mesoctubre 2017

Sedúceme 6.

Eva apenas pudo dormir en toda la noche. Estaba excitada, eufórica y, aunque jamás lo reconocería en voz alta, también estaba ilusionada. Finalmente, consiguió dormirse casi al amanecer. Se despertó cuatro horas más tarde y sonrió tímidamente al recordar la noche anterior. Derek rechazó su invitación a subir al apartamento, pero le dejó muy claro que la deseaba tanto o más que ella a él. Eva no era de las que creía que las personas podían cambiar, al menos no de una forma tan radical, pero el hecho de que Derek se trasladara a la ciudad cambiaba sus planes por completo, le sería imposible no caer en la tentación teniéndole tan cerca. Por segunda vez en su vida, Eva decidió dejarse llevar sin pensar en las posibles consecuencias. Ya lo hizo una vez hacía dos años también con Derek, pero esta vez quería un final distinto, quería un final de cuento de hadas.

El sonido de una llamada entrante en su teléfono móvil la sacó de sus pensamientos. Eva alargó el brazo con desgana para alcanzar su teléfono móvil que estaba sobre la mesita de noche, lo agarró y se lo llevó a la oreja sin pararse a mirar quién la llamaba:

— ¿Si?

—Buenos días, nena. ¿Has dormido bien? —La saludó Derek desde el otro lado del teléfono.

—La verdad es que apenas he podido pegar ojo en toda la noche —le contestó Eva con un ligero tono de reproche en la voz.

—Ya somos dos y, si no recuerdo mal, eso es culpa tuya —le contestó Derek burlonamente, se sentía juguetón—. Nena, tengo un par de horas libres y me gustaría pasarlas contigo. ¿Aceptas una invitación inocente para comer con un amigo?

—Si el amigo eres tú esa invitación no será inocente —opinó Eva—. A menos que tu propuesta forme parte de un plan maquiavélico para torturarme.

—Confía en mí, nena —le pidió Derek.

—Está bien, acepto tu inocente invitación.

—Genial, pasaré a buscarte en una hora —concluyó Derek y añadió antes de colgar—: Una cosa más, nena: no me hagas esperar.

Eva sonrió, el día anterior le hizo esperar más de veinte minutos frente al portal del edificio de apartamentos. Decidida a que aquello no volviera a repetirse, pues ella odiaba la impuntualidad, se levantó de la cama, se dio una ducha rápida y se detuvo frente al armario para decidir qué ponerse. Tras una rápida hojeada a toda su ropa. Eva escogió un vestido ibicenco y unas sandalias con tacón de cuña, un atuendo perfecto para un caluroso mes de agosto en la ciudad.

Justo una hora más tarde, Eva cruzaba el portal del edificio y salía a la calle. Derek sonrió al verla, estaba preciosa como siempre.

—Tienes muy buen aspecto para no haber dormido —la saludó Derek bromeando.

—La culpa es solo tuya —le replicó Eva dedicándole una sonrisa traviesa.

Derek la agarró de la cintura, la atrajo hacia sí y la besó en los labios impulsivamente.

—Sube al coche antes de que cambie de opinión y perdamos la poca inocencia que nos queda —le susurró Derek al mismo tiempo que le daba una palmada en el trasero para que se apresurase.

Entre risas y cómplices miradas, subieron al coche de alquiler de Derek y se dirigieron al restaurante del hotel donde se alojaba Derek. Eva no hizo ningún comentario reprobador como Derek esperaba, algo que le sorprendió. Pero ella era consciente de dónde se estaba metiendo, estaba allí por voluntad propia.

Se sentaron en una de las mesas más retiradas del restaurante y, mientras esperaban que le sirvieran la comida, hablaron de temas banales. Con la comida ya servida sobre la mesa, Eva le preguntó:

— ¿Qué te mantiene tan ocupado un sábado que solo te deja dos horas libres?

—Estoy viendo casas, pero aún no he encontrado ninguna que me guste. En dos semanas mi traslado será efectivo y, hasta que encuentre una casa donde vivir, el hotel será mi hogar —le explicó Derek—. Llevo todo el día visitando casas, creo que el agente inmobiliario ha empezado a odiarme.

—Comprar una casa no es una decisión que se deba tomar a la ligera —opinó Eva.

—Quizás puedas ayudarme. Si tuvieras que comprar una casa, ¿cómo escogerías cuál comprar?

—Me gusta el barrio en el que vivo, es un barrio familiar y tranquilo, así que probablemente buscaría casa en esa zona —le respondió Eva—. Espero formar una familia en el futuro, así que compraría una casa con al menos tres habitaciones y con un amplio jardín. Si para entonces puedo permitírmelo, un jardín con piscina sería perfecto.

Eva continuó explayándose en su descripción de la casa perfecta y Derek tomó nota mental de todo lo que ella decía. Le fascinaba oírla hablar con tanta soltura y con tanta naturalidad, le recordaba al verano que pasaron en la costa.

—Deja de mirarme así —le rogó Eva cuando Derek no dejaba de comérsela con los ojos.

—Créeme si te digo que me resulta imposible, nena —Derek se levantó y se sentó justo al lado de Eva. Colocó una de sus manos sobre la rodilla de Eva para después ascender lentamente por sus muslos al mismo tiempo que le susurraba al oído—: Me encanta que te hayas puesto un vestido —Eva dio un respingo cuando Derek rozó su entrepierna. Él sonrió con malicia y añadió—: Será mejor que te controles si no quieres que nos descubran.

Eva trató de detenerle, por muy excitante que fuera, era demasiado arriesgado, pero Derek no se dio por vencido y continuó acariciando su entrepierna. Retiró sus braguitas hacia un lado y la masturbó ocultándose bajo el mantel de la mesa. Eva también deslizó su mano bajo la mesa buscando la entrepierna de Derek, agarrándolo su miembro erecto del que tan solo le separaba la tela del pantalón.

– Derek…

—Lo sé, nena —le susurró al oído—. Córrete, córrete para mí.

Eva sintió los espasmos del orgasmo que se avecinaba y supo que no podría frenarlo por mucho que quisiera. Derek la llevaba al límite en todos los sentidos y ella quería dejarse arrastrar por él. Eva clavó sus uñas en la pierna de Derek y se tensó arqueando la espalda. Estaba a punto de alcanzar el clímax cuando Derek la besó y ahogó sus gemidos al estallar en mil pedazos.

—Espero que esta noche puedas dormir bien —bromeó Derek.

—Subamos a la habitación y tú también podrás dormir bien esta noche —le sugirió Eva.

—No puedo, Nena. He quedado con el agente inmobiliario en media hora —Eva disimuló su desilusión, pero no lo suficiente para que Derek se percatara—. Si no tienes planes, me encantaría cenar contigo esta noche. Puedo pasar a recogerte, pedir que nos traigan la comida a la habitación y continuar donde lo hemos dejado. Mi vuelo sale a las seis de la mañana, pero tú podrás quedarte en la habitación durmiendo o, si lo prefieres, puedo dejarte en casa de camino al aeropuerto.

Eva aceptó aquella nueva invitación a sabiendas que tarde o temprano tendría que afrontar las consecuencias.

Derek pidió que le cargaran la cuenta a la habitación y se ofreció para llevar a Eva a donde tuviera que ir antes de dirigirse a su cita con el agente inmobiliario. Eva le pidió que la acercara al centro comercial y allí se despidieron hasta la noche.

—Pasaré a recogerte a las ocho, nena —le recordó Derek tras darle un beso de despedida.

Mientras Derek visitaba una casa tras otra acompañado por el agente inmobiliario, Eva decidió ir de compras por el centro de la ciudad. Quería comprar un nuevo vestido y un conjunto sexy de ropa interior para sorprender a Derek esa misma noche.

Cita 94.

“Tal vez no hicieron nada que no hubieran hecho con otros, pero es muy distinto hacer el amor amando.”

Isabel Allende.

Sedúceme 5.

Eva continuó haciéndole preguntas a Derek. Comenzó preguntando por su trabajo, siguió preguntando por Thor, el perro de Derek, y terminó preguntando sobre lo que más le interesaba a ella: sus relaciones sentimentales. Derek fue totalmente sincero con Eva, quería basar su relación con ella sobre la confianza y no pensaba engañarla:

—No he tenido relaciones estables, si es a eso a lo que te refieres.

—Por supuesto, tú no eres de los que se comprometen.

—Lo dices como si fuera algo malo, quizás no me he comprometido porque todavía no he encontrado a la mujer perfecta para mí —se defendió Derek.

—Será eso… —Musitó Eva.

Derek la miró arqueando una de sus cejas. Se suponía que habían acordado empezar de cero sin rencores pero Eva no dejaba de lanzar pullas, dejando claro que no confiaba en él. Eva fue consciente de que no estaba actuando según la tregua pactada y recapacitó:

—Lo siento, es la costumbre —su mirada se detuvo en el mando a distancia que Derek sostenía entre sus manos y sintió curiosidad por el botón de color azul—. Pulsa el botón azul, quiero ver qué vistas hay detrás del espejo.

—No es una buena idea, nena —le respondió Derek con su eterna sonrisa traviesa en los labios, esa sonrisa que a Eva la volvía loca—. Quizás podamos disfrutar de las vistas la próxima vez que vengamos a cenar.

—Eres muy optimista al pensar que habrá una próxima vez.

—Bueno, ahora somos amigos, ¿no? —Le contestó Derek con la voz ronca—. Los amigos suelen quedar para salir a cenar.

El hecho de que Derek no quisiera mostrarle qué había al otro lado del espejo tan solo acrecentó la curiosidad de Eva, pero conocía lo suficiente a Derek como para saber que se lo pondría más difícil solo para fastidiarla, así que fingió perder el interés en aquel tema y esperar a que llegara el momento oportuno.

Continuaron charlando animadamente hasta pasada la medianoche. Derek comprobó su reloj de pulsera y le dijo a Eva:

—Nena, deberíamos ir pensando en regresar a la ciudad. Podemos tomarnos allí la última copa.

—De acuerdo —le contestó Eva un poco decepcionada.

Derek fue al baño antes de marcharse de allí y Eva aprovechó la ocasión para pulsar el botón azul del mando a distancia y que el espejo se volviera transparente.

Eva tuvo que recordar cómo se respiraba cuando vio las “vistas” de las que hablaba el camarero y que Derek no quería mostrarle. Al otro lado del cristal había otra sala enorme totalmente acristalada donde una joven y atractiva pareja ofrecía un espectáculo porno que también podía verse desde los otros tres reservados de la primera planta. Cada pared acristalada de la enorme estancia donde ofrecían el espectáculo porno correspondía a las paredes de espejo de cada uno de los cuatro reservados. Las parejas que ocupaban los reservados, excitados por el espectáculo, se animaban a participar en él desde sus respectivos reservados. Eva los observó excitada. La pareja de la sala acristalada se deleitaba con apasionados preliminares que hicieron que la entrepierna de Eva se humedeciera. Tan concentrada estaba en lo que estaba mirando que no se dio cuenta que Derek estaba detrás de ella hasta que notó sus manos rodeándole la cintura y su voz ronca susurrándole al oído:

—Nena, no me lo pongas más difícil.

Pero Eva no se movió de donde estaba. No podía dejar de mirar aquel espectáculo y, al sentir los brazos de Derek alrededor de su cintura y su pecho pegado a la espalda, se excitó todavía más. Derek notó a Eva relajada entre sus brazos y excitada viendo semejante espectáculo. Sabía que dejarse llevar y practicar sexo con ella complicaría su estrategia, pero le resultaba imposible controlar su deseo por Eva. Sin dejar de abrazarla, acercó sus labios al cuello de ella y comenzó a deleitarla con tiernos besos. Eva respondió a sus besos con un leve gemido y Derek sonrió en silencio al descubrir que ella lo deseaba tanto como él.

—Nena, tengo tantas o más ganas que tú de seguir con lo que estamos haciendo, pero no es buena idea.

Eva se volvió para afrontarlo cara a cara. Las palabras de Derek la dejaron confusa, el sexo para él siempre era una buena idea pero con ella parecía que ya no lo era.

— ¿Por qué no es una buena idea? —Quiso saber Eva.

—En primer lugar, porque has bebido más de la cuenta y no quiero que mañana te arrepientas y me lo reproches o, peor aún, que no lo recuerdes —argumentó Derek—. En segundo lugar, porque no te he traído aquí para esto, aunque reconozco que la idea es muy tentadora.

—Antes no te importaba que hubiera bebido de más, que te lo reprochara o que no lo recordara, tu objetivo tan solo era llevarme a la cama —comentó Eva sin reproche en su voz.

—Esa es la tercera razón, quiero demostrarte que no soy ese depredador sexual que tú crees que soy —le susurró Derek. Tras besarla levemente en los labios, Derek pulsó el botón azul para que el cristal volviera a convertirse en espejo y añadió con la voz ronca—: Será mejor que regresemos a la ciudad, este lugar es demasiado tentador.

En el camino de vuelta en cocha a la ciudad, Derek le propuso a Eva parar en algún pub para tomar una última copa. Eva aceptó encantada, quería pasar un rato más con Derek.

Entraron en un pub cercano al apartamento de Eva y se sentaron en la zona chill-out del local para poder hablar con mayor tranquilidad.

— ¿Puedo preguntarte algo? —Tanteó Eva.

—Por supuesto, nena. ¿Qué quieres saber?

— ¿Cómo conociste la masía? ¿Habías estado allí antes?

Derek sonrió, entendía a la perfección lo que Eva quería saber. Le hubiera gustado jugar un poco con ella, pero habían pactado una tregua y no quería echarla a perder, así que fue sincero con ella:

—La Agencia de mi hermano Nahuel se encarga de la seguridad de la masía. Vi algunas fotos de la masía realizadas de día y es una masía normal, así que le pedí a Nahuel que me diera el teléfono del lugar para hacer una reserva. Él fue quién me explicó que por la noche la masía era “especial”.

— ¿Le has dicho que me ibas a llevar allí? —Preguntó Eva preocupada.

—La verdad es que esperaba que pusieras alguna excusa en el último momento para cancelar la cita y tampoco sabía si preferías que quedara entre nosotros, así que opté por no decir nada —le respondió Derek—. Y tú, ¿le has contado a alguien que salías a cenar conmigo?

—Ruth me ha visto llegar a casa antes del trabajo y, como no sabía que decirle, le dije que tenía una cena de trabajo —le confesó Eva un poco avergonzada.

— ¿Hubieras preferido decirle la verdad a Ruth? —Le preguntó Derek tratando de entender a Eva.

—No me gusta mentir, pero prefiero que esto quede entre nosotros —reconoció Eva.

—Quedará entre nosotros si es eso lo que quieres.

Eva no supo descifrar si las últimas palabras de Derek habían sido sinceras o si se trataba de una mofa irónica de las suyas, pues su gesto era totalmente inexpresivo. Pero decidió confiar en que sus palabras eran sinceras, al fin y al cabo a él tampoco le interesaba que se supiera que se veía con ella a escondidas.

A Derek no le gustó saber que Eva prefería que siguieran viéndose a escondidas, pero tampoco podía culparla por ello. Él le había reprochado que, tras pasar una última noche juntos, ella regresara a la mañana siguiente con su novio como si nada hubiera pasado, pero ella también podría haberle reprochado que él tampoco hizo nada por evitarlo ni se molestó en hablar con ella, aunque Eva no se lo había reprochado. Derek quería seducirla, enamorarla poco a poco. Tenía en contra su pasado de mujeriego, pero él ya no era la misma persona que era dos años atrás. Había estado con muchas mujeres a lo largo de su joven vida, pero ninguna le había hecho sentir lo que Eva le hacía sentir. En dos años no había podido quitársela de la cabeza, su vida sin Eva le resultaba aburrida.

Eva bostezó y Derek pensó que ya era hora de regresar a casa. Acompañó a Eva hasta el portal del edificio del apartamento en el que vivía y allí se despidió de ella:

—Ha sido una gran noche, espero que quieras repetir pronto.

—Llámame cuando regreses a la ciudad.

—Puedes estar segura de que lo haré, nena —le susurró Derek con la voz ronca. Se acercó a ella despacio y la besó en los labios con dulzura antes de añadir con una sonrisa pícara—: Será mejor que mantengamos las distancias, esto se está convirtiendo en una tortura.

— ¿Quieres subir? Ruth pasará la noche fuera —le propuso Eva.

—Me encantaría —le aseguró Derek mirándola a los ojos—, pero no es una buena idea, es mejor que regrese al hotel y me dé una ducha de agua fría —Eva le miró decepcionada y avergonzada y Derek se apresuró en añadir—: Eres preciosa, nena. Me pasaría la noche entera haciéndote el amor, escuchando tus gemidos cuando el orgasmo invade tu cuerpo. Pero no es buena idea, ya te he dado tres razones antes —Eva suspiró resignada y Derek sonrió. La besó de nuevo en los labios y se despidió de ella—: Buenas noches, nena. Mañana te llamaré para ver qué tal llevas la resaca.

Eva sonrió divertida y le dijo antes de cruzar el portal del edificio y dirigirse al ascensor:

—Buenas noches, nene.

Sedúceme 4.

Eva y Derek se sentaron a la mesa uno en frente del otro. Eva seguía nerviosa, pero trataba de disimularlo comportándose con naturalidad. Por el contrario, Derek se sintió más relajado al ver que Eva había guardado el hacha de guerra y que, por el momento, no parecía tener intención de salir huyendo.

Leyeron la carta en silencio hasta que Derek le sugirió algunas especialidades de la casa y le preguntó por el vino, a lo que Eva le respondió que se encargara él de pedir, a ella le iba a resultar imposible ser capaz de decidirse. Derek sonrió ante aquel gesto de confianza por parte de Eva, estaba reaccionando mejor de lo que había esperado y su buen humor mejoraba por segundos.

Pocos minutos después, el camarero apareció para tomarles nota y también para darles las indicaciones necesarias al mismo tiempo que le entregaba a Derek un pequeño mando a distancia:

—El botón de la luz roja es para que no les molesten, si lo pulsan ese botón le traeremos lo que nos pidan por esta ventana —les indicó señalando la pequeña ventana oculta de doble puerta que daba al otro lado del pasillo—. El botón azul es para cambiar la visibilidad del cristal, para convertirlo en espejo o en ventana si prefieren disfrutar de las vistas —esto último lo añadió con una sonrisa pícara que a Eva no le pasó desapercibida—. Por último, si desean alguna cosa, nos pueden llamar pulsando el botón naranja haciendo el pedido a través de la tablet que hay junto a la ventana.

Derek asintió tras prestar atención a las indicaciones del camarero y dejó el mando sobre la mesa. Acto seguido, le hizo el pedido y esperó a que el camarero se hubiera marchado para decirle a Eva:

—Estás muy callada, ¿va todo bien?

—Sí, tan solo estoy un poco confusa —se sinceró Eva—. No sé a qué viene todo esto, Derek.

—Nena, relájate. Te dije que te iba a invitar a cenar y aquí estamos —le respondió Derek mostrándose más relajado de lo que en realidad estaba—. Así que vamos a disfrutar de una agradable cena.

—Creía que teníamos una conversación pendiente —le replicó Eva sin poder morderse la lengua, los nervios empezaban a delatarla.

—Creo que es mejor que dejemos esa conversación para el final de la velada si queremos que la cena resulte agradable —le dijo Derek sabiendo que aquella conversación traería más de una discusión—. Prefiero que ahora me hables de ti. He oído que te ascendieron en el trabajo justo después de la boda de Nahuel y Ana.

Eva estaba demasiado nerviosa como para tener que soportar silencios incómodos, así que optó por hablar. Le explicó a Derek que, cuando regresó a la ciudad después de aquellas vacaciones en la costa en las que se conocieron, encontró trabajo como asistente del director ejecutivo de una empresa de publicidad. Poco más de un año y medio más tarde, justo después de la boda de Nahuel y Ana, el director ejecutivo se jubiló y propuso a Eva para ocupar su puesto.

— ¿Cómo han sido estos cuatro últimos meses como directora ejecutiva? —Se interesó Derek.

—Los últimos cuatro meses han sido una locura en todos los sentidos —le confesó Eva—. Al principio incluso llegué a pensar que no estaba preparada y que no debía haber aceptado el cargo de directora ejecutiva. Le he dedicado todo mi tiempo al trabajo, de lunes a domingo y sin horarios. Ha sido difícil, pero por fin puedo decir que lo tengo todo bajo control.

—Sigues siendo igual de organizada que cuando te conocí —comentó Derek burlonamente.

—A algunas personas nos gusta mantener un orden en nuestras vidas para no vivir en medio del caos —le reprochó Eva.

Justo en ese momento, el camarero llegó con el vino y la cena. Derek, que deseaba con urgencia volver a quedarse a solas con Eva, le dijo al camarero:

—Gracias, ya me encargo yo de servir las copas y la cena.

El camarero entendió lo que Derek quería decir y desapareció de allí de inmediato. Eva tenía el ceño fruncido, su cabeza no paraba de dar vueltas y en su mente se iban acumulando las preguntas sin respuesta. Derek también tenía demasiadas preguntas sin respuesta acumuladas, pero prefirió esperar a que Eva se bebiera un par de copas de vino antes de preguntarle.

Tras servir el vino y la cena, Derek y Eva continuaron charlando sobre el trabajo de ella. Cuando el camarero retiró los platos vacíos, Derek pulsó el botón de la luz roja en el mando a distancia para que no les molestasen. Eva estaba bastante más relajada y desinhibida, así que aprovechó para preguntarle lo que tanto ansiaba saber:

— ¿Qué pasó con el estirado de tu novio?

Eva resopló. No quería hablar de Norbert y mucho menos con Derek, pero sabía que él no desistiría hasta obtener lo que buscaba, así que decidió responder y acabar con aquel tema cuanto antes:

—Lo dejamos un mes después de que me ascendieran. Apenas nos veíamos y lo cierto era que no estábamos hechos el uno para el otro, así que decidimos dejarlo.

—Te mentiría si te dijera que lo lamento, ese tipo no te pegaba para nada —opinó Derek divertido y añadió burlonamente—: Apuesto a que te aburrías con él.

— ¿A dónde quieres ir a parar, Derek?

—Trato de entenderte, Eva —le respondió Derek mirándola a los ojos—. Trato de entender por qué te entregaste a mí totalmente y al día siguiente regresaste con tu novio como si no hubiera pasado nada.

— ¿Y qué esperabas que hiciera? ¿Qué montara un numerito en la boda? No me siento orgullosa de haber engañado a Norbert, pero tampoco podía hacer nada para remediarlo.

— ¿No pensaste en mí? —Le repitió la pregunta Derek.

—Derek, tú solo buscabas a alguien para divertirte y yo estaba allí. Para ti el que yo tuviese novio era un aliciente y, si no me hubiera marchado yo, probablemente hubieras sido tú quien me hubiera invitado a irme. Además, Norbert estaba subido a un avión para acompañarme a la boda, ¿qué querías que hiciera? ¿Llamarle y decirle que no hacía falta que viniera, que ya había encontrado otro acompañante con el que divertirme?

—Empecemos de cero —le propuso Derek—. No puedo pedirte que olvides todo lo que hemos hecho porque a mí me resultaría imposible, pero podemos empezar de cero y sin rencores.

—De acuerdo, supongo que ahora que eres el cuñado de una de mis dos mejores amigas nos veremos de vez en cuando —le dijo Eva dedicándole una sonrisa en son de paz—. Aunque no vengas demasiado a la ciudad.

—En realidad, voy a estar bastante en la ciudad —le confesó Derek—. Mi amigo Víctor y yo fundamos una empresa de desarrollo de sistemas informáticos hace casi dos años y nos ha ido bastante bien. La mayoría de nuestros clientes están en la ciudad, así que hace unos meses decidimos trasladarnos a la ciudad.

—Entonces, ¿no has venido a la ciudad por la fiesta de Ana y Nahuel? —Preguntó Eva confusa.

—Vine un par de días antes para poder asistir a la fiesta, pero lo cierto es que he viajado a la ciudad por motivos laborales, estoy coordinando el traslado a las nuevas oficinas —le respondió Derek—. El domingo viajo a la costa para ultimar algunos detalles del traslado, pero en dos semanas regresaré a la ciudad para quedarme.

Eva no supo qué decir. Descubrir que Derek se iba a mudar a la ciudad la había pillado totalmente por sorpresa. Tampoco entendía por qué Ana no se lo había dicho, ella debía estar al tanto de los planes de su cuñado. Volvió a sentirse contrariada: por un lado, se sentía feliz de saber que vería a Derek con mucha más frecuencia; por otro lado, luchar contra la atracción que sentía por él iba a ser agotador y caería en sus redes.

Para disimular su sorpresa y su contrariedad, Eva decidió preguntarle por su trabajo, igual que Derek había hecho con ella. Se interesó por la empresa que había creado junto a su amigo Víctor, uno de sus amigos que Eva conoció aquel día en la playa cuando estaban tomando el sol haciendo topless y Thor, el perro de Derek, le robó la parte superior del bikini. Prestó atención a todo lo que Derek le decía sobre su trabajo, mostrando interés y descubriendo algunas facetas de Derek que, además de sorprenderla, hicieron que Eva todavía lo deseara más.

Cita 93.

“No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu falta se sienta.”

Bob Marley. 

Sedúceme 3.

Había pasado casi una semana desde su encuentro con Derek en casa de Ana y Nahuel. Eva estaba nerviosa, ni siquiera sabía por qué había aceptado salir con él. Derek la atraía demasiado, pero no era el hombre fiel y comprometido que ella deseaba encontrar. Sabía que mantenerse alejada de él era la mejor opción para no sucumbir a sus encantos, pero no supo reaccionar ante su provocación y finalmente accedió a salir con él. Podría haberse inventado cualquier excusa para cancelar aquella especie de cita pero, como sus amigas le habían dicho, no podía pasarse la vida huyendo de él o evitándolo.

Derek esperaba que Eva se echara atrás, pero no se puso en contacto con él para cancelar la cita, así que decidió llamarla un día antes para recordárselo, no fuese que se le hubiera olvidado.

— ¿Sí? —Respondió Eva nada más descolgar, pues no reconocía el número.

—Hola nena —la saludó Derek con la voz ronca, excitado tan solo de oír su voz—. Solo llamaba para recordarte que mañana tenemos una cita, espero que no hayas cambiado de opinión y quieras echarte atrás.

Cómo si pudiera olvidarlo, pensó Eva. Pero en lugar de decirle eso, le contestó con desgana:

—Mañana a las ocho, no se me olvidará.

—Perfecto —exclamó Derek satisfecho—. Una cosa más —se aventuró a pedirle—, me gustaría que llevaras el vestido rojo que llevabas el otro día.

—No pienso ponerme lo que tú me digas —le espetó Eva molesta.

—Tan solo era una sugerencia, estabas muy sexy con ese vestido, nena —hizo una pequeña pausa en la que a Eva le pareció que suspiraba y añadió—: He reservado mesa en un restaurante al que debemos ir de etiqueta, ponte un vestido. Nos vemos mañana, pasaré a recogerte a las ocho.

—Hasta mañana —se despidió Eva antes de colgar.

Aquella noche apenas durmió. A la mañana siguiente se levantó temprano, se duchó y fue a la oficina. Su nuevo cargo como directora ejecutiva en la empresa de publicidad para la que trabajaba conllevaba muchas responsabilidades, pero Eva disfrutaba trabajando y las horas se le pasaban volando. Cuando llegó a casa eran pasadas las siete de la tarde. Derek llegaría en menos de una hora y ella todavía tenía que ducharse y arreglarse. Ruth estaba a punto de salir cuando Eva entraba por la puerta.

—Llegas pronto —comentó Ruth mirando su reloj de pulsera—. ¿Es que tienes planes para esta noche?

—Tengo que ir a una cena de negocios —mintió Eva—. Pero no regresaré tarde. ¿Vas a salir?

—Sí, he quedado para divertirme un rato y probablemente no duerma en casa —le confirmó Ruth sonriendo alegremente—. Te veo mañana.

Ruth se despidió de Eva con un beso en la mejilla y se marchó. Eva, que ya iba bastante justa de tiempo, se metió en el cuarto de baño y se duchó.

Derek la llamó por teléfono a las ocho en punto.

—Estoy en la puerta de tu edificio, ¿bajas?

—Dame cinco minutos —le pidió Eva.

Derek esperó a Eva apoyado en su coche de alquiler. Mientras tanto, Eva se apresuraba en terminar de maquillarse. Se echó un último vistazo en el espejo grande del hall y, tras quedar satisfecha con su aspecto, salió del apartamento. Se había puesto un elegante y discreto vestido negro que le llegaba por encima de la rodilla. No era muy escotado, pero los anchos tirantes del vestido que caían por sus hombros le daban un aspecto muy seductor. Una cosa era no darle el gusto a Derek y otra muy distinta era no estar sexy. Traspasó el portal del edificio y allí se encontró a Derek apoyado en un coche de alquiler. Eva no pudo evitar pensar en lo guapo que estaba con traje y corbata. Tan solo lo había visto así vestido en la boda de Nahuel y Ana.

Derek sonrió al verla. No se había puesto el vestido rojo, pero a él le pareció que estaba preciosa, como siempre. Se acercó a ella despacio, mirándola con picardía.

—Disculpa el retraso —le dijo Eva avergonzada por hacerle esperar veinte minutos. Ella siempre era puntual porque odiaba la impuntualidad—. Se ha alargado la reunión y no me he dado cuenta de la hora.

—La espera ha merecido la pena —le dijo Derek con su eterna sonrisa en los labios. La besó en la mejilla a modo de saludo y añadió con la voz ronca—: Estás preciosa, nena.

A Eva le tembló todo el cuerpo, era el efecto que Derek provocaba en ella. Solo oír su voz la excitaba y le hacía recordar aquel ardiente verano dos años atrás.

Derek no era el perfecto caballero y Eva lo sabía, así que no esperó que la acompañara y le abriera la puerta del coche, directamente se subió en el asiento del copiloto. Derek condujo en silencio por la ciudad hasta coger la autopista, cuando Eva le preguntó:

— ¿A dónde vamos?

—Ahora lo verás —le respondió Derek apartando la vista de la carretera un segundo para dedicarle una de sus pícaras sonrisas.

Eva cerró los ojos y no hizo más preguntas, le daba igual a dónde la llevara Derek, tan solo le importaba estar con él. No pudo evitar comparar a Norbert con Derek, Norbert era un hombre muy rutinario y disciplinado, en su vida no había lugar para las sorpresas. Sin embargo, con Derek cada minuto era una aventura, su vida estaba llena de sorpresas. Eran la noche y el día, al igual que Derek y ella. Eva no entendía por qué no sentía por Norbert la misma atracción que sentía por Derek. Norbert era el hombre perfecto para ella, su prototipo de hombre ideal. Derek era todo lo opuesto, pero encendía su deseo tan solo con una mirada o una sonrisa.

—Ya hemos llegado —anunció Derek tras aparcar.

Eva abrió los ojos y miró a través del cristal de la ventanilla. Estaban frente a una antigua masía rodeada de viñedos. Derek bajó del coche y, sin que Eva se lo esperara, le abrió la puerta y la ayudó a bajar. Eva se lo agradeció con una tímida sonrisa, sintiéndose un poco contrariada con aquella situación. Derek rodeó la cintura de Eva con su brazo y la guió hasta llegar a la entrada de la masía. A Eva le extrañó que la llevara a un sitio tan romántico, él no era de esos. Además, aquella sonrisa traviesa que no se le quitaba de los labios le hacía sospechar que Derek se traía algo entre manos y Eva no se equivocaba.

Nada más traspasar el enorme portón de madera de la masía, Eva supo que aquella no era una masía normal. El hall era enorme, pero allí solo había un mostrador de recepción ocupado por dos agentes de seguridad que se acercaron a ellos y les preguntaron los nombres para comprobar que estuvieran en la lista.

—Derek Smith y Eva Méndez. Tienen el reservado número 3 —confirmó uno de los agentes de seguridad—. Está situado en la primera planta, tal y cómo salgan del ascensor a la derecha, sigan hasta el final del pasillo, es la última puerta.

El agente de seguridad les entregó una llave-tarjeta y Derek asintió para hacerle saber que le había entendido bien. Agarró a Eva de la cintura y juntos cruzaron el hall para dirigirse a los ascensores. Tal y cómo le había indicado el agente de seguridad, al salir del ascensor se dirigieron a la derecha hasta el final del pasillo, donde encontraron la puerta del reservado número 3.

Eva estaba nerviosa, no sabía lo que iba a haber detrás de esa puerta. Sospechaba que podía tratarse de una de esas masías antiguas que habían sido restauradas y se habían convertido en hoteles con habitaciones rústicas, pero esa sospecha no la hizo echarse atrás, algo que volvió a hacer que se sintiera contrariada porque, en el fondo, sabía que deseaba volver a sentir el cuerpo desnudo de Derek junto al suyo.

—Ya hemos llegado —anunció Derek abriendo la puerta con la tarjeta-llave. Pulsó un interruptor y las luces de la pequeña estancia se encendieron—. Adelante, las damas primero.

Eva entró en el reservado y se sorprendió al descubrir que allí tan solo había una pequeña mesa redonda con dos sillas, un sofá de dos plazas y una mesa de café que lo acompañaba. La mesa estaba decoraba para albergar una velada romántica, con flores y velas. Los platos, los cubiertos y las copas estaban dispuestos para cuando llegara la comida y la bebida. Una de las paredes de la pequeña estancia estaba formada por un espejo enorme, imposible de pasar inadvertido. Y al fondo, una puerta dividía la estancia.

— ¿Qué hay allí? —Le preguntó Eva con curiosidad a Derek.

—Es un cuarto de baño —le contestó Derek divertido ante la curiosidad de Eva, que no dejaba de mirarlo todo—. Ven, vamos a sentarnos a la mesa para mirar la carta. En seguida vendrá el camarero a tomarnos nota.

Eva obedeció sin rechistar y sin hacer más preguntas, a pesar de que se moría de curiosidad. Podían haber ido a cualquier restaurante de la ciudad, pero Derek decidió llevarla allí. La Agencia de su hermano Nahuel se encargaba de la seguridad de la masía y cuando Nahuel le dijo que se trataba de una masía especial, Derek decidió llevar a Eva. Por supuesto, Derek no le confesó a su hermano con quién tenía pensado ir allí, tan solo le pidió el teléfono del gerente de la masía para llamar y hacer la reserva. Nahuel no era de los que preguntaba, no le gustaba interferir en la vida de los demás.

Sedúceme 2.

Dos semanas después de su regreso a la ciudad, Ana y Nahuel organizaron una pequeña fiesta en su casa donde reunieron a todos sus amigos. Nahuel invitó a su hermano Derek pese a que sabía que estaba bastante ocupado con el traslado de su empresa a la ciudad, pero se sorprendió cuando Derek le confirmó su asistencia. En cuanto Ana se enteró de que Derek estaría en la fiesta, llamó a Ruth para decidir si informaban o no a Eva de la presencia de Derek. Finalmente, optaron por no decírselo para evitar que Eva utilizara cualquier excusa para no presentarse en la fiesta.

Eva decidió tomarse aquel sábado para ella misma. Se levantó temprano, se dio un baño de espuma, bajó a desayunar a la cafetería de la esquina y después se fue de compras. Últimamente estaba un poco deprimida y decidió ponerse guapa para la fiesta y subir su autoestima. Se compró un vestido rojo muy ceñido que le llegaba hasta por encima de las rodillas. Tenía un generoso escote que le hacía parecer que tenía más pecho y el vientre más plano. Un vestido atrevido que combinaría con unos zapatos negros con un tacón de aguja. Regresó al apartamento y salió a comer con Ruth para después ir juntas a la peluquería.

A las siete en punto de la tarde, ambas entraban en casa de Ana y Nahuel. Tras saludar a los anfitriones, Eva y Ruth pasaron al jardín trasero de la casa donde se encontraban los invitados que ya habían llegado. Eva vio a Derek en cuanto puso un pie en el jardín trasero. Se quedó paralizada, no esperaba encontrarse con él y no estaba preparada.

— ¡Maldita sea! —Musitó Eva. Agarró a Ruth del brazo y le preguntó furiosa—: ¿Se puede saber por qué no me habéis avisado de que él estaría aquí?

—Si lo hubiéramos hecho te habrías buscado cualquier excusa para no venir —le respondió Ruth encogiéndose de hombros—. No puedes huir de él eternamente, tendrás que aprender a comportarte como una persona normal y saludarle, te recuerdo que es el cuñado de Ana.

A Eva no le hacía falta que le recordasen nada de Derek, ella lo tenía grabado a fuego en su cuerpo y en su alma. Se volvió para mirarle y vio que caminaba hacia a ellas con su socarrona sonrisa en los labios, aquella sonrisa traviesa que a Eva le volvía loca.

—Estáis preciosas, chicas —las saludó Derek cuando llegó hasta a ellas.

—Lo mismo digo, Derek —lo saludó Ruth con un beso en la mejilla y añadió antes de marcharse y dejarle a solas con Eva—: Voy a saludar a Jason, no le veo desde la boda.

Eva la fulminó con la mirada por provocar aquella encerrona. Derek agradeció en silencio que Ruth les dejara a solas, no veía a Eva desde la boda de su hermano con Ana. Habían pasado más de tres meses desde aquel encuentro y entonces ella estaba acompañada por su novio.

—Hacía mucho que no nos veíamos, nena —la saludó Derek con la voz ronca al mismo tiempo que la besaba rozando la comisura de sus labios.

Eva cerró los ojos y trató de no sucumbir a lo que Derek la hacía sentir. La atracción que existía entre ambos era tan arrolladora que era casi imposible controlarse.

— ¿Y tu novio? ¿No has venido con él? —Le preguntó Derek buscando a Norbert a su alrededor.

—Ya no estoy con Norbert —Le soltó Eva sin pensar.

Derek la miró a los ojos y sonrió ampliamente. Aquella era la mejor noticia que le podía haber dado, se volvía loco solo de imaginarse a Eva en los brazos de otro hombre.

—Me alegro por ti, Norbert parecía un tipo bastante aburrido incluso para ti —comentó Derek burlonamente. Eva dio media vuelta dispuesta a marcharse, pero Derek la agarró del brazo para impedírselo, se acercó a ella y le susurró al oído—: Nena, estás muy tensa. Te vendría bien pasar unos días en la costa para relajarte.

A Eva le pareció que aquello era una invitación, pero por si acaso decidió no responder. Derek sabía que Eva lo deseaba tanto como él a ella, pero no entendía por qué se resistía si ya no estaba con aquel tipo serio y aburrido.

—Tenemos un asunto pendiente —le recordó Derek sosteniéndole la mirada.

—No tenemos nada pendiente —le replicó Eva deshaciéndose de su agarre.

— ¿Vas a seguir huyendo de mí?

—Yo no huyo de nadie —se volvió Eva para plantarle cara.

—Voy a hacer memoria porque creo que se te ha olvidado algo —comenzó a decirle Derek con la voz ronca—. Tú y yo desnudos sobre la cama la noche antes de la boda de Nahuel y Ana. Tú el día siguiente en la boda acompañada por ese tipo aburrido, tu novio. ¿Te suena de algo o continúo haciendo memoria?

Aunque las palabras de Derek no sonaron a reproche, Eva se sintió culpable. Se sentía tan mal y confusa por haberle sido infiel a Norbert, apenas podía mirarle a la cara y, por si fuera poco, Derek se sentaba en la misma mesa que ella. Sus propios problemas e inquietudes no le permitieron pararse a pensar en cómo lo debía estar pasando Derek. Tras pasar una noche apasionada con él, Eva se marchó a hurtadillas de su habitación y cuando la volvió a ver ella estaba agarrada del brazo de Norbert.

—Sabías que estaba con otro cuando decidiste seducirme, ¿qué esperabas? —Le replicó Eva deseando acabar con aquella conversación.

— ¿Decidí seducirte? Yo puedo decir lo mismo de ti —le contestó Derek.

—Derek, este no es el momento ni el lugar para discutir sobre esto —le dijo Eva con la intención de parar aquel intercambio de opiniones que no iba a llegar a ninguna parte.

— ¿Y cuál es el momento y el lugar para continuar con esta discusión? —Le preguntó Derek molesto—. Creía que habías dicho que tú no huyes de nadie.

— ¿Cuándo regresas a la costa?

—El próximo domingo, ¿podrás hacerme un hueco en tu agenda? —Le preguntó Derek.

—Trabajo toda la semana.

—Genial, entonces quedamos el viernes por la noche para ir a cenar —sentenció Derek—. Así podrás relajarte un rato después del trabajo —Derek no lo dijo con un doble sentido, pero al escucharse decidió añadir—: Me refería a que…

—Te he entendido —lo interrumpió Eva.

—De acuerdo, pasaré a recogerte por tu apartamento el viernes a las ocho —concluyó Derek—. Espero que no cambies de opinión y decidas seguir huyendo.

Justo en ese momento se acercaron hasta a ellos Nahuel y Ana. La feliz pareja sonreía con complicidad, más enamorados que nunca.

— ¿Qué tal todo por aquí? —Preguntó Ana con fingida inocencia.

—Dímelo tú, bruja —murmuró Eva.

Derek, Nahuel y Ana la escucharon, pero el único que se sorprendió fue Nahuel. Ana sonrió maliciosamente, Derek miró hacia otro lado y Nahuel preguntó al no entender nada:

— ¿Qué está pasando aquí?

—Pregúntaselo a tu mujer —le respondió Eva antes de dar media vuelta y marcharse a por una copa.

Nahuel no salía de su asombro, Eva siempre era correcta y educada, pero parecía otra persona. Se volvió hacia su hermano y su esposa y, escudriñándolos con la mirada, les preguntó:

— ¿Se puede saber qué habéis hecho?

—No hemos hecho nada, cariño —le respondió Ana con fingida inocencia. Lo besó en los labios y le susurró al oído—: Estás muy sexy, señor Smith.

Derek aprovechó la ocasión para desaparecer de allí, Nahuel quería respuestas que él no sabía y a Ana se le daba muy bien distraerlo.

—No vas a lograr distraerme con tus armas de seducción, cariño —le advirtió Nahuel—. Vas a tener que confesar qué andas tramando con mi hermano y con Eva.

Nahuel no sabía nada de lo que había ocurrido entre Derek y Eva tres meses y medio atrás, así que Ana tuvo que poner al corriente de todo a Nahuel. A Nahuel no le hizo gracia que Ana se entrometiera en aquella historia, aquello era asunto de su hermano y de Eva y temía que, si algo saliera mal, Ana saliera mal parada.

Cita 92.

“El paraíso lo prefiero por el clima, el infierno por la compañía.”

Mark Twain. 

Sedúceme 1.

Habían pasado tres meses desde la boda de Ana y Nahuel y todavía seguían de luna de miel. Ruth continuaba teniendo aventuras sexuales con completos desconocidos pero, tras la bronca que tuvo con Eva, ya no los llevaba al apartamento que ambas compartían.

Eva se había volcado totalmente en su trabajo. Su jefe directo se había jubilado y a ella la habían ascendido a directora ejecutiva. Desde que regresó de sus vacaciones de verano había trabajado quince horas diarias de lunes a domingo.

Después de su aventura con Derek la noche antes de la boda de Ana y Nahuel, Eva decidió olvidarse de él y centrarse en su relación con Norbert, pero al regresar a la ciudad todo cambió. Cada vez le apetecía menos estar con él y, con la excusa de su reciente ascenso, Eva se refugió en su trabajo hasta que, un mes más tarde, Norbert ya no pudo callar por más tiempo y se lo reprochó:

—Nuestra relación es de mentira. Tú no estás enamorada de mí, lo sé desde que vi cómo mirabas al hermano del marido de tu amiga el día que se casaron.

—No sé de qué estás hablando —le dijo Eva tratando de disimular.

—Lo sabes perfectamente —le dijo Norbert tras un profundo suspiro—. No es de mí de quién estás enamorada.

Eva podría haber sido una hipócrita y haberle dicho que le amaba, podría haber seguido viviendo una mentira con Norbert. Pero estaba cansada de fingir. Se aburría demasiado con Norbert y ya ni recordaba la última vez que practicaron sexo. Se armó de valor y le dijo:

—Tienes razón, no estoy enamorada de ti. Pero el problema no eres tú, soy yo. Eres todo lo que siempre he deseado en un hombre, eres bueno conmigo y cuidas de mí, pero no siento mariposas en el estómago cuando estoy contigo, no tenemos química.

—Sin embargo, esa química te sobra con el cuñado de tu amiga Ana —le reprochó Norbert.

—Esto no tiene nada que ver con él, Norbert —le dijo Eva sin saber si realmente era sincera o no.

Norbert no dijo nada más, tan solo dio media vuelta y se marchó. Ya habían pasado dos meses desde entonces y Eva no había vuelto a saber nada de él.

Eva necesitaba hablar con alguien para desahogarse y, como Ana seguía de luna de miel con Nahuel, decidió hablar con Ruth, a quien tuvo que confesarle su aventura con Derek la noche antes de la boda de Ana. Ruth no se escandalizó, sobretodo porque siempre había creído que Norbert era un tipo simple y aburrido, pero no pudo evitar sorprenderse al descubrir que su amiga Eva, una maníaca de “hacer lo correcto”, había tenido una aventura con Derek estando con Norbert. Ruth no la juzgó ni se mofó de ella, Eva necesitaba desahogarse y Ruth la supo escuchar.

— ¿Y qué pasa con Derek? —Quiso saber Ruth.

—Con Derek no pasa nada, él está en la costa y yo en la ciudad, como debe ser —fue la respuesta de Eva.

Ruth discrepaba con ella, pero no quiso presionarla, era Eva quién debía darse cuenta por ella misma de lo que quería o a quién quería.

De lo único que estaba segura Eva era que necesitaba tiempo para pensar, para centrarse y aclarar sus ideas, así que volcó todo su tiempo en el trabajo. Le pidió a Ruth que no le dijera nada a Ana sobre su ruptura con Norbert, ya hablaría con ella cuando regresara de su luna de miel.

Eran las nueve de la noche cuando Eva entraba en el apartamento después de un largo día de trabajo. Ruth la recibió con una sonrisa en los labios y le dijo en cuanto puso un pie en el hall:

— ¡Ana regresa a la ciudad mañana por la mañana!

— ¿En serio? —Preguntó Eva animada por la buena noticia—. Tengo muchas ganas de verla, la he echado mucho de menos.

Ruth también había echado mucho de menos a Ana, sobretodo porque necesitaba que le echara una mano con Eva, a la que veía muy perdida en la vida y no sabía cómo ayudar.

Al día siguiente, Eva fue a trabajar por la mañana y decidió tomarse la tarde libre para ir a comer con Ana y con Ruth. Podrían haber quedado en cualquier restaurante, pero prefirieron quedar en el apartamento para poder hablar con mayor intimidad, tenían muchas cosas que contarse. Eva fue la última en llegar. Ana la abrazó en cuanto la vio y a Eva se le saltaron las lágrimas.

—Pero bueno, ¡si te has vuelto una sensiblera! —Le dijo Ana con cariño—. Chicas, os he echado muchísimo de menos y, como me he acordado mucho de vosotras, os he traído un montón de regalos.

Las tres amigas se sentaron en el sofá del salón para escuchar las aventuras de Ana durante su luna de miel con Nahuel. Después Ruth las puso al día sobre los últimos hombres con los que se había metido en la cama, la Ruth dulce, romántica e ilusa había desaparecido por completo desde que, dos años atrás, regresaron de aquellas idílicas vacaciones que disfrutaron el último verano sin responsabilidades. Eva, animada por Ruth, se sinceró con sus dos amigas. Ruth ya estaba al corriente de todo, pero Ana no tenía ni idea y se sorprendió. Al igual que Ruth, Ana no se sorprendió de que aquella relación finalizara, se sorprendió por el estado de su amiga, quién siempre había sido la mente fría de las tres.

—Eva, has tomado la decisión de dejar a Norbert porque él no significa nada para ti y con él jamás hubieras sido feliz —le recordó Ana—. No tengas miedo, has hecho lo correcto.

Las palabras de Ana reconfortaron a Eva, no podía sentirse mal por hacer lo que creía correcto, ella no tenía la culpa de no amar a Norbert como él esperaba.

— ¿Qué piensas hacer con Derek? —Le preguntó Ana con naturalidad. Ruth le hizo un gesto para hacerle saber que era mejor no mencionar el tema pero Ana lo omitió—. Has dejado a Norbert porque no eras feliz con él porque no lo amas, pero Derek también ha formado parte de esa decisión.

—No quiero hablar de Derek. Que haya terminado con Norbert no significa que vaya a salir corriendo a los brazos de Derek —espetó Eva sintiéndose atacada, aunque tan solo era el efecto que causaba negarse a aceptar la realidad—. Ahora mismo no estoy preparada para estar con un hombre y entre Derek y yo no hay nada, él vive en la costa y yo en la ciudad, él se divierte metiendo en su cama a una mujer distinta cada noche y yo quiero dormir todas las noches con el mismo hombre y que me sea fiel. Derek no es para mí, él no entra en mis planes.

Eva fue tan tajante en su respuesta que ninguna de las dos amigas quisieron seguir insistiendo con el asunto, pese a que ambas sabían lo evidente: Eva estaba enamorada de Derek aunque no quisiera aceptarlo.

Sedúceme.

Después del relato El último verano y de la novela Búscame, llega la novela Sedúceme, una novela que sigue la historia de Eva y Derek.

Tras la boda de Ana y Nahuel, Eva es ascendida en su trabajo y pasa la mayor parte en la oficina. Su relación con Norbert es cada vez más inexistente y él, que se percató de cómo mirada al cuñado de su amiga en la boda, sabe que el trabajo de Eva es solo una excusa para alejarlo.

Eva finalmente reconoce que, pese a ser el hombre perfecto con el que siempre había soñado, no está enamorada de él y deciden romper con la relación. Sus amigas se alegran de la ruptura, pues ambas sabían que Norbert jamás hubiera hecho feliz a Eva. Ana y Nahuel, tras regresar de la luna de miel, ofrecen una cena para los amigos y Eva se encuentra allí a Derek.

Revivir aquellas vacaciones de verano junto a él y la noche clandestina que vivieron un día antes de la boda de Ana y Nahuel, ponen a Eva en una situación confusa: quiere alejarse de Derek pero es incapaz de sucumbir a las ganas de estar con él. Derek la busca, le pide explicaciones y Eva acepta una cita con él, solo para hablar.

Pero cuando la atracción es tan grande, ¿de qué sirve resistirse? Eva decide seguir adelante, dejarse llevar y lamentarse cuando le toque. Mientras tanto, disfrutará de su relación con Derek sabiendo que tiene fecha de caducidad.

¿Será capaz de disfrutar sin preocuparse por lo que ocurrirá en el futuro? ¿Conseguirá que Derek deje de ser el mujeriego que es para comprometerse con ella? Si quieres saber más, aquí tienes todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

 

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