mesoctubre 2017

Cita 91.

“Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla.”

Sigmund Freud.

Búscame 19.

El día de la boda por fin llegó. Ana estaba nerviosa y apenas había podido pegar ojo en toda la noche. A las seis de la mañana ya no pudo aguantar más en la cama y se levantó. Sin embargo, Nahuel seguía profundamente dormido. Como no quería despertarlo, Ana salió de la habitación sin hacer ruido y bajó a la cocina para beber un vaso de leche. Media hora más tarde, Ana subía las escaleras cuando se encontró a Eva saliendo de la habitación de Derek. Ana la miró arqueando las cejas y Eva, visiblemente avergonzada, le hizo un gesto para que entrara con ella en su habitación.

—Antes de que digas nada: lo sé, lo que he hecho está fatal —le dijo Eva cerrando la puerta de la habitación para hablar con mayor intimidad—. Estoy con Norbert, voy a verlo en unas horas y yo acabo de meterme en la cama con otro hombre.

—Eva, yo no voy a juzgarte, creo que eso ya lo haces tú misma —le dijo Ana sentándose a los pies de la cama—. Pero si te voy a dar mi opinión. No te veo feliz cuando estás con Norbert, creo que solo estás con él porque piensas que tienes que estar con él. Sin embargo, cuando estás con Derek la cara se te ilumina y los ojos te brillan, él es quien te hace cometer las mayores locuras y eso, siendo tú tan disciplinada, dice mucho de lo que Derek te hace sentir.

– Con Derek no tengo ningún futuro, él en la costa y yo en la ciudad, la distancia acabaría con nuestra relación si no lo hace otra cosa antes —se sinceró Eva—. Norbert es todo lo que he deseado siempre en un hombre. Puede que no exista la misma química que siento con Derek, pero Norbert es un buen hombre, cuida de mí y quiere hacerme feliz —Eva empezó a sollozar y añadió entre balbuceos—: Lo voy a ver en unas horas y no voy a poder mirarle a la cara.

—Tranquila, Eva —le susurró Ana abrazándola para calmarla—. Decidas lo que decidas, estaré a tu lado para apoyarte.

—Gracias, Ana.

Ana se quedó con Eva hasta que se tranquilizó y después regresó a su habitación. Nahuel se había despertado y al descubrir que Ana no estaba en la cama junto a él se puso nervioso. Se estaba vistiendo para salir a buscarla cuando ella entró en la habitación.

—Cariño, me habías asustado —dijo Nahuel aliviado de verla allí.

— ¿Creías que había huido? —Se mofó Ana. Nahuel frunció el ceño y Ana, tras darle un leve beso en los labios, añadió—: Por nada en el mundo huiría de ti.

Se besaron apasionadamente y no pudieron evitar dejarse llevar por el deseo que sentían el uno por el otro.

 

Esa misma tarde, Nahuel esperaba nervioso la llegada de Ana en el jardín de la isla privada donde celebraban su boda. Era una boda íntima, tan solo habían invitado a los familiares más cercanos y a los amigos más íntimos. Irene estaba a su lado y le susurró bromeando para que se relajara:

—Tranquilo, es imposible que Ana salga de la isla, así que no puede huir.

—Ana jamás huiría —le dijo Nahuel orgulloso de su chica.

—Ahí viene, ¡está preciosa! —Exclamó Irene.

Nahuel levantó la vista y la vio. Le pareció la mujer más hermosa que jamás había visto. Llevaba un vestido blanco con escote de palabra de honor, ceñido hasta la cadera desde donde caía hasta el suelo. Las ondas de su pelo le daban un aspecto angelical y la amplia sonrisa en su rostro le hacía parecer una diosa. Cuando Ana llegó a su lado, Nahuel tuvo que controlar sus ganas de besarla.

—Estás preciosa, cariño —le dijo mirándola a los ojos.

Ana le dedicó una amplia sonrisa, jamás se había sentido tan feliz como lo era en ese momento. Deseaba ser la esposa de Nahuel hasta que la muerte les separase.

La ceremonia se llevó a cabo a pesar de los sollozos de las madres de los novios que, emocionadas, no podían contenerse. Cuando por fin se convirtieron en marido y mujer, Nahuel la besó en los labios apasionadamente mientras todos los presentes aplaudían y les vitoreaban felices y alegres.

—Te quiero, preciosa.

—Y yo a ti —le respondió Ana antes de volver a besarle.

Tras la ceremonia, todos se dirigieron al improvisado salón cubierto con carpas para celebrar el enlace. Las botellas de vino y champagne se descorchaban con bastante frecuencia y todos acabaron achispados por el alcohol. Todos excepto Norbert, que estaba con el ceño fruncido al descubrir cómo se miraban Eva y Derek. Ana se acercó a Eva y, tras abrazarla, le preguntó en un susurro para que nadie más que ella la escuchara:

— ¿Va todo bien?

Eva forzó una sonrisa y asintió, aunque en realidad nada estaba bien. Había asistido a la fiesta acompañada por Norbert, su novio, pero con quien realmente quería estar era con Derek. Sabía que su relación con Derek era tan solo una atracción física y sexual que no llegaría a ninguna parte, así que se repitió mentalmente una y otra vez que estar con Norbert era lo correcto y lo que debía hacer.

Pasada la medianoche los familiares y amigos del recién estrenado matrimonio seguían divirtiéndose y brindando por la pareja. Nahuel ya no lo soportaba más, deseaba quedarse a solas con Ana y ya había aguantado suficiente durante todo el día y parte de la noche. Sin dar ninguna explicación a los allí presentes, Nahuel cogió a Ana en brazos y caminó cargando con ella hasta llegar al pequeño embarcadero de la isla privada.

— ¿Qué pretendes hacer? —Le preguntó Ana divertida.

—Llevarte a nuestra luna de miel, cariño —le respondió Nahuel tras besarla en los labios.

Apenas les dio tiempo a besarse cuando todos los invitados se dirigieron al embarcadero y Leonor, la madre de Ana, le reprochó a Nahuel:

— ¿Acaso pretendes llevarte a mi hija sin dejar que se despida?

—Hijo, ¿qué modales son esos? —Le regañó Irene.

—La pareja quiere celebrarlo en privado —dijo burlonamente Ruth.

Se despidieron de todos los invitados en el embarcadero y acto seguido subieron al yate. Nahuel se había encargado de organizar la luna de miel, quería sorprender a Ana y ella le complació, pero la curiosidad la mataba.

—Cariño, no me has dicho a dónde vamos y no he cogido nada de ropa.

—Te dije que yo me encargaba de todo, ¿no confías en mí? —Le preguntó Nahuel divertido.

—Sabes que sí, pero quiero saber a dónde vamos —insistió Ana poniendo cara de niña buena.

Nahuel rio a carcajadas, la abrazó y la besó en los labios con ternura antes de decirle:

—Navegaremos hasta la costa, dormiremos en casa y mañana por la mañana iremos al aeropuerto privado para subirnos a un avión y viajar muy lejos, pero no lo descubrirás hasta que lleguemos.

—Supongo que puedo esperar un día más para averiguarlo —le dijo Ana encogiéndose de hombros con resignación.

—Puedo intentar distraerte de algún modo para que el tiempo te pase más rápido y no sientas tanta curiosidad por descubrir a dónde vamos —le sugirió Nahuel juguetón. Ana lo miró sonriendo con picardía y Nahuel añadió—: Quiero hacerte el amor por primera vez como señora Smith.

Ana no se lo pensó dos veces. Era de noche y estaban en alta mar, allí nadie podría verles, así que comenzó a desnudar a Nahuel al mismo tiempo que lo besaba y le acariciaba. Nahuel no se hizo de rogar y se ocupó de desnudarla con cuidado de no romper su vestido.

—Cariño, ¿estás segura de que quieres hacerlo aquí? —Le preguntó Nahuel una vez ambos se quedaron desnudos.

—No importa el lugar, solo nosotros —le susurró Ana—. Pero si no te gusta el lugar, cierra los ojos, cuenta hasta diez y búscame.

Ana se escondió en el camarote principal del yate y, diez segundos más tarde, Nahuel la encontró e hicieron el amor apasionadamente y por primera vez como marido y mujer.

 

FIN

 

Si quieres saber más sobre la historia de Eva y Derek no te pierdas la próxima novela Sedúceme.

 

Búscame 18.

Nahuel quería casarse cuanto antes, pero Ana consiguió aplazar la boda hasta la primavera, se negaba a casarse en invierno y celebrar la boda en otoño era una locura, así que el mes de abril fue el elegido para celebrar la boda. Nahuel propuso celebrar la boda en la pequeña isla privada, ya que ambos querían celebrar una boda íntima, y Ana le encantó la idea, ya que la casa era enorme y tenía muchas habitaciones para acoger a todos los invitados.

Ana nombró a Eva y a Ruth como sus damas de honor y las tres amigas se encargaron de organizar la boda con la ayuda de Irene y Leonor, las respectivas madres de Nahuel y Ana. Antes de la boda tuvieron que viajar a la costa un par de veces para ponerse de acuerdo con Irene, ya que ella al estar más cerca se encargaba de supervisar los preparativos. En uno de esos viajes, Eva la acompañó. Eva seguía saliendo con Norbert, su relación seguía avanzando pero ella no estaba enamorada de él y cada vez la aburría más. Echaba de menos aquel verano en la costa con Derek y sus tórridas aventuras, Norbert jamás hubiera accedido a hacer algo así y ella lo anhelaba. Eva acompañó a Ana a la costa con la intención de ayudarla con la organización de la boda ya que era su dama de honor, pero lo que no se le pasó por la cabeza fue la posibilidad que existía de reencontrarse con Derek, al fin y al cabo era el hermano pequeño de Nahuel. Por eso cuando vio aparecer a Derek en la casa de la costa de Nahuel, a Eva casi le da algo.

— ¿Qué hace él aquí? —Le preguntó a Eva.

—Es el hermano de Nahuel —le recordó Ana—. ¿No te alegras de verle?

Ana sonrió divertida. Sabía que su amiga estaba estancada con su relación con Norbert y que no estaba enamorada de él, pero Eva continuaba adelante como si nada y Ana pensó que Derek quizás fuera lo que Eva necesitaba para darse cuenta de lo que de verdad quería.

—Derek, ¡qué alegría verte! —Lo saludó Ana abrazándolo. Señaló a Eva y añadió con malicia—: ¿Te acuerdas de mi amiga Eva?

—Como para olvidarla —murmuró Derek. Saludó a Eva con un beso en la mejilla y le susurró al oído—: Me alegro de verte, nena.

Eva se quedó paralizada. No supo reaccionar ante las emociones que la invadieron. Solo oír su voz la había excitado, pero al mismo tiempo se sentía culpable al pensar en Norbert.

— ¿Cómo has conseguido que mi hermano no venga contigo? —Se mofó Derek hablando de nuevo con Ana—. Apuesto lo que quieras a que se presenta aquí antes de que regreses a la ciudad.

—Y no te equivocarías —dijo Nahuel entrando en el salón.

— ¡Cariño! —Exclamó Ana encantada de verlo allí.

—No puedo estar sin ti, pequeña —le susurró al oído Nahuel al mismo tiempo que la abrazaba y la besaba en los labios.

Al día siguiente regresaron a la ciudad, pero Ana tuvo tiempo suficiente para percatarse que entre Eva y Derek saltaban chispas. Ana intentó hablar del tema con Eva, pero Eva insistió en que no quería nada con Derek y le recordó que estaba con Norbert.

Los días fueron pasando y por fin llegó la noche anterior al día de la boda, la noche de recepción. Irene se empeñó en celebrar la cena de recepción en el jardín de su casa y Ana y Nahuel aceptaron para complacerla. Eva, Ruth, Jason y Derek se instalaron en la casa de la costa de Nahuel, junto con él y Ana, mientras que los padres de Ana se instalaron en casa de Irene y James. Norbert tenía que trabajar y no llegaría a la costa hasta el día siguiente, así que Derek aprovechó que Eva estaba sola para provocarla hasta que consiguió que ella bajara la guardia y la besó en los labios cuando la acorraló en uno de los pasillos de la planta superior con la mala suerte de que Ana salía de la habitación en ese mismo momento y los pilló con las manos en la masa.

— ¡Mierda! —Exclamó Eva separándose bruscamente de Derek—. No es lo que parece, Ana.

—Pues parecía que estabais besándoos —murmuró Ana.

—Eso pensaba yo —musitó Derek.

Ana se encogió de hombros, dio media vuelta y bajó las escaleras para dirigirse a la cocina. Tendría que hablar más tarde con Eva, pero sabía que ahora no era un buen momento y ella tenía que terminar de arreglarse para la cena de recepción.

Irene y James recibieron a los novios, a la familia más cercana y a los amigos más íntimos de la pareja en su casa. Irene quiso sorprenderles y se encargó de prepararlo todo para que los novios no tuvieran que preocuparse de nada la noche antes de la boda.

Cenaron en el jardín trasero de casa de los padres de Nahuel y brindaron por el futuro matrimonio de Nahuel y Ana, Todos y cada uno de los presentes quiso dedicar unas palabras a los novios. Cuando le llegó el turno a Derek, no dejó escapar la oportunidad de enviarle un mensaje a Eva y, tras concluir con su dedicatoria para los novios, añadió:

—Jamás olvidaré el verano en el que Ana y Nahuel se conocieron.

Le guiñó un ojo a Eva con complicidad y brindó por los novios. A ninguno de los allí presentes les pasó por alto el gesto de Derek hacia Eva, pero Ruth intervino y cambió de tema:

—Supongo que, siendo la noche previa a la boda, los novios no dormirán bajo el mismo techo, ¿no?

Ana fulminó a Ruth con la mirada, ya había discutido con su madre suficiente por ese asunto. Nahuel frunció el ceño y rodeó con los brazos a Ana al mismo tiempo que dijo sin opción a réplica:

—No pienso separarme de Ana y mucho menos la noche antes de nuestra boda.

—Hijo, no pasará nada porque durmáis separados una noche —insistió Irene, la madre de Nahuel.

— ¡Qué más da, hace más de un año que viven juntos! —Intervino Ramón, el padre de Ana.

—No entiendo a qué viene tanto drama por dormir separados —comentó Leonor.

—Mamá, ya hemos hablado del tema —le advirtió Ana a su madre.

—No hay nada de lo que hablar, no vamos a dormir separados y punto —sentenció Nahuel, que no estaba dispuesto a pasar sin Ana ni una sola noche.

Eva cambió de tema y comenzó a hablar de trabajo, cualquier tema era válido siempre que no tuviera que ver con Derek.

Tras aquella agradable cena tan familiar, los jóvenes regresaron a casa de Nahuel. Ana entró en la habitación seguida de Nahuel, cerró la puerta y echó el cerrojo.

— ¿Temes que me escape? —Bromeó Nahuel—. Porque no pienso hacerlo, jamás me separaré de tu lado, cariño.

—Eso espero —le susurró Ana al oído al mismo tiempo que se desnudaba.

Nahuel la besó y la acarició mientras la ayudaba a deshacerse de su ropa. Tras desnudarse por completo, Ana desnudó a Nahuel. Ambos se abrazaron, se acariciaron y se besaron con urgencia, con verdadera necesidad de estar el uno con el otro, de fundir sus cuerpos.

Cita 90.

“Cuántas cosas perdemos por miedo a perder.”

Paulo Coelho.

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