Mesabril 2016

Caprichos del destino 11.

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Después del Gran Premio de Alemania y Hungría, Jason tiene tres semanas de vacaciones que decidimos pasar juntos. Tras pasar diez días en una cabaña frente a una playa paradisiaca y totalmente desierta, fuimos a Londres para pasar unos días con su familia. Helena es una mujer encantadora, dulce y amable. James es más callado, pero igual de amable y encantador que su mujer. Kate tiene esa espontaneidad y esa alegría de la juventud, siempre va de un lado a otro llena de energía y con una sonrisa en los labios. Kevin no se parece en nada a Jason, es extrovertido, habla por los codos y siempre trata de ligar conmigo, aunque solo sea para fastidiar a Jason, pero sigue siendo un tipo encantador. Tengo que reconocer que Jason tenía razón, su familia se ha portado genial conmigo, como si yo fuera una más de la familia Muller.

Tras pasar unas maravillosas vacaciones tengo que regresar a Barcelona y seguir con mi trabajo. El ambiente se ha vuelto un poco hostil en la penitenciaria. El juez y el fiscal a los que estoy investigando a través de un detective privado me han citado hoy en una cafetería para informarme de cómo está el asunto. Me ha dicho que tenía que decirme algo muy importante y me ha pedido que no comente nada con nadie hasta haber hablado con él primero. Ni mi familia ni mis amigos saben nada al respecto, ni siquiera le ha dicho nada a Jason, que no deja de preguntarme qué me pasa desde que regresamos de vacaciones, a lo que yo me limito a contestar que todo va bien. Por suerte, Jason está en Italia y no voy a tener que inventarme ninguna excusa para encontrarme con el detective.

Cuando llego a la cafetería el detective Heredia ya está sentado a una mesa esperándome. Lo saludo con un firme apretón de manos y me siento frente a él.

–  Buenas tardes, señorita Moreno. – Empieza a decir. – He investigado todo lo que usted me pidió y, antes de continuar, debo advertirle que todo esto va más allá de dónde sospechábamos y, en mi opinión, debería facilitar toda esta información a la policía y dejar que ellos se encarguen de todo. – Hace una pausa para abrir un dossier y continúa hablando: – Por lo que he podido verificar, el juez Castro y el fiscal Espinosa están otorgando la libertad condicional a presos pertenecientes a bandas colombianas. Incluso le he traído fotografías e informes que demuestran todas las actividades que estos dos individuos llevan a cabo, la gran mayoría ilegales. – Me entrega un sobre con fotografías y el dossier con todos los informes y, antes de marcharse, añade en forma de consejo: – Estos tipos tienen amigos por todas partes, si de verdad quiere que acaben entre rejas tendrá que asegurarse que el policía a quien le va a contar todo no esté involucrado, de lo contrario, estará poniendo en peligro su vida y la de los que la rodean.

–  Gracias, inspector Heredia. – Le agradezco al mismo tiempo que me guardo en el bolso toda la documentación que me ha facilitado. – Tendré en cuenta su consejo y espero que todo salga bien.

De camino a casa no puedo dejar de darle vueltas al tema. Puedo decírselo a Diego y a David, confío en ellos y estoy segura de que me ayudarían pero, ¿qué puede hacer la policía local de Sitges en un caso de corrupción judicial? Nada. Solo los pondría en peligro. También puedo llamar a Víctor, aunque eso supondría que Esther se enterara y tendría que aguantar el sermón, las lamentaciones y puede que algún insulto que otro relacionados con mi estado de salud mental. Buf. Creo que lo mejor es darme un baño y aclarar un poco las ideas.

Introduzco la llave en la cerradura de mi piso pero de pronto alguien abre la puerta desde adentro. Estoy a punto de sonreír creyendo que es Jason pero la sonrisa se me esfuma de la cara en cuanto me percato que Jason mañana tiene el gran premio de Italia y es imposible que esté en mi piso. No me da tiempo a pensar en nada más. De repente, me encuentro con el cañón de una pistola frente a mis ojos. Solo puedo levantar la vista para ver quién es mi agresor y me quedo horrorizada al descubrir que la persona que tengo delante es Nelson Figueroa, uno de los presos colombianos al que le han concedido la condicional.

–  Es una gringa muy bella, no me extraña nada que tenga un novio que corre en carros de Fórmula 1, aunque supongo que eso también debe suponer un problema teniendo en cuenta lo poco que se podrán ver ustedes. – Me dice con su acento colombiano y con un brillo oscuro en los ojos. – No se preocupe, niñita. Todo va a salir bien siempre y cuando usted mantenga esa bocota cerrada. Nada me gustaría menos que tener que deshacerme de alguien tan bella como usted.

Repulsión es poco comparado con lo que siento en este momento. Solo de pensar que Figueroa podría tocarme con sus sucias manos me pone la piel de gallina. ¿A qué me creía que estaba jugando? ¿Cómo se me ocurre ponerme a investigar semejante cosa sin informar a la policía ni a nadie? Si este hombre me matara y escondiera mi cadáver nadie tendría la menor idea de dónde encontrarme ni a quién culpar.

–  No se asuste, princesa. – Continúa hablando Figueroa. – Estoy aquí solo para advertirle que deje de jugar a los detectives. Si descubro que no se toma en serio mi advertencia, tendré que encargarme personalmente de usted y, cómo le he dicho, nada me gustaría menos.

Dicho esto y con una sonrisa maliciosa en los labios, Nelson Figueroa desaparece por la puerta como si acabara de venir a saludarme mientras yo me dejo caer en el sofá y lloro como una niña. Cuando soy capaz de serenarme un poco, llamo a Víctor y, entre llantos y gemidos, le pido que venga a casa.

Veinte minutos más tarde, Víctor y Esther aparecen por casa junto a Raúl, que estaba con ellos y al enterarse de mi llamada desesperada también ha venido. Les explico todo lo que he averiguado en estos últimos meses mientras ellos me prestan toda su atención. Contesto a todas y cada una de las preguntas que me hace Víctor y, tras analizar lo sucedido, Víctor decide que lo mejor es llevar el asunto con discreción mientras él hace algunas averiguaciones ya que cree que es posible que también hayan policías involucrados en todo esto.

Por el momento, Víctor se encarga de imponer sus normas de seguridad:

–  Es evidente que aquí no te puedes quedar, te quedarás con nosotros en casa. Y, respecto al trabajo, ¿te quedan días de vacaciones? Podrías coger unos días libres. Otra cosa más, si sales a la calle tienes que hacerlo acompañada.

–  Puedes quedarte en casa conmigo, yo estoy de vacaciones y puedo hacerte compañía, al menos mientras tu piloto esté en las carreras. – Me propone Raúl.

–  Jason. – Balbuceo al acordarme de la amenaza de Nelson Figueroa. – Regresará mañana por la noche, tengo que hacer algo para alejarlo, no puedo ponerle en riesgo.

–  Y, ¿qué piensas hacer? ¿Dejarlo? – Me increpa Esther con una sonrisa nerviosa.

–  Es una opción. – Apunto. – Puedo decirle que necesito tiempo o espacio y, cuando todo se solucione, si es que se soluciona, le puedo explicar lo que ha pasado y a lo mejor incluso hasta me perdona. – Mi voz se ha ido debilitando a medida que salían las palabras de mi boca.

–  Yo optaría por decirle la verdad. – Me sugiere Raúl.

–  Entonces se quedaría aquí, en peligro. – No puedo aguantar más y vuelvo a llorar.

Mientras Esther me prepara una maleta en mi habitación, Víctor me prepara una tila en la cocina y Raúl se dedica a abrazarme y consolarme en el sofá del salón.

Antes de salir de mi apartamento, les hago prometer que no le van a decir nada de lo que ha pasado a nadie y, aunque a regañadientes, todos lo prometen.

Caprichos del destino 10.

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Los meses han ido pasando y mi relación con Jason se ha ido haciendo más seria y formal. En el Gran Premio de España, fuimos todos a Montmeló para ver la carrera, incluso vino mi padre. No sé cómo lo habrá hecho, pero Jason ha conseguido ganarse la amistad de mi padre, cosa nada fácil teniendo en cuenta que es el hombre que se acuesta con su hija…

Ahora estoy en Inglaterra, en una habitación de un lujoso hotel con Jason, que se prepara para la carrera de mañana en Silverstone. Aunque yo estoy más nerviosa que él. Se ha empeñado en que viniera para presentarme a su familia, lo que incluye a sus padres, a su hermano y a su hermana. Camino hasta el enorme ventanal de la habitación y me quedo mirando la vida nocturna de la ciudad.

–  Cielo, ¿quieres contarme por qué no dejas de dar vueltas por la habitación? – Me pregunta Jason con una voz suave pero sin poder evitar un tono de irritabilidad. – Creo que soy yo el que debería estar nervioso y no tú. ¿Qué te ocurre?

¿Qué me ocurre? Nada. ¡Solo que mañana voy a conocer a toda tu familia! Me hubiera gustado gritarle. Por si fuera poco, también está el tema de mi trabajo, que he tenido que contratar a un detective privado para que investigue sobre el tema de las condicionales.

–  Estoy un poco nerviosa porque voy a conocer a tu familia. – Le respondo con sinceridad, aunque no sea eso lo único que me preocupa.

–  No tienes que estar nerviosa, les vas a encantar. – Me dice sonriendo al tiempo que se levanta y se coloca detrás de mí para rodearme la cintura con sus brazos y abrazarme. – ¿Hay algo que pueda hacer para calmar esos nervios?

Su sugerente pregunta solo tiene una única respuesta, la cual le hago llegar con un pequeño gemido que él entiende a la perfección.

Tras una tórrida noche en el hotel, Jason se levanta temprano y se dirige hacia el circuito, donde debe empezar a prepararse para la carrera. Dos horas antes de la carrera, Ana y yo llegamos al «hospitallity» habilitado para el equipo de King Race para el que corren Jason y Marcos. Saludo a los técnicos e ingenieros a los cuales ya conocí en Montmeló y bromean sobre lo positiva que está siendo mi relación con Jason, puesto que en estas últimas carreras se ha puesto primero con 154 puntos, seguido de Wolf con 144 y en tercer lugar Marcos con 108. Jason se acerca en cuanto me ve llegar y me da un beso en los labios para después susurrarme al oído:

–  Cariño, mi familia está aquí y quiere conocerte. – Hace una pausa para darme otro beso en los labios y añade: –  Ven, te los voy a presentar.

Me coge de la mano y me arrastra frente a un reducido grupo de personas que se abren en abanico al verme llegar de la mano de Jason. Todos nos miran y sonríen con aprobación, al menos eso es lo que a mí me parece. Una mujer de pelo castaño y ojos verdes, de unos cincuenta años de edad, quien supongo que es la madre de Jason, es la primera en saludarme con dos besos en la mejilla:

–  Por fin te conocemos en persona, Sara. Yo soy Helena, la madre de Jason. – Me dice en un perfecto español. Señala al hombre que está a su lado y añade: – Este es mi marido, James. – Señala a una chica de mi edad y a un chico un par de años mayor que yo y continúa hablando: – Y ellos son mis hijos, Kate y Kevin.

–  Encantada de conocerles. – Les digo con una tímida sonrisa.

El primero en saludarme es Kevin, que se adelanta a su hermana Kate y, tras pasarme la mano por la cintura, me besa en la mejilla mientras me sonríe pícaramente y me dice:

–  Ahora entiendo porque mi hermano te tiene tan escondida, eres un verdadero bombón.

Me ruborizo al instante, pero Jason intercede arrancándome de los brazos de su hermano y con un tono de voz imperativo le advierte:

–  Te quiero a un mínimo de diez metros de ella.

–  Chicos, chicos. – Les regaña su padre. – ¿Qué va a pensar Sara de nosotros? – Se vuelve hacia a mí y me saluda con un leve beso en la mejilla mientras me dice: – No les hagas ni caso, estos dos se pasan la vida discutiendo, yo creo que es su peculiar forma de demostrarse afecto.

–  Tranquila, al final te acabarás acostumbrando. – Me dice Kate divertida al tiempo que se acerca y también me saluda con un beso en la mejilla. – No obstante, si empiezan a desquiciarte, solo tienes que avisarme y ya me encargaré yo de ellos.

–  Gracias, lo tendré en cuenta. – Le respondo sonriendo.

Ana y Marcos se acercan a saludar a la familia de Jason y observo como se besan y se abrazan con total familiaridad, si no los conociera y los viera en la calle hubiese creído que eran todos una familia. De hecho, aunque no fuera de sangre, eran todos una gran familia.

–  Cariño, ¿estás bien? – Me susurra Jason al oído. – Estás muy callada y pareces preocupada. – Hace una pausa para besarme y añade: – Mi familia te adora, no tienes de qué preocuparte. – Uno de los técnicos llama a Jason y Marcos para que regresen y Jason se despide de mí con otro beso en los labios para después decirme: – Tengo que irme, nena. No hagas planes con nadie para esta noche, te quiero para mí solo.

Allí vimos todos juntos la carrera. Wolf salía primero, seguido de Jason y de Marcos respectivamente. Las primeras vueltas fueron difíciles, dos coches chocaron y tuvo que intervenir el coche de seguridad. Apenas habían llegado a la vuelta veinticinco cuando otro accidente se produjo viéndose implicados cuatro coches, por lo que ya habían abandonado seis coches la carrera. El coche de seguridad tuvo que volver a salir, así que las vueltas pasaban y con ellas las oportunidades para que Jason pudiera adelantar a Wolf. Cuando por fin el coche de seguridad se retiró, Jason fue a por todas. Finalmente y tras un duro enfrentamiento con Wolf que no le dejaba espacio, pudo adelantarlo. Pero el alemán no se amilanaba y seguía a Jason muy de cerca, incluso sus coches llegaron a chocarse en una de las curvas en las que Wolf se salió de pista, lo que le hizo perder un par de segundos respecto a Jason y perdió su posición porque Marcos aprovechó la oportunidad para adelantarle. La carrera terminó con Jason primero, Marcos segundo y Wolf tercero, lo que suponía que Jason permanecía primero en la clasificación del campeonato con 179 puntos, seguido por Wolf con 159 puntos y Marcos con 126 puntos. Sin duda alguna, no podría haber un resultado mejor, bueno sí, que Wolf no hubiera puntuado, pero tampoco es cuestión de pedir milagros. Tras subir al podio, recibir los trofeos y rociarse con champagne, Jason ha bajado y ha venido hacia donde estábamos nosotros seguido de Marcos. Tras cogerme en brazos y abrazarme, me besa con uno de esos besos de película delante de todo el mundo (incluida su familia y medio mundo que esté en su casa viendo la Fórmula 1). Al ver su sonrisa maliciosa, no tengo duda alguna del motivo por el que lo ha hecho pero aun así, Jason decide susurrármelo al oído para dejarlo claro.

–  Así todo el mundo tendrá claro que eres mi chica, incluido el idiota de tu ex.

Y es que la semana pasada Alberto se presentó en mi casa con la mala suerte de que fue Jason quién fue a abrir la puerta. Ni qué decir tiene que Jason se puso furioso y las palabras que salieron de la boca de ambos no las voy a repetir porque no fue nada agradable de oír, pero gracias a eso no he vuelto a recibir ni una llamada de Alberto, ha dejado de enviarme flores a todas partes y vivo mucho más tranquila.

–  Chicos, esta noche cenamos juntos, tenemos algo importante que deciros. – Nos anuncia Marcos de la mano de Ana. – A las nueve en el restaurante del hotel.

–  Espero que sea algo realmente importante, ya teníamos planes para esta noche. – Replica Jason.

–  Ya me imagino qué clase de planes tenéis. – Dice Marcos divertido. – Tranquilos, después de la cena os dejaremos que os vayáis a vuestra habitación.

Después de la rueda de prensa, de regresar al hotel, comer y echar una pequeña siesta, aparecemos en el restaurante del hotel a las nueve en punto. Ana y Marcos ya están esperándonos en una mesa para cuatro. Nos sentamos junto a ellos a cenar y, cuándo ya nos están sirviendo el café, Jason no puede más:

–  ¿Pensáis decirnos eso tan importante o vamos a tener que suplicar?

–  Me gustaría verte suplicar a ti. – Se mofa Marcos.

–  Cariño, díselo. – Le dice Ana a Marcos con una tierna sonrisa.

–  Estáis empezando a asustarme, ¿qué pasa? – Les pregunta Jason preocupado.

–  Amigo, estás frente a unos futuros padres. – Nos dice Marcos con orgullo.

–  ¡Enhorabuena! – Les felicitamos Jason y yo al unísono.

Tras un montón de felicitaciones y abrazos, me quedo mirando a Marcos y Ana. Sus rostros emanan felicidad por todas partes, sus miradas reflejan el amor y el cariño que se tienen y que estoy segura le transmitirán a ese bebé.

–  Cariño, te has quedado muy callada. – Me susurra Jason. – ¿Te gusta la idea de ser mamá?

–  Si te soy sincera, nunca me lo había planteado. – Le respondo. – Pero sin duda alguna me lo plantearía si estuviese en su lugar, se les ve tan felices.

–  Bueno, eso ya es algo.

–  ¿Algo de qué? – Pregunto.

–  Bueno, yo estaba pensando en ir practicando la manera de hacer un bebé para cuando quieras tenerlo. – Su contestación, aunque medio en broma, denota algo de verdad en lo que dice.

–  ¿Estás hablando de tener hijos conmigo? – No puedo evitar que mi voz suene temerosa.

–  Tranquila cariño, no quiero que vayas a salir corriendo. – Me dice burlonamente al ver la expresión de terror en mi rostro. – Sé que es pronto, pero no he podido evitar pensar en nosotros con un bebé. ¿Crees que podría llegar a ser el padre de tus hijos?

–  Si algún día tengo hijos, no me cabe la menor duda que será contigo. – Le respondo sonriendo.

–  Me alegra oír eso. – Me responde con una amplia sonrisa.

Caprichos del destino 9.

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Jason se quedó en Barcelona hasta el 4 de enero, que regresó a Londres para pasar la víspera y el día de reyes con su familia. El día 7 de enero volvió a Barcelona, esta vez con gran parte de sus pertenencias, pues ha comprado una casa en la misma urbanización lujosa dónde Ana y Marcos tienen su preciosa casa. Lo primero que hizo fue enseñarme su nueva casa, todavía por amueblar, y después me llevó a comprar un coche, el BMW 118 de color negro, el cual se empeñó en comprar alegando que era su regalo de Navidad para mí.

Jason se queda en Barcelona hasta principios de febrero, que empieza la pretemporada y él y Marcos viajan a Londres. Ana se queda en casa, por primera vez en siete años decide no acompañar a Marcos en la pretemporada. Los chicos vuelan de vuelta a Barcelona todos los fines de semana, hasta mediados de marzo que empieza la temporada. Ana acompaña a su marido pero yo no puedo acompañar a Jason, tengo trabajo del que ocuparme, sobre todo desde que Alicia dimitió el pasado mes de febrero cuando encontró trabajo de lo suyo en un colegio como pedagoga.

Jason y yo hablamos todos los días por teléfono y viene a Barcelona cada vez que tiene un par de días libres, lo cual no ocurre muy a menudo, solo un par de veces al mes.

Aitor y Alicia han seguido viéndose desde la noche de fin de año y su relación parece haberse vuelto más seria de lo que todos esperábamos, lo cual nos alegra.

Como tengo que ponerme al día en el trabajo ya que aún no me han puesto a otra ayudante y creo que tampoco tienen intención de hacerlo, aprovecho y adelanto trabajo. Reviso los informes de los presos a los que se les ha concedido la condicional en los últimos meses y los archivo. Todo va bien hasta que me encuentro con el expediente de Nelson Figueroa, un preso con una condena superior a 20 años de los cuales no ha cumplido ni 6 meses y a quien le han concedido la libertad condicional pese a la existencia de informes por mala conducta en su expediente. Lo aparto para llevármelo a casa y leerlo completamente mientras sigo revisando informes. Al final del día he apartado diez expedientes idénticos al de Nelson Figueroa, y eso que no he terminado de revisar ni la mitad de ellos.

Cuando llego a casa me doy un baño, pido comida china a domicilio y me acomodo en el sofá para revisar los informes. Los diez expedientes tienen las mismas características: presos de nacionalidad colombiana detenidos en España por homicidios premeditados, con condenas superiores a 20 años de los cuales el que más tiempo ha cumplido es Nelson Figueroa y solo ha estado seis meses en prisión. Una banda de sicarios colombianos, asesinos a sueldo, a los que le conceden la condicional por supuesto buen comportamiento a pesar de que no hay aportado ningún informe al respecto en el expediente. Reviso la firma del fiscal y el juez que han llevado los casos y en todos los expedientes aparecen las mismas firmas: el juez Castro y el fiscal Jorge Espinosa. Está claro que esos dos tienen algo entre manos y pienso averiguarlo.

Al día siguiente termino de revisar y archivar expedientes y me encuentro con otros dieciocho casos con las mismas irregularidades, todos firmados por el mismo juez y el mismo fiscal. Entro en la base de datos desde mi despacho y reviso todos los expedientes archivados en los que han coincidido Castro y Espinosa y los copio a un pendrive para llevármelo a casa. Voy a tener que investigar que tienen en común esos veintiocho presos, el juez y el fiscal.

Tras pasar toda la semana revisando minuciosamente todos los expedientes, llego a la conclusión de que el juez Castro y el fiscal Espinosa son dos funcionarios corruptos, pero necesito poder demostrarlo antes de acusarlos, de lo contrario nadie me escuchará y la perjudicada seré yo.

El domingo 21 de abril, quedamos todos en mi casa para ver la carrera del Gran Premio de Bahréin y todos queremos ver a Jason y a Marcos. Es la cuarta carrera de la temporada y Bjorn Wolf va en primer lugar en la clasificación para el mundial con 75 puntos, seguido de Jason que va segundo con 54 puntos y Marcos tercero con 45 puntos. Los tres han subido al podio en las tres carreras, Wolf ha quedado primero en las tres, Jason segundo y Marcos tercero.

Durante la carrera todos gritamos y nos emocionamos en cada vuelta en la que Jason intenta adelantar a Wolf y cuando lo consigue todos nos levantamos de nuestros asientos y saltamos eufóricos. La carrera termina con Jason primero, Wolf segundo y Marcos tercero, pero la clasificación del mundial no mueve puestos, sigue estando primero Wolf con 93 puntos, Jason con 79 y Marcos con 60.

En el podio veo a Jason sonriendo, más de lo que él suele sonreír en público. Vemos cómo se riegan con champagne para después de ser entrevistados. Uno de los reporteros, le hace una pregunta a Jason y presto toda mi atención para escuchar lo que dicen mientras mis amigos bromean y gritan eufóricos:

–  Ha sido una carrera dura, ha perseguido a Wolf vuelta tras vuelta y ha conseguido adelantarle para hacerse con el primer puesto, ¿hay alguien en especial a quién quiera dedicárselo?

El silencio se hace en mi casa y el corazón se me para esperando a escuchar la respuesta de Jason, que sonríe al otro lado del televisor. Desde enero, han salido especulaciones en programas de televisión, periódicos y revistas anunciando que Jason había iniciado una relación estable con una chica de Barcelona y el periodista, un español, ha preguntado lo más sutilmente que ha podido.

–  Se lo dedico a alguien que estará pegada al televisor rogando que no diga su nombre. – Le contesta Jason al reportero con una maliciosa sonrisa en los labios.

Cómo era de esperar, Jason desaparece de la rueda de prensa en cuanto puede. Nunca le han gustado los periodistas, dice que crean un circo de la Fórmula 1 y debo reconocer que en ocasiones es así.

–  Eres la envidia de todas las mujeres del mundo. – Me dice Esther divertida. – Si yo estuviera en tu lugar le rogaría para que dijera mi nombre y todo el mundo supiera que tiene dueña, hay mucha lagarta suelta por ahí. ¿Te has fijado en las azafatas que traen el champagne?

–  Cariño, mejor quédate callada, ¿quieres? – Le sugiere Víctor.

–  ¿Cuándo regresa Jason? – Me pregunta Aitor.

–  Mañana aterriza su avión y hasta el jueves día 9 de mayo no tiene que correr, además el próximo Gran Premio es el de España y nos ha conseguido entradas para ver la carrera en Montmeló, así acompañaremos también a Ana. – Les informo y todos quedan encantados.

–  ¿Tienes ganas de verle, Sara? – Me pregunta Aitor con sorna. – Supongo que estos periodos de abstinencia no son muy buenos para ti.

–  Siempre puedes buscarte un amante, yo en tu lugar elegirá a David. – Bromea Esther.

–  Cariño, creo que la que se va a quedar sin sexo vas a ser tú cómo vuelvas a nombrar al vecinito. – Le advierte Víctor a Esther.

–  ¡Qué celoso, cuñado! – Se mofa Raúl.

–  Estoy segura de que a Jason le encantará que le repitáis todo lo que acabáis de decir. – Les advierte Alicia, la voz de la cordura entre mis amigos.

–  Que conste en acta que yo no he abierto la boca. – Digo bromeando con las manos en alto en señal de inocencia. – Yo no tengo nada que ver con lo que aquí se está diciendo.

–  Oye, ¿crees que si le pido a Jason que me deje probar su coche, lo hará? – Me pregunta Aitor.

–  Lo dudo mucho. – Le contesto encogiéndome de hombros. – Imagino que esos coches solo los tocarán los mecánicos e ingenieros del equipo, los probadores y los pilotos.

–  Pues a mí me gustaría conducir uno de esos. – Dice Aitor con melancolía.

–  Olvídalo, Aitor. – Le aconseja Raúl y añade con sorna. – Con un poco de suerte, te dejará mirar el coche.

Después de ver la Fórmula 1 y comer, todos empiezan a marcharse hasta que me quedo sola. Recojo y limpio el piso, así mañana no perderá ni un solo minuto en hacer tareas del hogar y podré dedicarme única y exclusivamente a Jason, con la excepción de que tengo que ir a trabajar.

Cita 14.

«Si te caes te levanto, y si no, me acuesto contigo.»

Julio Cortázar.

Caprichos del destino 8.

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A la mañana siguiente me despierto rodeada por los brazos de Jason, con la cabeza sobre su pecho. Le miro y está despierto, me sonríe alegremente y me besa en la coronilla antes de decirme:

–  Buenos días, nena.

–  Buenos días, nene. – Le contesto divertida. – Creo que necesito darme una ducha.

–  Lleno la bañera y nos bañamos juntos. – Me dice pícaramente besándome en los labios. – No creas que he acabado contigo todavía.

Tras una sesión de sexo en la bañera no apta para menores, Jason y yo bajamos a desayunar a la cocina, dónde todos están  desayunando, unos con mejor aspecto que otros.

–  Buenos días, parejita. – Nos dice Aitor bromeando. – ¿Qué tal habéis pasado la noche?

–  Seguro que mejor que yo. – Se lamenta Raúl, el único que ha dormido sin compañía.

–  No te preocupes, hermano. – Le consuela Víctor. – Otra vez será.

–  Chicos, tengo que irme. – Nos informa Alicia. – Tengo comida familiar y me gustaría pasar por casa a ducharme y cambiarme de ropa.

–  Nosotros también nos vamos. – Dice Esther. – Raúl ¿vienes con nosotros?

–  Si, nosotros también tenemos comida familiar. – Secunda Raúl.

–  Alicia, espera. – Le dice Aitor. – Te llevo a casa.

–  Y vosotros, ¿qué planes tenéis? – Les pregunto a Ana y Marcos.

–  Ninguno, lo cancelamos todo para dar la fiesta en casa. – Responde Marcos. – ¿Y tú?

–  Iba a ir a casa de mi padre, ¿me queréis acompañar? – Les propongo. – Él estará encantado de teneros por casa y Marcos saldará una deuda conmigo.

–  Por supuesto, me encanta la idea. – Dice Marcos con entusiasmo.

–  A mí también, tengo curiosidad por conocer a tu padre, Esther me ha dicho que si ella pudiera cambiar a su padre lo cambiaría por el tuyo. – Bromea Ana.

–  ¿Voy a conocer a mi futuro suegro? – Pregunta Jason divertido.

–  No, vas a conocer al padre de tu amiga. – Le corrijo. – Y, si quieres llevarte bien con él, te aconsejo que pienses en la palabra «amigo» en el más estricto sentido de la misma.

–  ¿Un suegro duro de roer? – Se mofa Marcos.

–  Si tienes en cuenta que nunca le ha gustado ningún chico con los que he salido, un poco. – Les confieso encogiéndome de hombros.

–  ¿Nunca le ha gustado un novio tuyo? – Me pregunta Jason, sin rastro alguno de mofa. De hecho, bastante preocupado. – Alguien le gustará para su hija, ¿no?

–  Sí, tienes razón. – Le contesto sin importancia. – El hijo de su vecino.

–  ¡Oh, Esther me enseñó una foto suya anoche! – Exclama Ana. – Te aseguro que si no estuviera felizmente casada ese bombón no se me escapaba.

–  Gracias, cariño. – Le dice Marcos con sarcasmo.

–  ¿Algo más que deba saber? – Me pregunta Jason molesto.

–  No le mientas. Tiene un sexto sentido para detectar las mentiras.

–  Genial, tengo que fingir que solo quiero una sana amistad contigo y tu padre es especialista en detectar mentiras. – Responde malhumorado. – ¿No prefieres tirarme al río con los cocodrilos?

–  ¡Qué dramático, por favor! – Estallo en carcajadas. – Mi padre es un hombre normal y corriente, pero solo tiene una hija y quiere lo mejor para ella, como todos los padres. Marcos, ¿qué tal te fue con tu suegro la primera vez que le conociste?

–  Genial, sus padres me invitaron a cenar a su casa y, cuando creía que no había nadie cerca, le di una palmada en el trasero a Ana y su padre me pilló. – Nos cuenta Marcos divertido. – Me echó de su casa en el acto mientras los hermanos y la madre de Ana se reían, totalmente humillante.

–  ¡No fue para tanto! – Protesta Ana.

–  Lo fue, te lo aseguro. – Le reafirma Marcos a Jason.

–  Si no te apetece ir, llamo a mi padre y le digo que voy mañana a verlo, no pasa nada. – Le sugiero.

–  Eso es lo que a ti te gustaría, por eso me estás diciendo todo esto. – Me dice Jason cogiéndome en brazos y haciéndome cosquillas. – Confiésalo.

–  Vale, vale. He exagerado un poquito. – Confieso. – Estoy segura que le caerás bien, tienes a tu favor que entiendes de coches y además eres un piloto de Fórmula 1. Pero no he mentido respecto a la opinión de mi padre sobre mis novios, eso es verdad.

Un par de horas más tarde, los cuatro llegamos a Sitges. Marcos aparca el X6 frente a la puerta del jardín y mi padre sale al porche para recibirnos antes de que bajemos del coche.

–  ¡Feliz año, hija! – Me dice mi padre abrazándome en cuanto llega a mí. Se despega parcialmente de mí para echar un vistazo a mis amigos y los reconoce en seguida: – ¡Pero si son Marcos Roldán y Jason Muller, pilotos de la Fórmula 1! ¿Qué están haciendo aquí?

–  Han venido para comer con nosotros, papá. – Le respondo divertida. – ¿Recuerdas que te he llamado hace un par de horas para avisarte?

–  Si, pero se te ha olvidado mencionar ese pequeño detalle. – Me reprocha mi padre. – Pasad todos dentro, aquí fuera nos vamos a congelar.

Como era de esperar, Diego está en casa con mi padre. David trabaja hoy, pero les ha prometido que se pasará en cuanto acabe el turno. Tras hacer las presentaciones oportunas, mi padre quiere saber de qué los conozco, así que le cuento la verdad, que Jason fue quién me embistió con el coche.

–  ¿Este es el pijo al que le dijiste que tenía que aprender a conducir? – Bromea mi padre, más feliz de lo que lo he visto últimamente.

–  Sus palabras exactas fueron «¿dónde te han regalado el carné de conducir?» – Se mofa Marcos.

–  Me alegro de que no le pasara nada a mi hija. – Le dice mi padre a Jason con un tono de voz bastante amenazador incluso para él. – El viejo Golf aún está en el taller, Sara quiere repararlo en vez de comprarse un coche nuevo.

–  ¿Aún no te has comprado un coche? Me dijiste que ya tenías coche. – Me reproche Jason.

–  Y lo tengo, Aitor me presta el suyo siempre que se lo pido, él no lo utiliza y yo quiero arreglar mi viejo Golf, es una reliquia. – Me defiendo.

–  Es tan cabezona como lo era su madre, no la vas hacer cambiar de opinión. – Le advierte mi padre a Jason. – Es mejor optar por el chantaje emocional, entonces a lo mejor consigues que ceda.

Diego, Marcos y Ana se echan a reír, pero Jason ha captado a la perfección lo que mi padre le acaba de decir y opta por ponerlo en práctica:

–  Sara, si conduces en ese viejo e inseguro coche y te pasara cualquier cosa, todos nos preocuparíamos mucho. Si te compras un coche nuevo, todos viviremos más tranquilos.

–  ¡Aprende rápido, el chico! – Bromea Diego.

Pongo los ojos en blanco y salgo al porche a fumarme un cigarrillo. Antes de cruzar el umbral de la puerta, oigo la voz de mi padre decirle a Jason en voz baja pero audible desde donde yo estoy:

–  Es una cabezota, pero es muy buena chica y mi hija. No sé ni quiero saber lo que os traéis entre manos, ella es muy recelosa con su intimidad y vosotros sois de mundos distintos. No quiero ver sufrir a mi única hija.

–  No tengo la más mínima intención de hacerle daño, señor Moreno. – Oigo a Jason asegurarle.

–  Papá, te estoy escuchando. – Le advierto alzando la voz antes de salir al porche.

Ana se levanta y sale al porche conmigo para hacerme compañía.

–  Qué fuerte, creo que es la primera vez que alguien se atreve a amenazar a Jason. – Se mofa. – Me cae bien tu padre, Esther tenía razón.

Ambas nos reímos y bromeamos sobre el interrogatorio que mi padre le debe estar haciendo a Jason hasta que finalmente me apiado de él y decido ir en su busca.

–  ¿Todo bien por aquí? – Pregunto mirando a mi padre con advertencia.

–  Por supuesto, cariño. – Se afana en responder mi padre. – Jason me estaba contando que su madre es española, de Blanes.

–  ¿Ah, sí? – Pregunto sorprendida. – No sabía que eras medio español. – Le digo a Jason. – ¿Cuál es su historia?

–  Mi madre vivía en Blanes, se fue a estudiar a Londres, conoció a mí padre y se casó. – Me resume rápidamente Jason. – De pequeños, siempre veníamos un par de semanas a Blanes de vacaciones, pero cuando mis abuelos murieron dejamos de venir. Mis padres vienen de vez en cuando para cuidar de la casa y ver a viejas amistades.

–  Vienen a disfrutar del sol y de las playas que no tenéis en Londres. – Se mofa Marcos.

–  A Sara también le gusta mucho la playa y el sol, no creo que seas capaz de conseguir llevártela a Londres, si es eso lo que pretendes. – Le advierte mi padre a Jason.

–  ¡Papá! – Le regaño.

–  Me has dicho que nada de preguntas inoportunas, así que me limito a hacer comentarios. – Se defiende mi padre. – Además, me habéis dicho que sois amigos y puedo ver en sus ojos que Jason quiere mucho más que una amistad contigo.

–  Papá, cierra la maldita boca. – Le espeto furiosa.

–  Tiene razón, señor Moreno. – Le dice Jason dejándome atónita. – Pero le aseguro que no pretendo llevarme a su hija. Estoy buscando residencia en Barcelona.

–  ¿Qué? – Logro preguntar.

–  Quería darte una sorpresa pero, dadas las circunstancias… – Me explica Jason.

–  Vale, nos vamos. – Les digo poniéndome en pie.

–  Pero, ¿no le vas a decir nada? – Me pregunta mi padre. – Se va a comprar una casa aquí por ti, ¿qué clase de amigo hace eso?

–  Papá, te veo el día de reyes. – Me despido de él dándole un beso en la mejilla. – Dale recuerdos a David y dile que lo veré la semana que viene.

Marcos, Ana y Marcos también se despiden de mi padre y de Diego. Quiero salir de aquí antes de que alguien diga algo más de lo que no estoy preparada para escuchar.

Nada más subirnos al coche, Jason, que va sentado a mi lado en la parte de atrás del X6 de Marcos, me pregunta con el ceño fruncido:

–  Creía que te ibas a alegrar de que buscara casa en Barcelona, ¿no quieres que lo haga?

–  No es eso, es que todo está yendo demasiado rápido. – Me excuso. – No quiero que compres una casa sólo para estar cerca de mí. ¿Qué pasa si esto no sale bien?

–  Tengo dinero de sobra, puedo permitirme comprar una casa donde quiera y quiero hacerlo en Barcelona. – Me dice. – ¿Tienes algún problema si compro una casa en Barcelona porque me gusta la ciudad?

–  No. – Le respondo.

–  Bien, en ese caso me compraré una casa porque me gusta la ciudad. – Me dice Jason divertido. Me besa en los labios y añade: – Es una suerte que tú vivas en esta ciudad.

–  Eso es hacer trampas. – Me quejo.

–  Estoy dispuesto a todo por conseguir que estés a mi lado, incluso a trasladarme. – Me susurra al oído desarmándome y dejándome sin argumentos para rebatirle.

Han pasado demasiadas cosas en apenas veinticuatro horas. Cosas que aún no he asimilado porque aún estoy flotando sobre las nubes.

Premio Blogger House.

Premio BH Contribución a la Blogosfera

Hoy estoy de celebración, pues mi querido amigo Pedro, desde su blog Relatos, Poesía y Cuentos, ¡me ha nominado al Premio Blogger House! Es la segunda nominación que recibo para este premio, pero la recibo con la misma ilusión que la primera vez.

El premio Blogger House se otorga a aquellos blogs en los que, en consideración de la persona que nomina, contribuyen a la blogosfera con contenido de calidad, por lo que es todo un honor para mí que Pedro haya considerado que Los Relatos de Rakel sea digno de éste galardón. ¡Mil gracias, Pedro!

Las normas del premio son las siguientes:

  1. Agradecimiento público al bloggero del que se ha recibido el premio.
  2. Nominación en una entrada de tu blog a los 10 bloggeros que a su juicio más contribuyen a la blogosfera.
  3. Notificación pública a los bloggeros nominados.
  4. Exhibir el logotipo del premio en su blog.

 

Y mis 10 nominados son: 

  1. Yese Rojas y su blog Un mundo lleno de conocimientos.
  2. Ivel W. y su blog Vestida de Luna.
  3. Dunia Arrocha Hernández y su blog Las libretas rojas.
  4. Yayone Guereta y su blog El rincón de Nai67.
  5. Carla Duque y su blog La Mala Rosa.
  6. Julia C. y su blog Palabras y Latidos.
  7. Flor Oliva y su blog Poemas Flor.
  8. Rick Seth y su blog Ricksethblog.
  9. Juan Carlos Cebollada Gracia y su blog El barco ebrio J.Carlos «Juanky».
  10. Irene G. y su blog La Quimera.

 

¡¡¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES A TOD@S!!!

Caprichos del destino 7.

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Tras un largo y frío mes de diciembre combinado con la locura navideña, por fin es 31 de diciembre, el último día del año. Durante este último mes, han pasado muchas cosas. Desde que Jason vino a Barcelona expresamente para hablar conmigo y decidimos ser amigos, hemos hablado por teléfono todos los días. Le cuento cómo ha ido mi día y él me cuenta su día. Hablamos de todo, familia, trabajo, amigos y también de enemigos. Me he puesto al día sobre la Fórmula 1 con la ayuda de Aitor y de Raúl, que me han informado pacientemente. Al parecer, un tal Bjorn Wolf, un alemán del equipo de Wings, es el número 1. Ha ganado tres mundiales consecutivos, el de 2010, 2011 y 2012, mientras que Jason quedó segundo y Marcos quedó tercero. Marcos y Ana han pasado a formar parte de nuestro grupo de amigos. Viven en nuestra misma ciudad y, cómo aún no ha empezado la temporada, Marcos está de vacaciones. Hemos congeniado tan bien con ellos que incluso hemos modificado nuestros planes para fin de año. No podíamos ir con ellos a celebrar fin de año entre la muchedumbre, así que cuando decidimos cambiar los planes Ana se ofreció a darnos la mejor cena y fiesta de fin de año en su casa, a lo que no pudimos negarnos. Alicia también asistirá, el único que faltará será Jason. No lo he visto desde hace tres semanas y me encantaría que esta noche estuviese aquí, pero está en Londres con su familia y me prometió venir después de reyes.

Estoy saliendo de la ducha cuando oigo el timbre de la puerta. Miro el reloj, es demasiado temprano para que Aitor y Raúl vengan a buscarme. Me envuelvo en una toalla que apenas me cubre el pecho y una pequeña parte de los muslos y pregunto al descolgar el telefonillo:

–  ¿Quién es?

–  Creo recordar que alguien quería que esta noche estuviera aquí y, como ya sabe, señorita Moreno, sus deseos son órdenes para mí.

¡Es Jason!

Abro la puerta sin contestar, eufórica y feliz de que Jason esté aquí, de que podamos pasar juntos la noche de fin de año. Un minuto después, las puertas del ascensor se abren y sale Jason con una magnífica sonrisa en los labios. Sin poder contenerme, salgo al rellano y me arrojo a sus brazos sin esperar a que él llegue hasta a mí, estoy demasiado nerviosa.

–  Si llego a saber que enviándote un mensaje vendrías, lo habría hecho mucho antes. – Le confieso mientras él me sostiene entre sus brazos.

–  Si voy a tener este recibimiento cada vez que llegue, puedes estar segura de que vendré. – Me dice bromeando al mismo tiempo que entra en casa cargando conmigo en brazos. – Será mejor que entremos antes de que los vecinos te denuncien por escándalo público. ¿Cómo sales así vestida? Bueno, vestida por llamarlo de alguna manera…

–  Estaba saliendo de la ducha cuando he oído el timbre. – Le contesto. – Y, si mal no recuerdo, acabas de decirme que vendrás siempre que te lo pida si te recibo de la misma manera.

–  La próxima vez espérame así vestida pero dentro de casa. – Me susurra al oído para después besarme en la frente y excitarme aún más de lo que estoy. – Vístete, nos tenemos que marchar pronto si no queremos llegar tarde y que Ana nos mate.

Una hora más tarde, Jason y yo nos estamos bajando de un taxi a las puertas de la increíble casa de Marcos y Ana. Me quedo con la boca abierta nada más verla y Jason sonríe divertido. No es la primera vez que he estado en casa de Ana y Marcos, pero cada vez que vengo me pasa lo mismo, me impresiona tanto que me quedo embobada.

Entramos en la casa y todo está perfectamente decorado para la ocasión. Todos se han enterado que Jason venía de camino, todos excepto yo. Según me ha dicho Jason, lo decidió en cuanto recibió mi mensaje y buscó el primer vuelo que salía hacia Barcelona. Desde el aeropuerto llamó a Marcos para avisarle, quién se lo dijo a Ana y Ana se encargó de decírselo a todo el mundo excepto a mí.

Cenamos entre bromas, risas y anécdotas de tiempos pasados. Cuando empiezan los cuartos, todos nos ponemos en pie para tomarnos las uvas al son de las campanadas. Cuando nos metemos la última uva en la boca, todos gritamos:

–  ¡Feliz año nuevo!

Me abrazo a Jason para felicitarle el año, es al que tengo más cerca y es el primero al que felicito. Tras un largo abrazo, Jason me sujeta por la cintura estrujándome contra su cuerpo y me mira a los ojos con auténtico deseo. Consciente de lo que está pensando, le doy un suave beso en los labios y después le susurro al oído:

–  Ten paciencia, tenemos toda la noche por delante.

Su cara se ilumina, le acabo de afirmar que lo que él desea va a pasar esta noche. Le sonrío maliciosamente y me vuelvo para felicitar el año a todos mis amigos. Cuando llego a Ana, me pregunta al oído para que los demás no puedan escucharla:

–  ¿Acabas de besar a Jason o voy muy borracha?

–  Las dos cosas. – Le respondo divertida y ambas nos echamos a reír.

En ese momento, unas manos que reconozco al instante, me rodean por la cintura. Es Jason. Me abraza desde atrás y nos pregunta:

–  ¿Qué es lo que os parece tan divertido?

–  Cosas de chicas. – Le respondemos Ana y yo al unísono y volvemos a echarnos a reír.

Jason frunce el ceño en señal de desaprobación y yo vuelvo a besarle en los labios, esta vez más larga y apasionadamente que la primera vez.

–  Es fácil hacerte enfadar, pero es más fácil hacerte sonreír. – Le susurro al oído cuando veo que en su rostro se ha vuelto a dibujar esa sonrisa que me tiene loca.

Bailamos y bebemos durante toda la noche. Alicia y Aitor se han enrollado y han desaparecido para dirigirse a una habitación o cualquier otra parte donde tengan un poco de intimidad. Poco después, desaparecen Esther y Víctor, seguidos por Raúl. Cuando ya solo quedamos Marcos, Ana, Jason y yo, me levanto y les digo:

–  Es tarde, yo también voy a subir ya. – Me vuelvo hacia a Jason y le pregunto divertida: – ¿Me acompañas o quieres quedarte un rato más?

–  Estoy seguro de que Jason quiere quedarse un poco más. – Bromea Marcos.

–  Sí, contigo. – Le contesta Jason burlonamente.

Ana pone los ojos en blanco, su manera de decir que esos dos son tal para cual, y nos da las buenas noches.

Jason me coge en brazos y sube las escaleras hacia la planta superior cargando conmigo. Se detiene frente a la puerta de su habitación (la que utiliza siempre que viene de visita a casa de Marcos y Ana), me deposita cuidadosamente de pie en el suelo y me pregunta:

–  ¿Estás segura?

–  Completamente. – Le respondo con rotundidad.

Jason me coge de los muslos por debajo del vestido y coloca mis piernas alrededor de su cintura. Me besa con fuerza, con deseo y excitación. Nuestras manos recorren nuestros cuerpos impacientes. Seguimos besándonos mientras le quito la camisa y le desabrocho los pantalones. Vuelve a dejarme en el suelo y, con la voz grave y ronca de excitación, me ordena:

–  Quítate el vestido, quiero verte desnuda.

Doy dos pasos atrás para separarme de él y, tras lanzarle una ardiente mirada, desabrocho mi vestido y lo dejo caer al suelo, quedándome únicamente vestida con un diminuto tanga de color rojo y los zapatos de tacón de aguja de color negro.

Jason se acerca despacio y empieza a acariciarme los hombros, baja por los brazos hasta llegar a mis manos y sujetarlas para sostenerlas sobre mi cabeza y así tener acceso directo a mis pezones, los cuales se dedica a lamer y darles pequeños mordisquitos que me llenan de placer.

–  Eres perfecta. – Me susurra al oído al mismo tiempo que deja libres mis manos para así poder terminar de desnudarme. Se arrodilla frente a mí y me quita el tanga diminuto lentamente, dejando mi sexo totalmente al descubierto. – Lo llevas completamente depilado, me encanta. – Añade besándome en el monte de Venus. Con el dedo índice, marca un recorrido que va desde mi ombligo hasta el punto exacto de mi placer, el cual estimula presionándolo ligeramente. – Estás húmeda, ¿estás excitada?

–  Mucho. – Logro responder entre gemidos mientras trato de mantenerme en pie.

Jason vuelve a cogerme en brazos y esta vez me tumba sobre la cama.

Nunca habría pensado que se pudiera tener sexo tierno y salvaje a la vez, follar y hacer el amor. Esta noche he descubierto el inmenso placer de fundirme con Jason.

Caprichos del destino 6.

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En vez de llamar a Jason, decido enviarle un mensaje con mi dirección, pidiéndole que venga e informándole de que Ana y Marcos están aquí. Dos segundos más tarde, el teléfono de Marcos ha empezado a sonar y nos ha confirmado que era Jason. Se ha levantado y ha salido a la terraza para hablar con él sin que le escuchemos. Estoy tan nerviosa que ya me he bebido mi copa de vodka. Estoy a punto de servirme la segunda copa cuando Aitor me dice:

–  No creo que quieras estar borracha cuando llegue.

–  Y yo creía que decías que no hay nada mejor que una chica borracha. – Bromeo.

Marcos entra de nuevo en el salón y nos anuncia que Jason está aparcando y no tardará en subir. Cinco minutos más tarde, llaman al timbre. Abro directamente, sin preguntar quién es. Aitor, Ana y Marcos están acomodados en el sofá comiendo palomitas y bebiendo cerveza mientras yo espero en el recibidor, de pie junto a la puerta, a que Jason aparezca.

La puerta del ascensor se abre y el corazón se me acelera. Veo aparecer a Jason, vestido con unos tejanos y una camisa negra, llevando una chaqueta de piel colgando del antebrazo. Me mira fijamente a los ojos y camina lentamente hasta quedar frente a mí, esperando a que le invite a pasar.

–  Hola. – Logro decir apartándome del umbral de la puerta y haciéndole un gesto con la mano para que pase dentro de casa.

–  Sara, lamento mucho lo que mi abogado te dijo pero yo…

–  Lo sé, Ana me lo ha explicado todo. – Le interrumpo. – Están todos en el salón, espero que estés acostumbrado a tener público.

Entramos en el salón y hago las presentaciones oportunas entre Aitor y Jason. Aitor le saluda eufóricamente y Jason le corresponde educadamente, pero manteniendo las distancias.

–  ¿Te divertiste anoche, Ana? – Le pregunta Jason con sorna.

–  Mucho, Sara es muy divertida. – Le contesta Ana burlonamente. – Aunque un tercio de la noche nos la pasamos quitándonos a los hombres de encima.

–  Y el otro tercio de la noche se lo pasaron bebiéndose el alcohol de todos los bares de Barcelona, Víctor me ha llamado esta tarde y me ha dicho que Esther llevaba mala todo el día de lo borracha que se puso.

–  ¡Pero si Esther fue la primera en marcharse! – Exclama Ana divertida.

–  Ahí dónde las ves, acabaron la noche aquí porque ya no les servían alcohol en ninguna parte. – Le informa Marcos a Jason.

–  ¿Eso es vodka? – Me pregunta Jason señalando mi copa, mirándome como si fuera la mayor delincuente que existe.

–  No, es agua con hielo. – Nada más decirlo estallo en carcajadas y todos me siguen, todos excepto Jason que parece bastante enfadado. – Lo siento, demasiada tensión acumulada en un mismo día. Y sí, es vodka. ¿Quieres tomar algo?

–  Lo mismo que tú, gracias. – Me responde para asombro de todos.

–  ¿Me acompañas a la cocina? – Le pregunto para alejarnos del público y poder hablar con él a solas.

Jason asiente con la cabeza, se pone en pie de inmediato y me acompaña a la cocina. Una vez en la cocina, cierro la puerta.

–  ¿Qué les pasa? No hablan, solo comen palomitas. Es como si estuvieran en el cine. – Me dice Jason totalmente desconcertado.

–  Les he prohibido abrir la boca y han decidido hacer palomitas y observar como si estuvieran en un cine. – Le digo tras suspirar sonoramente. – Creo que es mejor que hablemos aquí.

–  Y, ¿si te invito a cenar? – Me pregunta. – Los dos solos. – Aclara rápidamente.

–  Jason, te agradezco todo lo que estás haciendo y lo amable que eres conmigo, pero puedes comprobar que estoy bien y no es necesario que hagas todo esto por el accidente, no ha sido nada.

–  De acuerdo. – Acepta sin rechistar para mi asombro. – Entonces, ¿cenamos juntos esta noche?

–  Pero si acabas de…

–  No lo hago por el accidente. – Me interrumpe. – Simplemente seremos dos amigos que salen juntos a cenar.

–  No creo que sea buena idea que salgamos a cenar.

–  Si lo prefieres, podemos pedir que nos traigan comida a domicilio.

–  No vas a darte por vencido, ¿verdad? – Le pregunto al mismo tiempo que se dibuja una sonrisa en mis labios.

–  No, soy muy persistente cuando quiero algo. – Me responde pícaramente.

¿Está coqueteando conmigo? Me ruborizo cómo solo él consigue ruborizarme. Jason extiende su mano y me acaricia la mejilla, sonriendo al percatarse de mi rubor. Sirvo dos copas de vodka, una para Jason y otra para mí, y regresamos al salón junto a los demás, que nos esperan expectantes.

–  Tengo que irme, he quedado para cenar. – Dice Aitor despidiéndose. Me da un beso en la frente y me dice: – Te he dejado las llaves del coche sobre el mueble del recibidor y, si Alberto regresa, llámame a la hora que sea y le echaré a patadas.

–  Vete y diviértete. – Le digo siendo consciente de que ha quedado con alguna chica y que lo último que desearía es que yo le llamara y le fastidiara el plan.

–  Cariño, ahora que me acuerdo, nosotros también tenemos que ir a cenar a casa de mis padres, les prometí que iríamos a verles cuando regresásemos. – Le dice Marcos a Ana. Se vuelve hacia a Jason y le dice guiñando un ojo descaradamente: – Ya nos veremos luego en casa.

Los tres se marchan y Jason y yo nos quedamos de pie en el salón, mirándonos el uno al otro sin decir nada. Finalmente, Jason es quien rompe el hielo:

–  ¿Te gusta la comida china o prefieres una pizza?

–  Me encanta la comida china. – Busco un folleto del restaurante chino en el cajón de la mesita auxiliar y se lo entrego a Jason. – Pide lo que quieras, a mí me gusta todo.

Una hora más tarde, Jason y yo hemos disfrutado de una agradable cena entre amigos y ambos estamos acomodados en el sofá mientras nos bebemos un chupito de lagarto.

–  Marcos me ha dicho que Ana y tú tenéis una amiga en común, Alicia.

–  Sí, trabajamos juntas en la penitenciaria. – Le contesto. – ¿Supone eso un problema para ti?

–  En absoluto, todo lo contrario. – Se afana en aclarar. – Gracias a ti Ana se pasa el día recordándome que una chica me ha dicho que dé clases de conducir, esos dos se lo están pasando en grande a mi costa con todo esto.

–  Si te sirve de consuelo, yo escucho sermones a donde quiera que vaya. – Le digo divertida, entrechocando su copa con la mía. – Por los pesados de nuestros amigos.

Nos bebemos el chupito de lagarto de un trago y a mí me entra la tos.

–  Puaj, esto está asqueroso. – Me quejo dejando el vaso vacío sobre la mesa mientras Jason no deja de reírse. – ¿Te divierte la agonía ajena? – Le pregunto haciéndome la ofendida.

–  Me gusta ver cómo te comportas.

–  ¿Eso es un cumplido? – Pregunto alzando una ceja.

–  Es un cumplido, sin ninguna duda. – Me responde con una sonrisa. – Me gusta ver lo natural que eres, por tu expresión puedo casi saber lo que piensas.

–  Así que soy una chica predecible. – Le digo haciéndome la ofendida.

–  Eres una chica de carne y hueso, con los pies en el suelo y sus principios muy altos, eso es lo que me gusta de ti.

–  ¿Cómo puedes saber todo eso de mí si apenas me conoces?

–  Cualquiera en tu situación hubiera fingido para cobrar una indemnización y tú ni siquiera consideraste esa opción. Mi abogado me ha dicho que te ofreció cincuenta mil euros y lo echaste de tu despacho, después de darle un sutil mensaje para mí. – Añade frunciendo el ceño. – Te enteras de que soy un piloto de Fórmula 1 y me dices que estás dispuesta a firmar un contrato de confidencialidad en el que te comprometes a no reclamar nada más de lo que la compañía de seguros esté dispuesta a darte, que va a ser una cifra ridícula. Sé que trabajas en la penitenciaria como trabajadora social, así que por tu trabajo deduzco que eres una persona que se preocupa por los más desfavorecidos. ¿Quieres que continúe?

–  Por favor. – Le ruego.

–  No conocías a Ana de nada, salvo de verla un minuto el día del accidente. Coincides con ella cuando sales con unas amigas y le ofreces pasar la noche en tu casa, te fías de ella a pesar de que no la conoces, pero es amiga de una amiga tuya y eso te basta para ser generosa con ella. – Me mira directamente a los ojos y añade: – No sé mucho más de ti, pero me gustaría que me dejaras que te conociera mejor.

–  Jason, mi vida últimamente está patas arriba y tú… tú tienes una vida complicada de por sí. – Empiezo a decir. – Vivimos en mundos completamente diferentes.

–  Sé lo de tu ex, Marcos me lo ha contado. – Me confiesa. – Entiendo que no quieras empezar ninguna relación, solo te pido que dejes que nos conozcamos mejor, que seamos amigos. Tengo que volver a Londres el martes y no podré volver hasta pasadas las navidades. En febrero empezamos a entrenar porque en marzo empieza el mundial y mi agenda se vuelve un poco más ajetreada, pero puedo venir a verte cuando tenga un par de días libres seguidos.

–  De acuerdo, pero tendrás que firmarme un autógrafo para mi padre. – Le pongo una condición.

–  Tengo entendido que has quedado con Marcos en ir a visitar a tu padre, creía que yo también iba a estar incluido en esa invitación. – Me dice haciéndose el ofendido.

–  ¿Quieres ir a visitar a mi padre? – Le pregunto atónita.

–  ¿Qué tiene de malo?

–  No tiene nada de malo, pero es raro.

–  ¿Tus amigos conocen a tus padres? – Me pregunta.

–   Eh… Sí, conocen a mi padre. – Le corrijo.

–  ¿Y a tu madre?  – Me pregunta.

–  Mi madre murió hace algunos años y no todos mis amigos la conocieron.

–  Lo siento, no tenía ni idea. – Se disculpa.

–  No te preocupes, no tenías por qué saberlo.

A las once de la noche Jason decide marcharse ya que mañana tengo que trabajar. Le acompaño a la puerta y nos despedimos con un par de besos en la mejilla, aunque me hubiera gustado besarle en los labios. Mi necesidad de sexo se está haciendo más grande. Me hace prometerle que le llamaré mañana cuando llegue a casa del trabajo y desaparece detrás de las puertas del ascensor mientras yo me quedo mirando cómo se va.

Por primera vez en dos meses pienso en rehacer mi vida sentimental, aunque lo descarto de inmediato al pensar que enamorarme de un piloto solo me va a traer problemas.

Caprichos del destino 5.

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El domingo por la mañana me despierto y la cabeza me da vueltas. Creo que no bebía tanto desde que estaba en la universidad. Me levanto y me doy una ducha, la necesito para espabilarme.

Veinte minutos más tarde, estoy en la cocina vestida con unos tejanos y un jersey rosa de cuello alto, preparando café, cuando escucho la puerta del dormitorio de invitados abrirse y recuerdo que Ana se quedó a dormir en casa anoche.

–  Buenos días, ¿has dormido bien? – Le pregunto cuando la veo aparecer con los pelos alborotados y vestida con ropa interior y una camiseta enorme de manga corta que le presté para dormir. – Estoy preparando café, puedes ducharte si quieres. Te prestaré algo de ropa, porque la de ayer tiene que oler tanto a alcohol que debe ser inflamable.

–  Oh Dios, anoche bebí demasiado. – Se lamenta Ana. – Sé que es abusar de tu confianza y de tu hospitalidad, pero necesito esa ducha.

–  Adelante, hay toallas en el baño y puedes coger la ropa que quieras de mi armario. – Me interrumpo al pensar en un conjunto de ropa interior que tengo sin estrenar, un conjunto que me regaló Alberto antes de traicionarme. – Tengo un conjunto precioso que te voy a regalar porque yo jamás me lo pondré, pero es espectacular y estoy segura que te quedará muy bien.

Mientras Ana se ducha y se viste, yo termino de preparar el café y de recoger el salón, dónde aún quedaban pruebas incriminatorias de la noche anterior: una botella de vodka vacía y latas de naranjada a medias, un cenicero a rebosar de colillas y un olor a tabaco y alcohol que me produce náuseas.

–  Si hubieses esperado, te hubiera ayudado a recoger. – Me dice Ana avergonzada.

–  Eres mi invitada, ¿qué clase de anfitriona sería si te dejara ayudarme a limpiar? – Bromeo.

–  Eres una chica especial, Sara. – Me dice divertida. – Ahora entiendo la insistencia de Jason.

–  ¿La insistencia de Jason? – Pregunto con curiosidad.

–  ¿De verdad crees que si te llama y se preocupa por ti es por su amabilidad inglesa? – Me pregunta burlonamente. – No le has pedido nada y aun así él insiste en darte todo lo que necesitas, le gustas. Le gustas más de lo que nunca le ha gustado otra chica, al menos desde que yo lo conozco y de eso hace ya seis años.

–  Lo llamaré si con eso eres feliz. – Cedo finalmente.

–  ¿Qué hora es? – Mira el reloj de pared de la cocina y exclama: – ¡Mierda! El avión de Marcos ya ha aterrizado, probablemente estará a punto de llegar a casa.

–  Tranquila, llámale y dile que estás aquí. – Trato de calmarla.

–  ¿Te importa si le pido que me venga a buscar?

–  Por supuesto que no, no seas tonta. – Le contesto divertida mientras sirvo un par de tazas de café y saco un paquete de pastas del armario.

Una hora más tarde, Marcos, el marido de Ana, llega a casa. Pensaba que la esperaría abajo en la calle, pero ha decidido subir y saludar. Por suerte, viene solo.

–  Encantado de volver a verte, Sara. – Me dice Marcos divertido. – ¿Os divertisteis mucho anoche?

–  Demasiado, me siento como si me hubiese atropellado un camión. – Se queja Ana. – Aunque espero repetirlo, ¿sales muy a menudo con Esther y Alicia?

–  Es la primera vez que salgo de fiesta y me lo paso bien desde que lo dejé con mi ex, así que yo también espero repetir.

–  ¿Tu ex? – Me pregunta Marcos sonriendo.

–  Las flores de su despacho, eran de su ex. – Le informa Ana a su marido.

–  Veo que os habéis ido poniendo al corriente, ¿no? – Les acuso bromeando.

–  Por supuesto. – Bromea Marcos divertido. – También he oído hablar de… ¿cómo era? Ah, sí. El hijo cañón del vecino de tu padre.

Justo en ese momento, el timbre de la puerta suena y voy a abrir. Abro la puerta directamente, sin mirar por la mirilla para ver quién es, y cuando me encuentro con Alberto frente a mí, cierro la puerta de golpe.

–  Mierda. – Exclamo furiosa.

–  ¿Qué pasa? – Pregunta Ana.

–  Mi ex, está en la puerta. – Respondo histérica.

Marcos se pone en pie decidido a ir hacia a la puerta cuando se empiezan a escuchar voces en el rellano, seguido de varios golpes y un estruendo final.

–  Sara, ¿estás ahí? Abre la puerta, soy Aitor. – Escucho la voz de Aitor al otro lado.

Abro la puerta inmediatamente y Aitor entra en casa hecho una furia, con un golpe en el labio que está empezando a sangrar.

–  ¿Estás bien? – Me pregunta. Y, sin esperar respuesta, espeta furioso. – ¿Qué parte no entiende ese hijo de puta de que no le quieres ver? Deberías denunciarlo por acoso. Venía a darte las llaves del coche y me lo he encontrado en el rellano dando voces.

–  Aitor, tranquilo. – Trato de calmarle.

–  Vaya, así que éste es tu amigo Aitor. – Comenta Ana asomándose al recibidor.

–  ¿Quién es esta preciosidad? – Pregunta Aitor con su sonrisa más seductora.

–  Es Ana, una amiga. – Abrevio. – Creo que te interesa saber que su marido está en el salón. – Le aviso antes de que se arme otra pelea.

–  ¿Casada? Tu marido es un hombre con suerte. – Comenta Aitor divertido.

–  Lo soy. – Opina Marcos, que también se ha acercado al recibidor. – Tú debes ser uno de los pretendientes de Sara, ¿no? Por lo que he oído, tiene muchos.

–  ¡Joder, es Marcos Roldán! ¿Qué hace él en tu casa? – Me pregunta eufórico.

–  ¿Le conoces? – Pregunto sorprendida.

–  ¡Todo el mundo conoce a Marcos Roldán! – Exclama Aitor.

–  ¿Alguien me lo puede explicar? – Les pido molesta.

–  ¿No sabe nada? – Le pregunta Marcos a Ana.

–  No, no me lo ha preguntado y tampoco ha salido el tema, así que no le he dicho nada. – Dice Ana encogiéndose de hombros.

–  ¿Qué es lo que no sé? – Insisto.

–  Sara, Marcos Roldán es un piloto de Fórmula 1, ¡no me puedo creer que no lo conozcas! – Me espeta Aitor como si hubiera cometido el mayor de los pecados.

–  Pues ya podrías darle unas cuantas clases de conducir a tu amigo. – Le digo bromeando a Marcos, que sonríe divertido. – Y tendrás que firmarme un autógrafo para mi padre, me matará si se entera que un piloto de Fórmula 1 ha estado en mi casa y no le he pedido un autógrafo para él.

–  Te propongo una cosa mejor. – Me dice Marcos con una sonrisa malévola en los labios. – Le hacemos una visita a tu padre y le firmo ese autógrafo en persona y a cambio tú llamas a Jason y dejas que se disculpe por lo que el idiota de Erik te dijo.

–  Cuando hablas de Jason, ¿te refieres a Jason Muller? – Pregunta Aitor atónito.

–  Joder, ¡conoces a todo el mundo! – Le reprendo sin motivo. – Ese es el tipo que me embistió con el Lexus y que ha destrozado mi Golf, ¿de qué lo conoces?

–  ¿Qué? ¿Jason Muller fue con el que tuviste el accidente? – Aitor está histérico y parece que se le vayan a salir los ojos de las cuencas oculares. – No me lo puedo creer, ¿le has dicho a un piloto de Fórmula 1 que aprenda a conducir?

–  No, le he dicho a un piloto de Fórmula 1 que enseñe a su amigo a conducir. – Le aclaro.

–  Sara, cariño. – Me dice Ana rodeando mi cintura con su brazo y guiándome hacia el salón para sentarse conmigo en el sofá. – Jason es el compañero de equipo de Marcos, también es un piloto de Fórmula 1.

Me quedo muda. En cualquier otro momento de mi vida me hubiera puesto a dar saltos y a gritar como una quinceañera en el concierto de su ídolo, pero en este momento de mi vida lo único que me apetece es meterme en la cama, taparme la cabeza con las sábanas y no despertar nunca.

–  Creo que se hubiera tomado mejor que le hubiéramos dicho que Jason es un asesino en serie. – Dice Marcos rompiendo el silencio. – ¿Estás bien, Sara?

–  Mi ex es periodista deportivo, no os interesa tenerme cerca. – Les contesto fríamente levantándome del sofá y dirigiéndome a la cocina para beber un vaso de agua. Regreso al salón un poco más serena y les digo a Ana y Marcos: – Decidle a Jason que no se preocupe por nada, que está todo bien y el malentendido ha sido aclarado. Que le diga a su abogado que me envíe el contrato de confidencialidad por lo del accidente y se lo firmaré.

–  Será mejor que eso lo hables directamente con él, estoy seguro de que vendrá a verte de aquí a un rato. – Me sugiere Marcos.

–  ¿Le has dado mi dirección? – Le pregunto indignada.

–  No, nada más aterrizar Jason se ha ido a ver a Erik. – Me explica Marcos. – Si Erik averiguó dónde trabajas debe saber dónde vives y, cómo tú no le has devuelto la llamada a Jason… Suma dos más dos.

–  Genial, sencillamente genial. – Me lamento dejándome caer en el sofá.

–  Ya os lo he dicho, es un hueso duro de roer. – Sale en mi defensa Aitor. – Cualquier otra chica se arrojaría a los brazos de Muller, sin embargo ella pretende evitarlo.

–  Creía que ibas a defender mi postura, pero ya veo que te has vendido. – Le recrimino.

–  Yo también creía que cuando te enteraras de la profesión de Jason caerías rendida a sus pies, sin embargo no es así. – Se lamenta Ana.

–  Ana, mi vida ya es bastante complicada en este momento como para complicarla más. ¿Qué tengo que hacer para que dejéis de decirme una y otra vez que me busque un novio? Hace dos meses que terminé con mi última relación, la cual no terminó nada bien. No me apetece entrar en otra relación, no quiero que me andéis buscando un novio cada vez que doy media vuelta. ¿Tan difícil de entender es que quiero estar soltera? – Me desahogo a gusto y todos se quedan en silencio sin saber qué decir. – Lo siento, estoy un poco estresada últimamente. – Miro a Aitor y le digo: – Anda, coge un poco de hielo del congelador y póntelo en el labio antes de que se te hinche como el de un besugo. – Me vuelvo hacia a Ana y Marcos y, tras pensarlo durante un segundo, les digo: – Voy a llamar a Jason y le voy a pedir que venga. Le voy a decir que ya hemos aclarado el malentendido y que se puede quedar tranquilo en lo que a mí respecta, pero como oiga algún comentario fuera de lugar, y sabes a lo que me refiero Ana, seré vuestra peor pesadilla. Y, para que no os lo toméis a broma, os advierto que tengo contactos en la penitenciaria, puedo acceder a vuestro expediente criminal y tengo licencia de armas.

–  Seremos una tumba. – Sentencia Marcos divertido.

–  Sara, con tu permiso voy a hacer palomitas. – Me dice Aitor sonriendo. – Ya que no podemos hablar, al menos fingiremos que estamos en el cine.

Todos estallan en carcajadas, todos excepto yo. A pesar de la resaca, decido servirme una copa. Aitor y Marcos optan por una cerveza y Ana sólo quiere agua, solo de pensar en alcohol dice que le marea.

Cita 13.

«Un hombre que no se alimenta de sus sueños, envejece pronto.»

William Shakespeare.

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