Archivo | octubre 2016

Tu hada de la suerte 5.

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Durante el resto de la semana, Joe se encarga de recogerme todas las mañanas para llevarme al Luxe y me trae de vuelta todas las tardes.

Mike no ha vuelto a mencionar el tema de los rusos y yo tampoco me he atrevido a hacerlo, prefiero centrarme en mi verdadero trabajo como directora ejecutiva del Luxe. Nadie me ha especificado qué hizo mi antecesor, pero tras echar un vistazo a los archivos me doy cuenta de que habrá hecho de todo menos trabajar. Me ha costado treinta y dos horas organizarlo todo, pero lo he conseguido y ahora puedo disfrutar del fin de semana.

Estoy recogiendo mi despacho para marcharme a casa cuando llaman a la puerta y Mike asoma la cabeza:

–  ¿Se puede?

–  Adelante. – Le respondo mientras continúo recogiendo.

–  Solo venía a preguntar qué tal te ha ido la primera semana en Luxe.

–  Agotadora. – Le confieso. – No tengo ni idea de quién ocupaba mi puesto antes de que yo llegara, pero te aconsejo que no lo vuelvas a contratar ni para limpiar los baños. Lo he organizado todo de nuevo y he pensado en crear un nuevo sistema para que sea más fácil acceder a los archivos, el que estamos utilizando está muy anticuado.

–  ¿Ya has acabado de organizar todos los archivos? – Me pregunta Mike confuso.

–  Bueno, he tardado un poco más porque todo estaba fatal, pero te aseguro que no he podido ir más rápido…

–  Llevo un mes tratando de organizar algo de todo ese caos y me he rendido y tú lo has hecho todo en tan solo una semana. Estoy perplejo.

–  Es mi trabajo y lo hago lo mejor que puedo. – Le respondo encogiéndome de hombros. Le miro fijamente a los ojos y, armándome de valor, le suelto: – Se acaba el plazo para dar una respuesta a los rusos, ¿has pensado qué vas a hacer?

–  No vas a desistir, ¿verdad? – Me dice con una media sonrisa.

–  No volveré a insistir más, pero quiero que sepas que sigo dispuesta a ayudarte si cambias de opinión.

–  No es fácil cambiar de opinión, sigo pensando que es demasiado peligroso y que no debo involucrarte en este asunto, pero tampoco tengo alternativa. – Me dice con cautela pero sin dejar de mirarme fijamente a los ojos. – Si te parece bien, mañana te invito a comer y te pongo al corriente de la situación. No quiero que tomes una decisión sin estar al tanto de todo.

–  Me parece bien. – Le contesto. – Podemos quedar a partir de las doce si te va bien, antes no puedo porque me entregan las llaves de mi nuevo apartamento.

–  Me gusta tu manera de negociar, hada de la suerte. – Me dice divertido. – Por cierto, si vas a mudarte tendrás que darle tu nueva dirección a Joe, va a seguir llevándote y trayéndote del trabajo a casa.

–  Eso todavía lo tenemos que discutir. – Le replico molesta.

–  No hay nada que discutir, Milena. – Sentencia Mike. – Llámame mañana cuando termines con lo del apartamento y te paso a buscar, ¿de acuerdo?

–  ¿No vas a enviar a Joe? – Le pregunto sorprendida.

–  No, Joe tiene cosas que hacer. – Me responde un tanto incómodo. – Iré yo a buscarte, si no tienes inconveniente.

–  No, no tengo inconveniente. – Le aseguro.

Tras despedirse, Mike regresa a su despacho y yo me dirijo hacia el ascensor. En cuanto salgo por la puerta principal del Luxe, me encuentro con Joe apoyado en el todoterreno como todas las tardes, dispuesto a llevarme a casa. Abre la puerta del copiloto y me subo al coche sin rechistar, sé que no tengo alternativa.

Cuando llego a casa hablo con Tom y le digo que no podré acompañarlo al partido al día siguiente y le explico un poco por encima el motivo.

–  Sé que tu intención no es otra que ayudar, pero no conoces de nada a ese tipo y además es tu jefe. – Me recuerda Tom. – Y eso por no mencionar lo peligroso que puede llegar a ser ese asunto.

–  Sé lo que hago, al igual que tú sabes que sé cuidarme sola.

Tom no insiste, me conoce y sabe que cuando se me mete algo en la cabeza no hay nada que pueda hacer para que me olvide del tema.

El sábado por la mañana me levanto temprano, me doy una ducha, desayuno y me dirijo a mi nuevo apartamento para firmar el contrato de alquiler con la inmobiliaria. A las 11:30 horas ya tengo firmado el contrato y las llaves de mi nuevo hogar en las manos. A solas en mi nuevo apartamento, saco mi móvil del bolso y llamo a Mike:

–  Ya estoy libre, soy toda tuya.

Nada más pronunciar esas palabras me arrepiento, soy consciente del doble sentido que se puede interpretar.

–  Si eres toda mía, dime dónde estás para que pueda ir a buscarte. – Me contesta y adivino que está sonriendo al otro lado del teléfono.

–  Estoy en la calle Sunset número 25. – Respondo.

–  Tardo dos minutos, estoy aquí al lado. – Me dice de buen humor y añade antes de colgar: – No tardes, te espero frente al portal.

Tras echar un último vistazo a mi vacío apartamento, recojo mi bolso y me dispongo a bajar a la calle y esperar a Mike, pero para mi sorpresa Mike ya me está esperando. Vestido con unos tejanos y un jersey de cuello de pico, está apoyado en el lateral de un Audi R8 de color negro, como no. Nuestras miradas se encuentran y me dedica una sonrisa perfecta de lo más sugerente.

–  Buenos días, Hada de la Suerte. – Me saluda abriendo la puerta del copiloto para que me siente.

–  Buenos días. – Le saludo antes de subir a su coche.

Dos segundos más tarde, Mike ocupa el asiento del conductor, arranca el motor del coche y se incorpora al tráfico de la ciudad.

–  Lo que te voy a contar es algo delicado y confidencial, por lo que no puedo hablar de ello en un lugar público donde cualquiera pueda escucharnos.

–  Me niego a pisar ese mugriento motel otra vez. – Le advierto.

–  En realidad, había pensado en ir a mi casa. – Me responde con una sonrisa burlona. – Y espero que no me malinterpretes, igual que yo no te he malinterpretado cuando has dicho que eras toda mía.

Mis mejillas arden y, aunque no las vea, sé que están muy coloradas, la sonrisa burlona de Mike me lo confirma.

–  Si así te sientes más cómodo para hablar de ello, no tengo ninguna objeción. – Le respondo encogiéndome de hombros tratando de aparentar normalidad pero sin conseguirlo.

Este hombre me atrae cada día más y yo me comporto como una adolescente cuando estoy con él, no sé qué me está pasando…

Mike vive a escasas manzanas de mi nuevo apartamento, cerca del centro de la ciudad en una casa con jardín y piscina que ocupa toda una manzana. Detiene el coche frente a la puerta principal de la verja que rodea el terreno, aprieta un botón de un pequeño mando a distancia y la puerta se abre. Entramos en la propiedad por un camino asfaltado que conduce a una gran casa de hormigón con grandes ventanales. Los jardines están perfectamente cuidados y la piscina es enorme, es un pequeño paraíso dentro de la gran ciudad.

Aparca frente al camino de acceso a la puerta principal de la casa y un tipo con uniforme abre la puerta y me ayuda a salir del coche tendiéndome la mano al mismo tiempo que me saluda:

–  Buenos días, señorita.

–  Buenos días. – Lo saludo tímidamente.

Mike se acerca y, tras decirle al tipo uniformado que se encargue de aparcar el coche en el garaje, se vuelve hacia a mí y me ofrece su brazo para que me agarre a él. Sin dudarlo, entrelazo mi brazo con el suyo y me guía hacia el interior de la casa.

Tu hada de la suerte 4.

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El resto del camino hasta llegar al Luxe y entrar en el despacho de Mike, lo pasamos en absoluto silencio. Joe nos ha dejado enfrente de la puerta principal del edificio y se ha marchado en el todoterreno cuando Mike le ha dicho que se ocupase del “otro asunto” y que le mantuviera informado.

Al entrar en el despacho, toma asiento y me ordena:

–  Siéntate y explícame por qué tengo que desconfiar de ellos.

Hubiera preferido seguir en silencio, su tono de voz autoritario, la mandíbula tensa y esa mirada fulminante me asustan, pero decido respirar y, señalando su portátil para pedirle permiso para cogerlo, le pregunto:

–  ¿Te has fijado en el tatuaje que llevaba en la muñeca el del traje gris? – Mike me ayuda a colocar el portátil en una posición donde ambos podamos ver la pantalla y, tras negar con la cabeza en respuesta a mi pregunta, añado: – Llevaba una serpiente tatuada en la muñeca, una serpiente que representa a un clan de la mafia rusa. Si se han tomado la molestia de venir hasta aquí para reunirse contigo, solo puede ser por dos razones: quieren mantener oculto el paradero de tu amigo o tratan de sacarte información y dinero para ser ellos los primeros en localizarlo, en cuyo caso no será para nada bueno. – Encuentro el dibujo del tatuaje que estaba buscando en internet y se lo enseño. – Este es el tatuaje y también puedes leer el artículo al que le hacen referencia.

Le doy un par de minutos para que lo lea y pueda procesarlo. Mike se pasa las manos por el cabeza, nervioso, se frota el mentón pensativo y finalmente me dice:

–  ¿Puedo preguntarte por qué sabes hablar ruso?

–  Mi madre y toda mi familia materna son de Rusia, he pasado muchos veranos y navidades allí con mis abuelos. Además, mi madre siempre me habla en ruso, dice que así practica ella y practico yo. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Y lo del tatuaje del clan de la mafia rusa? ¿Eso también lo aprendiste durante tus vacaciones de verano y navidad en Rusia? – Me pregunta Mike alzando una ceja.

–  Comprendo que no confíes en mí, apenas hace unas horas que nos conocemos. – Empiezo a decir sabiendo que me estoy metiendo en la boca del lobo. – Si me das tu consentimiento, ahora mismo puedo hacer una llamada y en cuestión de minutos tendrás ante ti la ficha policial de esos dos tipos.

–  ¿Puedes hacer eso? – Me pregunta sorprendido. – ¿Cómo piensas conseguirlo?

–  Digamos que soy tu hada de la suerte. – Le respondo dando largas.

–  ¿Vas a hacer algo ilegal? – Me pregunta con voz severa.

–  Ya te he dicho que solo voy a hacer una llamada. – Contesto con voz de no haber roto un plato en mi vida. – Solo necesito que estés de acuerdo, de lo contrario me olvidaré del tema y me limitaré a hacer de traductora.

–  Me gusta tu manera de negociar, Milena. – Me dice mostrándome por fin su sonrisa perfecta a la que creo que me he vuelto adicta. – Haz esa llamada y, mientras esperamos a que nos lleguen esas fichas policiales, te invito a comer.

Sin tiempo que perder, saco mi móvil del bolso y llamo a mi abuelo Oleg, el padre de mi madre que vive en Rusia y que fue agente de la antigua KGB, aunque ese es un detalle que le voy a omitir a Mike. Tras saludar brevemente a mi abuelo, le explico por encima lo que ocurre y accede a enviarme la información en cuanto la tenga, en un par de horas como mucho, según me ha dicho.

–  En dos horas como mucho, dispondremos de las fichas policiales de esos dos tipos. – Le informo.

–  Estupendo, nos da tiempo de salir a comer. – Me responde con su sonrisa perfecta.

Le devuelvo la sonrisa y me siento idiota. ¡No me he comportado así ni cuando era una adolescente! Noto como me sonrojo y camino por delante de él al dirigirnos hacia el ascensor para evitar que me mire.

Mike me lleva a un restaurante cercano al Luxe, un restaurante de comida local que resulta ser un lugar bastante elegante. Nos sentamos en una de las mesas y pedimos la comida tras examinar la carta. Mientras esperamos a que nos sirvan, Mike me dice:

–  Háblame de ti. Cuéntame qué te ha traído a Highland.

–  Necesitaba cambiar de aires y un amigo me ofreció mudarme aquí. Llegué hace un par de meses a la ciudad y lo más interesante que me ha pasado desde que llegué ha sido todo este asunto de los rusos. – Le respondo sin dar detalles.

–  Y, ¿qué te parece la ciudad?

–  Me gusta, aunque todavía no la conozco demasiado bien. – Le contesto sonriendo tímidamente. El camarero nos trae nuestros platos y le pregunto: – Y tú, ¿siempre has vivido aquí?

–  Sí, así es. Me gusta esta ciudad y no he encontrado un sitio mejor en el que vivir. – Me responde de buen humor. – Aunque tengo que confesar que en verano siempre me escapo un par de semanas a algún lugar donde haya playa.

–  No hay nada mejor que disfrutar de unas vacaciones en la playa sin hacer nada, excepto tomar el sol y darse un chapuzón en el agua. – Opino recordando mis vacaciones con Tom este verano, pero omitiendo las borracheras nocturnas.

Comemos mientras charlamos sobre nosotros, pero sin entrar en detalles. Descubro que le gusta su ciudad pero también disfruta de unas vacaciones en la playa, también que Joe, además de ser su mano derecha y su escolta personal, es uno de sus mejores amigos. Pero no descubro nada de su familia. Me ha preguntado por mi familia y cuando iba a preguntarle por la suya ha cambiado de tema antes de que pudiera abrir la boca, así que he decidido no preguntar, al fin y al cabo es mi jefe.

Cuando regresamos al Luxe reviso mi correo electrónico y veo que tengo un mail de mi abuelo con la información que le he pedido. Imprimo los archivos adjuntos y se los doy a Mike.

–  La ficha policial y los antecedentes de los investigadores privados rusos. También incluye la lista de antecedentes y los casos en los que se le relaciona pero que no se les ha podido imputar. – Le informo mientras él observa los documentos. – Mike, esos tipos son peligrosos.

–  Tampoco tengo otra opción, Milena. – Me contesta tras pasarse las manos por la cabeza.

–  Sí que tienes otra opción, me tienes a mí. – Le replico sentándome frente a él. – Si quieres, puedo ayudarte. No puedo prometerte nada, no hago milagros, pero te aseguro que podrás obtener mucha más información que si contratas a esos tipos.

–  No puedo meterte en esto, Milena. – Me responde tras suspirar profundamente. – Tú misma has dicho que es peligroso.

–  Ya estoy metida en esto, me han visto la cara. Pero el peligro no me asusta y estoy preparada y capacitada para responder ante situaciones difíciles. Además, soy tu hada de la suerte. – Le respondo sonriendo para quitarle seriedad al asunto. – Piénsatelo, Mike. No tienes que responder ahora.

–  Lo pensaré. – Me responde mirándome a los ojos. – Ahora vete a casa y descansa, ya has tenido bastante por hoy.

Asiento con la cabeza y salgo del despacho dispuesta a marcharme. Nada más cruzar la puerta principal del Luxe, me encuentro a Joe apoyado en el todoterreno y, cuando pasa por su lado, me dice con voz firme:

–  La llevaré a casa, señorita Ayala.

–  No es necesario, gracias Joe. – Le respondo.

–  Es una orden directa del señor Madson, que intenta velar por su seguridad, señorita Ayala. – Me contesta al mismo tiempo que abre la puerta del copiloto y me hace un gesto para que suba al todoterreno.

Obedezco sin rechistar, Joe no es una de esas personas a las que se les replica y mucho menos después de haber escuchado su severo tono de voz.

Tras darle la dirección dónde me alojo en casa de Tom, Joe conduce en silencio hasta que para el coche frente al portal del edificio.

–  ¿Es aquí? – Me pregunta observando los alrededores. Me entrega un papel con un número de teléfono y añade: – Si ves o notas algo extraño, llámame.

–  Gracias, pero estaré bien. – Le respondo guardando el papel en el bolso. – Sé cuidar de mí misma y aún no he encontrado a nadie que lo haga mejor que yo.

Me bajo del coche y entro en el edificio sin despedirme de Joe. Sé que él tan solo cumple órdenes, pero Mike se ha pasado de la raya. Para empezar, si tan preocupado estaba podía haberme traído él y, si me respetara, antes me habría preguntado si yo estaba de acuerdo.

Tu hada de la suerte 3.

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Bajamos las siete plantas que nos separan del despacho de Bill con una gran tensión en el ascensor. Mike evita mirarme y tamborilea los dedos sobre la barandilla metálica para sujetarse, gesto que delata que está nervioso o incómodo, o quizás las dos cosas. Le observo con detenimiento, el elegante traje marca sus musculosos brazos y su espalda ancha y noto como mi cuerpo se enciende. Por suerte, las puertas del ascensor se abren y trato de respirar con normalidad al salir del ascensor.

–  ¿Te encuentras bien? – Me pregunta Mike tratando sin éxito de ocultar una pequeña sonrisa burlona.

Estoy segura que sabe en lo que estaba pensando, puede que él también estuviera pensando lo mismo, pero desde luego lo habrá disimulado muchísimo mejor que yo.

–  Sí, estoy perfectamente. – Le respondo bastante borde. Debería cuidar más mi lenguaje, al menos cuando me dirija a él.

Mike me mira arqueando las cejas, sorprendido por mi contestación pero al mismo tiempo divertido, supongo que semejante Dios es adorado tanto por hombres y mujeres de todo el mundo. Le devuelvo una sonrisa falsa que nada tiene que ver con la sonrisa que él me dedica, pero que en este momento no puedo ocultar. Este hombre me excita tanto como me irrita, lo cual es una clara señal de lo mal que todo esto puede acabar. Y no me refiero solo al ámbito profesional, de hecho lo que más me preocupa es el ámbito personal, ya he tenido demasiadas sorpresas y no quiero tener otra.

Bill nos recibe en su despacho y, en apenas diez cinco minutos, firmo mi nuevo contrato de trabajo en Luxe bajo la atenta mirada y silenciosa presencia de Mike.

–  Bienvenida a Luxe, Milena. – Me da la bienvenida Bill.

–  Bill, encárgate de pedir las tarjetas de presentación para la señorita Ayala, hoy mismo nos reuniremos con un posible nuevo cliente y las necesitará cuanto antes. – Me dirige una rápida mirada y me dice algo incómodo: – Ni siquiera te he enseñado tu despacho, pero luego nos ocuparemos de ello. – Asiento con la cabeza pero no digo nada y Mike vuelve a tomar las riendas de la conversación: – Gracias Bill, estamos en contacto.

Mike se vuelve hacia a mí y ambos salimos del despacho de Bill y subimos de nuevo al ascensor. Por suerte, esta vez tan solo son tres plantas y el trayecto dura menos de la mitad de tiempo que duró antes. Pero Mike esta vez no evita mirarme, más bien todo lo contrario, me observa divertido mientras tamborilea con los dedos contra la pared metálica del ascensor.

Las puertas se abren y Mike me hace un gesto para que salga delante de él y al pasar por delante de la recepcionista, le guiño un ojo y le digo sonriendo:

–  ¡Te debo un café!

–  ¡Me alegra saberlo, Milena! – Me responde ella devolviéndome la sonrisa.

–  ¿Conoces a Bree? – Me pregunta Mike cuando salimos del edificio.

–  La he conocido esta mañana, le he dicho que venía a una entrevista, me ha deseado suerte y le he prometido que la invitaría a un café si me contrataban. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Joe nos espera apoyado en un todoterreno negro aparcado en doble fila. Joe me mira pero no logro descifrar su mirada, su rostro es impasible. Abre una de las puertas traseras y Mike me hace un gesto para que suba el coche y acto seguido el sube detrás de mí. Joe se sube en el asiento del conductor y arranca el motor del coche.

Mike debe de advertir en mi rostro lo que me llega a intimidar Joe porque se acerca a mí y, abrochándome el cinturón de seguridad, me susurra al oído:

–  No te preocupes por Joe, no va a morderte. – Me muestra su sonrisa perfecta y añade: – Y, por tu seguridad, deberías abrocharte el cinturón siempre que subas a un coche.

Mi corazón late tan fuerte que puedo oír mis latidos desbocados y soy consciente de que Mike también puede oírlos. Y me lo confirma mostrándome una sonrisa pícara. Decido mirar por la ventanilla y centrarme en las vistas del tráfico de la ciudad en hora punta.

Diez minutos más tarde, Joe aparca frente a un motel a las afueras y los tres nos bajamos del coche. Mike me agarra por la cintura y camina pegado a mí guiándome hacia una de las habitaciones del motel mientras Joe sigue nuestros pasos a un par de metros de distancia.

Entramos en la habitación del motel, la cual se abre con una tarjeta que Mike saca de su bolsillo. Él entra primero, enciende la luz y veo la estancia iluminada: una cama doble, dos mesitas de noche, una mesa con cuatro sillas, un armario y el baño tras una puerta de madera.

–  Lamento que el lugar de la reunión sea tan poco apropiado, pero tampoco sabía que iba a acabar trayendo aquí a la nueva directora ejecutiva de Luxe. – Se disculpa Mike.

Entro en la habitación y Joe entra detrás de mí.

–  Creo que esto será más cómodo para todos si lo mantenemos al margen de lo profesional. – Opino encogiéndome de hombros.

–  ¿A qué te refieres? ¿No quieres trabajar en Luxe? Si esto supone algún problema, regresamos a la oficina y nos olvidamos del tema pero…

–  No me has entendido. – Lo interrumpo. – Tan solo pretendo que hagamos esto como Mike y Milena nada más, aquí tú no eres mi jefe y yo no soy tu directora ejecutiva.

–  ¿Y quién se supone que son Mike y Milena? – Me pregunta divertido.

–  Dos amigos que se echan un cable cuando lo necesitan. – Le respondo sonriendo. Es imposible no sonreír ante su juguetona expresión.

Oímos un coche aparcar frente a la habitación del macabro motel y Joe anuncia:

–  Ya están aquí.

Joe abre la puerta y sale junto a Mike para recibirlos y hacerles pasar. Tras estrecharse la mano, los dos hombres rusos y supuestos detectives privados. Debido a la profesión de mi abuelo me ha enseñado y he aprendido muchas cosas y la más primordial es que nadie es quien dice ser.

–  Buenos días, soy la traductora del señor Madson. – Saludo hablando en ruso. Mike les hace un gesto para que tomen asiento y después me retira la silla para que yo también me siente, él se sienta a mi lado y yo prosigo: – El señor Madson quiere saber si han podido averiguar algo sobre lo que les pidió.

–  Directa al grano, señorita. – Me responde uno de ellos sonriéndome lascivamente.

–  No me gusta perder el tiempo. – Le replico todo lo borde que puedo. – ¿Tienen algo concluyente?

–  Lo que tu amigo pide es complicado, necesitaremos más tiempo y dinero hasta dar con la persona que busca. – Me dice el otro tipo. Me fijo en el tatuaje de la serpiente que lleva en la muñeca y cuando se da cuenta retira la mano y añade: – Cien mil más, ese es el precio.

Me vuelvo hacia a Mike y le digo:

–  Dicen que lo que les pides es complicado y que necesitarán más tiempo y dinero, cien mil más, para ser exactos, pero no tienen ninguna información para adelantarte. – Suspiro y añado: – Sé que acabas de conocerme y no te va a gustar lo que te voy a decir pero me arriesgaré: cometes un error.

–  ¿A qué te refieres? – Me replica Mike algo desconcertado.

–  Les puedo decir que te lo tienes que pensar, nos vamos de aquí, te doy alternativas y buenas razones para no recurrir a tipos como estos y cambias de opinión, ese es el plan bueno. – Le digo sin objeciones.

–  A mí tampoco me dan buena espina, Mike. – Concluye Joe poniéndose de mi parte.

–  De acuerdo. – Dice finalmente Mike.

Me vuelvo a los dos tipos y les digo:

–  El señor Madson ha de pensarlo, se trata de una cantidad elevada que no figuraba dentro del presupuesto, al menos no sin antes haber obtenido alguna información. Nos pondremos en contacto con ustedes en unos días para informarles de nuestra decisión.

–  Esperaremos su respuesta. – Espeta el tipo del tatuaje.

Tras ponernos en pie, nos estrechamos las manos a modo de despedida y cada uno se va por donde ha venido. Una vez en el todoterreno, Mike se vuelve hacia a mí y me pregunta molesto:

–  ¿Piensas explicarme de qué va todo esto?

–  Estoy segura de que no son quienes dicen ser, no tengo pruebas para demostrártelo, pero las tendrás en breve. – Le respondo.

–  Me lo explicarás con más detalles en mi despacho. – Sisea Mike visiblemente molesto.

Puede que me haya extralimitado, puede que lo mejor hubiera sido ceñirme al plan y únicamente hacer de traductora, pero ya es demasiado tarde para eso…

Tu hada de la suerte 2.

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La décima planta era igual de lujosa que el hall y la tercera planta, pero tenía unas vistas de toda la ciudad y de las montañas que la rodeaban que la hacía más especial.

Bill me condujo unos pocos metros por el pasillo central hasta llegar al centro de la oficina donde se ubican los despachos de los directivos de Luxe, y nos paramos frente a una amplia mesa tras la cual se sentaba una mujer de unos cincuenta y pocos años, de pelo negro no más de cinco centímetros de largo y una sonrisa permanente que transmitía bondad y amabilidad.

–  Buenos días, Bill. – Saluda la ¿secretaria? – Veo que vienes muy bien acompañado.

–  Buenos días, Norma. – Le devuelve el saludo Bill. – Te presento a Milena Ayala, es…

–  ¡Tú debes ser la nueva directora ejecutiva! – Exclama Norma interrumpiendo a Bill. – Eres mucho más joven y más guapa de lo que me podía imaginar, muchacha. Por cierto, soy Norma.

–  Encantada de conocerte, Norma. – Le respondo al mismo tiempo que le estrecho la mano.

–  El señor Madson os estaba esperando. – Nos dice Norma. – Le aviso ahora mismo.

Norma descuelga el teléfono y anuncia nuestra llegada al señor Madson. Tras una breve pausa en la que el señor Madson debe de estar dándole instrucciones, la respuesta de Norma lo confirma:

–  ¿En dos horas? No creo que pueda encontrar a alguien en tan poco tiempo, pero lo intentaré. – Cuelga el teléfono y nos dice: – Podéis pasar. – Me sonríe con ternura y añade: – Suerte, muchacha.

–  Gracias, Norma. – Le contesto sonriendo tímidamente.

Bill me guía hasta llegar a la puerta del despacho del señor Madson, donde llama antes de entrar y decir:

–  Buenos días, señor Madson. Vengo con la señorita Ayala.

–  Os estaba esperando, pasad. – Responde una voz que no tardo en asociar.

Bill da un par de pasos para estrecharle la mano y entonces puedo verlo. Efectivamente, es él. Sus ojos me encuentran y su sonrisa perfecta aparece en sus labios instantáneamente.

–  Milena. – Me saluda Mike sin dejar de sonreír.

–  Mik… Señor Madson. – Me corrijo en el último momento el saludo.

–  ¿Señor Madson? ¿No puedo seguir siendo Mike? – Me pregunta Mike bromeando.

Bill nos mira como si estuviera en un partido de tenis hasta que la voz por fin sale de su garganta:

–  ¿Os conocéis?

Me quedo callada, no sé qué contestar. Por suerte, Mike decide sacarme del atolladero:

–  Digamos que más o menos. – Le estrecha la mano a Bill a modo de despedida y añade: – Gracias por acompañar a la señorita Ayala, más tarde regresará para firmar el contrato.

De repente me pongo nerviosa, acaba de decir que el puesto es mío, sin embargo estoy preocupada. ¿Cómo se supone que voy a trabajar si mi jefe hace que me tiemble todo el cuerpo y no de miedo precisamente?

–  Bill me ha hablado de tu trayectoria profesional y debo admitir que he quedado impresionado, sobre todo por lo joven que eres. – Empieza a decir Mike al mismo tiempo que me hace un gesto con la mano para ofrecerme asiento. Espera a que tome asiento para sentarse él y continuar hablando: – Tengo entendido que nos han dado muy buenas referencias sobre ti en tu anterior empleo, tienes experiencia, Bill me ha asegurado que eres una persona responsable y también profesional, así que no tengo ninguna objeción respecto a la decisión de Bill. – Mira su móvil y continúa: – Necesitamos que te incorpores de inmediato, el anterior director ejecutivo no hizo su trabajo como debía y esto es un caos, ¿tienes algún problema en incorporarte tan pronto?

–  En absoluto, puedo incorporarme hoy mismo. – Le respondo con ganas de empezar a trabajar.

Unos golpes en la puerta me hacen dar un respingo y Mike responde alzando la voz:

–  Adelante.

La puerta se abre y tras ella aparece un hombre de unos dos metros de estatura, con los músculos más que definidos, de facciones duras y con pinta de tener muy mal humor.

–  El avión de los rusos acaba de aterrizar, disponemos del tiempo que tarden en recoger el equipaje, registrarse en el hotel y acudir a la reunión, un par de horas como mucho. – El tipo me mira sorprendido y acto seguido mira a Mike arqueando una ceja.

–  Ella es Milena Ayala, la nueva directora ejecutiva de Luxe. – Le informa Mike con una media sonrisa en los labios. Se vuelve hacia a mí y añade: – Milena, te presento a Joe.

Joe me estrecha la mano con firmeza pero sin apretarme demasiado, intercambia otra mirada significativa con Mike y dice antes de marcharse:

–  Dos horas para encontrar a un traductor que esté libre y dispuesto a acudir a la reunión, ¡no me lo puedo creer!

Joe sale del despacho y Mike se pasa las manos por la cabeza sin despeinarse mientras suspira resignado. Le observo en silencio hasta que nuestras miradas se encuentran.

–  Creo que puedo ayudarte. – Me oigo decir.

–  ¿Hablas ruso? – Me pregunta sorprendido.

–  Sí. – Respondo con cautela.

–  No se trata de una reunión de negocios, es más bien algo personal. – Me dice mirándome a los ojos, tratando de averiguar algo. – ¿Sigues estando dispuesta a ayudarme?

–  Sí, si así lo quieres. – Le contesto segura de mí misma. – Solo te pido una cosa, si hay algo que deba saber o crees que hay algo que creas que no me va a gustar, será mejor que me lo digas ahora, detesto las sorpresas y no reacciono demasiado bien ante ellas.

–  ¿A qué te refieres exactamente? – Me pregunta divertido.

–  Si voy a hacer algo ilegal, me gustaría saberlo. Si existe la posibilidad de que corra el mínimo peligro, quiero saberlo. Y, si la reunión con los rusos es tan solo una reunión de amigos que va a acabar en algo ilegal, también quiero saberlo. – Le advierto. – No quiero detalles, simplemente quiero saber si voy a hacer algo ilegal o peligroso.

–  Es una larga historia, pero básicamente estoy tratando de encontrar a una persona legalmente muerta y que creo que está viva y en Rusia. – Me responde un tanto nervioso.

Sé que no me ha contado toda la verdad, ni siquiera he avistado la punta del iceberg, pero aún y así sigo estando dispuesta a ayudarle. Pero no a su manera, no estaba haciendo las cosas bien. No es que fuera una rastreadora, pero mi abuelo me había enseñado desde pequeña a dominar toda clase de situaciones. Era un antiguo agente de la KGB y la seguridad era su obsesión, especialmente la de su familia. Buscar a una persona oficialmente muerta no es fácil, cambian de look, de profesión, de nombre e incluso de hobbies. Aunque supongo que lo que debería preocuparme es el motivo por el cual se ha hecho pasar por muerto o muerta, no ha especificado si era hombre o mujer.

–  ¿Confías en esos tipos? – Le pregunto sin pensar. No debo olvidar que estoy hablando con mi jefe.

–  Me los ha recomendado un buen amigo y, tras verificar que realmente eran detectives privados, que lo tenían todo en regla y estaban limpios, incluso tienen un edificio de oficinas para su empresa con más de veinte agentes en plantilla. Contraté a un traductor profesional y concertamos una reunión para hoy, su mujer se ha puesto de parto y no puede venir a la reunión. – Me mira fijamente a los ojos con semblante serio y añade: – Milena, si no quieres hacerlo, lo entenderé perfectamente.

–  Quiero hacerlo. – Le aseguro, aunque ni yo misma sé por qué. Está tenso y sus ojos no dejan de escudriñarme tratando de captar todas y cada una de mis reacciones. Le dedico una sonrisa burlona y bromeo para tratar de relajarle: – Siempre que a mi jefe no le importe que falte el primer día.

–  Si tu jefe se atreve a decirte algo se las tendrá que ver conmigo. – Me responde mostrando su perfecta sonrisa, divertido con la broma. – Te acompaño al despacho de Bill para que puedas firmar el contrato y nos vamos a la reunión. Por cierto, se supone que vamos a una reunión de negocios con un posible cliente. – Lo cierto es que eso no me tranquiliza y él parece notarlo porque añade: – Eres la nueva directora ejecutiva, tendremos miles de reuniones con posibles clientes y nadie pensará lo que no es.

–  Perfecto. – Contesto asintiendo con la cabeza.

Salimos de su despacho y Mike le dice a Norma que ya no es necesario que busque a ningún traductor y que no regresará hasta por la tarde. Acto seguido, saca su móvil del bolsillo y hace una rápida llamada antes de entrar en el ascensor:

–  Ya tenemos traductor. Prepara el coche, nos vemos en veinte minutos.

Cuelga sin decir nada más y me imagino que ha debido llamar a Joe.

Cita 40.

“Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias de ningún modo es una media verdad.”

Jean Cocteau.

Tu hada de la suerte 1.

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Después de haberme despedido del trabajo dos meses atrás y haberme mudado a 300 km de distancia del pueblo donde nací y crecí, por fin tenía una entrevista de trabajo bastante interesante. El puesto de trabajo era de directora ejecutiva en una multinacional, estaba muy bien remunerado y tenía una baza a mi favor: la persona que me iba a hacer la entrevista era un amigo de mi mejor amigo. Sí, había conseguido la entrevista por enchufe, pero no había sido fácil. Bastantes favores me había hecho ya mi buen amigo Tom como para pedirle uno más, pero el destino había querido que la empresa para la que trabajaba su amigo como director de RRHH necesitara con urgencia cubrir el puesto que había quedado vacante sin previo aviso y querían a alguien de confianza. Y Tom pensó en mí, supongo que después de dos meses viviendo en su apartamento quiere que me busque mi propio apartamento y le deje la intimidad que todo hombre soltero necesita.

–  Ya estás otra vez con el ceño fruncido, ¿se puede saber qué te preocupa? – Me pregunta Tom entrando en la cocina vestido pero con el pelo mojado todavía de la ducha. – La entrevista con Bill es una mera formalidad y no tienes que estar nerviosa, compórtate con normalidad y te adorarán, es imposible no adorarte. – Me besa en la frente y se sirve un café y unas tostadas para desayunar. – ¿Necesites que te lleve a la entrevista?

–  No hace falta, el metro me deja justo al lado de la oficina y solo son tres estaciones. – Le contesto de mejor humor y más relajada. – Me voy ya que no quiero llegar tarde.

–  ¡Llámame luego para contarme qué tal te ha ido y mucha mierda! – Se despide Tom al mismo tiempo que salgo por la puerta.

La idea de ir en metro me da curiosidad, en Beach Ville no tenemos metro y para mí es toda una novedad de Highland, la Gran Ciudad. En los dos meses que llevaba en Highland aún no me había acostumbrado al cambio de temperatura, cuando caía la noche también caían unos quince grados.

En apenas veinte minutos recorrí en metro el trayecto que me separaba de la oficina de Luxe, la multinacional donde Bill, el amigo de Tom y director de RRHH de Luxe, me iba a hacer la entrevista. Bill me había advertido que la última decisión la tomaría el director general de Luxe, que a su vez también era el fundador de la empresa. Tan solo esperaba que mi jefe fuera cordial y profesional, de ese modo no tendría problema en entenderme con él.

Nada más poner un pie en el hall del edificio de Luxe, la grandeza, elegancia y poder de la arquitectura me fascinó. Los altos techos y los enormes ventanales clásicos contrastaban con la moderna decoración minimalista y hacían del lugar una digna imagen representativa de Luxe.

–  Un edificio fascinante, ¿verdad? – Me susurra una voz grave a mi espalda.

Me doy cuenta de que me he quedado parada en mitad del hall, mirando hacia el techo y dando una lenta vuelta sobre mí misma, así que debo parecer una loca recién salida de un centro de salud mental. Me doy la vuelta para disculparme y me topo con la sonrisa más perfecta que jamás había visto, seguida de unos ojos grises que me miraban fijamente como si pudiera ver a través de mis ojos. Me quedo hipnotizada por esa mirada durante unos segundos, hasta que sus ojos se oscurecen y su sonrisa se esfuma.

–  ¿Te encuentras bien? Estás empezando a asustarme. – Me pregunta preocupado.

–  Sí, perdona. – Me disculpo mientras trato de recomponerme. – El edificio es realmente fascinante y majestuoso pero sin ser cargante ni excesivo, el decorador ha hecho un gran trabajo. – Trato de parecer normal y no una tarada.

–  Estoy completamente de acuerdo. – Me responde de nuevo con esa sonrisa perfecta en los labios. – Por cierto, me llamo Mike.

Me tiende la mano y se la estrecho como si fuera parte de un proceso automático mientras lo observo con mayor atención. Es un hombre extremadamente atractivo, de mirada penetrante y sonrisa perfecta. Iba vestido con un traje de color gris oscuro, una camisa negra y sin corbata, pero su gesto y el brillo de sus ojos esconden un lado oscuro que no puedo resistir.

–  Encantada de conocerte, Mike. Yo soy Milena.

–  Milena, bonito nombre. – Me susurra con voz perturbadora. – Encantado de conocerte, espero que volvamos a vernos.

Me muestra su sonrisa perfecta y se aleja hasta llegar al mostrador para decirle algo a la recepcionista, una chica de pelo moreno y aspecto tímido que se ruboriza en cuanto ve a Mike. Mike le dice algo en voz baja y acto seguido se encamina hacia uno de los ascensores. ¿Trabajará en el Luxe?

Me acerco a la recepcionista y me recibe con una amplia sonrisa, sintiéndose más cómoda tratando conmigo que soy una desconocida que con Mike, al que probablemente ya conocía.

–  Buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarla?

–  Buenos días. – La saludo devolviéndole la sonrisa. – Tengo una entrevista con el señor Bill Morris.

–  Está en la tercera planta, allí está el ascensor. – Me responde con una cálida sonrisa al mismo tiempo que señala en dirección al ascensor. – Buena suerte, señorita.

–  Llámame Milena y, si tengo suerte, mañana te invito a un café. – Le contesto antes de entrar en el ascensor.

Las puertas del ascensor se abren en la tercera planta y Bill ya me está esperando en el vestíbulo. Es agradable contar con una cara conocida, aunque solo conozca a Bill de haberlo visto los sábados en los partidos de fútbol de Tom y de un par de veces que Tom me ha obligado a salir de copas con él y sus amigos.

–  Hola, Milena. – Me saluda Bill. – ¿Qué tal ha ido el viaje en metro?

–  ¿Te ha dicho Tom que venía en metro? – Pregunto sorprendida.

–  Me ha llamado hace dos minutos para comprobar si habías llegado bien, justo cuando la recepcionista me ha avisado de que estabas subiendo. – Me responde divertido. – Pasa, vayamos a mi despacho.

Me conduce por la tercera planta donde se ubica el departamento de recursos humanos hasta que llegamos a su despacho. Me hace un gesto para que me siente en uno de los sillones y él se sienta en el sillón de en frente. Coge una carpeta y me la entrega.

–  Teniendo en cuenta tus estudios, tu trayectoria profesional, las referencias de la última empresa en la que has trabajado y que me pareces una persona en su sano juicio, al menos todo lo que se puede estar hoy en día, tan solo queda que le eches un vistazo al contrato y, si estás interesada en el puesto de directora ejecutiva, subimos al despacho del jefe para una entrevista final.

–  ¿Una entrevista final? – Pregunto horrorizada.

–  Él es el director general y tú vas a ser la directora ejecutiva, vais a pasar mucho tiempo juntos y es lógico que antes de contratarte quiera conocerte. Es un tío bastante carismático y aquí todo el mundo lo aprecia, seguro que te caerá bien. – Me tranquiliza Bill. – El puesto es prácticamente tuyo, no tienes nada de qué preocuparte.

Leí el contrato y Bill me aclaró todas y cada una de las cláusulas para asegurarse de que lo entendía todo. No podía quejarme, si conseguía el trabajo iba a poder alquilar mi propio apartamento y dejar de ser un parásito para Tom.

–  Entonces, ¿quieres esa entrevista final? – Me pregunta Bill sonriendo cuando por fin terminamos de repasar el contrato.

–  Sí, vamos allá. – Le confirmo.

Salimos del despacho de Bill y cruzamos de nuevo la tercera planta hasta llegar al vestíbulo, nos montamos en el ascensor y subimos a la décima planta, la última planta del edificio donde se ubicaban los despachos de los directivos de altos cargos.

Tu hada de la suerte.

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Milena se traslada a la gran ciudad para olvidarse de la traición de su novio. Empezar una nueva vida lejos de los malos recuerdos del pasado le parece la mejor opción para seguir adelante y se instala con su buen amigo Tom.

Gracias a él y a Bill, uno de los amigos de Tom, consigue un trabajo en el Luxe, donde conoce a Mike, un hombre de los más atractivo y seductor que resulta ser su jefe.

Una inesperada reunión con dos sicarios de la mafia rusa en busca de la verdad sobre lo ocurrido con el amigo de Mike les embarca en una extraña y a la vez excitante misión durante la cual no podrán resistirse a la pasión existente entre ambos. Pero cuando la pasión se convierte en amor, a Milena le surgen dudas: ¿podrá confiar en otro hombre después de la traición de Daniel? ¿Funcionará su relación si Mike continúa siendo su jefe?

Si quieres saber más sobre ésta historia, aquí puedes encontrar todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Encontré la paz en ti.

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Salió a correr por el bosque para tratar de aclarar sus ideas. Todo aquello era nuevo para él, necesitaba asimilar y aceptar lo que estaba sintiendo. Se detuvo a descansar cuando llegó a una pequeña explanada que le llenó de la paz y la tranquilidad que tanto ansiaba. El verde de la hierba se combinaba con los diversos colores de las flores que allí brotaban y, sin pretenderlo, ella se apoderó de sus pensamientos. Aquellas flores eran como ella: sencillas, hermosas, delicadas y casi le transmitían la misma calma que ella le otorgaba.

Se sentó sobre una roca y suspiró. Últimamente todo le recordaba a ella.  Añoraba verla sonreír, escuchar su voz, estrecharla entre sus brazos y hacerle el amor hasta oírla gritar su nombre entre gemidos. Añoraba la paz y la armonía que sentía cuando estaba con ella, sus incesantes preguntas y sus réplicas descaradas.

No supo retenerla y la había perdido. Ella quería más de lo que él podía darle, más de lo que él era capaz de afrontar. La echaba de menos desde que se marchó de su casa dando un portazo pero ya no podía más. Cinco días sin saber nada de ella era demasiado, mucho más de lo que podía soportar. Necesitaba sentirla suya, la necesitaba de nuevo a su lado y, esta vez, para siempre.

Suspiró de nuevo, se frotó la cara con ambas manos y, mirando con esperanza aquellas flores llenas de vida y de color, dijo en voz alta:

– Voy a buscarte, voy a encontrarte y voy a conquistarte como debí hacer la primera vez.

 

Déjame sin aliento 19.

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Carolina se despertó en la misma posición en la que se quedó dormida: en el regazo de Lucas y entre sus brazos. Alzó la vista y se topó con la radiante sonrisa de Lucas, que la miraba totalmente embelesado. Ella se estrechó aún más contra su cuerpo y Lucas la abrazó y la besó en los labios.

–  Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?

–  Mejor que nunca, me encanta dormir contigo. – Le respondió Carolina divertida.

–  Me alegra que me digas eso porque quiero pedirte algo.

–  Y por la cara que has puesto supongo que no me va a gustar. – Le responde ella.

–  Cariño, tengo que ir a buscar a mi hermana a casa de Lorena y llevarla a casa de mis padres, que han vuelto de su viaje al enterarse del accidente de Rocío, y me gustaría que vinieras conmigo. – Le dice Lucas con cautela, observando su rostro para adivinar su reacción.

Si la hubieran pinchado, a Carolina no le habrían sacado sangre. Hacía unas horas creía que el hombre del que estaba enamorada la había abandonado y sin embargo ahora le estaba proponiendo acompañarlo a buscar a su hermana y llevarla a casa de sus padres. No me lo puedo creer, ¿quiere que conozca a su familia?

–  Cariño, si no me contestas acabarás provocándome un infarto.

–  ¿Quieres que conozca a tu familia? – Le preguntó Carolina con un hilo de voz.

–  Mis padres y mi hermana están deseando conocerte, cariño. Y yo ya conozco a tu familia, ¿no te parece justo que quiera que tú conozcas a la mía?

Una hora más tarde, ambos regresaban a la ciudad. Llegaron a casa de Lorena y Carolina, donde Lorena cuidaba de Rocío, la hermana de Lucas. Sin dejar de rodear con su brazo la cintura de Carolina, saludó a su hermana y a Lorena y le estrechó la mano a su amigo Jordi para después presentar a su hermana a la mujer que tenía entre los brazos:

–  Cariño, quiero que conozcas a mi hermana Rocío. – Se vuelve hacia su hermana y añade: – Rocío, te presento a Carolina.

–  Por fin te conozco, mi hermano no ha dejado de hablar de ti. – La saluda Rocío al mismo tiempo que Carolina se inclina para darle un par de besos en la mejilla e impedir así que se mueva. – Encantada de conocerte, Carolina.

–  Lo mismo digo, Rocío. – La saluda Carolina. – ¿Cómo te encuentras?

Tras explicar de nuevo cómo fue el accidente, Rocío se puso en pie con la ayuda de Lucas y los tres se encaminaron a casa de los Molina, donde Lucas volvió a hacer las pertinentes presentaciones y Carolina les saludó con una tímida sonrisa. Los padres de Lucas estaban felices de ver a su hijo tan feliz y se mostraban amables con Carolina. La madre de Lucas insistió en que se quedaran a comer, pero Lucas rechazó su invitación para regresar a la Vall d’Haràn y la mujer hizo que les prometieran que pronto regresarían juntos a comer.

–  Descuida mamá, no pienso despegarme de Carolina y pienso seguir viniendo a veros, así que me temo que os guste o no, la vais a tener que seguir viendo. – Bromeó Lucas con sus padres mientras se despedía de ellos. Envolvió a Carolina entre sus brazos mientras caminaban en dirección al coche y le susurró al oído: – Cariño, a partir de ahora soy todo tuyo. Regresaremos a la suite de ese precioso hotel y estaré total y absolutamente a tu disposición.

–  ¿Solo para mí? – Quiso asegurarse Carolina.

–  Solo para ti, cariño. – Le confirmó Lucas. La besó en los labios y le abrió la puerta del copiloto para ayudarla a sentarse. Rodeó el coche y se sentó en el asiento del conductor. – Vamos a buscar a Jordi y Lorena y nos vamos a la Vall d’Haràn, ¿te parece bien, señorita?

–  Me parece perfecto.

Pasaron a buscar a Jordi y Lorena y los cuatro se dirigieron a la Vall d’Haràn en el coche de Lucas, pues el coche de Carolina seguía allí y era una tontería llevar un tercer coche, sobretodo porque Lucas no estaba dispuesto a separarse de Carolina.

Nada más llegar al hotel, dejaron a Lorena y Jordi en la recepción para registrarse, y se dirigieron directamente a su suite presidencial.

–  Cariño, ahora sí que soy todo tuyo. – Le dijo Lucas sonriendo al mismo tiempo que la cogía en brazos y la llevaba a la enorme cama para acurrucarse con ella entre sus brazos. – Me encanta estar así contigo, constantemente en contacto contigo.

–  Pues quedémonos así para siempre, a mí no me importa. – Le respondió Carolina juguetona.

–  ¿Estás agotada pero sigues teniendo ganas de jugar? – Le pregunta Lucas socarronamente. – Cariño, ya sabes que estoy a tu disposición, tan solo tienes que pedirme lo que quieras.

–  Déjame sin aliento. – Responde Carolina son una sonrisa picarona.

Lucas no se hizo de rogar, adoraba a la mujer que tenía entre sus brazos y quería en complacerla en todo lo que ella le pedía, sobre todo si se trataba de dejarla sin aliento…

 

FIN

Déjame sin aliento 18.

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Carolina salió del ascensor y se dirigió a la entrada del restaurante. Estaba agotada, pero se había obligado a bajar a cenar porque había hecho una reserva en el restaurante. Cenaría y después regresaría a la suite presidencial, donde trataría de dormir en la enorme cama con dosel que sin duda le haría sentir aún más sola. Se acercó al maître y le dijo:

–  Buenas noches, tenía reserva a las nueve para cenar, a nombre de Carolina Hernández.

–  Sí, aquí está. – Le confirma el maître. – Una reserva para dos personas.

–  ¿Para dos personas? Disculpe, pero creo que…

–  Sí, para dos personas. – Confirma Lucas desde su espalda. La abraza pegando su pecho contra la espalda de ella y le rodea la cintura con los abrazos antes de besarla en la mejilla y añadir: – Cariño, si te hubieras traído el móvil, sabrías que venía de camino.

Lucas aprovechó la sorpresa de Carolina para llevarla rápidamente a la mesa que el maître les indicaba y pidió vino para beber cuando el camarero se acercó.

–  ¿Qué estás haciendo aquí? – Le pregunta Carolina cuando recobra la capacidad de hablar.

–  Cariño, he venido a buscarte. – Le contesta Lucas acariciando su brazo con las yemas de los dedos desde la muñeca hasta la parte interior del codo. – Soy un imbécil, cuando salimos del restaurante me llamaron del hospital porque mi hermana había tenido un accidente de tráfico y se negaron a darme más información por teléfono. Me olvidé de todo lo demás y me marché al hospital, debí decirte lo que pasaba y por qué me marchaba. Claro que tampoco me imaginaba que fueras a dar por hecho que lo nuestro se había acabado tras la presentación del proyecto.

–  Ese era nuestro trato. – Se defendió Carolina.

–  Carolina, ¿de verdad crees que ese trato tenía algún valor después de todo lo que ha pasado entre nosotros durante los tres últimos meses? – Tras mirarla a los ojos y ver que ella no pensaba abrir la boca, le apretó la mano con ternura y le confesó: – Cariño, te quiero. Debería habértelo dicho antes y no haberlo dado por hecho. Me he portado como un auténtico idiota pero, si me das una oportunidad, te demostraré que estamos hechos el uno para el otro, cariño.

–  ¿Quieres una relación de pareja?

–  Así es, cariño. Quiero acostarme y despertarme contigo todos los días, quiero que salgamos a cenar, quiero llevarte a casa de mis padres y también que me lleves a casa de los tuyos. Por cierto, tengo que llamar a Lorena, la he dejado en el hospital a cargo de mi hermana y probablemente ya le han dado el alta.

–  ¿Qué le ha pasado a tu hermana? – Con todo lo que le ha dicho Lucas, ni siquiera se había dado cuenta hasta ahora que su hermana había tenido un accidente y está en el hospital.

–  Está bien, salvo por una costilla rota y una brecha en la cabeza. – Le contesta Lucas con dulzura, quitándole importancia al asunto. – La han dejado en observación por el golpe en la cabeza, pero le daban el alta esta tarde y Lorena me dijo que se llevaría a mi hermana a su casa para que yo pudiera venir a buscarte.

–  Lo siento. – Murmura Carolina con un hilo de voz.

–  No lo sientas cariño, solo ven y bésame. – Le dice Lucas agarrándola de la cintura y sentándola sobre su regazo, sin importarle dónde se encuentran. – Bésame, cariño. Necesito sentirte cerca, no vuelvas a dejarme.

–  Lo mismo digo. – Le responde Carolina antes de besarle en los labios.

–  Te he echado de menos. Será mejor que no vuelvas a escaparte si no quieres que acabe esposándote a mí.

El camarero regresó y, tras pedir la cena, Lucas llamó a Lorena, quien le confirmó que le habían dado el alta a su hermana Rocío, que descansaba en la habitación de invitados mientras ella y Jordi veían una película en el salón y colgó tras decir que volvería a llamar mañana por la mañana.

Cenaron en apenas media hora y subieron en el ascensor a la suite presidencial. Carolina estaba agotada y Lucas la cogió en brazos cuando las puertas del ascensor se abrieron. Entró a la suite cargando con ella y la depositó con sumo cuidado sobre la cama. Se volvió para cerrar la puerta de la habitación y se sentó en la cama junto a Carolina para empezar a desnudarla. Le quita las botas, los calcetines, los vaqueros y el jersey, y la deja en ropa interior para envolverla entre las sábanas. Le da un beso en la frente y se levanta para coger su móvil y desconectarlo, esta noche no va a estar disponible para nadie, salvo para Carolina.

–  ¿A dónde vas? – Le pregunta Carolina aterrorizada ante la idea de volver a quedarse sola.

–  A ninguna parte, cariño. – Le responde sonriendo y acercándose a los pies de la cama mientras se desnudaba hasta quedarse con el bóxer puesto y metiéndose en la cama junto a ella. – Estás loca si piensas que voy a volver a alejarme de ti, preciosa. – La coge de la cintura hasta colocarla en su regazo y le susurra al oído: – Ahora duérmete, estás agotada.

–  Estoy agotada, pero también estoy demasiado nerviosa como para dormirme. – Le responde Carolina revolviéndose entre sus brazos. – Quizás tú puedas relajarme…

–  Cariño, ¿qué me estás diciendo? – Le pregunta Lucas burlonamente.

–  Lo sabes perfectamente. – Le contesta Carolina con voz sensual al mismo tiempo que desliza sus manos por el pecho y el abdomen de Lucas.

–  Estás agotada, deberías descansar y mañana te dejaré otra vez sin energía. – Intenta convencerla pero sin demasiado énfasis. – Cariño, deja de incitarme o no podré controlarme.

–  No quiero que te controles. – Le susurra Carolina al oído al mismo tiempo que roza descaradamente la erección de Lucas contra el punto donde sus muslos se unen. – Te necesito, necesito sentirte cerca.

–  Cariño, me tienes a tus pies, dispuesto a cumplir todas tus órdenes. – Le contesta Lucas agarrándola del trasero para darle la vuelta y acabar sobre ella. La incorpora levemente para desabrocharle y quitarle el sujetador y después hace lo mismo con las bragas. – Eres preciosa, cariño. – Recorre a besos la suave piel de Carolina, desde el tobillo hasta su cuello, deteniéndose alrededor de su ombligo y en sus pechos, lamiendo y mordisqueando sus pezones hasta hacer que se pusieran duros. – Dime que eres mía y de nadie más, cariño. Yo soy solo tuyo. Solo tuyo.

–  Yo también soy toda tuya. – Le contesta Carolina arqueando la espalda.

–  Entonces pídemelo, cariño. – Le susurra al oído Lucas.

Carolina sabe perfectamente qué es lo que Lucas quiere que le pida y no lo hace esperar para dar su respuesta:

–  Déjame sin aliento.

Con un gruñido gutural, Lucas la besó al mismo tiempo que pasaba sus dedos por la hendidura de ella para esparcir su humedad y facilitar el acceso. Cuando consideró que estaba bien lubricada, llevó su miembro a la entrada de su sexo y le susurró al oído:

–  Te voy a hacer el amor, cariño. Y te voy a dejar sin aliento.

Muy despacio, Lucas se adentró en ella al mismo tiempo que la llenaba de besos por la cara y el cuello con ternura. Nunca antes había sido tan dulce y tan atento como lo estaba siendo con ella, la amaba. Entraba y salía de ella con delicadeza, moviendo las caderas en círculos cuando llegaba a lo más profundo, besando sus labios con verdadera devoción.

–  Te he echado de menos. – Susurra Carolina arqueando la espalda, anticipando las primeras olas del orgasmo que se avecina.

–  Lo sé, cariño. – Le contesta Lucas acariciando su clítoris con el pulgar de una mano mientras que con la otra pellizca y estira sus pezones para después calmarlos con la lengua. – Yo también te he echado de menos, preciosa. – Introduce de nuevo totalmente su miembro en el interior de ella, mueve las caderas en círculos y le susurra al oído: – Cariño, quiero que te corras conmigo. – Le da un beso en los labios y tira de su labio inferior, dejando que se deslice entre sus dientes. – ¿Estás preparada?

–  Hum…

–  Me tomaré eso como un sí. – Bromeó Lucas.

Tan solo dos suaves estocadas bastaron para que ambos alcanzaran juntos el clímax. Se quedaron abrazados unos minutos hasta que recobraron la respiración y Lucas le dijo mirándola a los ojos:

–  Te quiero, cariño. Pero no vuelvas a dejarme así o me dará un infarto. – Carolina abre la boca para protestar, pero él la besa y le dice: – Lo sé, cariño. Te prometo que jamás volveré a comportarme como un tarado, deja que te lo demuestre.

–  Más te vale. – Le advirtió Carolina acurrucándose en el regazo de Lucas antes de quedarse dormida.