mesfebrero 2017

Propuesta indecente 6.

Alma Gemela

Después de salir del hotel, Nick se dirigió a su apartamento, desayunó y se cambió de ropa antes de dirigirse a casa de su jefe, donde llegó a los doce en punto, tal y cómo le había dicho Eduard. Estar en casa de su jefe para conocer a su hija no le apetecía nada, sobre todo teniendo en cuenta la noche que había pasado. Puede que se precipitara en decirle que no quería volver a verla, que se trataba solo de una única noche de placer. Ahora no podía quitársela de la cabeza y no era el mejor momento para hablar de trabajo, su mente solo era capaz de reproducir una y otra vez los momentos vividos la noche anterior.

–  Pasa Nick, vayamos a la terraza a bebernos una cerveza. – Le saludó Eduard en cuanto entró en la casa. Eduard vio como Nick miraba a su alrededor tratando de localizar a su hija y le dijo: – Mi hija aún no ha llegado, pero no tardará en llegar. Supongo que no ha sido tan buena idea celebrar esta reunión un domingo, veo que tú también saliste de copas, ¿no?

–  Fui a cenar a casa de mis padres y me hermano me convenció para salir a tomar un par de copas, pero ya sabes cómo acaban estas cosas. – Fue la respuesta de Nick no del todo sincera.

Eduard Blackwell era un hombre al que le gustaba saberlo todo sobre las personas que le rodeaban y sabía que a su mano derecha le gustaban mucho las mujeres, le gustaban tanto que no se comprometía con ninguna. Eduard estaba seguro de que algún día eso cambiaría y Nick encontraría a la mujer perfecta para él, pero mientras tanto hacía bien en divertirse.

–  Sé que no te hace ninguna gracia esta situación, pero estoy convencido de que eso cambiará porque ella no es como la mayoría de las chicas, aunque no suene creíble en boca de su padre. – Le dijo Eduard a Nick. – Tiene mi carácter, así que tendrás que tener paciencia con ella. Aunque también tiene la belleza de su madre.

–  Me muero de curiosidad por conocerla, Eduard. – Le contestó Nick mirando su reloj. – ¿Se va a retrasar mucho?

–  Me llamó justo antes de que tú llegaras para decirme que venía de camino. – Le informó Eduard a Nick. – Ya debería estar aquí.

Erika se estaba bajando del taxi en ese mismo momento y se encontraba frente a la puerta principal de la casa de su padre. Nada más huir del hotel, se dirigió a su apartamento donde se duchó y se preparó para ir a casa de su padre, aunque se entretuvo un poco bajo el agua de la ducha y había tenido que llamar a su padre para decirle que se retrasaría un poco. Necesitaba comprar un coche para evitar tener que encontrar un maldito taxi cada vez que necesitara moverse por la ciudad.

–  Buenos días, señorita Blackwell. – La saludó Peter, el guardaespaldas de su padre desde hacía ya quince años.

–  Buenos días, Peter. – Le contestó con una sonrisa. Hacía mucho que dejó de insistir a Peter para que la llamara por su nombre de pila. – ¿Dónde está mi padre?

–  El señor Blackwell está en la terraza con el señor Button, la están esperando.

Genial, se dijo Erika. Era la única que llegaba tarde, aunque solo fueran veinte minutos. Se suponía que anoche iba a tomar un par de copas y regresaría pronto a casa, pero en lugar de eso decidió pasar la noche en el hotel más lujoso de la ciudad con un auténtico desconocido que la llevó al cielo una y otra vez hasta caer rendidos. Y a pesar de que ahora mismo desearía haber dormido un poco más, no se arrepentía de la decisión que había tomado. Solo había sido un desliz que no volvería a repetirse y la ciudad era demasiado grande como para coincidir con él casualmente.

Erika se dirigió a la terraza y se sorprendió al ver a su padre sentado junto a Nick, el hombre con quien había pasado la noche. ¿Qué coño estaba haciendo allí?

–  Erika, por fin has llegado. – La saludó su padre dándole un beso en la mejilla mientras Nick miraba la escena tensándose cada vez más. – Quiero presentarte a Nick Button, mi mano derecha en la empresa y con quien trabajarás a partir de mañana.

Erika no se lo podía creer, pero se puso su máscara de actriz y le tendió la mano a Nick al mismo tiempo que le decía:

–  Encantada de conocerle, señor Button.

Nick le estrechó la mano y asintió, estaba demasiado desconcertado como para decir algo coherente y que Eduard no empezara a sospechar, pero Eduard ya se había percatado de la reacción de ellos dos, aunque prefirió no decir nada.

–  Cielo, ¿quieres una cerveza? – Le preguntó Eduard a su hija entregándole un botellín que había cogido del cubo lleno de hielo.

–  Gracias, papá. – Respondió ella tras dar un trago de la fría cerveza.

–  Ambos conocéis a Adolf Wolf, es el actual propietario de Presents, la empresa que queremos absorber. El padre de Adolf Wolf la llevó a la quiebra por sus deudas y después se suicidó, dejándole a su hijo la empresa en quiebra. – Empezó a decir Eduard. – No quiere venderla porque está convencido de que puede levantarla y está buscando inversores para conseguirlo. Tenemos que lograr que Wolf nos venda la empresa y vosotros dos juntos os vais a encargar de ello.

Esta no era una noticia que cogía por sorpresa a Erika, pero sí a Nick, que estaba convencido que Eduard recapacitaría y mantendría al margen a su hija en esta negociación, pero por lo visto había decidido que lo mejor era que él y Erika trabajaran juntos.

Nick estaba bloqueado. No esperaba volver a ver a Erika, al menos tan pronto, pero mucho menos pensó que se la podía encontrar en casa de su jefe. Iba a tener que verla en la oficina todos los días y eso complicaba enormemente las cosas. Había pasado la noche con la hija del jefe y estaba seguro de que eso a Eduard no le haría ninguna gracia.

–  Nick, ¿estás bien? – Le preguntó Eduard al ver que su siempre atento empleado estaba de mente ausente.

–  Sí, disculpa solo estaba un poco distraído. – Se disculpó evitando mirar a Erika.

Eduard cada vez entendía menos lo que estaba pasando y dijo:

–  ¿Qué está pasando aquí?

–  Esta reunión es inútil, papá. – Le contestó Erika resoplando. – Y tampoco creo que sea buena idea que el señor Button y yo trabajemos juntos, probablemente le estorbaré más de lo que le pueda ayudar y eso no es lo que queremos. Ciertamente, me gustaría estar presente en esa negociación, creo que va a ser muy interesante.

–  Sigues empeñada en empezar desde abajo. – Afirmó Eduard nada contento. – ¿Por qué me lo pones todo tan difícil? Me enorgullezco de que aprecies la sencillez y seas tan humilde, pero deberías aprovechar las oportunidades que tu posición social te otorga. Quiero jubilarme y tú convertirás en la directora de la empresa, has pasado en la oficina más tiempo que muchos de mis más antiguos empleados y sabes de sobra cómo funciona todo esto.

–  He pasado cinco años fuera de la ciudad, papá. – Le interrumpió Erika. – Necesito algo de tiempo para adaptarme a mi nueva vida y para ponerme al día en la oficina.

–  De acuerdo, Nick te ayudará a ponerte al día en la oficina. – Sentenció Eduard.

–  No creo que sea buena idea…

–  Estaré encantado de ayudarte. – La interrumpió Nick sonriendo.

¿A qué estaba jugando? Se suponía que no debían volver a verse y, pese a que iba a resultar imposible no verse, sí podían evitar verse lo mínimo posible. Él le había insistido en que si volvía a verla fingiría no conocerla, ¿por qué ahora se mostraba encantado de pasar tiempo con ella? Erika no supo qué responder. Por suerte su teléfono móvil empezó a sonar y, al ver que era Jason, se levantó y les dijo a los dos hombres que la observaban:

–  Disculpad, tengo que contestar. – Se alejó unos pasos y contestó al teléfono: – ¡Jason!

–  ¿Qué estuviste haciendo anoche y con quién? – Le preguntó su amigo fingiendo parecer estar molesto. – Me he enterado de que mi prometida se fue del Lovers muy bien acompañada.

Jason y Erika bromeaban diciendo que estaban prometidos porque sus padres siempre decían que con lo buenos amigos que eran y lo que se apreciaban eran perfectos el uno para el otro y deberían casarse y formar una familia.

–  No te lo vas a creer. – Le dijo Erika a Jason. – He pasado la noche con la mano derecha de mi padre y me acabo de enterar hace cinco minutos, por lo que agradezco enormemente tu llamada.

–  ¿Te has acostado con Nick Button? Joder Erika, él no es alguien adecuado para ti. – Le reprochó Jason. – Llego mañana por la mañana a la ciudad, iré a verte a la oficina en cuanto me baje del avión y comeremos juntos, tenemos mucho de lo que hablar tú y yo.

–  No tienes de qué preocuparte, solo fue una noche de sexo, nada más.

–  No hagas planes para mañana al mediodía, iré a buscarte a la oficina. – Sentenció Jason. – Ahora tengo que colgar, voy a entrar en una reunión. Te quiero, querida.

–  Yo cada vez menos, querido. – Se despidió Erika antes de colgar. Cuando se dio media vuelta se encontró a Tomás, el padre de Jason y Alice, sentado junto a su padre y Nick. – Hola Tío Tomás, ¿qué tal estás? – Lo saludó con un beso en la mejilla.

–  Preocupado, creo que mi hijo está muy enfadado contigo aunque no ha querido reconocerlo, ya sabes cómo es. – Le respondió Tomás. – Ha llamado esta mañana a primera hora porque no podía localizarte y tampoco a Alice.

–  Acabo de hablar con él, mañana regresa a la ciudad. – Respondió Erika.

Tomás y Eduard continuaron charlando informalmente y mientras tanto Nick y Erika evitaban que sus miradas se cruzaran. Eduard se percató de ese detalle, pero como siempre decidió callar. Hacía mucho tiempo que había aprendido a no meterse en la vida de su hija a menos que ella se lo pidiera.

Poco rato después, Eduard hizo pasar a su hija y a su mano derecha al comedor, donde los tres comieron mientras comentaban alguna de las opciones que tenían para convencer a Adolf Wolf de que les vendiera su empresa.

Propuesta indecente 5.

Alma Gemela

Nick entró en el Seasons colocando una mano sobre la espalda desnuda de Erika y excitándose más de lo que ya estaba. Se dirigió al mostrador de la recepción y tras saludar con un educado buenas noches al recepcionista, le entregó su tarjeta de crédito y a cambio recibió la tarjeta que abría la puerta de la habitación 105, que estaba situada en la décima planta. El recepcionista debió entender que tenían prisa, porque les dio las buenas noches y les acompañó al ascensor sin explicar las comodidades, entretenimientos y demás ofertas que el Seasons podía ofrecerles.

Se quedaron a solas en cuanto subieron al ascensor, pero ambos eran conscientes de que había cámaras de seguridad y querían ser discretos. Nick no quería que sus idas y venidas con las mujeres le causaran algún problema en su trabajo, por eso se aseguraba de mantener todas sus relaciones sexuales al margen de su vida. Erika había sufrido a los paparazzi desde pequeña, apreciaba demasiado su privacidad y había luchado mucho para conseguir mantenerse al margen de la prensa siendo la hija de dos celebridades como para que una noche de sexo con un completo desconocido lo estropeara todo.

En cuanto entraron en su lujosa habitación, Erika echó un rápido vistazo para situarse, pero Nick no estaba para prestar atención a la decoración del lugar, tenía cosas más importantes en las que centrarse. Se colocó detrás de Erika y empezó a acariciar sus brazos al mismo tiempo que formaba un reguero de besos por su cuello. Erika se relajó y se dejó hacer. Por extraño que pareciera, se encontraba segura y a gusto en brazos de aquel desconocido.

Nick la comenzó a desnudar al mismo tiempo que le iba susurrando:

–  Voy a desnudarte completamente para poder acariciar y besar cada recoveco de tu piel, tal y como te he prometido. Voy a llevarte al paraíso, de donde no querrás irte. – Cuando la tuvo completamente desnuda, excepto por el diminuto tanga rosa de encaje que llevaba, le susurró al oído: – Date la vuelta despacio, quiero ver tu precioso y delicado cuerpo desnudo.

Erika le obedeció sin rechistar y se dio la vuelta despacio, quedando frente a él casi completamente desnuda mientras él sigue completamente vestido. Erika no era de las que obedecía órdenes ni una amante pasiva, pero como vio que a Nick parecía gustarle tener la sartén por el mango no dijo nada y se mostró dispuesta a seguir con ese juego.

Nick la observó pausadamente, semejante monumento había que contemplarlo y asimilarlo para poder creerlo. La miró a los ojos y empezó a descender su mirada por su delicado cuello, sus redondos y perfectos pechos con esos pezones duros por la excitación, su vientre plano, sus perfectas y sexis caderas, ese diminuto tanga que se controlaba por no arrancárselo de un mordisco, y esas largas y firmes piernas. Toda ella era un icono de belleza sexual que pocas veces se tenía la oportunidad de tener entre sus brazos. La seguridad de ella a pesar de su desnudez a él le volvía loco y sabía que esta noche iba a tener que esforzarse por contenerse para no dejarse llevar y terminar corriéndose antes que ella. Tenía que cumplir con lo que le había prometido, una propuesta indecente que pensaba encauzar en darle placer a ella mientras él se contenía para no metérsela a las primeras de cambio. Erika no era como sus amantes y, aunque se saltara algunas de sus propias reglas, estaba dispuesto a tratarla de manera diferente, aunque eso no quería decir que fingiría no conocerla si se la volvía a encontrar.

–  Ahora que ya me tienes casi totalmente desnuda, ¿crees que podrías desnudarte? – Le preguntó Erika con una sonrisa traviesa.

–  Tranquila, te aseguro que acabaré totalmente desnudo. – Le contestó Nick dándole expectativas de lo que estaba por ocurrir. – Pero antes te daré tanto placer hasta que no puedas más y me supliques que te folle.

La entrepierna de Nick no podía estar más abultada y Erika era consciente de ello, por lo que no entendía por qué se controlaba tanto. Él mismo se había encargado de repetirle que solo se trataba de sexo, así que eso era lo que esperaba, sexo puro. En su lugar, Nick se había empeñado en tratar de seducirla con pequeños preliminares que, aunque eran muy placenteros, distaban en cierto modo con la necesidad de ambos.

Nick la guió hasta la cama donde Erika se tumbó para recibir los besos y las caricias por todo su cuerpo que Nick le había prometido. Estaba muy excitada y que Nick le mordiera y lamiera los pezones mientras jugaba con la tira de su tanga la estaba volviendo loca, así que, sin importarle lo que Nick pretendía, se incorporó y comenzó a desabrocharle la camisa sin prisa pero sin pausa mientras él se quedaba quieto, ligeramente sorprendido y descolocado, pero la dejó hacer.

Nick no estaba acostumbrado a dejar que sus amantes llevaran las riendas de la situación, pero estaba demasiado embelesado con la mujer que tenía entre sus brazos como para tratar de impedirlo, decidió dejarla hacer y ver hasta a dónde llegaba.

Erika aprovechó que Nick no se quejaba ni la detenía para continuar deshaciéndose de sus pantalones pero, cuando fue a por sus ajustados bóxer, él la detuvo y la tumbó de nuevo en la cama, atrapando sus manos para colocárselas por encima de la cabeza e impedir que pudiera moverlas mientras le susurraba al oído:

–  Si no te estás quieta, tendré que atarte.

Erika le sonrió y un destello en su mirada le dijo a Nick que lo que acaba de decirle la había excitado más. Se lamentó por no llevar puesto el traje, podría utilizar su corbata para atarla. Como no tenía corbata, utilizó una de sus manos para sujetar las dos manos de ella y la otra mano libre la deslizó por su vientre hasta que la adentró entre su diminuto tanga y su depilado pubis.

–  Mmm. Me encanta que lo lleves depilado completamente. – Le susurró Nick con la voz ronca por la excitación. Necesitó ambas manos para deleitarse quitándole el tanga y se quedó alucinado cuando vio el tatuaje en su pubis. – “Enjoy it”, por supuesto que lo voy a disfrutar.

Nick poso su dedo índice en la hendidura del sexo de ella y comprobó lo húmeda que estaba. Sin pensárselo dos veces, se lanzó a devorar su sexo, disfrutando de la excitación de ella gustosamente mientras ella gemía acercándose al orgasmo. Erika le agarró con las dos manos por el cuello e hizo que sus ojos quedaran a la misma altura que los suyos para ordenarle más que pedirle:

–  Fóllame.

Nick se sorprendió por sus palabras, no le había pedido que le hiciera el amor, le había pedido que le follase. Él estaba demasiado excitado como para alargar más su satisfacción, pero aun así se acercó a ella y le susurró antes de penetrarla de una sola estocada:

–  Supongo que esa es la forma de suplicar de las niñas ricas.

Dicho eso, Nick entró en su estrecho cuerpo y, estocada tras estocada, ambos se corrieron. Nick apenas le dejó un par de minutos a Erika para que se recompusiera del orgasmo y volvió al ataque. Pasaron la noche disfrutando del placer del sexo en todas las posturas posibles, incluso ambos probaron posturas nuevas que nunca antes habían practicado. A pesar de que la intimidad entre ellos era extrema, Nick no besó en los labios a Erika y ella se había percatado de ese detalle, así que evitó besarle en la boca.

Cuando Erika se despertó a la mañana siguiente, estaba entre los brazos de Nick, que seguía dormido, y se levantó despacio y con cuidado de no hacer ruido para no despertarle. Miró el reloj de la mesita de noche, eran casi las diez de la mañana y le había prometido a su padre que estaría en su casa a mediodía para conocer al empleado del año, el tipo al que su padre no hacía más que mencionar como su mano derecha en Blackwell Company, algo que le estaba empezando a irritar.

Se vistió, se peinó y se marchó sin que Nick se despertara. Le hubiera gustado despedirse de él, pero sabía que huir de la escena cuando él aún estaba durmiendo era lo mejor para todos.

Nick se despertó en cuanto oyó cerrarse la puerta de la habitación. Abrió los ojos y descubrió que estaba solo en la habitación, ella se había marchado. Cerró los ojos y rememoró la noche que había pasado con Erika, pero se le puso dura y decidió que lo mejor era levantarse y darse una ducha de agua fría, pues tenía que presentarse a comer en casa de su jefe en menos de dos horas.

Propuesta indecente 4.

Alma Gemela

Mientras Alice y Daniel bailaban juntos, Nick seguía tratando de hacer hablar a la mujer que tenía en frente. Consiguió que bromeara en un par de ocasiones y la tercera copa que se estaba bebiendo la ayudaba a bajar sus defensas. La estaba observando cuando vio que ella miró el reloj y frunció el ceño para después mirar hacia la pista de baile buscando a su amiga. Solo eran las dos de la madrugada, era temprano para la noche de un sábado, a pesar de que él tenía que comer con su jefe al día siguiente, así que le preguntó a Erika:

–  ¿Tienes prisa?

–  No necesariamente. – Le respondió encogiéndose de hombros.

–  No soy de los que bailan. – Comentó él.

Erika sonrió para sus adentros. Se estaba empezando a poner nervioso al ver que no caía en sus redes como probablemente estaba acostumbrado a que cayeran todas las chicas. Justo en ese momento empezó a sonar una bachata y Erika le sonrió y le dijo:

–  Puede que tú no bailes, pero yo no soy capaz de quedarme sentada cuando suena una bachata.

Erika se levantó y, antes de que se volviera hacia a la pista, varios hombres se acercaron a ella con intención de invitarla a bailar. Nick se percató de ello y, con un impulso incontrolable, se puso en pie y agarró a Erika por la cintura con posesión para guiarla a la pista de baile con determinación.

–  Creía que habías dicho que no bailabas. – Comentó Erika burlonamente.

–  Te estoy haciendo un favor evitando que esos imbéciles te maten de aburrimiento. – Le contestó Nick estrechándola contra su cuerpo y empezando a seguir el ritmo de la canción. – Interesante letra, ¿qué canción es ésta?

–  Propuesta indecente, de Romeo Santos. – Le susurró Erika al oído.

Nick se estaba empezando a volver loco. Si contemplarla a distancia ya le dejaba hipnotizado, lo que sentía teniéndola entre sus brazos no podía describirlo. Y cuando Erika empezó a cantar la canción susurrando en su oído no pudo evitar que se le pusiera dura. Por suerte, Erika no lo notó y si lo notó tuvo el detalle de no decir nada. Nick prestó atención a lo que Erika susurraba:

–  “¿Qué dirías si esta noche te seduzco en mi coche? Que se empañen los vidrios y la regla es que goces. Si te falto el respeto y luego culpo al alcohol, si levanto tu falda, ¿me darías el derecho a medir tu sensatez, poner en juego tu cuerpo? ¿Si te parece prudente esta propuesta indecente?”

Nick estrechaba con tanta fuerza a Erika que la tenía pegada a su cuerpo y sabía que ella se había dado cuenta de su erección, pero ahora mismo no estaba para pensar en ello. Solo tenía una cosa en mente, acercó sus labios a la oreja de ella y susurró:

–  Se me están ocurriendo miles de propuestas indecentes que hacerte.

–  ¿Alguna que pueda interesarme? – Le preguntó Erika con una sonrisa pícara en los labios.

–  Tú y yo desnudos en mi cama, mis manos acariciando cada centímetro de tu cuerpo, mis labios recorriendo cada recoveco de tu piel. – Empezó a susurrarle Nick a Erika con la voz ronca. – Te volverás loca con todas y cada una de mis caricias, te pellizcaré los pezones y te haré gemir como nunca antes hayas gemido. Sentirás tanto placer que me suplicarás que entre dentro de ti y te follaré como nunca nadie te ha follado.

–  Suena tentador, espero que cumplas todas las expectativas que me has creado. – Le contestó Erika con determinación. Alice tenía razón, necesitaba un polvo. Y lo cierto es que Nick le gustaba y tan temperamental como parecía, probablemente fuera un excelente amante con quien pasar un buen rato.

–  Es una propuesta indecente y tengo reglas. – Le advirtió Nick para aclarar la situación antes de los acontecimientos que se avecinaban. – Esto solo pasará una vez y solo se trata de sexo. No busco ninguna relación estable ni tengo otro interés que sea no sea el sexual. Y todo esto te lo digo ahora porque no quiero confusiones después. No quiero conocer ningún detalle de tu vida ni pienso contarte nada sobre la mía, no somos amigos.

–  ¿Me vas a hacer firmar un contrato para echar un polvo? ¿De verdad consigues ligar soltando todo ese rollo antes? – Le preguntó Erika un poco molesta. – Lo he pillado, un rollo de una noche y mañana si te he visto no me acuerdo. Estoy totalmente de acuerdo, si le añades que es imprescindible el uso de preservativo.

–  Entonces, será mejor que nos despidamos de mi hermano y tu amiga. – Le contestó Nick cogiéndola de la mano y guiándola hasta donde se encontraba la otra pareja.

Erika no se creía lo que acababa de hacer. Había aceptado una propuesta indecente de un completo desconocido y aun sabiendo que no era para nada prudente pensaba irse con Nick a donde quiera que la fuera a llevar.

–  Te veo luego. – Fue la despedida de Erika a Alice.

Nick volvió a agarrar de la cintura a Erika y ambos caminaron en dirección a la salida del pub, dejando a Alice y Daniel en mitad de la pista de baile, bastante sorprendidos. Ninguno de los dos se esperaba que Erika y Nick acabaran entendiéndose. De hecho, pocos minutos antes bromeaban sobre cuánto rato tardarían antes de que alguno de los dos quisiera marcharse, pero no tuvieron en cuenta la posibilidad de que ambos se marcharan juntos.

Erika caminaba en silencio, cogida de la mano de Nick, mientras él se esforzaba en controlar sus impulsos, si por él fuera hubiese sido capaz de montárselo con ella en la calle, algo nunca antes se le había pasado por la cabeza, al menos no desde que trabajaba en Blackwell Company. Ni no había crecido nadando en la abundancia, pero tampoco había sido pobre. Su familia era de clase media, había ido a la universidad con la ayuda de una beca y nadie le había regalado nada. Nick tenía muy claro que no quería ser un don nadie y se encargó de asegurarse un buen futuro. Le gustaba su trabajo y se llevaba muy bien con su jefe, que de hecho se había convertido en un amigo, y su trabajo estaba muy bien remunerado, sin contar las primas que Eduard le daba cuando cerraban algún negocio que les había salido bien, lo cual ocurría bastante a menudo.

–  ¿A dónde me llevas? – Le preguntó Erika.

Nick se paró y lo pensó durante un segundo. No quería llevarla al estudio que aún conservaba de cuando estudiaba en la universidad y donde llevaba a todas sus amantes, pero tampoco podía romper su más sagrada regla de oro y llevarla a su apartamento, así que solo tenía una opción:

–  ¿Qué te parece el Seasons?

Erika lo pensó durante un instante. El hotel Seasons era el hotel más lujoso de la ciudad, estaba a una manzana de distancia y le pareció la mejor opción.

–  Me parece perfecto. – Le respondió Erika.

Nick sabía que Erika no era la clase de mujer con las que solía divertirse. Aparentemente podía pasar por una chica normal y corriente, pero había algo en ella, al igual que en Alice, que delataban su alta posición social, a pesar de que fueran vestidas como cualquier otra chica de su edad y se comportaran como lo que eran, dos chicas jóvenes. Él estaba acostumbrado a tratar con chicas que sabían a lo que se atenían, chicas que ya conocían su fama y sabían que tras una noche de sexo nunca las volvería a mirar porque no era de los que repetía con la misma mujer, al menos no si tenía la posibilidad de montárselo con una mujer con la que no se lo había montado. Cuando llegaron a la puerta del hotel, Nick quiso volver a dejarle las cosas claras a Erika para evitar tener un escándalo la mañana siguiente así que se paró frente a ella y le dijo:

–  Si entramos ahí, nada de lo que pase ahí dentro volverá a repetirse. Ambos somos adultos y sabemos que solo se trata de sexo, así que nada de reproches y nada de amistad. Si volvemos a coincidir, fingiremos no conocernos, ¿de acuerdo?

–  Te repites, cielo. – Le contestó Erika. – No pretendo casarme contigo, ni siquiera había pensado en la posibilidad de volver a encontrarnos y tranquilo, no he acosado a un hombre en mi vida y te aseguro que no voy a empezar a hacerlo contigo.

Tiene carácter, pensó Nick. Pero se limitó a dedicarle una media sonrisa, cogerla de nuevo de la mano y entrar en el majestuoso hotel. Se iba a gastar mucho dinero en una habitación del mejor hotel de la ciudad teniendo un estudio y un apartamento a un par de calles de distancia, pero el dinero no era problema para él y estaba seguro de que la noche iba a merecer la pena.

Cita 59.

“Una mujer puede ser tan niña como la consientas; tan mujer como la trates; tan inteligente como la retes; y tan sensual como la provoques.”

Frida Kahlo. 

Propuesta indecente 3.

Alma Gemela

El sábado por la noche Alice arrastró a Erika a la calle para tomar unas copas a pesar de que su amiga le había dicho una y otra vez que al día siguiente tenía que reunirse con su padre. Por supuesto, Alice nunca aceptaba una negativa y llegaba a ser muy persuasiva, así que Erika se ahorró discutir con su amiga y se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa. Unos shorts tejanos y una blusa rosa atada al cuello que dejaba su espalda completamente desnuda.

–  No me dejes beber mucho o acabaré intentando ligar contigo, estás muy buena. – Le dijo Alice a Erika tratando de animar a su amiga. – Tendremos que quitarnos a los hombres de encima como si fueran moscas.

–  Un par de copas y vuelvo a casa que te conozco. – Le advirtió Erika por enésima vez a Alice antes de salir del apartamento.

–  Que sí, pesada. – Le respondió Alice rodando los ojos.

Lo bueno de vivir en el centro de la ciudad es que lo tienes todo cerca. El edificio de oficinas donde estaba censada la empresa de su padre estaba a escasas tres manzanas de su apartamento, que estaba situado en la avenida Mayor, que estaba llena de boutiques por el día y pubs por la noche.

Ni siquiera tuvieron que llamar a un taxi, decidieron caminar calle abajo hasta dar con el pub que les había recomendado Jason. Ambas se miraron cuando vieron el enorme rótulo lumínico de color rosa chicle que daba nombre al local “LOVERS” y trataron de contener la risa sin demasiado éxito. Se encaminaron hacia la puerta y el portero del local las saludó amablemente y las invitó a pasar tras darle un par de consumiciones gratis y guiñarles un ojo.

–  Creo que hemos ligado con el portero. – Comentó Alice divertida nada más traspasar la puerta.

–  Físicamente no estaba mal, pero no es mi tipo. – Contestó Erika divertida. – Vamos a la barra a pedir un par de copas, estoy segura de que encontrarás a alguien más interesante.

Tras pedir un par de copas al guapo camarero que no les dejó de sonreír, se acomodaron en los taburetes de unas mesas altas cerca de la pista de baile. Nada más sentarse, Alice se levantó y fue al baño, dejando a Erika sola bebiendo mientras observaba a la gente del local. Grupos de chicos y chicas entre los veinte y los cuarenta años charlaban, bebían y bailaban a su alrededor.

Su mirada se cruzó con la de un hombre de unos treinta años como mucho que la observaba sin mostrar ningún tipo de expresión. Erika le sostuvo la mirada hasta que Alice regresó y le prestó toda su atención a ella.

–  No está nada mal el sitio. – Empezó a decir Alice. – Y hay mucho chico guapo y solo.

–  Alice, creo que eres tú la que necesita un polvo. – Se mofó Erika.

A escasos metros de distancia, Nick y Daniel las observaban.

–  Hermanito, se te está cayendo la baba mirando a esa rubia, ¿la conoces? – Le preguntó Daniel a su hermano Nick.

–  Podría decirte lo mismo a ti, Daniel. – Le respondió Nick sin dejar de mirar cómo las chicas charlaban tranquilamente. – No la conozco, nunca las he visto por aquí.

Un par de tipos que siempre rondaban por el local se acercaron a ellas y las saludaron con bastante familiaridad, charlaron unos minutos con ellas y después se despidieron.

En cuanto los dos tipos las dejaron de nuevo a solas, ambos se entendieron con una mirada y se fueron acercando poco a poco a las chicas, pero entonces un tipo se les adelantó y se quedaron a dos metros de las chicas, escuchando lo que el tipo les decía:

–  ¿Qué hacen dos zorritas tan preciosas como vosotras y tan solas?

–  Evitar acabar soportando compañías como la tuya. – Le respondió la rubia. El tipo levantó la mano, pero ella, con un gesto ágil y grácil, se la atrapó y se la retorció al mismo tiempo que le siseó aparentemente tranquila: – Lárgate.

Nick no quiso aguantar más y agarró al tipo por el cuello y le dio un puñetazo en toda la cara. Erika puso los ojos en blanco ante tal escena y Daniel se limitó a sonreírle a Alice. El portero, al percatarse de la situación se acercó a ellos hecho una furia pero los dos tipos que antes habían estado saludando a Erika y Alice mediaron para que aquello no acabara como el Rosario de la Aurora.

Erika no se lo podía creer, si ese tipo no hubiera metido sus narices donde no debía nada de esto hubiera pasado, ella lo podía haber controlado y sin montar una escena.

–  ¿Qué ha pasado aquí? – Preguntó el portero escoltado por dos de los tipos de seguridad.

–  Ese tipo nos ha insultado y estos dos caballeros nos han ayudado. – Le respondió Alice al portero poniéndole ojitos.

Erika la miró y rodó los ojos, gesto que no pasó desapercibido para Nick, y Daniel colocó su brazo sobre los hombros de Alice sin dejar de sonreír.

–  ¿Es cierto? – Le preguntó el portero a Erika con cara de pocos amigos.

–  Mi amiga nunca miente, puedes confiar en ella ciegamente. – Le respondió Erika con cierto tono de guasa que todo el mundo detectó excepto el portero, que se había perdido en el azul intenso de los ojos de ella. Al ver que el portero no se movía ni decía nada, añadió: – Creo que deberían llevarse de aquí a ese tipo, dudo que al propietario del local le gustara saber que un maleducado va incomodando e importunando a sus clientas.

–  Sí claro, le pido disculpas por lo ocurrido señorita. – Se disculpó el portero.

Todos la miraron sin poder creerse como se había llevado al portero a su terreno e incluso había conseguido que le pidiera disculpas.

–  ¿Por qué me miráis así? – Les preguntó Erika molesta.

–  Ese portero se la tiene jurada a mi hermano, le habría encantado echarlo pero tú, con cuatro palabras y ni una sola sonrisa, lo has arreglado todo. – Le contestó Daniel divertido. – Chicas, tenéis barra libre y yo me encargo de la cuenta. Por cierto, me llamo Daniel y éste es mi hermano Nick.

–  Encantada de conoceros. – Les dijo Alice alegremente. – Yo soy Alice y mi malhumorada amiga es Erika.

Alice y Daniel se saludaron con complicidad mientras que Nick y Erika se desafiaron con la mirada hasta que Alice les invitó a sentarse con ellas. Erika podría haber protestado, pero pensó que podía aguantar tomarse un par de copas con su mejor amiga y dos desconocidos a los que no volverían a ver, así que decidió callarse y no protestar.

–  Nunca os he visto por aquí, pero a juzgar por cómo os ha creído el portero, deduzco que ya conocíais el local. – Empezó a decir Daniel por hablar de algo ya que su hermano, que era al que se le daban bien estas cosas, estaba prestando toda su atención a la rubia que se sentaba en frente. – ¿Sois de Hidden City o estáis de paso?

–  Somos de Hidden City, nacimos y vivimos aquí, aunque es la primera vez que venimos a este local. – Le respondió Alice a Daniel mientras jugaba coquetamente con su pelo. – Y vosotros, ¿sois de Hidden City o forasteros?

–  Nosotros también nacimos y vivimos aquí, así que ya tenemos eso en común. – Le respondió Daniel con una sonrisa arrebatadora. – ¿Te gustaría bailar, preciosa Alice?

–  Por supuesto, siempre y cuando tú me acompañes. – Le respondió Alice devolviéndole la sonrisa al mismo tiempo que se agarraba de su brazo para dirigirse a la pista de baile.

Erika y Nick se quedaron a solas y volvieron a estudiarse con la mirada hasta que finalmente Nick, con una maliciosa sonrisa, le dijo:

–  Adelante, di lo que piensas.

–  Dudo mucho que quieras oírlo. – Le respondió Erika con indiferencia.

–  Prueba y saldremos de dudas. – La animó Nick divertido por el enfado permanente de ella.

–  Para empezar, no necesito que me defiendas de nadie porque yo sola puedo hacerlo y sin formar un escándalo cómo has hecho tú. – Le espetó Erika furiosa sin poder creerse que ese sin vergüenza se atreviera a molestarla más de lo que ya estaba.

–  Aunque no me creas, te diré que es la primera vez que me comporto así, al menos desde que dejé de ser un adolescente. – Le confesó Nick sin saber por qué le contaba aquello. Él no era de los que hablaban de sus pensamientos, había aprendido a centrarse en su vida laboral y la poca vida social que tenía la dividía entre su familia y alguna de sus amantes. – Pero tampoco te voy a negar que he disfrutado como un niño dándole un puñetazo a ese idiota.

–  En ese caso, te confesaré que una parte de mí también ha disfrutado viendo cómo recibía ese puñetazo, pero negaré haberlo dicho. – Le respondió Erika bromeando.

Nick sonrió para sus adentros, había conseguido que ella se relajara e incluso bromeara, aunque aún distaba mucho de llevarla a su terreno.

Propuesta indecente 2.

Alma Gemela

Erika y Alice cogieron un taxi para ir a casa de sus padres. Por suerte, seguían siendo vecinos y seguían llevándose tan bien como siempre. Alice estaba relajada y sonriente, mientras que Erika estaba tensa y de mal humor debido a lo poco que había descansado. El único motivo por el que Erika se había arreglado para salir del ático era porque se moría de ganas de ver a su padre y los padres de Alice, a quienes consideraban sus tíos. Por otra parte estaba Jason, el hermano tres años mayor de Alice y su mejor amigo. No veía a Jason desde hacía casi dos meses y se moría de ganas por verlo. A Erika siempre le gustaba contar con una opinión masculina para obtener otro punto de vista, aunque Alice se negaba en rotundo a hablar con su hermano de ciertos temas tan íntimos.

–  Deja de fruncir el ceño o pensarán que estás enfadada y acabas de llegar. – Le dice Alice a su amiga nada más bajarse del taxi. – Mañana salimos de fiesta, necesitan echar un polvo para alegrarte la cara. Pero ahora sonríe y finge que eres súper feliz si no quieres que nos sometan a un tercer grado.

–  ¿Así te parece bien? – Le pregunta Erika a Alice poniendo en su cara una sonrisa de lo más falsa y exagerada.

–  Creo que prefiero tu cara de “necesito un polvo”. – Se mofa Alice.

Entre bromas y risas, cruzan el jardín y se dirigen al porche de casa de los padres de Alice, donde siempre se organizan las reuniones familiares, teniendo en cuenta que los Blackwell y los Milton son una familia pese a no tener la misma sangre.

En el porche, tres siluetas esperan nerviosas la llegada de las dos amigan que ríen alegremente y las abrazan en cuanto las tienen a su alcance.

–  ¡Pero qué guapas estáis! – Las halaga Elisa como siempre.

–  Tía Elisa, me temo que tu opinión no es objetiva. – Bromea Erika. – Pero te aseguro que me encanta escuchártelo decir.

–  ¿Cómo está mi pequeña? – Le pregunta Eduard a su hija tras saludarla con un efusivo abrazo.

–  Bastante crecidita para que sigas llamándola pequeña. – Se mofa Alice.

–  Para nosotros, vosotras nunca dejaréis de ser nuestras pequeñas. – Le replica Tomás a su hija saliendo en defensa de su buen amigo Eduard.

–  ¿Dónde está Jason? – Preguntó Erika mientras entraban en casa de los Milton.

Jason Milton era el hijo mayor de Tomás y Elisa Milton y el hermano mayor de Alice. Erika y Jason eran muy buenos amigos y se lo contaban todo, a pesar de que Jason era tres años mayor que ella. Alice, aunque adoraba a su hermano y se llevaba a las mil maravillas con él, no hablaba de ciertas cosas con su hermano, le resultaba demasiado incómodo.

–  Jason está fuera de la ciudad por negocios, uno de nuestros clientes ha tenido un pequeño problema y Jason ha tenido que ir a solucionarlo, pero el lunes ya estará aquí. – Le contestó Tomás. – Tenía muchas ganas de veros, pero solo serán un par de días.

Erika pensó que si llevaba casi dos meses sin verlo podría esperar un par de días más. Jason le envió un mensaje y le dijo que tenía que salir de la ciudad, pero también le dijo que se las apañaría para estar de regreso hoy y no el lunes como le acaban de decir.

Una vez en el salón, se sentaron en los sofás y se tomaron una copa de vino mientras se ponían al día. Eduard pensó que era el mejor momento para decirle a su hija que había planeado una pequeña reunión con Nick Button, su mano derecha en la empresa y un buen amigo a pesar de su juventud.

–  Erika, el domingo ven a comer a casa, he invitado a Button y quiero que os conozcáis.

–  ¿No puedes esperar al lunes? – Le replica Erika frunciendo el ceño.

–  No, quiero que le conozcas fuera de la oficina. Es un hombre muy inteligente y agradable, ya verás que os llevaréis bien. – Le contestó Eduard.

Por supuesto, Eduard sabía que en cuanto esos dos se conocieran iban a darle problemas, por eso quería que se conocieran en un ambiente más relajado. Ambos eran demasiado tercos y obcecados como para evitar que chocaran, así que pretendía minimizar el golpe en un lugar más privado.

–  Haces conmigo lo que quieres, papá. – Dramatizó Erika.

Mientras tanto, en el centro de la ciudad, Nick Button revisaba todos los informes sobre Adolf Wolf, un niño rico que se quedó sin nada cuando su padre se endeudó y llevó a la quiebra a la empresa familiar. Eduard se había empeñado en que su hija se encargara de la negociación con Adolf Wolf, pero Nick no creía que fuera una buena idea, sobre todo teniendo en cuenta cómo se divertía Adolf Wolf.

Sobre las diez de la noche, Nick recibió la llamada de su hermano Daniel y, a pesar de no querer interrumpir su tarea, decidió contestar:

–  ¿No puedes vivir sin mí?

–  Ya te gustaría a ti, hermanito. – Le respondió Daniel alegremente. – Mamá quiere que vayamos a cenar mañana a casa, dice que está harta de vernos por turnos y quiere que el sábado estemos todos. He pensado que después podríamos salir a tomar algo. ¿Qué me dices?

–  El domingo tengo que ir a comer con mi jefe, quiere presentarme a su hija, a la cual quiere poner al mando en una importante negociación. ¿Crees que es un buen momento para tener resaca?

–  En ese caso, te aconsejo que vayas borracho. – Bromea Daniel. – Te divertirás más, pero puede que a tu jefe no le haga demasiada gracia.

–  Supongo que puedo tomarme un par de copas contigo después de cenar, pero solo un par que necesitaré mi cerebro en funcionamiento al día siguiente. – Termina accediendo Nick. – Eso sí, elijo yo el sitio que no me fío de ti ni de dónde me quieras llevar.

–  Pero, ¿qué dices? – Protesta Daniel entre risas. – Capaz eres de llevarme a la ópera.

–  No digas tonterías, ¿cuándo he ido yo a la ópera?

–  Tú déjalo todo en mis manos, yo me encargo. – Sentencia Daniel dando el tema por zanjado. – Solo encárgate de ir bien vestido pero informal, ya sabes, una camisa y tejanos.

–  No sé por qué sigo aceptando salir de copas contigo. – Refunfuña Nick.

–  Porque eres un muermo, Nick. – Le contestó su hermano. – Tu vida se basa en trabajar y trabajar, de vez en cuando visitas a la familia y te aseguras de tener sexo al menos una vez por semana, ¿qué clase de vida es esa para alguien de veintiocho años?

–  ¿Qué sabes tú de mi vida sexual? – Le replicó Nick a su hermano pequeño.

–  Solo sé lo que se rumorea por ahí, ya que tú no me cuentas nada. – Se hizo el interesante Daniel.

–  Y, ¿qué se rumorea exactamente? – Le preguntó Nick molesto.

Lo último que quería se rumoreara sobre su vida sexual y esos rumores llegaran a oídos de su jefe, que siempre había insistido en que quería empleados discretos para evitar cualquier escándalo público que involucrara indirectamente a su familia.

–  Por ahí he oído que te gusta cambiar de amante y que les dejas a todas muy claro que solo quieres una relación sexual, nada de ser amigos y mucho menos pareja. ¡Y mamá sigue esperando que le presentes una novia! – Se volvió a mofar Daniel de su hermano. – Sin embargo, por algún absurdo motivo, no hay una sola mujer en toda la ciudad que no quiera acostarse contigo.

–  Quizás el sábado por la noche te enseñe un par de trucos para volverlas loca, hermanito. – Bromeó Nick y añadió antes de colgar: – Nos vemos en casa mañana por la noche.

Colgó el teléfono y se levantó de la silla para dirigirse a la cocina y coger una cerveza de la nevera, necesitaba descansar unos minutos y decidió salir a la terraza y fumarse un cigarrillo mientras se bebía una fría cerveza.

Nick estaba inquieto, el regreso de esa niña recién salida de la universidad y cuyo padre quería poner al frente de una negociación tan importante como la de Wolf le estaba alterando más de lo normal.

Había cancelado su cita de esta noche con Lisa Clark, la única de sus amantes que veía con regularidad debido a que ambos buscaban lo mismo y ella era una verdadera fiera en la cama. No estaba de humor ni para pasar un buen rato con Lisa y todo por culpa de la hija de Blackwell, a la que aún ni conocía y ya le estaba dando problemas.

A Nick no se le había pasado por alto la sonrisa burlona de Eduard cuándo habla de su hija y le dice que se llevará muy bien con ella, es evidente que el propio Eduard sabe que su hija me lo va a poner difícil y, teniendo en cuenta que es la hija del jefe, voy a estar atado de pies y manos a menos que Eduard recapacite y actúe con sensatez.

Tras fumarse el cigarrillo y beberse la cerveza, Nick entró de nuevo en el apartamento y se sentó en la misma silla donde había estado sentado minutos antes para seguir revisando las cuentas de Wolf.

Propuesta indecente 1.

Alma Gemela

Después de pasar cinco años estudiando en la universidad de Barnacles, una ciudad costera situada al sur del país, conocida como la capital de los universitarios, Erika Blackwell Sanz regresaba a Hidden City, la capital del país y la ciudad que la vio nacer y crecer.

Desde que se marchó para ir a la universidad cuando tenía dieciocho años, solo había regresado en Navidad, es decir, en cinco ocasiones. Su padre siempre iba a verla un fin de semana al mes y hablaban por teléfono todas las semanas, concretamente todos los domingos por la noche. Eduard Blackwell es un importante empresario propietario de Blackwell Company, una empresa que se dedica a absorber otras empresas en quiebra para reorganizarlas, hacerlas resurgir y venderlas al mayor postor, probablemente multiplicando por mil el precio por el cual la han comprado. Puede que no sea muy ético, pero sí legal.

–  ¿No estás nerviosa por regresar a Hidden City después de tanto tiempo? – Le preguntó Alice a Erika mientras recogían sus maletas de la cinta corredera para salir del aeropuerto.

–  Estuvimos aquí en Navidad, tan solo hace nueve meses. – Contestó Erika de mal humor.

Alice Milton, la mejor amiga de Erika desde que eran niñas de guardería, siempre había sido la más positiva y alegre de las dos. Ambas se habían marchado juntas a la universidad de Barnacles, habían compartido un piso de estudiantes y regresaban juntas cinco años después de haberse marchado, tras disfrutar de su aventura universitaria. Se habían criado juntas, pues habían sido vecinas y los padres de Alice eran como sus tíos, de hecho los llamaba así. La madre de Erika, Grace Sanz, una cantante de pop, murió cuando Erika tan solo tenía un año. Grace salía de uno de sus conciertos y regresaba al hotel con el guitarrista de su grupo, que conducía bajo los efectos de las drogas, se salieron de la carretera y cayeron por un barranco, ambos murieron en aquel accidente.

–  Sigo sin entender por qué no has querido que nos vinieran a buscar al aeropuerto, nos habrían ayudado con el equipaje y no tendríamos que ir hasta la maldita parada de taxis. – Protesta Alice tirando de su enorme maleta.

–  Ahí hay un taxi. – Fue la respuesta de Erika. Hizo un gesto con la mano y el taxista paró frente a ellas, se bajó del taxi y se encargó rápidamente de las maletas mientras ellas se sentaban en los asientos traseros del vehículo. – Al número 104 de la calle Mayor, por favor.

El taxista pone rumbo a su destino y media hora después llegan a la puerta del edificio donde Alice y Erika han alquilado un ático de tres habitaciones, dos baños y una enorme terraza con jacuzzi.

–  Deshacemos las maletas, nos instalamos y llamamos a algún restaurante con servicio a domicilio, así tendremos toda la tarde para descansar y reponer fuerzas para ir a cenar con la familia. – Le dijo Erika a Alice mientras se dirigía a su habitación.

–  Hoy estoy demasiado agotada para salir de fiesta, pero mañana por la noche tú y yo nos vamos a emborrachar te pongas cómo te pongas. – Le contesta Alice. – Te has pasado todo el verano leyendo y estudiando todos esos malditos informes y se suponía que era nuestro último verano como universitarias antes de pasar a la edad adulta.

–  De acuerdo, mañana por la noche saldremos de fiesta y nos emborracharemos. – Se resigna Erika sabiendo que no logrará disuadir a su amiga.

Ambas amigas comenzaron a deshacer las maletas entre risas y a instalarse en su nuevo apartamento, un ático en el centro de la ciudad desde dónde se puede contemplar toda la ciudad.

A pocas manzanas de distancia, Eduard Blackwell revisaba varios informes sentado a la mesa de su despacho en el edificio de Blackwell Company, pero no lograba concentrarse lo suficiente para entender lo que estaba leyendo. Alguien llamó a la puerta de su despacho y apareció Nick Button, su mano derecha. Nick, a pesar de sus tan solo veintiocho años de edad, es un joven brillante. Entró en Blackwell Company hacía ya cinco años, cuando realizó sus prácticas universitarias durante el verano del último curso de la carrera y Eduard se dio cuenta de que el joven era brillante en su trabajo y lo contrató cuando acabó el período de prácticas. Tenía carácter y es el único que se atrevía a decirle al gran Blackwell cualquier cosa que otra persona no se atrevería a mencionar. La confianza era esencial en los negocios y Eduard había conseguido vínculo especial con ese muchacho, una camaradería que solo existe con los amigos de verdad.

–  Eduard, ¿no ibas a buscar a tu hija al aeropuerto? – Le preguntó Nick al ver a su jefe en su despacho.

–  Eso creía yo, pero al parecer no era una buena idea. – Resopló Eduard. – Mi hija me ha dicho que le dé tiempo para instalarse y descansar y que ya vendrá a cenar a casa esta noche. Y, pensándolo bien, casi que lo prefiero. No te imaginas el carácter que tiene la niña.

–  Me lo imagino. – Murmuró Nick entre dientes asegurándose que su jefe no le escuchara.

Nick no se podía creer lo que su jefe tenía en mente. ¿Cómo un hombre que había llegado a lo más alto por sus propios logros podía pensar en dejar la empresa en manos de una niña mimada y malcriada? Puede que fuese su única heredera, pero dejar el futuro de Blackwell Company en las manos de una niña recién salida de la universidad no creo que sea una buena idea.

Pero Eduard Blackwell pensaba todo lo contrario. Conocía muy bien a su hija y sabía que era una mujer inteligente, además de ser una de las mujeres más bellas que había visto. Puede que Erika hubiese sacado el carácter de su padre, pero desde luego había heredado la belleza de su madre. Erika nunca había sido una de esas niñas tranquilas que jugaban a las muñecas o a tomar el té, Erika era un torbellino. Lo mismo andaba subiéndose al árbol más alto del jardín, montaba en bici, cogía lombrices de los charcos o se metía en peleas, casi siempre acompañada de Alice. A Eduard nunca le importó que su hija no fuera tan femenina como las demás, agradecía que su hija fuera tan dura y fuerte.

–  ¿Sigues pensando en dejar que tu hija lleve la negociación con Adolf Wolf? – Le preguntó Nick a su jefe mientras se sentaba frente a él.

–  Sí y no voy a cambiar de opinión. – Contestó Eduard sabiendo lo que pensaba su mano derecha. – Tú tenías la edad de mi hija cuando empezaste a trabajar para mí hace cinco años. Espera a conocerla antes de juzgarla, estoy seguro de que os llevaréis bien.

Nick dudaba mucho de lo que decía su jefe, pero se limitó a asentir con la cabeza y cambiar de tema ya que no había ido al despacho del jefe para hablar de su hija.

A las seis de la tarde, Nick abandonaba su despacho para irse a casa, pero vio que la luz del despacho de su jefe seguía encendida y decidió entrar para despedirse.

–  Me voy a casa, espero que pases un buen fin de semana. – Le dijo tras llamar y abrir la puerta.

–  Igualmente, Nick. – Le respondió Eduard. – Por cierto, ¿te apetecería venir a comer a casa el domingo? Sería una comida informal, me gustaría que conocieras a mi hija en otro sitio que no fuera la oficina, pero si tienes cosas mejores que hacer… Lo entenderé.

–  Estaré encantado de ir. – Se oyó decir Nick.

–  ¡Estupendo! – Exclamó Eduard con alegría. – Ven a mediodía, así disfrutaremos de un aperitivo en el jardín.

Nick asintió forzando una sonrisa y se marchó antes de que a su jefe se le ocurriera alguna otra idea. Bajó en el ascensor al parking, se subió en su recién estrenado BMW i8 de color negro y se dirigió a casa. Tenía demasiados informes que revisar si el domingo no quería quedar como un idiota frente a la hija de Eduard.

A pesar de que pensaba que la única hija de Eduard sería una niña consentida y acostumbrada a obtener la atención y la bendición de todo el mundo, Nick sentía curiosidad por ella y quería conocerla, aunque estaba seguro que se arrepentiría de ello pocos minutos después.

Pero todo el misterio que envolvía a la hija de Eduard la hacía interesante, empezando por el hecho de que fuera hija de su jefe. Eduard Blackwell era un hombre poco social, apenas acudía a algún evento y donaba una generosa cantidad a organizaciones benéficas como para permitirse el lujo de no ir a ninguna de las galas que organizaban y que todo el mundo le siguiera respetando y admirando. Eduard amaba demasiado su vida privada y no permitía que nadie metiera sus narices en ella. Ni siquiera tenía una foto de su hija en el despacho como tendría cualquier padre. Había visto algunas fotos de ella en internet, pero siempre llevaba gafas de sol, alguna gorra, boina o pañuelo y tratando de ocultar su rostro con su melena dorada. Todas esas fotos habían sido robadas, no había ni una sola en la que ella posara. Eduard se había encargado de que su hija pasara desapercibida donde quiera que hubiese estado los últimos cinco años.

Propuesta indecente.

Alma Gemela

Erika y Alice han pasado los últimos cinco años fuera de la ciudad, estudiando en la universidad de Barnacles y, tras acabar la carrera, deciden regresar a su ciudad. Acostumbradas a estar la una con la otra desde que tienen uso de razón, deciden alquilar juntas un apartamento y continuar viviendo juntas.

Para celebrar su regreso, Erika y Alice van a tomar unas copas al pub de moda de la ciudad, donde conocen a Nick y Daniel, dos hermanos muy atractivos con los que terminan brindando y bailando. A pesar de no haber empezado con buen pie y dada la tensión sexual que existe entre ellos, Nick le propone a Erika pasar juntos una única noche de sexo desenfrenado, pero nada más. Dejándose llevar por la atracción que siente por él, Erika acepta su propuesta y pasan la noche en un hotel donde Nick cumple con todo lo prometido.

A la mañana siguiente, Erika se despierta y se marcha de la habitación del hotel sin hacer ruido y sin despedirse de Nick, con prisa por llegar a su apartamento, ducharse e ir a comer a casa de su padre, quién está empeñado en presentarle a su mano derecha ahora que Erika va a trabajar en la empresa de su padre.

Pero cuando Erika llega a casa de su padre se encuentra con Nick, la mano derecha de su padre y, en consecuencia, la persona con la que tendrá que trabajar codo con codo. Aturdida al saber quién es realmente Nick, finge no conocerlo cuando su padre hace las presentaciones oportunas pero, ¿serán capaces de olvidar lo sucedido la noche anterior y trabajar en equipo? ¿Se verán arrastrados de nuevo por la atracción que existe entre ambos?

Si quieres saber más sobre ésta historia, aquí podrán encontrar todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

El corazón te delata.

El corazón te delata

Entró en el pub y le vio. Estaba con dos amigos tomando una cerveza y parecía estar divirtiéndose.

Cerró los ojos tratando de olvidarle aunque solo fuera por una noche. Hacía mucho tiempo que no salía de copas con sus amigas y esa era una noche de chicas, pero no surtió efecto.

Él seguía estando en su cabeza y sus ojos le buscaban y sus miradas se encontraron. Él sonrió, ella miró hacia otro lado y suspiró con resignación, su papel de mujer fría y distante se venía abajo.

– No puedes pasarte la vida evitándolo ni mintiéndote a ti misma, no sé por qué te cuesta tanto admitir lo obvio -le dijo su mejor amiga al ver que sus ojos miraban en la dirección donde él se encontraba.

– Ahora vuelvo, voy al baño -le respondió a modo de excusa para evitar escuchar por enésima vez la opinión y los consejos de su amiga.

Se encaminó hacia el baño sorteando a la multitud que por allí bailaba y bebía como si se fuera a acabar el mundo. Cuando estaba a punto de atravesar la puerta del baño de mujeres, alguien la agarró del brazo y la detuvo.

No tuvo que dar media vuelta para saber de quién se trataba, su cuerpo lo reconoció de inmediato y toda su piel se erizó. No tenía ninguna duda, era él.

– ¿Hasta cuándo vas a seguir huyendo de mí? -Quiso saber él. No obtuvo respuesta y, tras acercar sus labios a los de ella, añadió con la voz ronca: – Mírame a los ojos y dime que no me deseas, dime que no sientes nada. Dímelo.

Se sostuvieron la mirada, el corazón de ella comenzó a palpitar con fuerza, tanto como para que él lo escuchara.

– Da igual lo que digas, tu corazón te delata -insistió él.- Ambos anhelamos lo mismo, pequeña.

No esperó más, la rodeó por la cintura, la estrechó contra su cuerpo y la besó con urgencia y necesidad. Ambos sabían lo que aquello significaba, se estaban entregando el corazón el uno al otro en aquel beso.

Cita 58.

“No es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo.”

Nelson Mandela.

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