Archivo | diciembre 2017

Sedúceme 17.

El miércoles por la mañana la pareja se acercó a casa de Irene y James para despedirse, aunque se verían dentro de un par de días en el pueblo, pues los padres de Derek habían sido invitados a casa de los padres de Ana por navidad, al igual que los padres de Eva y de Ruth.

Eva estaba más tranquila, sabía que su madre adoraba a Derek y lo trataría como a uno más de la familia, pero su padre le preocupaba. A Vicente nunca le había gustado ninguno de los novios de su hija Eva, no importaba lo inteligentes, buenos o adinerados que fueran. Para él no existía un hombre lo suficiente bueno para su única hija. Pero, con la ayuda de su madre y estando al lado de Derek, Eva se veía capaz de afrontar cualquier cosa.

Sin embargo, el que ahora estaba nervioso era Derek. Conocía a sus padres y estaba seguro que tratarían bien a Eva y les facilitarían las cosas evitando cualquier conversación incómoda, pero Derek no conocía muy bien a los padres de Eva y tampoco ayudaba que ella tan solo mencionase que “su madre lo adoraría”. Cuando le preguntaba por su padre, Eva se limitaba a responder que ella estaría con él en todo momento y cambiaba de tema.

—Estás muy callado, ¿va todo bien? —Le preguntó Eva cuando bajaron del avión.

—Solo estoy un poco nervioso, voy a conocer a tus padres —le respondió Derek sonriendo satisfecho.

Derek le había confesado a Eva que nunca había conocido a los padres de las chicas con las que había estado, al menos nunca de una manera formal. Con Eva todo era distinto, era él quien desde un principio quería una relación estable y formal y ella la que se resistía, pero por fin había accedido y él, aunque nervioso, se sentía feliz por ello.

Vicente y Victoria fueron a buscarlos al aeropuerto y Eva, dispuesta a hacer que Derek se sintiera tan cómodo como se lo había hecho sentir a ella estando en la costa, agarró a Derek de la mano, le dedicó una confortable sonrisa y le susurró al oído:

—Te quiero.

Derek se detuvo en seco, agarró a Eva por la cintura y, estrechándola entre sus brazos, le dijo antes de besarla apasionadamente:

—Yo también te quiero, nena. No lo olvides nunca.

Tras el beso, se fundieron en un intenso abrazo y se quedaron uno en brazos del otro durante varios segundos, hasta que escucharon a alguien fingir toser. Derek se separó bruscamente de Eva cuando se volvió y vio a sus padres, pero Eva lo abrazó de nuevo, le dio un leve beso en los labios y acto seguido saludó a sus padres:

— ¡Mamá, papá! —Exclamó abrazándoles. Regresó a su posición junto a Derek y añadió—: ¿Os acordáis de Derek, verdad?

—Por supuesto que nos acordamos —le confirmó Victoria sonriendo contenta. Le plantó dos besos a Derek y añadió—: Hacéis una bonita pareja y seguro que tendremos unos nietos guapísimos.

— ¡Mamá! —La regañó Eva.

—Antes de que lleguen los nietos supongo que habrá boda, ¿verdad? —Preguntó Vicente con tono amenazador.

—Papá —dijo Eva lanzando una mirada de advertencia a su padre.

Vicente saludó a Derek estrechándole la mano y Derek, tras mantener una corta pero educada conversación con sus futuros suegros, le dijo a Eva:

—Voy a buscar el equipaje, ahora vuelvo.

Eva aprovechó que Derek se había marchado y la había dejado a solas con sus padres para dejar las cosas claras:

—Derek y sus padres se han portado muy bien conmigo y me han hecho sentir como a una más de la familia —les desafió con la mirada y añadió—: Espero que él pueda decir lo mismo de vosotros cuando regresemos a la ciudad.

—Pero si no hemos hecho nada —se excusó Vicente.

— ¿Hablar de boda y de nietos en un primer encuentro no os parece un tanto precipitado? —Les preguntó Eva retóricamente.

—Solo queremos verte feliz, cielo —le dijo Victoria a su hija.

—Lo sé, mamá. Derek me hace feliz, lo amo y quiero pasar el resto de mi vida con él, así que no me lo asustéis.

—Si de verdad le importas, no se asustará —alegó Vicente.

Eva resopló resignada. Dijese lo que dijese, sus padres terminarían haciendo lo que les diera la gana, así que tampoco insistió. Derek regresó poco después cargando con las dos maletas y los cuatro se dirigieron al aparcamiento donde Vicente había dejado el coche para ir a casa.

Veinte minutos más tarde llegaban a la casa de los padres de Eva. Victoria se apresuró en indicarles que subieran al apartamento independiente de encima del garaje para que se instalaran y añadió:

—Voy a preparar la comida, avisadme si necesitáis algo.

Vicente siguió a su mujer, pero antes le dedicó una mirada de advertencia a Derek. No era nada personal, tan solo trataba de proteger a su pequeña.

Eva agarró a Derek de la mano y lo guió escaleras arriba hasta entrar en el apartamento tipo loft que sus padres habían construido sobre el garaje. Era un espacio amplio, con baño y una pequeña cocina, donde tendrían todo lo que pudieran necesitar. Deshicieron las maletas y se instalaron en el apartamento. Eva trató de provocar a Derek, pero él se excusó alegando:

—Nena, estoy seguro que tus padres vendrán a buscarnos de un momento a otro y, después de la advertencia implícita en los ojos de tu padre, me temo que será mejor que lo dejemos para otro momento.

—Vamos a pasar aquí diez días, espero que ese otro momento llegue antes de regresar a la ciudad —murmuró Eva un tanto decepcionada.

Derek la agarró por la cintura y la atrajo hacia a él, estrechándola contra su cuerpo. La abrazó, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

—Según parece, no me quieres lo suficiente —le reprochó Eva bromeando.

—Te haría el amor ahora mismo, me encantaría escucharte gritar mi nombre mientras te corres, pero tengo intención de seguir viendo a tus padres y me temo que eso complicaría las cosas —bromeó Derek.

—No estás jugando limpio, nene. Pero a ese juego podemos jugar los dos.

La sonrisa traviesa que Eva le dedicó a Derek lo puso sobre alerta. Pero Eva tan solo cogió algo de ropa limpia y fue al cuarto de baño para darse una ducha rápida. Derek estuvo tentado de ir tras ella, pero recapacitó y esperó a que Eva saliera de la ducha para entrar él, de lo contrario se entretendrían más de la cuenta y no quería que sus futuros suegros pensaran que era un invitado grosero y maleducado.

Eva maldijo en silencio ante la increíble contención de Derek, pero no estaba dispuesta a quedarse sin sexo diez días, hasta que regresaran a la ciudad. Así que, mientras terminaba de arreglarse y Derek se daba una ducha rápida, comenzó a maquinar un plan para seducir a Derek durante su estancia en el pueblo.

Para que su plan tuviera un mayor efecto positivo, se cambió de ropa, incluso de ropa interior. Decidió estrenar un conjunto de sujetador y braguitas con liguero que sabía que a Derek le volvería loco, y se puso un vestido ceñido hasta la cadera que dejaba la falda caer con vuelo. Se recogió el pelo para acentuar aún más el marcado escote del vestido.

—Estás preciosa, cariño —le dijo Derek sonriendo cuando salió del baño y la vio, adivinando sus intenciones.

—He pensado que después de cenar podríamos ir a tomar una copa —comentó Eva con fingida inocencia.

—Cómo quieras, nena —contestó Derek tratando sin éxito de ocular su sonrisa.

Eva también sonrió, pero lo hizo tan disimuladamente que Derek no se percató. Decidido a complacer a Eva y a seguir con su juego pese a desconocer las normas, Derek accedió a salir a tomar un par de copas después de cenar.

Sedúceme 16.

A la mañana siguiente Eva se despertó antes que Derek y se dirigió a la cocina para prepararse una tila. Estaba nerviosa, aunque ya conocía a Irene y James, no era lo mismo ir a visitarles como la novia de su hijo pequeño que como la amiga de la esposa de su hijo mayor. Adoraba a Irene y a James, pero no podía evitar sentirse nerviosa. Derek se despertó y al no encontrar a Eva en la cama se levantó y fue en su busca. La encontró sentada en uno de los taburetes de la cocina tomándose una tila y mirando por la ventana.

— ¿Qué haces levantada, nena? Son las siete de la mañana —le susurró Derek abrazándola desde atrás.

—No podía dormir —le respondió Eva con una sonrisa forzada.

—Nena, no tienes nada de lo que preocuparte —le aseguró Derek adivinando el motivo por el que Eva no podía dormir. Esperó a que se tomara la tila y la cogió en brazos para llevarla de nuevo a la cama—. Vamos a dormir un rato más, nena.

Se acostaron de nuevo y ambos se quedaron dormidos abrazados el uno al otro. Se despertaron tres horas más tarde y, tras darse una ducha y desayunar, se dirigieron a la casa de los padres de Derek.

Derek había conseguido que Eva se relajara pero, nada más bajar del coche, la agarró por la cintura y le recordó:

—Todo va a salir bien, nena.

Eva le sonrió y lo besó en los labios. Justo en ese momento, Irene salió al porche y los vio besándose. Sonrió satisfecha, ella había sido testigo durante los últimos dos años de la infelicidad de su hijo menor, tan solo se le veía realmente feliz cuando estaba con Eva.

—Chicos, ¡qué guapos estáis! —Los saludó Irene acercándose a ellos para abrazarlos—. Os sienta muy bien eso de estar enamorados, se os ve radiantes.

Eva se ruborizó al instante y Derek la abrazó divertido. Irene les hizo pasar al salón, donde James se encontraba sentado en el sofá leyendo el periódico.

— ¿Qué tal, pareja? —Los saludó James.

—Sentaos mientras yo os traigo algo de beber —les dijo Irene.

—Te echo una mano, Irene —le respondió Eva siguiéndola a la cocina. Eva se sentía en la obligación de explicarle muchas cosas a Irene sobre la repentina relación con Derek. Una vez a solas en la cocina, Eva se armó de valor y empezó a decir—: Irene, sé que todo esto os puede parecer muy repentino, pero lo cierto es que entre Derek y yo había algo desde que nos conocimos hace más de dos años.

—Cielo, no tienes que decirme nada si no quieres —le dijo Irene con dulzura—. Yo no soy nadie para juzgaros, solo quiero veros felices y parece que lo estáis.

—He hecho cosas de las que no estoy orgullosa, pero quiero que sepas que amo a Derek más que a mi propia vida, Irene. Ese verano mis hijos estuvieron rebosantes de felicidad, hasta que regresasteis a la ciudad. Nahuel lo tuvo más fácil, él vivía en la ciudad y regresó con Ana un par de semanas después, pero Derek no. Desde que te marchaste cambió muchísimo. Él siempre había sido un casanovas, pero de repente dejó de salir con chicas y se centró en la creación de su empresa junto con Víctor. No lo volví a ver tan feliz hasta que os volvisteis a ver unas semanas antes de la boda de Nahuel y Ana. Entonces me di cuenta de lo que realmente le ocurría: se había enamorado de ti —hizo una breve pausa y añadió—: Derek me contó que pasasteis juntos la noche antes de la boda. No fue fácil para él verte con Norbert, pero supongo que para ti tampoco fue nada fácil.

—Nada de lo que ocurrió estaba planeado, Irene. Simplemente pasó.

—Lo sé, cielo —Irene acarició la mano de Eva con ternura y añadió—: Derek me lo contó todo después de la boda y yo le dije que luchara por ti, pero él prefirió no interferir en tu vida. Prefería que fueras feliz con otro hombre antes que infeliz a su lado —Irene la miró a los ojos y le dijo—: Si te estoy diciendo todo esto es porque sé que, aunque ya lleváis juntos cuatro meses, seguís yendo con pies de plomo. Sé que Derek siempre ha sido un mujeriego, pero debes saber que jamás había traído a una chica a casa, jamás nos había hablado de ninguna de las chicas con las que ha estado y, por supuesto, jamás ha amado a nadie como te ama a ti.

—Te lo ha contado —murmuró Eva muerta de vergüenza.

—Es normal que temas perderle, Eva. Igual que él teme perderte a ti. Solo se teme perder a quiénes realmente amamos.

Derek, alarmado por el rato que llevaban las dos mujeres en la cocina, decidió ir a buscarlas. En cuanto puso un pie en la cocina, ambas se quedaron calladas. Derek las observó durante un instante y acto seguido, les preguntó:

— ¿Va todo bien por aquí?

—Fenomenal —le confirmó Eva dedicándole su mejor sonrisa.

—Mamá, espero que no estés asustando a Eva —le advirtió Derek a Irene.

—No la estoy asustando, me preocupa más que seas tú quien la asuste a ella —bromeó Irene—. Venga, vamos al salón que ya tengo las bebidas preparadas.

Pasaron al salón como Irene les había indicado y allí se acomodaron en los sofás. Derek se sentó junto a Eva y la abrazó, le resultaba imposible no hacerlo viéndola tan nerviosa, pese a que no tenía motivos para estarlo.

Irene y James la trataron como si ya fuera una más de la familia. Eva se sintió acogida y cómoda en todo momento, todos se lo habían puesto muy fácil y ella lo agradeció.

Después de comer y pasar la tarde con Irene y James, Eva y Derek se despidieron y regresaron al apartamento de Derek.

— ¿Estás más tranquila? —Le preguntó Derek cuando entraron en el apartamento—. Te dije que todo iba a salir bien, nena.

Derek la besó en los labios y la estrechó entre sus brazos. Sabía que para Eva no había sido nada fácil dar ese paso y todavía tenían que decírselo a sus padres. Para Derek, sin embargo, todo le resultaba mucho más fácil de lo que hubiera esperado, ese era el efecto que Eva causaba en él: a su lado todo le parecía más fácil.

—Tus padres son fantásticos —le confirmó Eva—. Tenías razón, no debería haberme preocupado tanto, aunque deberías haberme dicho que le habías contado toda nuestra historia a tu madre.

—Mi madre jamás nos juzgará, Eva. Ella tan solo quiere vernos juntos y felices.

—Siento haber desconfiado de ti —se disculpó Eva—. Te juzgué sin apenas conocerte, no he sido justa contigo.

—Si te pregunto algo, ¿serás sincera conmigo?

—Adelante, pregunta.

—Si no confiabas en mí, ¿por qué seguiste adelante con lo nuestro?

—Al principio lo hice porque me resultaba imposible resistirme a ti. Jamás te lo he dicho, pero nunca he dejado de pensar en ti. Incluso estando con Norbert te echaba de menos. Ana y Ruth no dejaban de repetirme que mi relación con Norbert no era real, que eras tú el hombre del que realmente estaba enamorada, pero yo no quise escucharlas, lo nuestro no podía ser estando tú en la costa y yo en la ciudad, así que me centré en Norbert. Cuando ya estaba casi convencida de que estar con Norbert era lo mejor para mí, te volví a ver y acabamos pasando la noche juntos. Cuando salí de tu habitación me encontré con Ana. No hizo falta que le dijera nada, ella me comprendió tan solo con mirarme a los ojos y me dijo que, hiciera lo que hiciera, siempre podría contar con su apoyo incondicional —le confesó Eva—. No fue fácil, pero decidí seguir adelante con la relación con Norbert y olvidarme de ti, él era el prototipo de hombre que siempre me había gustado, pese a que nunca había estado enamorada de él. Una vez en la ciudad, mi vida se convirtió en un verdadero caos, me ascendieron en el trabajo y me olvidé de Norbert. Apenas nos veíamos y cuando nos veíamos yo siempre estaba distraída pensando en el trabajo o en ti. Finalmente, Norbert descubrió que algo me pasaba y que el causante eras tú. Hablamos del tema y, a pesar de que propuso que continuáramos adelante, decidimos que lo mejor era que cada uno siguiera su camino. Me centré única y exclusivamente en mi trabajo y entonces apareciste tú de nuevo. Casi me muero cuando te vi en casa de Ana, me ocultaron que tú estarías allí porque temían que buscara una excusa para no ir.

—Casi tuve que amenazarte para que accedieras a cenar conmigo —recordó Derek sonriendo divertido—. Pero al final lo conseguí.

—Sabía que si me quedaba a solas contigo volvería a caer en la tentación, tan solo trataba de alejarte para que no me hicieras daño. Pero fuiste tan insistente y yo tenía tan poca fuerza de voluntad que caí en tus redes. Creía que lo nuestro apenas duraría, que tú te cansarías de mí y decidí dejarme llevar y que fuese lo que tuviese que ser.

Derek la abrazó y la besó. Tenerla entre sus brazos era lo que más deseaba y su deseo se había hecho realidad. La cogió en brazos y la llevó a la cama donde, siguiendo el ritual de todas las noches, le hizo el amor con verdadera adoración. Cuando sus respiraciones se normalizaron, Derek la abrazó y le susurró al oído antes de que Eva se quedara dormida:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

Cita 99.

“Y aquellos que fueron vistos vistos danzando, fueron vistos como locos por aquellos que no podían oír la música.”

Friedrich Nietzsche.