió marcharse de allí y hacerle una visita a su amigo Jason, tenía muchas cosas de las que hablar con él.

— ¿Estás solo? —Le preguntó Matt cuando Jason descolgó el teléfono.

—Sí, estoy solo en casa, Sarah se marchó hace un rato.

—Ábreme, estoy en la puerta —le dijo Matt antes de colgar.

Dos segundos después, la puerta principal se abrió y Matt entró en la casa. Se dirigió directamente al salón, se sentó en el sofá y anunció:

—Quiero que Gisele sea mi esposa.

— ¿Te has enamorado en una sola noche? —Se mofó Jason.

—Es perfecta, una chica guapa, inteligente y responsable. Además, acaba de perder su trabajo y necesita dinero para pagar sus estudios, este acuerdo nos beneficiaría a ambos.

—No puedes proponerle algo así a esa chica, acabas de conocerla.

—Ya lo he hecho.

— ¿Te has vuelto loco? —Le espetó Jason incrédulo.

—La he investigado y he confirmado que todo lo que me había dicho es cierto, ha sido totalmente sincera conmigo. Además, la chica me gusta.

—Estudia en la universidad, le debes sacar entre diez y quince años.

—A ti no te ha importado pasar la noche con su amiga —le replicó Matt.

—Porque solo se trata de sexo de una noche, tú pretendes casarte con ella.

—No será un matrimonio de verdad, es un negocio —matizó Matt.

—Ese es el problema, Matt. No será un matrimonio de verdad, pero debe parecerlo. Los abogados de tu abuelo os investigarán, os entrevistarán a vosotros y a vuestro círculo más cercano para confirmar que realmente sois una pareja —le recordó Jason—. Por no hablar de Patrick, es capaz de cualquier cosa para heredar la fortuna de tu abuelo. Dime una cosa, ¿has pasado la noche con ella?

—Ha dormido en mi casa, pero en la habitación de invitados.

— ¿No ha habido sexo?

—No.

—Interesante —comentó Jason—. ¿Qué te ha dicho cuando se lo has propuesto?

—Al principio me ha dicho que estaba loco, pero creo que al final la he convencido para que piense en todo este asunto como un negocio.

— ¿Le has contado el motivo por el cual quieres casarte?

—Le he dicho que se lo contaré todo si decide aceptar.

—Si finalmente acepta, ven a verme antes de contarle nada. Le haremos firmar un acuerdo de confidencialidad antes de firmar el contrato —apuntó Jason—. Por cierto, si no te acostaste con ella, ¿cómo es que acabó durmiendo en tu casa?

—Su ex novio apareció en el pub y le montó un numerito mientras yo estaba pidiendo un par de copas en la barra. Tuve que intervenir y sacar de allí a Gisele. Estaba en estado de shock y no quería dejarla en su casa, no quería arriesgarme a que aquel imbécil volviera a molestarla.

—Y la llevaste a tu casa —adivinó Jason—. Esas chicas no son como las mujeres con las que salimos. Puede que no tengan dinero, pero tienen sus principios y su dignidad. No son la clase de mujeres que sueñan con un marido rico.

—Parece que Sarah te ha tocado el corazón —se mofó Matt.

—De eso nada, solo ha sido una noche, nada más. Y no te imaginas qué noche.

Jason sacó un par de cervezas de la nevera y ambos amigos se enfrascaron en una larga conversación sobre la noche que habían pasado con aquellas dos chicas que habían conocido la noche anterior.

Cuando Matt llegó a casa esa noche, estaba tan cansado que se dirigió directamente a su habitación pero, al subir las escaleras y pasar frente a la puerta de la habitación de invitados, no pudo contener las ganas que sentía de hablar con Gisele y decidió llamarla por teléfono.

— ¿Sí? —Gisele respondió al tercer tono.

—Hola, Gisele. Soy Matt.

—Oh. Hola Matt.

—Solo llamaba para saber si estabas bien o si ese idiota había vuelto a molestarte.

—Estoy bien —mintió Gisele.

—Pues no ha sonado muy creíble. ¿Qué te ocurre? Ha vuelto, ¿verdad?

—Ha conseguido entrar en el edificio, estaba borracho y ha comenzado a gritar para que la abriéramos la puerta. Sarah ha llamado a la policía y se lo acaban de llevar.

—Gisele, ¿por qué no me has llamado?

—Si tuviera que llamarte cada vez que me ocurre algo, tendría que vivir tres vidas para pagar la factura del teléfono —bromeó Gisele.

—También podrías vivir conmigo y te ahorrarías tener que llamarme.

—Matt…

—Admítelo, mi propuesta te beneficiaría.

—Te dije que lo pensaría.

—Lo sé, pero no tengo mucho tiempo —le recordó—. ¿Te apetece que quedemos para comer mañana?

— ¿Te han dicho alguna vez que eres muy insistente?

—Nunca me doy por vencido.

—Entonces, supongo que te las ingeniarás para comer conmigo mañana diga lo que diga.

—Supones bien —le confirmó Matt divertido—. Entonces, ¿comemos juntos mañana?

—No termino las clases en la universidad hasta la una de la tarde —le informó Gisele, aunque estaba segura de que Matt ya estaba más que informado—. Si no estás allí cuando salga, creeré que has cambiado de opinión y me marcharé, así que más te vale ser puntual.

—Seré puntual, te lo prometo. Buenas noches, Gisele.

—Buenas noches, Matt —se despidió antes de colgar.

Gisele sonrió como una idiota, Matt tenía ese efecto en ella. Se imaginó compartiendo casa con él y fingiendo ser un matrimonio, aquella disparatada idea cada vez se le antojaba más tentadora. Sin embargo, tener que engañar a todo el mundo era algo que no estaba segura de poder sobrellevar. Ella no era una buena mentirosa y fingir una relación no iba a ser fácil. La mejor manera de sobrellevarlo era dejar el sexo al margen. El sexo entre ambos haría que el trato se convirtiera en algo personal en lugar de ser el negocio beneficioso para ambos, pero eso iba a resultar complicado. Para empezar, las muestras de cariño en público serían inevitables. Además, pasarían juntos muchas horas y el sexo con terceras personas quedaba descartado, ya que ponía en riesgo la validez del matrimonio. Aquello suponía practicar la abstinencia sexual durante todo un año más lo que durara el noviazgo o practicar el sexo entre ellos, lo cual era factible ya que serían un matrimonio.

— ¿Con quién hablabas? —Le preguntó Sarah asomando la cabeza por la puerta de la habitación.

—Era Matt, solo quería saber si estaba bien y si Erik había vuelto a molestarme.

—Le gustas y por tu sonrisa deduzco que él también te gusta a ti, Gis. Quizás deberías salir con él y ver qué pasa, en el peor de los casos te llevarás un par de revolcones.

—Puede que lo haga —le respondió Gisele pensando en aceptar la propuesta de Matt.

—Buenas noches, Gis.

—Buenas noches, Sarah.

Gisele se metió en la cama, apagó la luz de su habitación y se durmió con una sonrisa en los labios, pensando en Matt.

Cita 129.

“En un cierto momento de la vida se desea un hijo. Quizás, para morir un poco menos cuando morimos.”

Françoise Sagan.