mesjulio 2018

Hasta que el contrato nos separe 8.

Matt y Gisele mantuvieron la tregua mientras comían en silencio, pero ella seguía pensando en aquel acuerdo. Elsa vivía con Matt, tendría que fingir incluso cuando estuviera en casa y eso suponía dormir en la misma habitación. No habría ningún problema si se tratara de un fin de semana, pero un año y medio era demasiado tiempo. Corría el riesgo de enamorarse de él, algo bastante probable dada la atracción que sentía por él.

Después de comer, Matt quiso ir a la agencia para leer el contrato y, si lograban estar de acuerdo, firmarlo. Pero Gisele se negó a marcharse de allí dejando los platos y la mesa sin recoger. Ella no estaba acostumbrada a tener una asistencia que se lo hiciera todo, pero dejar la cocina así le parecía una barbaridad.

—Le pago a Elsa para que se ocupe de estas cosas —refunfuñó Matt ante la insistencia de ella por dejarlo todo limpio y recogido.

—No me cuesta nada y no quiero darle más trabajo del necesario a Elsa. Si voy a vivir aquí, quiero llevarme bien con ella.

—No tendrás ningún problema con Elsa, en una buena persona y muy cariñosa, te tratará muy bien.

— ¿Hace mucho que trabaja para ti?

—Trabajó como asistenta interna en casa de mis padres desde que yo era pequeño y hasta que mi padre murió, ella se encargaba de cuidar de la casa y también a mi hermana y a mí cuando mis padres estaban fuera. Cuando hace unos años dejé el ejército quedamos para charla, me contó que acababa de quedarse sin trabajo y no lo dudé. Elsa es una más de la familia.

Cuando por fin terminaron de recogerlo todo y Gisele dio su visto bueno, se dirigieron al apartamento de Gisele. Ella le invitó a subir, pero Matt decidió esperarla en la calle y aprovechar para charlar con los dos agentes que Taylor había enviado para custodiar la entrada el edificio. Quería confirmar si Erik Muller había tenido las narices de volver a presentarse allí para molestar a Gisele.

— ¿Va todo bien por aquí?

—De momento, ningún altercado —confirmó uno de los agentes—. La policía nos ha confirmado que lo han dejado libre con cargos a media mañana. Probablemente se habrá ido a dormir la mona y regrese más tarde.

—Gisele pasará la noche en mi casa, pero en el apartamento se quedará su amiga Sarah, así que estad atentos y llamadme si ese tipo aparece por aquí.

Ambos agentes asintieron con un enérgico movimiento de cabeza. Matt vio que Gisele salía del edificio y se apresuró en despedirse de los agentes para ayudar a Gisele a cargar con la mochila que llevaba.

— ¿Has metido piedras aquí dentro? —Se mofó Matt.

—Solo llevo una muda de ropa, los libros y apuntes que necesito y algunos productos de higiene, no seas exagerado —le replicó ella sacándole la lengua.

Matt metió la mochila de Gisele en el maletero del coche y ambos se dirigieron a la agencia para reunirse con Jason. Una vez más, todos los agentes que merodeaban por allí se volvieron para mirar a su jefe, no era habitual verlo acompañado por una mujer y mucho menos en la agencia. Por todos era sabido que Matt era un hombre que no se comprometía con ninguna mujer, él estaba casado con su trabajo, aunque aquello no le impedía disfrutar de los encuentros sexuales que mantenía con sus amantes.

—Creía que ya no vendríais —les saludó Jason dirigiendo una sonrisa burlona a su amigo mientras señalaba el reloj de pared.

—Nos hemos entretenido un poco —respondió Matt con naturalidad—. Pasemos a mi despacho y seguimos hablando allí.

Matt colocó su mano sobre la parte inferior de la espalda de Gisele para guiarla hacia el despacho y la invitó a entrar la primera tras abrir la puerta. Matt y Gisele se sentaron en uno de los sofás del despacho y Jason se sentó en el otro. A Gisele no le pasó por alto la sonrisa maliciosa que Jason le dedicó a Matt y sonrió al imaginar la guasa que debía gastarse Jason con Matt.

—Aquí tenéis una copia del contrato, podéis revisarlo y me decís si queréis añadir o quitar alguna cláusula —les informó Jason sin borrar la sonrisa de la cara.

—Queremos añadir un par de cláusulas: una que nos obligue a respetarnos y apoyarnos; y otra en la cual se especifique que yo me encargaré de todo lo relacionado con la seguridad de ambos —le respondió Matt mirando a Gisele a los ojos para confirmar su aprobación, tal y cómo habían hablado antes. Ella asintió y Matt le dijo a su amigo—: Puedes ir añadiéndolas mientras nosotros repasamos el contrato, te avisaré si decidimos algo más.

Jason miró a su amigo con las cejas alzadas, sorprendido de que su amigo le invitara a marcharse. Pero sonrió al percatarse del interés que Matt mostraba en aquella chica. Jason le conocía lo suficiente para saber que Matt se había encaprichado de aquella chica y que la herencia tan solo era una excusa para estar cerca de ella.

Matt esperó a que Jason se marchara y, cuando se quedó a solas con Gisele, le preguntó:

— ¿Lo leemos juntos? —Ella asintió y Matt comenzó a leer el contrato—: “Mathew Spencer y Gisele Moore, en adelante el Novio y la Novia,…

—Por favor, ve directo a lo importante —le interrumpió Gisele señalando el reloj.

— ¿Ahora te entra la prisa? —Le replicó Matt. Ella hizo un mohín y el cedió—: Está bien, iremos directos al grano. Cláusula 1: El novio y la novia se comprometen a mantener el presente contrato en la más estricta confidencialidad. Cláusula 2: El novio y la novia se comprometen a mantener un noviazgo a efectos públicos. Dicha relación prosperará en un matrimonio, a efectos públicos y legales, que debe celebrarse antes del trigésimo quinto cumpleaños del novio. Cláusula 3: La novia deberá mudarse a casa del novio en cuanto se formalice el matrimonio. Cláusula 4: El novio y la novia están obligados a guardarse fidelidad, la infidelidad será motivo de anulación del contrato. Cláusula 5: El novio y la novia están obligados a asistir juntos a los eventos familiares, profesionales y sociales en los que se les requiera. Cláusula 6: El novio se hará cargo de los gastos de los estudios universitarios de la novia. Cláusula 7: La novia recibirá una paga mensual de 3.000€. Cláusula 8: La novia recibirá una paga extra de 100.000€ cuando se cumpla un año y un día desde la celebración del matrimonio. Cláusula 9: En caso de incumplimiento de contrato, se pagará una indemnización de 50.000€ al cónyuge. Cláusula 10: El novio y la novia se divorciaran cuando el novio haya logrado el objetivo del presente contrato, salvo que ambos cónyuges decidan seguir unidos en matrimonio de mutuo acuerdo. Todas las cláusulas tienen sus respectivas explicaciones y algunos ejemplos, ¿te queda todo claro?

—Sí, me queda claro.

—Bien, ¿quieres añadir alguna cláusula más?

—Supongo que, con las dos que le has dicho a Jason, ya está todo, ¿no?

—No hay ninguna cláusula sobre el sexo entre nosotros —apuntó Matt escrutando a Gisele con la mirada—. ¿Quieres añadir alguna para prohibirlo?

—Si queremos enfocar esto como un negocio de duración determinada, el sexo entre nosotros no es una buena idea y deberíamos evitarlo —opinó Gisele—. Pero nuestro contrato prohíbe que mantengamos una relación sentimental y/o sexual con una tercera persona y eso complica las cosas. No estamos hablando de un mes de abstinencia sexual, nuestro acuerdo durará un año como mínimo.

—Será mejor que me aclares lo que estás intentando decir porque creo que no te estoy entendiendo bien.

—Solo digo que no deberíamos cerrar esa puerta con llave, un año puedo ser muy largo y ambos somos adultos, supongo que, llegado el momento, puede ser una opción a tener en cuenta.

—Estoy completamente de acuerdo —concluyó Matt satisfecho. Alguien llamó a la puerta del despacho y añadió alzando la voz—: Adelante.

La puerta se abrió y Jason apareció sonriendo de oreja a oreja, era evidente que aquella situación le divertía.

—Aquí traigo vuestro contrato con las dos cláusulas añadidas —anunció Jason.

Matt cogió el contrato que Jason le entregaba y lo revisó junto a Gisele. Buscó las dos nuevas cláusulas y las leyó en voz alta:

Cláusula 11: El novio se encargará de todo lo que tenga que ver con la seguridad de ambos sin excepción alguna. Cláusula 12: El novio y la novia deberán mantenerse el respeto y apoyarse desde el inicio hasta el fin del contrato.

— ¿Qué te parece, Gisele? —Le preguntó Jason.

—Jason —le advirtió Matt, fulminándole con la mirada.

—Me parece bien —intervino Gisele antes de que aquellos dos se enzarzaran en una discusión—, y por favor, llámame Gis.

—Pues, si todo está en orden, puedes firmar el contrato, Gis —le respondió Jason haciendo énfasis en su nombre.

—Creía que el novio era yo —les reprochó Matt.

—Uix, parece que tu novio es muy celoso —le dijo Jason a Gisele bromeando.

Matt, visiblemente molesto por aquella repentina camaradería entre aquellos dos, cogió el contrato y lo firmó antes de entregárselo a Gisele. Ella cogió el contrato pero, antes de firmar, miró a Matt y le dijo apiadándose de él:

—No quiero que empecemos nuestro acuerdo estando de morros.

—Eso podrías arreglarlo con un beso —opinó Jason entre risas.

—Lárgate si no quieres que te eche a patadas —gruñó Matt perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

Jason se puso en pie dispuesto a marcharse pero, antes de salir, se volvió hacia a Gisele y le dijo solo para provocar a Matt:

—Espero verte pronto, Gis.

Gisele sonrió a modo de respuesta, consciente de la intención de Jason para provocar a Matt. Esperó a que Jason se hubiera marchado y firmó el contrato bajo la atenta mirada de Matt.

—Ya está —concluyó dejando el contrato sobre la mesa—, tienes delante a tu futura esposa.

—Deberíamos celebrarlo, ¿no crees?

—Mañana tengo un examen —le recordó Gisele.

—Pues lo celebraremos con un brindis mientras cenamos y no puedes decir que no, Elsa nos está preparando la cena.

—Solo una copa.

—Solo una copa, mañana tienes un examen —repitió Matt—. Vamos, le daremos a Jason el contrato firmado y regresaremos a casa para que puedas estudiar el resto de la tarde.

Matt y Gisele se disponían a salir del despacho cuando se toparon con Tyler Cooper. Por su cara, Matt dedujo que no traía buenas noticias, pero se contuvo al ver a Gisele junto a él.

— ¿Podemos hablar un momento?

—Puedes hablar, Gisele debe estar al tanto de todo —respondió Matt, llamando por completo la atención de Gisele.

—Lleva más de dos horas frente a la puerta del edificio, ha llegado pocos minutos después de que os marcharais y todavía no se ido, la está esperando —les informó Tyler escogiendo cuidadosamente sus palabras.

— ¿Erik? —Quiso confirmar Gisele.

Matt asintió y ella palideció. Matt le rodeó la cintura con su brazo para estrecharla contra su cuerpo y le susurró al oído:

—No debes preocuparte por nada, esta noche te quedas conmigo como habíamos planeado y mañana estará todo resuelto —. Se volvió hacia Tyler y le dijo—: Mantenedle vigilado, quiero saber dónde está en todo momento. Te llamaré más tarde.

Tyler asintió y, tras despedirse, se marchó por uno de los pasillos. Matt agarró a Gisele de la mano para reconfortarla y, tras asegurarle que no tenía nada por lo que preocuparse, le entregaron el contrato firmado a Jason y se marcharon de la agencia para regresar a casa.

Cita 133.

“Si amas, sufres. Si no amas, enfermas.”

Sigmund Freud.

Hasta que el contrato nos separe 7.

En cuanto Gisele entró en el apartamento, Sarah la bombardeó a preguntas. Su amiga quería saberlo todo sobre esa relación y sabía que no iba a darse por vencida hasta que se lo contara absolutamente todo. Gisele respiró hondo, se armó de paciencia y se metió en su papel de futura esposa de Matt para contarle una bonita historia de amor ceñida lo máximo posible a la realidad pero manteniendo en secreto el acuerdo con Matt. Le explicó que Matt había aparecido por la mañana para llevarla a la universidad, que más tarde fue a recogerla y la invitó a comer a una preciosa y elegante masía en mitad del campo pero a pocos minutos de la ciudad y que después la llevó a su agencia para mostrarle el lugar en el que trabajaba.

— ¿Y cuándo decidió lanzarse? —Quiso saber Sarah, que algo no terminaba de encajarle en aquella historia.

—Justo antes de que aparecieras, solo nos hemos dado tres besos. Literalmente.

— ¿Hasta qué punto te interesa Matt?

—Desembucha —la animó Gisele, que conocía demasiado bien a su amiga.

—Gis, ese tipo tiene doce años más que tú y es un mujeriego —le espetó Sarah tratando de abrirle los ojos a su amiga—. Si sacaras la cabeza de los libros sabrías que Matt Spencer es considerado uno de los solteros de oro de la ciudad y también del país. Se codea con actrices y modelos, pero con ninguna de ellas dura más de dos meses.

— ¿A qué viene esto? Te recuerdo que fuiste tú la que me aconsejó que le diera una alegría a mi cuerpo con Matt.

—Exacto, te dije que le dieras una alegría al cuerpo, pero hablas de él como si fuera el amor de tu vida y no quiero que te haga daño.

—Solo nos estamos conociendo y, cómo te he dicho, solo nos hemos dado tres besos —la tranquilizó Gisele—. Sigo con la cabeza metida en los libros, pero me siento cómoda con Matt y me gusta estar con él, así que seguiré conociéndole y ya veremos qué pasa.

—Pase lo que pase, yo siempre estaré a tu lado —le aseguró Sarah abrazándola con ternura y añadió bromeando—: Pero, si esto acaba con un churumbel, yo seré la madrina.

—Me parece justo —rio Gisele divertida.

Matt pasó la noche investigando a Erik Muller, el ex novio de Gisele. Le había pedido a Tyler Cooper que mantuviera un par de agentes custodiando el edificio donde se encontraba el apartamento de Gisele y que mantuviera vigilado a Erik Muller, quería saber dónde se encontraba en todo momento.

Por la mañana, Matt pasó a recoger a Gisele tras confirmar que su ex novio no se había presentado por allí en toda la noche. La estaba esperando apoyado en el coche, con las manos en los bolsillos. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando la vio aparecer, aquella imagen de ella bañada por los rayos de sol le pareció el paraíso.

—Buenos días, señor Spencer —le saludó Gisele al pasar por su lado.

—Buenos días, señorita Moore —le siguió el juego Matt—. ¿No se le olvida algo?

Gisele se miró de arriba abajo para comprobar que llevaba todo lo que necesitaba y se encogió de hombros sin saber a qué se refería. Matt señaló sus labios y le preguntó con tono burlón:

— ¿Es que no vas a darme un beso para acompañar los buenos días? —Gisele le dio un leve beso en los labios y Matt añadió divertido—: ¡Pero si ni siquiera he podido disfrutarlo!

—Tendrás que estar más atento la próxima vez —se guaseó Gisele.

Se dirigieron a la universidad en el coche de Matt y él aprovechó el trayecto para preguntarle algo que le había estado matando de curiosidad durante toda la noche:

— ¿Qué tal te fue anoche con Sarah?

—Mejor de lo que esperaba, pero no le ha hecho demasiada gracia saber que nos estamos conociendo —le confesó. Matt la miró alzando las cejas y ella le aclaró—: No es nada personal, ella solo quería que, según sus propias palabras, echásemos un polvo y si te he visto no me acuerdo. No cree que seas adecuado para mí y no la culpo, tú y yo somos de mundos distintos.

— ¿A qué te refieres con que somos de mundos distintos? ¿Por qué no puedo ser el hombre adecuado para ti? —Quiso saber Matt, tratando de ocultar lo mal que le habían sentado aquellas palabras.

—Al parecer, eres uno de los solteros de oro del país y te codeas con actrices y modelos, yo no pinto nada en tu mundo.

Matt sonrió. Adivinó que Sarah había averiguado que tenía fama de mujeriego y había puesto en preaviso a Gisele.

—No te voy a negar que tengo un pasado, igual que tú tienes el tuyo —le respondió Matt encogiéndose de hombros, sin darle importancia al asunto.

— ¿Por qué yo? Con todas las candidatas que debes tener, ¿por qué me escogiste a mí para esto? ¿Acaso crees que no me echaré atrás en el trato porque soy pobre y no podré pagar la indemnización por incumplimiento de contrato?

—Esa no ha sido la razón —le dijo Matt con rotundidad, visiblemente ofendido. Aparcó frente al edificio principal de la universidad y añadió—: Vendré a buscarte cuando termines las clases y seguiremos con esta conversación.

Gisele abrió la puerta y bajó del coche, decepcionada porque Matt no le había pedido que se metiera en su papel de futura esposa y le diera un beso. Se despidió haciéndole un gesto con la mano y él le respondió con un leve gesto de cabeza antes de arrancar el motor del coche y marcharse. Matt maldijo una y mil veces mientras conducía hacia a la agencia. Necesitaba a Gisele para consolidarse como único heredero de la fortuna de su abuelo, pero también porque quería seguir disfrutando de su compañía y no estaba dispuesto a echarlo todo a perder por una tontería. Y sí, se había ofendido. Él no era un esnob, no había escogido a Gisele porque fuera pobre y así se aseguraría de que ella no incumpliría el contrato porque no pudiera hacer frente a la cláusula de indemnización. Había escogido a Gisele porque era una chica encantadora, simpática y divertida. Había sido completamente sincera con él pese a que apenas se conocían y, aunque no lo reconociera en voz alta, también la había escogido porque le atraía. No había tenido en cuenta el estado de sus cuentas bancarias para tomar la decisión, tan solo bien que se sentía y lo mucho que le gustaba su compañía.

— ¡Uix, qué cara! ¿Has discutido con la churri? —Se mofó Jason cuando se lo cruzó por uno de los pasillos.

— ¿Tienes el contrato?

Ambos amigos intercambiaron una significativa mirada y entraron en el despacho para hablar con mayor intimidad. Jason no tuvo que preguntar para que Matt le contara qué le ocurría y, aunque lo intentó, no pudo contener la risa.
— ¿Te parece gracioso? —Le espetó Matt furioso.

—Empiezas a parecer a un hombre casado —se guaseó Jason.

Gisele salió de clase a la una en punto y sonrió cuando vio a Matt esperándola junto a su coche. Se despidió de un par de compañeras de la universidad y se dirigió hacia a él cruzando los dedos para que se le hubiera pasado el enfado.

—Estás aquí —le saludó en un susurro.

— ¿Acaso pensabas que no iba a venir?

—Tenía mis dudas después de cómo te has marchado esta mañana —reconoció Gisele.

—Tenemos una conversación pendiente, quiero que lo tengas todo claro antes de firmar el acuerdo, si es que todavía sigues interesada. ¿Comemos en mi casa y lo hablamos tranquilamente?

—Mañana tengo un examen, tengo que estudiar.

—Estarás en tu apartamento antes de que el sol se ponga —insistió Matt.

—Está bien.

Matt ayudó a Gisele a subir al coche y condujo en dirección a su casa antes de que ella decidiera cambiar de opinión. Apenas unos minutos más tarde, aparcaba el coche en el garaje y entraba en su casa con Gisele. En cuanto pusieron un pie en el interior de la casa, una mujer de unos sesenta años asomó la cabeza por la puerta de la cocina y sonrió al ver Matt.

— ¡Matt! No esperaba que llegaras tan pronto, ¿te preparo algo de comer? —La mujer se percató que Matt iba acompañado y sonrió más ampliamente al ver a Gisele—. Oh, lo siento, pensaba que estabas solo. ¿Os quedaréis a comer? ¿Qué queréis que os prepare?

—Hola Elsa, debería haberte avisado —se disculpó Matt saludándola con un leve beso en la mejilla. Se volvió hacia Gisele e hizo las presentaciones oportunas—: Gisele, te presento a Elsa, vive aquí y se ocupa de las tareas de la casa. Gisele es… una amiga especial.

—Encantada de conocerla, Elsa —la saludó Gisele estrechándole la mano.

—Lo mismo digo Gisele pero, por favor Gisele, trátame de tú.

—De acuerdo, pero entonces tendrás que llamarme Gis —se desenvolvió Gisele con una sonrisa arrebatadora que hechizó tanto a Elsa como a Matt.

—No hay problema, Gis. ¿Qué te apetece comer?

—No sé, ¿Matt?

—Me da igual, decide tú —gruñó Matt, que empezaba a impacientarse con tanta charla entre esas dos.

— ¿Te echo una mano? —Se ofreció Gisele.

—Gisele, te recuerdo que tenemos un asunto pendiente —gruñó Matt de nuevo.

Gisele rodó los ojos con exasperación, aquel hombre no estaba acostumbrado a que le hicieran esperar, pero ella no era ninguna maleducada.

—Muchas gracias cielo, pero ya me ocupo yo de la comida o me quedaré sin trabajo —bromeó Elsa para sacarla del apuro al mismo tiempo que fulminaba con la mirada a Matt por ser tan impertinente y maleducado.

—Estaremos en mi despacho —anunció Matt con el rostro impasible, colocando su mano sobre la espalda de Gisele para guiarla.

Una vez a solas con Gisele en el despacho de su casa, le hizo un gesto para que tomara asiento y él se sentó frente a ella, al otro lado de la mesa. Se miraron fijamente a los ojos durante unos segundos, hasta que él decidió romper el silencio que se había formado:

—Te escogí a ti porque fuiste natural y sincera conmigo, tu situación económica no tuvo nada que ver. En cuanto a mi pasado, es obvio que he estado con otras mujeres y no he mantenido una relación estable con ninguna de ellas. Siempre he dejado muy claras mis intenciones antes de acostarme con una mujer, nunca las he engañado.

—No has tenido una relación estable en tu vida y pretendes casarte con una desconocida, ¿te das cuenta de la ironía?

— ¿Qué es lo que te preocupa, Gisele? —Le preguntó Matt sin andarse por las ramas.

— ¿Crees que vas a poder convivir conmigo? ¿Qué pasa si tengo un mal día? ¿Y si quiero quedarme todo el día en la cama sin hacer nada? Yo no estoy acostumbrada a obedecer a nadie y, por lo visto, a ti se te da genial dar órdenes. Además, también tendremos que fingir cuando estemos en casa, ¿o Elsa también está al tanto de nuestro acuerdo?

—Sí, creo que puedo convivir contigo. Si tienes un mal día, no pasa nada, todos lo tenemos. Y, si quieres quedarte todo el día en la cama sin hacer nada, no seré yo quien te lo impida, pero recuerda que somos una pareja y hay ciertos eventos a los que estaremos obligados a asistir juntos. Gisele, si no lo ves claro…

—Lo veo claro, lo que no tengo tan claro es cómo vamos a llevar la situación —le interrumpió Gisele.

—Te doy mi palabra que haré todo lo posible para que te sientas cómoda y a gusto, solo tienes que confiar en mí.

—Voy a confiar en ti y más te vale no decepcionarte, no querrás tener una esposa cabreada —le dijo Gisele para rebajar la tensión.

—Entonces, ¿quieres firmar el contrato?

—Sí, pero tendrás que añadir una cláusula en la que estaremos obligados a respetarnos y apoyarnos durante el tiempo que dure el acuerdo —exigió Gisele—. Estás comprando mi firma en un papel, pero no mi cuerpo, ni mis principios, ni mi dignidad.

—Yo también quiero añadir otra cláusula: me encargaré personalmente de tu seguridad y no es negociable porque es una parte vital para que conseguir el objetivo del acuerdo.

—Me parece bien, una esposa muerta no será un beneficio para nadie. ¿Cuándo firmamos el contrato?

—Después de comer. Iremos a la agencia y nos reuniremos con Jason. Si lo tienes todo claro, firmaremos el contrato.

Gisele asintió tratando de asimilar lo que estaba a punto de hacer. Durante el siguiente año y medio, su vida iba a estar unida a la de Matt por contrato.

Elsa llamó a la puerta del despacho y anunció que la comida ya estaba lista. Ambos se pusieron en pie y se dirigieron a la cocina, donde se sentaron a la mesa que Elsa se encargó de servir.

—Voy a salir a comprar, ¿os quedaréis a cenar? —Preguntó Elsa con una amplia sonrisa en los labios, sin poder contener lo feliz que se sentía al ver a Matt interesado de verdad en aquella chica.

—Gisele me ha hecho prometerle que la llevaría a su casa antes de que oscureciera, mañana tiene un examen y tiene que estudiar —refunfuñó Matt—. Quizás tú puedas convencerla.

—Gis, voy a preparar mi plato estrella, tienes que quedarte.

—Me encantaría, pero tengo que estudiar.

—Podemos pasar por tu apartamento de camino a la agencia, coges todo lo que necesites y te quedas a dormir aquí, así todos tendremos lo que queremos —intervino Matt.

—Está bien, me quedaré. Pero me tienes que llevar a casa para que coja mis apuntes y ropa para mañana.

—Haré lo que tú quieras —le aseguró Matt plantándole un beso en los labios bajo la atenta y sorprendida mirada de Elsa.

Gisele supo que Matt tan solo se estaba metiendo en su papel de novio enamorado, pero le gustó aquella reacción y mucho más el beso, así que le dedicó una amplia sonrisa. Elsa se fue a comprar y les dejó a solas en la casa para darles intimidad, aquella chica sencilla y natural le gustaba para Matt.

Cita 132.

“A veces el mal está en los ojos del que mira y no en lo que ve.”

Julia Navarro.

Hasta que el contrato nos separe 6.

Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde encerrados en el despacho mientras se ponían de acuerdo para que su historia fuera creíble. Matt estaba encantado de que Gisele hubiera aceptado su propuesta, con ella todo le iba a resultar mucho más fácil. Por una vez, Gisele se dejó llevar e hizo lo que realmente le apetecía en lugar de lo que debía. Sabía que lo mejor hubiera sido buscar otro trabajo y continuar pagando sus estudios, pero la atracción que sentía por Matt era mucho más fuerte que su conciencia.

—Deberíamos ponernos de acuerdo en cómo nos conocimos y todas esas cosas —comentó Gisele tímidamente.

—Creo que lo mejor es que nos ciñamos el máximo posible a la verdad —opinó Matt—, nos conocimos en pub tomando unas copas, intercambiamos números de teléfono y quedamos.

—Si nos van a entrevistar para verificar la veracidad de nuestro matrimonio, es posible que nos pregunten por algunos detalles íntimos como cuándo nos dimos nuestro primer beso, en qué lado de la cama dormimos, o si nos llamamos con algún apelativo cariñoso —le dijo Gisele para hacerle ver que aquello era más complicado de lo que él pensaba—. Deberíamos ponernos de acuerdo para responder lo mismo.

— ¿Tienes alguna sugerencia?

—Como bien has dicho, cuanto más nos acerquemos a la verdad, mejor nos irá. ¿En qué lado de la cama sueles dormir?

—No tengo un lado de la cama, duermo solo.

—Yo duermo en el lado derecho, así que a partir de ahora tú dormirás en el izquierdo —le respondió Gisele—. En cuanto a los apelativos cariños, ¿alguna idea?

— ¿No puedo llamarte Gisele sin más?

—Sólo tú me llamas Gisele, el resto del mundo me llama Gis.

—No voy a dejar de llamarte Gisele, me gusta tu nombre completo —le advirtió Matt con una sonrisa pícara en los labios.

—Tenemos tiempo para pensar en un apelativo cariñoso, ya lo decidiremos más adelante.

—Es importante mantener una rutina, por lo que había pensado en llevarte a la universidad por las mañanas y recogerte cuando salgas, así también podremos evitar que tu ex novio siga molestándote, no creo que sea tan idiota de seguir haciéndolo si me ve contigo.

—La verdad es que Erik está empezando a darme miedo, se ha vuelto loco —le confesó Gisele.

—Gisele, prométeme que si vuelve a molestarte me llamarás. Me da igual la hora que sea, quiero que me llames, ¿de acuerdo?

Aunque sus palabras parecían una petición, en realidad era una orden. A Matt le preocupaba que aquel tarado pudiera llegar a hacerle daño a Gisele, así que tomó nota mental para investigarlo y mantenerlo vigilado.

—Te lo prometo —le prometió Gisele con un hilo de voz, visiblemente asustada por los continuos numeritos de Erik.

—No te preocupes, no dejaré que vuelva a acercarse a ti —le aseguró Matt colocando su mano sobre la de ella—. Se supone que somos una pareja, ahora debemos cuidar el uno del otro. Por cierto, en un par de meses celebraremos el quinto aniversario de la agencia y quiero que vengas conmigo para hacer oficial nuestra relación, pero antes me gustaría presentarte a mi madre y a mi hermana.

—En dos semanas habré terminado el semestre y tendré todo el tiempo del mundo, supongo que no me vendrá mal hacer un poco de vida social.

—Y yo que creía que iba a tener problemas para presentarte a tu futura suegra —bromeó Matt.

—Si te soy sincera, me preocupa bastante. ¿Qué pasa si no le caigo bien a tu familia?

—Eso no debería preocuparte, a mi madre le resultarás adorable y con mi hermana te llevarás bien, ya lo verás. A Jason ya lo conoces, él es mi mejor amigo y también mi abogado. Si no tienes planes para este fin de semana, podemos pasarlo juntos y así te voy hablando un poco de todo lo que necesites saber.

—Tengo que estudiar, Matt —le recordó Gisele—. Además, se supone que nos conociendo, no puedo pasar todo un fin de semana en tu casa tan pronto.

—Supongo que tienes razón, primero deberíamos darnos el primer beso y todo eso —se mofó Matt.

—Si pretendes que Sarah nos crea, tendremos que ser cuidadosos, ella será peor que el comité de investigación para la resolución del testamento de tu abuelo.

— ¿A qué te refieres?

—En cuanto le diga que estamos juntos, querrá saberlo todo. Y cuando digo todo, me refiero a TODO. Me va a pedir detalles, muchos detalles, y yo no voy a saber qué responder —comenzó a agobiarse Gisele.

—Tenemos tiempo para ponernos de acuerdo. Si Sarah te pregunta, dile que todavía es pronto y que nos estamos conociendo. Dile que quieres ir despacio.

—Todo esto es una locura, no va a salir bien, Matt.

—Gisele, todo va a salir bien, solo tienes que ceñirte al plan. A partir de ahora, piensa en mí como en tu pareja, cuéntame las cosas que le contarías, regáñame cuando lo consideres necesario y regálame un beso o una sonrisa espontánea cuando estemos en público. Si hay algo que te preocupa, no dudes en decírmelo, yo me encargaré de todo, Gisele.

—Haces que todo parezca más fácil de lo que en realidad es —comentó Gisele.

—Y tú haces que resulte más fácil de lo que debería.

Gisele le agradeció aquellas palabras con una sonrisa. Le hubiera gustado que un hombre así se hubiera interesado en ella de verdad, no solo por una herencia. Pero sacudió la cabeza para librarse de aquellos pensamientos y se centró en lo positivo del acuerdo: ya no tendría que preocuparse por obtener el dinero necesario para cubrir las tasas de la universidad, con la beca que recibía cubriría su parte del alquiler del apartamento que compartía con Sarah y, además, Matt le había asignado una paga mensual de tres mil euros para sus gastos.

El teléfono del despacho comenzó a sonar y Matt contestó con el altavoz puesto al comprobar que se trataba de su secretaria.

—Señor Spencer, tengo que confirmar la reunión de mañana, ¿a las ocho le va bien?

—No, confírmela para las diez y modifique mi agenda de esta semana y la que viene, no llegaré a la oficina hasta a las nueve y media o las diez de la mañana.

—De acuerdo, señor Spencer —le respondió su secretaria antes de colgar.

—No quiero que dejes de atender tu trabajo para acompañarme a la universidad, puedo ir en mi coche y, si Erik aparece, puedo llamarte.

—Si aparece, más te vale llamarme —le advirtió Matt—. De todos modos, solo te quedan un par de semanas para acabar el semestre, puedo permitirme acompañarte y me quedaré más tranquilo.

—Como quieras —accedió Gisele sabiendo que no le haría cambiar de opinión.

Matt miró el reloj que colgaba de la pared de su despacho y, tras comprobar que eran casi las ocho de la tarde, se puso en pie y le dijo a Gisele:

—Te llevo a casa, es tarde e imagino que querrás descansar.

Gisele asintió con una sonrisa, pero lo cierto es que hubiese preferido quedarse un rato más con Matt. Salieron del despacho y los pocos empleados que seguían trabajando a esa hora se volvieron para mirarlos con curiosidad. Algunos lo hicieron con disimulo, otros con un gran descaro, pero a ninguno de los dos les importó. Se subieron en el coche y Matt condujo hasta llegar a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Gisele.

—Espera, te acompaño a la puerta —le dijo Matt mientras rodeaba el coche y miraba a su alrededor.

Gisele hizo lo mismo por instinto y no falló. Reconoció el coche de Erik aparcado al otro lado de la calle y se tensó. Matt se percató de su reacción y le preguntó:

— ¿Qué pasa?

—El coche de Erik está aparcado al otro lado de la calle —susurró Gisele mirando con disimulo por encima del hombro de Matt y añadió con la voz quebrada—: Está ahí, dentro del coche.

—Creo que es un buen momento para nuestro primer beso.

— ¿Qué?

—Tú solo cierra los ojos —le dijo Matt con una seductora sonrisa en los labios.

Gisele abrió la boca para protestar, pero Matt se la tapó con sus labios sometiéndola al beso más seductor que jamás le habían dado. Ambos disfrutaron del beso y se dejaron llevar durante unos segundos, hasta que Matt se apartó lentamente de ella haciendo un gran esfuerzo y le susurró al oído:

—Un gran primer beso, ¿no crees?

—Sí, si omitimos el pequeño detalle que ha sido forzado porque mi ex novio está al otro lado de la calle.

—Si no te ha gustado, podemos repetirlo —le propuso Matt tratando riendo.

—No deberías abusar, o puede que al final termines enamorándote de mí —bromeó Gisele.

—Correré el riesgo —le respondió Matt antes de rodearle la cintura con sus brazos para estrecharla contra su cuerpo y besarla de nuevo.

Esta vez, ambos se perdieron en aquel beso. Desconectaron sus mentes de todo lo que sucedía a su alrededor y disfrutaron plenamente de aquel íntimo y placentero contacto hasta que alguien fingió toser detrás de ellos:

—Ejem, ejem.

Matt despegó sus labios de los de ella haciendo un gran esfuerzo y dio media vuelta para encararse con quien quiera que fuera quien les había interrumpido, pero se mordió la lengua al comprobar que se trataba de Sarah, la amiga de Gisele.

—Lamento interrumpir, pero estáis bloqueando el paso —se mofó Sarah—. Deberíais subir al apartamento o buscar un hotel, pero está feo montárselo en el portal.

— ¡Sarah! —La regañó Gisele.

—Solo estaba bromeando, —se excusó Sarah con una sonrisa maliciosa en los labios. Se volvió hacia a Matt y le dijo antes de dirigirse al apartamento—: Me alegro de verte, Matt. Quizás tú puedas hacerle entender que la vida es algo más que estudiar y trabajar, necesita desmelenarse un poco.

—Haré lo que pueda —le respondió Matt divertido. Espero a que Sarah se montara en el ascensor y le dijo a Gisele—: Tu ex novio se ha largado mientras nos besábamos —ella frunció el ceño y él añadió—: No tienes nada de qué preocuparte, enviaré a un par de agentes para que vigilen el edificio y no le dejen pasar si se atreve a presentarse. Yo vendré a buscarte por la mañana para llevarte a la universidad e iré a recogerte cuando termines las clases, ¿de acuerdo?

—Te estoy dando más problemas de los que te puedo solucionar —murmuró Gisele haciendo un mohín que a Matt le pareció adorable.

—Sube al apartamento, imagino que Sarah querrá someterte a un tercer grado.

—No te hará tanta gracia cuando me pregunte cómo eres en la cama y me exija detalles —le replicó Gisele siguiéndole la broma.

—En ese caso, creo que debería hacer algo para que te resulte más fácil —le susurró Matt acercando su boca a la de ella y pidiéndole permiso con la mirada antes de besarla por tercera vez. Cuando sus labios se separaron apenas unos segundos después, añadió—: Buenas noches, Gisele.

—Buenas noches, Matt.

Gisele cruzó el portal del edificio y se volvió hacia Matt para dedicarle una sonrisa antes de montarse en el ascensor. Suspiró profundamente al recrear mentalmente los tres besos que Matt le había dado y sonrió como hacía mucho tiempo que no sonreía.

Matt esperó a que Gisele entrara en el ascensor para sacar su teléfono móvil del bolsillo y llamar a Tyler Cooper, su mano derecha en la agencia, para pedirle que enviara a un par de agentes a hacer guardia frente al edificio de Gisele.

Cita 131.

“Me gustan las personas que tienen que luchar por obtener algo, los que teniéndolo todo en contra salen adelante. Esta es la gente que me fascina. La gente fuerte.”

Isabel Allende.

Hasta que el contrato nos separe 5.

El lunes por la mañana Matt se levantó a las cinco, saludó a Doris, su asistenta, que ya estaba levantada, y salió a correr como todas las mañanas. Regresó una hora más tarde, se dio una ducha y desayunó mientras comprobaba el horario de las clases de Gisele. Su primera clase no empezaba hasta las nueve, todavía tenía tiempo de echar un vistazo a su correo electrónico y llamar a la agencia.

Gisele se levantó más cansada de lo que se había acostado, se dio una ducha y se tomó una taza de café para espabilarse. Estuvo más de veinte minutos parada frente al armario pensando qué ponerse. Quería que Matt la viera guapa, pero no lo suficiente como para que pensara que se había arreglado para él.

—Gis, me marcho ya —anunció Sarah—. Suerte con los exámenes, nos vemos esta noche.

— ¡Suerte, Sarah! —Respondió Gisele alzando la voz para que Sarah, que ya se estaba marchando, la escuchara.

A las ocho y cuarto, Gisele salía por el portal del edificio de apartamentos y se dirigía a cruzar la calle donde estaba aparcado su viejo coche cuando vio a Matt delante de ella, apoyado en su elegante coche, con las manos en los bolsillos y con una seductora sonrisa en los labios.

— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Hoy tienes un chófer particular —bromeó Matt—. Sube al coche, te llevo a la universidad.

—Matt, te agradezco lo que estás haciendo, pero…

—Solo déjame llevarte a la universidad, después iré a recogerte y no tendrás que dejar el coche —insistió Matt.

— ¿Siempre te sales con la tuya?

—Lo intento —le confirmó Matt orgulloso.

—Es inútil discutir contigo —sentenció Gisele dándose por vencida y subiendo al coche de Matt.

—Bien, nos vamos entendiendo.

Gisele rodó los ojos, no iba a consentir que Matt se saliera con la suya siempre, pero ese día no estaba de humor para discutir.

Matt condujo en silencio hasta llegar al edificio principal del campus universitario, el lugar donde Gisele tenía su primera clase.

—Vendré a buscarte a la una en punto, no lo olvides —le recordó Matt.

—No lo olvidaré.

—Suerte con los exámenes, Gisele —le dijo Matt mientras ella bajaba del coche.

—Gracias, te veo luego —le susurró.

Con una sonrisa en los labios, Gisele entró en el edificio principal de la universidad y Matt encendió de nuevo el coche para dirigirse a la agencia. Quería hablar con Jason y que tuviera preparado el contrato de confidencialidad. Si todo iba bien, esa misma tarde firmaría el contrato que le permitiría heredar el patrimonio de su abuelo y mantener la casa familiar.

Matt pasó la mañana en su despacho con Jason, que no daba crédito a la insistencia de su amigo por casarse con aquella muchacha.

—Si sigues acechándola, acabará denunciándote por acoso —le advirtió Jason.

—No la estoy acechando —se defendió Matt—. Encárgate de tener listo el contrato de confidencialidad para después de comer, es posible que lo necesitemos esta tarde.

—Estás como una cabra.

—Tengo que ir a recogerla a la universidad, deséame suerte.

—Rezaré por ti, vas a necesitar una ayuda sobrenatural para que esto salga bien —le dijo Jason ladeando la cabeza con desaprobación.

Matt ignoró la advertencia de Jason, le dedicó una amplia sonrisa y se marchó en busca de Gisele. Tenía ganas de verla, le gustaba charlar con ella y pasar el rato con Gisele se le antojaba de lo más interesante y apetecible. Aparcó el coche en el mismo lugar donde lo había hecho unas horas antes y esperó a que Gisele saliera. La puerta del edificio se abrió y los estudiantes comenzaron a salir. Matt buscó a Gisele con la mirada y sonrió cuando la encontró caminando hacia el coche.

—Puntual como un reloj suizo —mientras ella se sentaba y se abrochaba el cinturón de seguridad—. ¿Qué tal han ido los exámenes?

—Mejor de lo que esperaba, creo sacaré una muy buena nota en los dos.

—Eso es genial, ¿tienes más exámenes esta semana?

—Tengo dos más el miércoles y otro el jueves, estoy deseando acabar el semestre, ya solo me quedará el último año de carrera.

— ¿Qué carrera estás estudiando?

—Estudio psicología y quiero especializarme en el análisis de la personalidad, tiene una gran variedad de salidas, pero aún no tengo decidido por cual me decantaré —le respondió Gisele encogiéndose de hombros—. Por cierto, ¿a dónde me llevas?

—A mi restaurante favorito, te va a gustar.

Matt tomó la autopista para salir de la ciudad y Gisele se acomodó en el asiento con despreocupación. Pese a que Matt era casi un desconocido, se sentía segura y a salvo cuando estaba con él.

Veinte minutos más tarde, Matt aparcaba el coche frente a una antigua masía situada a las afueras de la ciudad. A Gisele le encantó el lugar, parecía sacado de un cuento de hadas.

Entraron en la masía y el maître, que reconoció a Matt en seguida, les acompañó al reservado, una zona íntima situada en el jardín trasero de la masía. Se sentaron en una de las mesas más apartadas, bajo la sombra de un sauce y con un par de biombos de madera a su alrededor para estar ocultos de las miradas de otros comensales. El camarero tomó nota de la bebida y la comida antes de dejarles de nuevo a solas.

—Parece un sitio estupendo, tranquilo y rodeado de naturaleza —comentó Gisele por hablar de algo, ya que Matt parecía más callado de lo habitual—. Aunque supongo que no me has traído aquí para enseñarme las vistas.

—Quería enseñarte mi restaurante favorito y este es un buen lugar para que podamos hablar tranquilamente. ¿Has pensado en mi propuesta?

—Sí, y tengo algunas dudas —le respondió Gisele—. Para empezar, ¿cuáles serían mis obligaciones si decido aceptar?

—Cuando estemos en público o haya gente con nosotros, tendrás que comportarte como si realmente fueras mi novia o mi esposa. Por supuesto, no podrás mantener relaciones sexuales ni sentimentales mientras dure nuestro contrato. Necesito que nuestro matrimonio sea creíble, nos investigarán y nos entrevistarán, así que tendrás que vivir conmigo cuando nos casemos.

—El contrato durará más de un año, ¿qué pasa si uno de los dos cambia de opinión durante ese tiempo?

—En ese caso, sería incumplimiento de contrato y tendrá que pagar una indemnización, a menos que sea de mutuo acuerdo.

— ¿Por qué necesitas casarte? —Preguntó Gisele sin poder reprimir la curiosidad que sentía.

—No puedo hablarte de ello hasta que firmes un contrato de confidencialidad —le contestó Matt con naturalidad—. ¿Qué te parece si disfrutamos de la comida, del aire puro del campo y de la compañía y dejamos esta conversación para después?

A Gisele le pareció una idea excelente y ambos disfrutaron de aquella comida como dos buenos amigos. Cuando terminaron de comer, Matt pagó la cuenta y se dirigieron a la agencia, situada a las afueras de la ciudad, muy cerca de dónde estaban. A Matt le urgía que Gisele firmara el contrato de confidencialidad cuanto antes para poder explicárselo todo. Si por él fuera, ya se lo hubiera contado, pero Jason le había hecho prometer que no le daría más información hasta que lo hubiese firmado.

Gisele tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la compostura cuando llegaron a las instalaciones de la agencia. Suponía que a Matt le iba muy bien con la agencia debido a su nivel de vida, pero no esperaba que aquel complejo de edificios tan elegante y moderno fuera en realidad la base de operaciones de una agencia de seguridad.

Matt aparcó frente a la puerta del edificio principal, salió rápidamente del coche para ayudar a bajar a Gisele y entraron en el majestuoso edificio. Ella se quedó un par de pasos por detrás y él la agarró de la mano y la guio hacia el ascensor para subir a la última planta, donde se encontraba su despacho. Recorrieron el largo pasillo de la oficina y, antes de encerrarse con Gisele en su despacho, le dijo a su secretaria:

—Dile a Jason que le espero en mi despacho.

La secretaria asintió y descolgó el teléfono para hacerse cargo de lo que su jefe le había pedido mientras Matt y Gisele entraban en el despacho y se sentaban en uno de los dos sofás de la zona de reuniones.

—Jason, además de un buen amigo, es mi abogado —la informó Matt.

— ¿Él estará al tanto de nuestro acuerdo?

—Sí, él se encargará de redactar nuestro contrato y estará al tanto de todo.

Alguien llamó a la puerta y, tras recibir permiso para entrar por parte de Matt, la puerta se abrió y tras ella apareció Jason con una sonrisa burlona en los labios. Saludó a Gisele con un beso en la mejilla y, entre risas, le preguntó si estaba segura de lo que iba a hacer.

—Jason, céntrate —le reprochó Matt fulminando a su amigo con la mirada.

—Aquí está el acuerdo de confidencialidad, en él se especifica que todo lo relacionado con lo comentado en esta reunión no se puede comentar ni difamar. En cuanto la señorita Moore lo firme, podremos continuar —anunció Jason en modo profesional, entregándole el documento a Gisele. Esperó a que lo leyera y lo firmara y añadió—: Ahora ya podemos continuar. Matt, ¿quieres seguir tú?

—El padre de mi madre falleció hace dos semanas y me nombró único heredero en su testamento, con la condición de que me casara antes de cumplir treinta y cinco años y que el matrimonio durase más de un año, solo entonces podré heredar su patrimonio —resumió Matt.

—Tienes dinero suficiente, ¿por qué quieres casarte si no necesitas esa herencia?

—La casa donde viven mi madre y mi hermana sigue siendo propiedad de mi abuelo. Fue un regalo que mi abuelo le hizo a mi madre cuando cumplió dieciocho años, pero después mi madre conoció a mi padre y mi abuelo no llegó a hacer el cambio de nombre de la propiedad, así que si no consigo la herencia, mi madre perderá la casa.

—Bien, aclarada la situación, si ambas partes estáis de acuerdo, podemos proseguir con los puntos del acuerdo para poder redactar el contrato prenupcial —intervino Jason—. El primer punto, será especificar los roles de cada uno. Para que el matrimonio sea considerado válido, deberéis aparentar ser una pareja, tendréis que fingir un noviazgo, la pedida de mano, la boda, la luna de miel y ser un matrimonio durante un año. Para ello, deberéis salir a cenar, al cine y a cualquier otro lugar público donde todas puedan ver que vuestro amor es auténtico. La boda debe celebrarse antes del veinte de enero, así que fingiréis el noviazgo hasta después de verano, que será cuando os comprometeréis. Una vez que os caséis, deberéis vivir juntos y asistir juntos a los actos sociales y profesionales que lo requieran. Obviamente, no podéis mantener ninguna relación sentimental ni sexual con terceras personas, así que tenéis dos opciones: podéis vivir en la abstinencia durante ese tiempo o bien podéis decidir satisfaceros mutuamente, al fin y al cabo, seréis marido y mujer.

A Gisele le sorprendió que Jason expresara su opinión tan abiertamente, pero en el fondo se alegró porque ella también quería saber qué iba a pasar con ese tema.

—Podemos añadir una cláusula prohibiendo cualquier acercamiento sexual entre nosotros, no quiero que te sientas incómoda —se apresuró a decir Matt.

—Si vamos a enfocar esto como un trato de negocios, el sexo entre nosotros debería quedar descartado —opinó Gisele—. Sin embargo, se trata de un período muy largo de tiempo y quizás cambiemos de opinión.

—Entonces, no hay cláusula de prohibición —concluyó Jason sonriendo divertido.

—Además, tendremos que añadir el pago de los estudios de Gisele, una asignación mensual para sus gastos y una indemnización final cuando nos divorciemos —añadió  Matt ignorando la sonrisa de su amigo.

— ¿De qué cantidades estamos hablando? —Preguntó Jason.

—Gisele, ¿qué cantidad quieres?

— ¿Mil euros? —Dudó ella.

—Tres mil euros al mes y cincuenta mil después del divorcio —decidió Matt.

—Queda por decidir la cantidad a indemnizar en caso de incumplimiento de contrato —les recordó Jason.

—Cincuenta mil euros —decidió Matt pensando que con una cifra elevada evitaría que Gisele se echara atrás.

—Pues con esto, ya lo tengo todo —anunció Jason—. Mañana a primera hora tendréis el contrato listo para firmar —. Se puso en pie y, tras besar a Gisele en la mejilla, se despidió sin ocultar su sonrisa—: Un placer volver a verte, Gisele.

—Lo mismo digo —le despidió ella.

Jason se marchó y les dejó a solas en el despacho. Matt escrutó con la mirada a Gisele, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la cabeza, pero no lo logró.

— ¿Estás bien?

—Sí.

—Si no lo tienes claro, puedes tomarte unos días más para pensarlo —le dijo Matt.

—Lo tengo claro.

Y Gisele no mentía. Puede que firmar aquel contrato con Matt fuera una locura, pero las ganas que tenía de pasar más tiempo con él y de asegurar el pago de sus estudios tuvieron más peso que su propia cordura.

Cita 130.

“El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro.”

Friedrich Nietzsche.

Hasta que el contrato nos separe 4.

Gisele pasó el resto de la mañana del domingo en su apartamento, pensando en la propuesta de Matt y tratando de estudiar para los exámenes finales. Sarah apareció a primera hora de la tarde, con cara no haber dormido en toda la noche pero de haberse divertido como nadie. Las dos amigas se acomodaron en el sofá y se pusieron al día. Sarah le contó lo bien que lo había pasado con Jason, pero dejó claro que no quería seguir viéndolo.

— ¿Por qué no quieres seguir viéndole? Es la primera vez que te veo tan ilusionada con un hombre —preguntó Gisele.

—Precisamente por eso, Jason es el tipo de hombre del que me resultaría fácil enamorarme y, cómo ya sabes, el amor no entra en mis planes —aseveró Sarah—. ¿Qué tal te fue con Matt?

—Bien, es un tipo encantador, estuvimos charlando en el pub hasta que Erik se presentó y me montó un numerito. Matt se encaró con él, le dio un puñetazo y me llevó a su casa, donde me invitó a quedarme para no pasar la noche sola y arriesgarme a que el idiota de Erik siguiera teniendo ganas de montarme otro numerito.

— ¿Te acostaste con Matt?

—No, me ofreció la habitación de invitados y se comportó como todo un caballero, incluso me ha traído a casa esta mañana.

—Por favor, dime que al menos os habéis intercambiado los números de teléfono.

—Sí, me ha dado su número y él tiene el mío —le respondió Gisele que, hasta el momento, no había dicho nada que fuera mentira.

—Te lo preguntaré de otra manera, ¿piensas quedar con él?

—No sé, puede ser —contestó encogiéndose de hombros—. Ahora mismo no quiero preocuparme por eso, mi prioridad es terminar los exámenes con la mejor nota posible para mantener la beca o tendrás que buscar una nueva compañera de piso.

—No seas tan melodramática, tenemos el dinero del fondo de emergencia.

—Con ese dinero no tendremos ni para cubrir los gastos de un mes de alquiler.

—Llama a Matt y queda con él, quizás él pueda hacer que seas un poco más optimista —le replicó Sarah poniéndose en pie y añadió antes de dirigirse a su habitación—. Me voy a dormir antes de que consigas deprimirme.

Gisele le sacó la lengua a modo de respuesta y volvió a centrarse en los libros, debía estudiar para los dos exámenes que tenía el día siguiente.

Tras dejar a Gisele en su apartamento, Matt se dirigió a la casa familiar para comer con su madre y su hermana como todos los domingos que el trabajo le permitía. Su madre seguía muy preocupada por la posibilidad de perder la casa y Matt, tratando de animarla, le dijo:

—He conocido a una chica.

— ¿Qué significa eso exactamente? —Quiso saber Leonor, pues conocía la fama de mujeriego de su hijo—. Imagino que conocerás chicas constantemente.

—Me refiero a una chica especial, mamá. Una chica con la que podría casarme.

— ¿Tienes novia? —Preguntó su hermana Kelly sorprendida.

—Nos estamos conociendo, pero me gusta mucho —confesó Matt.

Y era cierto, Gisele le gustaba y mucho. Era una chica especial, luchadora, responsable y muy atractiva, no podía negarlo. Gisele tenía una belleza natural que le había hechizado, ella no tenía nada que ver con las mujeres artificiales con las que él solía salir en busca de sexo.

—Podrías pasar unos días con ella aquí este verano, así la conocemos —comentó Leonor ilusionada.

—Si para entonces le sigue interesando la chica —murmuró Kelly entre dientes.

— ¡Kelly! —La regañó Leonor. Sin embargo, miró a su hijo a los ojos y le aconsejó—: Matt, si esa chica te gusta de verdad, no lo estropees.

— ¿Qué te hace pensar que lo voy a estropear?

—El hecho que jamás has estado con una chica más de dos meses, quizás —intervino Kelly para mofarse de su hermano mayor.

—Me encanta venir de visita, me voy de aquí mucho más animado —ironizó Matt.

A media tarde, cansado de escuchar los consejos de su madre y su hermana para conquistar a una chica, decidió marcharse de allí y hacerle una visita a su amigo Jason, tenía muchas cosas de las que hablar con él.

— ¿Estás solo? —Le preguntó Matt cuando Jason descolgó el teléfono.

—Sí, estoy solo en casa, Sarah se marchó hace un rato.

—Ábreme, estoy en la puerta —le dijo Matt antes de colgar.

Dos segundos después, la puerta principal se abrió y Matt entró en la casa. Se dirigió directamente al salón, se sentó en el sofá y anunció:

—Quiero que Gisele sea mi esposa.

— ¿Te has enamorado en una sola noche? —Se mofó Jason.

—Es perfecta, una chica guapa, inteligente y responsable. Además, acaba de perder su trabajo y necesita dinero para pagar sus estudios, este acuerdo nos beneficiaría a ambos.

—No puedes proponerle algo así a esa chica, acabas de conocerla.

—Ya lo he hecho.

— ¿Te has vuelto loco? —Le espetó Jason incrédulo.

—La he investigado y he confirmado que todo lo que me había dicho es cierto, ha sido totalmente sincera conmigo. Además, la chica me gusta.

—Estudia en la universidad, le debes sacar entre diez y quince años.

—A ti no te ha importado pasar la noche con su amiga —le replicó Matt.

—Porque solo se trata de sexo de una noche, tú pretendes casarte con ella.

—No será un matrimonio de verdad, es un negocio —matizó Matt.

—Ese es el problema, Matt. No será un matrimonio de verdad, pero debe parecerlo. Los abogados de tu abuelo os investigarán, os entrevistarán a vosotros y a vuestro círculo más cercano para confirmar que realmente sois una pareja —le recordó Jason—. Por no hablar de Patrick, es capaz de cualquier cosa para heredar la fortuna de tu abuelo. Dime una cosa, ¿has pasado la noche con ella?

—Ha dormido en mi casa, pero en la habitación de invitados.

— ¿No ha habido sexo?

—No.

—Interesante —comentó Jason—. ¿Qué te ha dicho cuando se lo has propuesto?

—Al principio me ha dicho que estaba loco, pero creo que al final la he convencido para que piense en todo este asunto como un negocio.

— ¿Le has contado el motivo por el cual quieres casarte?

—Le he dicho que se lo contaré todo si decide aceptar.

—Si finalmente acepta, ven a verme antes de contarle nada. Le haremos firmar un acuerdo de confidencialidad antes de firmar el contrato —apuntó Jason—. Por cierto, si no te acostaste con ella, ¿cómo es que acabó durmiendo en tu casa?

—Su ex novio apareció en el pub y le montó un numerito mientras yo estaba pidiendo un par de copas en la barra. Tuve que intervenir y sacar de allí a Gisele. Estaba en estado de shock y no quería dejarla en su casa, no quería arriesgarme a que aquel imbécil volviera a molestarla.

—Y la llevaste a tu casa —adivinó Jason—. Esas chicas no son como las mujeres con las que salimos. Puede que no tengan dinero, pero tienen sus principios y su dignidad. No son la clase de mujeres que sueñan con un marido rico.

—Parece que Sarah te ha tocado el corazón —se mofó Matt.

—De eso nada, solo ha sido una noche, nada más. Y no te imaginas qué noche.

Jason sacó un par de cervezas de la nevera y ambos amigos se enfrascaron en una larga conversación sobre la noche que habían pasado con aquellas dos chicas que habían conocido la noche anterior.

Cuando Matt llegó a casa esa noche, estaba tan cansado que se dirigió directamente a su habitación pero, al subir las escaleras y pasar frente a la puerta de la habitación de invitados, no pudo contener las ganas que sentía de hablar con Gisele y decidió llamarla por teléfono.

— ¿Sí? —Gisele respondió al tercer tono.

—Hola, Gisele. Soy Matt.

—Oh. Hola Matt.

—Solo llamaba para saber si estabas bien o si ese idiota había vuelto a molestarte.

—Estoy bien —mintió Gisele.

—Pues no ha sonado muy creíble. ¿Qué te ocurre? Ha vuelto, ¿verdad?

—Ha conseguido entrar en el edificio, estaba borracho y ha comenzado a gritar para que la abriéramos la puerta. Sarah ha llamado a la policía y se lo acaban de llevar.

—Gisele, ¿por qué no me has llamado?

—Si tuviera que llamarte cada vez que me ocurre algo, tendría que vivir tres vidas para pagar la factura del teléfono —bromeó Gisele.

—También podrías vivir conmigo y te ahorrarías tener que llamarme.

—Matt…

—Admítelo, mi propuesta te beneficiaría.

—Te dije que lo pensaría.

—Lo sé, pero no tengo mucho tiempo —le recordó—. ¿Te apetece que quedemos para comer mañana?

— ¿Te han dicho alguna vez que eres muy insistente?

—Nunca me doy por vencido.

—Entonces, supongo que te las ingeniarás para comer conmigo mañana diga lo que diga.

—Supones bien —le confirmó Matt divertido—. Entonces, ¿comemos juntos mañana?

—No termino las clases en la universidad hasta la una de la tarde —le informó Gisele, aunque estaba segura de que Matt ya estaba más que informado—. Si no estás allí cuando salga, creeré que has cambiado de opinión y me marcharé, así que más te vale ser puntual.

—Seré puntual, te lo prometo. Buenas noches, Gisele.

—Buenas noches, Matt —se despidió antes de colgar.

Gisele sonrió como una idiota, Matt tenía ese efecto en ella. Se imaginó compartiendo casa con él y fingiendo ser un matrimonio, aquella disparatada idea cada vez se le antojaba más tentadora. Sin embargo, tener que engañar a todo el mundo era algo que no estaba segura de poder sobrellevar. Ella no era una buena mentirosa y fingir una relación no iba a ser fácil. La mejor manera de sobrellevarlo era dejar el sexo al margen. El sexo entre ambos haría que el trato se convirtiera en algo personal en lugar de ser el negocio beneficioso para ambos, pero eso iba a resultar complicado. Para empezar, las muestras de cariño en público serían inevitables. Además, pasarían juntos muchas horas y el sexo con terceras personas quedaba descartado, ya que ponía en riesgo la validez del matrimonio. Aquello suponía practicar la abstinencia sexual durante todo un año más lo que durara el noviazgo o practicar el sexo entre ellos, lo cual era factible ya que serían un matrimonio.

— ¿Con quién hablabas? —Le preguntó Sarah asomando la cabeza por la puerta de la habitación.

—Era Matt, solo quería saber si estaba bien y si Erik había vuelto a molestarme.

—Le gustas y por tu sonrisa deduzco que él también te gusta a ti, Gis. Quizás deberías salir con él y ver qué pasa, en el peor de los casos te llevarás un par de revolcones.

—Puede que lo haga —le respondió Gisele pensando en aceptar la propuesta de Matt.

—Buenas noches, Gis.

—Buenas noches, Sarah.

Gisele se metió en la cama, apagó la luz de su habitación y se durmió con una sonrisa en los labios, pensando en Matt.

Cita 129.

“En un cierto momento de la vida se desea un hijo. Quizás, para morir un poco menos cuando morimos.”

Françoise Sagan.

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