Archivo | febrero 2017

Confía en mí 10.

Confía en mí

Valeria se despertó en su cama algo confusa. Encendió la luz de la mesita de noche y miró el despertador, eran las once de la noche. Lo último que recordaba era que estaba con Jason en el sofá viendo la televisión y se estaba quedando dormida, así que dedujo que se durmió y Jason la había llevado a su cama. Suspiró con resignación antes de levantarse de la cama. Anhelaba estar entre los brazos de Jason y fue en su busca.

Salió al pasillo y escuchó la voz de Jason que procedía del salón, estaba hablando con alguien. Se acercó sigilosamente y se quedó tras la puerta del salón, escuchando lo que Jason decía:

–          Valeria está bien, ahora está descansando en su habitación. – Le decía Jason a su interlocutor. – Quiero que mantengas localizado a César Merino y a sus hombres, mañana regresamos a Sunbeach y quiero que todo esté bajo control. – Hizo una pausa larga y añadió antes de colgar: – Mantenme informado, quiero estar al corriente de todo.

Valeria esperó unos segundos antes de entrar en el salón. Jason estaba sentado en el sofá trabajando en su portátil cuando la oyó entrar y levantó la vista para mirarla. Pensó que estaba preciosa recién levantada y despeinada, tanto que tuvo que recolocarse el pantalón.

–          ¿Te he despertado? – Le preguntó Jason poniéndose en pie y acercándose a ella.

–          No, pero deberías haberlo hecho, llevo horas durmiendo. – Le contestó Valeria con una sonrisa en los labios.

–          Necesitas descansar, anoche no dormiste nada. – Le recordó Jason. – ¿Quieres que te prepare algo de cenar?

–          No, no tengo hambre.

–          Pues entonces, a dormir. – Le ordenó Jason. Valeria abrió la boca para protestar, pero Jason le puso un dedo sobre los labios para evitarlo y le recordó: – Has prometido seguir mis recomendaciones.

–          Tú también necesitas descansar. – Le replicó Valeria.

–          Está bien, nos vamos los dos a dormir. – Sentenció Jason divertido. Jason acompañó a Valeria a su habitación, le dio un beso en la mejilla y le susurró: – Buenas noches.

–          Buenas noches.

Valeria entró en su habitación, se vistió con el pijama y se metió en la cama. Jason también hizo lo mismo, pero en la habitación de invitados.

Habían pasado más de dos horas desde que Valeria se había metido en la cama y no conseguía dormirse cuando un mensaje llegó a su teléfono móvil: “Vas a ser mía, no lo olvides. Da igual cuantos agentes te protejan, me perteneces.” Valeria se estremeció. El mensaje había sido enviado desde un número oculto pero eso no le impedía saber quién era el remitente. Valeria se levantó de la cama y se dirigió a la cocina a beber agua, necesitaba calmarse, estaba temblando.

Sin hacer ruido, entró en la cocina, se sirvió un vaso de agua y se sentó en un taburete junto a la ventana, desde donde se podía contemplar gran parte de la ciudad de Suncity. No pudo evitar mirar con nostalgia la ciudad que le había dado los mejores momentos de su vida y también los peores. Las lágrimas inundaban su rostro cuando escuchó la voz de Jason a su espalda:

–          Valeria, ¿qué estás haciendo aquí? – Valeria se tensó y Jason se acercó a ella preocupado. – Valeria, dime qué está pasando. – Le ordenó agarrándola del brazo para que le mirase a los ojos y vio cómo las lágrimas corrían por sus mejillas, había estado llorando. – Valeria. – Añadió con tono de advertencia.

Valeria resopló, lo último que le apetecía era hablar del tema, se sentía frágil y vulnerable, no quería que Jason la viera así.

–          Estoy bien, no pasa nada. – Mintió Valeria. – No podía dormir y me he levantado a beber agua.

–          Mientes fatal. – La acusó Jason mirándola con el ceño fruncido y los ojos de un tono gris claro que delataban su preocupación. La escudriñó con la mirada y supo que le estaba ocultando algo. – Valeria, si no me cuentas qué ocurre no podré ayudarte. Confía en mí.

Valeria le sostuvo la mirada durante un instante, pero finalmente le entregó su teléfono móvil y le dijo la verdad:

–          He recibido otro mensaje.

Jason leyó el mensaje en el teléfono móvil de Valeria y sus ojos se tornaron de color gris oscuro. Apretó la mandíbula con fuerza, respiró profundamente tratando de controlarse y estrechó a Valeria entre sus brazos.

–          Me voy a quedar con tu teléfono móvil, mañana iremos a comprarte una tarjeta con un número nuevo. – Le susurró Jason. La cogió en brazos y la llevó a su habitación, donde la dejó con cuidado sobre la cama. – ¿Quieres que me quede contigo? – Valeria asintió y Jason se metió con ella en la cama, la abrazó y le susurró: – Duérmete, no me moveré de tu lado.

Valeria se quedó dormida en seguida, los brazos de Jason la calmaban y la hacían sentirse segura, era todo lo que necesitaba para poder relajarse y dormir. Jason apenas durmió en toda la noche, estaba pendiente de cada movimiento de Valeria, ella dormía plácidamente y él se había quedado hipnotizado mirándola.

A las ocho de la mañana, Valeria se despertó y lo primero que vio al abrir los ojos fue el rostro sonriente de Jason. Seguía entre sus brazos y Valeria no quiso moverse para no tener que separarse de él, pero le devolvió una tímida sonrisa al mismo tiempo que el rubor cubría sus mejillas.

–          Buenos días, señorita Mancini. – La saludó Jason de buen humor. – Voy a darme una ducha, tú puedes dormir un rato más.

–          No, un ratito más. – Le rogó Valeria con cara de niña buena.

Jason le sonrío, la besó en la frente y la estrecho contra su cuerpo, le gustaba tenerla entre sus brazos.

–          Me quedaría aquí contigo todo el día, pero el camión de la mudanza llegará en una hora para recoger tus cosas. – La besó de nuevo en la frente y añadió: – Necesito darme una ducha, no tardaré.

Jason se levantó y se dirigió al baño. Diez minutos después regresó a la habitación de Valeria envuelto en una toalla que le cubría de la cintura a las rodillas. Valeria seguía en la cama, no se había levantado. Jason le dedicó una sonrisa y fue a la habitación de invitados, donde tenía todas sus cosas, y se vistió. Fue entonces cuando Valeria se levantó y se dio una ducha.

A las nueve en punto de la mañana el camión de la mudanza aparcaba frente al portal del edificio y dos hombres robustos vaciaron el apartamento de Valeria bajo la supervisión de Jason, él se ocupó de todo mientras Valeria desayunaba en la cocina.

A las diez y media ya habían terminado de llevarse todas las cosas de Valeria y, tras recoger sus maletas, se dirigieron a la editorial en el coche de Valeria.

Valeria se despidió de sus compañeros, de Nadia, de Grace y de Charles, recogió las cuatro cosas que le quedaban en el que había sido su despacho y echó un último vistazo a la oficina en la que había trabajado los últimos cinco años.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason al ver la tristeza en sus ojos.

Valeria asintió con la cabeza para hacerle saber a Jason que estaba bien, aunque en realidad estaba triste por abandonar Editorial Love, por alejarse de los Stuart y de sus compañeros y por dejar atrás la vida que había tenido durante los últimos cinco años.

Jason la rodeó por la cintura con su brazo y juntos salieron del edificio de Editorial Love, había empezado a llover con fuerza y el cielo estaba tan gris que parecía como si estuviera anocheciendo. Tras subirse al coche, se dirigieron al aeropuerto, había llegado la hora de regresar a Sunbeach.

–          ¿Has comprado los billetes? – Le preguntó Valeria cayendo en la cuenta que no se había preocupado por nada de eso.

–          Más o menos. – Le respondió Jason sonriendo divertido.

–          ¿Más o menos?

–          Te dije que lo dejaras todo en mis manos, ¿confías en mí?

–          Te he entregado las riendas de mi vida hasta que todo esto se acabe, si no confío en ti, ¿en quién voy a confiar? – Le respondió Valeria coqueta.

–          Entonces, no te preocupes por nada.

La sonrisa de Jason hizo que Valeria sospechara que le estaba ocultando algo, pero se le veía tan alegre y relajado que no quiso hacer más preguntas, prefirió dejarlo todo en sus manos como él le decía.

Jason condujo hasta llegar al aparcamiento subterráneo del aeropuerto, donde paró frente a unas barreras que le impedían el paso. Jason enseñó una tarjeta a uno de los tipos de seguridad que se acercó hasta el vehículo y acto seguido las barreras se abrieron.

–          ¿A dónde vamos? – Le preguntó Valeria desorientada. – No había entrado por aquí al aeropuerto nunca.

–          Es una zona privada del aeropuerto, no vamos a volar en un avión comercial. – Le aclaró Jason mientras aparcaba en una de las pocas plazas reservadas que habían. – Volaremos en el avión privado de la agencia, llegaremos más rápidos y estaremos más cómodos y seguros.

Jason sacó el equipaje del maletero del coche y, cargando con las maletas, le hizo un gesto a Valeria para que subiera al ascensor que había justo al lado de donde habían aparcado. Cuando las puertas se abrieron, Valeria se encontró frente a una gran sala de espera con todas las comodidades imaginables.

–          ¿Dónde estamos? – Le preguntó Valeria a Jason susurrando.

–          En una de las salas de espera VIP del aeropuerto. – Le respondió Jason.

A excepción de los dos agentes de seguridad, no había nadie más en la sala. Jason le hizo un gesto a Valeria para que se sentase en uno de los sillones y él se acercó a los agentes de seguridad para hablar con ellos. Dos minutos después, regresó junto a Valeria y le dijo:

–          A causa de la tormenta saldremos con un poco de retraso, pediré que nos traigan algo para comer, llegaremos a Sunbeach pasadas las seis de la tarde.

Valeria asintió únicamente para que Jason supiera que le había entendido, pero ella tenía la cabeza en otra parte. Y, curiosamente, pensaba en él. Valeria no entendía por qué Jason se empeñaba en protegerla, pero tampoco quería saberlo, lo único que le importaba era que él estaba con ella y había prometido cuidarla.

Pasaron más de cinco horas en aquella sala esperando a que amainase la tormenta para que el avión privado de Jason pudiera despegar. Durante ese tiempo, Jason y Valeria charlaron, comieron y trabajaron desde sus respectivos ordenadores portátiles.

Valeria estaba navegando por internet buscando una oficina en alquiler o en venta para ubicar la nueva delegación de Editorial Love cuando uno de los hombres de seguridad del aeropuerto se acercó a ellos y le dijo a Jason:

–          Señor Smith, ya está todo listo para despegar, pueden subir al avión cuando lo deseen.

Jason asintió y rodeó a Valeria por la cintura al mismo tiempo que cruzaban la sala de espera seguidos por el agente de seguridad que cargaba con el equipaje de ambos. Atravesaron la puerta y salieron a la pista, donde un coche les esperaba para llevarles hasta el avión privado de la agencia de Jason.

Subieron al avión y se acomodaron en los sillones individuales para despegar. A Valeria no le pasó por alto que la joven y atractiva azafata le ponía ojitos a Jason mientras que a ella la miraba con odio y no pudo evitar pensar en si ambos habían tenido un affaire.

Jason se sentó al lado de Valeria y, al verla tan distraída, le preguntó mientras le abrochaba el cinturón de seguridad:

–          ¿Va todo bien? Estás muy callada.

–          Sí, es solo que estoy… asombrada. – Le confesó Valeria. – No sé cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por mí.

–          Si quieres agradecérmelo, solo tienes que cumplir tu promesa. – Le respondió Jason.

–          Cumpliré mi promesa y seguiré todas tus recomendaciones sobre seguridad. – Le aseguró Valeria. – Y, si voy a utilizar los servicios de la agencia, lo justo es que pague como todos los clientes.

–          No eres un cliente de la agencia, Valeria. Y por supuesto no voy a dejar que pagues. – Le dijo Jason sin opción a réplica. – Me has prometido que lo dejarías todo en mis manos y no te preocuparías por nada. – Le recordó Jason al ver cómo Valeria abría la boca para replicar.

–          ¿Por qué lo haces? – Le preguntó Valeria mirándole a los ojos.

–          Yo también te he hecho una promesa y voy a cumplirla. – Le respondió dedicándole una dulce sonrisa. – No dejaré que te ocurra nada.

El piloto anunció que iban a despegar y el copiloto y la azafata tomaron asiento en cabina. Valeria estaba nerviosa, nunca le había gustado volar con tormenta, odiaba las turbulencias y lo pasaba realmente mal durante el viaje.

–          Todo va ir bien. – Le aseguró Jason colocando su mano sobre la de Valeria.

El avión despegó y Valeria no se relajó hasta que alcanzaron la suficiente altura para estabilizar el avión y la luz del cinturón de seguridad se apagó. La azafata se acercó a ellos y, mostrándole su más seductora sonrisa, le preguntó a Jason con voz sensual:

–          ¿Desea que les traiga algo para beber, señor Smith?

Jason ni siquiera la miró, se volvió hacia Valeria y le preguntó:

–          Valeria, ¿te apetece algo?

–          Un poco de agua, por favor. – Le respondió Valeria sonriendo a Jason solo para fastidiar a la azafata que no dejaba de comérselo con la mirada.

–          Traiga una botella de agua para la señorita Mancini. – Le dijo Jason a la azafata tras devolverle la sonrisa a Valeria. Esperó a quedarse de nuevo a solas con Valeria y le dijo casi en un susurro: – Llegaremos a Sunbeach pasada la medianoche, pasaremos la noche en mi casa y mañana hablaremos de cómo nos organizaremos.

–          Creía que habíamos acordado que podría instalarme en el apartamento de Olivia.

–          Hablaremos de ello mañana. – Zanjo la cuestión Jason.

Valeria no le replicó, había visto cómo sus ojos se habían tornado de color gris y sabía que aquello no era una buena señal.

La azafata regresó hasta a ellos y le entregó una pequeña botella de agua a Jason, no sin antes dedicarle una sugerente sonrisa de la que Jason ni siquiera se percató. Pero Valeria sí se dio cuenta y aquello la puso de mal humor.

–          Aquí tienes el agua. – Le dijo Jason a Valeria entregándole la botella. – Intenta descansar un poco, apenas has dormido esta noche.

–          Como usted diga, director Smith. – Le replicó Valeria molesta.

–          ¿Estás enfadada? – Le preguntó Jason escudriñándola con la mirada.

–          No. – Le contestó Valeria de morros.

–          Valeria, mañana hablaremos y me temo que también discutiremos sobre el tema, pero esta noche te quedarás en mi casa. – Sentenció Jason. – Y ahora, descansa.

Valeria resopló, rodó los ojos y se resignó, no quería discutir con Jason y optó por hacerle caso y trató de descansar.

Jason encendió su ordenador portátil y continuó trabajando, pasar una semana fuera de la oficina le había retrasado mucho trabajo y tenía que ponerse al día cuanto antes.

Aterrizaron en un aeropuerto privado de Sunbeach pasada la medianoche. Valeria había pasado casi todo el vuelo durmiendo y Jason no quiso despertarla cuando aterrizaron, así que la cogió en brazos y salió del avión cargando con ella. Vladimir los estaba esperando al pie de las escaleras y alzó las cejas sorprendido en cuanto vio aparecer a Jason llevando a Valeria entre sus brazos.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Vladimir a Jason al mismo tiempo que abría la puerta trasera del todoterreno y le ayudaba a entrar cargando con Valeria.

–          Sí, está dormida. – Le respondió Jason en un susurro. – No quiero despertarla, no ha dormido nada los dos últimos días.

Sin dejar de sostener a Valeria entre los brazos, Jason se subió en los asientos traseros del todoterreno y Vladimir condujo rumbo a casa de Jason.

Confía en mí 9.

Confía en mí

Valeria estaba sentada a una de las mesas del bar del jardín junto a sus padres, Olivia y Mario, lidiando con su madre y sus preguntas. Paola quería saber qué se traía su hija con Jason Smith y Valeria estaba bastante reacia a hablar del tema. Pero Frank también quería saber más de aquella extraña relación, al fin y al cabo, era un padre preocupado por su hija pequeña.

–          Cielo, ese chico está pendiente de ti a cada momento y no he podido evitar fijarme en que anoche llegaste a la fiesta con él y esta mañana también. – Continuó hablando Paola.

–          ¿Has pasado la noche con él? – Preguntó Frank con reproche.

–          Papá, tengo veintiséis años. – Le recordó Valeria.

–          Da igual los años que cumplas, siempre serás mi niña pequeña. – Le replicó Frank.

–          Entonces, ¿estás con él? – Insistió de nuevo Paola.

–          No mamá, no estoy con él. – Zanjó el tema Valeria.

–          Cielo, no hace falta que me lo cuentes si no quieres, pero tampoco es necesario que nos mientas, no hay más que ver cómo te mira ese chico para saber que hay algo entre vosotros. – Concluyó Paola.

Valeria rodó los ojos, había olvidado lo que era tener que dar explicaciones de todo lo que hacía a sus padres. Todavía no había regresado a Sunbeach y ya se sentía como si tuviera quince años otra vez.

Cuando hubo acabado la reunión con Charles para darle el informe sobre los pequeños incidentes durante la fiesta, Jason se subió de nuevo a su coche y se dirigió al hotel en busca de Valeria. Le preguntó a la recepcionista por Valeria y se dirigió al jardín cuando le dijo que Valeria se encontraba allí con su familia. Le pareció ver a Valeria feliz y relajada con los suyos y sonrió al pensar en la buena noticia que Vladimir le había dado por teléfono. Jason se acercó a ellos mostrando su sonrisa más carismática, por alguna razón en la que no quería pensar, Jason quería causar buena impresión a la familia de Valeria.

–          Ahí viene Jason a buscarte, cielo. – Le anunció Paola a su hija.

–          Mamá, por favor. – Le advirtió Valeria.

Jason llegó hasta a ellos con una encantadora sonrisa en los labios y saludó a Mario y Olivia con alegría para posteriormente hacer lo mismo con el matrimonio Mancini. Paola le invitó a sentarse junto a ellos pero Valeria se puso en pie y dijo antes de que Jason contestara:

–          No podemos, mamá. Jason y yo ya tenemos planes y vosotros tenéis que salir ya hacia el aeropuerto si no queréis perder el avión.

–          Está bien, tendrá que ser en otra ocasión. – Se resignó Paola. Pero no satisfecha con eso, le dijo a Jason: – Podrías venir a cenar a casa con Valeria el próximo sábado.

Frank vio la cara de horror de su hija y decidió echarle una mano:

–          Paola, no pongas en un compromiso a los chicos, seguro que prefieren ir a cualquier otro lugar un sábado por la noche.

–          Lo cierto es que, si a Valeria no le importa, me encantaría acompañarla. – Intervino Jason dejándoles a todos sorprendidos, sobre todo a Valeria.

–          ¡Genial! – Exclamó Paola encantada. – Nos vemos el próximo sábado, ¿verdad, Valeria?

–          Eh, sí. – Balbuceó Valeria incrédula. – Supongo que sí.

Aturdida por lo que acababa de pasar, Valeria se despidió de sus padres, de Mario y de Olivia y les acompañó hasta el taxi que les llevaría al aeropuerto. Una vez el taxi desapareció de su vista, Valeria se volvió hacia a Jason y él, divertido, le preguntó:

–          ¿Qué planes tenemos?

–          De momento, ir a cenar a casa de mis padres el próximo sábado. – Le reprochó Valeria un poco molesta. – ¿Cómo se te ocurre? Mi madre piensa que estamos juntos y, mientras yo trataba de aclararle que estaba en un error, tú llegas y… En fin, ¿qué más da?

–          ¿Estás enfadada conmigo? – Le preguntó Jason sin comprender el motivo.

–          No. – Le aseguró Valeria tras meditarlo un instante. – Lo siento no pretendía…

–          No pasa nada. – La interrumpió Jason dedicándole una amplia sonrisa. – Tengo una buena noticia que darte.

–          ¿Cuál? – Preguntó Valeria impaciente.

–          Vamos al hotel y hablamos allí. – Sentenció Jason.

Vladimir le había confirmado a Jason que César Merino había entrado al país el lunes y que esta misma mañana lo había abandonado. Todavía existía algún que otro riesgo, ya que César Merino podría haber encargado a sus hombres que continuaran con el trabajo por él, pero también habían confirmado que las cámaras y los micrófonos habían sido instalados pero no los habían conectado, por lo que no habían podido obtener ninguna imagen ni ninguna conversación.

Valeria se contagió del buen humor de Jason y, sin hacer más preguntas, se subió al asiento del copiloto y sonrió mientras se dirigían al hotel donde Jason se alojaba.

Entraron en la suite y Jason se deshizo de la americana y la corbata mientras Valeria esperaba impaciente que se explicara hasta que no pudo más y le preguntó:

–          ¿No tenías una buena noticia que darme?

Jason se volvió hacia a ella y le sonrió de una manera tan sensual que Valeria tuvo que agarrarse al borde de la mesa del salón para no caerse al suelo cuando su cuerpo entero tembló. Jason se dio cuenta de lo que producía en ella y se acercó y le susurró al oído con la voz ronca:

–          No seas impaciente.

Valeria no supo descifrar si Jason había dejado caer aquella frase con doble sentido, pero tampoco le importaba, no estaba dispuesta a seguir esperando o acabaría volviéndose loca.

–          ¿Cuánto tiempo más voy a tener que esperar? – Le preguntó Valeria de morros.

Jason no pudo evitar soltar una carcajada al verla enfurruñada como una niña pequeña, al igual que tampoco pudo evitar pensar que Valeria estaba adorable e increíblemente sexy.

–          Vamos a sentarnos en el sofá. – Le dijo Jason a Valeria agarrándola de la mano. Esperó a estar sentados para empezar a decir: – En realidad, tengo dos buenas noticias pero, antes de dártelas, quiero que me prometas algo.

Valeria se fijó en los ojos de Jason, eran de un color gris claro. Intuyó que estaba preocupado, pero no furioso.

–          Tú dirás. – Lo animo a seguir hablando.

–          Quiero que me prometas que, hasta que todo esto se solucione del todo, dejarás que yo me encargue de tu seguridad y que seguirás mis recomendaciones. – Valeria frunció el ceño y Jason continuó hablando antes de que protestara: – No tienes que preocuparte de nada, tan solo déjalo en mis manos.

–          No quiero causarte más molestias, Jason.

–          No es ninguna molestia, lo hago porque quiero. – Musitó Jason con su tono de hombre de hielo. – Prométemelo, Valeria.

–          Está bien, te lo prometo. – Le prometió finalmente. – Dejaré que tú te encargues de todo este asunto y seguiré tus recomendaciones. Seré una buena chica. – Se mofó.

–          Recuerda que me has hecho una promesa. – Le dijo Jason molesto por el tono burlón de Valeria. – La primera buena noticia es que las cámaras y los micrófonos de tu apartamento acababan de ser instalados y todavía no estaban operativos, así que no han podido obtener ninguna imagen ni ninguna información. – Valeria sonrió y, contagiándose de su sonrisa, Jason continuó: – La otra buena noticia es que César Merino ha abandonado el país esta mañana.

Valeria se quedó helada. No le hacía falta conocer demasiado a César Merino para saber que jamás hubiera llegado a su apartamento únicamente para asustarla y amenazarla, era una advertencia y regresaría, estaba segura de ello.

–          Va a regresar, ¿verdad? – Quiso saber Valeria.

–          No lo sé, Valeria. – Le confesó Jason. Envolvió el rostro de ella con sus manos y, con un tono de voz suave y dulce, le susurró: – Voy a cuidar de ti, no dejaré que nadie te haga daño.

–          ¿Me lo prometes? – Le preguntó Valeria con un hilo de voz.

–          Te lo prometo, Valeria. – Le aseguró Jason estrechándola entre sus brazos. La abrazó hasta que notó que estaba más tranquila y le dijo: – Valeria, sé que no es agradable hablar de ello, pero sabes que tarde o temprano tendrás que hacerlo, ¿verdad? – Valeria se tensó y Jason le susurró: – Tampoco hace falta que hablemos de ello ahora, pero tendremos que hacerlo.

–          ¿Puedo regresar a mi apartamento?

–          Valeria, sabemos que César Merino no está en el país, pero ha podido dejar a sus hombres aquí. – Le dijo Jason haciendo un esfuerzo por contener su furia. – Me has prometido que dejarías que me encargue de tu seguridad y seguirías mis recomendaciones. – Le recordó tratando de suavizar su tono de voz.

–          Entonces, ¿qué me recomiendas? – Preguntó Valeria con un hilo de voz al ver a Jason con la mandíbula apretada y sus ojos se tornaron de un tono gris oscuro.

–          No puedes quedarte sola en tu apartamento, no es seguro. – Le quitó la idea de la cabeza Jason. Pero Valeria le miró enfurruñada y finalmente se oyó decir – Si quieres podemos quedarnos en tu apartamento en vez de aquí. – Valeria sonrió y le abrazó feliz, no se esperaba que Jason le permitiera tan fácilmente regresar a su apartamento. – De acuerdo, esta noche dormiremos en tu apartamento. – La complació Jason. – Tienes que decirme cuándo tienes previsto mudarte a Sunbeach, tendremos que organizarnos para el traslado.

–          ¿Viajarás conmigo a Sunbeach?

–          Mi trabajo en Suncity ya ha acabado, mis agentes han regresado a Sunbeach y yo también lo haré en cuanto tú hayas arreglado todo lo de la mudanza.

Valeria asintió. Jason le había prometido que iba a cuidar de ella y lo estaba haciendo. Sus agentes había regresado a Sunbeach y él se había quedado en Suncity solo por Valeria.

–          Tengo que hablar con Vladimir, me está esperando en su habitación. – Le anunció Jason a Valeria. – Tardaré cinco minutos, recoge tus cosas mientras tanto, nos marcharemos cuanto antes.

Jason dejó a Valeria en su suite recogiendo las escasas pertenencias que había cogido de su apartamento la noche anterior y se dirigió a la suite de al lado, donde Vladimir le esperaba. Llamó a su puerta y Vladimir abrió y le dejó pasar. Ambos intercambiaron una intensa mirada, Jason se había saltado todas las normas de su propia agencia, pero Vladimir no dijo nada.

–          Me quedaré con Valeria un par de días más, hasta que solucione todo lo que tiene pendiente aquí. – Le informó Jason. – Quiero que regreses a la agencia y averigües todo lo que puedas sobre César Merino y Luke Benson pero sin llamar la atención, quiero la máxima discreción con este asunto. – Vladimir asintió y Jason añadió: – Yo me ocuparé de la organización del equipo de seguridad para las vacaciones de los Duques de Sunbeach, puedo trabajar desde mi portátil.

–          No te preocupes por la agencia, yo me ocuparé del resto. – Le aseguró Vladimir, que sabía que Jason sentía algo especial por esa chica y estaba preocupado por ella, nunca lo había visto así. – ¿Cómo está ella?

Jason apretó los puños al recordar lo que Valeria les había confesado esta mañana, no sabía nada de ese secuestro y Valeria tampoco parecía querer hablar de ello, pero iba a tener que hacerlo.

–          Está más tranquila, pero creo que voy a volverme loco. – Le contestó Jason. – No quiere hablar y yo tampoco quiero presionarla, no quiero ponérselo más difícil.

–          Dale una tregua y recuerda que ella no es uno de tus agentes, no puedes darle órdenes y esperar que las cumpla sin hacer preguntas. – Le aconsejó Vladimir. – ¿Qué vas a hacer con ella cuando regreses a Sunbeach?

–          No lo sé, me ha prometido que dejaría que yo me ocupara de su seguridad, pero no me lo va a poner fácil.

–          La chica tiene carácter. – Se mofó Vladimir.

Jason se despidió de Vladimir, que regresaba a Sunbeach, y él se dirigió de nuevo a su suite, donde Valeria le esperaba. Ambos terminaron de recoger todas sus cosas de la suite y se dirigieron al apartamento de Valeria en el coche de Valeria.

Nada más llegar al apartamento, Valeria le enseñó a Jason la habitación de invitados y le dijo que se instalara mientras ella ponía un poco de orden en el apartamento. Las cajas con todas sus cosas invadían el hall, el pasillo y buena parte del salón, pero aún quedaban cosas por empaquetar antes de marcharse a Sunbeach.

Jason se instaló en la habitación de invitados y se dio una ducha mientras Valeria continuaba empaquetando cosas, aunque ya casi lo tenía todo listo.

–          Prepararé algo de comer con lo que encuentre en la cocina. – Le dijo Jason asomándose por el umbral de la puerta de la habitación de Valeria.

–          ¿Vas a preparar la comida? – Le preguntó Valeria sin poder ocultar un tono burlón en su voz.

–          Sí, se me da muy bien cocinar. – Le respondió Jason divertido, por fin la veía sonreír desinhibida. – ¿Confías en mí?

–          Sí, confío en ti. – Le confirmó Valeria mirándole a los ojos, que en ese momento eran de un azul intenso que hipnotizaban.

–          Entonces, déjalo en mis manos. – Concluyó Jason.

–          De acuerdo, termino de empaquetar la última caja, me doy una ducha y te ayudo, no tardaré mucho.

Valeria terminó de empaquetar la caja, hizo una pequeña maleta con ropa para tres días, se dio una ducha y se reunió con Jason en la cocina, donde no pudo evitar sonreír al verlo cocinando con tanta destreza. Jason estaba preparando unos macarrones a la boloñesa, Valeria lo adivinó por el delicioso aroma que desprendían.

–          Qué bien huele. – Le dijo a Jason.

–          Siéntate, ya casi está lista la comida. – Le dijo Jason haciéndole un gesto a Valeria para que se sentara a la mesa de la cocina.

–          Voy a coger una botella de vino que hace años que guardo para una ocasión especial y que, a día de hoy, sigue estando en el botellero. – Valeria cogió la botella de vino y sirvió un par de copas antes de sentarse.

Jason apartó la olla del fuego y sirvió los macarrones en dos platos que llevó a la mesa donde Valeria le esperaba sentada y le miraba sonriendo.

Comieron prácticamente en silencio, Jason no le quitaba el ojo de encima a Valeria y ella empezaba a ponerse nerviosa.

Después de comer, Jason la vio bostezar y, preocupado por ella, le dijo:

–          Tienes que descansar, anoche apenas dormiste.

–          Si duermo ahora esta noche no dormiré. – Se excusó Valeria encogiéndose de hombros.

–          ¿Quieres que hablemos? – Le preguntó Jason pero al ver el pánico en los ojos de Valeria añadió: – Necesito saber cuándo vendrá el camión para la mudanza y cuándo quieres ir a la editorial, me dijiste que querías pasar por allí para despedirte.

–          El camión de la mudanza llega mañana a las nueve de la mañana y tenía pensado pasar por la editorial en cuanto se llevaran todas mis cosas. – Le respondió Valeria. – Debería reservar los billetes de avión para regresar a Sunbeach.

–          Yo me encargo de todo, no tienes nada de lo que preocuparte. – Le susurró Jason agarrándola de la mano y llevándola al salón, donde hizo que se sentara junto a él. – Y también tenemos que hablar de tu regreso a Sunbeach, ¿dónde te vas a instalar?

–          Me instalaré con Olivia en su apartamento hasta que encuentre una casa dónde vivir, ni siquiera he empezado a buscar vivienda, todo ha sido tan repentino. – Le contestó Valeria pero, al ver su ceño fruncido y sus ojos grises, le preguntó preocupada: – ¿Hay algún problema con eso?

–          Tendremos que organizarnos, no puedes ir sola por ahí. – Fue la respuesta de Jason.

Valeria no hizo más preguntas, no quiso saber nada más. Le había prometido a Jason que dejaría que él se ocupara de su seguridad y ella siempre cumplía sus promesas.

Se acomodaron en el sofá a ver la televisión y Valeria acabó quedándose dormida. Jason la cogió en brazos y la llevó a su habitación, donde la depositó con cuidado sobre la cama y le echó una manta por encima. Eran las siete de la tarde, pero Valeria necesitaba descansar y Jason no quiso despertarla.

Cita 56.

“La esencia de la vida espiritual está formada por nuestros sentimientos y nuestras actitudes hacia los demás.”

Dalai Lama. 

Confía en mí 8.

Confía en mí

Estaba a punto de amanecer y Valeria continuaba durmiendo. Jason se acercaba a cada rato a la habitación para comprobar que ella estuviera bien. No sabía por qué se sentía tan protector y posesivo con ella, pero tampoco le importaba. El deseo y la necesidad de estar cerca de Valeria eran superior a cualquier razonamiento lógico.

Jason trataba de distraerse trabajando desde su portátil cuando escuchó hablar a Valeria. Le pareció que se estaba quejando y se puso en pie dispuesto a dirigirse hacia a ella cuando la escuchó gritar aterrada y corrió hasta llegar a su lado. La encontró sentada en la cama con la respiración agitada y los ojos anegados en lágrimas. Sin pensárselo dos veces, se sentó en la cama y la abrazó. La estrechó entre sus brazos y la acunó intentando que se calmara al mismo tiempo que le susurraba:

–          No pasa nada, solo ha sido una pesadilla.

Valeria estaba temblando. Había tenido una horrible pesadilla, una pesadilla que de vez en cuando regresaba para atormentarla en sus sueños. Habían pasado cinco años desde entonces, pero aquellas pesadillas continuaban acechándola y trayéndole de vuelta dolorosos y aterradores recuerdos que Valeria quería olvidar.

Cuando vio que Valeria se había calmado un poco, hizo que se tumbara de nuevo en la cama, la arropó y le susurró con un tono de voz suave que le sorprendió hasta a él mismo:

–          Duerme un rato más, todavía ni ha amanecido.

Valeria se sintió fría, insegura y sola en cuanto Jason dejó de estrecharla entre sus brazos. No quería separarse de él, necesitaba sentirlo junto a ella.

–          No te vayas, por favor. – Le suplicó Valeria en cuanto adivinó las intenciones de Jason de dejarla sola en la habitación.

Jason se quedó paralizado, ¿había escuchado bien? La miró a los ojos tratando de adivinar su gesto e intuyó que estaba asustada. No quería asustarla más de lo que estaba y para asegurarse de que la había entendido le preguntó:

–          ¿Quieres que me quede aquí? – Valeria asintió y Jason no se lo pensó dos veces, se metió con ella en la cama, la envolvió con sus brazos y le susurró al oído: – Ahora descansa, te prometo que no me moveré de aquí.

Entre los brazos de Jason, Valeria consiguió volver a dormirse. Jason la observó mientras dormía, Valeria parecía tan frágil y vulnerable dormida entre sus brazos que no pudo dejar de mirarla hasta que finalmente él también se quedó dormido.

Jason se despertó tres horas después y Valeria todavía dormía entre sus brazos, ni siquiera se había movido. No quería moverse para no despertarla y perdió la noción del tiempo contemplando lo bella que estaba Valeria mientras acariciaba la suave piel de su mejilla. Valeria empezó a moverse pero todavía seguía dormida. Se acurrucó contra el cuerpo de Jason y él se tensó, aquel gesto inconsciente de ella le había excitado y tuvo que hacer un esfuerzo para controlar sus impulsos. Intentó separarse de ella con cuidado para no despertarla, pero Valeria protestó todavía dormida y se acercó más a él.

–          Vas a acabar conmigo. – Musitó Jason entre dientes.

Media hora más tarde Valeria se despertó y lo primero que vio al abrir los ojos fue la sonrisa de Jason. Imágenes de la noche anterior acudieron a su mente, recordó que tuvo una maldita pesadilla y cómo Jason la complació quedándose con ella, le prometió que no se movería de su lado y todavía continuaba entre sus brazos.

–          Buenos días. – La saludó Jason.

–          Buenos días. – Le respondió Valeria con el rubor en las mejillas.

–          ¿Has dormido bien?

–          Sí, gracias por quedarte conmigo. – Le agradeció Valeria con un hilo de voz.

–          No tienes nada que agradecerme. – Le respondió Jason sonriendo. – Voy a pedir que nos traigan el desayuno, tienes que comer algo. Mientras tanto, si quieres puedes ducharte y vestirte. Vladimir no tardará en llegar, tenemos que hablar de lo que ocurrió anoche.

Lo que menos le apetecía a Valeria era hablar del tema y mucho menos estando Vladimir delante, a pesar de su aturdimiento la noche anterior, se había dado cuenta del gesto de desaprobación de Vladimir cuando llegó a su apartamento y vio a Jason pegado a ella y con la mano dañada a causa del puñetazo que le había dado a la pared.

Jason le dedicó una sonrisa antes de dejarla a solas y regresar al salón de la suite para pedir que les subieran el desayuno.

Valeria se levantó, se dio una larga y relajante ducha y se vistió con unos vaqueros pitillo y una camiseta con tirantes cruzados por detrás de color fucsia junto con unos botines negros de tacón alto. Estaba terminando de cepillarse el pelo cuando alguien golpeó la puerta de la habitación. No le dio tiempo a preguntar quién era cuando la puerta se abrió y pudo comprobarlo con sus propios ojos. Jason no llegó a entrar en la habitación, se quedó parado en el umbral de la puerta observándola. Valeria estaba saliendo del baño y ambos se quedaron mirando durante unos instantes hasta que Jason recordó para qué había ido allí y le dijo:

–          Acaban de traer el desayuno, tienes que comer un poco.

Valeria asintió y ambos pasaron al salón donde se sentaron a la mesa y desayunaron juntos en el más absoluto de los silencios.

Ella estaba nerviosa, sabía que de un momento a otro Vladimir aparecería por la puerta de la suite y con él las preguntas que ella quería evitar responder. Él también estaba nervioso, sabía que Valeria le estaba ocultando algo y ese algo la tenía aterrada, tenía que intentar que confiara en él pero no sabía cómo hacerlo, no sabía cómo plantearle la situación. También se había dado cuenta que Vladimir la intimidaba desde el primer día que lo conoció, pero Vladimir era su mano derecha, su amigo y también el mejor de sus agentes, no podía prescindir de él en este asunto. Finalmente, Jason se armó de valor y le dijo:

–          Valeria, quiero protegerte, pero no puedo hacerlo si no me ayudas, si no confías en mí.

–          Gracias Jason, pero estoy bien y en un par de días me mudo a Sunbeach. – Le respondió Valeria tratando de mantenerlo al margen de aquella locura en la que se había convertido su vida. – Probablemente haya sido una broma de mal gusto…

–          Ha sido mucho más que eso, Valeria. – La interrumpió Jason dando un golpe sobre la mesa, sin poder controlar su frustración. – Habían cámaras y micros en tu apartamento, es mucho más que una broma de mal gusto.

Valeria se puso pálida y Jason se arrepintió en ese mismo momento de lo que le acababa de decir y del tono que había utilizado. Debía aprender a controlar los impulsos si no quería que Valeria se asustara más de lo que ya estaba. El teléfono móvil de Valeria empezó a sonar y, aprovechando la ocasión, Valeria se levantó para coger el móvil y responder:

–          Hola Oli. – Saludó nada más descolgar al ver que era su amiga.

–          Val, ¿va todo bien? Ayer Mario y yo nos quedamos un poco preocupados cuando te fuiste tan de repente.

–          Todo está bien, Oli. – Mintió Valeria.

–          Me alegro, porque quiero verte y hablar contigo antes de regresar a casa o cancelo mi billete de avión y me quedo contigo en Suncity unos días más hasta que te mudes a Sunbeach. – Le dijo Olivia sin opción a réplica. – Últimamente estás muy rara, tenemos que hablar y ponernos al día, no podemos seguir así, Val.

Valeria lo pensó durante un segundo. Necesitaba hablar con Olivia, contarle todo lo que estaba ocurriendo y escuchar su opinión. Ella era la única que conocía su historia completa con Luke Benson y la única con la que podía hablar abiertamente de sus sospechas.

–          De acuerdo, dame una hora y voy a buscarte, así aprovecho y veo a mis padres antes de que regresen a casa. – Le dijo Valeria a Olivia. Su mirada se cruzó con la mirada de desaprobación de Jason y Valeria se afanó en despedirse de Olivia antes de colgar: – Te veo en un rato, tengo que colgar.

Jason estaba furioso, tenía la mandíbula tensa y los puños apretados, algo que no le pasó inadvertido a Valeria.

–          ¿Ocurre algo? – Le preguntó Valeria con fingida inocencia.

–          Dímelo tú, Valeria. – Musitó furioso. – Alguien entra en tu apartamento, te amenaza y tú haces como si nada y quedas con tu amiga Olivia para ir de paseo.

–          No pienso dejar de hacer mi vida, Jason. – Le advirtió Valeria. – Prefiero morir que vivir escondiéndome.

Justo en ese momento alguien llamó a la puerta de la suite y Jason fue a abrir. Dos segundos más tarde regresaba acompañado por Vladimir. Vladimir supo que algo no iba bien en cuanto vio la cara desencajada de su amigo y lo confirmó cuando vio a Valeria con el ceño fruncido y mirándoles a ambos con hostilidad.

–          Si no es buen momento, puedo volver más tarde. – Murmuró Vladimir.

–          Acabemos con esto cuanto antes, por favor. – Les respondió Valeria.

Vladimir miró a Jason para pedirle permiso antes de empezar a hablar, lo que había descubierto no era nada bueno y hubiera preferido hablarlo primero con él, pero Jason asintió, quería que Vladimir hablara claro delante de Valeria porque confiaba en que lo que Vladimir tuviera que decir influiría en la decisión de ella.

–          No traigo buenas noticias. – Empezó a decir Vladimir. – Además de las cámaras de vídeo, los micrófonos y el teléfono pinchado hemos descubierto una huella dactilar en el cuchillo que clavaron en la pared junto a vuestra foto.

–          ¿Has podido averiguar de quién es esa huella? – Le preguntó Jason con interés.

–          No te va a gustar. – Le previno Vladimir. – La huella pertenece a César Merino.

Jason se quedó inmóvil, no podía creerse lo que Vladimir acababa de decir. Pero la reacción de Valeria le hizo volver en sí. No pareció sorprenderse y tampoco preguntó quién era César Merino, lo conocía. Vladimir también tuvo la misma intuición y no dudó en preguntar:

–          ¿De qué lo conoces?

Valeria resopló resignada, no la dejarían salir de allí si no les daba una explicación. Sospechaba de César Merino pero Vladimir acababa de confirmárselo.

–          Es una larga historia. – Respondió Valeria. – Y no me apetece hablar de ello.

–          ¡Maldita sea, Valeria! – Vociferó Jason fuera de sus cabales. Ya no lo soportaba más, esa mujer iba a acabar con él y con su cordura.

Vladimir le lanzó una mirada a Jason para que se controlase, nunca lo había visto así, él siempre lo tenía todo bajo control, pero no podía controlar lo que esa mujer le hacía sentir y en ese momento se sentía frustrado. Como nada bueno iba a salir de la boca de Jason, Vladimir decidió intervenir y mediar entre ambos:

–          Señorita Mancini, es importante que entienda que César Merino es una persona muy peligrosa. – Empezó a decir Vladimir. – Ese tipo la está vigilando y la ha amenazado, va a por usted. Nosotros no pretendemos juzgarla, tan solo queremos protegerla y para ello es de vital importancia que nos facilite toda la información que nos pueda ser útil para mantenerla a salvo.

Valeria agradeció en silencio las palabras de Vladimir. La había tratado con respeto y le había hablado con sinceridad sin necesidad de maldecir ni hacerla sentir una mala persona. No entendía por qué Jason reaccionaba así con ella.

–          Durante el último año de universidad empecé a salir con Luke Benson, un chico malo al que le gustaba demasiado el dinero fácil. – Empezó a decir Valeria. – Estuvimos juntos un par de años, hasta que uno de sus trapicheos no salió bien y su cliente quiso tomarme como moneda de cambio. Los hombres de César Merino me secuestraron con el fin de usarme de garantía para que Luke les pagara lo que les debía. Estuve secuestrada durante tres días, el tiempo que Luke tardó en conseguir el dinero.

–          Eso no explica que César Merino venga a por ti, a menos que tu ex le deba dinero otra vez. – La acusó Jason usando un tono de voz frío como el hielo.

–          Intentó violarme, Luke llegó en ese momento y, en medio de un tiroteo, logró sacarme de allí. – Bufó Valeria sosteniéndole la mirada. – ¿Ya estás contento?

–          Vladimir, déjanos a solas. – Ordenó Jason sin dejar de mirar a Valeria. Vladimir obedeció y desapareció, ya tenía información suficiente para empezar a hacer su trabajo. Valeria estaba pálida y sus ojos reflejaban el pánico que tenía y que no quería reconocer. Jason se acercó a ella despacio y Valeria dio un paso atrás asustada. – Valeria, no voy a hacerte daño, solo quiero protegerte.

Valeria sabía que las intenciones de Jason eran sinceras y solo quería protegerla, probablemente por deformación profesional. Pero estaba segura que si continuaba tan cerca de Jason ella acabaría sufriendo, estaba empezando a sentir cosas por Jason que no debería sentir y aquello no acabaría bien para ella. Mario se lo había advertido, Jason no es de los que se comprometen con una mujer, no busca casase y formar una familia. Anthony Spencer también se lo había advertido, Jason solo buscaba sexo con ella y después se olvidaría, solo era uno de sus tantos caprichos. Pero Valeria no estaba dispuesta a alejarse de él, al menos no voluntariamente. Puede que todo aquello fuera un error, pero estaba dispuesta a seguir adelante aunque después tuviera que asumir las consecuencias.

–          Valeria, deja que cuide de ti hasta que todo esto se calme. – Le dijo Jason suavizando su tono de voz, no quería volver a asustarla. – No tienes que dejar de hacer tu vida si tienes protección. – Se acercó de nuevo a ella y esta vez Valeria no se retiró, se quedó dónde estaba. Jason acunó el rostro de ella con ambas manos y le susurró: – Confía en mí, solo quiero que estés bien. – Valeria asintió con la cabeza, las palabras de Jason le parecían sinceras. Jason sintió como el cuerpo de ella temblaba y, sin poder contenerse, la estrechó entre sus brazos, solo abrazado a ella conseguía sentirse bien. – Tengo una reunión con Charles Stuart en una hora en la masía, puedo llevarte al hotel donde se alojan tus padres y así tú estarás con ellos mientras yo estoy con Charles. Más tarde ya decidiremos lo que vamos a hacer.

–          De acuerdo. – Le contestó Valeria más calmada entre los brazos de Jason. – ¿Puedo pedirte algo, Jason?

–          Lo que quieras.

–          No le digas nada de esto a nadie. – Le rogó Valeria con un hilo de voz. – No le conté a nadie lo que ocurrió, excepto a Olivia.

–          ¿No lo denunciaste? – Le preguntó Jason volviendo a ser el hombre de hielo. Valeria se tensó y Jason decidió darle una tregua. – De acuerdo, no pasa nada. Ya hablaremos más tarde, cuando los dos estemos más tranquilos. – La besó en la frente con ternura, le dedicó una amplia sonrisa y le susurró con voz seductora: – Vas a acabar volviéndome loco.

Valeria le devolvió la sonrisa, aquellas palabras de Jason decían mucho más de lo que pretendían y eso le alegró el día.

Veinte minutos más tarde, Jason y Valeria llegaban en uno de los vehículos privados de la agencia al hotel donde se alojaban los padres y los amigos de Valeria. Aparcó el coche y acompañó a Valeria al salón del hotel donde los invitados charlaban y se despedían antes de regresar a sus casas. Jason colocó su brazo alrededor de la cintura de Valeria nada más entrar en el salón y Valeria maldijo en silencio cuando vio a Anthony Spencer, lo último que le apetecía era tener que hablar de nuevo con él. Jason notó la tensión en el cuerpo de Valeria y supo que ella también había visto a Spencer.

–          Tranquila, no tienes que preocuparte de él. – Le susurró al oído.

Paola había visto entrar a su hija junto con el señor Smith y fue testigo de la complicidad de ambos cuando los vio hablándose al oído. Estaba segura de que había algo entre su hija y Jason y estaba dispuesta a averiguar de qué se trataba.

–          ¡Cielo, te estábamos esperando! – La saludó Paola al mismo tiempo que abrazaba a su hija.

Jason retiró su brazo de la cintura de Valeria y ella se volvió a mirarle rogándole que no la dejara sola y Jason no se movió de su lado.

–          Hola mamá. – La saludó Valeria. – He venido a despedirme antes de que regreséis a Smalltown.

–          Lo sé, cielo. Olivia nos lo ha dicho hace un rato. – Miró a Jason y añadió: – Me alegro de verle de nuevo, señor Smith.

–          Lo mismo digo, señora Mancini. – Le respondió Jason mostrándole una encantadora sonrisa que Valeria no había visto antes.

–          Val, ¡por fin llegas! – Exclamó Olivia apareciendo detrás de Paola. – Tenemos que salir hacia el aeropuerto en un par de horas y necesito hablar contigo antes de irme.

–          Mamá, voy un momento con Oli a su habitación, en un rato regresamos y hablamos. – Le dijo Valeria a su madre.

–          Ve tranquila, estaré con tu padre y Mario en el jardín. – Paola le dio un beso en la mejilla a su hija y le dijo a Jason antes de marcharse: – Nos vemos luego, señor Smith.

Jason se despidió de Paola con una amplia sonrisa y Valeria no pudo evitar sentirse un poco celosa, aunque fuera de su madre. A ella nunca le había sonreído así. Jason se acercó a Valeria y le susurró al oído:

–          Tengo que reunirme con Charles en la masía, no te separes de Olivia y llámame si ocurre cualquier cosa. – Tomó su mano y depositó un beso sobre ella, un gesto de lo más sensual y seductor que hizo que Valeria se derritiera. – No tardaré en regresar.

Jason se despidió de ambas amigas y se dirigió al aparcamiento para subirse al coche e ir a la masía donde Charles le esperaba. Olivia agarró a su amiga del brazo y la arrastró hasta a su habitación, donde tras cerrar la puerta, le preguntó a Valeria:

–          ¿Qué ha sido eso que he visto? ¿Te has tirado al hombre de hielo?

–          No, anoche todo se complicó. – Le empezó a explicar Valeria. – Jason me acompañó a casa y le invité a subir al apartamento para tomar una última copa, pero cuando entramos alguien había estado allí.

Durante más de una hora, Valeria le contó todo lo que había pasado y cómo Jason había reaccionado frente a todos los acontecimientos. Valeria le confesó lo mucho que Jason le atraía, pero que a él no parecía interesarle.

–          No sé mucho sobre Jason Smith, sé lo poco que me ha contado Mario, pero hasta él me ha confesado que Jason parece una persona distinta cuando está contigo. – Le dijo Olivia a su amiga. – Te mira con una intensidad que me pone cachonda hasta a mí y no hay más qué ver lo posesivo que se pone cuando algún hombre merodea a tu alrededor.

–          Nada más lejos de la realidad. – La sacó de su error Valeria. – Oli, le pedí que se quedara conmigo después de tener la pesadilla y, a pesar de estar abrazados en la misma cama, no intentó nada.

–          Val, acababas de tener una pesadilla, estabas asustada y actuó como todo un caballero, dándote protección y consolándote, ¿o acaso hubieras querido que en ese momento te hubiera metido mano? – Le dijo Olivia tratando de animarla. – Anoche en la fiesta estuvo todo el tiempo pendiente de ti, sé que le gustas, lo sé yo y todos los que anoche os vieron juntos en la fiesta.

–          No sé qué pensar, supongo que tendré que esperar para averiguarlo.

–          ¿Cuándo te mudas a Sunbeach?

–          Tenía previsto viajar mañana o pasado mañana, pero después de averiguar que César Merino es quien está detrás de esto no sé qué pasará. – Le respondió Valeria.

–          Instálate en mi apartamento, tengo sitio de sobra y sigo en paro, podré quedarme contigo las veinticuatro horas del día si así lo quieres. – Le propuso Olivia. – Al menos mientras toda esta situación se normaliza, Val.

–          Esta noche hablamos de nuevo y te digo algo. – Le contestó Valeria sin querer asegurarle nada hasta haber hablado con Jason primero.

–          De acuerdo. Ahora vamos a buscar a tus padres y a Mario, en poco tiempo tenemos que marcharnos al aeropuerto.

Tras pasar más de una contándose confidencias, Valeria y Olivia salieron al jardín para reunirse con el matrimonio Mancini y Mario, Valeria quería hablar con ellos y despedirse antes de que regresaran a casa.

Confía en mí 7.

Confía en mí

Muchos de los invitados que conocían personalmente a Valeria se acercaron a felicitarla por su ascenso y su nuevo puesto como directora general de la delegación de Editorial Love en Sunbeach. La interrumpían constantemente, todos querían saludarla y darle la enhorabuena y Jason se fue impacientando. Quería hablar con ella y disfrutar de su compañía, pero estaba claro que mientras siguieran en la masía todo el mundo querría acercarse a ella. Aprovechando que Valeria iba a estar ocupada durante algunos minutos cuando se le acercó un grupo de cinco personas, todos escritores de los cuales Valeria era editora, Jason se acercó a Vladimir para que le mantuviera al corriente de la situación.

La poca paciencia que tenía Jason se esfumó en cuanto regresó junto a Valeria y la vio hablando de nuevo con Anthony Spencer. Valeria buscaba a su alrededor, estaba claro que no se sentía cómoda y ni Mario ni Olivia estaban junto a ella, por lo que se apresuró a colocarse a su lado y, colocando el brazo alrededor de la cintura de Valeria, le dijo a Spencer en un tono bastante amenazador:

–          Aléjate de ella, Spencer.

–          Tranquilo Smith, Valeria y yo solo estábamos charlando. – Le respondió Anthony Spencer sonriendo con malicia. Se volvió hacia a Valeria y, mostrando una sonrisa de lo más seductora, se despidió de ella: – Un placer hablar de nuevo contigo, Valeria.

Valeria no se despidió de Anthony Spencer, tan solo se limitó a seguirle con la mirada hasta que desapareció de su campo de visión.

–          Gracias. – Le agradeció Valeria a Jason con un hilo de voz.

–          ¿Estás bien? – Quiso asegurarse Jason.

–          Sí, Anthony Spencer no me ha dicho ni hecho nada desagradable, pero hay algo en su mirada que hace que salten todas mis alertas. – Le confesó Valeria. – Creo que ya he tenido suficiente fiesta por esta noche, será mejor que me despida de Grace y Charles y regrese a casa.

–          ¿Dónde están Mario y Olivia?

–          Han ido a pedir un par de copas.

–          Vamos a despedirnos de todos y te llevo a casa. – Sentenció Jason.

Tras despedirse de Grace y Charles Stuart, de Olivia y de Mario, Valeria y Jason se dirigieron al aparcamiento. Jason tenía previsto ir en uno de los todoterrenos de su agencia, pero Valeria le recordó que había dejado su coche allí y finalmente Jason accedió a ir en el coche de ella.

Jason condujo en silencio y concentrado en la carretera durante los quince minutos que apenas duró el trayecto. Cuando llegaron al edificio donde vivía Valeria, ella le señaló la entrada al aparcamiento del edificio y le preguntó:

–          ¿Te importa dejar el coche en el garaje? No me gusta dejarlo en la calle de noche.

Jason asintió con la cabeza y se dirigió hacia el garaje al mimos tiempo que Valeria le indicaba cuál era su plaza de aparcamiento. Una vez estacionado el coche, ambos caminaron hacia el ascensor.

Valeria no quería despedirse tan pronto de Jason, pero él se mostraba frío y distante con ella y no sabía qué hacer para que se quedara un rato más con ella.

Jason tampoco quería separase de Valeria, esa mujer se había convertido en su obsesión y Spencer se había dado cuenta de ello, razón de más para que Jason no quisiera separarse de ella.

–          Es pronto, ¿te apetece subir y tomar una copa? – Se arriesgó a preguntar Valeria.

Jason la miró sorprendido, no esperaba aquella invitación y no pensaba desaprovecharla.

–          Por supuesto, me encantaría. – Le respondió Jason con gesto serio.

Valeria ya no sabía qué más hacer o decir para que cambiara la cara de pocos amigos con la que Jason había estado prácticamente toda la noche, pero al menos había aceptado tomarse una copa con ella, lo que significaba que podría estar un rato más con él.

Entraron en el ascensor y cuando las puertas se cerraron la tensión sexual se instaló en el pequeño y metálico cubículo. Ambos fueron conscientes de la tensión que existía entre ellos y, cuando sus miradas se encontraron, Valeria se mordió el labio, estaba nerviosa, y Jason tuvo que controlar su instinto más primitivo para no devorarla, se sentía intensamente atraído por ella. Las puertas del ascensor se abrieron y a Valeria se le escapó un pequeño suspiro de alivio, estar encerrada con él en un ascensor era más de lo que podía soportar. Se dirigieron a la única puerta que había en el rellano, la puerta del apartamento de Valeria. Sacó las llaves de su pequeño bolso de mano, la introdujo en la cerradura y al girarla la puerta se abrió. Valeria dio un paso y se detuvo antes de entrar al ver el caos que había en el apartamento. Había empezado a empaquetar sus cosas para mudarse a Sunbeach, pero el desorden que había dejado en su apartamento antes de irse no era el caos que veía en esos momentos. Entonces vio una fotografía tamaño póster clavada en la pared con un cuchillo de cocina, una foto de esa misma noche en la que aparecían ella y Jason agarrándola por la cintura. – Valeria se tensó y se quedó paralizada ante la escena, bloqueando la puerta. Jason se percató de que algo no iba bien, se acercó a ella y, agarrándola por la cintura desde su espalda, le preguntó:

–          ¿Va todo bien?

Pero Valeria no contestó, parecía sumida en otro mundo y Jason se preocupó.

–          Valeria, ¿qué ocurre? – Se colocó a su lado y siguió su mirada hasta la pared donde estaba la fotografía. Jason sacó su pistola y le ordenó a Valeria: – No te muevas de aquí, voy a comprobar que no haya nadie.

Valeria estaba en estado de shock, aunque hubiera querido no hubiera podido moverse. Jason recorrió todo el apartamento para comprobar que no hubiera nadie. El sonido de su móvil devolvió a Valeria a la realidad, había recibido un mensaje. El remitente era un número oculto, abrió el mensaje y leyó: “Vas a ser mía.” Junto al texto, una fotografía en la que salía de espaldas y mirando de lado. Apenas un minuto más tarde, Jason regresó a su lado y le dijo mientras guardaba su pistola y sacaba el móvil para llamar a Vladimir:

–          No hay nadie. Dame un minuto, voy a hacer una llamada para… – Se detuvo al mirarla y ver el pánico en sus ojos. Sostenía su móvil entre las manos con fuerza y Jason se lo arrebató de las manos. Cuando vio el mensaje acompañado de esa foto en la que salía tan sexy ya no pudo controlarse, la furia le invadió y descargó su ira lanzando un puñetazo contra la pared al mismo tiempo que blasfemó: – ¡Maldita sea!

Valeria dio un respingo asustada ante aquella reacción que no se esperaba. Jason le había pegado un puñetazo a la pared y había hecho un agujero. Vio sus nudillos cubiertos de sangre y yeso y ya no pudo más. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, tampoco entendía por qué Jason estaba tan enfadado y, sin poder evitarlo, las lágrimas se derramaron de sus ojos y cayeron por sus mejillas.

En cuanto la vio llorar, Jason se maldijo en silencio por ser tan bruto y la estrechó entre sus brazos con fuerza al mismo tiempo que le susurraba:

–          Eh, tranquila, no va a pasarte nada. Estoy aquí, contigo. – Cuando pasados unos minutos logró calmar a Valeria, acunó su rostro con las manos y, limpiándole las lágrimas de las mejillas con ambos pulgares, se disculpó por su reacción: – Lo siento, no pretendía asustarte. ¿Te sientes mejor?

Valeria a duras penas asintió, con los ojos rojos por el llanto y el cuerpo tembloroso. Estaba asustada, pero en los brazos de Jason se sentía segura.

Jason la tomó de las manos, la llevó al salón y la hizo sentar en el sofá. Advirtió que estaba temblando y se quitó la americana de su traje para echársela a Valeria sobre los hombros al mismo tiempo que marcaba en su teléfono móvil el número de Vladimir.

Vladimir seguía en la masía donde se celebraba el aniversario de Editorial Love cuando recibió la llamada de Jason.

–          ¿Todo bien? – Le preguntó Vladimir nada más descolgar.

–          No, necesito que vengas junto con un par de hombres de confianza al apartamento de Valeria. – Le respondió Jason con tono gélido. – Ven rápido, es importante.

–          Salgo ahora mismo. – Le aseguró Vladimir antes de colgar.

Quince minutos más tarde, Vladimir entraba en el apartamento de Valeria acompañado por dos de los agentes de la agencia Smith, la agencia de seguridad de Jason. Nada más cruzar el umbral de la puerta, Vladimir vio la foto de Jason y Valeria clavada a la pared con un cuchillo y justo al lado vio un agujero en la pared, que adivinó que había sido obra de Jason al ver su puño cubierto de yeso y sangre reseca. Parecía que hubiera pasado un huracán por el interior del apartamento, Vladimir se acercó hasta a donde estaban Jason y Valeria y, al ver los ojos rojos de ella y su rostro compungido, le preguntó a Jason preocupado:

–          ¿Qué ha pasado aquí?

A Vladimir no le pasó por alto que Valeria le rehuía la mirada, estaba nerviosa y, por alguna razón, también advirtió que Jason se sentía culpable.

–          Cuando hemos llegado todo estaba revuelto y alguien había clavado una foto nuestra en la pared, dos minutos después Valeria ha recibido un mensaje de un número oculto con foto incluida. – Le respondió Jason.

–          La cerradura no está forzada y la foto es de esta noche, necesitaríamos saber quién tiene llaves del apartamento. – Comentó Vladimir. – Tomaremos huellas y revisaremos las imágenes de las cámaras de video vigilancia, algo encontraremos. – Le echó una rápida mirada a Valeria y le preguntó a Jason en voz baja: – ¿Qué vas a hacer con ella? Aquí no puede quedarse y tampoco es buena idea que se quede sola, deberías avisar a alguien que se ocupe de ella.

–          Yo me ocuparé de Valeria. – Sentenció Jason.

–          ¿De la misma forma que te has ocupado de la pared? – Le reprochó Vladimir. Jason lo fulminó con la mirada y Vladimir le dijo: – Llévatela, yo me ocuparé de todo.

–          Llámame cuando hayas acabado. – Le pidió Jason. Vladimir asintió y se dirigió hacia a los dos agentes que le acompañaban para darles instrucciones. Jason se acercó de nuevo a Valeria y, tomándola de las manos, la ayudó a ponerse en pie y le dijo suavizando el tono de voz para no asustarla todavía más de lo que ya estaba – Vladimir se ocupará de todo, coge todo lo que necesites para un par de días y nos vamos.

–          ¿A dónde vamos? – Preguntó Valeria con un hilo de voz.

–          No puedes quedarte aquí, al menos no esta noche. – Le contestó Jason. Valeria lo miró confundida y, cuando su mirada se topó con los ojos tristes de ella, decidió seguir el consejo de Vladimir y le dijo: – Esta noche te quedarás en el hotel, necesitas descansar.

–          No quiero ir al hotel ni regresar a la masía, no quiero preocupar a mis padres. – Le dijo Valeria con un hilo de voz.

–          Voy a llevarte al hotel donde me alojo, Valeria. – Le aclaró Jason mientras la ayudaba a preparar una bolsa de deporte con algo de ropa y productos de higiene personal. Valeria lo miró confundida, no estaba segura de haber entendido correctamente lo que le acababa de decir. Jason advirtió la confusión y el miedo en sus ojos y le aseguró: – Voy a cuidar de ti, no dejaré que te ocurra nada, ¿de acuerdo?

Valeria asintió, por un momento pensó que Jason la llevaría al hotel donde se alojaban sus padres y la gran mayoría de invitados al aniversario de la editorial y casi le da algo. Conociendo a su padre, si se llegaba a enterar de lo que había ocurrido no la hubieron dejado ni un minuto a solas y la habría obligado a trasladarse a Smalltown junto a ellos.

En cuanto Valeria hubo recogido todo lo que necesitaba, ambos se marcharon del apartamento dejando allí a Vladimir con los dos agentes y se dirigieron en el coche de Valeria al hotel donde Jason se alojaba.

Veinte minutos más tarde, entraban en la suite del hotel donde se alojaba Jason. Valeria recorrió la habitación con la mirada, era una suite amplia, con habitación, baño y cocina independiente, pero en la habitación solo había una cama.

–          ¿Voy a dormir aquí? – Se oyó preguntar.

–          Sí, tú dormirás en la cama y yo dormiré en el sofá. – Le respondió Jason dedicándole una tierna sonrisa. – Ve a ponerte cómoda mientras yo nos sirvo una copa, tenemos que hablar.

Valeria obedeció sin rechistar, le devolvió la americana a Jason y, tras coger la bolsa de deportes con sus cosas, se encerró en el baño para cambiarse de ropa y ponerse el pijama.

Jason se lavó las manos, eliminó los restos de yeso y sangre seca de su puño y sirvió un par de copas. Acto seguido se quitó la corbata y se arremangó la camisa antes de sentarse en el sofá mientras esperaba a que Valeria regresara. Cuando por fin la vio aparecer, tuvo que respirar con profundidad para tratar de controlarse y se recolocó el pantalón para disimular el bulto que crecía en su entrepierna. Vestida con un short de algodón ajustado y una camiseta de tirantes, que era lo que utilizaba para dormir, Valeria se sentó en el sofá junto a Jason y, cuando le miró, no supo si estaba enfadado, cansado o de mal humor, pero sabía que algo le ocurría a pesar de que tratara de ocultarlo con su máscara de hielo.

–          ¿Estás más tranquila? – Le preguntó Jason luchando en silencio contra su instinto más primitivo, quería hacerla suya en ese mismo momento. Valeria asintió y Jason continuó hablando: – Valeria, ¿tienes alguna ligera sospecha de quién puede haber entrado en tu casa y enviarte el mensaje?

Antes de responder, Valeria lo meditó. La única persona que podía tener alguna razón para estar enfadado con ella era Brian, su ex novio. Lo había dejado la misma noche que le propuso matrimonio y, apenas tres meses después, aparecía en la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love con otro hombre, una fiesta a la que iban a asistir juntos. Pero Brian era demasiado correcto y educado, en los dos años de relación que había tenido con Brian nunca había sido posesivo ni celoso, no sería capaz de hacer algo así.

–          No, no sé quién pudo haberlo hecho. – Le respondió Valeria.

–          La cerradura no estaba forzada, pudieron entrar con llave. – Prosiguió Jason. – Piensa en quién tiene o puede tener llaves de tu apartamento.

–          Cambié la cerradura hace tres meses. – Contestó Valeria recordando que había preferido llamar a un cerrajero antes que llamar a Brian y pedirle que le devolviera las llaves de su apartamento. – Solo le di una copia a Grace por si surgía alguna emergencia.

–          Está bien, no te preocupes. – Trató de tranquilizarla Jason. Le ofreció una de las copas que había servido y siguió con sus preguntas – Sé que no es fácil, pero debes intentar pensar en ello. Quien quiera que sea está celoso por habernos visto juntos esta noche y te considera suya, de su propiedad. – Jason la miró a los ojos y preguntó: – ¿Crees que hay alguien a tu alrededor que pueda encajar en ese perfil?

A Valeria le regresó a la mente el nombre de Brian, pero estaba totalmente segura de que él no había sido.

–          No lo sé, no lo creo. – Le contestó Valeria aturdida.

–          Estás agotada, lo mejor será que descanses. – Sentenció Jason. La tomó de las manos y la acompañó a la habitación. Retiró las sábanas para que Valeria se metiera en la cama y le dijo casi en un susurro: – Estaré justo al otro lado de la puerta, avísame si necesitas algo.

Valeria asintió y, cuando Jason estaba a punto de marcharse, lo agarró del brazo con suavidad y le dijo:

–          Gracias por todo, Jason. No sé qué habría hecho esta noche sin ti.

Jason le dedicó una sonrisa, la besó con ternura en la frente y le dijo antes de marcharse para dejarla descansar:

–          No tienes nada que agradecerme, ha sido un placer. Buenas noches, Valeria.

–          Buenas noches. – Le respondió Valeria ya casi dormida.

Jason la arropó, cerró la puerta de la habitación para que Valeria descansara y se dirigió al salón de la suite, donde se sirvió otra copa y llamó a Vladimir.

–          ¿Todo bien? – Preguntó Vladimir nada más descolgar.

–          Sí, aquí todo bien. – Le confirmó Jason. – ¿Alguna novedad por ahí?

–          Sí y no te va a gustar. – Le advirtió Vladimir. – Hemos localizado dos cámaras, una en el salón y otra en la habitación de Valeria. – Jason respiró profundamente y Vladimir continuó hablando – También habían pinchado el teléfono fijo y el ordenador de sobremesa, no se trata de alguien cualquiera, Jason. – Vladimir sabía que no era un buen momento, pero tenía que insistir: – ¿Has hablado con ella? Tiene que tener alguna ligera sospecha de quién puede estar haciendo esto. ¿Te ha hablado de Brian Adams? Ese tipo estuvo hablando con ella al principio de la noche y después se largó.

–          ¿Brian Adams estuvo allí? – Preguntó Jason sorprendido.

–          Sí, estuvo hablando con ella justo antes de que Anthony Spencer se acercara a ella para saludarla. – Le confirmó Vladimir. – Veré qué puedo averiguar sobre él.

–          Llámame cuando sepas algo. – Le dijo Jason antes de colgar.

Jason estaba furioso, la ira se apoderaba de él en cuanto pensaba que alguien se había colado en el apartamento de Valeria, alguien que creía que Valeria era suya, algo que, sin pretenderlo, lo destrozaba por dentro. Necesitaba despejarse o acabaría bebiéndose la botella y quería estar al lado de Valeria cuando despertara, así que decidió darse una ducha para tratar de calmarse.

Confía en mí 6.

Confía en mí

Cuando Valeria salió de la oficina ya eran pasadas las tres de la tarde. Llegó a casa, se preparó una ensalada para comer y se dio una ducha rápida. Tenía el tiempo justo para arreglarse y no hacer esperar a Jason, intuía que no era uno de esos hombres pacientes y relajados.

Se puso un vestido de noche de color rojo que se le ceñía al cuerpo como si de su propia piel se tratara hasta los muslos y después caía suelto hasta el suelo, con un escote abierto sujeto por dos finos tirantes que se unían en la nuca, dejando toda su espalda al descubierto. Se recogió el pelo en un moño alto dejando varios mechones caídos en forma de bucle y se maquilló de una manera muy natural, con un poco de sombra en los ojos, rímel en las pestañas y carmín en los labios del mismo tono rojo que el vestido. Se calzó sus zapatos rojos de tacón de aguja de diez centímetros. Regresó al baño y se perfumó con su perfume favorito que solo utilizaba en las grandes ocasiones, un perfume con esencia de jazmín.

Su teléfono móvil empezó a sonar y Valeria respondió tras echarse un último vistazo en el espejo:

–          ¿Sí?

–          Valeria, soy Jason. – Escuchó su voz al otro lado del teléfono. – Estoy frente al portal de tu edificio, puedes bajar cuando quieras.

A Valeria no le pasó por alto aquel tono distante en su voz, pero decidió ignorarlo, iba a dejarse llevar y disfrutar de la noche, que también iba a ser la noche de su despedida de Suncity.

–          Ya estoy lista, enseguida bajo. – Le respondió con tono alegre.

Jason había ido a buscar a Valeria en una limusina blanca, quería que fuera una noche especial para ella ya que sería una de las últimas noches que pasara en Suncity. Había organizado todo aquello en cuanto Valeria aceptó que asistieran juntos al aniversario de la editorial. Y, a pesar de lo molesto que se había sentido al descubrir que ella no les había dicho a sus amigos que estaban trabajando juntos, él no había cancelado esos planes. Empezaba a pensar que quizás Valeria le había dicho la verdad y simplemente se había olvidado de mencionárselo a sus amigos porque había tenido una semana caótica cuando la vio salir del portal. Estaba realmente impresionante con ese vestido rojo, tanto que tuvo que respirar profundamente para calmarse justo a tiempo para saludarla.

–          Estás… preciosa. – Acertó a decir Jason.

–          Gracias. – Le dijo Valeria tímidamente.

Jason abrió la puerta de la limusina y la invitó a entrar. Valeria subió a la limusina y fue entonces cuando Jason vio la espalda desnuda que el vestido de Valeria dejaba al descubierto. Se sentó junto a ella en la limusina y la observó con el ceño fruncido, no se le había olvidado lo ocurrido por la mañana. Permanecieron en silencio los quince minutos que duró el trayecto a la masía y cuando llegaron, Jason se bajó de la limusina y le tendió la mano a Valeria para ayudarla a salir. Valeria se agarró a la mano de Jason y la estrechó con fuerza cuando los flashes de las cámaras de fotos la deslumbraron. Había estado tan distraída pensando en Jason que había olvidado que el lugar estaría lleno de periodistas cubriendo el evento. Jason colocó su mano sobre la espalda desnuda de Valeria y la guio por la alfombra negra que llevaba a la puerta principal de la masía mientras los flashes de las cámaras les deslumbraban constantemente. A Valeria nunca le habían gustado los paparazzi y por eso tan solo atendía a la prensa en los eventos relacionados con su profesión. Siempre trataba de pasar desapercibida frente a las cámaras y lo había conseguido, al menos hasta esa noche. El aluvión de flashes que recibieron no era a lo que Valeria estaba acostumbrada y todos sus músculos se tensaron. Jason se percató de ello y la estrechó contra su cuerpo para tranquilizarla al mismo tiempo que le susurró al oído:

–          ¿Va todo bien?

Valeria echó un vistazo a su alrededor y mirara dónde mirara había periodistas y fotógrafos, lo cual la llamó bastante la atención.

–          No esperaba que hubiesen tantos periodistas. – Le respondió Valeria con un hilo de voz.

–          No te preocupes, no podrán entrar en la masía. – Le susurró de nuevo Jason. – Déjalo todo en mis manos y disfruta de la fiesta.

Ambos se miraron a los ojos y se sonrieron con complicidad, un momento de complicidad entre ambos que fue fotografiado por varios paparazzi.

A Jason tampoco le gustaba lo más mínimo dejarse ver en eventos públicos y mucho menos en los que la prensa cubría, pero después de todas las normas que se había saltado por Valeria, ya no le importaba saltarse una más. Se estaba dejando ver en público con una mujer, él que nunca se dejaba ver con ninguna de las chicas con las que salía, y ni siquiera la había besado todavía.

Entraron en la masía y fueron recibidos por los anfitriones Grace y Charles, quienes intercambiaron una cómplice mirada al verles llegar juntos.

–          Valeria, estás impresionante. – La aduló Grace mientras Charles le estrechaba la mano a Jason a modo de saludo.

–          Grace tiene razón, estás preciosa. – La secundó Charles.

–          Gracias, vosotros sí que estáis estupendos. – Les respondió Valeria. – ¿Cómo va todo por aquí?

–          Todo va genial, ya casi han llegado todos los invitados, deberíais pasar al salón y tomaros una copa antes de pasar al comedor para cenar. – Les sugirió Charles.

–          Tus padres y tus amigos están en el salón, ve a saludarles y diviértete, esta fiesta también es para ti. – Le recordó Grace a Valeria.

–          Te acompaño. – Sentenció Jason.

Valeria se dejó guiar por Jason hacia el salón y, tras saludar a los invitados con los que se iban cruzando por el camino, consiguieron llegar a donde estaban los padres de Valeria, Olivia y Mario. Jason los saludó educadamente y acto seguido se excusó con ellos al ver a Vladimir haciéndole una señal para que se acercara hacia a él.

–          Regreso en cinco minutos. – Le susurró al oído antes de marcharse.

Valeria siguió con la mirada a Jason hasta que lo vio reunirse con Vladimir y ambos desaparecieron tras subir las escaleras hacia la planta superior.

–          Cielo, Jason parece un buen hombre y está muy pendiente de ti. – Comentó Paola dirigiéndose a su hijo. – Y también es muy atractivo.

–          Paola, ese hombre le saca más de diez años a nuestra hija. – Comentó Frank, que no le hacía gracia que su hija pequeña tuviera un nuevo novio.

–          Jason solo está haciendo su trabajo, mamá. – Le advirtió Valeria. Echó un vistazo a su alrededor buscando una cara conocida para escapar del interrogatorio al que sus padres, Olivia y Mario tenían intención de someterla y vio a Brian, ya tenía la excusa perfecta para huir: – Disculpadme, tengo que saludar a alguien.

Sin añadir nada más, Valeria cruzó el salón y se dirigió hacia a Brian, que estaba de espaldas a ella hablando con alguien. Tuvo que pararse para saludar a muchos de los invitados con los que se cruzó por el camino, pero se excusó alegando que debía de ocuparse de un asunto y llegó hasta a Brian.

–          ¿Qué estás haciendo aquí? – Le preguntó Valeria sin saludarlo.

–          Yo también me alegro de verte. – Le respondió Brian con sarcasmo.

–          ¿A qué has venido? – Insistió Valeria con cara de pocos amigos.

–          Tú misma me invitaste hace unos meses. – Respondió. – Si no querías que viniese, deberías haber cancelado la invitación.

–          Brian, lo único que conseguirás es hacernos más daño.

–          El daño lo has hecho tú, Valeria. Te comportaste como una niñata malcriada y continúas haciéndolo, pero para cuándo decidas madurar, yo ya no estaré aquí. – Le advirtió Brian con la mandíbula tensa y los puños apretados. – Solo quería comprobar con mis propios ojos que los rumores eran ciertos y parece que así es.

–          ¿Qué rumores?

–          No te hagas la tonta Valeria, no te pega nada. – Le contestó con desprecio. – No te preocupes por mí, yo me voy ya.

Dicho eso, Brian dio media vuelta y caminó hacia a la salida. Valeria lo observó hasta que lo vio desaparecer, quería estar segura de que se marchaba de verdad.

–          ¡No me lo puedo creer, está aquí la señorita Mancini! – Exclamó una voz a su espalda.

Valeria no se lo podía creer, aquella noche no acabaría nunca. Había reconocido esa voz y no pudo más que resoplar resignada, dar media vuelta y saludar a Anthony Spencer. Debía ser educada y amable con los invitados, aunque fuera una fiesta no podía olvidar que se trataba de trabajo.

–          Señor Spencer, qué sorpresa verle por aquí. – Le dijo Valeria tratando de sonar amable y de dibujar una sonrisa en los labios, pero sin conseguirlo.

–          Un amigo me invitó a acompañarlo y, tras saber que tú ibas a estar aquí, no pude evitar aceptar la invitación. – Le contestó Anthony.

Aquellos ojos pequeños de color ámbar ocultaban algo oscuro y a Valeria no le gustaban nada, por muy bonitos que fueran. Anthony Spencer es un tipo atractivo, pero a Valeria su atractivo no le impresionaba ni mucho menos le interesaba.

–          Deberíamos salir a cenar una noche, estoy seguro que nos lo pasaríamos muy bien tú y yo juntos. – Continuó hablando Anthony, esta vez en susurros para que solo Valeria le escuchara. – A Jason Smith solo le interesa echar un polvo, mientras más difícil se lo pongas más lo tentarás, pero en cuanto lo consiga se olvidará de que existes. Solo eres su capricho de turno.

Valeria no pudo evitar pensar que todo el mundo opinaba lo mismo sobre Jason. Puede que todos tuvieran razón, pero no era lo que ella quería escuchar ni lo que quería creer y decidió ignorar de nuevo aquella información.

–          No sería una buena idea. No me gustaría hacerle perder el tiempo y menos aún que me lo hiciera perder a mí. – Le respondió Valeria con sequedad. – Si me disculpa, he de saludar al resto de invitados.

Sin más, Valeria dio media vuelta decidida a marcharse a la otra punta del salón para mantenerse alejada lo máximo posible de Anthony, pero cuando estaba a mitad de camino alguien la agarró del brazo y acto seguido se empotró contra el torso de un hombre, un hombre que sí le inspiraba seguridad a diferencia de Anthony Spencer.

–          Jason. – Balbuceó Valeria aturdida.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason tensando la mandíbula, con el ceño fruncido y los ojos de un color gris oscuro que la asustaron cuando le siseó: – Ven, tenemos que hablar. – Jason colocó su mano sobre la espalda de Valeria y la guio fuera del salón hasta llegar a un pequeño despacho donde se encerró con ella. La miró a los ojos, perturbándola aún más de lo que ya estaba, y le ordenó: – No vuelvas a acercarte a Spencer, es peligroso y no te conviene. Solo pretende que seas su juguete.

Valeria no dijo nada, aquella situación la superaba, no era la mejor noche para discutir y no tenía la menor intención de hacerlo por Anthony Spencer. Se sostuvieron la mirada sin decir nada durante unos segundos, ella pensaba en todo lo que le habían dicho de Jason y en lo poco que le había contado él; y él pensaba en qué le había podido decir Spencer a Valeria para que se hubiera quedado tan callada y distante.

Vladimir golpeó suavemente la puerta, sabía que Jason se había encerrado allí con Valeria y tenía que avisarlos, los invitados ya habían pasado al comedor, estaban tomando asiento y los Stuart estaban a punto de empezar el discurso. Jason abrió la puerta y Vladimir le dijo:

–          Todos están ya en el comedor.

–          En seguida vamos. – Le respondió Jason. Vladimir le escrutó con la mirada, aquel comportamiento no era nada normal en Jason y Jason, consciente de lo que estaba pensando Vladimir, añadió: – Solo será un minuto.

Vladimir asintió y se marchó dejándolos a solas de nuevo. Jason volvió a cerrar la puerta del despacho y le dijo a Valeria suavizando el tono de voz:

–          Valeria, si Spencer te molesta en algún momento de la noche solo tienes que decírmelo, ¿de acuerdo?

–          De acuerdo. – Le contestó Valeria con un hilo de voz.

Valeria estaba empezando a preocuparse, todavía recordaba la reacción de Mario en la inauguración del Lovers cuando había visto a Spencer a su alrededor. Mario le había dicho que Jason era un buen tipo y que no se comprometía con ninguna mujer, pero de Anthony Spencer no había dicho ni una sola buena palabra, a Mario tampoco le gustaba Spencer.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason preocupado. Valeria asintió, Jason se acercó a ella despacio, colocó el brazo alrededor de la cintura de ella y le susurró al oído: – Vamos a disfrutar de la fiesta, no me moveré de tu lado.

Valeria se sintió más relajada, con Jason a su lado se sentía segura y se lo hizo saber dedicándole una tímida sonrisa. Sin despegarla de su lado, Jason acompañó a Valeria al comedor donde todos los invitados ya estaban sentados en sus mesas. Ambos se sentaron en la mesa presidencial, acompañados por Charles, Grace, Nadia y los directores de los departamentos de marketing y contabilidad.

–          Te he estado buscando, he visto a Brian. – Le dijo Nadia a Valeria cuando se sentó a su lado.

–          Lo sé, yo también lo he visto. – Le contestó Valeria.

–          Y, ¿dónde está ahora? – Preguntó Nadia.

–          Se ha marchado, solo ha pasado a saludar. – Mintió Valeria.

Jason, que estaba sentado junto a Valeria, escuchó la conversación pero no dijo nada. Valeria le había dicho que no tenía novio y, si se trataba de un ex novio o de un amigo con derecho a roce, se alegraba de que se hubiera marchado.

Tras hablar con Brian, Valeria se había topado con Spencer y no había tenido tiempo de pensar en lo que le había dicho Brian sobre los rumores, no sabía a lo que se refería pero iba a averiguarlo.

–          Estás muy rara, ¿te encuentras bien? – Le preguntó Nadia.

–          Estoy bien. – Le aseguró Valeria zanjando el asunto.

Charles y Grace subieron al pequeño escenario para pronunciar el discurso del veinticinco aniversario de Editorial Love. Empezó hablando Charles, explicando cómo fundó la editorial con la ayuda de su esposa y Grace continuó diciendo cómo habían ido haciéndose un hueco en el sector hasta convertir Editorial Love en la editorial más importante del país y una de las más reconocidas y reputadas en el mundo. Entre los dos agradecieron el enorme esfuerzo que todos los empleados de Editorial Love habían hecho durante todos estos años y fue entonces cuando, lleno de orgullo, Charles anunció:

–          Tenemos una magnífica noticia que anunciaros y para ello quiero llamar a nuestra querida Valeria, que es la pieza clave en todo este asunto. Valeria, ¿te importaría unirte un momento a nosotros?

Charles sabía que a Valeria le gustaba pasar desapercibida en esta clase de eventos, pero esta vez la necesitaba para dar la noticia. Valeria respiró profundamente para infundirse valor antes de dirigirse hacia el pequeño escenario. Jason la miró a los ojos y le dedicó una sonrisa arrebatadora que la derritió. Ella le devolvió la sonrisa, se acercó a él y le susurró al oído antes de ponerse en pie para dirigirse junto a Charles y Grace:

–          Deséame suerte, la voy a necesitar.

–          Suerte, aunque no la necesitas. – Le aseguró Jason. – Todo va a salir bien.

Valeria se dirigió hacia el pequeño escenario donde Charles y Grace la esperaban y, una vez llegó hasta a ellos, Charles continuó con su discurso:

–          Ahora que ya estamos todos, queremos anunciaros que Editorial Love va a crecer y vamos a abrir una delegación en Sunbeach, de la cual estará al mando nuestra querida Valeria Mancini. – Todos los invitados aplaudieron y Valeria les guiñó un ojo a sus padres y a sus amigos. – Este es un proyecto muy importante para mi esposa Grace y para mí, siempre hemos querido abrir una delegación en Sunbeach, pero necesitábamos a alguien de plena confianza y con capacidad para asumir ese proyecto. Valeria es la persona adecuada para ello y está plenamente capacitada, prácticamente es ella quien se encarga de que la editorial funcione todo lo bien que está funcionando. – Añadió bromeando y todos estallaron en carcajadas. – El caso es que Valeria nació y creció en un pueblo cerca de la ciudad de Sunbeach y, cuando le hemos ofrecido la dirección de la delegación ha aceptado el cargo. – Se volvió hacia a Valeria y le dijo: – Creo que debes ser tú quien les explique en qué va a consistir el proyecto.

–          Buenas noches a todos. – Empezó a decir Valeria nerviosa. Buscó la mirada de Jason y cuando la encontró se sintió más segura, él le transmitía seguridad y serenidad. Respiró profundamente y continuó hablando: – Antes de nada, quisiera agradecer a Grace y Charles esta oportunidad, han depositado toda su confianza en mí y no les voy a defraudar, sobre todo teniendo en cuenta que Nadia me acompañará en este proyecto. Es un gran proyecto que empezaremos a hacer realidad la próxima semana y que esperamos poder inaugurar en septiembre. Estamos impacientes por llevarlo a cabo y estoy segura de que Charles y Grace les irán manteniendo informados sobre su evolución.

–          Por supuesto, estamos impacientes por finalizar el proyecto y aún no lo hemos empezado. – La secundó Grace. – Pero estoy segura de que en manos de Valeria será una realidad muy pronto.

Charles concluyó el discurso dando las gracias a todos los invitados por asistir y les animó para que disfrutaran de la cena y de la fiesta posterior.

Nada más bajar del escenario, Valeria se dirigió a la mesa donde estaban sentados sus padres, Olivia y Mario. Paola fue la primera en preguntar:

–          ¿Significa eso que regresas a casa?

–          Sí y no. – Le contestó Valeria a su madre sonriendo con ternura. – Trabajaré en Sunbeach, así que buscaré un apartamento en la ciudad. Ya no tendrás que coger un avión para venir a verme.

–          ¡Es una gran noticia! – Exclamó Frank levantando su copa para brindar. – Por tu ascenso, cielo.

Todos brindaron y se abrazaron felices por la gran noticia. Paola y Frank estaban encantados de que su hija se trasladara a Sunbeach, ningún padre ni ninguna madre quieren tener a sus hijos lejos. Olivia también estaba feliz con la noticia, su mejor amiga regresaba a casa y la distancia ya no sería un problema para poder verse. Y Mario también estaba contento, Valeria era una buena amiga y casi como una hermana a la que había echado mucho de menos.

Valeria regresó a la mesa presidencial cuando los camareros empezaron a servir la cena y se sentó junto a Jason, que estaba hablando con Vladimir. En cuanto Vladimir la vio llegar, se retiró para seguir con su trabajo. Jason se volvió hacia a ella, la recibió con una amplia sonrisa y le susurró al oído:

–          Todo ha salido genial, ahora ya puedes relajarte y disfrutar de la fiesta.

Cenaron mientras charlaban alegremente. Jason estuvo casi todo el tiempo con Valeria, pero cada hora que pasaba se levantaba de la mesa y se reunía con Vladimir para asegurarse de que todo seguía bien, Vladimir tenía controlado a Spencer en todo momento.

Después de cenar pasaron al segundo salón, donde habían dispuesto una sala de baile y una barra de bar al fondo.

Los padres de Valeria se despidieron y regresaron al hotel, estaban cansados y al día siguiente debían regresar a Smalltown. Acompañada por Jason, Valeria se unió a Olivia y Mario, quienes volvieron a felicitar a Valeria por su nuevo puesto. Había llegado el momento de disfrutar de la fiesta, habían muchas cosas por las que brindar.

Confía en mí 5.

Confía en mí

Valeria pasó toda la semana encerrada en su despacho desde las seis de la mañana hasta las ocho de la tarde. Jason pasaba la mañana en la oficina, se reunía con sus hombres y a la hora de comer, cuando todos hacían un descanso, se pasaba por el despacho de Valeria y la invitaba a comer. Por la tarde Valeria volvía a encerrarse en su despacho y Jason se dirigía con sus hombres a la masía para supervisar la instalación de los sistemas y dispositivos de seguridad que le facilitarían el trabajo, pero a las ocho de la tarde regresaba a la oficina solo y se ofrecía a acompañar a Valeria a su casa. El viernes a las ocho de la tarde, Jason también se presentó en la oficina de la editorial y se ofreció a llevarla a casa.

–          Hora de marcharse, mañana es el gran día y tienes que descansar. – Le anunció Jason al entrar en el despacho de Valeria.

Valeria le dedicó una amplia sonría, había esperado toda la tarde a que dieran las ocho solo para volver a verlo. Ambos salieron de la oficina y pasearon de camino a casa de Valeria. Jason estaba un poco tenso, debía hablar con ella y decidió no esperar más:

–          Por cierto, he visto la lista de invitados.

–          ¿Charles no te había informado de cuántos invitados asistirán al aniversario de Editorial Love? – Le preguntó Valeria confundida.

–          Sí, pero al revisar la lista de nombres me he encontrado a muchos que me resultan familiares. – Le respondió Jason para comprobar si Valeria sabía a lo que se refería.

–          ¡Oh, claro! – Exclamó Valeria. – Mario Colucci y mi amiga Valeria también asistirán, ambos están invitados.

–          Valeria, ¿has leído la lista de invitados? – Volvió a preguntar Jason.

–          No, de eso se encarga Nadia. ¿Qué ocurre?

–          Anthony Spencer está en esa lista. – Le aclaró Jason.

–          ¿El tipo siniestro del pub? – Quiso asegurarse Valeria de haber entendido de quién hablaba Jason. – No estaba entre los invitados de la editorial, probablemente sea uno de los invitados de nuestros escritores o colaboradores. No creo que Anthony Spencer sea un problema.

–          ¿Vas a llevar acompañante a la fiesta? – Le preguntó Jason.

Valeria lo estudió con la mirada, pero su rostro era indescifrable. Le miró a los ojos y vio cómo su iris pasaba de un tono azul a un grisáceo turbio, sabía que esa no era una buena señal.

–          No. – Se limitó a responder.

–          Asistiremos juntos al aniversario, Spencer no se acercará si nos ve juntos. – Sentenció Jason cuando llegaron al portal del edificio donde vivía Valeria. – Pasaré a recogerte mañana a las siete.

Valeria le miró preocupada. No conocía de nada a ese tal Anthony Spencer, tan solo había coincidido con él una sola vez en la inauguración del pub donde también conoció a Jason, pero había algo en los ojos de Spencer que no le había gustado nada, no le inspiraba ninguna confianza.

–          ¿Debo preocuparme por la presencia de Spencer en la fiesta del aniversario de Editorial Love? – Le preguntó Valeria mostrándose más preocupada de lo que le hubiera gustado aparentar.

–          Deja que sea yo quién me ocupe de eso. – Le susurró Jason con una tierna sonrisa en los labios. – Tú solo preocúpate de descansar esta noche para mañana poder disfrutar de la fiesta, el resto déjalo en mis manos.

Valeria no pudo hacer otra cosa que sonreír y Jason se percató del rubor que invadió sus mejillas. Tuvo que controlar las ganas que tuvo de estrecharla entre sus brazos y devorar sus labios, en lugar de eso, le dedicó una amplia sonrisa, la besó en la mejilla como había estado haciendo los días anteriores y se despidió de ella:

–          Buenas noches, Valeria.

–          Buenas noches. – Se despidió Valeria.

A la mañana siguiente, Valeria se levantó temprano y se dirigió al aeropuerto en su BMW 118 de color negro, quería ir a buscar a sus padres, a Olivia y a Mario. Los cuatro venían en el mismo vuelo y, como se iban a hospedar en el hotel cercano a la masía, Valeria quiso al menos recogerlos en el aeropuerto y llevarlos al hotel para que se instalaran tranquilamente.

Nada más salir por la puerta de embarque, su madre y Olivia se le arrojaron a los brazos mientras que su padre y Mario sonreían contemplando la escena, esperando su turno para saludar a Valeria.

Entre risas y abrazos, Valeria los saludó a todos y los llevó en su coche al hotel. Estaba aparcando en el parking del hotel cuando Vladimir la vio. Se había acercado a hablar con el equipo de seguridad privada del hotel para coordinarse y allí estaba ella, la chica por la que Jason había perdido el norte. La había investigado lo suficiente como para saber que las personas que le acompañaban eran sus padres, su mejor amiga Olivia y Mario Colucci, a quien ya conocía. Sacó su móvil y llamó a Jason.

–          ¿Todo bien, Vladimir? – Le preguntó Jason nada más descolgar.

–          Estoy viendo a tu hechicera aparcando su coche en el hotel, ha venido con sus padres, su amiga Olivia y Mario Colucci. – Le informó Vladimir sin andarse con rodeos.

–          Voy hacia allí, asegúrate de que no se encuentra con Anthony Spencer, no lo quiero cerca de ella. – Le ordenó Jason.

–          Tengo a Spencer controlado, su avión no aterrizará hasta dentro de tres horas. – Lo tranquilizó Vladimir, quien estaba al tanto de lo sucedido con Spencer en el pub y lo tenía vigilado.

Jason colgó y, tras subirse a uno de los coches oficiales de la agencia, se dirigió al hotel, que tan solo estaba a unos 5 km de la masía, donde él se encontraba. Cuando llegó al hotel se encontró a Valeria hablando con Grace y Charles, rodeada por sus padres, su amiga Olivia y Mario. Se acercó a saludarlos con la única intención de hablar con Valeria, a quien no esperaba ver hasta por la tarde, cuando pasara a recogerla para asistir juntos al aniversario de Editorial Love.

–          ¡Jason Smith, qué sorpresa! – Lo saludó Mario en cuánto lo vio.

Jason le estrechó la mano al mismo tiempo que intercambió una mirada con Valeria, una mirada que Valeria entendió perfectamente al ver cómo sus ojos azules se tornaban de un color gris turbio. Jason no entendía por qué Valeria no le había dicho a Mario que se habían visto y que estaban trabajando juntos.

–          ¡Jason! ¿Qué haces por aquí? – Lo saludó Olivia con simpatía.

–          Salvarnos la fiesta. – Intervino Grace al ver la cara de apuro de Valeria. – Jason está al frente de la seguridad de la masía. – Se volvió hacia a Jason e hizo las presentaciones oportunas, ya que a Valeria parecía habérsele comido la lengua el gato. – Jason, ellos son Frank y Paola Mancini, los padres de Valeria.

–          Encantado de conocerles. – Los saludó Jason desplegando todo su carisma.

A Paola le bastó una breve mirada a su hija para entender que algo se traían entre manos aquel hombre y su hija y lo saludó con una amplia sonrisa en los labios:

–          Lo mismo digo, Jason.

Frank se limitó a estrecharle la mano con desconfianza, había visto cómo Jason miraba a su hija pequeña, estaba interesado en ella.

–          Cielo, vamos a instalarnos en la habitación, nos vemos luego. – Le dijo Paola a su hija al mismo tiempo que tiraba del brazo de su marido para llevárselo de allí.

–          Nos vemos luego. – Se despidió de ellos Valeria mientras los observaba marcharse junto a Grace y Charles. Se volvió hacia a sus amigos y les pregunto: – Y vosotros, ¿qué queréis hacer?

–          Podríamos ir a comer. – Propuso Mario.

–          Lo siento, pero no puedo. – Se excusó Valeria. – Tengo que pasar por la oficina a ocuparme de un par de asuntos, pero quedaos con mi coche, yo cogeré un taxi.

–          Yo también tengo que pasar un momento por la oficina de Editorial Love, si quieres puedo acercarte. – Se ofreció Jason.

–          ¿No te importa? – Le preguntó Valeria. – No quiero molestarte y puedo coger un taxi…

–          No es ninguna molestia. – Le aseguró Jason. – Dame un par de minutos y nos vamos.

Jason se despidió de Olivia y Mario hasta la noche y acto seguido se dirigió hacia a Vladimir para contarle sus planes:

–          Voy a llevar a Valeria a la editorial

–          ¿No iba a ir en coche? – Le preguntó Vladimir alzando una ceja.

–          Sí, pero iba a regresar en taxi. – Le respondió Jason. – No creo que tarde mucho, pero llámame si surge cualquier imprevisto.

Vladimir asintió y no abrió la boca. Ya le había advertido a su amigo que aquella chica lo estaba volviendo loco y no había servido para disuadirlo, lo mejor era dejarlo y ya se le pasaría la obsesión.

Mario esperó a que Jason estuviera lo bastante lejos como para que no le escuchase y le dijo a Valeria:

–          ¿Qué hace Jason Smith trabajando para Editorial Love?

–          Fue una casualidad, nos quedamos sin empresa de seguridad y Charles contrató a su agencia para el trabajo.

–          Valeria, con Jason Smith nada pasa por casualidad. – Le advirtió Mario.

–          Estás paranoico, todo eso ocurrió la semana pasada mientras yo estaba de vacaciones y ni siquiera le conocía. – Le respondió Valeria.

–          Tiene pinta de ser un tigre en la cama. – Comentó Olivia divertida.

–          No es nada de lo que te imaginas, Jason se está portando como un auténtico caballero, demasiado para mi gusto. – Se lamentó Valeria.

–          Valeria, Jason Smith no es de los que se compromete, es de los que cambian de chica cada noche y ni siquiera se deja ver con ellas en público. – Le advirtió Mario. – No es un mal tipo, pero tampoco es un hombre que te convenga.

–          Lo tendré en cuenta. – Le respondió Valeria zanjando la cuestión.

A Valeria no le gustó lo que Mario le había dicho sobre Jason, pero no quiso discutir por algo que no tenía ningún sentido. Además, ¿qué sabía ella sobre Jason? Absolutamente nada. Ella le había hablado de su trabajo, de su familia, de sus amigos e incluso de su pasado, pero él no había mencionado nada, ni siquiera sabía si tenía hermanos o hermanas, o si su familia vivía en Sunbeach.

–          Por ahí viene tu caballero andante. – La informó Olivia cuando vio que Jason se acercaba a dónde estaban. – Llámame en cuanto te quedes a solas, tienes que ponerme al día.

–          Eres una bruja. – Le respondió Valeria sacándole la lengua.

Justo en ese momento Jason se unió a ellos y la miró frunciendo el ceño, sin entender a qué venía aquello.

–          Solo están bromeando. – Lo sacó de dudas Mario.

Jason cruzo una mirada de complicidad con Mario y acto seguido le dijo a Valeria:

–          Nos podemos ir cuando quieras.

–          Bien, pues será mejor que nos marchemos ya. – Le respondió Valeria con una amplia sonrisa en los labios. – Os veo luego.

Tras despedirse de Mario y Olivia, Jason y Valeria se subieron a uno de los todoterreno, propiedad de la Agencia Smith, y se dirigieron a Suncity. Apenas habían pasado diez minutos cuando Jason aparcó frente a la puerta del edificio donde se encontraban las oficinas de la editorial.

–          Te acompaño, he de coger unos documentos que hemos dejado en la sala de juntas. – Le dijo Jason al mismo tiempo que salía del coche. Rodeó el vehículo con rapidez y ayudó a Valeria a salir ofreciéndole su mano. Ella se lo agradeció con una tímida sonrisa y él le preguntó: – ¿Puedo preguntarte algo?

–          Acabas de hacerlo. – Le respondió Valeria divertida. – Claro, pregunta lo que quieras, pero no te aseguro una respuesta.

–          ¿Por qué no le has dicho a Mario y Olivia que estamos trabajando juntos?

Valeria se detuvo a escasos dos metros del ascensor y se volvió para mirarlo de frente. No quería mentirle, ¿pero qué le iba a decir? No iba a confesarle que hubiera preferido mantener aquello en secreto y que nadie lo supiese porque así no tendría que dar explicaciones por algo que aún no había pasado y tampoco quería escuchar lo poco que Mario le había dicho sobre él.

–          He tenido una semana dura, apenas he hablado con ellos y supongo que se me ha debido de olvidar mencionarlo. – Mintió Valeria.

Aquello a Jason no le sentó nada bien, ¿tan insignificante era para ella que ni siquiera se acordaba de mencionárselo a sus amigos?

Jason se apresuró en entrar en la sala de juntas y cogió los documentos que supuestamente necesitaba antes de despedirse de Valeria:

–          Paso a buscarte a las siete por casa. – Su tono fue frío y distante y Valeria se percató de ello.

–          Jason, espera. – Le dijo Valeria sintiéndose mal. Pudo ver cómo sus ojos seguían de color grisáceo.

–          ¿Sí? – Le preguntó Jason al ver que se había quedado callada.

–          Tendrás que saber mi número de teléfono o en qué piso vivo para avisarme cuando llegues. – Fue lo único capaz de decir Valeria.

Jason ya sabía su teléfono y dónde vivía Valeria, pero no había conseguido esos datos de una forma demasiado ética, así que le dijo:

–          Tienes razón, dame tu número de teléfono y te llamaré cuando esté de camino.

Valeria sacó una de sus tarjetas de visita de su bolso y anotó su número de teléfono personal detrás de la tarjeta antes de entregársela a Jason.

–          Aquí tienes, nos vemos dentro de unas horas. – Se despidió Valeria al mismo tiempo que le entregaba la tarjeta.

–          Nos vemos en unas horas. – Le confirmó Jason a modo de despedida, dio media vuelta y se marchó.

Valeria se encerró en su despacho pensando que Jason había estado frío y distante con ella, pero se consoló al recordar que esa noche asistirían juntos a la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love.

Decidió llamar a Olivia y hablar con ella, necesitaba desahogarse y nadie la entendería mejor que Olivia.

–          Empezaba a pensar que tendría que torturarte para que me llamaras y me contarás qué te traes con el señor Smith. – Le dijo Olivia nada más descolgar. – Porque me llamas para hablarme de él, ¿verdad?

–          Sí, pero solo porque creo que me voy a volver loca. – Le contestó Valeria. – No sé cómo ni por qué, pero ese hombre…

–          Ese hombre te pone. – Acabó la frase Olivia. – Val, hace tres meses que lo dejaste con Brian, tienes que salir, conocer hombres y satisfacer algunas necesidades básicas, como el sexo, y Jason parece estar dispuesto a ayudarte.

–          Ya has oído lo que ha dicho Mario, es de los que se acuesta con una mujer distinta cada noche. – Se lamentó Valeria.

–          También ha dicho que no se deja ver en público con ninguna de ellas y sin embargo un pajarito me ha dicho que vas a asistir con él al aniversario de la editorial. – Le replicó Olivia.

–          Ha venido a la oficina todos los días a última hora de la tarde para acompañarme a casa, la verdad es que si no hubiera sido por él creo que me habría tirado por la ventana, esta semana ha sido una locura. – Le explicó Valeria. – Lo tengo metido en mi cabeza día y noche, me mira y me hipnotiza hasta volverme torpe, esto no es sano, Oli. Pero tampoco estoy dispuesta a alejarlo, más bien todo lo contrario. ¿Qué se supone que debo hacer?

–          Por una vez en tu vida, deja de planear al segundo lo que vas a hacer y déjate llevar, disfruta del presente sin pensar demasiado en el futuro, lo que tenga que ser será. – Le respondió Olivia.

–          ¿Puedo pedirte algo?

–          No hace falta, seré una tumba. – Le dijo Olivia sabiendo que su amiga le iba a pedir que no dijera nada y fuera discreta con ese asunto.

–          Te quiero, Oli. – Se despidió Valeria. – No sé qué haría sin ti.

–          Te aburrirías. – Le dijo Olivia divertida y añadió antes de colgar: – Ponte un vestido sexy, así te aseguras de que Jason no se separe de ti en toda la noche.

Valeria se despidió de Olivia y decidió ponerse a trabajar. El próximo lunes iba a tener que dejar su despacho y quería asegurarse de dejarlo todo en orden.

Confía en mí 4.

Confía en mí

Vladimir condujo el todoterreno sin apartar la vista de la carretera salvo para cruzar alguna que otra mirada con Jason por el retrovisor. Vladimir no sabía qué pensar, su amigo y jefe parecía haberse vuelto loco por esa mujer, había aceptado un repentino encargo solo por tener la ocasión de estar con ella, incluso le había pedido que la investigara.

–          Estamos entrando en Suncity, ¿hacia a dónde me dirijo? – Preguntó Vladimir tomando la salida de la autopista para incorporarse al tráfico de la ciudad.

–          Déjanos en la Avenida Principal. – Le indicó Jason.

Apenas dos minutos más tarde, Jason y Valeria se apeaban del todoterreno en la Avenida Principal y, antes de despedirse, Jason le dijo a Vladimir:

–          Encárgate de informar a Klaus, quiero a los equipos preparados y en Suncity el sábado a mediodía. – Le miró directamente a los ojos y añadió: – Continúa con la investigación que te pedí, quiero saberlo todo.

A Vladimir no le hizo falta que le diera más detalles, quería que averiguase si Valeria Mancini estaba soltera.

Jason podría haberle preguntado a Mario todo lo que quería saber y, aunque estaba seguro de que no contestaría a todas sus preguntas, sí que le sacaría de muchas dudas. Pero Jason quería mantener al margen de todo esto a Mario, le había dejado muy claro que Valeria era como una hermana pequeña y si le preguntaba cualquier cosa sobre ella probablemente Mario alertara a Valeria sobre su reputación. Nunca se había escondido de ser quién era, Jason siempre se había mostrado claro y directo con las mujeres, les dejaba muy claro lo que quería y les advertía que él no era uno de esos hombres que se casaba y formaban una familia. Y tampoco le gustaba dejarse ver en público con ninguna de sus amantes. Por su trabajo, Jason debía ser un hombre discreto, los escándalos podían dañar la reputación de la Agencia y la suya propia. Pero estaba rompiendo todas las reglas solo por estar con Valeria. Vladimir tenía razón, esa mujer lo había vuelto loco, le tenía bajo su hechizo.

–          Tú conoces la ciudad mejor que yo, ¿tienes alguna sugerencia para ir a comer a un buen restaurante? – Le preguntó Jason a Valeria.

–          Mi restaurante favorito está a un par de calles de aquí, es un restaurante argentino especializado en carnes a la brasa. – Le respondió Valeria. – Si te apetece, podemos ir.

A Valeria le encantaba ir a comer a La Patagonia, pero a Brian nunca le terminó de convencer ese restaurante y siempre trataba de disuadirla cuando proponía ir a comer allí.

–          Suena genial, vamos allí. – Concluyó Jason.

Valeria llevó a Jason a La Patagonia y ambos se sentaron a comer en una de las mesas más retiradas del local. Jason cogió la carta, echó un vistazo a los platos y le preguntó a Valeria:

–          ¿Qué me sugieres que pida?

–          Siempre que vengo pido el solomillo “Angus”, pero cualquier cosa que pidas estará buena. – Le aseguró Valeria con una amplia sonrisa en los labios.

Cuando el camarero se acercó a tomarles nota Jason pidió dos solomillos “Angus” y una botella de vino tinto Malbec para acompañar.

–          ¿Cuánto tiempo hace que vives aquí? – Le preguntó Jason por entablar una conversación pese a que ya conocía la respuesta.

–          Me mudé a Suncity cuando cumplí los dieciocho años y me matriculé en la Universidad de la ciudad. Durante el último año de carrera hice las prácticas en Editorial Love y cuando me licencié me ofrecieron trabajo, así que aquí me quedé. – Le empezó a decir Valeria más relajada sin la presencia intimidatoria de Vladimir. – Pero echo de menos a mi familia y a mis amigos y, si todo va bien, pronto regresaré a mis adoradas tierras del sur.

–          ¿Vas a regresar a Sunbeach? – Preguntó Jason encantado con la noticia.

–          Sí, si todo surge según lo previsto. – Respondió Valeria sin querer dar más detalles. – Te lo confirmaré en el aniversario de Editorial Love.

–          Tu familia y tus amigos estarán contentos, ¿no?

–          Eres la primera persona a quien se lo digo. – Le confesó Valeria.

–          ¿Hay algún motivo, además de que echas de menos a tu familia y amigos, para que quieras dejar Suncity y tu trabajo en Editorial Love? – Le preguntó Jason frunciendo el ceño con preocupación y Valeria pudo ver como el color azul de sus ojos se desvanecía y en su lugar aparecía un tono gris perturbador.

–          Grace y Charles hace tiempo que planean abrir una delegación en Sunbeach pero debido al tiempo y dinero que requiere lo han ido aplazando. – Le comenzó a explicar Valeria sintiéndose cómoda con él. – Esta mañana me ha ofrecido dirigir la nueva delegación en Sunbeach y he aceptado. Grace quiere hacerlo oficial durante la fiesta del aniversario y no quiero decir nada hasta entonces, por si algo sale mal.

–          Lo entiendo, quieres que todo sea seguro para generar expectativas a tu familia. – Concluyó Jason. Y, como la vio relajada y habladora, aprovechó para preguntar: – ¿Y qué opina tu novio de que te mudes a Sunbeach?

Valeria abrió la boca para mencionar a Brian, pero la volvió a cerrar en el momento en que pensó lo que había estado a punto de decir. A pesar de que ya había terminado con aquella relación, había momentos en los que seguía pensando en él como su novio, era algo normal después de haber pasado los últimos dos años y medio con él. Valeria sonrió para salir del paso y le respondió:

–          No tengo novio, lo único que me retiene aquí es mi trabajo que me encanta.

Jason le devolvió la sonrisa, por fin había escuchado lo que tanto deseaba oír. Pensó que ese Brian Adams con el que Valeria aparecía en muchas fotos de internet de eventos a los que asistía quizás solo fuera un amigo o un ex novio. En cualquier, caso se alegró de que no hubiera nada que la retuviera en Suncity.

Mientras comían, Valeria le habló de sus amigos, le contó divertidas anécdotas de su infancia y adolescencia en Smalltown.

–          ¿Tienes hermanos? – Le preguntó Jason.

–          Tengo una hermana dos años mayor que yo, está casada y tiene una hija de tres años, mi querida ahijada Lía. – Le contó Valeria. – El mes que viene es su cumpleaños y esta semana me lo ha recordado cada vez que me ha visto, no quiere que me pierda su fiesta de cumpleaños y yo tampoco me la perdería por nada del mundo.

–          ¿Te gustan los niños? – Le preguntó Jason y se arrepintió en ese mismo momento.

–          No especialmente, pero Lía es distinta. A pesar de sus tres años, te sorprendería lo lista, pícara y lógica que es. – Le contestó Valeria sonriendo al recordar las travesuras de su sobrina. – No descarto tener hijos en un futuro, pero tampoco se me ha despertado el instinto maternal por el momento. Y a ti, ¿te gustaría tener hijos?

–          Si te soy sincero, nunca me lo he planteado. – Respondió Jason encogiéndose de hombros. No estaba preparado para contestar preguntas que jamás se había planteado, así que decidió cambiar de tema. – En este restaurante se come genial, ten por seguro que regresaré cuando venga a Suncity.

–          Me alegro de que te haya gustado. – Le dijo Valeria sonriendo coquetamente.

Puede que fuera el efecto del Malbec, pero se sentía cómoda y relajada, se sentía segura con Jason, a pesar de que prácticamente era un extraño.

Cuando terminaron de comer eran las seis de la tarde y ya casi era de noche, así que Jason se ofreció a acompañar a Valeria a su casa. Jason paró a un taxi libre cuando salieron del restaurante y Valeria se alegró de no ver allí a Vladimir, quería seguir estando a solas con Jason un poco más antes de despedirse.

Se subieron al taxi y en diez minutos llegaron al edificio donde vivía Valeria. Jason abrió la puerta del vehículo y antes de bajar le dijo al taxista:

–          No pare el taxímetro, en seguida regreso.

Jason salió del vehículo y le tendió la mano a Valeria para ayudarla a salir. Ambos se dedicaron una tímida sonrisa y caminaron despacio hacia el portal del edificio.

–          Ya hemos llegado. – Anunció Valeria al llegar al portal. No quería despedirse tan pronto de Jason, así que, para alargar la despedida, empezó a decir: – Gracias por llevarme a mi restaurante favorito, por invitarme a comer y por el agradable rato que me has hecho pasar, al final me he olvidado de todas mis preocupaciones del trabajo.

–          Ha sido un placer. – Le respondió Jason. – Cuando te mudes a Sunbeach te llevaré a mi restaurante favorito. Pasaré mañana a primera hora por la editorial, necesitaré los planos de la masía para empezar con la organización. Charles nos ha ofrecido una de las salas de juntas para reunirnos allí con los agentes, así que nos veremos todos los días en Editorial Love.

–          Hasta mañana, entonces. – Se despidió Valeria tratando de ocultar la absurda tristeza que sentía al pensar en alejarse de él aunque solo fueran unas horas. – Buenas noches, Jason.

–          Buenas noches, Valeria. – Le respondió Jason con una amplia sonrisa. Le dio un beso muy cerca de la comisura de los labios y añadió: – Hasta mañana.

Valeria asintió con la cabeza, dio media vuelta y se adentró en el portal del edificio para dirigirse a su apartamento.

Jason la observó hasta que la vio entrar en el ascensor, regresó al taxi y le pidió al taxista que le llevara al hotel donde se hospedaba. Allí se encontró con Vladimir y su cara de pocos amigos.

–          Te has vuelto loco. – Le espetó Vladimir en cuanto Jason apareció en la suite.

–          Podemos arreglárnoslas. – Le restó importancia Jason.

–          Es un espacio muy grande, con muchos invitados y muchos empleados, no podemos organizarlo todo en cinco días. – Le espetó Vladimir. – No entiendo por qué haces todo esto por una cría que apenas conoces y a la que le sacas diez años.

–          Casi once años, para ser exactos. – Le replicó Jason burlonamente. Pero acto seguido frunció el ceño y le preguntó a Vladimir: – ¿Crees que ella está al tanto de nuestra diferencia de edad? ¿Podría suponerle un problema?

–          Se te ha ido la olla, tío. – Dijo Vladimir ladeando la cabeza con resignación. – Esa chica te tiene idiotizado, aceptas encargos imposibles, me haces quebrantar mil leyes para investigarla y todo ¿para qué? ¿Para echar un polvo? No necesitas hacer todo esto para echar un polvo, puedes tener a mil chicas como ella que estarían encantadas de meterse en tu cama sin tener que pasar por todo esto.

–          Puede que sea así, pero ninguna de esas chicas me interesa. – Le respondió Jason con voz calmada. – No sé qué tiene Valeria, pero nunca me había atraído tanto una mujer y, antes de que digas nada, no se trata de sexo. – Vladimir le miró alzando las cejas con escepticismo y Jason le aclaró: – No se trata solo de sexo. Me gusta poder hablar con ella de cualquier cosa y que se muestre tan sincera y natural, no es como el resto de las chicas con las que suelo tratar. A Valeria quiero seducirla, no echar un polvo con ella y fingir que no la conozco.

–          Aunque cambiaras de opinión, ya es demasiado tarde para echarnos atrás. – Concluyó Vladimir. – Pero si me permites un consejo, la próxima vez que quieras seducir a una mujer inténtalo con el método tradicional: te presentas, le pides su número de teléfono, la invitas a cenar, a bailar, le envías un ramo de flores o cualquiera de esas cosas que suele hacer la gente normal.

–          Creo que intimidas a Valeria, le das un poco de miedo. – Le dijo Jason ignorando todo lo que Vladimir le acababa de decir.

–          Vale, haz lo que te dé la gana. – Se resignó Vladimir.

A la mañana siguiente, Valeria se levantó más temprano de lo habitual y a las seis y media ya estaba en la oficina. Por supuesto, allí no había ni un alma. Se encerró en su despacho y continuó poniéndose al día con el correo electrónico y no se dio cuenta de la hora que era hasta que Nadia entró en su despacho y le dio los buenos días:

–          Buenos días, Val. – La saludó Nadia. – ¿Qué tal fue ayer con el director de la agencia de seguridad? ¡Menudo bombón! Ya le conocías de antes, ¿verdad?

–          Buenos días, Nadia. – Le devolvió el saludo Valeria sonriendo divertida ante las preguntas de su asistente. – Ayer fue muy bien con el director de la agencia de seguridad y sí, es un bombón. Y sí, le conocí el viernes en la inauguración de un pub en Sunbeach.

–          Se nota que le gustas, deberías aprovechar esa oportunidad y darle una alegría al cuerpo que ya le va haciendo falta. – Se mofó Nadia.

–          Trabajo y placer, mal negocio. – Le recordó Valeria. Y, aprovechando aquella amena conversación, le preguntó cómo quién no quiere la cosa: – Nadia, tú también eres del sur, ¿no echas de menos tu tierra y a tu gente?

–          Todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto. – Le contestó Nadia. – Pero en Suncity era más fácil conseguir un buen trabajo así que aquí estoy. Siempre he tenido la intención de regresar, sobre todo después de dejarlo con mi ex, pero ha pasado un año y aquí sigo.

–          Si consiguieras un buen trabajo en Sunbeach, ¿te trasladarías allí?

–          Os echaría a todos mucho de menos pero sí, viviendo en Sunbeach solo estaría a una hora en coche de casa de mis padres. – Le respondió Nadia. – ¿A qué viene todo esto?

–          Nada, simple curiosidad. – Le contestó Valeria. – Me pongo un poco melancólica después de venir de visita de casa de mis padres.

–          A mí también me ocurre lo mismo. – Le respondió Nadia y la abrazó con ternura.

Nadia regresó a su mesa y Valeria se quedó en su despacho para seguir revisando el correo hasta que, pocos minutos después, alguien llamó a la puerta de su despacho.

–          Adelante.  – Invitó a pasar Valeria pensando que se trataba de Grace.

–          Buenos días, Valeria. – La saludó Jason tras abrir la puerta. – Solo quería pasar a saludarte y a preguntarte si ya tienes los planos de la masía.

–          Sí, aquí mismo los tengo. – Le respondió Valeria entregándole los planos. – Estaré por aquí, avísame si necesitas cualquier cosa.

–          Gracias. – Le respondió Jason mientras cogía los planos que Valeria le entregaba y le dedicó una seductora sonrisa antes de marcharse.

A las diez de la mañana alguien volvió a llamar a la puerta de su despacho, esta vez se trataba de Grace. Tras saludarla, se sentó en el sillón de en frente y le preguntó a Valeria:

–          ¿Has estado pensando en tu nuevo proyecto?

–          Sí, de hecho, no he podido dejar de pensar en ello. – Le confesó Valeria. – Grace, ¿hay algún problema si le pido a Nadia que venga conmigo a Sunbeach? No me gustaría tener que buscar otra asistente y probablemente Nadia acepte la propuesta, ella también tiene a su familia en el sur y en Sunbeach estaría más cerca de ellos.

–          No hay ningún inconveniente, Val. – Le aseguró Grace. – Vas a ser la directora de la delegación de Sunbeach, eres tú quién debe decidir a quién contratar, vas a ser tú la que tenga que trabajar día tras día con esas personas.

–          Entonces, ¿puedo hablar con Nadia y ofrecerle el puesto en Sunbeach?

–          Por supuesto, Val. Tanto Charles como yo queremos que estés cómoda y a gusto en tu nueva oficina. – Le confirmó Grace. – Por cierto, ¿qué tal con Jason Smith? No sabía que le conocías.

–          Lo conocí el viernes pasado, Mario Colucci nos presentó.

–          ¿Tu amigo Mario? Empiezo a creer que en Sunbeach todos los hombres son muy atractivos. – Bromeó Grace, que conocía a Mario de algunas veces que había ido a visitar a Valeria a Suncity. – Charles está reunido con Jason Smith, hemos tenido mucha suerte en que aceptara este encargo con tan poco tiempo, espero que aquí tengan espacio suficiente para reunirse con sus hombres.

–          Le he dicho al señor Smith que me avise si necesitan cualquier cosa. – Le dijo Valeria.

–          Bien hecho, necesitamos que trabajen cómodamente. – Le respondió Grace poniéndose en pie. – Te dejo que continúes trabajando y, si me permites un consejo, habla con Nadia antes de que se entere como todos los demás en el aniversario de Editorial Love.

Valeria asintió con la cabeza y Grace salió de su despacho sonriendo, así era Grace. Valeria decidió seguir su consejo y llamó a Nadia a su despacho.

–          ¿Ocurre algo? – Preguntó Nadia cuando Valeria le dijo que cerrara la puerta y se sentara en el sillón.

–          Grace y Charles van a abrir una delegación en Sunbeach y me han ofrecido el puesto de directora, quieren que me encargue de ponerla en funcionamiento y que la dirija. – Le empezó a explicar Valeria a Nadia. – Y, si quieres, me encantaría que vinieras conmigo.

Nadia miró a Valeria sin creerse lo que acababa de oír.

–          ¿Me estás ofreciendo este mismo puesto de trabajo en Sunbeach? – Quiso asegurarse Nadia.

–          En realidad, seguirás con el mismo contrato, pero tu oficina se ubicaría en otra ciudad, así que mantendrías la antigüedad y una bonificación por el traslado. – La informó Valeria.

–          ¡Por supuesto que acepto! – Exclamó Nadia emocionada arrojándose a los brazos de Valeria. – ¿Cuándo nos trasladaremos?

–          Grace quiere que nos pongamos a ello después del aniversario de Editorial Love. – Le contestó Valeria. – Darán la gran noticia durante la fiesta del aniversario, hasta entonces tendrás que ser discreta.

Ambas continuaron con sus tareas, tenían que ocuparse de todo el trabajo atrasado antes del aniversario de la editorial, quería dejarlo todo bien atado.